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LA MINERÍA DEL CARBÓN EN MAGALLANES - Finn Samsing

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    ESTUDIOS LA MINERÍA DEL CARBÓN EN MAGALLANES ENTRE 1868 - 2003 MATEO MARTINIC B.* * Centro de Estudios del Hombre Austral, Instituto de la Patagonia,
    Mensaje 1 de 1 , 1 oct 2004
      ESTUDIOS

      LA MINERÍA DEL CARBÓN EN MAGALLANES
      ENTRE 1868 - 2003



      MATEO MARTINIC B.*

      * Centro de Estudios del Hombre Austral, Instituto de la Patagonia,
      Universidad de Magallanes, Chile. Correo electrónico:
      mateo.martinic@...


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      La presencia de carbón mineral lignita era conocida en el territorio
      de Magallanes desde el comienzo de la colonización chilena en la
      región del Estrecho de Magallanes. Los primeros esfuerzos fracasaron
      y lo mismo ocurrió en otros lugares de este vasto territorio, hasta
      fines del siglo XIX. Solamente al comienzo del siglo XX sí que la
      explotación carbonífera recuperó su vigor, con la inversión hecha por
      el empresario chileno Agustín Ross en el río del Valle de las Minas,
      cerca de Punta Arenas (mina Loreto). La actividad se extendió a otro
      distrito magallánico, principalmente en la isla Riesco (mina Elena).
      Y de este modo la minería del carbón alcanzó un período culminante
      hacia 1943, especialmente estimulado por la exportación de carbón a
      Argentina. Desde 1950 y durante los siguientes 30 años la actividad
      carbonífera decayó hasta perder toda su importancia económica. Sin
      embargo, desde 1984 una segunda época productiva se inició, con una
      tecnología moderna y una fuerte inversión de capital, que permitió la
      explotación del sitio Pecket (distrito norte de la península de
      Brunswick) desde 1987, alcanzando un máximo de 1.262.847 toneladas.
      Desde 1998 la producción anual excede una media de 300.000 toneladas,
      y un renovado desarrollo carbonífero espera la iniciación de nuevos
      sitios productivos en la isla Riesco a partir del año 2003.



      Palabras clave: Patagonia, colonización, emigrantes, geografía.


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      The presence of charcoal mineral-lignite -was known in the Magellan
      territory since the beginning of the Chilean settlement in the
      Magellan strait region. The fist efforts failed and the same happened
      in other places of this vast territory, until the end of the XIX
      century. Only starting with the XX century did the carboniferous
      exploitation recover new strength, with the investment made by the
      Chilean businessman Agustin Ross in the rio de las Minas valley, near
      Punta Arenas (Loreto mine). The activity extended to other magellanic
      district, mainly in Riesco Island (Elena mine). And so, the coal
      mining reached a climax period toward 1943, specially helped by the
      carbon exportation to the Argentina. From 1950 and during the next 30
      years the coal activity decayed until loosing all its economic
      importance. Nevertheless since 1984 a second productive epoch
      started, with a modern technology and strong capital investment,
      which aloud the exploitation of the Pecket site (north district of
      Brunswick peninsula) from 1987, reaching a top of 1.262.847. Since
      1998 the year production exceeds a mean of 300.000 tons and a renewed
      coal development waits the initiation of new productive sites in
      Riesco island starting in year 2003.


      Key words: Patagonia, colonization, emigrants, geography.


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      I. LA CUENCA CARBONÍFERA DE MAGALLANES.
      GENERALIDADES

      Geológicamente considerados, los depósitos carboníferos conocidos
      para la región austral americana integran una gran cuenca que
      tempranamente fue denominada "de Magallanes" por desarrollarse la
      misma en su mayor parte en el territorio chileno de este nombre, en
      la vertiente andina oriental del mismo.

      Estos depósitos se encuentran asociados a rocas sedimentarias del
      Terciario y en su disposición geográfica se ciñen a la conformación
      propia del plegamiento tectónico registrado hace millones de años y
      que hizo posible el surgimiento de la cordillera de los Andes
      Patagónicos, que adoptó un rumbo general norte-sureste. Por
      consecuencia la cuenca carbonífera de Magallanes se ha desarrollado a
      lo largo de aproximadamente medio millar de kilómetros, desde las
      estribaciones australes de la sierra Baguales por el norte, cruzando
      por la sección oriental del distrito histórico de Última Esperanza
      (incluyendo el borde sudoccidental de Santa Cruz en suelo argentino);
      por el sector continental occidental de la Patagonia austral, por
      debajo del mar de Skyring y la parte oriental de la isla Riesco, y
      curvándose hacia el sureste, por el subsuelo del mar de Otway y la
      parte norte de la península de Brunswick, continuando bajo el
      estrecho de Magallanes para aparecer en la parte norte de la isla
      grande de Tierra del Fuego, asumiendo la forma de una luna en cuarto
      creciente, según puede apreciarse en la cartografía especializada.

      La de Magallanes constituye conjuntamente con la del golfo de Arauco
      las mayores cuencas carboníferas de Chile, y en el caso de la
      primera, ella posee las reservas más grandes que se han estimado y
      son del orden de 5.400.000.000 de toneladas1. La magnitud de estas
      reservas otorgan a Magallanes un potencial ciertamente interesante en
      Sudamérica.

      De acuerdo con Pedrals (op. cit.), los recursos posibles de la cuenca
      magallánica (en suelo chileno) se distribuirían en los siguientes
      sectores o distritos:


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      Rubens-Natales (Dorotea)
      550.000 toneladas


      Skyring (Río Verde)
      150.000 toneladas


      Isla Riesco
      3.250.000 toneladas


      Península de Brunswick
      1.450.000 toneladas


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      El mismo autor señala que dado el grado de inseguridad propio de la
      información global disponible, puede estimarse la cantidad de
      360.000.000 de toneladas como una reserva técnicamente explotable. La
      cifra corresponde al 7% de las reservas posibles y corresponde a un
      promedio a nivel mundial entre las reservas posibles y explotables,
      según las publicaciones especializadas del género. No obstante ello,
      para una validez real la cantidad mencionada requiere necesariamente
      de trabajos de exploración y cubicación.


      Por fin cabe señalar que en la Región Magallánica la profundidad
      máxima del manto carbonífero se sitúa en los 500 metros, siendo de 2
      metros el espesor mínimo del mismo.

      Los carbones magallánicos son de tipo subbituminoso, de la clase
      conocida como lignito, esto es, carbón de tipo liviano. Su poder
      calorífico promedia entre 4.000 y 5.700 kilocalorías (Tabla I),
      siendo el mismo más elevado en los carbones septentrionales (Dorotea
      = 5.700) y progresivamente más bajo según se sube en latitud. Así el
      de isla Riesco es de 5.000 kc y el correspondiente a los mantos de
      Brunswick, 4.150 kc. En este distrito, los carbones de los mantos de
      Peckett sobrepasan en calidad a los de Loreto.


      TABLA I


      Poder calorífico carbones de Magallanes



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      Fecha
      Autor ensayo o informante
      Origen
      Resultado


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      1850
      Ignacio Domeyko/Amado Pissis
      Loreto
      3.889 calorías

      1893
      H. Babinsky (París)
      Marta
      4.895 calorías

      1894
      Societé d'Études des Charbonnages de Magallanes
      Loreto
      5.160 calorías

      1896
      Paul Lemetayer (Santiago)
      Nose Peak
      4.633 calorías

      1896
      Wichmann (Valparaíso)
      Nose Peak
      4.852 calorías

      1904
      J. J. Kyle
      Río del Oro
      3.868 calorías

      1906
      The River Plate Gas Co. (Buenos Aires)
      Nose Peak
      5.715 calorías

      1908
      R. D. Wood & Co. (Nueva York)
      Loreto
      2.597 calorías

      (10.300 BTU)

      1984
      Guillermo Noriega
      Peckett
      4.689 calorías

      1984
      Guillermo Noriega
      Peckett
      5.600 calorías

      1984
      Guillermo Noriega
      I. Riesco
      5.300 calorías

      1984
      Guillermo Noriega
      Dorotea
      7.010 calorías


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      En el extendido desarrollo geográfico de que se da cuenta, según los
      afloramientos conocidos desde hace más de un siglo, se cuentan cuatro
      distritos productores: Última Esperanza, en particular el sector de
      la sierra Dorotea; Río Verde, Isla Riesco y Península de Brunswick,
      en los que a lo largo del tiempo se han realizado las explotaciones
      de que se da cuenta en este trabajo.

