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La importancia de los reflejos primarios en el desarrollo, comportamiento y aprendizaje

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  • Alma Lujan
    function openWindow7(url) { popupWin = window.open(url, new_page , width=600,height=510 ) } La importancia de los reflejos primarios en el desarrollo,
    Mensaje 1 de 1 , 23 jul 20:56
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      La importancia de los reflejos primarios en el desarrollo, comportamiento y aprendizaje
      Posibles síntomas psicológicos secundarios
      1. Ansiedad sin motivo y «angustia». Ansiedad continua que parece no estar relacionada con la realidad.
      2. Reacciones excesivas a los estímulos.
      Cambios de humor, emociones inestables.
      Tono muscular tenso (armonía corporal).
      Dificultad para aceptar las críticas, ya que a este niño le es difícil cambiar.
      3. Ciclo de hiperactividad seguido por un exceso de fatiga.
      4. Dificultad para tomar decisiones.
      5. Baja autoestima: Inseguridad y dependencia o necesidad de «controlar» sucesos.
      Caso clínico, por el Dr. Lawrence Beuret
      Este adolescente fue enviado para que le hicieran una valoración por un posible retraso de desarrollo neural, ya que producía resultados inusualmente dispersos en la Escala de Inteligencia de Weschler para Niños.
      Tenía 16 años de edad. No tenía antecedentes de ningún tipo de dificultad para el aprendizaje de la lectura. Pero fuera de la escuela nunca había mostrado interés por la lectura. No había alteraciones oculares visibles, como por ejemplo el saltarse frases al leer; pero se quejaba de dolores de cabeza y pérdida de concentración a los 15-20 minutos de empezar una lectura.
      No era consciente de que existieran dificultades de escritura específicas, pero no había hecho la transición completa de la escritura mayúscula a letra ligada. En la primera evaluación se situó en el puesto 17 empezando por el final de una clase de 675.
      El examen de desarrollo neural mostró diferentes reflejos primarios, entre ellos el de Moro.Al cabo de seis semanas de hacer un programa de inhibición/estimulación de reflejos, la lectura se le había hecho más fácil, ya no había signos de dolores de cabeza o vista cansada y era capaz de recordar detalles de lo que había leído. La escritura había cambiado completamente y estaba consiguiendo una media de notable en tres asignaturas. Además se había comprado un libro por placer.
      Juan Carlos Monje

      Revista Invierno 2006
       
       




      ¡Sé un mejor ambientalista!
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      Cuando un niño que nace, deja el entorno protector y blando del útero para entrar en un mundo donde se ve asaltado por una cantidad abrumadora de estímulos sensoriales.
      Al principio no puede interpretar las sensaciones que le rodean. Si son demasiado fuertes o demasiado repentinas reaccionará a ellas, pero no comprenderá su propia reacción. Ha cambiado un mundo de equilibrio por uno caótico; ha abandonado la calidez por el calor y el frío. Ya no tiene una alimentación automática y debe empezar a participar en el acto de alimentarse a sí mismo. Ya no le aportan el oxígeno desde la sangre de la madre, debe respirar por sí mismo y debe empezar a buscar satisfacer sus propias necesidades.
      Para sobrevivir, está dotado de un conjunto de reflejos primarios diseñados para asegurar la respuesta inmediata al nuevo entorno y a sus necesidades cambiantes. Los reflejos primarios son movimientos automáticos, estereotipados, dirigidos desde el tronco del encéfalo y ejecutados sin implicación cortical.
      Son esenciales para la supervivencia del bebé en sus primeras semanas de vida y le aporta el entrenamiento rudimentario en muchas de las habilidades voluntarias posteriores. No obstante, los reflejos primarios deberían tener una vida limitada y después de haber ayudado al bebé a sobrevivir en sus «arriesgados» primeros meses de vida deberían inhibirse o ser controlados por centros superiores del cerebro. Esto permite que se desarrollen estructuras neurológicas más sofisticadas, que permiten a su vez que el niño tenga control sobre sus respuestas voluntarias.
      Si estos reflejos primarios permanecen activos después de los 6-12 meses de vida, se les denomina «aberrantes» y pasan a ser la evidencia de una debilidad o inmadurez estructural en el sistema nervioso central (SNC).
      Si la actividad de los reflejos primarios continúa también puede impedir el desarrollo de reflejos posturales posteriores, que deberían surgir para capacitar la madurez del niño a interactuar eficazmente con el entorno (mantenerse de pie, caminar, etc.). Los reflejos primarios activos después de los seis meses de edad pueden dar como resultado patrones de comportamiento inmaduros o pueden provocar que permanezcan sistemas inmaduros, a pesar de la adquisición de habilidades posteriores. Un padre describió a su hijo como: «todavía tengo a un bebé dentro del cuerpo de un niño de diez años».
      Dependiendo del grado de actividad refleja aberrante, esta organización deficitaria de fibras nerviosas puede afectar a una o a todas las áreas del funcionamiento, no sólo a la coordinación vasomotora gruesa y fina, sino también a la percepción sensorial, a la cognición y a las vías de expresión. Es decir, los mecanismos esenciales para el aprendizaje serán ineficientes o tendrán errores, a pesar de que el niño tenga una capacidad intelectual adecuada.
