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TEMA 2: Los grupos sanguíneos y la alimentación

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  • Roberto Carlos Rojas C
    Saludos amigos del grupo: Es oportuno dentro del tema de los lacteos, presentarles este artículo publicado en la revista DSalud, donde se trata la teoria del
    Mensaje 1 de 1 , 29 abr 2005
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      Saludos amigos del grupo:
      Es oportuno dentro del tema de los lacteos, presentarles este
      artículo publicado en la revista DSalud, donde se trata la teoria
      del Dr. Peter D'Adamo, en la cual se explica que para cada grupo
      sanguineo, debe de haber un tipo de alimentación. Esta investigación
      se ha utilizado como prueba de la validez genetica y "natural", de
      ciertos alimentos que estan en controversia, para este caso los
      lacteos.

      Vale la pena la reflexión de la validez de estos argumentos y como
      impactan sobre las convicciones que ya se ha presentado sobre la
      inconveniencia de los lacteos, o cuando pueden ser adecuados y
      cuando no? O de plano compurba nuestras sospechas sobre los lacteos
      y confirman el rechazo? Espero sus opiniones!

      RC

      --------------
      ¿CONDICIONA EL GRUPO SANGUÍNEO NUESTRA ALIMENTACIÓN?

      Según los investigadores James y Peter D'Adamo la buena o mala
      asimilación de los alimentos está condicionada por nuestro grupo
      sanguíneo. Hasta el punto de que en cada grupo -A, B, AB y O- hay
      alimentos que son perjudiciales, otros beneficiosos y otros neutros.
      Es más, aseguran que muchas enfermedades pueden deberse al mero
      consumo de alimentos no adecuados para nuestro grupo sanguíneo.
      Otros, en cambio, nos ayudarían a sanar. Incluso afirman que en ello
      está la razón de que muchas personas no consigan adelgazar cuando se
      ponen a dieta.