      II. ANTECEDENTES HISTÓRICOS
      SOBRE EL HALLAZGO DELCARBÓN


      Entre los días 20 y 21 de marzo de 1584 el capitán español Pedro
      Sarmiento de Gamboa, empeñado por entonces en el establecimiento de
      la colonización del litoral del estrecho de Magallanes y en la
      defensa del mismo para impedir la navegación de los enemigos del
      Imperio Hispano, encontrándose de paso en el paraje de la punta
      Arenosa (costa oriental de la península de Brunswick), en ruta hacia
      la zona aledaña a la punta de Santa Ana, donde deseaba fundar una
      nueva población, al explorar la costa junto a la desembocadura del
      río que llamó "de Juan Juárez", encontró gran cantidad de piedra
      negra que, echada en el fuego, arde en el fuego como haceyte mucho
      tiempo, mejor que carbón de piedra de Francia2, según lo consignaría
      posteriormente en una de sus relaciones al rey Felipe II. Esta sería
      la primera comprobación de la presencia de carbón fósil (lignito) en
      el área, hallazgo que más tarde otros viajeros repetirían.

      Entre otros, el que más interesa por sus consecuencias, fue el
      realizado el 10 de octubre de 1843 por el naturalista Bernardo
      Philippi y algunos marineros de la goleta nacional Ancud, embarcación
      que como bien se sabe había sido la portadora de la expedición que
      había iniciado la ocupación efectiva de los territorios de la
      Patagonia y la Tierra del Fuego, a nombre de la República de Chile,
      con la posesión efectiva realizada sobre la punta de Santa Ana
      algunas semanas antes y con el establecimiento de un fortín en cuya
      erección por entonces se trabajaba.

      Al recorrer la costa, Philippi y compañeros encontraron una y otra
      vez restos de carbón, descubrimiento que los maravilló, atendidas las
      perspectivas que podían darse en la explotación del mineral para el
      desenvolvimiento del establecimiento colonial que se deseaba llevar
      adelante en el Estrecho. Contentísimo con el hallazgo, el naturalista
      alemán se apresuró en dar cuenta del mismo al jefe de la expedición
      capitán Juan Williams, como lo haría más tarde en informe dirigido al
      Supremo Gobierno, pues esa inesperada riqueza bien podía resultar una
      fuente de fomento para la colonización y de comercio con las naves
      que usaban el Estrecho como vía de comunicación interoceánica, muchas
      de las cuales eran vapores que podían utilizar el carbón como
      combustible.

      Ese descubrimiento había que confirmarlo con una excursión valle
      adentro del río, cuyas aguas parecían ser las que habían acarreado
      las muestras hasta la playa, que permitiera el hallazgo del depósito
      mineral. Efectivamente, con ese propósito el mismo Philippi y gente
      acompañante penetraron por el angosto y boscoso valle fluvial en plan
      de exploración y búsqueda, consiguiendo avistar en una de las
      barrancas, hacia el interior del río, algunas vetas minerales bien
      notorias. Así entonces, ya con una evidencia indiscutible, pudo dar
      cuenta al Intendente de Chiloé, Domingo Espiñeira, de tan importante
      noticia.

      Lo hizo al participar a esa autoridad el término de la construcción y
      la inauguración del fortín erigido en la punta de Santa Ana para
      expresar físicamente la jurisdicción chilena recién establecida.
      Entonces, a renglón seguido, agregó el naturalista:



      Poco faltaba que hubiese olvidado el más interesante [dato] para la
      intención del Supremo Gobierno: que el estrecho tiene piedra carbón
      de la cual el portador de ésta le lleva muestra. Habiendo acabado
      nuestro trabajo aquí piensa dedicar D. Juan [Williams] un par de días
      en que pudiera trazar mejor la posición de las minas para volver con
      los exactos conocimientos de la más o menos grande facilidad de
      explotarlos3.


      Esta comisión específica la cumplió Philippi durante el curso del mes
      de noviembre de 1843, pocos días antes del regreso de la goleta Ancud
      a Chiloé. Así, ya en esta capital, el naturalista pudo informar a
      Espiñeira: […] Las muestras de piedra carbón que han sido mandado a
      US. habrán criado la esperanza que se pudiera remover este obstáculo
      [la facilidad con que se consume la leña al quemarla.]. Efectivamente
      tengo la gran satisfacción de comunicar a US. que he tenido la gran
      felicidad de dar con tres vetas de un carbón abundante y fácil a
      beneficiar del qual traigo conmigo las muestras4.

      El intendente, a su turno, se apresuró a dar la buena nueva al
      ministro del Interior, Ramón Luis Irarrázaval, despachándole al mismo
      tiempo un cajoncito con muestras del carbón magallánico.

      Con fecha 21 de diciembre el ministro ofició al Intendente de Chiloé
      expresándole la gran complacencia del Gobierno por la forma en que se
      había realizado la expedición al Estrecho, que había culminado con el
      establecimiento formal y efectivo de la jurisdicción de la República
      en las tierras australes del continente. Y en lo que interesa, le
      manifestaba: No hai duda que es mui digno de preferencia el punto
      elegido [para la ubicación del fuerte Bulnes] por la circunstancia de
      encontrarse á sus inmediaciones el carbón de piedra, y por esto mismo
      creo indispensable que se hagan tambien algunas diligencias para
      [ilegible] este combustible en la parte en que se haya de elegir otro
      puerto para la colonia. Las muestras que U.S. ha remitido del mineral
      encontrado han sido examinadas y clasificadas como de mui buena
      calidad; pero se necesita saber de que hondura fueron tomadas, porque
      si lo han sido de la superficie de la tierra ó de las primeras capas
      es mui probable que en mayor profundidad sea este combustible de
      calidad tan superior, que no ceda en bondad al carbón ingles, del
      cual se hace tan gran consumo en la navegación por vapor y en otros
      varios usos. U. S. se procurará estos datos y tambien algunas
      muestras mas del mismo carbon, sacadas de mayor hondura, para
      examinarlas tambien y ver la probabilidad de esta conjetura5.

      En verdad, el hallazgo carbonífero era un regalo del cielo para el
      gobierno chileno que debía decidir por entonces la forma en que
      habría de mantenerse en el futuro la presencia nacional en
      Magallanes, toda vez que una de las bases previstas para su eventual
      afirmación descansaba en el desarrollo que podía tomar la navegación
      a vapor por el canal interoceánico, conociéndose en ese respecto,
      como debían serlo, las primeras iniciativas para establecer por aquel
      medio mecánico una vinculación más rápida entre la costa sudoriental
      del Pacífico (Chile y Perú) y Europa6. Tener combustible a la mano,
      en el paso de los barcos, era una oportunidad que no podía
      desestimarse. De allí la satisfacción inicial del Gobierno y, por
      consecuencia, las instrucciones del ministro en ese efecto.


      Como pudo esperarse, las autoridades se interesaron en el asunto y en
      un plan de mayor certidumbre y especialmente de mayor información
      acerca de la magnitud del yacimiento, ordenaron una nueva inspección
      del valle del río del Carbón, que así había comenzado a mencionarse
      el paraje y su curso fluvial. El comisionado fue esta vez José Manuel
      Corail, hombre de confianza del gobernador colonial Justo de la
      Rivera, quien arribó al lugar el 26 de marzo de 1845. Su
      reconocimiento permitió ubicar las vetas descubiertas por Philippi y
      asimismo encontrar varias otras.

      De tanta importancia estimó ese mandatario la existencia de un
      yacimiento carbonífero, que pensó en establecer un fortín en la punta
      Arenosa para su resguardo, pensando que las circunstancias de
      abandono en que aún se mantenían las costas del Estrecho y la
      existencia de esa riqueza mineral podían tentar a extranjeros a
      emprender una explotación indebida. Nada, sin embargo, ocurrió
      entonces, pero tres años después, cuando el gobernador José de los
      Santos Mardones había decidido el cambio del asentamiento colonial
      desde la punta de Santa Ana (Fuerte Bulnes) a la punta Arenosa y río
      del Carbón, la existencia del mineral hubo de ser una de las
      consideraciones que pudo tener en mente al fundar en ese paraje el
      nuevo asentamiento colonial.

