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CAPITULO 20 - LA ORACIÓN

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  • Iván Franco
    Capítulo 20 - La Oración   Buenas noches amigos del foro, les doy como siempre la más cordial y fraternal bienvenida a este su foro Así Habla Mi Ángel,
    Mensaje 1 de 1 , 9 may 2012
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      Capítulo 20 - La Oración
       
      Buenas noches amigos del foro, les doy como siempre la más cordial y fraternal bienvenida a este su foro Así Habla Mi Ángel, hoy compartiremos un tema que es por muchas razones una necesidad de la humanidad y que lleva por título "La Oración", bienvenidos.
       
      El potencial humano no es un tema del cual se tenga un amplio conocimiento, aunque es verdad que a través de la ciencia se han logrado avances grandes y contundentes, también es cierto que aún falta un gran camino por recorrer y enormes misterios por resolver. Uno de esos potenciales humanos, es el de poder alterar los acontecimientos futuros bajo ciertas circunstancias y leyes con cierta ayuda.
       
      Debemos tener presente que hay una energía vital que nos fortalece, nos llena de paz y sabiduría, es una energía con la hemos tenido contacto desde el momento de nuestra creación y hemos mantenido ese contacto de una u otra forma desde entonces, no refiriéndome con esto al momento en que llegó nuestro cuerpo material al mundo que es el momento en que nacimos, sino me refiero al instante de la creación de nuestro espíritu, mismo que ahora posee este cuerpo que nos ha prestado el Creador para habitar en este mundo hermoso, que si bien muchos se han esmerado en hacer hostil, no pueden arrebatarle su belleza y lo grandioso que es.
       
      Más es necesario desarrollar ese potencial que durante tanto tiempo ha permanecido oculto en nosotros, desperdiciado y encerrado en nuestros más profundos recuerdos. Afortunadamente la infinita caridad del Padre, nos brinda la oportunidad de retomar nuestro camino de luz también durante nuestra vida material y nos brinda lo necesario para que esas proezas se materialicen en nuestro mundo terrenal, proezas que para muchos de nosotros son en realidad milagros, alterando así el curso convencional de nuestra existencia.
       
      Veamos que todo forma parte de un equilibrio universal que de momento es incomprensible para nosotros, todo se encuentra tan sujeto a las leyes del Creador que de pronto pareciera que las cosas no pueden suceder de otra forma más que de la manera en que han sucedido hasta ahora.
       
      Sin embargo hay dos factores que debemos tomar en cuenta ya que impactan en distintas maneras a nuestra vida y aunque podemos unificarlos en un solo aspecto, son completamente diferentes, pues se trata de esa bendición que llamamos el libre albedrío. El cual a lo largo del tiempo sabemos que ha sido mal utilizado por algunos y a veces por nosotros mismos, ese sería el primer factor, la obscuridad que generamos haciendo mal uso del libre albedrío.
       
      El libre albedrío también lo podemos usar con la finalidad con que fue concebido por el creador, pensemos en que lo podemos usar tanto para "compensar" las transgresiones que hemos cometido y que han cometido hacia nosotros en perjuicio de todos, y también lo podemos usar para bendecirlo todo y llenarnos cada vez más de la luz del Creador acercándonos a su Reino de formas inconcebibles por nosotros, de momento.
       
      Así el libre albedrío impacta en nuestras vidas y en las de los demás, vivimos situaciones que no nos corresponde vivir y como consecuencia de esas transgresiones, vivimos sufrimientos, dolores, tristezas y carestías que NO son voluntad de Dios.
       
      Es ahí el terreno adecuado para que la voluntad de Dios se haga y no la nuestra, sin embargo, en muchas de esas situaciones podremos llevar cierta responsabilidad, es decir, podemos ser de alguna forma y en cierta medida, culpables de lo que sucede, de tal forma que al pedir "Justicia" al Creador ante nuestra adversidad o la de nuestros semejantes, podrían acentuarse de momento esos pesares para después manifestar una paz y entendimiento tan enormes, que habremos subido un peldaño más en la escala de evolución que nos ha de librar de todo sufrimiento en la misma medida en que la vayamos ascendiendo.
       
      De tal forma que tenemos que tener presente siempre en cada acto que hacemos, si en verdad está siendo gobernado por el amor y la luz y no por la obscuridad en forma de envidia, egoísmo, rencor, odio ni alguno de tantos sentimientos obscuros, para que cuando tengamos alguna situación difícil en nuestras vidas, podamos apegarnos al amor de Dios sin agravar nuestros pesares.
       