      ¿Tiene algún sentido que el tipo de sangre que corre por nuestras
      venas pueda condicionar nuestra alimentación? Pues aunque a primera
      vista pueda parecer increíble parece que es así. Los primeros
      experimentos que llevaron a determinar esa posibilidad se remontan a
      las investigaciones del médico austriaco nacionalizado
      estadounidense Karl Landsteiner (1868-1943), profesor de Anatomía
      Patológica en la Universidad de Viena, quien durante uno de sus
      experimentos -efectuado en 1901- observó que al mezclar la sangre de
      dos personas había ocasiones en que los glóbulos rojos -o hematíes-
      se aglutinaban formando grumos visibles. Y quiso saber por qué. Así
      que decidió analizar la sangre de 22 personas separando el suero de
      la sangre, lavando los glóbulos rojos y sumergiéndolos luego en una
      solución de suero salino fisiológico. Pues bien, tras diversos
      ensayos descubriría que había tres tipos distintos de glóbulos
      rojos -a los que denominó A, B y O (léase cero)- que daban lugar a
      esas reacciones de aglutinación. Dos años más tarde, dos discípulos
      suyos -Alfredo de Castello y Adriano Sturli- descubrirían un cuarto
      tipo que carecía de poder aglutinante al que llamarían AB.
      Llegados a este punto debo explicar que toda molécula ajena al
      organismo -virus, bacterias, esporas, químicos, toxinas....- posee
      un antígeno propio, es decir, un indicador que le identifica de
      forma que cuando el organismo se percata de su presencia activa
      inmediatamente el sistema inmunitario para generar rápidamente
      anticuerpos que procedan a su destrucción por entender que puede ser
      potencialmente dañina. Anticuerpos que no son sino proteínas. Pues
      bien, parece que cada molécula -a la que identifica su propio y
      exclusivo antígeno- precisa para ser combatida de la creación de
      anticuerpos específicos. ¿Y qué hacen los anticuerpos? Pues
      básicamente aglutinar todas las moléculas extrañas que quiere
      eliminar en grupos -es decir, actúan como si fueran pegamento- y
      poder así destruirlas más fácilmente.
      En suma, se descubriría que las razones de que se formaran "grumos" -
      es decir, se produjera el fenómeno de la aglutinación- al mezclar a
      veces dos tipos de sangre se debía al hecho de que determinados
      glóbulos rojos poseen también antígenos y, por consiguiente,
      provocan la reacción de los anticuerpos del otro organismo. Esa es
      la razón de que personas con determinados tipos de sangre no puedan
      recibir transfusiones de otro tipo distinto: su sistema inmune
      detecta los antígenos de los nuevos glóbulos rojos y envía sus
      anticuerpos a agruparlos para luego proceder a su destrucción.
      En suma, el doctor Landsteiner descubrió la razón de por qué unas
      personas fallecían después de una transfusión de sangre y otras no:
      sus sangres no eran compatibles. Desde entonces sabemos que:
      -Las personas con sangre del tipo 0 son "donadoras universales".
      Es decir, pueden donar sangre a cualquiera de las que tienen otros
      tipos de sangre pero sólo pueden recibir la suya propia.
      -Las personas del tipo AB son "receptoras universales", es decir,
      pueden recibir sangre de todos los demás pero sólo pueden donar
      a los de su propio tipo.
      -Las personas del tipo A pueden recibir sangre de su mismo tipo
      y del grupo 0 pero no de las de los tipos B y AB. Y puede donar
      a los de su mismo tipo y a las de tipo AB. Y,
      -Las personas del tipo B pueden recibir sangre de su mismo tipo
      y del grupo 0 pero no de las de los tipos A y AB. Y puede donar
      a los de su mismo tipo y a las de tipo AB.
      Este descubrimiento le sería recompensado a Karl Landsteiner con el
      Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1930.
      Cabe añadir que Landsteiner descubrió tres antígenos más (M, N y P)
      similares a los antígenos de los grupos A y B pero, a diferencia de
      éstos, su presencia en los glóbulos rojos no supone la existencia en
      la sangre humana normal de aglutininas naturales. Y posteriormente
      otro en 1940 -junto a Alexander Salomon Wiener- que bautizaría como
      antígeno D o factor Rh (llamado así porque lo encontró en el suero
      de conejos inmunizados con sangre procedente de un mono de la
      especie Macacus Rhesus). Este antígeno tiene su importancia cuando
      la madre no tiene el antígeno y el padre sí ya que en el segundo
      embarazo los anticuerpos específicos anti-Rh que desarrolla la madre
      pueden atravesar la placenta y provocar el aborto o una enfermedad
      hemolítica en el recién nacido que cursa con ictericia: la temible
      eritroblastosis fetal. Finalizo diciendo que posteriormente se
      llegarían a descubrir hasta 42 antígenos distintos en los glóbulos
      rojos si bien su incidencia es al parecer notablemente menor y no
      vamos por tanto a entrar a profundizar en ello.
      Agregaré, por último, que los datos disponibles indican -de forma
      aproximada- que el 40% de los europeos posee sangre del tipo 0, otro
      40% del tipo A, el 15% del tipo B y alrededor del 5% del tipo AB.