      Las muestras de carbón recogidas en el valle del río homónimo fueron
      puestas a disposición de dos especialistas en mineralogía como eran
      los eminentes sabios y profesores de la Universidad de Chile, Ignacio
      Domeyko y Amado Pissis, para los efectos del correspondiente
      análisis.

      El informe con el resultado fue pasado al Gobierno por nota de fecha
      10 de junio de 1850, y del mismo cabe transcribir algunos de sus
      párrafos más interesantes:


      Los infrascritos, comisionados por Us. para el exámen i análisis del
      carbón fósil traído del Estrecho de Magallanes, han procedido al
      desempeño de su encargo con toda la prolijidad i celo que la
      importancia de un asunto tan grave para nuestra marina e industria ha
      merecido […], dando cuenta de sus principales conclusiones:

      […] el carbón fósil del Estrecho de Magallanes, aunque algo inferior
      en calidad al carbón fósil de Concepción, poco se diferencia de este
      último i puede tener el mismo uso, ya sea empleado en el estado bruto
      en hornos de reverbero, hornos de manga o fraguas ordinarias, ya
      sometido a una carbonización previa para convertirle en cok, ya
      destilado en cilindros cerrados para la fabricación de gas de
      alumbrado.

      […] que para el transporte, el carbón del Estrecho parece llevar
      alguna ventaja al de Concepción, siendo aquel mas resistente i ménos
      sujeto a rasgarse i partirse de por sí que el segundo.


      […] que el carbón del Estrecho es poco homogéneo, i por esta razón
      convendrá que para obtener datos mas seguros acerca de la naturaleza
      de este combustible, el Gobernador de Magallanes se tome la pasión de
      mandarnos muestras de las variedades principales de este carbon,
      sobre todo de las partes sacadas a una cierta profundidad, porque es
      probable que éstas sean mas ricas en materias bituminosas, i por lo
      mismo de mejor calidad que las que se recojen en la superficie.
      Debería tambien encargarse al mencionado Gobernador de mandar al
      Ministerio una indicación, lo mas prolija posible, acerca de la
      situación, el grueso i el arreglo de las capas de carbon fósil
      conocidas hasta ahora, i muestras de las rocas i criaderos que las
      acompañan7.


      Y tras otros detalles técnicos descriptivos, terminaban expresando:


      Comparado este resultado con los ensayos del mejor carbon de Colcura
      i de la mejor hulla de Inglaterra, ensayos que uno de los
      comisionados ha publicado en su Tratado de Ensayos de 1844, se ve que
      el carbon del Estrecho es capaz de realizar en carbon las dos
      terceras partes de lo que puede realizar la mejor hulla de
      Inglaterra, i las cinco sestas de lo que le da la mejor lignita de
      Concepción8.


      Se desconoce si hubo otros ensayos posteriores, pero sí consta que el
      entusiasmo inicial decayó un tanto, como lo refleja el comentario
      hecho por el gobernador de Magallanes Jorge Schythe algunos años
      después: Acerca de las minas de carbón de piedra parece que se ha
      formado una idea mas lisonjera de lo que son en realidad. La sola
      circunstancia de encontrarse este mineral a tres leguas de distancia,
      tierra adentro, hará su beneficio mui embarazoso por falta de
      trabajadores i vias de comunicación9. Así se explica suficientemente
      la inacción gubernativa en la materia.

      Corrió el tiempo con avatares que perturbaron gravemente el
      desarrollo de Punta Arenas, de los que demoró en recuperarse, y
      aunque había conciencia de la disponibilidad de la riqueza
      carbonífera, nada se adelantó en su explotación porque no se daban
      las circunstancias. Para este tiempo sí se sabe que los habitantes de
      la colonia se aprovisionaban ocasionalmente de carbón para su uso
      doméstico. Fue el gobernador Damián Briceño quien, hacia 1866, renovó
      el interés oficial sobre la posibilidad de una explotación. Creyó
      hacerlo llamando la atención en el extranjero sobre la existencia de
      carbón mineral, a fin de despertar el interés de algún eventual
      inversionista. Así, aprovechándose de la invitación que se hizo para
      enviar algunos productos del territorio magallánico para su
      exhibición en la Exposición Universal de París, Riobó despachó en el
      vapor de guerra francés Lucifer algunos artículos elaborados por los
      indios patagones, y algunos productos naturales, entre ellos un saco
      de carbón. No obstante la buena intención, tal exhibición no arrojó
      resultado alguno en el sentido que se quería.


      III. ENSAYOS PIONEROS DE EXPLOTACIÓN (1869-1900)



      a) Valle del río de las Minas (península de Brunswick)


      De esa manera hubo de aguardarse hasta 1869, época en que se hallaba
      a cargo de la gobernación colonial el capitán de corbeta de la Armada
      de Chile Oscar Viel. Este era, y lo demostraría mejor durante los
      siguientes años, un mandatario diligente y talentoso, visionario y
      empeñado en el progreso de la colonia de Magallanes. Entre tantas
      medidas estaba la de poner en explotación el yacimiento de lignito
      situado valle adentro del río del Carbón, asunto que cobraba mayor
      interés y actualidad luego del establecimiento de una línea regular
      de navegación entre Europa y la costa sudoriental del Pacífico, por
      cuenta de la Pacific Steam Navigation Company, con puerto de recalada
      en Punta Arenas. Gestionó y obtuvo el interés del Supremo Gobierno
      sobre la materia, consiguiendo que se llamara a licitación la
      explotación del mineral carbonífero. Entre tanto así sucedía, Viel
      dispuso la apertura de una senda expedita que permitieran acceder a
      las vetas del mineral, iniciando con posterioridad la construcción de
      un ferrocarril de sangre para facilitar la salida de la futura
      producción.

      Así las cosas, la casualidad hizo posible el hallazgo de oro en el
      lecho del río del Carbón a fines de 1869 y desde entonces y por algún
      tiempo muchos hombres de la colonia, fueran antiguos residentes o
      recién llegados, se dedicaron a lavar arenas en procura del metal
      dorado aunque con escasa suerte, no obstante hubo uno que otro
      hallazgo de alguna pepa de tamaño excepcional, lo que a su vez
      estimuló todavía más la faena. Esta circunstancia motivó la
      redenominación del río, que pasó a llamarse "de las Minas" a contar
      de entonces. La faena de lavado se prolongó con altibajos, y sin que
      se dieran resultados espectaculares, por varios años, tanto, que
      hasta promediar la década de 1880 aún se registraba la actividad de
      algún porfiado buscador, pero siempre con escasa fortuna.

      Y tornando al carbón en cuya explotación se veía una fuente segura de
      prosperidad y no algo meramente aleatorio como era el lavado de
      arenas auríferas, un empresario de Santiago, Ramón H. Rojas, había
      obtenido la concesión del yacimiento, constituyendo posteriormente
      para su operación la Sociedad Carbonífera de Magallanes.

      Mientras estos trámites marchaban a su ritmo, al actividad en Punta
      Arenas se mostraba promisoria, principalmente por el aumento de la
      navegación de naves de ultramar, hecho auspicioso para la futura
      actividad productiva y mercantil y para el arribo de inmigrantes
      desde Europa, otro aspecto que mucho interesaba promover por cuanto
      en ellos Viel veía un factor particular de adelanto para el porvenir.

      Tanto movimiento marítimo requería necesariamente ser incentivado con
      la provisión de combustible mineral, de allí que una vez más Viel
      estuviera interesado en la pronta explotación del yacimiento.

      Placentero me es poder anunciar a Ud. -escribió por entonces Viel a
      don Miguel Luis Amunátegui, ilustre hombre público de la época- que
      el Camino de fierro, que aunque de sangre por ahora, que se construye
      para la explotación de las minas de carbón, se halla bastante
      adelantado i creo que para fines de Diciembre podrá darse carbón a
      los buques que lo necesitan. Si se realiza la contrata con los
      vapores de la carrera que según el Señor Rojas es segura, la Colonia
      de Magallanes mediante el peso que el Contratista paga por tonelada
      al Estado, podrá costear sus gastos i dejará de ser una carga para el
      Estado, como lo ha sido hasta aquí, i lo que es más sus habitantes
      tendrán un trabajo que les proporcione el medio de ganar su
      subsistencia. Empeñado como el que más en la realización de esta
      empresas -le agregaba ufano- no solo por el bien que resultará a la
      Colonia; sino también por haber sido yo su iniciador, he ayudado al
      Señor Rojas en cuanto me ha sido posible, allanándole todas las
      dificultades que se han presentado10.


