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#620 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Dom, 19 de Jul, 2009 12:07 pm
Asunto: B. "Interpretando lo espiritual
hgo1939@...
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B. "Interpretando lo espiritual
con palabras espirituales"

Es posible que algunos se pregunten: "Yo soy regenerado y tengo un espíritu regenerado. ¿Por qué no puedo estudiar mejor la Biblia ? ¿Por qué es un libro inaccesible para mí?" Para contestar esta pregunta debemos ir a 1 Corintios 2. Leamos primero los versículos del 1 al 4: "Y yo, hermanos, cuando fui a vosotros, no fui anunciándoos el misterio de Dios con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y temor y mucho temblor; y ni mi palabra ni mi proclamación fue con palabras persuasivas de sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder". Este capítulo nos dice que la predicación de Pablo no fue con palabras persuasivas de humana sabiduría. Leamos también los versículos del 5 al 7: "Para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. Pero hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo ... Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría que estaba oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria". Examinemos los versículos del 9 al 13: "Antes bien, como está escrito: `Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman´. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Pero nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha dado por Su gracia, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, interpretando lo espiritual con palabras espirituales". Una mejor traducción de la última frase del versículo 13 sería: "Interpretando lo espiritual para los espirituales". El capítulo tres habla de diferentes clases de personas; así que, el final del capítulo dos no debe de referirse a cosas. Traducir una palabra de dos maneras diferentes dentro del mismo pasaje no concuerda con las normas de interpretación. Pablo decía que las cosas espirituales solamente pueden ser comunicadas a los hombres espirituales. (La palabra griega interpretando puede significar uniendo, combinando o coordinando. Por consiguiente, se puede traducir comunicando: "comunicando lo espiritual a los espirituales".)

Cuando leemos este pasaje, vemos la relación entre el espíritu y la Biblia. Pablo hablaba aquí de palabras reveladas por el Espíritu, enseñadas por el Espíritu, y palabras de sabiduría provenientes del Espíritu, no de los hombres. ¿Cuáles son las palabras de sabiduría que provienen de los hombres? Lo que ven los ojos, lo que oyen los oídos y lo que ha subido en el corazón del hombre. Tales son las palabras del hombre. ¿De dónde venía la revelación de Pablo? Su revelación venía del Espíritu Santo, porque solamente el Espíritu conoce las cosas de Dios. ¿Cómo pueden recibir los hombres la revelación que proviene del Espíritu Santo? Pablo nos dice que para obtenerla, necesitamos al Espíritu de Dios. Esto es lo mismo que vemos en el Evangelio de Juan. En este pasaje dice que nadie ha conocido las cosas de Dios excepto el Espíritu de Dios, lo cual indica que quien no tiene el Espíritu de Dios no conoce las cosas de Dios. Pablo añadió que él no proclamaba estas cosas con palabras persuasivas ni de sabiduría, ni con palabras enseñadas por la sabiduría humana, sino con palabras enseñadas por el Espíritu, comunicando lo espiritual a los hombres espirituales.

Pablo añade que las cosas espirituales sólo pueden ser comunicadas a los hombres espirituales. Es imposible comunicar algunas cosas a ciertas personas, porque tales cosas no son compatibles con ellas. El versículo 14 dice: "Pero el hombre anímico no acepta las cosas que son del Espíritu de Dios". El hombre anímico no solamente no acepta las cosas espirituales, sino que "para él son necedad". El piensa que los creyentes son necios. El hombre natural "no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente". Esta frase toca el meollo de este pasaje y nos muestra que las cosas espirituales sólo las pueden discernir los hombres espirituales. El hombre anímico no puede discernir estas cosas y no sabe nada al respecto. Esto nada tiene que ver con dedicarles tiempo. Aun si un hombre natural dedica su tiempo a discernirlas, no las entenderá, pues carece de la facultad vital que puede hacerlo. Una descripción algo más científica del hombre del alma es el hombre psíquico, el hombre guiado por su propia psique, su alma. En términos espirituales, es el hombre que no ha sido regenerado. Es un alma viviente, igual que Adán, carente del Espíritu de Dios y desconocedor de las cosas de Dios.

Por regla general, cuando un hombre llega a ser creyente, tiene que conocer las cosas del Espíritu. Pero ¿por qué tantos hermanos y hermanas no las conocen? Porque no son espirituales, pese a que su espíritu ya fue regenerado. El énfasis que Pablo hace en 1 Corintios 2 y 3 no es simplemente en el espíritu, sino en ser espiritual. Juan hace énfasis en el espíritu, pero Pablo hace hincapié en ser espiritual. El hombre no solamente debe tener el espíritu sino que, según éste, debe ser espiritual. Sin el espíritu no se puede hacer nada. Pero no tiene objeto simplemente tener el espíritu sin vivir gobernado por él, es decir, sin vivir en el espíritu ni andar según él para así ser un hombre espiritual.

Supongamos que llevamos un ciego a un huerto y le decimos que está parado frente a un árbol de mango. Podemos describirle cómo son los frutos, pero ¿podrá entender lo que le estamos diciendo? Aun si es muy inteligente, sabe discernir y tiene un oído muy agudo, con todo y eso, no podrá comprender a cabalidad cómo es el árbol de mango. Podemos hablarle del verdor, pero no entenderá a qué nos referimos. El mundo de sonidos es muy diferente al mundo visible, y el mundo visible es diferente al mundo intelectual. Del mismo modo, uno tiene que usar el espíritu para entender el mundo espiritual. Hay quienes no ven aunque tengan ojos, pues es necesario usar la facultad que tienen los ojos para poder ver. El ciego no puede ver el árbol de mango; pero un hombre que tenga una vista normal solamente podrá ver el árbol si abre los ojos. No se puede ver el árbol de mango con los oídos, por muy normal que uno sea. El problema del ciego es que carece de la vista y por ende no ve el árbol de mango, mientras que el del hombre que no tiene ningún impedimento visual es que valiéndose de sus oídos trata de oír el árbol. El hombre anímico no puede conocer a Dios; nadie lo puede conocer usando las facultades psicológicas. Pero el hombre que posee un espíritu regenerado tampoco puede conocer a Dios si sólo usa su alma. No todos aquellos cuyo espíritu fue regenerado pueden conocer a Dios. Aun después de que el Espíritu de Dios entra en el hombre, es posible que éste no le conozca. Ni la sabiduría ni la inteligencia ni el conocimiento ayudan al incrédulo a conocer a Dios, y tampoco ayudan al creyente. Solamente se puede conocer la Biblia por medio del espíritu. No es simplemente cuestión de tener el espíritu, sino de ser espiritual. Si su espíritu fue regenerado, no puede decir que no tiene que andar según el espíritu, y que puede vivir como lo hacía antes. La vieja manera de vivir era inaceptable cuando el espíritu no había sido regenerado, y sigue siendo inaceptable ahora que su espíritu es regenerado. Se puede entender la Biblia exclusivamente por medio del espíritu. Es por eso que Pablo no habla en 1 Corintios 2 de tener o no tener espíritu, sino de ser espiritual. Lo espiritual sólo puede ser discernido por hombres espirituales.

En 1 Corintios 3:1 dice: "Y yo, hermanos, no pude hablaros como a hombres espirituales, sino como a carne, como a niños en Cristo". Esta es otra expresión: carne. Los creyentes corintios eran niños en Cristo; eran carnales. Esta es la razón por la que el versículo 2 dice: "Os di a beber leche, y no alimento sólido". Con seguridad ellos no ignoraban totalmente las cosas espirituales; tenían noción de las revelaciones más obvias, pero no pasaban de ahí. Por ser carnales, sólo pueden tomar leche, no la comida sólida. La leche se da a los que están en la primera etapa de su vida y denota las revelaciones cristianas más elementales. En cambio el alimento sólido se da toda la vida a los que han madurado y representa revelaciones profundas. El hombre no bebe leche permanentemente; sólo en cierto período de su vida. Sin embargo, hay hombres que, igual que los creyentes corintios, siempre beben leche. "Porque aún no erais capaces de recibirlo. Pero ni siquiera sois capaces ahora".

Los capítulos dos y tres de 1 Corintios nos presentan tres clases de personas:

En primer lugar está el hombre anímico, el cual posee únicamente las facultades del alma. Podemos llamarlo el hombre psíquico. Un hombre anímico es un hombre que no es regenerado ni tiene un espíritu regenerado y, por consiguiente, carece del órgano apropiado para entender la Palabra de Dios. Tal persona no puede entender la Biblia.

En segundo lugar vemos al hombre de la carne, el cual tiene la vida y el Espíritu de Dios y sin embargo, no anda según su espíritu sino según su carne. Su espíritu fue regenerado, pero no lo usa ni se sujeta a su gobierno. Aunque su espíritu fue regenerado, no se somete al gobierno de éste ni le permite tomar el control. La Biblia llama carnal a esta clase de persona. Una persona así tiene un entendimiento muy limitado de la Biblia y solamente puede tomar leche, mas no alimento sólido. La leche es digerida por la madre primero, lo cual hace referencia a revelaciones que se reciben indirectamente. Un hombre que sólo bebe leche no puede recibir revelación directa de Dios, sino por medio de los hombres.

En tercer lugar vemos al hombre espiritual, el que tiene el Espíritu de Dios, que actúa bajo el poder del Espíritu viviente y anda según el principio del Espíritu. La medida de revelación que recibe no tiene límite. La Palabra de Dios dice que las cosas espirituales sólo pueden ser discernidas por hombres espirituales.

Para estudiar la Biblia debemos tener presentes estos requisitos básicos: tenemos que ser espirituales y tenemos que andar según el espíritu.

W. Nee

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Publicado por: Living Stream Ministry

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Bogota Colombia

Nuestro proposito no es comunicar conocimiento, ni métodos bíblicos a los santos, sino ayudar a los que ya siguen al Señor y caminan en esta senda con el objeto de avanzar.
Watchman Nee
 
El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
Ciertamente hay un camino solitario para los que buscan andar con Dios. Pero cuando andemos con el Señor, vamos a encontrar compañia en otros que tambien conocieron el rechazo y el sufrimiento cuando  anduvieron con Dios, y aprendieron sus caminos


#619 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Sáb, 25 de Jul, 2009 3:06 am
Asunto: EXPERTOS EN LA PRACTICA
hgo1939@...
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III. EXPERTOS EN LA PRACTICA

Hebreos 5:14 dice: "Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por la práctica tienen las facultades ejercitadas en el discernimiento del bien y del mal". La palabra práctica se puede traducir "hábito". Existe una condición para recibir la palabra de Dios: el hombre tiene que haber alcanzado madurez. Solamente un hombre maduro puede comer alimento sólido. ¿Por qué una persona tiene que ser madura para poder comer algo sólido? Esto tiene que ver con su hábito. Una persona madura puede comer alimento sólido porque está acostumbrada. Ya que sus facultades están ejercitadas, puede diferenciar entre lo bueno y lo malo. El versículo 13 hace alusión a ser experto en la palabra de justicia, lo cual significa ser experto en la Palabra de Dios. En el griego la palabra experto tiene que ver con una destreza en la industria; significa ser diestro. Algunos trabajadores no tienen mucha habilidad, mientras que otros son hábiles. Un trabajador diestro ha pasado por mucho adiestramiento y ha desarrollado habilidad en su ramo. Un erudito en la Palabra de Dios está bien adiestrado y es hábil en ella. Si una persona desea estudiar la Biblia y entenderla, debe tener las facultades ejercitadas por la práctica.