      LA APORTACIÓN DE JAMES D'ADAMO
      Como el lector habrá apreciado, la importancia de los antígenos es
      evidente ya que provoca reacciones inmediatas en el organismo. Pues
      bien, hace casi tres décadas un naturópata llamado James D´Adamo se
      dio cuenta de que los tratamientos dietéticos que aconsejaba a sus
      pacientes no obtenían siempre los mismos resultados y se preguntó a
      qué podría deberse. Formado en la escuela naturista, su experiencia
      con los pacientes le llevaría a percatarse sobre todo de que
      mientras la dieta vegetariana le sentaba estupendamente a algunas
      personas y su salud mejoraba a otras no parecía hacerles apenas
      efecto y a algunas incluso les sentaba mal y empeoraban. Aquello le
      sorprendió llevándole a la conclusión evidente de que no a todas las
      personas les sienta bien el mismo tipo de alimentación. E intuyó que
      como la sangre era la fuente principal de nutrición del organismo la
      respuesta podía estar en ella. Decidió pues investigarlo y a lo
      largo de muchos años tomó notas para poder luego cotejarlas y buscar
      posibles pautas comunes. Y sería de tan sencilla pero perseverante
      manera como llegaría a darse cuenta de que el tipo de alimentación
      estaba relacionado con los distintos tipos sanguíneos. Observó, por
      ejemplo, que las personas de sangre tipo A responden mal a las
      dietas generosas en proteínas cárnicas pero muy bien a las ricas en
      proteínas vegetales. Y que a esas mismas personas ni la leche ni sus
      derivados les iban bien. Es más, también mejoraban con ejercicios
      leves como el yoga mientras los duros y dinámicos les producían
      malestar. En cambio, a las personas de sangre tipo 0 les sentaba
      estupendamente la carne y los ejercicios más intensos. Y llegó a la
      conclusión de que, en efecto, el refrán que dice "lo que es alimento
      para un hombre puede ser veneno para otro" encerraba una gran
      verdad.
      Todas aquellas observaciones las recogería James D'Adamo en una obra
      titulada El alimento de un hombre (One Man´s Food) que vería la luz
      en 1980.
      Sería sin embargo su hijo Peter -quien estudiaría también
      Naturopatía si bien en el John Bastar College de Seatle (EEUU)- el
      que establecería ya esa conexión. Y lo hizo descubriendo en primer
      lugar que dos de las principales afecciones del estómago -la úlcera
      séptica y el cáncer de estómago- se daba más en grupos sanguíneos
      concretos. La úlcera en las personas del tipo 0 y el cáncer en las
      del tipo A.
      Hasta que los datos acumulados le llevarían finalmente a concluir
      que el tipo de sangre predispone a las personas a un tipo de
      alimentación concreto y distinto en buena medida a las de otros
      tipos. E, incluso, que predispone más a unas enfermedades que a
      otras. Y no sólo eso: también descubriría que la salud depende, en
      mucha mayor medida de lo que la gente imagina, de la alimentación.
      Es decir, que hay alimentos que actúan positivamente en los
      organismos de las personas con un determinado tipo de sangre
      mientras en las personas de otros tipos son perjudiciales. Y no sólo
      eso: a su juicio una alimentación no acorde con el tipo de sangre
      que se tiene es una de las principales causas del sobrepeso u
      obesidad de muchas personas... y la causa de que no logren adelgazar
      cuando lo intentan. Algo que sí conseguirían si dejaran de ingerir
      los alimentos perjudiciales para su tipo de sangre (recuerde el
      lector que hemos publicado ya en la revista varios reportajes sobre
      la dificultad que para adelgazar supone ingerir alimentos a los que
      uno es sensible o intolerante y que hoy ello puede determinarse con
      bastante exactitud mediante analíticas. Entre, si no los ha leído,
      en el apartado Reportajes de nuestra web: www.dsalud.com).
      Dicho lo cual hay que aclarar desde ya que el propio autor deja
      claro que esas conexiones no son radicales. Es decir, no todos los
      organismos de las personas del mismo tipo son intolerantes a todos
      los alimentos ni el grado de sensibilidad es igual en todos al
      alimento al que son intolerantes. Las pautas generales que ofrece
      tras sus años de estudio clínico son pues sólo orientativas. Téngalo
      en cuenta. En todo caso, si desea profundizar en este tema sepa que
      encontrará las conclusiones de Peter D'Adamo publicadas en su obra
      Los grupos sanguíneos y la alimentación (Ed. J. Vergara).