      Estas, por cierto, no eran pocas: unas provenían de la tacañería del
      concesionario, y otras de las exigencias de los colonos que debían
      hacer los suministros o participar en los trabajos. Por eso, Viel
      dispuso que un grupo de confinados participara en las obras del
      ferrocarril y en las de la habilitación de la mina, en tanto que tuvo
      que empeñar su influencia y poder de convicción para poner de acuerdo
      a los primeros.

      Los trabajos concluyeron satisfactoriamente a fines de 1869, bajo la
      dirección del ingeniero James Armett, contratado por Rojas para el
      efecto, y pronto comenzó la extracción de carbón del manto
      superficial.

      No obstante el hallazgo aurífero ocurrido por aquel tiempo y que
      tanto mantenía conmocionada a la población, Viel sabedor de lo
      efímera que podía ser aquella riqueza, tenía su interés puesto en la
      explotación del mineral carbonífero, persuadido de que allí radicaba
      una fuente segura de prosperidad para la colonia.

      Por consecuencia, pasó a seguir con interés las faenas, pudiendo
      comprobar cómo, a medida que se profundizaba en la mina, el carbón
      extraído parecía ser de mejor calidad. La oportunidad para constatar
      la acogida que tendría el mineral entre los navegantes vino a darse
      en enero de 1870, con el arribo de una flotilla peruana, compuesta
      por los blindados Huáscar e Independencia, por la corbeta Unión y el
      vapor Chalaco. Como este último buque venía al mando de su concuñado
      y amigo, capitán Miguel Grau, no fue difícil obtener el asentimiento
      de Manuel Ferreyros, comandante de la división naval, para comprar un
      cargamento de carbón para las necesidades de los buques.

      El mineral adquirido alcanzó a 1.093 toneladas, cantidad muy
      importante tratándose de la primera venta que se hacía, lo que
      representó para el Fisco un ingreso de otros tantos pesos, a razón de
      uno por tonelada de carbón.

      La satisfacción entonces hubo de ser mayor para Viel que para el
      propio concesionario Rojas, pues la adquisición, amén de importante,
      había sido hecha para alimentar las calderas de los monitores
      peruanos, tenidos como los buques más modernos que había a flote en
      este parte del Pacífico. Pero a aquel le importaba especialmente que
      el rendimiento del combustible fuese también satisfactorio; de allí
      que encareció a Ferreyros que, al arribar a Valparaíso, hiciera
      publicar el correspondiente informe de los ingenieros, el que por
      descontado consideraba favorable, con lo que finalmente se tendría
      una apropiada difusión de la nueva ventaja que ofrecía la colonia de
      Magallanes a la navegación.

      No obstante que sus esperanzas quedaron en parte defraudadas, pues el
      ensayo hecho con el lignito de Punta Arenas no fue tan satisfactorio
      como lo esperaba el gobernador (debido a que la partida embarcada
      correspondía a mineral del manto superficial), los sucesivos vapores
      que en creciente cantidad tocaron en la colonia fueron adquiriendo a
      modo de prueba pequeñas partidas, con lo que, a fines de 1870, se
      habían vendido otras quinientas toneladas.


      Optimista, Viel estaba convencido de que la calidad del carbón debía
      mejorar: …cada día, a medida que se adelanta al corazón del cerro i
      su progresión sigue como hasta aquí, no dudo que podrá adquirir una
      buena reputación con la cual espero no solo que esta Colonia tenga
      vida propia; sino que también deje de ser una carga para el Estado,
      como lo ha sido hasta aquí, le aseguraba al ministro del Interior11.

      Pero, sin embargo, de las esperanzas de Viel, del respaldo que como
      autoridad brindaba al concesionario y de los trabajos e inversiones
      que él mismo realizaba, la explotación carbonífera lejos de adelantar
      durante el lapso 1871-74 más bien decayó. Contribuyó a ello la escasa
      calidad del lignito extraído, que se estimó inferior porque
      correspondía a mantos superficiales, hecho que tras algunas
      adquisiciones en forma de ensayos por parte de diferentes naves
      mercantes puso en evidencia que el mineral carecía de fuerza calórica
      como combustible. Fue inevitable así que el interés por la compra de
      mineral aflojara notoriamente. Era necesario hacer más trabajos,
      invertir más para ver si las condiciones de la explotación se hacían
      más interesantes y rentables.

      De este como de otros aspectos se ocupó el sucesor de Viel, sargento
      mayor Diego Dublé Almeida, empeñado en el mejoramiento de la economía
      colonial. Buscó pues estimular y fomentar las actividades
      productivas, entre ellas la carbonífera, en cuyo desarrollo este
      mandatario también tenía esperanzas de progreso general.

      Una de las muestras de adelanto era precisamente el ferrocarril
      carbonero, cuyas obras estaban a cargo del ingeniero José Clemente
      Castro y que, iniciadas en tiempos de Viel, quedaron concluidas en
      enero de 1875. La vía, con una longitud aproximada de 11 a 12
      kilómetros, unía la mina con el muellecito de la colonia. Por la
      misma pronto hubo de correr la locomotora que arrastraba los carros
      cargados de mineral, cuyos pitazos pasarían a hacerse familiares al
      vecindario, anunciando en su ir y venir la marcha incesante del
      progreso.

      Este y otros trabajos emprendidos por la compañía concesionaria,
      ahora dirigida por un minero experto, John G. Hamilton, han
      contribuido por mucho al adelanto de este pueblo i al desarrollo del
      comercio, siendo una poderosa palanca de progreso para territorio
      magallánico, informó complacido Dublé al ministro de Colonización en
      abril de 1875, añadiendo optimista: asegurado el consumo del carbón
      de Magallanes esta colonia en gran parte tendrá asegurada su vida
      propia12.

      No obstante su optimismo, tanto esfuerzo resultaría finalmente
      infructuoso. Los mantos en explotación eran superficiales por razón
      de los precarios medios de trabajo de que se disponía y el lignito
      extraído resultó ser de mala calidad, característica suficiente para
      motivar el rechazo por parte de los capitanes mercantes. No habiendo
      quien arriesgara más capital en la empresa, con el objeto de mejorar
      las condiciones de la explotación, esta acabaría por ser paralizada
      del todo en 1877, al cabo de ocho años de trabajo meritorio que
      permitiría producir unas 8.000 toneladas de carbón, contribuyéndose
      de variada manera a la evolución progresista de la colonia.
      Concluiría de tal suerte la primera etapa histórica en la minería de
      Punta Arenas y de la península de Brunswick.



      b) Costa del mar de Skyring (Río Verde)


      En una fecha no precisada de mediados de la década de 1870 el
      baqueano Santiago Zamora, uno de esos andariegos aventureros
      característicos de los territorios de frontera colonizadora, durante
      una de sus incursiones por la comarca litoral oriental del mar de
      Skyring, en un sector que poco después sería conocido genéricamente
      como "Río Verde", descubrió un afloramiento carbonífero, hallazgo que
      participó al gobernador de la colonia de Magallanes, Óscar Viel. Cabe
      señalar que el mismo Zamora descubrió por esa misma época evidencias
      de mantos superficiales en la comarca situada a las espaldas de Punta
      Arenas, en la vertiente de Brunswick que cae al mar de Otway, y que
      el propio baqueano bautizó con el nombre de "Mina Rica".

      Tiempo después, hacia 1877, Julius Haase, un animoso y emprendedor
      inmigrante alemán radicado en Punta Arenas desde años antes, enterado
      al parecer de aquel descubrimiento, exploró el lugar y encontró la
      manifestación carbonífera. Interesado en su explotación, Haase
      consiguió de Viel el traspaso de la pertenencia minera que al parecer
      él mismo había constituido previamente, y denominó "Mina Marta" al
      yacimiento mineral. Sobre la marcha decidió invertir capital en la
      habilitación de la mina con la construcción de las instalaciones y la
      apertura de varios piques o galerías, iniciando luego la explotación
      del manto carbonífero. Pronto, sin embargo, se echó de ver que se
      requería de más recursos para poner la mina en producción en debida
      forma y, careciendo de ellos, Haase abandonó temporalmente la
      explotación.