      Es como si las habilidades que han de aparecer a posteriori (cuando el niño crece) permanecieran atrapadas en un estado de desarrollo anterior y en lugar de pasar a ser automáticas, sólo pudieran controlarlas a través de un esfuerzo consciente continuo. Cuando el niño está cansado y no puede mantener este esfuerzo de control, esas habilidades correspondientes a su edad «desaparecen» y el niño tendrá movimientos o comportamiento correspondientes a un niño de menor edad, relacionado con los reflejos aberrantes activos.
      Los reflejos primarios surgen en el útero, están presentes en el nacimiento y deberían haberse inhibido a los seis meses de edad, a los doce meses a mucho tardar.
      La inhibición de un reflejo frecuentemente se relaciona con la adquisición de una nueva habilidad. Por lo tanto, el conocimiento de la cronología de los reflejos y el desarrollo normal del niño puede combinarse para predecir que habilidad tardía puede haber sido dañada, como resultado directo de la retención de los reflejos primarios. De la misma manera que el padre utiliza la analogía de un bebé retenido en el cuerpo de un niño, se puede decir que los reflejos aberrantes individuales nos pueden dar pistas de qué es lo que está activamente dificultando el desarrollo de habilidades posteriores.
      El detectar reflejos primarios puede ayudarnos a aislar las causas del problema de un niño, para que podamos encontrar más eficazmente el programa que pondría remedio al problema. Si el perfil del reflejo es solamente marginalmente anormal, normalmente hay suficiente con enseñar estrategias.
      Niños con un grado moderado de anormalidad refleja se pueden beneficiar de una combinación de formas de enseñar especializadas y algunos ejercicios diseñados para mejorar el equilibrio y la coordinación. Sin embargo, si hay un grupo de reflejos aberrantes presentes, se dice que existe un retraso del desarrollo neural. En tales casos, el niño sólo será capaz de mantener una mejoría a largo plazo después de seguir un programa de estimulación/inhibición de reflejos, hecho específicamente para que él pueda tratar los reflejos aberrantes todavía presentes.
      Un programa de estimulación/inhibición de reflejos consiste en movimientos esteriotipados y específicamente físicos practicados aproximadamente durante cinco o diez minutos al día, a lo largo de un periodo de nueve a doce meses. Los movimientos que se utilizan están basados en el conocimiento detallado de la cronología de los reflejos y el desarrollo «normal» del niño. Thelan (1979) observó que todos los bebés humanos hacen una serie de movimientos esteriotipados durante su primer año de vida. El programa de estimulación/inhibición trabaja con la premisa de que la aplicación de secuencias de determinados movimientos, practicados diariamente, dé al cerebro «una segunda oportunidad» para registrar patrones de movimientos inhibidores de los reflejos, que deberían producirse durante el apropiado estado de desarrollo. Cuando se corrige la actividad de reflejos aberrantes, muchos de los problemas físicos, académicos y emocionales del niño desaparecen.
      Los padres normalmente son los primeros en reconocer que su hijo tiene un problema. A menudo no saben lo que ocurre, pero simplemente sienten que: «hay algo distinto en mi hijo». Pero a menos que los síntomas sean fuertes, las dificultades se ignoran y se les dice a los padres: «crecerá y perderá ese hábito». Lo peor de todo es que, a menudo, se trata a los padres como si fueran demasiado ansiosos o incluso neuróticos.
      Aunque muchos niños acaban resolviendo los problemas que tenían de pequeños y que hay muchas variaciones individuales dentro de los estados de desarrollo establecidos, también existe un grupo de niños, que aunque aparentemente parecen «normales», son inmaduros en otros aspectos de su desarrollo. Si esta inmadurez persiste, los niños pueden experimentar un abanico de dificultades en el aprendizaje y de comportamiento a distintos niveles de su vida.
      Un ejemplo de reflejo primario: El reflejo de Moro
      Cada reflejo desempeña un papel esencial a la hora de consolidar el estado necesario para un posterior funcionamiento. Vayamos a las primeras semanas de vida del embrión, sólo cinco semanas después de concepción.
      En ese momento el embrión empieza a mostrar indicios de respuestas a estímulos exteriores. El toque suave sobre el labio superior provocará que el embrión se aparte (retirada) inmediatamente del estímulo; una respuesta parecida a la de las amebas. Solamente unos días más tarde, esta área de sensibilidad se expandirá para incluir las palmas de las manos y las plantas de los pies, hasta que toda la superficie corporal pasa a responder al tacto. En este punto, no obstante, la respuesta siempre es la de separarse de la fuente de contacto y es una reacción total del cuerpo. Al desarrollarse la conciencia táctil, la separación al contacto va gradualmente desapareciendo.