La Biblia deja en evidencia nuestra condición. La clase de persona que somos determina la clase de Biblia que leemos. Si queremos saber cómo es el carácter y las costumbres de una persona, todo lo que tenemos que hacer es mostrarle un capítulo de las Escrituras y ver qué saca de ahí. La clase de persona que uno es determina la clase de lectura que hace. Un hombre curioso hallará la Biblia llena de curiosidades. Una persona intelectual leerá una Biblia llena de raciocinios. Una persona simple verá en la Biblia una colección de versículos y nada más. Es un hecho que el carácter y los hábitos del hombre se revelan con frecuencia por su lectura de la Biblia. Si una persona no ha sido disciplinada por Dios en su carácter ni en sus hábitos, caerá en un error garrafal, y la lectura que haga de la Biblia será espiritualmente estéril.

¿Qué clase de carácter y de costumbres debe tener una persona para leer la Biblia?

A. No ser subjetivos

Los lectores de la Biblia deben aprender a ser objetivos. Una persona subjetiva no puede entender la Biblia, pues no es apta para ser aprendiz. Si hablamos con una persona objetiva, inmediatamente sabrá de qué hablamos. Pero una persona subjetiva no nos entenderá ni siquiera después de repetirle lo mismo por tercera vez. Mucha gente no entiende lo que otros dicen, no por carecer de capacidad intelectual, sino por ser demasiado subjetivos. Ellos viven encerrados en su mente y no reciben lo que otros dicen. Están llenos de ideas, opiniones y propuestas. Lo que otros dicen les tiene sin cuidado. Es posible que sus pensamientos estén concentrados en el agua, cuando los demás están hablando de las montañas. Todo lo que oyen lo interpretan como agua. Una persona subjetiva no puede entender con exactitud las palabras de otros, mucho menos la palabra de Dios. Si no puede entender las cosas mundanas, mucho menos entenderá las espirituales.

Es notorio que los buenos estudiantes de la Biblia son muy buenos oyentes. Cuando alguien dice algo, entienden exactamente lo que les dice. Una persona objetiva escucha a los demás y puede entender la Biblia. En contraste, algunas personas no tienen idea de lo que otros dicen ni aún después de escucharlos varias veces. Tienen demasiadas cosas en su cabeza. Están llenos de ideas, opiniones y propuestas. La gente les puede repetir la misma cosa una o dos veces, y con todo, no la entienden. Para saber si somos subjetivos, basta con preguntarnos si entendemos lo que los demás nos dicen. ¿Podemos entender lo que los demás dicen aun cuando no sean muy explícitos? Nuestros días en esta tierra son limitados. Si somos subjetivos, el tiempo que tenemos disponible se reducirá grandemente. Una persona objetiva puede obtener más de la Biblia al leerla una vez de lo que obtendría una persona subjetiva después de leerla diez veces. Un hombre subjetivo no comprende lo que lee, ni aun después de leerlo diez veces. La Biblia estará fuera de su alcance y no le dejará ninguna impresión.

Recuerde la historia de Samuel. Cuando el Señor lo llamó, fue a Elí varias veces porque pensaba que era éste quien lo llamaba (1 S. 3:4-10). Aunque Dios lo estaba llamando, él pensó que era Elí. Había oído muchas veces la voz de Elí, pero esta vez indudablemente no era esa voz. ¿No podía él notar la diferencia entre la voz de Elí y la de Dios? Esta confusión se debió a su subjetividad.

El problema de muchas personas es que no permiten que Dios rompa su subjetividad. No importa cuánto estudien la Biblia, no se pueden formar una clara impresión de ella. Parece como si nunca oyeran hablar a Dios. Cuando acudimos al Señor por medio de la lectura de Su Palabra, nuestra mente debe estar abierta a El. Nuestras opiniones, sentimientos, motivos y todo lo que somos debe estar abierto a El. En otras palabras, no podemos ser subjetivos. Debemos estar conscientes de la importancia de este asunto, pues si no lo resolvemos, no podemos leer la Biblia como se debe. Una persona objetiva lo espera todo; espera que Dios hable. Su ser interior espera la palabra de Dios impasiblemente. Si una persona se halla en esta condición, cuando se abre a la Palabra de Dios, fácilmente entiende lo que Dios dice. Es innecesario preguntar si un hombre es espiritual o no. Lo único que tenemos que hacer es preguntarle qué recibió al leer cierto capítulo de la Biblia. Muchos no pueden decirnos nada. Esto demuestra que son subjetivos. A una persona subjetiva no le es fácil escuchar a los demás, porque es como las personas descritas en Hebreos 5:11, que son "tardos para oír". Mucha gente está llena de cosas, y las palabras de los demás no hallan cabida en ellos. Ser subjetivo es un problema muy serio. Un hombre subjetivo no puede oír la palabra de Dios ni puede tocar las cosas espirituales.

B. No ser descuidados

En segundo lugar, nadie debe ser descuidado en su lectura de la Biblia, pues es un libro muy exacto. Ni una sola palabra puede ser mal leída ni remplazada. Si una persona es descuidada, pasará por alto la palabra de Dios. Tanto una persona subjetiva como una descuidada pasan por alto la palabra de Dios. Tenemos que ser cuidadosos. Cuanto más conozcamos la Palabra de Dios, más cuidado tendremos. Una persona descuidada lee la Biblia sin prestar atención a lo que dice. Cuando oímos a un hermano hablar de la Biblia, sabemos si es descuidado o si es meticuloso. Muchas personas que son descuidadas, cuando leen o memorizan versículos, cometen errores en palabras cruciales. Este es un hábito terrible. Es muy fácil desarrollar el hábito de ser inexactos. Esto nos guiará a un entendimiento incorrecto de la Biblia. En muchas ocasiones un pequeño descuido de nuestra parte nos guiará a un entendimiento confuso de la palabra de Dios. Examinemos algunos ejemplos.

La Biblia hace distinción entre las formas plural y singular. Tenemos que diferenciar entre la forma singular y plural de una palabra. No podemos ser descuidados acerca de esto. El pecado y los pecados son cosas diferentes en el lenguaje original de la Biblia. El pecado, en singular, se refiere a la naturaleza pecaminosa del hombre, mientras que los pecados, en plural, se refiere a los hechos pecaminosos del hombre. Cuando la Biblia dice que Dios perdona los pecados del hombre, usa la forma plural, pecados, aludiendo a acciones pecaminosas. Dios nunca olvida el pecado del hombre, la naturaleza pecaminosa. El pecado no puede ser perdonado. Necesitamos ser librados de nuestra naturaleza pecaminosa (el pecado); pero necesitamos perdón para nuestros actos pecaminosos (los pecados). La Biblia hace una clara distinción entre estos dos.

También hay una diferencia entre el pecado y la ley del pecado. Si uno no es libertado de la ley del pecado, no puede ser librado del pecado. Romanos 6 trata de la liberación del pecado, mientras que el capítulo siete habla de la ley del pecado. Si no prestamos la debida atención, creeremos que estas dos cosas son más o menos lo mismo. Cuando leemos Romanos 6, podemos pensar que el problema del pecado está completamente resuelto para el final del capítulo, porque al final del mismo Pablo anuncia el comienzo del capítulo doce, donde habla de la ofrenda de los miembros del cuerpo. Sin embargo, Pablo sabía claramente que para ser librados del pecado tenemos que reconocer la ley del pecado, y para vencerla, necesitamos la ley del Espíritu de vida descrita en el capítulo ocho. Si somos descuidados, no pensaremos que hay mucha diferencia entre el pecado y la ley del pecado, y de esta manera podríamos pasar por alto la Palabra de Dios, la cual es pura, y cada pasaje tiene su propio énfasis. Si nuestra conversación es descuidada, creeremos que la Palabra de Dios también lo es, y esto nos impedirá entenderla.

En Romanos 7, además de la ley del pecado, existe otra ley: la ley de la muerte. Si somos descuidados, pensaremos que la ley del pecado y la ley de la muerte son más o menos lo mismo. Pero en realidad son completamente diferentes. El pecado se refiere a la contaminación, mientras que la muerte se refiere a la imposibilidad del hombre. La operación de la ley del pecado radica en el deseo de hacer el bien y no poder hacerlo, mientras que la operación de la ley de la muerte es la decisión de refrenarse del mal, sin ser capaz de lograrlo. El pecado nos dirige a hacer involuntariamente lo que no deseamos hacer, mientras que la muerte nos impide hacer lo que deseamos hacer. Somos librados de la ley del pecado por medio de la muerte de Cristo, y somos librados de la ley de la muerte por medio de nuestra resurrección con El. Romanos 7 no solamente nos muestra la ley del pecado, sino también la ley de la muerte. Si somos descuidados y despreocupados, pasaremos por alto estas verdades. Por consiguiente, es obvio que sólo quienes con cuidadosos y exactos pueden estudiar la Biblia como se debe.