      El capitán de fragata Juan José Latorre, de la Armada de Chile, que
      conoció el lugar a fines de 1878 durante la estadía de la corbeta
      Magallanes en plan de operaciones hidrográficas, dejó una buena
      descripción del establecimiento minero:


      Los edificios que constituyen el caserío están situados en medio de
      dos ribazos que caracterizan desde cerca los límites de la rada. Las
      casas son cinco, construidas para la residencia del administrador,
      los peones i para bodegas de depósito. Los edificios están
      construidos con madera del lugar, labradas por medio de una pequeña
      máquina de aserrar; aquellos están techados con zinc acanalado,
      hallándose todas las construcciones perfectamente al socaire de los
      vientos reinantes por medio del espeso arbolado que respalda al
      caserío.

      […] Sobre el ribazo que forma la extremidad O. de la rada, se hallan
      los diversos piques que se han abierto, en número de seis, i que
      estaban llenos de agua cuando se visitaron. El mayor de ellos era el
      mejor trabajado i quedaba cubierto por la mayor de las construcciones
      erigidas en aquel terreno, quedándole vecino un espacioso galpón
      destinado a guardar el combustible que se extrajera. La boca del
      pique se hallaba enmaderada, i a su lado tenia dos bombas de mano
      para desaguarlo, i al parecer de fuerza suficiente para arrojar hasta
      25 litros por minuto. Por el lado del mar se deja ver en el ribazo el
      manto carbonífero, dirijiéndose una parte de él hacia el interior i
      otra hácia el mar.


      […] El establecimiento de las minas posee un muelle que se halla un
      poco resguardado de la marejada por la punta que forma la parte
      occidental de la rada. Tiene 50 metros de longitud i arranca de las
      cercanías del desagüe del riacho. Es de madera i apoyado sobre
      machones del mismo material, rellenos con piedras, i parece que ha
      tenido la intención de prolongarlo, pues se ven en la playa otros
      machones en estado de ser colocados.

      […] Quien quiera que vea la serie de trabajos mencionados, que pueden
      reputarse grandes por haber sido llevados a cabo en parajes tan
      apartados, no podrá ménos de rendir su tributo de respeto al
      infatigable empresario, señor Haase, quien venciendo infinitas
      contrariedades i molestias ha planteado una industria en el corto
      tiempo de seis meses.

      Las dificultades que ofrece el lugar como embarcadero por una parte i
      por otra la poca o ninguna salida que tendrá el carbón hasta dentro
      de algunos años, no compensarán los fuertes desembolsos que será
      menester llevar a cabo para alcanzar el lucro que se pretende.

      La calidad del carbón de las minas Marta, aunque tomado del manto
      superficial, parece a primera vista superior al de Punta Arenas,
      notándose desde luego que a pesar del tiempo que se encontraba en
      contacto con el aire, no ha sufrido aparentemente i que no se había
      desgregado en menudos fragmentos, como ocurre con aquel horas después
      de estraido el mineral. Embarcamos algunos toneladas del carbón que
      habia en el galpón para ensayarlo abordo practicamente13.


      Haase, entre tanto, no habiendo podido conseguir más capital en la
      colonia de Punta Arenas para proseguir la explotación, se dirigió a
      Buenos Aires, donde tenía relaciones, y allí consiguió interesar al
      Dr. Miguel Estévez Seguí, a Daniel Miró y a Lucio Somoza, con quienes
      constituyó en abril de 1880 una sociedad en comandita para aquel
      objeto, que pasó a girar bajo el nombre de Somoza, Miró y Cía.

      Así se dio comienzo al fin de aquel mismo año a la actividad minera,
      la primera tarea colonizadora importante en el sector centro-
      occidental del territorio, realizándose importantes inversiones
      complementarias en equipo y maquinarias, y del mismo modo se contrató
      un grupo de artesanos europeos para trabajar en el establecimiento.
      Para el transporte de carbón entre la mina y Punta Arenas la sociedad
      adquirió o arrendó primeramente el vaporcito Santos, de bandera
      brasileña, que se varó en diciembre del año indicado en el canal Fitz
      Roy. Esta embarcación fue de inmediato reemplazada por otro buque, el
      vapor de ruedas Los Amigos, de matrícula y bandera uruguayas, y que
      tampoco tuvo mucha suerte, pues el 28 de marzo de 1881, encontrándose
      fondeado a la salida norte del mencionado canal, un fuerte viento lo
      hizo garrear e irse a la costa, perdiéndose del todo. Con ese
      siniestro la sociedad explotadora entró en crisis económica
      anticipadamente a lo que de todos modos habría de ocurrir a breve
      plazo, pues, no obstante los esfuerzos para recuperar las inversiones
      o, a lo menos, para salvar los costos de producción, se pretendió
      vender el carbón a un precio que fue considerado excesivo por los
      eventuales compradores, máxime si se trataba, como era, de un mineral
      de calidad deficiente, con lo que el negocio fracasaría finalmente.
      El mismo esquema se repetiría otras veces en el porvenir con otras
      explotaciones carboníferas. A fines de diciembre de 1881 arribó al
      lugar el yate británico Wanderer, cuyo propietario, el inglés Charles
      Lambert, hombre entendido en la faena minera, pues tenía fuertes
      intereses de esa especie en la zona norte de Chile, dejó una
      descripción del establecimiento con sabor a réquiem para una
      actividad extractiva efímera:



      A las 5 P. M: anclamos en la rada de la mina de las aguas de Skyring
      y después de cenar fuimos a tierra para conocerla, siendo amablemente
      recibidos por el administrador, un caballero de Buenos Aires. Fuimos
      al foso en la pendiente de la veta desde la superficie hasta una
      profundidad de catorce yardas, que es lo más que se puede llegar;
      desde aquí se extiende una galería a través de la que se extrae el
      carbón. La veta, como lo esperábamos tan cerca de la superficie, es
      muy quebradiza, y lo mejor de ella es un lignito pobre; en la
      superficie hay algunas buenas casas de madera, donde reside el
      administrador y su equipo. Sin embargo de haberse invertido una buena
      cantidad de dinero en el emprendimiento, el mismo se halla situado en
      un lugar tan excéntrico y la calidad del carbón es tan indiferente,
      que abrigo el temor de que habrá de producirse un rápido colapso14.


      Efectivamente así ocurrió antes de mucho tiempo, quedando abandonadas
      las instalaciones y maquinarias de Mina Marta, que el tiempo cubriría
      de herrumbre y líquenes, dejando para memoria de la posteridad su
      nombre como topónimo para la comarca. La cantidad de carbón que pudo
      extraerse en las dos etapas de producción se desconoce, pero quizá no
      haya pasado del millar de toneladas en total.

      El ingeniero de minas francés H. Babinsky visitó el lugar en 1893 y
      recogió algunas muestras de lignito, que analizaría posteriormente, y
      entregó después un informe a la Gobernación de Magallanes, en parte
      del cual se expresaba:



      Mina Marta, situada en la ribera norte del mar de Skyring, frente al
      yacimiento Magdalena, del que probablemente es continuación,
      comprende tres mantos: el primero de 1.50 metros; el segundo de 2
      metros; i el tercero, el mas bajo, es de potencia desconocida. Las
      labores de la mina han llegado a una profundidad como de 60 metros,
      algunos de los cuales están bajo el nivel del mar de Skyring. El
      método de explotación era igual al de la mina de Punta Arenas, el de
      pilares abandonados.

      En el día la mina se halla anegada i no he podido penetrar, pero he
      tomado en el propio sitio, bajo un cobertizo que ha quedado en pie,
      de un montón de unas doscientas toneladas dejadas ahí, después de
      abandonada la obra, una muestra de combustible que se asemeja
      bastante, en su aspecto, al de la concesión Magdalena15.



      Tras el segundo intento de Haase, nadie, que se sepa, volvió a
      interesarse en la explotación del yacimiento carbonífero de Mina
      Marta.


      c) Costa norte de la isla Riesco


      La zona norcentral de Magallanes, fronteriza como era del ecumene
      territorial, atrajo desde los años de 1880 a numerosos aventureros
      que la exploraron en plan de eventuales explotaciones económicas
      pecuarias, forestales y mineras. Uno de tantos, el francés Jorge
      Meric, antiguo residente de Punta Arenas como que había inmigrado en
      1873, cobró especial afición por esos parajes tan atractivos como
      distantes en la época. En sus correrías fue el primer hombre blanco
      conocido en llegar a la isla Riesco, entonces conocida con el casi
      mítico nombre de Tierra del Rey Guillermo IV16, en cuya costa
      septentrional descubrió en 1889 un afloramiento carbonífero que
      enfrentaba, mar de Skyring de por medio, al de Mina Marta.

