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SON LENTEJAS ..........

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  • Emilio Plascencia
    SON LENTEJAS Escucha cariño: *Tú verás: Son lentejas* … (tú verás: si quieres las
    Mensaje 1 de 1 , 9 sep 2011
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      SON LENTEJAS

      Escucha cariño: Tú verás: Son lentejas… (tú verás: si quieres las comes, si no las dejas…)

      No entendí aquella frase de mi madre, máxime cuando me había topado en otras ocasiones con archiconocidos métodos disuasorios -incluido el recurrido si no lo comes al mediodía te lo tendrás que cenar-. La frasecita de marras rompía de alguna manera la armonía de la presión habitual, era algo diferente.

      Son lentejas, ¡claro que son lentejas!, no había más que levantar la tapa de la cazuela para ver borbotear sus cabezas de chincheta en puntual masa parda, no había más que observarlas nadarse entre el ojo morado de un par de dientes de ajo, entre flotantes capas de cebolla picada y el laurel con su serio aroma, como el tieso testigo de la ceremonia.


      Son lentejas, ¡¡¡Toda una obviedad!!!. Más bien fue el reto del (tú verás impreso en su semblante) ¿con la opción abierta? del (sí quieres las tomas…) en ese día lo que más me sorprendió fué su mirada, gesto y modo de pronunciar esta frase suponía en su conjunto un reto nuevo; una sensación de aparente libertad de elección ratificado por el (y si no las dejas) posterior … Algo no cuadraba, percibía con claridad que esta vez no habría lucha, no había inseguridad por parte de su voz, no parecía intuirse ni un átomo de preocupación, ni de duda ni flaqueza. En su tono no había ni fuerza, ni empeño, ni siquiera parecía haber un gramo de interés que diera pie a una discusión posible. Algo había cambiado drásticamente.

      No me quedó otra opción. Traduje para mí el directo lenguaje lentejístico: esto es lo que hay, es lo que ha decidido que haya hoy, y hoy por hoy no va a haber otra cosa. Decide si tomarlo, si dejarlo, con gana o desgana poco importa, ocúpate tú de las consecuencias de tu elección.

      Podía permitirme el lujo, había almorzado fuerte pero… ¿y mañana? tenía la certeza de que el son lentejas se convertiría en son alubias, ¿escucharía mañana:”son alubias, si quieres las comes si no las repudias?, o por la misma regla… el ”son garbanzos” pasado mañana? -poco importaba buscar la rima, con añadir la coletilla final de “como las lentejas, ya sabes…” bastaría-

      Recuerdo perfectamente lo tenso y delicado de la decisión. Me mantuve a la espera calibrando, bajé la cabeza, extendí mi plato y con una humildad de aceptación gastronómica recién estrenada -por lo tanto con cierto temblor torpe- y muy a mi pesar, con una sensación de auto-colleja en el cogote, sin más cometario posible, decidí por mi cuenta y riesgo acatar el estado de las cosas, comer lentejas, alubias, garbanzos y por extensión lo que viniera, en definitiva acaté las normas gastronómicas de la casa en el tirón aleccionador de ese día.

      Muchas ocasiones han llegado a mi vida después en las que la frase me ha acompañado. En múltiples ocasiones ante demandas, ante la imposición de las autoridades, ante quejas pataletas y exigencias, ante exabruptos sobre la oferta de esto o aquello, ante opiniones de gustos varias sobre lo que debería o no ser el estado de las cosas, sobre lo que se espera de mí o yo espero de otros, sobre lo que debería hacer o dejar de hacer he tenido en mi mente tanto a mi favor como en mi contra, el aprendizaje del “son lentejas”.

      Esto es lo que hay. Tan sencillo como rotundo.
      Tú verás (piensale):
      qué ganas y pierdes si lo tomas.
      Qué pierdes y ganas si lo dejas.

      Belén Pérez Pardo


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