He oído que algunas personas dicen que nos vestimos de las vestiduras justas del Señor Jesús, que Dios nos dio la justicia de Cristo como nuestra vestidura de justicia y que ya no estamos desnudos, sino que podemos acercarnos a Dios. Pero la Biblia no enseña tal cosa. En ninguna parte dice que la justicia del Señor Jesús se nos haya dado para que sea nuestra justicia. La Biblia dice que Dios nos dio al Señor Jesús como nuestra justicia. El no ha rasgado un pedazo de la justicia de Cristo para dárnoslo como nuestra justicia. El nos dio al Señor Jesús, Su misma persona, para que El sea nuestra justicia. ¡Hay una gran diferencia en esto! Una persona descuidada pensará que la justicia del Señor Jesús y el Señor Jesús como justicia es más o menos lo mismo. No se da cuenta de que la justicia del Señor Jesús sólo le pertenece a El y no nos puede ser transferida. Cada uno de nosotros debe ser justo delante de Dios, y el Señor también tiene que ser justo delante de El. Pero Su justicia es solamente Suya. Su justicia fue la justicia que El expresó mientras estuvo en la tierra. Si llegáramos a ser justos simplemente por tomar Su justicia, ¿entonces por qué tuvo que morir el Señor? La justicia del Señor Jesús no es transferible. Su justicia le pertenece por siempre a El solo, y nadie tiene parte en ella. Nuestra justicia no es Su justicia, sino la misma persona del Señor Jesús. En todo el Nuevo Testamento solamente podemos hallar al Señor Jesús como nuestra justicia (con excepción de una ocasión, en 2 Pedro 1:1, donde el significado es diferente), la justicia del Señor Jesús nunca ha sido nuestra justicia. La justicia del Señor lo hace apto a El para ser nuestro Salvador. Debido a que El es recto, no necesita la redención para Sí. El Señor Jesús está plenamente justificado por Dios. Ahora Dios nos lo dio para que sea nuestra justicia. La justicia que Dios nos dio es Cristo. Cuando lo tenemos a El, tenemos justicia. Nosotros no somos justificados por nuestra conducta. Nos vestimos de Cristo, y El es nuestra justicia. Somos aceptados en el Amado; no somos aceptados en la justicia del Amado. Para estudiar bien la Biblia, tenemos que ser exactos y no permitir que se nos escape ningún detalle.

Algunos dicen que la sangre del Señor Jesús nos da vida. Esto significa que nuestra vida nueva está basada en la sangre del Señor Jesús. Dicen que cuando bebemos la sangre del Señor, adquirimos Su vida. Citan para ello Levítico 17:14, donde dice que la vida está en la sangre. Si leemos este versículo de una manera superficial, estaremos de acuerdo con esa enseñanza. Pero la sangre no nos da una vida nueva. La sangre nos redime, y satisface las exigencias de Dios. Exodo 12:13 presenta el principio relacionado con la sangre: "Veré la sangre y pasaré de vosotros". La sangre es derramada para Dios, pues satisface Sus requisitos, no los nuestros. En la Biblia sólo en una ocasión se menciona la sangre con relación a nosotros. Allí dice que la sangre se aplica a nuestra conciencia (He. 9:14). Sin embargo, aun la conciencia se relaciona estrechamente con Dios.

¿Qué significa la palabra vida en Levítico 17? En el lenguaje original, esa palabra es la misma que se traduce alma y se refiere a la vida psíquica. El Señor Jesús derramó la vida de Su alma hasta Su muerte. Isaías 53:12 dice que El derramó la vida de Su alma hasta la muerte. El Señor Jesús derramó Su sangre, es decir, derramó Su alma hasta morir para efectuar la redención. El clamó en la cruz: "Padre, en Tus manos encomiendo Mi espíritu" (Lc. 23:46). Habiendo dicho esto expiró. Su cuerpo estaba colgado en la cruz, y Su alma, por medio de la sangre, fue derramada para efectuar la redención. (Lo que caracteriza al hombre es su alma. El alma que pecare tiene que morir; es decir, la personalidad misma del hombre tiene que morir). Al mismo tiempo El encomendó Su espíritu a Dios.

Juan 6 dice repetidas veces que quienes coman la carne del Señor y beban Su sangre tendrán vida. Pero en ningún momento dice que quienes sólo beban Su sangre tendrán vida. Tenemos que ser muy cuidadosos. Si juntamos lo que Dios separó terminaremos distorsionando lo que El dijo. No debemos interpretar la Biblia de una manera descuidada. Debemos estudiar la Palabra de Dios detenidamente. Debemos hallar la infinidad de ocasiones en que se habla de la sangre, y estudiarlas una por una antes de poder ver la luz. La sangre satisface los requisitos de Dios, no los nuestros.

Supongamos que Juan Wesley viviera y nos dijera: "La sangre del Señor Jesús limpiará nuestro corazón y erradicará la raíz del pecado; así que ya no vamos a pecar más". ¿Qué diríamos? Diríamos: "La sangre del Señor Jesús no limpia nuestro corazón. La Biblia no dice tal cosa. Dios ya nos dio un corazón nuevo. El corazón del hombre es más perverso que todas las cosas y nunca podría ser limpiado". La sangre nos redime, no nos limpia. La sangre trae perdón, no santificación. (Hay una diferencia entre la santificación delante de Dios y la santificación delante de los hombres). Tal vez algunos pregunten: "¿No dice Hebreos 10 que la sangre del Señor purifica nuestro corazón?" ¡No! Allí se habla de la aspersión de la conciencia (10:22). La conciencia es solamente una parte del corazón. La única parte del hombre que está consciente del pecado es la conciencia. La sangre satisface las exigencias de Dios y el clamor de nuestra conciencia. Cuando nos damos cuenta de que el Señor Jesús nos redimió del pecado, espontáneamente nuestra conciencia deja de estar consciente de pecado. La función de la sangre en nuestra conciencia no es librarnos del pecado sino librarnos de estar conscientes de éste. La liberación del pecado es el resultado de la obra del Espíritu Santo. La obra de la sangre difiere de la del Espíritu Santo; nunca debemos confundirlas.

Delante del Señor, debemos ser exactos. Si no lo somos, perderemos la exactitud de Dios. Si tenemos el hábito de ser inexactos, no obtendremos nada cuando leamos la Biblia . Tenemos que darnos cuenta de cuán exacta es la Biblia. Es tan exacta que no deja lugar a confusión. Debemos permitir que el Señor nos adiestre y nos haga exactos.

C. No buscar rarezas

En tercer lugar, al tratar de ser exactos, no debemos buscar cosas extrañas. La Palabra de Dios es exacta, pero nunca debemos estudiarla buscando en ella rarezas. Si la escudriñamos con una mente curiosa, le quitaremos el valor espiritual. La Biblia es un libro espiritual, y tenemos que ejercitar nuestro espíritu para poder entenderla. Si buscamos exactitud para satisfacer nuestra curiosidad, y no nuestras necesidades espirituales, vamos por el rumbo equivocado. Es lamentable que mucha gente lea la Biblia con la meta de descubrir cosas extrañas. Algunos pasan mucho tiempo tratando de averiguar si el árbol del conocimiento del bien y del mal era una vid o no. Esta clase de estudio de la Biblia es vano. Debemos recordar que la Biblia es un libro espiritual. Tenemos que tocar en ella la vida, el espíritu y al Señor. Una vez que toquemos las cosas espirituales, reconoceremos automáticamente la precisión de la Palabra porque todas las cosas espirituales son inherentemente exactas. Pero si en algún asunto no procuramos lo espiritual, vamos por el camino equivocado.

A algunos les gusta tomar el sendero de la curiosidad. Su estudio de las profecías es motivado por la curiosidad. No estudian las profecías esperando el regreso del Señor, sino porque desean conocer el futuro. Hay una gran diferencia entre ser espiritual y no serlo. Si somos curiosos, todas las cosas espirituales y valiosas se volverán inertes y carentes de espiritualidad cuando caigan en nuestras manos. Este asunto es muy serio. Delante del Señor, tenemos que distinguir entre lo valioso y lo que no lo es. Tenemos que distinguir entre las cosas que son importantes y las que no lo son. El Señor Jesús dijo: "Ni una jota ni una tilde pasará de la ley" (Mt. 5:18). Pero también dijo que hay asuntos importantes en la ley (23:23). La ley es tan exacta que ni una jota ni una tilde de ella pasará, pero también en ella hay cosas importantes. Los que buscan curiosidades toman constantemente cosas triviales y las estudian. Si se dedican a las cosas superficiales, terminarán siendo personas superficiales. Bien dijo el Señor Jesús que ellos cuelan el mosquito y tragan el camello (v. 24). Cuelan las cosas más minúsculas y dejan pasar lo más trascendente. Esta clase de lectura es errónea. Este error proviene de nuestro carácter y de nuestra búsqueda de cosas extrañas. Si no cambiamos nuestra forma de ser, no podemos leer la Biblia como se debe.

Los rasgos mencionados -la subjetividad, el descuido y la búsqueda de rarezas- son defectos comunes. Debemos vencer esos defectos delante del Señor. Debemos ser objetivos, exactos y serios. Un carácter objetivo, exacto y serio no se forma en nosotros de la noche a la mañana; tenemos que disciplinarnos al punto de desarrollar el hábito. Cada vez que tomemos la Biblia, debemos leerla con objetividad, exactitud y seriedad. Cuando tengamos el carácter sólido y la debida costumbre, sabremos cómo leer la Biblia.

W. Nee

Jesus es el Señor

La iglesia en Armenia

Cómo estudiar la Biblia

Publicado por: Living Stream Ministry

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El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
Ciertamente hay un camino solitario para los que buscan andar con Dios. Pero cuando andemos con el Señor, vamos a encontrar compañia en otros que tambien conocieron el rechazo y el sufrimiento cuando  anduvieron con Dios, y aprendieron sus caminos


#618 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Mar, 28 de Jul, 2009 1:11 am
Asunto: TRES ASPECTOS DEL ESPIRITU SANTO
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TRES ASPECTOS DEL ESPIRITU SANTO

Para estudiar la Biblia , necesitamos familiarizarnos con tres aspectos del Espíritu Santo, especialmente para estudiar el Nuevo Testamento, el cual tiene una estrecha relación con dichos aspectos.

Primero, el Espíritu Santo desea que entremos en Sus pensamientos. Para entender las palabras del Espíritu Santo, debemos dirigir nuestros pensamientos a los Suyos. Esto es particularmente necesario en el caso de las epístolas. Tenemos que familiarizarnos con los pensamientos del Espíritu Santo para poder entender Sus escritos.

Segundo, el Espíritu Santo dejó constancia de muchos hechos en la Biblia. Tenemos que penetrar en estos hechos básicos. Si no lo hacemos, no podremos entender la Palabra de Dios. El Espíritu Santo tiene que abrirnos todos los hechos narrados en los cuatro evangelios y en los Hechos.

Tercero, cuando leemos la Palabra de Dios, el Espíritu Santo nos guía a tocar el espíritu. En muchas ocasiones, no es suficiente conocer los pensamientos; debemos entrar en el espíritu que los genera. No solamente debemos conocer los hechos, sino también entrar en el espíritu que los produce. Podemos encontrar ejemplos de esto en los evangelios, en el libro de Hechos y en las epístolas.