      Luego de obtener la pertenencia minera y desarrollar algunas faenas
      iniciales para constatar la potencialidad del manto y poner en marcha
      su explotación, Meric se dirigió a su patria para interesar a algunos
      capitalistas en el negocio minero. No encontró allí la acogida que
      esperaba, pero sí consiguió que en su viaje de regreso lo acompañara
      el ingeniero Babinsky, ya mencionado, para que verificara la calidad
      del lignito de Magdalena y sus posibilidades de realizar una
      explotación económica.

      El resultado del estudio de Babinsky reveló que la potencialidad del
      yacimiento era satisfactoria, pero que su calidad era apenas regular
      no obstante que el poder calorífico de las muestras analizadas
      permitió saber que las mismas eran de mejor calidad que las del
      carbón del antiguo yacimiento del río de las Minas.

      Con todo, eso bastó para contentar a Meric y animarlo para llevar
      adelante el negocio de explotación. En la búsqueda de algún socio
      capitalista entre la gente de Punta Arenas, acabó por encontrarlo en
      los importantes empresarios Mauricio Braun y Juan Blanchard, que
      operaban a través de la prestigiosa firma mercantil, naviera e
      industrial Braun & Blanchard (1897). Ese mismo año principió la
      explotación carbonífera consiguiéndose extraer varios cientos de
      toneladas. La primera partida fue llevada a Punta Arenas en el vapor
      Torino -que dicho sea de paso, realizó un satisfactorio ensayo con el
      combustible durante el trayecto-, vendiéndose el mineral fácilmente
      para el consumo domiciliario.

      La actividad se mantuvo así por algunos años, hasta que se hizo
      evidente que era antieconómica, suspendiéndose la extracción en 1900.

      Algo decepcionado, Meric retornó a Francia y se radicó en París, e
      incansable como era se mantuvo empeñado por largos años en la
      formación de una gran compañía para la explotación del yacimiento de
      Magdalena, de cuya potencia y calidad se había convencido. Su sueño
      empresarial, la Societé Carbonifére de Magellan, no llegó a
      constituirse en forma y hasta sus fieles antiguos asociados Mauricio
      Braun y Juan Blanchard acabaron por desentenderse del asunto pasado
      1910.



      d) Costa centro-occidental de Tierra del Fuego


      Durante 1895 un antiguo cateador de minerales en la isla grande de
      Tierra del Fuego, el griego Cosme Spiro, zarpó con otros aventureros
      en una embarcación desde el puerto de Punta Arenas y descubrió
      evidencias de mantos carboníferos en los faldeos de Nose Peak, sobre
      la costa del fiordo del Almirantazgo. Comprobada científicamente
      tiempo después la calidad del mineral, los descubridores
      constituyeron pertenencias sobre un total de 500 hectáreas y echaron
      las bases de la Sociedad Carbonífera de Tierra del Fuego, en la que
      formaron como socios, además de Spiro, los vecinos de Punta Arenas
      Romualdo Romualdi y Luis Díaz, y los inmigrantes italianos Luis
      Guazzoni, Serafín Minotti, Francisco Rossi, Silvio Lugaro y Luis
      Lafranconi. El yacimiento al que se denominó "Mina Arturo Prat",
      quedaba junto a un excelente puerto natural, que llamaron "Puerto
      Sofía" (actual Puerto Cóndor), fue puesto en explotación en 1897,
      enviándose el mineral en pequeñas goletas hasta Punta Arenas. Los
      socios de la flamante compañía pretendieron ilusionados dar
      envergadura a la empresa y utilizando como intermediario y mandatario
      al Dr. Lautaro Navarro Avaria procuraron interesar a capitalistas del
      centro de Chile, pensando en una explotación que sirviera para el
      aprovisionamiento de las naves de ultramar que hacían la carrera del
      estrecho de Magallanes. La gestión en definitiva resultó infructuosa
      atendida la escasa potencia de los mantos y la baja calidad del
      mineral. Años después, en 1906, se pensó por algunos empresarios
      instalar en Punta Arenas un servicio de alumbrado a base del gas,
      utilizándose para el efecto el lignito de Nose Peak, pero en
      definitiva el emprendimiento no llegó a hacerse efectivo.

      Una consecuencia favorable de ese inútil cuanto efímero esfuerzo
      minero estuvo en el reconocimiento que hizo posible de los terrenos
      litorales ricos en bosques maderables, mediante cuyo aprovechamiento
      cobraría desarrollo una importante actividad del género a contar de
      los años de 1920.


      e) Sector noroccidental fueguino


      Algunas exploraciones realizadas en la zona noroccidental de la
      Tierra del Fuego, distrito eminentemente aurífero, permitieron el
      hallazgo casual de afloramientos de carbón en la desembocadura del
      río Santa María (bahía Inútil) y en parajes indeterminados de los
      cursos de los ríos Óscar y del Oro, en la vertiente opuesta.

      La información disponible es muy escasa y de ella solo da cuenta
      Navarro Avaria en su obra citada. Por él se sabe además de un ensayo
      hecho hacia 1904 a base de una muestra extraída en la ribera del
      último río nombrado y que resultó ser de bajo poder calorífico, bajo
      las 4.000 calorías (Tabla I). Es posible que su ubicación
      correspondiera a la misma de la más tarde llamada Mina "Santa Clara".

      Inclusive hubo alguna extracción artesanal para probar el rendimiento
      del mineral como combustible para el funcionamiento de una draga
      aurífera, de varias que por entonces habían comenzado a instalarse en
      el distrito, y su resultado habría sido satisfactorio.




      Iv. DESARROLLO CARBONÍFERO (1900-1980)


      1. Período de auge productivo (1900-1950)


      a) Distrito península de Brunswick


      a.1. Mina "Loreto"


      Con la llegada del siglo XX Magallanes, y Punta Arenas en particular,
      iniciaron un lapso prolongado de bonanza económica y de progreso
      general que se extendería con esplendor por los siguientes tres
      lustros. Para entonces había culminado virtualmente la empresa
      esforzada de la colonización protagonizada por los pioneros desde
      treinta años antes y que de modo particular había permitido el
      establecimiento de la crianza ovina extensiva, de manera tan exitosa
      que la misma era hacia 1900 la estructura productiva que vertebraba
      el movimiento económico del territorio. En su evolución la misma
      había involucrado y condicionado el desarrollo de la navegación
      intrarregional, del comercio general (exportación, importación y
      distribución), de la industria y los servicios generales.

      En ese contexto económico productivo tan relevante, solo la minería
      aparecía como una actividad postergada, de tercer orden, apenas con
      alguna significación en lo referido al lavado de arenas auríferas en
      la Tierra del Fuego. Ello no deja de sorprender en tanto que había
      otras manifestaciones minerales conocidas como era el caso del carbón
      cuya eventual explotación podía resultar de interés para satisfacer
      las necesidades de combustible que un desarrollo económico tan
      variado no tardaría en exigir. Hasta entonces el empleo del mineral
      había estado y estaba referido exclusivamente a su utilización en la
      navegación a vapor, para lo que el abastecimiento se hacía importando
      carbón desde Cardiff, en Inglaterra, de modo de mantener stocks
      disponibles para el suministro a los barcos.

      El primero que pareció advertir la posibilidad de reintentar la
      explotación de carbón en Magallanes -bajo bases técnicas y económicas
      diferentes a las de antaño- y satisfacer de tal modo una necesidad de
      combustible fósil que se iba manifestando según se multiplicaban las
      actividades productivas, fue el capitalista chileno Agustín Ross, de
      notoria fama entonces por sus emprendimientos exitosos en la minería
      del Norte Chico y en la industria. Es posible que para ese tiempo
      Ross conociera a James Armett, antiguo ingeniero en los trabajos
      iniciales de la mina situada al interior de Punta Arenas. Así pudo
      enterarse sobre las características del yacimiento y tener un interés
      inicial en su explotación.

      Este interés habría sido coincidente con el de otras personas, pues
      ya en octubre de 1896 se constituyeron varias pertenencias mineras
      sobre la antigua concesión de la Sociedad Carbonífera de Magallanes.
      Como haya sido, el hecho es que al poco tiempo Agustín Ross reunió en
      sus manos los correspondientes derechos, quedando como tenedor
      exclusivo y por tanto concesionario único de las pertenencias, a las
      que dio el nombre común de "Loreto". A comienzos del año siguiente,
      James Armett, que al parecer había regresado a Magallanes por encargo
      del propio Ross para considerar la posibilidad de una explotación
      renovada, solicitó a su turno, conjuntamente con Alberto Campuzano,
      pertenencias en terrenos contiguos, las que posteriormente fueron
      traspasadas a Ross.


