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EL CALEIDOSCOPIO

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    William Valentín wvalentincancel@aol.com EL CALEIDOSCOPIO Existía un hombre que a causa de una guerra en la que había peleado de joven, había perdido la
    Mensaje 1 de 1 , 22 feb 2001
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      William Valentín
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      EL CALEIDOSCOPIO

      Existía un hombre que a causa de una guerra en la que había peleado de joven,
      había perdido la vista.  Este hombre, para poder subsistir y continuar con su
      vida, desarrolló una gran habilidad y destreza con sus manos, lo que le
      permitió destacarse como un estupendo artesano; sin embargo, su trabajo no le
      permitía más que asegurarse el mínimo sustento.

      Cierta Navidad quiso obsequiarle algo a su hijo de cinco años, quien nunca
      había conocido más juguetes que los trastos del taller de su padre con los
      que fantaseaba reinos y aventuras.  Su papá tuvo entonces la idea de
      fabricarle, con sus propias manos un hermoso calidoscopio como alguno que él
      supo poseer en su niñez.  Por las noches fue recolectando piedras de diversos
      tipos que trituraba en decenas de partes, pedazos de espejos, vidrios,
      metales, ...

      Al cabo de la cena de Noche Buena pudo, finalmente imaginar a partir de la
      voz del pequeño, la sonrisa de su hijo al recibir el precioso regalo.  El
      niño no cabía en sí de la dicha y la emoción que aquella increíble Navidad le
      había traído de las manos rugosas de su padre ciego.

      Durante los días y las noches siguientes el niño fue a todo sitio portando el
      preciado regalo, y con él regresó a sus clases en la escuela del pueblo.  En
      el receso entre clase y clase, el niño exhibió y compartió lleno de orgullo
      su juguete con sus compañeros que se mostraban fascinados con aquella
      maravilla.

      Uno de aquellos pequeños, tal vez el mayor del grupo, finalmente se acercó al
      hijo del artesano y le preguntó con mucha intriga:  "Oye, que maravilloso
      calidoscopio te han regalado...¿dónde te lo compraron?, no he visto jamás
      nada igual en el pueblo..."

      Y el niño, orgulloso de poder revelar aquella verdad emocionante desde su
      pequeño corazón, le contestó:  "No, no me lo compraron en ningún sitio... me
      lo hizo mi papá"

      A lo que el otro pequeño replicó con cierto tono incrédulo:  "¿Tu
      padre?...imposible...¡si tu padre está ciego!"

      Nuestro pequeño amigo se quedó mirando a su compañero, y al cabo de una pausa
      de segundos, sonrió como solo un portador de verdades absolutas puede
      hacerlo, y le contestó:  "Sí ... mi papá esta ciego ... pero de los
      ojos...SOLAMENTE DE LOS OJOS..."

      El amor solo se puede ver con el corazón ..."LO ESENCIAL ES INVISIBLE A LOS
      OJOS"
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