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UN GRAN LUCHADOR DE LA FE

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  • frayfernando58
    Uno de los santos que más han despertado mi interés por lo trascendental de su obra fue San Atanasio, defensor de la divinidad de Cristo ante el tremendo
    Mensaje 1 de 1 , 2 may 2005
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      Uno de los santos que más han despertado mi
      interés por lo trascendental de su obra fue
      San Atanasio, defensor de la divinidad de Cristo
      ante el tremendo adversario que fue Arrio, y ante
      los emperadores habidos y por haber.




      SAN ATANASIO

      Obispo y Doctor de la Iglesia. Año 373.
      Atanasio significa: Inmortal.

      Es el arzobispo que fue desterrado cinco veces por
      defender la religión. En la misa de su fiesta se lee el
      evangelio que trae esta recomendación de Jesús:
      "Cuando los destierren de una ciudad, váyanse a
      otra. Les aseguro que no se acabarán las ciudades
      de su país antes de que venga el Hijo del Hombre.
      El discípulo no es más que su maestro. Si a Mí me
      han perseguido, también a Uds. los perseguirán".

      San Atanasio nació en Alejandría, Egipto, hacia el
      año 297. Siendo todavía un niño en el año 311,
      presenció el martirio de su obispo Pedro de
      Alejandría y de otros cristiano, muertos en la
      persecución que hicieron los paganos. Luego supo
      con alegría que el año 313 el emperador
      Constantino declaraba la libertad religiosa para los
      cristianos, y se acababa la persecución.

      De joven conoció al gran penitente San Antonio
      Abad y la amistad con tan famosos santo le fue de
      inmenso provecho durante toda su vida.

      Con grandes cualidades para la oratoria y una
      brillante inteligencia, se dedicó a prepararse para el
      sacerdocio, y siendo diácono fue escogido como
      secretario de Alejandro, arzobispo de Alejandría.
      En esta joven edad de 23 años escribió su primero
      libro acerca de la Encarnación de Jesucristo.

      Por aquél tiempo apareció en Alejandría un hereje
      llamado Arrio, que enseñaba que Jesucristo no era
      Dios. (Si Jesucristo no fuera Dios, nuestra religión
      sería vana, pues estaríamos adorando a un hombre.
      Y un hombre no le resuelve los problemas a nade.
      Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre).

      Atanasio de dedicó a combatir al hereje Arrio y
      obtuvo que su arzobispo reuniera a los obispos de la
      nación y a muchos sacerdotes y en un Concilio
      Nacional condenaron a Arrio y le prohibieron
      enseñar sus errores.

      Pero Arrio era un hombre terrible y se dedicó a
      propagar su herejía por países, y muchos que
      deseaban vivir una vida más fácil y que sabían que
      si Cristo no era Dios no había entonces porqué
      obedecerle ni seguir sus leyes, se dedicaron a
      propagar su dañosa herejía. Entonces se reunieron
      los obispos del mundo, en el Primer Concilio, el
      Concilio de Nicea, el año 325, y condenaron a Arrio
      y decretaron que debía ser derrotado. San Atanasio
      asistió a ese Concilio como Secretario de su obispo
      Alejandro y fue su consejero en las discusiones.

      Y sucedió que Eusebio de Nicomedia, un hombre
      muy influyente en el gobierno, convenció al
      emperador Constantino de que Arrio debía ser
      admitido otra vez en la Iglesia Católica.
      Constantino escribió a San Atanasio pidiéndole que
      admitiera al hereje, y el santo le respondió que
      jamás podía él aceptar como católico a quien se
      atrevía a negar que Jesucristo es Dios. Y entonces el
      emperador desterró a Atanasio, hacia Tréveris,
      ciudad de Alemania. Allá estuvo dos años
      desterrado, e hizo muy buena amistad con San
      Maximino el obispo de esa ciudad.

      Al morir Constantino, su sucesor dio permiso para
      que volvieran a sus ciudades los que estaban
      desterrados, y Atanasio volvió a Alejandría, siendo
      recibido por el pueblo con grandes demostraciones
      de alegría. Pero los arrianos y otros enemigos de la
      verdadera religión le inventaron muchas calumnias
      y eligieron a un falso arzobispo e hicieron que
      Atanasio tuviera que irse de la nación por ocho
      años. Se fue a Roma y allá el Sumo Pontífice se
      declaró a su favor. (Una de las calumnias que le
      inventaban era que él había matado a un obispo, y
      presentaban el brazo cortado del tal obispo. San
      Atanasio supo dónde tenían escondido al obispo
      aquel y se fue y se lo trajo y cuando ya lo iban a
      condenar por ese homicidio les presentó al tal
      muerto, bien vivo y muy lleno de salud y con
      ambos brazos).

      El emperador Cosntante, que era arriano, expulsó a
      la fuerza otra vez a Atanasio, porque defendía que
      Cristo sí es Dios. Y el santo tuvo que estarse
      escondido seis años entre los monjes del desierto.
      En estos años escribió sus mejores obras y llegó a
      una gran santidad.