      Sobre esa base el empresario y capitalista inició los trabajos para
      poner en explotación el yacimiento de lignito allí existente, al que
      como correspondía se le dio el nombre de Mina Loreto. En fecha
      reciente se ha conocido una fotografía que muestra la faena de una
      sonda con torre de madera que podría corresponder a los trabajos de
      prospección en la búsqueda de nuevos mantos carboníferos17.

      Al decidir la inversión Agustín Ross pasaba a ser para la historia
      económica de Magallanes una excepción calificada, como el principal
      inversionista chileno en el territorio, virtualmente el único entre
      tantos empresarios de origen europeo como eran los que desde hacía
      años venían impulsando con su empuje, creatividad y recursos
      financieros el desarrollo de la Patagonia austral y la Tierra del
      Fuego.

      Las inversiones fueron cuantiosas y comprendieron de partida la
      habilitación de la mina con la búsqueda de nuevos mantos productivos
      más profundos y de mejor calidad calorífera, incluyendo la apertura
      de caminos de acceso y de galerías; además la construcción de una
      estación de carguío del carbón (shooter), de la casa de Fuerza, de
      oficinas, talleres, bodegas y viviendas. La bocamina quedó situada en
      la ladera norte del río de las Minas. A cargo de todas estas faenas
      estuvo el ingeniero Mariano Edwards, contratado para el efecto en
      Santiago, quien así dio comienzo a una prolongada residencia en
      Magallanes durante la que se ocuparía en diferentes emprendimientos
      económicos.

      Para el transporte del mineral desde el yacimiento al puerto de Punta
      Arenas Ross planeó la instalación de un ferrocarril. Una ley
      promulgada el 18 de diciembre de 1900 le concedió la autorización
      para construir y explotar una vía de un metro de trocha y nueve
      kilómetros de largo. Las obras correspondientes se iniciaron todavía
      antes, en octubre, y quedaron concluidas el 29 de enero de 1902. Para
      el servicio ferroviario se compraron a The Baldwin Locomotive Works
      de Inglaterra, dos locomotoras del tipo 0-4-2, con un peso de 28.000
      libras y una capacidad de arrastre de 80 toneladas cada una, que
      fueron bautizadas con los nombres de "Loreto" y "Punta Arenas". La
      primera máquina arribó a Magallanes en enero de 1902 justamente
      cuando finalizaban los trabajos de construcción de la vía férrea. El
      tren incluía un coche de pasajeros y vagones de carga18.

      La obra comprendió asimismo la edificación de una estación principal
      y depósitos para el carbón, además de galpones para las locomotoras y
      carros en los extramuros de Punta Arenas, aproximadamente a unos
      siete kilómetros de la mina. La vía finalizaba en la playa del puerto
      y allí Ross decidió construir un muelle de carga de 240 metros de
      largo, incluido un malecón, para el embarque del mineral
      (Muelle "Loreto"), cuya autorización de construcción y explotación le
      fue concedida por decreto supremo de 10 de junio de 1903.


      Por fin y habida cuenta de las características físicas del mineral,
      en especial su condición quebradiza que disminuía su calidad, y para
      hacer más atractivo y rendidor el producto, el empresario decidió
      fabricar briquetas mezclando el mineral extraído con alquitrán y
      carbón inglés. Las máquinas se importaron desde Europa y ya para
      mediados de 1900 la planta se hallaba en producción. La misma quedó
      instalada junto a la estación principal del ferrocarril, del mismo
      modo que un aserradero para la producción de madera de construcción,
      lo que daba al conjunto un carácter de pequeño complejo minero-
      industrial.

      La producción de carbón iniciada hacia 1899 había ido aumentando poco
      a poco, estimándosela en alrededor de 12.000 toneladas anuales para
      1906, cantidad que se mantendría estable como promedio durante los
      años siguientes llegando a ser de 14.200 toneladas durante 1913.
      Consumidores principales de la misma eran los vapores de la flota
      mercante regional, algunas industrias (frigoríficos, maestranzas y
      usina eléctrica de Punta Arenas) y la población de la ciudad para uso
      doméstico, y en menor grado para el consumo de establecimientos
      rurales (estancias ganaderas).

      En 1906 el total de las faenas de que se ha dado cuenta daba
      ocupación a 50 hombres. La pertenencia minera cubría 500 hectáreas y
      se habían adquirido también algunas propiedades urbanas y suburbanas
      para el funcionamiento de las diferentes actividades, y obtenido
      asimismo una concesión para la explotación forestal destinada
      esencialmente a la fabricación de postes para el enmaderado de las
      galerías. Todo un complejo productivo en verdad, representativo de
      una inversión ciertamente cuantiosa.

      Hacia 1914 se interesó por el yacimiento carbonífero Loreto el
      poderoso empresario magallánico José Menéndez, quien de ese modo tras
      un acuerdo con Agustín Ross adquirió sus derechos, instalaciones,
      maquinarias y demás, los que fueron puestos a nombre de la Sociedad
      Anónima Ganadera y Comercial Menéndez Behety.

      Bajo su dominio y administración se hicieron nuevas inversiones en
      instalaciones, material ferroviario (se adquirieron otras dos
      locomotoras Baldwin y más carros de diversa clase19), y se incrementó
      la producción, tanto que para 1923-24 superaba las 30.000 toneladas
      anuales de carbón, parte importante de la cual era exportada a la
      República Argentina.

      Las instalaciones en el sector de bocamina tenían por entonces el
      aspecto de una aldea, escuela primaria particular incluida, y hasta
      el lugar era costumbre entre el vecindario puntarenense de esos
      tiempos hacer visitas de conocimiento y agrado durante los días
      festivos, viajando en el ferrocarril carbonero, disfrutando del
      paisaje ribereño del río de las Minas, entonces densamente arbolado.


      Aunque a contar de los años de 1920 se incorporaron a la producción
      carbonífera otras minas, tanto en Brunswick como en la isla Riesco,
      Loreto siguió siendo la más importante, enterando aproximadamente el
      cincuenta por ciento de la producción regional hasta 1939, que entre
      tanto había crecido hasta superar en 1937 las 65.000 toneladas.

      El año indicado la Mina Loreto produjo 30.905 toneladas, pero a
      contar de 1940 la producción fue decayendo notoriamente con lo que la
      Sociedad Menéndez Behety no pudo cumplir con la obligación asumida en
      1937 al renovar la concesión carbonífera, en cuanto a producir un
      mínimo de 20.000 toneladas anuales. Contribuyeron a ello dos
      circunstancias imprevistas: la ocurrencia de algunos desastres
      naturales (crecidas del río de las Minas) que afectaron a puentes y
      terraplenes y por tanto impidieron el tráfico normal del ferrocarril,
      y la vigencia de la Segunda Guerra Mundial que tornó imposible la
      adquisición de repuestos y la renovación del material rodante. Para
      remate, la Municipalidad de Punta Arenas exigió a la compañía
      levantar la vía en el sector que la misma atravesaba una parte de la
      ciudad (otro tramo hasta el puerto ya había sido levantado con
      anterioridad), lo que se cumplió en febrero de 1948.

      Antes todavía, en 1946, el directorio de la Sociedad había
      considerado que la explotación era francamente antieconómica y acordó
      suspenderla definitivamente. Determinó entonces arrendar la mina a
      terceros, prefiriéndose en primera instancia al Sindicato
      Industrial "Mina Loreto", esto es, a los mismos trabajadores del
      mineral.

      El arrendamiento se hizo en condiciones muy favorables para estos,
      incluyendo préstamos de dinero y sin garantía alguna.

      Entendemos que este es el único caso ocurrido en Chile en que se haya
      entregado la explotación de una Mina en pleno funcionamiento, con
      todas sus instalaciones, elementos de trabajo y transporte, bodegas y
      maestranzas, a un Sindicato Obrero Industrial, sin estar amparado por
      fianzas ni cauciones de ninguna índole, expondría más tarde la
      gerencia general de la Sociedad Menéndez Behety en nota dirigida al
      Intendente de Magallanes, general Enrique Calvo20.