El lector de la Biblia debe entrar en estos tres aspectos. Sin embargo, solamente quienes han sido adiestrados y disciplinados pueden verdaderamente conocerlos. No debemos considerar estos aspectos como métodos para estudiar la Biblia , ya que se relacionan con la persona que lee la Biblia. La persona debe pasar por un adiestramiento básico, que es precisamente de lo que queremos hablar.

 

Examinemos cómo podemos tener parte en estos tres aspectos.

 

I. LOS PENSAMIENTOS DEL ESPIRITU SANTO

Al escribir las Escrituras, el Espíritu Santo tenía un propósito y un pensamiento definido. El lector de la Biblia no solamente tiene que conocer las palabras y memorizarlas, sino que también debe percibir el propósito específico que el Espíritu Santo tenía al escribir cierto libro. Lo primero que deseamos tratar acerca del estudio de la Biblia no es su interpretación, sino conocer la intención del Espíritu Santo en el momento en que escribió el libro que vamos a leer. Tenemos que recordar que el valor de las palabras no reside en las palabras mismas sino en su significado. El Señor les dijo a los saduceos: "Erráis, por no conocer las Escrituras" (Mt. 22:29). Los saduceos leían la Palabra de Dios, pero no la entendían. Cuando leemos la Palabra de Dios, debemos hallar la causa por la cual el Espíritu habló. Esto nos guía a otro punto: Nuestra mente necesita bastante disciplina.

 

A. Fundimos nuestros pensamientos
con los del Espíritu Santo

El lector de la Biblia debe ser objetivo; no debe confiar en su propia mente. El Espíritu Santo tiene Su pensamiento, y en éste deben entrar nuestros pensamientos y fundirse en él. Cuando el Espíritu Santo piensa de cierta manera, nosotros también tenemos que pensar de la misma manera. Ambos debemos fluir como dos corrientes de un río: el Espíritu Santo es la corriente principal, y nosotros somos la corriente secundaria. El Espíritu Santo es como un gran río, mientras que nosotros somos como un arrolluelo. El arroyo tiene que unirse al río. Cuando el río fluye hacia el oriente, el arroyo también fluye hacia el oriente. El arroyo puede ser pequeño, pero si fluye con el río, llega al océano.

Algunos pasajes bíblicos giran en torno a hechos, mientras que otros se centran en el espíritu o en los pensamientos. Los pasajes que enfocan pensamientos también tienen espíritu y hechos. Aquellos cuyo enfoque está en los hechos incluyen espíritu y pensamientos. Los pasajes que se centran está en el espíritu contienen además hechos y pensamientos. Cuando examinamos los pensamientos del Espíritu Santo, debemos ser objetivos; todo nuestro ser debe seguir los pensamientos que El comunica. Sin embargo, algunos no pueden hacer esto o sólo pueden estar ligados al Espíritu Santo por diez minutos, después de los cuales sus pensamientos empiezan a vagar. Este tipo de personas no pueden leer la Biblia como se debe. El requisito para que una persona pueda leer la Biblia es que su mismo ser sea afectado.

Es cierto que al leer la Biblia uno necesita usar la mente. Pero, ésta debe seguir la misma línea, corriente y dirección de la mente del Espíritu Santo. Dondequiera que el Espíritu vaya, uno debe seguirlo. Podemos hallar el pensamiento del Espíritu Santo en una oración, en un pasaje, en un capítulo o en un libro. La mente de uno tiene que estar sintonizada con el Espíritu Santo y procurar hallar lo que El dice en un pasaje, lo que El piensa, y cuáles son las ideas principales y secundarias. La primera pregunta que debemos hacernos cuando leemos una porción de las Escrituras es ¿cuál es la intención del Espíritu al escribirla? Si no sabemos cuál es la intención del Espíritu Santo en esa porción, es muy probable que cometamos errores cuando la citemos más tarde; es posible que tergiversemos lo que el Espíritu Santo quiere decir. No es suficiente leer la letra, recordar las palabras, ni memorizar el pasaje ni estudiar el significado de una manera aislada. Cuando leemos la Biblia , debemos percibir la intención que tenía el Espíritu cuando escribió un pasaje dado. Es decir, debemos detectar los pensamientos de Pablo, de Pedro y de los demás escritores en el momento que el Espíritu Santo habló por medio de ellos. Nuestros pensamientos deben concordar con los pensamientos del Espíritu para poder entender la Biblia.

Se cuenta de un creyente que viajó por las cuarenta y dos estaciones por las que pasaron los israelitas desde Egipto hasta Palestina. Donde los israelitas fueron, él fue. Donde dieron un rodeo, el lo dio. El hizo todo el viaje de esta manera. Más tarde, relató en un libro el viaje. El no escogió su propio camino, sino el que Moisés tomó. Esta es la manera en que debemos leer la Biblia. No debemos determinar la dirección por nosotros mismos; tenemos que ir por donde el Espíritu va. Pablo bajó a Jerusalén, y nosotros debemos ir con él a Jerusalén. El sentía y pensaba de cierta manera, y nosotros debemos sentir y pensar de la misma manera. No debemos seguir nuestro propio rumbo, sino la dirección de los escritores de la Biblia , es decir, la dirección del Espíritu. El pensamiento de los lectores de las Escrituras debe concordar con el de los escritores, pues éstos fueron inspirados por el Espíritu Santo a pensar de cierta manera. Si nuestros pensamientos pueden seguir de cerca lo que el Espíritu tenía en el momento de escribirse el pasaje, entenderemos lo que la Biblia dice.

 

B. "El Tronco" y "las Ramas"

Algunos pasajes de la Biblia contienen un tema específico, mientras que otros son palabras explicativas; algunas son de vital importancia, mientras que otras tienen una función secundaria. Algunas son como el tronco de un árbol, y otras son como las ramas. No debemos seguir las ramas y perder de vista el tronco. Y tampoco debemos prestar atención exclusivamente al tronco olvidándonos de las ramas. Debemos encontrar lo que el Espíritu Santo dice en un pasaje, cómo lo expresa, de cuántas cosas habla y cuánto se extiende para alcanzar su meta. Nuestra mente debe seguir estas cosas paso a paso. Tenemos que llegar a la mente del Espíritu Santo. El Espíritu tiene un tema y también tiene las palabras que lo desarrollan. A veces estamos hablando y a mitad de nuestra conversación, nos desviamos del tema para explicar algo. Estas son "las ramas". Las ramas no se extienden sin límite. De igual modo, el Espíritu puede salirse del tema con una explicación que use cinco o seis versículos, pero siempre regresa al "tronco". No nos debemos quedar en las explicaciones; debemos seguir el Espíritu Santo y regresar al tema. Muchas de las epístolas están estructuradas de tal manera que las palabras explicativas se intercalan en el tema de los pasajes. Debemos diferenciar entre "el tronco" y "las ramas" a fin de entender lo que leemos. No debemos apresurarnos en nuestra lectura. Cuando el Espíritu Santo da un viraje, nosotros tenemos que ir con El, y cuando vuelve al tema, nosotros también debemos regresar. Tenemos que ser muy sensibles y cuidadosos para no poner nuestra confianza en nosotros mismos ni en nuestra carne. Esta es la manera de sincronizarnos con los pensamientos del Espíritu Santo.

Hay "troncos" y "ramas" en la Biblia y, en conjunto, forman una unidad. Por ejemplo: cuando Pablo escribió el libro de Romanos, no tenía la intención de darnos solamente 3:23, 6:23 y 8:1. Todo el libro contiene una idea unificada; es una entidad completa. No aparecen fragmentos por ninguna parte. No debemos tomar ciertos versículos fuera de contexto para después explicarlos. Está bien que tomemos prestado algún versículo, pero debemos diferenciar entre tomar prestado y dar una interpretación del mismo. Aun cuando tomamos prestado un versículo para cualquier otro uso, tenemos que entender el contexto, de no ser así, caeremos en el error de tomar las ideas fuera de su contexto.

Si nuestra mente está adiestrada, será lo suficientemente diestra para sustentar la luz. La luz viene como un relámpago, y tenemos que atraparla y sostenerla. Si nuestra mente no está adiestrada para unirse a la mente del Espíritu Santo, no tendremos el pensamiento necesario para capturar y sostener la luz cuando nos llegue en forma de revelación. Esta es la razón por la cual nuestra mente tiene que ser adiestrada; tiene que ser objetiva y obediente a la guía del Espíritu Santo. El Espíritu Santo tiene Su propia manera de expresarse. Por ejemplo: Romanos 1 y 2 hablan del pecado del hombre; el capítulo tres habla de la redención; el capítulo cuatro, de la fe; el capítulo cinco, del pecador; el capítulo seis, de la muerte del pecador; el capítulo siete, de las dos leyes; y el capítulo ocho, del Espíritu Santo. En los capítulos del nueve al doce nos da algunos ejemplos. El capítulo doce habla de los cristianos y de la iglesia, y finalmente, los capítulos trece y dieciséis hablan de la conducta de una persona salva. Cuando leemos dicho libro, tenemos que entender la intención del Espíritu Santo al hablar esas palabras. En cada sección el Espíritu tiene ideas principales. Primero, El habla del pecado del hombre y luego de la solución al pecado y del cumplimiento de la justicia de Dios. Después pasa a hablar de la fe y de lo que estorba a la fe: las obras del hombre. Pero el hombre tiene otro problema además de su pecado: su persona. Por consiguiente, en el capítulo seis el Espíritu habla de la crucifixión del pecador (el hombre viejo). La solución al pecado del hombre radica en la fe de que el Señor murió por él, mientras que la solución al problema del hombre mismo se halla en la fe en que él murió con el Señor. En los capítulos del nueve al once, se habla de la nación de Israel como un ejemplo de la gracia de Dios y de la fe. Luego, el capítulo doce menciona la condición de un cristiano consagrado. Del capítulo uno al dieciséis, podemos identificar "los troncos" claramente. Pablo fue muy claro al expresar su sentir en estos puntos. También están "las ramas", algunas de las cuales se ven en la primera sección. Al abordar el tema del pecado, el Espíritu Santo se desvía para hablar de los gentiles y luego de los judíos, y luego regresa a la idea principal. Cuando leemos la Biblia , debemos seguir muy de cerca la idea del Espíritu Santo.

C. Dos clases de adiestramiento

Hay dos maneras de adiestrar nuestra mente. Primero, podemos aislar el tema de las palabras explicativas. No es mala idea recorrer todo el Nuevo Testamento y poner paréntesis alrededor de pasajes que el Espíritu incluye a modo de explicación. Lo contenido entre paréntesis son "las ramas", y lo que queda fuera es "el tronco". Si saltamos los versículos que dejamos entre paréntesis y leemos el resto, veremos la idea principal en los diferentes pasajes.

