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NIÑOS AUTISTAS: AUSENTES PRESENCIALES

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  • Alma Lujan
    NIÑOS AUTISTAS: AUSENTES PRESENCIALES Enseñe a sus hijos a respetar y a tratar con paciencia y aceptación a los niños que, de alguna manera, son
    Mensaje 1 de 1 , 5 nov 2007
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      NIÑOS AUTISTAS: AUSENTES PRESENCIALES
      Enseñe a sus hijos a respetar y a tratar con paciencia y aceptación a los niños que, de alguna manera, son diferentes, así los educa de una manera más integral.

      A los niños que son autistas no les gusta que los abracen,
      que los miren a los ojos, no responden al cariño de sus papás e inclusive, con frecuencia, se molestan si los tocan.

      Esta falta de receptividad viene acompañada de una incapacidad para comunicarse con otros y de establecer relaciones sociales. Los niños autistas no siempre demuestran preferencia por sus padres sobre otros adultos y tampoco logran desarrollar amistad con otros niños.

      Las destrezas de lenguaje, sus expresiones faciales y gestos no los usan de manera comunicativa. Ni sus palabras ni su comunicación no verbal tienen relación alguna con el ambiente que los rodea.

      El niño autista no se relaciona de manera normal con los objetos. Puede responder de manera extrema y fuera de lo común hacia cualquier cosa, ya sea evitándola por completo u obsesionándose con ella. Por ejemplo, si alguien mueve una silla de un lado a otro, el niño autista puede ponerse a gritar histéricamente.

      Si un objeto se mueve de manera constante y pacífica como un ventilador, el niño se fascina y disfruta largos espacios de tiempo en presencia de estos aparatos.

      Los autistas también pueden desarrollar un gran afecto hacia objetos extraños como un papel, una gomita elástica o una piedra, se aferran a ellos y los hacen sus grandes tesoros.

      Otra característica del autismo es la tendencia a realizar actividades de poco alcance de manera repetitiva.

      El niño autista puede dar vueltas como un trompo, mover su cuerpo de manera rítmica como, por ejemplo, aletear con sus brazos una y mil veces sin cansarse o aburrirse de lo mismo.

      Los autistas con alto nivel funcional pueden repetir los comerciales de la televisión o llevar a cabo rituales complejos al comer, al bañarse o al acostarse para dormir.

      Ser autista es como vivir en otro país donde usted llega y no conoce el idioma o es como jugar un juego donde las reglas son muy difíciles de aprender.

      Los niños que padecen autismo experimentan un mundo diferente al de los demás. Se les dificulta comunicarse, hablan poco y para vencer la barrera del silencio, es necesario que cuenten con ayuda profesional.
      Los niños autistas tienen un modo diferente de ver, escuchar y de sentir. Si convive o conoce a un niño autista es probable que lo escuche repetir exactamente lo mismo que dijo otra persona.

      Están ensimismados. No piden ayuda cuando la necesitan y tampoco hablan de cómo se sienten.

      Actúan diferente, pasan mucho tiempo solos y parece que no ponen atención a nada de lo que hacen. Pueden fingir que no pueden ni ver, ni escuchar a las personas que están con ellos.

      EL NIÑO AUTISTA
      Y SU IMPACTO EN LA FAMILIA
      El autismo es un desafío lleno de misterios que afecta al niño y a toda la familia. El cuidado que requiere un niño autista es exigente y demandante para la familia entera. Los papás están expuestos a múltiples retos que tienen un impacto muy fuerte en lo emocional, económico y social.

      La vida diaria se altera, las actividades anteriores y el estilo de vida previos al nacimiento de un bebé autista se transforman por completo y cambian la dinámica familiar.

      Definitivamente, se requiere del apoyo profesional para ayudar a la familia a convivir con un niño autista y para desarrollarle ciertas capacidades que lo ayuden a ser lo más independiente posible.

      Los familiares de niños autistas afirman que el cuidado de un hijo así, puede ser exhaustivo y frustrante por el gran esfuerzo que implica y los pocos avances que se logran.

      Se trata de perseverancia, de paciencia, de aceptación y de aprender a estar alegres aún sin recibir ningún tipo de recompensa, pues no siempre hay reciprocidad de parte de un autista.

      APRENDA A TRATARLOS
      Los niños pueden ser muy crueles entre ellos si notan que algunos de sus compañeros no actúan de la misma manera que los demás.

      Si su hijo convive en la escuela o quizá alguna de sus amigas es mamá de un niño con esta enfermedad, explíquele que por razones desconocidas, el niño que califican como raro está enfermo y que no depende de él comportarse como lo hace.

      Dentro de lo posible, ayuden al niño autista a involucrarse y a jugar con los demás, por más que no esté del todo presente, poco a poco podrá acoplarse e intentará jugar. Esto es precisamente lo que se busca con las terapias, hacerlos parte de la vida normal, si se les excluye y discrimina les es más difícil adaptarse.

      LAS CONSECUENCIAS
      EN LA VIDA COTIDIANA
      Depresión: Los papás a veces se deprimen por el sentimiento de impotencia y la tristeza que provoca ver a su hijo así.

      Educación especial: hay que buscar las mejores escuelas, que sean incluyentes y que ofrezcan un plan de acción para este tipo de padecimientos.

      Presupuesto económico: Doctores, medicinas, terapias de largo plazo y otros gastos, son parte del nuevo presupuesto familiar que se ve afectado y que obliga a muchas familias a privaciones y sacrificios, pues los niños con autismo necesitan desarrollar sus patrones sociales y eso lleva tiempo y dinero.

      Los hermanos: Sufren porque sienten que quedan a un lado y cuando llevan amigos a casa pueden pasar momentos difíciles o incómodos.

      Estabilidad de pareja: Los matrimonios pasan por graves pruebas, hay alto índice de divorcios en parejas que tienen hijos especiales.

      EL RETO
      El reto de los papás es alentar y capacitar a su hijo autista para que desarrolle esas destrezas. Hay que resaltar sus cualidades, sus puntos fuertes de manera constante para darles seguridad y ayudarlos a que se sientan bien.

      BIENESTAR
      Sobre el tratamiento:
      Mientras más pequeños inicien sus terapias, los resultados son mejores.

      El primer paso es aprender a comunicarse, algo nada fácil, por eso los doctores utilizan diversas herramientas educativas, usan imágenes y, en ocasiones, el lenguaje de señas. Lo importante es romper la barrera del silencio.

      Hay que enseñarles ciertas habilidades sociales como saludar a la gente, esperar su turno y seguir indicaciones. Hay quienes necesitan ayuda para aprender a lavarse los dientes o tender su cama.

      Dado que los niños autistas manifiestan alteraciones en su comportamiento, en ocasiones no saben controlarse y tienden a estar de mal humor todo el tiempo, requieren terapia especial para aprender a socializar.

      Algunos van a las escuelas tradicionales pero la mayoría acuden a escuelas especiales ya que necesitan un ambiente más tranquilo y en calma porque son personas muy nerviosas.

      Sus reacciones son poco usuales. Los sonidos que son familiares para todos, a ellos les causan miedo y se muestran ansiosos e intranquilos, igualmente se alteran si alguien los toca por más mínimo que sea el contacto.

      Pueden esperarse todo tipo de acciones y reacciones. Así como pueden aplaudir, pueden repetir una y otra vez la misma palabra o frase, hacen berrinches o sólo juegan con un juguete en particular.

      A la mayoría no les gustan los cambios de rutinas, les gusta hacer siempre lo mismo; variaciones en sus actividades o que se les cambien algunos objetos de lugar pueden hacer que se enojen.




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