      Es cuando el reflejo de alejarse gradualmente disminuye, aproximadamente a las nueve semanas, que el primer reflejo primario emerge. El reflejo de Moro aparece a las 9-12 semanas de concepción y sigue desarrollándose durante el embarazo, así que estará totalmente presente en el nacimiento.
      El reflejo de Moro son una serie de movimientos rápidos producidos como respuesta a un estímulo repentino. Consiste en un movimiento simétrico repentino de los brazos hacia arriba, alejándose del cuerpo, abriendo las manos y quietud momentánea, después y gradualmente el retorno de los brazos hacia el cuerpo como en un abrazo. La abducción va acompañada de una inhalación repentina. La abducción facilita la liberación de esa inspiración.
      El reflejo de Moro es una reacción involuntaria a la amenaza. El bebé todavía no puede analizar las sensaciones que llegan para valorar si son un peligro real o no. Actúa como si fuera la forma temprana de respuesta de «lucha o huída» y puede ser accionada de forma ocasional posteriormente en la vida, en situaciones de peligro extremo. Sin embargo debería ser inhibida en su forma más rudimentaria a los 2-4 meses, para ser sustituido por un reflejo posterior, el de sobresalto o el reflejo de Strauss.
      Su papel como mecanismo de supervivencia en los primeros meses de vida es el de alertar, pedir y buscar ayuda. También se cree que tiene un papel importante en el desarrollo del mecanismo de respiración del bebé en el útero, coincidiendo con los movimientos parecidos-a-la-respiración anteriormente observados en el útero. Facilita el primer «suspiro de vida» en el nacimiento y ayuda a abrir la tráquea si hay una amenaza de sofocación.
      Si el reflejo de Moro no se inhibe a los 2-4 meses de edad, el niño mantendrá una reacción de sobresalto exagerada que podría dar como resultado una hipersensibilidad continuada en uno o varios de los canales sensoriales, causando que reaccione en exceso frente a ciertos estímulos.
      Un ruido, luz o movimientos repentinos, o la alteración de la posición o equilibrio, cualquiera de estos, pueden activar el reflejo en momentos inesperados, de manera que el niño está constantemente «en alerta». El niño con un reflejo de Moro activo está al borde de una respuesta «lucha o huída» durante la mayoría de sus momentos de vigilia; atrapado en un círculo vicioso en el cual la actividad refleja estimula la producción de adrenalina y cortisol, las hormonas del estrés. Estas mismas hormonas aumentan la sensibilidad y la reactividad.
      Es decir, el pez que se muerde la cola. El reflejo no inhibido genera hipersensibilidad, exceso de reacción y como respuesta de estrés, sus correspondientes hormonas, estas hormonas aumentan la sensibilidad y la reactividad. Estos niños pueden presentar una paradoja, sensibilidad, perceptibilidad e imaginación agudas por un lado, pero serán inmaduros y reaccionarán con exceso por el otro. Pueden arreglárselas de dos maneras: siendo el niño miedoso que se «aleja» de las situaciones, con dificultad para socializarse y que no pueden aceptar ni demostrar afecto con facilidad. O, por otro lado, puede convertirse en un niño hiperactivo y agresivo, que es muy excitable, que no puede leer el lenguaje corporal y que necesita dominar las situaciones. Ambos niños tenderán a ser manipuladores, ya que intentan encontrar estrategias que les aporten en cierta medida control sobre sus propias respuestas emocionales.
      La adrenalina y el cortisol utilizadas de forma constante, generarán una respuesta inmune desequilibrada. Por tanto estos niños se contagian de cualquier resfriado que haya en circulación y además reaccionan con exceso a ciertos medicamentos. El niño puede ser sensible a ciertos alimentos o aditivos, que a su vez afectan a su comportamiento y a su concentración. También tienden a quemar el azúcar de la sangre más rápidamente que los otros niños, lo que todavía empeorará más los cambios de ánimos y de comportamiento.
      Efectos a largo plazo por mantener el reflejo de Moro activo
      1. Problemas vestibulares, como mareos cuando viajan en cualquier medio de transporte, dificultad en el equilibrio y la coordinación que puede observarse durante juegos de pelota.
      2. Timidez física.
      3. Problemas oculomotores y de percepción visual, como por ejemplo: estímulos vinculados a efectos, no pueden ignorar material visual irrelevante en su campo de visión, sus ojos tienden a dirigirse hacia el perímetro de las formas, en detrimento de la percepción de los rasgos internos.
      4. Poca reacción pupilar a la luz, fotosensibilidad, dificultad de leer las letras negras sobre un papel blanco. El niño se cansa mucho con la luz fluorescente.
      5. Una posible confusión auditiva dando como resultado una hipersensibilidad a sonidos específicos. El niño puede tener incapacidad de discriminación auditiva, y dificultad para desconectarse de ruidos de fondo.
      6. Alergias y una inmunidad deficiente, ej. asma, eczemas o un historial de infecciones de garganta y oídos.
      7. Reacciones adversas a medicamentos.
      8. Baja resistencia.
      9. No gustarles los cambios ni las sorpresas, mala adaptación.
      10. Hipoglucemia reactiva.