      La experiencia de explotación resultó un fracaso completo, y en 1948
      la mina volvió a manos de la concesionaria. Entonces, otra vez se
      decidió arrendar a un tercero, en el caso al empresario Máximo
      Álvarez.

      La época dorada de la explotación de la Mina Loreto había llegado a
      su término a la vuelta de medio siglo de actividad.


      TABLA II


      Producción de la Mina "Loreto" (1901-1946*)



      ----------------------------------------------------------------------
      ----------

      1901-1905
      Sin datos

      1906
      12.000
      Toneladas

      1907-1912
      Sin datos

      1913
      14.200
      Toneladas

      1914-1915
      11.462
      Toneladas

      1916
      13.070
      Toneladas

      1917
      18.506
      Toneladas

      1918
      22.886
      Toneladas

      1919
      22.128
      Toneladas

      1920
      29.134
      Toneladas

      1921
      21.588
      Toneladas

      1922
      11.309
      Toneladas

      1923
      17.423
      Toneladas

      1924
      27.748
      Toneladas

      1925
      32.451
      Toneladas

      1926
      34.542
      Toneladas

      1927
      36.008
      Toneladas

      1928
      36.344
      Toneladas

      1929-1938
      Sin datos

      1939
      30.905
      Toneladas


      ----------------------------------------------------------------------
      ----------

      *Fuentes: Propias del autor y Memorias S.A.G.C. Menéndez Behety.




      a.2) Otras minas de Brunswick


      Entrada la tercera década del siglo la explotación del carbón parecía
      ser un negocio convincente para algunos empresarios y así fue como
      durante los años que siguieron a 1920 surgieron varias minas
      independientes tanto en el distrito de la península de Brunswick como
      en la isla Riesco y Última Esperanza.

      El primero sobre el que se posee información es el correspondiente a
      la Mina "Soledad", cuya explotación fue impulsada primeramente por
      Juan Cañón, José y Evaristo Andía, todos pequeños empresarios
      españoles radicados en Punta Arenas, para lo cual obtuvieron nueve
      concesiones mineras valle adentro del río de las Minas, al oeste de
      la Mina Loreto, sobre ambos flancos de la formación carbonífera de
      ese nombre (1919). Decidieron realizar una explotación conjunta que
      llamaron Mina "Soledad".

      Tras una explotación preliminar en pequeña escala y contando con una
      satisfactoria prueba de rendimiento realizada en una nave de la
      Armada Nacional, los empresarios mencionados consiguieron interesar a
      otros vecinos de Punta Arenas, Nicanor Molinare, Luis Cevallos y
      Florencio Gómez Olivares, con los que constituyeron la
      Comunidad "Chile-España", con el propósito de explotar la mina en
      gran escala. Así entonces, se empeñaron en reunir el capital
      suficiente para el emprendimiento sin que se haya sabido del
      resultado de la gestión, que ha de suponerse fallida pues no hemos
      encontrado otra referencia sobre esta mina. Podría conjeturarse que
      entre las razones que impidieron la explotación estuviera también la
      de la escasa simpatía que pudo tener la iniciativa entre los
      directivos de la casa Menéndez Behety, toda vez que amén de eventual
      competidora la nueva mina, toda la circulación hacia y desde la
      misma, así como la salida de la producción habría debido hacerse por
      terrenos y con el posible uso de los medios de transporte de la Mina
      Loreto.


      Años después se constituyeron nuevas pertenencias carboníferas en el
      flanco sur de Loreto que dieron origen a dos nuevas explotaciones
      conocidas como Mina "El Chino" y Mina "Chinita". La primera fue el
      fruto de una iniciativa de un hombre con idesmentible afición por el
      negocio minero, el industrial Cardenio Rivas Durán, quien había
      participado años atrás en la fallida explotación cuprífera de Mina La
      Serena (Puerto Bahamóndez, canal Gajardo). Rivas obtuvo en 1929 una
      concesión carbonífera que denominó "El Chino" (50 hectáreas) ubicada
      en una hijuela de su propiedad en el sector del chorrillo Lynch, zona
      sudoeste de Punta Arenas. Para su explotación Rivas se asoció con un
      empresario croata, Gregorio Martic, constituyéndose en agosto del
      mismo año la Sociedad Comercial Colectiva Rivas y Martic.

      La actividad se planeó en debida forma y para el efecto la firma
      alemana Vorwerck y Cía. de Valparaíso ofreció e importó desde
      Alemania para la sociedad mencionada, un andarivel sistema Bleichert,
      tipo monocable, para el transporte por gravedad de carbón y madera, a
      fin de aprovechar la diferencia de altura entre la bocamina y la
      estación de carguío prevista para el mineral. El pedido incluía las
      estructuras de las torres metálicas de soporte, cables, vagonetas y
      demás. Todo ello por un valor de 2.600 libras esterlinas.

      Los equipos llegaron a Punta Arenas a comienzos de 1930 y las obras
      de construcción de fundaciones y de instalación del equipo tomaron
      algunos meses. Al quedar terminadas quedó a punto de servicio el
      primer y único andarivel para uso minero que se ha conocido en
      Magallanes, con una longitud de poco más de cuatro kilómetros en un
      desnivel de 280 metros, con capacidad para transportar seis toneladas
      de carbón por hora, a una velocidad moderada. Era, sin duda, una
      solución técnica inteligente que resolvía en condiciones muy
      económicas el problema del transporte de mineral, toda vez que los
      caminos de acceso al área de la mina propiamente tal o eran malísimos
      o bien no existían.

      En el curso de ese año se incorporó como nuevo socio capitalista el
      empresario de origen croata Santiago Pesutic, con lo que la entidad
      pasó a denominarse Sociedad Rivas, Martic y Cía., teniendo en la
      misma el primero la condición de socio industrial responsable de la
      producción carbonera, y los otros la de socios capitalistas
      administradores. En 1932 se incorporó otro croata, Simón Cvitanic,
      también como socio capitalista, pasando la sociedad a girar bajo el
      nombre de Rivas, Cvitanic y Cía. Esta entidad se disolvió a su vez en
      1936, retirándose los socios originales, haciéndose cargo Pesutic y
      Cvitanic del activo y pasivo sociales. Estos a su vez formaron la
      Sociedad Carbonífera Mina "El Chino", nueva entidad que adquirió la
      antigua propiedad minera, constituyendo de paso otras dos
      pertenencias nombradas "Dos Amigos" 1 y 2.

      En el transcurso de los cambios sociales se había avanzado lentamente
      en la habilitación de la mina, que quedó lista hacia fines de la
      década. La estación de carguío estaba situada a unos dos kilómetros
      de Punta Arenas, camino del monte Fenton, desde donde se movilizaba
      el carbón para su distribución en la ciudad. De su producción se
      poseen datos para los años 1939 y 1940, que fue de 2.342 y 2.892
      toneladas respectivamente, toda para consumo domiciliario de la
      población puntarenense.


      Entre tanto en 1941 la sociedad acordó incorporar como nuevo
      asociado, en un tercio de los derechos, al industrial Ramón Pedrero,
      quien asumió la responsabilidad de llevar adelante la explotación
      minera. Sensiblemente, a poco andar, un incendio destruyó las
      instalaciones principales en bocamina y la actividad productiva se
      paralizó definitivamente. Años después, en 1946, ya retirado Simón
      Cvitanic de la compañía, los socios Pesutic y Pedrero determinaron
      arrendar la Mina "El Chino" a José Apablaza, de quien se ignora si
      intentó su explotación.

      En buenas cuentas, de este caso bien puede afirmarse que hubo mucho
      papeleo y escasa producción de carbón, resultado en el que
      confluyeron al parecer las desinteligencias entre los asociados y un
      lamentable siniestro.

      En el mismo sector sur del río de las Minas -zona del chorrillo Lynch-
      el empresario Francisco Cekalovic, que tenía a cuestas una
      experiencia minera en la isla Riesco, constituyó pertenencias que
      llamó "Chinita" 1, 2 y 3. La única producción que hemos podido
      registrar para la misma fue de 1.271 toneladas para el año 1943. Lo
      poco que se conoce sobre esta mina sugiere que se trató de una
      explotación más bien modesta, que sin embargo se mantuvo por unas dos
      décadas.

      En el flanco norte de Loreto se abrieron otras dos minas. Una, en
      1939, denominada "Punta Arenas", por cuenta del empresario de origen
      español Avelino Fe<br/><br/>(Message over 64 KB, truncated)
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