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Reflexiones de una amiga

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  • Nirav Sucre
    Amig@s: Deseandoles una navidad plena en celebracion y gratitud por todo cuanto es, comparto unas profundas reflexiones que recientemente recibi de una amiga.
    Mensaje 1 de 1 , 24 dic 2003
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      Amig@s:
      Deseandoles una navidad plena en celebracion y gratitud por todo cuanto es,
      comparto unas profundas reflexiones que recientemente recibi de una amiga.
      Namaste,
      Nirav

      on 20/12/03 5:49 AM, Lucy at lucykcl@... wrote:

      Hace ya unos años, le escribí una carta a un amigo, una carta que nunca
      envié y en esa carta decía que yo estaba aquí porque quería, porque amaba la
      vida y quería vivirla con pasión, quería ser espíritu en la carne y no carne
      con espíritu, que no era el abandono del deseo lo que yo entendía como
      correcto, si no el abandono de las necesidades, que nosotros éramos el
      producto del deseo divino y que la vida en su más profundo sentido era deseo
      divino de experiencia. Tiempo después escuché una frase, una frase al
      parecer conocida, no recuerdo a su autor, pero esa frase me estremeció,
      decía "nosotros no somos seres humanos que viven experiencias espirituales,
      somos seres espirituales que viven experiencias humanas".  No sé si el autor
      habrá querido decir lo que yo entendí, pero para mí esa frase encierra todo
      el sentido de mi experienciar la vida.

          Tiempo atrás, hablando en alguna sesión de terapia, dije que las
      experiencias espirituales, o lo que habitualmente definimos con ese termino,
      no son más que fuegos artificiales, algo hermoso, llamativo, emocionante y
      distractor, pero no el camino. Supe en algún momento que siempre había
      corrido en pos de una meta que no existía, supe que la vida no tenía ninguna
      deuda conmigo, supe que la creación era perfecta y que nosotros no éramos
      más que un vehículo a través del cuál la vida se experienciaba a si misma, o
      dicho de otra manera, éramos el vehículo a través del cuál Dios experiencia
      su creación... Y Dios o la Vida no necesita que nosotros hagamos nada, solo
      que vivamos las experiencias y estemos ahí para ella.

      Si somos seres espirituales, por definición, nada puede hacernos perder
      esa condición, no hay ningún paraíso al cuál retornar, no hay ningún lugar
      del que hallamos sido expulsados, no hay ningún perdón que pedir, nada de
      que arrepentirnos, y por sobre todo, nada que temer, porque la Vida es
      perfecta y perfecto significa bueno y malo y ni bueno ni malo.

          Escuché o leí, por ahí, que Dios solo establece relaciones simétricas...
      y ¿cómo no?, ¿Existe, acaso, la posibilidad de que exista algo diferente a
      Dios?. Es solo nuestra mente la que en su concepción polar, puede
      separarnos, puede establecer un desequilibrio.

          La Vida, es el más bello regalo que pudimos habernos hecho, es la más
      grandiosa oportunidad de Conocer la Creación a través de la experiencia,
      pero por alguna razón que desconozco, generalmente preferimos negarnos.
      Negarnos como seres divinos, negarnos como dueños de nuestra experiencia, en
      cuanto ella provenga de lo que nuestro Ser desea experienciar, negarnos como
      dueños de nuestra experiencia, en cuanto ella sea el reflejo de la
      resistencia que oponemos a lo que la Vida nos ofrece... Porque la Vida es un
      regalo, pero no es personal y ni siquiera se limita a nosotros, los
      humanos... La Vida es perfecta y eterna, no nos pertenece, nunca hemos sido
      sus dueños, ni sus representantes... Nos sobrepasa y nos incluye... Nosotros
      solemos pretender asirla, entenderla y controlarla... entonces nos caemos de
      la bicicleta.

          Vivimos, las más de las veces, desde la alienación o desde el miedo, por
      eso corremos en pos de aquello que llamamos Iluminación, o experiencia
      espiritual y en vez de reconocernos en ella, la ponemos fuera, la separamos
      de nosotros, la dejamos como un hecho aislado o como una experiencia no
      compatible con la existencia cotidiana, como algo que nos transforma y nos
      aleja de la condición humana y frente a esa visión, actuamos como adictos
      compulsivos buscando y por supuesto, buscando afuera, algo que "nos expanda
      la conciencia" y que nos aleje de esta realidad cotidiana, de la que
      abominamos y que resentimos como un defecto que no nos permite acercarnos al
      estado de "perfección iluminada" al que aspiramos y que visualizamos, por
      unos instantes, cuando tenemos una  "experiencia espiritual", o por el
      contrario, curiosamente, nos aterramos, nos aferramos y nos auto flagelamos,
      por no ser capaces de "soltar", por tenerle tanto afecto a este ego nuestro,
      sin el cuál, el temor a disolvernos como una gota de agua en el mar, como se
      describe tan poéticamente, simplemente nos paraliza y nos devuelve al
      sentimiento de estar fallados.