      Y aún así hermanos, cuando hemos errado nuestro camino y nos hemos afectado a nosotros mismos como a los demás, el mejor camino es pedir la ayuda del Justo Juez Divino, pues es muy bien visto ante los ojos del Creador uno de sus hijos arrepentido de sus faltas cometidas a su Excelsa y Divina Majestad, reduciendo así el dolor y la amargura que podríamos experimentar, además, al acelerar nuestro cáliz de amargura, se apresura también el momento en que lleguemos a la paz y encontremos el Perdón Divino que nos puede brindar la felicidad y el regocijo que de ninguna otra forma podríamos vivir.
       
      Una vez esclarecidas las posibles consecuencias de nuestras intervenciones ante esas situaciones de dolor, sabemos y debemos tener claro que siempre serán para un bien mayor al final de cuentas, y poco a poco a través de intervenir más y más, iremos diluyendo lo que algunos de nosotros llamaríamos Karma, para que en un futuro se convierta en Darma y comenzaremos a emanar paz y luz a nuestro mundo e incluso a nuestro Dios.

      Como sabrán la forma de intervenir, es por medio de la oración, que es en realidad la comunicación de espíritu a espíritu entre nuestro yo y Dios.
      A través de nuestro apego a las cosas materiales y el esmero por conseguir los logros que no trascienden más allá de este pequeño mundo, hemos olvidado cómo hablar con nuestro Dios, no sabemos qué decirle, como pedirle, que pedirle y que no pedirle.
       
      Por lo que vamos a compartir con ustedes las formas en que estos servidores de Dios y después de ustedes, elevan las plegarias al Altísimo consiguiendo así sus bendiciones, para que cada uno vaya perfeccionando su comunicación directa con Dios a través del tiempo, así que esta es solo una forma de romper el hielo con esa comunicación por si fuese necesario pero sobre todo liberar esos sentimientos y deseos que todos llevamos desde el momento en que brotamos del seno de Dios cual espíritus y logren llegar a Él con sus propias oraciones, como verán, es muy importante saber en qué circunstancias podemos tener determinadas expectativas de estas oraciones.
       
      Les repito que cada uno de ustedes, podrá orar de la forma en que lo desee y lo sienta en su interior, sin embargo nos han pedido compartir estas formas de orar ya que de esta manera, hemos tenido contactos y experiencias muy estrechas con la luz del Creador.
       
      Primeramente, necesitamos tener una luz encendida, por medio del elemento fuego, en este caso nosotros utilizamos una cera blanca, una veladora blanca, no importa si es la más simple o la más fina, simplemente necesitamos el color blanco y el pabilo encendido. De forma opcional podemos utilizar algún aroma, como una loción urania por ejemplo la cual podemos frotar con nuestras manos y un incienso para armonizar el ambiente más rápidamente.
       
      En segunda necesitamos estar en una paz estable y prolongada, esto lo logramos por medio de nuestra respiración, la cual deberá ser profunda y armónica, enfocándose más en sacar el aire un poco más rápido de lo que entra para evitar la hiperoxigenación.
       
      Ya estando relajados y con una relativa paz y armonía en nuestro hogar o donde realicemos esta oración, mantendremos nuestros ojos cerrados durante nuestra oración.
      Comencemos a visualizar con nuestra mente, una luz que llega desde el cielo y que poco a poco va imantándose en nuestro cuerpo, intentemos impregnarla parte por parte de nuestro cuerpo, si gustan, pueden comenzar por nuestros dedos de los pies, luego el empeine, los tobillos y así sucesivamente, este proceso es importante puesto que mientras más concentración mantengamos en hacerlo, iremos activando nuestra capacidad de canalizar esa luz de Dios.

      Ya que esté nuestro cuerpo imantado con toda esa luz, vamos a sensibilizarlo para poder percibir la energía que Dios nos permita en nuestro cuerpo físico, poniendo atención a cada cambio de temperatura, o cualquier sensación que podamos sentir en nuestra piel.

      Manteniendo ese proceso hasta el momento en que podamos acreditar alguna sensación no explicable, como un calor, una frescura, un hormigueo como de energía estática, o algo que nos indique que hemos logrado jalar esa energía del cielo. Podrían pasar unas cuantas sesiones antes de lograrlo, pero si algo vale la pena intentar para conseguir el éxito de las oraciones, es esto.
       