Hagamos esto con el libro de Romanos. Romanos 1:1 dice: "Pablo, esclavo de Cristo Jesús, apóstol llamado, apartado para el evangelio de Dios". Esto es obviamente la introducción a dicho libro. Los versículos del 2 al 4 dicen: "Que El había prometido antes por medio de Sus profetas en las Santas Escrituras, acerca de Su Hijo, que era del linaje de David según la carne, que fue designado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos, Jesucristo nuestro Señor". Esta es una explicación del evangelio. Por consiguiente, estos versículos son "ramas" que se pueden poner entre paréntesis. El versículo 5 dice: "Y por quien hemos recibido la gracia y el apostolado para la obediencia de la fe entre los gentiles por causa de Su nombre". Esto de nuevo es el tema del texto. Si seguimos así hasta finalizar Romanos, extraeremos los versículos que constituyen la idea principal del texto. Podemos subrayar el tema con un color, y las explicaciones con otro. Como primer paso, no tenemos que leer las explicaciones. Primero leemos el tema y después las explicaciones. En primer lugar, debemos encontrar la idea principal que expresa el Espíritu Santo, y luego debemos incluir paulatinamente las explicaciones. ¿Qué es este evangelio? Es algo que fue "prometido antes por medio de Sus profetas en las santas Escrituras". Dios prometió el evangelio y luego envió al Señor Jesús a cumplirlo. El cumplimiento del evangelio consta de dos partes. Primero, lo que corresponde a la carne, y luego, lo que corresponde al espíritu. La primera parte está ligada a la vida del Señor en la tierra como hijo de María. La segunda parte se relaciona con Su vida en los cielos como Hijo de Dios. Los cuatro evangelios abarcan lo que de El se relaciona con la carne, mientras que las epístolas abarcan lo relacionado con el Espíritu. Cuando leemos este pasaje, debemos pasar directamente del versículo 1 al 5 y dejar los versículos del 2 al 4 para más tarde. Siempre debemos prestar atención al tema primero, y luego a las explicaciones. Debemos leer toda la Biblia de esta manera. Todo siervo de Dios debe diferenciar entre el tema de cada libro y las porciones explicativas. Este es el primer paso.

¿Qué beneficio podemos obtener cuando damos este primer paso? Esto nos capacita para conocer en qué medida se relaciona la enseñanza de un pasaje con el tema principal y qué parte es una explicación. Cuando servimos como ministros de la Palabra , nuestras palabras deben tener un tema central y también explicaciones. Aunque nuestra función como ministros de la Palabra no es tan perfecta y profunda como la de los primeros apóstoles, el principio sigue siendo el mismo. Una vez que diferenciemos entre el tema y las explicaciones, nos daremos cuenta, para nuestra sorpresa, de que la Biblia provee suficientes explicaciones, tanto en cantidad como en profundidad; adoraremos al Señor por la absoluta perfección de Su Palabra; descubriremos también que tan pronto nos excedemos ligeramente en el uso de explicaciones o ejemplos, todo nuestro mensaje se debilita. Debemos prestar atención a la manera en que la Biblia da explicaciones. No debemos explicar demasiado. Solamente debemos aclarar pasajes que no sean fáciles de entender. Las explicaciones se dan con el propósito de facilitar la comprensión, pero no debemos excedernos en su uso. Algunos oradores carecen de explicaciones, lo cual confunde a los oyentes; otros dan explicaciones tan largas que echan a perder el mensaje. Debemos observar el balance perfecto de la Palabra. Aprendamos a separar el tema de las explicaciones. Para hacer esto, tenemos que ser objetivos. Si nos volvemos subjetivos, erraremos.

En segundo lugar, debemos tratar de repetir el pasaje con nuestras propias palabras y escribirlo de nuevo con palabras que nosotros podamos entender. Por ejemplo: Romanos 1:1, 5 y 6 son versículos que expresan el tema y fueron redactados por Pablo. Después de que entendemos lo que Pablo dijo, debemos tratar de expresarlo con nuestras propias palabras. Al principio sólo debemos trabajar con el tema principal; no tenemos que dedicarle mucho tiempo a las explicaciones contenidas en los paréntesis. Este ejercicio es similar a nuestra experiencia como estudiantes. Los maestros nos cuentan una historia y nosotros la escribimos con nuestras propias palabras. Tenemos que saber de qué se trata la narración para poderla escribir. Para realizar este ejercicio debemos ser objetivos y entender el significado de la Biblia , y así no le agregaremos nuestras propias palabras. Tenemos que adiestrarnos a fin de seguir los pensamientos del Espíritu Santo. Debemos conformar nuestros pensamientos a los del Espíritu Santo.

Es muy posible que cometamos errores al repetir el texto con nuestras palabras, ante lo cual, lo que debemos hacer es corregirlos la próxima vez. Si cometemos errores de nuevo, debemos corregirlos otra vez. Cuanto más nos corrijamos, más exactos llegaremos a ser. Si aprendemos esta lección, nos será fácil entender la Palabra de Dios. Lo más importante es hacernos a un lado. Si nos volvemos orgullosos o subjetivos estamos acabados. Tenemos que aprender a ser objetivos, mansos y humildes. Es fácil para una mente mansa y humilde seguir la mente del Espíritu. Los lectores de la Biblia necesitan aprender esta lección.

W. Nee

Jesus es el Señor

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Publicado por: Living Stream Ministry

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Nuestro proposito no es comunicar conocimiento, ni métodos bíblicos a los santos, sino ayudar a los que ya siguen al Señor y caminan en esta senda con el objeto de avanzar.
Watchman Nee
 
El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
Ciertamente hay un camino solitario para los que buscan andar con Dios. Pero cuando andemos con el Señor, vamos a encontrar compañia en otros que tambien conocieron el rechazo y el sufrimiento cuando  anduvieron con Dios, y aprendieron sus caminos


#617 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Vie, 24 de Jul, 2009 2:04 pm
Asunto: La necesidad de obedecer
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C. La necesidad de obedecer
continuamente

Dios nos revela las enseñanzas bíblicas según la medida de nuestra obediencia. Cuanto más lo obedezcamos, más luz recibiremos. Si seguimos obedeciendo a Dios, seguiremos viendo. Sin consagración es imposible ver. Sin una obediencia constante, no podemos continuar viendo. Si nuestra consagración no es absoluta, la iluminación no va a ser grande. Si nuestra obediencia no es absoluta, la luz que recibamos no será completa. Por consiguiente, lo fundamental es la consagración. Si el hombre no entiende el significado de la consagración, no puede entender la Biblia. Una persona consagrada no solamente debe tener una consagración inicial, sino que tiene que mantener su obediencia delante del Señor en todo momento. Sólo de esta manera podrá ver continuamente. La medida de luz que un hombre recibe depende de cuanto obedezca después de su consagración inicial. Si somos perfectos en nuestra obediencia, seremos perfectos en nuestra visión.

Debemos prestar especial atención a lo dicho por el Señor en Juan 7:17: "El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la enseñanza es de Dios, o si Yo hablo por Mi propia cuenta". Si una persona desea hacer la voluntad de Dios, podrá conocerla. En otras palabras, la obediencia es una condición para conocer la voluntad de Dios. La decisión de hacer la voluntad de Dios es la condición para conocer la enseñanza de Dios. Si una persona no tiene la intención de hacer la voluntad de Dios y desea conocer la enseñanza de Dios, está pidiendo algo imposible. Para conocer la enseñanza de Dios, el hombre debe estar determinado a cumplirla. Esta determinación se relaciona con la actitud. Dios desea que primero tengamos una actitud obediente; entonces, la enseñanza de Dios nos será clara. No debemos preguntar qué es lo que la Biblia enseña, sino si estamos dispuestos a obedecerla. El problema reside en nuestra actitud; no tiene nada que ver con la enseñanza de la Biblia. La Biblia puede estar abierta para nosotros dependiendo de nuestra actitud hacia Dios. Nosotros somos responsables por nuestra actitud; mientras que Dios es responsable por Su enseñanza. Si nuestra actitud es correcta, Dios nos da revelación y abre nuestros ojos inmediatamente. Si complementamos esto con nuestra obediencia, nuestra actitud, una vez, más será correcta, y Dios nos concederá más revelación. Primero se requiere una actitud correcta, y sólo entonces se recibe la revelación. Si respondemos a la revelación con obediencia, tendremos la actitud correcta y recibiremos más revelación.

Muchos afirman haber visto las verdades de la Biblia. En realidad, solamente quienes resuelven hacer la voluntad de Dios las han visto, y sólo ellos pueden decir que su visión es clara y completa. El Señor tiene que trabajar mucho en nosotros antes de que podamos "decidir" esto. No piensen que la luz viene gratuitamente. Toda visión viene acompañada de un alto precio; tenemos que pagar el precio para ver. Algunas veces el Señor tiene que hacer pasar a la persona por dos o tres experiencias antes de que vea algo. Otras veces Dios tiene que hacerlo pasar por otras seis o siete experiencias. La luz de Dios viene con frecuencia a nosotros indirectamente. Primero brilla en un objeto, el cual la refleja a nosotros. La luz de Dios viene frecuentemente de un modo indirecto. Debemos ver la luz desde cierto ángulo, antes de poder verla desde otro. En ocasiones necesitamos pasar por varias experiencias antes de ver la luz. Si somos desobedientes en algo, perderemos la revelación. Es así como actúa la luz de Dios. Muchas veces podemos ver claramente sólo cuando nosotros mismos nos hemos ubicado en diferentes ángulos. Cuanto más alto sea el precio que paguemos delante del Señor, más luz recibiremos. La obediencia en algo nos guiará a obedecer otra cosa y luego a obedecer muchas cosas más. Lo que experimentamos de la luz nos guiará a otra experiencia y luego a más luz. La voluntad de Dios está detrás de todo lo que El dispone. Siempre que una persona pierde dos o tres oportunidades de obedecer a Dios, sufre una pérdida delante de El.

No importa cuánta confianza tengamos en nuestra consagración y obediencia, tenemos que darnos cuenta de que cada vez que tenemos un velo, se debe a que algo no está bien en nuestra consagración. Si no vemos, son nuestros ojos los que están mal. Dios no carece de luz, pero cada vez que El ve renuencia de nuestra parte, detiene Sus palabras. Dios nunca fuerza a nadie a hacer nada, pero tampoco comunica Su palabra de una manera barata. Si encuentra alguna resistencia en nosotros, el Espíritu Santo se aparta y se retrae, pues no se imparte por un bajo precio. Si algo está mal en la consagración de una persona, Dios no le dará ninguna luz. No es un problema trivial que el hombre no entienda la Biblia , porque ello pone en evidencia un problema en su consagración. El colirio espiritual requiere un precio; no se obtiene gratuitamente. Toda visión requiere un precio. Ninguna visión se recibe gratis.

