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Buenos días 07-12-10

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  • paula
    La felicidad no puede hallarse con un gran esfuerzo ni por la fuerza de la voluntad, pues ya está presente en una abierta relajación y en el dejar ser. No te
    Mensaje 1 de 1 , 7 dic 2010

      La felicidad no puede hallarse con un gran esfuerzo ni por la fuerza de la
      voluntad, pues ya está presente en una abierta relajación y en el dejar ser.

      No te fatigues, no hay nada que hacer o deshacer. Cualquier cosa que surge
      momentáneamente en el espacio de la mente no tiene real importancia en
      absoluto, ni poca realidad en absoluto.

      Porque identificarse y ligarse a ella, es como jugarle un juego pasajero.
      Lo mejor es simplemente dejar que el juego pase por sí solo.

      Es ondear al vaivén como las olas - sin cambiar ni manipular nada - y notar
      como, desde tiempo sin principio, mágicamente, todo, una y otra vez
      desaparece y reaparece.

      Sólo nuestra búsqueda de la felicidad nos impide verlo.

      Es como perseguir para nunca alcanzar, toda tu vida, un vívido arco iris,

      o como el perro que persigue su propia cola.

      Aunque la paz y la felicidad no existan como una realidad

      o como un sitio donde llegar,

      siempre están allí contigo en cada momento.

      No creas en la realidad de las buenas o de malas experiencias;

      ellas tienen el efímero gusto del clima de hoy, del arco iris en el cielo.

      Queriéndolas asir o agarrar, en vano te agotas.

      En cuanto sueltes y relajes tu puño constreñido,

      el espacio infinito estará allí, abierto, invitando y cómodo.

      Usa esa espaciosidad, esa libertad, esa facilidad natural.

      No investigues todo en exceso.

      No entres en la espesa jungla buscando despertar el gran elefante

      que ya se encuentra reposando,

      quédate calladamente en casa,
      frente a tu propio hogar.

      Nada que hacer o deshacer.

      Nada que forzar.

      Nada que desear.
       ¡Que maravilla!

      Todo ocurre por sí mismo.

       (recibido de:

      La felicidad no puede hallarse con un gran esfuerzo ni por la fuerza de la
      voluntad, pues ya está presente en una abierta relajación y en el dejar ser.

      No te fatigues, no hay nada que hacer o deshacer. Cualquier cosa que surge
      momentáneamente en el espacio de la mente no tiene real importancia en
      absoluto, ni poca realidad en absoluto.

      Porque identificarse y ligarse a ella, es como jugarle un juego pasajero.
      Lo mejor es simplemente dejar que el juego pase por sí solo.

      Es ondear al vaivén como las olas - sin cambiar ni manipular nada - y notar
      como, desde tiempo sin principio, mágicamente, todo, una y otra vez
      desaparece y reaparece.

      Sólo nuestra búsqueda de la felicidad nos impide verlo.

      Es como perseguir para nunca alcanzar, toda tu vida, un vívido arco iris,

      o como el perro que persigue su propia cola.

      Aunque la paz y la felicidad no existan como una realidad

      o como un sitio donde llegar,

      siempre están allí contigo en cada momento.

      No creas en la realidad de las buenas o de malas experiencias;

      ellas tienen el efímero gusto del clima de hoy, del arco iris en el cielo.

      Queriéndolas asir o agarrar, en vano te agotas.

      En cuanto sueltes y relajes tu puño constreñido,

      el espacio infinito estará allí, abierto, invitando y cómodo.

      Usa esa espaciosidad, esa libertad, esa facilidad natural.

      No investigues todo en exceso.

      No entres en la espesa jungla buscando despertar el gran elefante

      que ya se encuentra reposando,

      quédate calladamente en casa,
      frente a tu propio hogar.

      Nada que hacer o deshacer.

      Nada que forzar.

      Nada que desear.
       ¡Que maravilla!

      Todo ocurre por sí mismo.

      La felicidad no puede hallarse con un gran esfuerzo ni por la fuerza de la
      voluntad, pues ya está presente en una abierta relajación y en el dejar ser.

      No te fatigues, no hay nada que hacer o deshacer. Cualquier cosa que surge
      momentáneamente en el espacio de la mente no tiene real importancia en
      absoluto, ni poca realidad en absoluto.

      Porque identificarse y ligarse a ella, es como jugarle un juego pasajero.
      Lo mejor es simplemente dejar que el juego pase por sí solo.

      Es ondear al vaivén como las olas - sin cambiar ni manipular nada - y notar
      como, desde tiempo sin principio, mágicamente, todo, una y otra vez
      desaparece y reaparece.

      Sólo nuestra búsqueda de la felicidad nos impide verlo.

      Es como perseguir para nunca alcanzar, toda tu vida, un vívido arco iris,

      o como el perro que persigue su propia cola.

      Aunque la paz y la felicidad no existan como una realidad

      o como un sitio donde llegar,

      siempre están allí contigo en cada momento.

      No creas en la realidad de las buenas o de malas experiencias;

      ellas tienen el efímero gusto del clima de hoy, del arco iris en el cielo.

      Queriéndolas asir o agarrar, en vano te agotas.

      En cuanto sueltes y relajes tu puño constreñido,

      el espacio infinito estará allí, abierto, invitando y cómodo.

      Usa esa espaciosidad, esa libertad, esa facilidad natural.

      No investigues todo en exceso.

      No entres en la espesa jungla buscando despertar el gran elefante

      que ya se encuentra reposando,

      quédate calladamente en casa,
      frente a tu propio hogar.

      Nada que hacer o deshacer.

      Nada que forzar.

      Nada que desear.
       ¡Que maravilla!

      Todo ocurre por sí mismo.

      (recibido de:  http://ar.groups.yahoo.com/group/unificacionyug/)

      Buenos días

      Paula

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