      ¿Y POR QUÉ OCURRE ASÍ?
      Padre e hijo, obviamente, se preguntarían por qué reacciona de forma
      tan diferente la sangre de unas personas con respecto a la de otras
      y a qué se debe la incompatibilidad manifiesta entre ellas en
      algunos casos. Su conclusión -que puede ser discutida- es la de que
      cada grupo sanguíneo es el resultado de un momento de la propia
      evolución humana. Según ellos, el grupo sanguíneo del tipo 0 -el más
      antiguo y extendido- tendría más de 40.000 años de existencia y
      procedería de los hombres del Cro-Magnon, cuya alimentación se
      basaba en la caza y, por ende, en las proteínas de la carne.
      El siguiente en aparecer habría sido el tipo A -entre 25.000 y
      10.000 años- y apareció con las primeras sociedades agrícolas cuya
      alimentación se basaba en el consumo de cereales y vegetales,
      procediendo especialmente de Asia y Oriente Medio.
      El tipo B procedería de las montañas del Himalaya surgiendo hace
      aproximadamente entre 15.000 y 10.000 años siendo propio de los
      habitantes nómadas de las estepas asiáticas.
      En cuanto al tipo AB habría surgido de la mezcla entre caucasianos
      (A) y mongoles (B).
      Pues bien, para los D'Adamo la reacción de cada uno de los tipos
      sanguíneos se debería a que la sangre guarda una especie de "memoria
      celular" que "recuerda" su ancestral tipo de alimentación.
      Ahora bien, ¿por qué reacciona la sangre ante ciertos alimentos como
      si éstos fueran peligrosos enemigos a batir? Peter D'Adamo asegura
      que se debe a las lectinas de los alimentos. ¿Y qué son las
      lectinas? Pues un tipo de proteínas cuyos antígenos también producen
      la activación del sistema inmune y, consecuentemente, el fenómeno de
      aglutinación en sangre del que hemos hablado al principio. Algunas
      hasta pueden producir la muerte instantánea en presencia de
      cantidades infinitesimales al convertir los glóbulos rojos en
      coágulos que obstruyen las arterias. Es el caso de la ricina que
      contienen las semillas de castor (Ricinus communis) aunque
      afortunadamente la mayoría de las lectinas de nuestra dieta no son
      tan peligrosas.
      Y lo importante es que cada grupo sanguíneo reacciona de manera
      diferente ante ellas. Es decir, hay lectinas alimentarias -hablamos
      siempre generalizando- que son rechazadas por las personas de un
      tipo de sangre mientras no ocurre así con otros para los que incluso
      son beneficiosas.
      En suma, ingerir alimentos que contienen lectinas incompatibles con
      nuestro grupo sanguíneo puede ocasionar diversas dolencias e
      impedirnos reducir el peso en caso de sobrepeso u obesidad. ¿Y cómo
      saber a qué alimentos somos intolerantes? Pues mediante un test de
      intolerancia alimentaria (remito al lector a los artículos ya
      publicados al respecto) o sometiéndose al denominado Test del
      Iindicán. Se trata de un análisis que permite calcular la
      eliminación a través de la orina de indicán, una sustancia del grupo
      químico de los índoles que se elimina por medio de las heces y la
      orina cuando el aparato gastrointestinal y el hígado no consiguen
      digerir las lectinas de un alimento. Como es obvio, cuando alguien
      consume alimentos ricos en lectinas incompatibles con su grupo
      sanguíneo se constatará una mayor eliminación de indicán al analizar
      la orina. Para Peter D'Adamo, si el test da un valor de 0 ó 1 no hay
      problema, si marca 2 o 3 hay algún problema y si la cifra alcanza 3
      o 4 la situación puede considerarse crítica.

      ALIMENTOS BENEFICIOSOS, NEUTROS O DESACONSEJADOS
      En suma, Peter D'Adamo clasifica los alimentos en relación con los
      cuatro grupos sanguíneos en beneficiosos, neutros y desaconsejados.
      Los primeros son -en cada grupo sanguíneo- los que desarrollan un
      papel nutricional óptimo asegurando además una actividad
      antioxidante, antimutágena y anticancerígena. Podríamos decir que
      son "alimentos medicinales". Los segundos llevan a cabo un papel
      meramente nutritivo. Y los terceros son los que contienen sustancias
      no digeribles para los individuos de un determinado grupo sanguíneo
      debido a sus lectinas específicas porque provocan la reacción
      defensiva del sistema inmune que los aglutina para poder luego
      eliminarlos.

      CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL TIPO 0
      Según Peter D'Adamo las personas con sangre del tipo 0 presentan -
      siempre hablando en general- un sistema inmunitario potente y muy
      activo, tendencia a una actividad tiroidea lenta, dificultad de
      adaptación a nuevas condiciones ambientales y nutricionales,
      bienestar con actividad física o deportiva regular e intensa y un
      aparato digestivo muy eficiente capaz de metabolizar dietas ricas en
      proteínas (carnes magras, pescado y marisco). En cuanto a los
      alimentos que le son muy beneficiosos o perjudiciales puede
      encontrarlos el lector en el recuadro. Los que no figuran son
      considerados neutros pero, en general, las personas del tipo 0
      deben:
      1) Consumir frutas y verduras en abundancia pero reducir el consumo
      de las crucíferas (coliflor, coles de Bruselas, berzas...) y las
      hortalizas de la familia de las solanáceas (berenjenas, patatas,
      etc.) excepto los tomates
      2) Consumir carnes magras equilibrando esa aportación con verdura.
      Deben evitar sin embargo la carne de cerdo, los embutidos, las
      carnes en conserva y los alimentos en salazón.
      3) Consumir pescado y marisco a excepción de pulpo, salmón ahumado,
      arenques en salazón, caviar y pez gato así como el pescado salado,
      secado o en conserva.
      4) Limitar o evitar el consumo de leche, lácteos, quesos y huevos.
      Están en cambio permitidos la mantequilla, los quesos frescos magros
      y los quesos de soja.
      5) Eliminar todo producto que contenga trigo y limitar los que
      llevan maíz y cereales.
      6) Evitar las bebidas gaseosas, las colas y el café prefiriendo el
      té.
      7) Practicar alguna actividad física de forma regular. Les van mejor
      los deportes competitivos que requieren intenso esfuerzo físico.
      8) En presencia de problemas utilizar productos fitoterapéuticos o
      infusiones de diente de león, menta, olmo, fucus, tila, alholva,
      regaliz, lúpulo y rosa canina. Y evitar las de equinácea, áloe,
      bardana, genciana, barba de maíz o ruibarbo.
      Cabe añadir que los alimentos que favorecen el aumento de peso en
      las personas del tipo 0 son el gluten del trigo, el maíz, las
      judías, las lentejas y las crucíferas (coles, coliflor y coles de
      Bruselas). Por el contrario, favorecen la pérdida de peso las algas
      marinas, la sal yodada (de forma muy moderada), los pescados y
      mariscos, la carne de hígado, las espinacas y el brócoli.

      CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL TIPO A
      Las personas con sangre del tipo A presentan según D'Adamo -hablando
      en general, insistimos- un sistema inmunitario vulnerable, una buena
      adaptación a condiciones ambientales y nutritivas estables,
      bienestar con una actividad física o deportiva relajante, un aparato
      digestivo frágil que tolera mal la carne, la harina de trigo, la
      leche y los lácteos, y al que le va mejor una dieta vegetariana rica
      en cereales y legumbres.
      Las personas del tipo A deberían pues:
      1) Basar su dieta en el consumo de fruta, cereales, legumbres y
      verduras.
      2) Consumir pescado sólo en pequeñas cantidades (carpa, mero,
      bacalao, merluza, salmón, sardina, trucha) excluyendo los pescados
      planos como el lenguado y la platija.
      3) Limitar o evitar el consumo de carne pero evitando los embutidos,
      las carnes -especialmente si están en conserva- y los alimentos
      salados o ahumados (embutidos, carnes en conserva, alimentos en
      salazón...).
      4) Evitar el consumo de leche y productos lácteos. En cambio, la
      soja y sus derivados le son particularmente beneficiosos.
      5) No consumir alimentos precocinados.
      6) Consumir de forma habitual semillas oleaginosas y frutos secos
      pero evitando las nueces brasileñas y los pistachos.
      7) Reducir el consumo de productos a base de harina de trigo.
      8) Practicar actividades físicas relajantes (yoga, Tai-Chi,
      bicicleta, natación, excursiones...).
      9) Utilizar en caso de malestar productos fitoterapéuticos o
      infusiones de manzanilla, cardo mariano, equinácea, valeriana, áloe,
      bardana y espino albar pero evitar la barba de maíz y el ruibarbo.
      Cabe agregar que los alimentos que favorecen el aumento de peso en
      las personas del tipo A son las carnes, los alimentos lácteos, las
      habas y el exceso de trigo favoreciendo el adelgazamiento los
      vegetales, los aceites vegetales, la soja y la piña.

      CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL TIPO B
      Las personas con sangre del tipo B presentan según D'Adamo un
      sistema inmunitario activo, facilidad de adaptación ambiental y
      nutricional, bienestar con actividades físicas o deportivas
      moderadas y equilibradas, y un aparato digestivo eficiente que le
      permite seguir una dieta variada y equilibrada con leche y lácteos
      pero que posee poca tolerancia a los embutidos, la carne de cerdo,
      el marisco, las semillas y los frutos secos.
      Las normas generales a seguir por las personas del tipo B serían:
      1) Llevar una dieta variada y equilibrada.
      2) Consumir abundantes frutas y hortalizas de hoja verde.
      3) Consumir carnes magras pero evitando las de pollo y cerdo así
      como los embutidos.
      4) Consumir pescado pero evitar los mariscos. No se recomiendan las
      gambas, los cangrejos, la langosta, los mejillones, las ostras, las
      almejas, el pulpo, las anchoas, la anguila y los caracoles.
      5) Consumir huevos, leche y productos lácteos (es el único que los
      tolera bien).
      6) Limitar los productos a base de trigo y maíz.
      7) Limitar el consumo de semillas y frutos secos.
      8) Practicar actividades físicas moderadas y equilibradas como los
      ejercicios aeróbicos, la bicicleta, la natación, el yoga o el tenis.
      9) Utilizar en caso de malestar productos fitoterapéuticos o
      infusiones de salvia, menta, ginseng, eleuterococo o regaliz pero
      evitar las de tila, lúpulo, ruibarbo, áloe, barba de maíz y alholva.
      En cuanto a los alimentos que favorecen el aumento de peso en las
      personas del tipo B son el maíz, las lentejas, los cacahuetes, las
      semillas de sésamo, el trigo y el trigo sarraceno favoreciendo el
      adelgazamiento los vegetales de hoja verde, el té de palo dulce, la
      carne -especialmente la de hígado-, los huevos y los lácteos.

      CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL TIPO AB Las personas con sangre del
      tipo AB presentan según D'Adamo un sistema inmunitario vulnerable,
      facilidad de adaptación a las condiciones de vida modernas,
      bienestar con una actividad física o deportiva relajante que exija
      esfuerzos moderados y un aparato digestivo frágil que precisa una
      dieta mixta moderada y tolera mal las carnes rojas, la pasta, las
      alubias y los frutos secos.
      Las normas generales a seguir por las personas del tipo B serían:
      1) Limitar el consumo de carnes rojas y evitar las carnes en
      conserva o ahumadas así como los embutidos.
      2) Consumir pescado y marisco pero evitando la langosta, las gambas,
      los cangrejos, las ostras, las almejas, el pulpo, la lubina, las
      anchoas y la anguila.
      3) Evitar el consumo de productos a base de harina de trigo y
      limitar el consumo de pasta.
      4) Consumir leche, lácteos y quesos... salvo cuando al hacerlo haya
      producción excesiva de moco con afecciones de las vías altas
      respiratorias. En tal caso deben suprimirse.
      5) Consumir frutas -especialmente ciruelas, uvas, piña y frutas del
      bosque- y hortalizas en abundancia -sobre todo tomate-.
      6) Preferir las grasas vegetales -primando el aceite de oliva- pero
      evitar el vinagre.
      7) Eliminar los encurtidos y la pimienta.
      8) Preferir las actividades físicas y deportivas relajantes que
      exijan sólo esfuerzos moderados.
      9) En caso de malestar utilizar productos fitoterapéuticos o
      infusiones de manzanilla, cardo mariano, equinácea, eleuterococo,
      regaliz o espino blanco pero evitar las de tila, lúpulo, áloe, barba
      de maíz, alholva y ruibarbo.
      Terminamos comentando que los alimentos que favorecen según Peter
      D'Adamo el aumento de peso en las personas del tipo AB son las
      carnes rojas, el maíz, el trigo, el trigo sarraceno, las alubias,
      las judías y las semillas de sésamo mientras favorecen el
      adelgazamiento las verduras, las algas marinas, los pescados, los
      lácteos, la piña y el tofu.

      CONCLUSIÓN
      Hasta aquí un breve resumen de lo expuesto por los D'Adamo -padre e
      hijo-. Sólo nos resta apuntar que a nuestro juicio la generalización
      propuesta es demasiado amplia y probablemente no responda a la
      realidad individual aunque sí pueda reflejar las "tendencias". Por
      otra parte, el Test Indicán permite saber si tenemos problemas con
      los alimentos pero no conocer cuáles son concretamente los que
      nuestro organismo rechaza activando las defensas del sistema inmune.
      Sin embargo, los actuales tests de intolerancia o sensibilidad
      alimentaria sí los detectan por lo que lo más adecuado es someterse
      a ellos. Una posibilidad, por cierto, a la que debería optar toda
      aquella persona a la que se le ha diagnosticado una enfermedad
      autoinmune. Es muy posible que mejoren simplemente eliminando los
      alimentos a los que su organismo reacciona con virulencia.

      José Antonio Campoy

      Vean las tablas de alimentos para cada tipo de sangre:

      http://www.dsalud.com/numero62_5_tipo0.htm

      http://www.dsalud.com/numero62_5_tipoa.htm

      http://www.dsalud.com/numero62_5_tipob.htm

      http://www.dsalud.com/numero62_5_tipoab.htm

      El texto completo se encuentra en:

      http://www.dsalud.com/numero62_5.htm
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