W. Nee

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#616 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Jue, 6 de Ago, 2009 10:56 pm
Asunto: Dos ejemplos
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E. Dos ejemplos

Examinemos dos ejemplos que constan en la Biblia y aprendamos de ellos a encontrar el significado de entrar en el espíritu de la Palabra.

1. La historia de Jacob

Jacob era hábil, astuto y egoísta. Se ocupaba primero de sí mismo, no de los demás. El era muy sagaz y se valía de cualquier treta para obtener lo que quería. Por eso Dios debía quebrantarlo. Cuando nació se asió al talón de su hermano y peleó con él. Sin embargo, Esaú fue el preferido de su padre, y él fue hecho a un lado. Jacob hizo lo posible por usurpar la bendición de su hermano. Pero lo que obtuvo fue que se vio obligado a andar errante. Le sirvió a Labán, quien cambió su sueldo diez veces. Quiso casarse con Raquel, pero tuvo que tomar a Lea primero. Cuando regresaba a su patria, Raquel murió, y Lea sobrevivió. Su corazón estaba apegado a algunos de sus hijos, pero particularmente a José. No obstante, José fue vendido por sus hermanos, quienes bañaron en sangre sus vestidos y le hicieron creer a Jacob que José había sido devorado por alguna fiera; así que dijo: "Descenderé enlutado a mi hijo hasta el Seol" (Gn. 37:35). Entonces puso todas sus esperanzas en Benjamín, su hijo menor; pero éste fue llevado a Egipto. Jacob sufrió continuamente la disciplina que Dios le aplicó. Sus días fueron difíciles. Proverbios 13:15 dice: "El camino de los transgresores es duro". Los días de Jacob estuvieron llenos de sufrimientos como resultado de su obstinación y su astucia.

No debemos pensar que la experiencia que tuvo Jacob en Peniel fue intrascendente (Gn. 32:22-32). El le pedía a Dios con insistencia que lo bendijera. Era como si le dijera: "Padre mío tienes que bendecirme. Todos tienen que bendecirme. ¡Dios, Tú también tienes que bendecirme!" El era un hombre astuto. En todo él procuraba obtener alguna ganancia. El deseaba la bendición de Dios, y Dios prometió que sería llamado Israel. Sin embargo, su bendición no vino inmediatamente, sino décadas más tarde. En Peniel Dios tocó el encaje de su muslo, y Jacob quedó cojo. Desde aquel día la obra de Dios le dio un viraje a su vida. Sin embargo, al día siguiente vemos al mismo Jacob, ya viejo, en su camino a encontrarse con su hermano Esaú. El dividió a sus hijos en grupos, calculando que así preservaría a los segundos en caso de que los primeros sufrieran una calamidad. El puso a su amado José y a Raquel en el último grupo. Todavía estaba ejerciendo su propia sabiduría. Todavía estaba urdiendo artimañas.

Pese a que Jacob era astuto, llegó a ser un hombre muy espiritual en su ancianidad. Cuando descendió a Egipto, era muy diferente de lo que era antes: "José introdujo a Jacob su padre, y lo presentó delante de Faraón; y Jacob bendijo a Faraón" (Gn. 47:7). Esta es una bella escena. Faraón era el soberano de una gran nación, sin embargo delante de Jacob, era inferior. Jacob había pasado por muchos años de lucha y finalmente estaba descansando. ¡Cuando él se puso de pié, Faraón, el monarca de un gran imperio, se inclinó! Si el Jacob de antes hubiese estado allí, probablemente habría actuado de la misma manera que lo hizo ante Labán, poniendo los ojos en las posesiones. Las posesiones de Faraón eran mucho más valiosas que las de Labán. Pero Jacob ya había sido azotado. Sus ojos ya no estaban en esas cosas, sino en las lecciones que había aprendido de Dios. Espontáneamente, se mantuvo en alto delante de Faraón: "Y dijo Faraón a Jacob: ¿Cuántos son los días de los años de tu vida? Y Jacob respondió a Faraón: Los días de los años de mi peregrinación son ciento treinta años; pocos y malos han sido los días de los años de mi vida, y no han llegado a los días de los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación" (vs. 8-9). En esta escena vemos la liberación del espíritu de Jacob. El dijo: "Pocos y malos han sido los días de los años de mi vida". Esto describe su vida. Este anciano había pasado por muchos sufrimientos, por lo cual pudo decir estas palabras. Nuestro espíritu debe penetrar en su espíritu. Un hombre que ha experimentado la obra quebrantadora de Dios nunca es arrogante. Recordemos la promesa que Dios le hizo a Abraham: "Y haré tu descendencia como el polvo de la tierra" (13:16). Dios también le prometió a Isaac que multiplicaría su descendencia como las estrellas del cielo (26:4). En los días de Abraham, Dios tenía un solo descendiente, no una familia y mucho menos una nación. En los días de Jacob, éste tenía setenta personas en su familia. La promesa de Dios fue llevada a cabo en esta familia. Sin embargo Jacob no se jactaba de ello. Por el contrario dijo: "No han llegado a los días de los años de la vida de mis padres en los días de su peregrinación". El pudo decir esto porque había sido golpeado y sometido. "Y Jacob bendijo a Faraón, y salió de la presencia de Faraón" (47:10). El llegó bendiciendo a Faraón, y se fue bendiciendo a Faraón. Tenía algo que dar a los demás. ¡Qué hermoso cuadro! El Jacob entrado en años había cambiado; ahora era Israel y nunca más sería el mismo. En este pasaje debemos tocar su espíritu.

"Y vivió Jacob en la tierra de Egipto diecisiete años ... Y llegaron los días de Israel para morir" (47:28-29). Observemos que cuando nació fue llamado Jacob, pero en su muerte fue llamado Israel. "Y llamó a José su hijo, y le dijo: Si he hallado ahora gracia en tus ojos, te ruego que pongas tu mano debajo de mi muslo, y harás conmigo misericordia y verdad. Te ruego que no me entierres en Egipto. Mas cuando duerma con mis padres, me llevarás de Egipto y me sepultarás en el sepulcro de ellos. Y José respondió: Haré como tú dices. E Israel dijo: Júramelo. Y José le juró. Entonces Israel se inclinó sobre la cabecera de la cama" (vs. 29-31). ¡Qué hermosa escena es ésta! Debemos tocar el espíritu que contiene este pasaje. He aquí un hombre que por naturaleza era astuto y duro, que habría hecho cualquier cosa por satisfacerse a sí mismo, y que sólo habría pedido para sí lo mejor. Sin embargo, en aquel día le dijo a su propio hijo: "Si he hallado ahora gracia en tus ojos". ¡Qué delicadeza! "Te ruego ... y harás conmigo misericordia y verdad". El pedía misericordia y sinceridad. "Te ruego que no me entierres en Egipto". Dios tenía un lugar para él en Canaán. Su promesa no se podía cumplir en Egipto. Aunque Dios había dispuesto que él muriera, pidió por misericordia y verdad ser enterrado en la tierra que Dios les había prometido. Jacob no dudaba de la promesa de Dios. Por el contrario, le pidió a José que jurara porque creía en Dios. Quería que José viera la solemnidad del asunto. A menos que toquemos su espíritu, no entenderemos lo que él estaba haciendo. "Entonces Israel se inclinó sobre la cabecera de la cama". ¡Qué escena tan asombrosa!

Leamos ahora Génesis 48:2-4: "Y se le hizo saber a Jacob, diciendo: He aquí tu hijo José viene a ti. Entonces se esforzó Israel, y se sentó sobre la cama, y dijo a José: El Dios Omnipotente me apareció en Luz en la tierra de Canaán, y me bendijo, y me dijo: He aquí yo te haré crecer, y te multiplicaré, y te pondré por estirpe de naciones; y daré esta tierra a tu descendencia después de ti por heredad perpetua". El recordaba la promesa que Dios le había hecho y sabía que Dios lo había bendecido dándole una familia de setenta personas. Dios había prometido que lo haría fructífero y lo multiplicaría, y que daría la tierra de Canaán a su descendencia.

El versículo 5 dice: "Y ahora tus dos hijos Efraín y Manasés, que te nacieron en la tierra de Egipto, míos son; como Rubén y Simeón, serán míos". El puso a los dos hijos de José bajo la promesa de Dios. "Como Rubén y Simeón, serán míos". El aceptó a los dos hijos de José como sus propios hijos. En su avanzada edad, Jacob lo veía todo claro.

El versículo 7 dice: "Porque cuando yo venía de Padanaram, se me murió Raquel en la tierra de Canaán, en el camino". Este incidente lo conmovió muy profundamente. Aún recordaba esto en su lecho de muerte. ¡Qué delicado, maduro, y tierno es un hombre que ha pasado por la corrección de Dios! ¡Qué abundante era su depósito! El astuto Jacob había cambiado, ahora era un hombre totalmente diferente.

Los versículos del 8 al 10 dicen: "Y vio Israel los hijos de José, y dijo: ¿Quiénes son éstos? Y respondió José a su padre: Son mis hijos, que Dios me ha dado aquí. Y él dijo: Acércalos ahora a mí, y los bendeciré. Y los ojos de Israel estaban tan agravados por la vejez, que no podía ver. Les hizo, pues, acercarse a él, y él les besó y les abrazó". Cuando Isaac estaba viejo, y sus ojos se estaban apagando, fue engañado. Cuando Jacob envejeció, sus ojos tampoco podían ver bien, pero sus ojos interiores tenían perfecta visión. Al contrario de Isaac en su vejez, que deseaba intensamente la carne de venado, Jacob estaba listo para bendecir. "Y los acercó a él, y los besó y los abrazó". Aquí vemos el profundo afecto de un hombre anciano.

Vemos en el versículo 11: "Y dijo Israel a José: No pensaba yo ver tu rostro, y he aquí Dios me ha hecho ver también a tu descendencia". Una vez más hallamos un espíritu al que Dios ha golpeado.

Los versículos del 12 al 14 dicen: "Entonces José los sacó de entre sus rodillas, y se inclinó a tierra. Y los tomó José a ambos, Efraín a su derecha, a la izquierda de Israel, y Manasés a su izquierda, a la derecha de Israel; y los acercó a él. Entonces Israel extendió su mano derecha, y la puso sobre la cabeza de Efraín, que era el menor, y su mano izquierda sobre la cabeza de Manasés, colocando así sus manos adrede, aunque Manasés era el primogénito".