      Al morir Constante, volvió Atanasio a Alejandría,
      pero poco después subió al trono un apóstata,
      renegado, llamado Juliano y lo desterró también.
      (Cuando la policía de Juliano lo iba persiguiendo
      por el Río Nilo, el santo que iba disfrazado de
      campesino hizo devolver su embarcación, y al
      encontrarse con los perseguidores, éstos le
      preguntaron: "¿Ha pasado por aquí Atanasio?
      ¿Estará muy lejos?". Y él les respondió: "Sí, pasó
      hace poco rato y no está lejos". Los otros siguieron
      río arriba, y no lograron reconocerlo). Al morir
      Juliano, ya pudo volver el obispo otra vez a
      Alejandría.

      Y llegó un nuevo emperador, Valente, el cual
      decretó otra vez que Atanasio debía ser desterrado.
      El santo se refugió en una casa de las afueras de la
      ciudad, cerca del sepulcro de su padre, y allí estuvo
      escondido por cuatro meses, durante los cuales
      escribió una biografía que se ha hecho famosa:
      La Vida de San Antonio Abad. Pero luego el
      emperador, por miedo a que en Alejandría estallara
      alguna revolución, porque los católicos estaban
      cansados de tanto ver perseguir a su arzobispo,
      decretó que podía volver otra vez a la ciudad.
      Y en los últimos siete años ya nadie lo volvió a
      desterrar. Había estado desterrado por 17 años, en
      sus 5 destierros.

      San Atanasio fue el obispo más famoso de su siglo.
      Tuvo que vivir en una época sumamente difícil y
      combatir a enemigos muy peligrosos y traicioneros que pretendían
      quitarle a la religión católica una
      verdad fundamental que es la que enseña que
      Jesucristo sí es Dios. En sus 45 años de sacerdocio
      no dejó nunca de predicar en favor de Jesucristo.
      Por eso se dice que después de los apóstoles en la
      antigüedad quizá ninguno contribuyó más que
      Atanasio a hacer amar a Jesucristo.

      Dice un obispo de su tiempo: "Cuando murió el
      obispo Alejandro, el pueblo se reunió en el templo
      durante tres días y gritaba que deseaba por obispo a
      Atanasio porque les parecía el más santo de los
      candidatos a obispo". Es que ya desde joven tenía
      fama de ser santo. Su vida fue un calvario: cinco
      reyes lo desterraron, pero jamás ninguno logró
      conseguir que dejara de proclamar que Cristo sí es
      Dios y que la divinidad de Jesús es la razón de
      nuestra esperanza.

      Atanasio fue el campeón de la libertad de la iglesia
      frente a los poderes civiles que pretendían meterse
      en lo religioso que a ellos no les pertenece. Tenía
      temple de luchador, y se enfrentaba sin miedo a
      cuantos trataban de negar las verdades de la religión
      católica. Pero a la vez cumplía lo que decía Jesús:
      "Sean prudentes como serpientes", y cuando veía
      que sus adversarios le tenían trampas preparadas,
      huía muy a tiempo antes de caer en sus garras.
      Algunas de sus fugas fueron espectaculares.
      Cuando ya los enemigos se imaginaban que caería
      en sus garras, él aparecía en otros sitios muy
      distantes escribiendo y hablando en favor de Cristo
      y previniendo a los creyentes para que no se dejaran
      engañar de los herejes.

      Hablaba un lenguaje totalmente claro y franco y no
      iba con rodeos cuando había que defender la
      verdadera fe. Al pan lo llamaba pan y al vino, vino,
      gustara o no gustara a los enemigos de la religión.

      Cuando Dios le señala a una persona un oficio muy
      especial en su Iglesia le concede una personalidad
      apropiada para el oficio que va a tener que
      desempeñar. A Atanasio le concedió un
      temperamento heroico y a la vez le fue alimentando
      su gran personalidad permitiéndole que en cada
      destierro lograr ir al desierto o a otros sitios
      alejados a meditar, a rezar, a estudiar y a prepararse
      para sus futuros combates.

      De uno de sus perseguidores, Juliano el apóstata, se
      dice que le preguntó por burla a un carpintero
      católico: "¿Qué está haciendo en el cielo su jefe el
      Carpintero de Nazareth?". Y que el creyente le
      respondió: "Está fabricando ataúdes para los que se
      oponen a su santa religión". Y se cuenta también
      que Juliano al morir atravesado en una batalla, se
      arrancó la flecha que lo hería y murió mirando al
      cielo y diciendo: "Venciste Galileo". En cambio
      San Atanasio al terminar su existencia pudo
      exclamar gozoso: mi vida fue un calvario. Me
      persiguieron pero no pudieron conmigo. Te
      acompañé en esta vida en tu Pasión Dolorosa, ahora
      espero acompañarte en tu gloria en la Vida Eterna.

      Murió el 2 de mayo del año 373, a los 76 años.
      Que el Señor nos conceda muchos Atanasios
      valeroso y santos que sepan defender nuestra santa
      religión.

      Dijo Jesús: "A quien se declare a mi favor ante la
      gente de este mundo, yo me declararé a su favor
      ante mi Padre Celestial y sus ángeles".

      TOMADO DE
      http://www.iglesiapotosina.org/admon/santoral/santostodos.cfm?
      id_santo=244

      _______________________________________


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