      Una vez que hemos logrado llegar a ese punto, elevaremos una petición de autorización a Dios, pidiéndole su permiso para poder hacerle presente las causas en que deseamos su intervención y ayuda. Lo haremos tres veces, la forma de pedirlo es muy simple y se irá especializando conforme ustedes lo practiquen y vayan adquiriendo la habilidad de involucrarse por ese instante con cada causa que piden, por ejemplo: "Padre Nuestro, te suplicamos nos permitas elevar estas plegarias hasta tu presencia amada, mira el dolor de nuestra hermana (decimos su nombre completo) por los problemas que le afligen, te rogamos nos concedas tus bendiciones para ella si es tu voluntad" otro ejemplo sería "Altísimo Eterno Creador del universo, una vez más suplicando tu caridad infinita, permite manifestar tu amor por nuestra hermana (decimos su nombre completo) quien se encuentra envuelta en una obscuridad que la lastima y le roba tu paz amada" poco a poco iremos inspirándonos para poder adornar con dulzura y armonía nuestras plegarias.
       
      Cuando no sabemos en qué punto se encuentra la justicia de los casos por los que abogamos, podemos simple pero efectivamente hacerle presente a Dios la situación, rogándole que contemple todo lo que sucede para que intervenga en beneficio de todos.
       
      Pediremos permiso y repetiremos esa solicitud por lo menos tres veces, tomando nuestro tiempo, sintiendo lo que oramos y comprendiendo lo que pedimos, involucrándonos por un instante en ese problema, si es que no estamos involucrados.
       
      Ahora, reforzaremos el sentimiento de la luz de Dios que nos circunda en nuestro cuerpo, acentuaremos y la haremos vibrar con nuestra respiración de tal forma que podamos emanar un rayito hacia la causa por la que pedimos, podemos valernos de nuestro dedo incide derecho, de nuestro entrecejo, de nuestra mente o de nuestro corazón para poder canalizar esa luz hacia esa causa o persona, e iremos manifestando lo que hacemos en nuestra mente, por ejemplo "Señor, permíteme dirigir estos rayos universales que has permitido a este servidor tuyo, hacia mi hermana (decimos su nombre) para su beneficio, te suplico imantes tu amor a través de mi plegaria, imantes tu luz, tu fuerza y tu bálsamo de curación y restitución, aparta con este amor que dirijo hacia ella toda piedra del camino de su vida, aparta de su existencia aquello que la lastima y la hiere, más Padre amado, hágase tu voluntad y no la nuestra Señor Bendito". Antes de repetir tres veces esta parte de la oración y entre cada una, intensificaremos esa vibración de luz en nosotros y ese rayo que dirigimos a esa situación o persona, para incrementar la emanación de energía positiva. Así pues repetimos tres veces este paso.
       
      Otro aspecto que nunca debemos omitir, es pedir por todas las demás causas similares a esa, es decir, no nos encerraremos a pedir solo por los nuestros, como lo hemos mencionado antes, ahora pediremos por todas las personas en el mundo que se encuentren en una situación similar a la que pedimos, podría ser de esta forma "Padre bendito, así mismo te pedimos por todas aquellas personas que se encuentren con este problema, Padre amado, mira y contempla su dolor, bríndales la oportunidad de salir adelante y encontrar tu luz y tu amor que los ha de llevar al camino que les corresponde, si es tu voluntad Señor".
       
      Así estos dos últimos pasos los repetiremos por todas las causas por las cuales pedimos en nuestra oración. Es importante mencionar que con nuestra oración, canalizaremos la luz de Dios a través de nosotros, convirtiéndonos en una rama más por donde fluye la luz del Creador para beneficio humano.
       
      Finalmente el último paso, será agradecer infinitamente a Dios por todas bendiciones concedidas y los favores recibidos, por permitirnos sentir su energía y escuchar a este siervo suyo.
       
      En resumen podemos decir que las partes fundamentales de una oración a Dios son:
       
      1) Relajación por medio de la respiración
      2) Armonización de nuestro entorno
      3) Imantación de luz en nuestro ser
      4) Permiso de Dios para ejercer ese trabajo espiritual de luz
      5) El pedimento
      6) Ampliación de la petición a todas las causas similares
      7) Agradecimiento al Señor
       
      En espera de haber contribuido a su desarrollo espiritual,
       
      Su amigo sin condiciones,
       
      Iván Franco
       
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