Los versículos del 17 al 19 dicen: "Pero viendo José que su padre ponía la mano derecha sobre la cabeza de Efraín, le causó esto disgusto ... Y dijo José a su padre: No así, padre mío, porque éste es el primogénito; pon tu mano derecha sobre su cabeza. Mas su padre no quiso, y dijo: Lo sé, hijo mío, lo sé". Aunque la visión de Jacob era borrosa, su visión interior no lo era. El sabía qué deseaba Dios que hiciera. "También él vendrá a ser un pueblo, y será también engrandecido; pero su hermano menor será más grande que él, y su descendencia formará multitud de naciones". Debemos recordar que Isaac estaba confuso cuando bendecía, pero Jacob estaba seguro de lo que hacía.

El versículo 21 dice: "Y dijo Israel a José: He aquí yo muero; pero Dios estará con vosotros, y os hará volver a la tierra de vuestros padres". Esto es fe. ¡Cuán real y viviente es su fe! En ese entonces el futuro de ellos parecía estar en Egipto, pero Jacob dijo: "Dios estará con vosotros, y os hará volver a la tierra de vuestros padres. Y yo te he dado a ti una parte más que a tus hermanos, la cual tomé yo de mano del amorreo con mi espada y con mi arco". ¿Quién tenía posesión de esas tierras en ese momento? Aunque no estaban en sus manos, dijo: "Te he dado a ti una parte". En realidad lo que estaba diciendo era que aunque José estaba gobernando en Egipto, su tierra no era Egipto, sino Canaán. "Te he dado a ti una parte más que a tus hermanos". El sabía que Efraín y Manasés eran dos personas, por lo cual José tendría una doble porción.

Génesis 49 nos da una de las más grandes profecías de la Biblia. Jacob predijo lo que le iba a ocurrir a cada uno de sus hijos y a cada una de las tribus. El bendijo por fe y en obediencia, y todo estaba claro para él.

Los versículos del 29 al 30 dicen: "Les mandó luego, y les dijo: Yo voy a ser reunido con mi pueblo. Sepultadme con mis padres en la cueva que está en el campo de Efrón el heteo, en la cueva que está en el campo de Macpela, al oriente de Mamre en la tierra de Canaán, la cual compró Abraham con el mismo campo de Efrón el heteo, para heredad de sepultura".

El versículo 33 dice: "Y cuando acabó Jacob de dar mandamientos a sus hijos, encogió sus pies en la cama y expiró, y fue reunido con sus padres". Cuando Jacob nació, estaba muy ocupado agarrándose del talón a su hermano. En su muerte, calmadamente encogió sus pies en la cama. No estaba apresurado ni inquieto y tampoco estaba luchando con Dios.

Debemos observar que toda la Biblia es espíritu. Cuando lo tocamos con nuestro espíritu, tocamos los detalles profundos y preciosos de la Biblia. No solamente debemos ver relatos y doctrinas en la Palabra, sino que también debemos tocar con nuestro espíritu el espíritu que yace detrás de cada porción de la Biblia.

2. Pablo se da a conocer en 2 Corintios

Entre las epístolas de Pablo, la segunda epístola a los Corintios se destaca como el libro que revela el espíritu de Pablo más que ninguna otra de sus epístolas. Otras epístolas nos hablan de las revelaciones que él recibió y de su ministerio, pero ésta nos revela su persona y nos muestra la riqueza, la pureza y la mansedumbre de su espíritu. El fue malentendido por los corintios más que por los demás. Los corintios se atrevían a hablar sin ninguna restricción acerca de Pablo. A pesar de todo, hallamos claridad y pureza en el espíritu de lo que Pablo les comunicó. Podemos decir que el espíritu de Pablo pudo liberarse más por causa de la confusión de los corintios que por las pruebas que él pasó en los últimos capítulos de Hechos. Si leemos 2 Corintios detenidamente, no solamente entenderemos los pensamientos de Pablo, sino también su espíritu. Observaremos que cuando reprendía, su espíritu no era perturbado. Solamente quienes están llenos de amor pueden reprender a otros. Si nuestro espíritu no se compagina con el que Pablo expresa en 2 Corintios, tomaremos su jactancia ante los corintios como una especie de queja. Pero tenemos que darnos cuenta de que aunque sus palabras parecen ser las mismas, el espíritu es totalmente diferente. Dos personas pueden decir la misma cosa y tener la misma intención; inclusive, pueden usar las mismas palabras; sin embargo, sus espíritus pueden ser muy diferentes.

Solamente mencionamos estos dos ejemplos. En todos los pasajes de Biblia podemos detectar el espíritu que contienen; algunos lo expresan más claramente que otros. Nosotros podemos hacer dos cosas: dejar de leer la Biblia o conducir nuestro espíritu al nivel del espíritu de la Biblia. Moisés pasó por muchas pruebas. Si no entramos en el espíritu de dichas pruebas, no entenderemos esos pasajes. El libro de los Salmos es mucho más profundo que el libro de Jeremías. Si nuestro espíritu no armoniza con el espíritu de los salmos, no los entenderemos. Lo mismo sucede con el Nuevo Testamento. Si nuestro espíritu no llega a ser compatible con el espíritu de los libros del Nuevo Testamento, no los podremos entender. Por consiguiente, tenemos que aprender algunas lecciones básicas. Tenemos que ser personas espirituales para poder leer la Biblia. Debemos consagrarnos, y no ser subjetivos, descuidados ni curiosos. Debemos tener la impresión de los hechos narrados y entrar en los pensamientos del Espíritu Santo. Además, nuestro espíritu debe estar al nivel de lo que leemos, y debemos permitir que el Señor nos quebrante, hasta el punto en que podamos identificarnos con el espíritu que se halla detrás de cada porción de la Palabra. Necesitamos esta clase de espíritu para entender la Palabra de Dios. Si no tocamos el espíritu, solo veremos la letra, y es posible que interpretemos erróneamente la Palabra de Dios o que distorsionemos el significado. Cuando un padre habla a sus hijos, éstos deben tocar el espíritu de las palabras de su padre; de lo contrario, si divulgan sus palabras, terminarán diciendo algo totalmente diferente. Hay un espíritu detrás de las palabras de la Biblia. Si pasamos por alto este espíritu, no comprenderemos el sentir ni el motivo que está detrás de las palabras, y correremos el riesgo de perder completamente el significado. Permítanme repetir: Si uno no ha sido quebrantado por el Señor, tendrá mucha dificultad para leer la Biblia. Recordemos que debemos estudiar la Palabra permitiendo que Dios quebrante nuestro ser.

W. Nee

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Nuestro proposito no es comunicar conocimiento, ni métodos bíblicos a los santos, sino ayudar a los que ya siguen al Señor y caminan en esta senda con el objeto de avanzar.
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El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
Ciertamente hay un camino solitario para los que buscan andar con Dios. Pero cuando andemos con el Señor, vamos a encontrar compañia en otros que tambien conocieron el rechazo y el sufrimiento cuando  anduvieron con Dios, y aprendieron sus caminos


#615 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Vie, 14 de Ago, 2009 2:03 am
Asunto: METODOS PARA ESTUDIAR LA BIBLIA
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METODOS PARA ESTUDIAR LA BIBLIA

En la lección anterior nos centramos en la persona que estudia la Biblia. Vayamos ahora al método que se debe emplear en el estudio de Biblia. Para estudiar la Biblia, no solamente debemos ser personas rectas, sino que también debemos usar los métodos correctos. Examinemos en tres categorías en qué consiste el método. Primero, veremos la llaves para estudiar la Biblia; en segundo lugar, examinaremos la práctica; y por último, diseñaremos el plan de ataque.

CAPITULO TRES

LLAVES PARA ESTUDIAR LA BIBLIA

I. ESCUDRIÑAR

Juan 5:39 dice: "Escudriñad las Escrituras". Hechos 17:11 dice: "Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra ... escudriñando cada día las Escrituras..." Lo primero que debemos hacer cuando estudiamos la Biblia es escudriñarla. Escudriñar significa indagar. Es decir, si queremos extraer algo de la Biblia, tenemos que examinar las Escrituras. Debemos hacer como cuando buscamos en nuestro armario una prenda de vestir que se nos ha perdido. Sacamos muchas cosas con el propósito de hallar una sola. Entre las muchas palabras que Dios ha hablado, hay una que necesitamos en ese preciso momento. Hay una palabra que nos va a ayudar espiritualmente en ese momento particular y en esa ocasión particular. Puede ser que hayamos recibido una revelación, y necesitemos hallar el pasaje que la expresa y la explica en las Escrituras. Para encontrar estas cosas, tenemos que escudriñar toda la Palabra de Dios. Debemos acercarnos a la Biblia con una mente escudriñadora. Escudriñar significa leer deliberadamente y dedicar tiempo a la lectura. Tenemos que estudiar cada pasaje hasta que lo entendamos. Mientras leemos debemos preguntarnos: "¿Cuándo fue escrito esto? ¿Quién lo escribió? ¿A quién está dirigido? ¿En qué circunstancias se escribió? ¿Qué sentimiento hay detrás de este pasaje? ¿Por qué y para qué se escribió?" Debemos hacernos estas preguntas una por una, buscar la respuesta cuidadosamente y no detenernos hasta encontrar lo que buscamos.

Muchas veces, para contestar una pregunta, tenemos que buscar tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, elementos relacionados con el tema. Debemos examinar cuidadosamente toda la Biblia para que no perdamos nada importante. Algunas veces sabemos lo que buscamos en la Palabra de Dios, pero otras veces no; quizá en un estudio sólo busquemos una cosa, pero en otro tal vez busquemos muchas. Al escudriñar tenemos que ser extremadamente cuidadosos y meticulosos. No debemos permitir que una sola palabra o frase se nos escape. Tengamos presente que la Biblia es dada por el aliento de Dios (2 Ti. 3:16). Esto significa que cada palabra y frase es la palabra de Dios y está llena de vida. Tenemos que dedicar toda nuestra atención al leerla.

Se necesita paciencia para leer la Biblia. Si no entendemos algo, debemos regresar una segunda vez y leerlo hasta que entendamos lo que dice. Si Dios nos alumbra y abre nuestros ojos la primera vez, debemos darle las gracias por eso, pero si no nos ilumina ni abre nuestros ojos la primera vez, debemos regresar al pasaje en cuestión y estudiar cuidadosamente por segunda, tercera o centésima vez. Si encontramos algo en la Biblia que no entendemos, no debemos preocuparnos ni es necesario que nos forcemos mentalmente para comprenderlo. Tampoco necesitamos exigir que se nos dé luz. Lo que proviene de la cabeza no produce un "amén" en el espíritu. Las doctrinas que la mente formula son rechazadas por el espíritu. No debemos estudiar la Palabra de Dios valiéndonos de nuestro intelecto. Debemos ser pacientes y escudriñar con mucho detenimiento. Cuando llega el momento de Dios, El nos muestra algo.