          Y si fuéramos simplemente perfectos, y si se tratara justamente de que
      no necesitamos hacer nada diferente a lo que hacemos todos los días, y si se
      tratara justamente de que no necesitamos nada...

      Cada día tenemos la prueba palpable de que el control del devenir no
      está en nuestras manos, cada día nos desgastamos en la frustración de todas
      aquellas cosas que planificamos y que se fueron enredando en el camino y no
      resultaron como las pensamos, pero así como hay días frustrantes, hay días
      en que nos preparamos para enfrentar problemas que no aparecen nunca y nos
      vamos sorprendiendo, esta vez gratamente, de como el día se construye a sí
      mismo. Estoy segura de que esta experiencia cotidiana, la hemos vivenciado
      todos, en forma conciente, por lo menos una vez, sin embargo, la dejamos
      pasar de largo y nos negamos la maravilla y el regalo que significa no tener
      que dirigir la existencia. ¿Se dan cuenta lo diferente que sería toda
      nuestra vida si solo incorporáramos esta realidad a nuestra conciencia...?
      no tenemos que dirigir nada...solo tenemos que estar disponibles para que el
      día se desarrolle de la manera más adecuada para la Vida, sin olvidar, que
      la Vida no es algo externo o diferente a nosotros.

         Un Maestro, dijo una vez "no juzguéis y no seréis juzgados". Pero siempre
      juzgamos. Nos juzgamos a nosotros mismos y a los otros y siempre bajo el
      prisma de el bien y el mal... ¿Qué pasaría si en vez de juzgar, lo que nos
      lleva a la necesidad de siempre justificar, simplemente nos hiciéramos cargo
      de todo lo que tenemos y de todo lo que la Vida tiene?. El juicio valórico
      tanto de nuestras acciones y pensamientos, como de los otros, conlleva una
      permanente justificación que nos permita sostener dicho juicio y además, por
      lo general, una justificación deshonesta.

         Tanto si queremos, como si no queremos experienciar algo que la Vida nos
      ofrece, ya sea a través de nosotros mismos o de otros, atrevámonos a ser
      honestos con ese deseo, sin juicio y sin justificaciones... Cualquiera sea
      la decisión tomada, no va a significar absolutamente nada más que una
      experiencia...

      Creo honestamente que no hay nada más Trascendente que experienciar la
      Vida en este plano. Estar ahí, durante un día de lluvia, mirar el cielo en
      un día claro, sentir frío, comerse un helado, contemplar la naturaleza,
      conversar con un animal, mimar una planta, tener un ataque de rabia, una
      pataleta de frustración, reírse a carcajadas, soltarse las trenzas y
      embriagarse de instinto puro, barrer la calle, sentarse en el baño y sentir
      como la vejiga se relaja mientras la orina fluye o sentir el movimiento de
      los intestinos y la apertura y cierre del ano mientras salen las
      deposiciones, respirar... respirar, tragar saliva, llorar a mares, de
      emoción, de pena, de rabia, sacar la lengua, tocar, despertar por la mañana,
      bostezar, tener hambre, saciar el hambre, no poder saciar el hambre, tener
      calor, estar tibiecitos, cocinar, conversar sobre la nada misma... Vivir...
      Nada es más trascendente, que estar aquí.

      De verdad, no necesitamos movernos a ninguna parte, no necesitamos hacer
      nada especial, no tiene que ocurrirnos nada espectacular, no se nos tiene
      que caer ningún ladrillo en la cabeza, no tenemos que renunciar a nada...
      Somos seres espirituales, aún más, somos espíritu y no hay nada fuera de
      nosotros que no esté ya en nosotros, no tenemos que demostrarle nada a nadie
      ni a nosotros mismos, solo tenemos que creer en lo que realmente somos y no
      andar pidiendo pruebas de que de verdad lo somos.

      Gracias por la paciencia.
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