Muchas personas cometen el gran error de no escudriñar las Escrituras por sí mismas. No debemos buscar siempre la ayuda de los demás, pues así descuidamos la lectura de la Biblia por nuestra cuenta. Por una parte, no menospreciamos las profecías, pues necesitamos la edificación de los profetas tanto como la de los demás ministerios, pero por otra, tenemos que estudiar la Biblia por nuestra cuenta. No podemos limitarnos a recibir la ayuda de los demás sin leer nosotros mismos.

II. MEMORIZAR

Pablo les dijo a los colosenses: "La palabra de Cristo more ricamente en vosotros en toda sabiduría" (Col. 3:16). Para que la palabra de Cristo more en nosotros ricamente, debemos por lo menos memorizar las Escrituras. Por supuesto, la memorización sola no hace que la Palabra de Dios more en nosotros, pero podemos decir que si uno no memoriza la Biblia, no será posible que ésta more en uno ricamente. Si simplemente memoriza las Escrituras, pero no abre el corazón a Dios y no es sumiso ni manso, dicha memorización no hará que la Palabra de Dios more en su corazón. Por otro lado, si una persona piensa que no necesita memorizar la Palabra de Dios y que basta con ser mansa, sumisa y abierta a Dios, tampoco hará que la Palabra de Dios more en su corazón.

Al dirigirse a los efesios, Pablo les dijo: "Recuerden las palabras del Señor Jesús que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir" (Hch. 20:35). Para recordar las palabras del Señor, tenemos que memorizarlas. Si no la memorizamos, no nos será posible recordarla. El Señor Jesús memorizó las Escrituras cuando estuvo en la tierra. El pudo citar las palabras de Deutoronomio cuando fue tentado por Satanás (Mt. 4:1-10). Cuando entró en la sinagoga de Nazaret, pudo abrir el libro de Isaías y proclamar los mandamientos y la comisión que El había recibido de Dios (Lc. 4:16-21) Esto nos muestra que nuestro Señor conocía las Escrituras. Por esta razón tenemos que ser mucho más diligentes en el estudio y la memorización de la Palabra. Si no la memorizamos olvidaremos lo que leemos, y cosecharemos pocos resultados. Especialmente los jóvenes deberían tratar de memorizarla y recitarla después de leerla con una mente escudriñadora. Debemos dedicar tiempo durante los primeros años de nuestra vida cristiana a la memorización de las Escrituras. Hay muchos pasajes de la Palabra que debemos memorizar, como por ejemplo: el salmo 23, el salmo 91, Mateo 5-7, Juan 15, Lucas 15, 1 Corintios 13, Romanos 2-3 y Apocalipsis 2-3. Quienes tienen una buena memoria pueden memorizar más de diez versículos al día, y quienes no, pueden memorizar por lo menos un versículo por día. Todo lo que tenemos que hacer es dedicar cinco o diez minutos al día para estudiar un versículo, escudriñarlo y memorizarlo. En unos seis meses habremos terminado un libro como Gálatas o Efesios. Filipenses se puede concluir en cuatro meses, y Hebreos en diez meses. Los evangelios requerirán más tiempo. El evangelio de Juan se puede memorizar en dieciocho meses. Si los hermanos y hermanas jóvenes estudian la Biblia diligentemente desde el comienzo de su vida cristiana y memorizan por lo menos un versículo por día, podrían recitar los versículos más importantes del Nuevo Testamento en cuatro años. Nos dirigimos a aquellos que tienen mala memoria. Quienes tienen mejor memoria pueden hacer más. Pero aun los que tienen mala memoria pueden memorizar un versículo al día durante los primeros cuatro años de su vida cristiana. Si hacen esto, establecerán un cimiento sólido para sí mismos en su entendimiento del Nuevo Testamento.

Si nuestro corazón está abierto a Dios y somos mansos y si nuestra mente está puesta constantemente en la Palabra del Señor, nos será muy fácil memorizar las Escrituras. Si aprovechamos cada oportunidad para memorizar las Escrituras, la palabra de Cristo morará ricamente en nosotros. Si no permitimos que las Escrituras moren en nuestro corazón, será muy difícil que el Espíritu Santo nos hable. Siempre que Dios nos concede una revelación, lo hace usando la Biblia. Si no memorizamos las Escrituras, será muy difícil que la revelación de Dios llegue a nosotros. Por esta razón debemos mantener la Palabra de Dios en nuestra mente siempre. Memorizar las Escrituras no tiene como único fin grabarlas en la memoria, ya que también deseamos que establezcan el cimiento que nos permita recibir revelación. Si memorizamos con frecuencia las Escrituras, podremos fácilmente recibir revelación e iluminación, y el Espíritu Santo podrá hablarle a nuestro espíritu. Por esta razón tenemos que dedicar tiempo para memorizar la Palabra, no sólo bosquejos, sino el texto mismo. Tenemos que memorizar con exactitud y esmero.

Además de los pasajes cruciales que mencionamos, debemos reunir otros pasajes importantes y memorizarlos en conjunto. Por ejemplo: el recorrido que hicieron los israelitas contiene información muy importante; el viaje que Eliseo hizo cuando siguió a Elías, el viaje que se relaciona con la predicación de Pedro, y los viajes que hizo Pablo para predicar el evangelio, también son importantes. Es bueno memorizar todos estos hechos. Si podemos recordar la cantidad de lugares de Judea y de Galilea donde el Señor Jesús estuvo, tendremos una idea más clara de la obra del Señor en conjunto, según se narra en los Evangelios. La obra del Señor se divide en dos secciones, la primera la llevó a cabo en Judea, y la segunda, en Galilea. También es necesario dedicar tiempo para memorizar las siete fiestas y las seis ofrendas de Levítico. Estas son verdades básicas. Una vez que las memoricemos, veremos las riquezas que contiene la Palabra de Dios. Sería bueno memorizar las dos oraciones de Pablo en Efesios y las diez alusiones al Espíritu Santo en dicho libro. Podemos encontrar versículos similares a éstos en toda la Biblia, y sería muy provechoso memorizarlos todos. Si hallamos un pasaje crucial, debemos memorizar todo el capítulo. Si hay algunos versículos aislados, los debemos memorizar. También tenemos que memorizar la secuencia de los sesenta y seis libros de la Biblia.

III. COMPARAR

Escudriñar y memorizar no es suficiente. Tenemos que unir pasajes de la Palabra y compararlos.

En 1 Corintios 2 Pablo habla de las cosas espirituales y el hombre espiritual. Si comparamos el hombre espiritual con las cosas espirituales, notaremos algo.

Salmos 36:9 dice: "En tu luz veremos la luz". No es suficiente tener una sola clase de luz. Necesitamos dos clases de luz. De hecho, una luz nos guía a la otra. La luz complementa la luz de la Biblia.

En 2 Pedro 1:20 dice: "Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada". Fácilmente podríamos entender en este versículo que el hombre no debe interpretar las profecías. Pero según la gramática de lo dicho por Pedro, la profecía tiene su propia interpretación. El contraste está entre la interpretación de la Escritura y la interpretación del hombre. Si este versículo indicase que ninguna profecía debe ser interpretada por el hombre, Pedro habría sido muy elemental, porque los cristianos en general saben que la profecía de Dios no se puede interpretar con las ideas del hombre. Habría sido innecesario afirmar tal cosa. Pedro no se refería a eso. La expresión interpretación privada se refiere a una interpretación del texto de forma aislada. Cuando Pedro dijo que ninguna profecía podía ser interpretada de manera privada, quería decir que toda profecía tiene un significado que armoniza con el contexto. Sin embargo, toda la palabra de Dios no se encuentra en un solo texto. En uno de los profetas se nos dice que la Palabra de Dios es dada "un poquito allí, otro poquito allá" (Is. 28:13). Por consiguiente, ningún estudiante de la Biblia debe interpretar un pasaje aislado, pues eso es una interpretación privada. Cuando leemos Daniel 9, no debemos interpretarlo exclusivamente según Daniel 9. Al leer Apocalipsis 13, no deberíamos interpretarlo según Apocalipsis 13. Si interpretamos estos dos capítulos separados de sus contextos, les daremos una interpretación privada, y estaremos violando el principio de la interpretación profética.

Dios nos muestra el principio de que al leer, debemos comparar un pasaje de las Escrituras con otros pasajes. No podemos basar nuestra interpretación solamente en el texto que leamos. Cuando abordamos una enseñanza bíblica, es muy importante que busquemos las explicaciones de esa enseñanza en otros pasajes de la Biblia. Muchas herejías que han surgido en la cristiandad son el resultado de aferrarse a uno o dos versículos de la Biblia sin compararlos con otros pasajes afines. Satanás también citó las Escrituras, pero las citó con el fin de tentar al hombre. Debemos recordar que cuanto más comparamos, menos expuestos estaremos a interpretaciones privadas. Es más seguro si comparamos un versículo con otros diez. Si sólo encontramos cinco versículos, está bien, pero sería mejor encontrar diez versículos. Cuanto más comparaciones hagamos, mejor. Si sólo hay un versículo que dice algo, debemos ser muy cuidadosos, pues no podemos edificar algo grande sobre un caso aislado. De hacerlo, encontraremos problemas. No es muy confiable basar toda una enseñanza en un solo versículo. Cuando leemos la Biblia tenemos que hacer comparaciones. No podemos interpretar nada apoyados en el texto de un solo pasaje. Debemos tener la confirmación de otros pasajes.

Por ejemplo, Apocalipsis 19 dice que cuando el Señor descienda desde los cielos para pelear la batalla, eliminará a todos Sus enemigos con la espada de Su boca. Si interpretamos este versículo solo, concluiremos que de la boca del Señor sale una espada, y podríamos afirmar que dicha espada es rápida, aguda y resplandeciente. Si comprendemos que ninguna escritura tiene su interpretación privada, inmediatamente buscaremos qué significa la espada aguda, y en Efesios 6:17 descubriremos que la espada aguda es la Palabra de Dios.

¿Quiénes son las diez vírgenes mencionadas en Mateo 25? Cuando leemos 2 Corintios 11:2 vemos que son la iglesia. (En 2 Corintios, virgen está en singular y se refiriere a la única iglesia. En Mateo encontramos diez vírgenes, lo cual alude a la responsabilidad de los individuos delante del Señor. El número diez se obtiene al multiplicar dos por cinco, y el número cinco simboliza la responsabilidad del hombre ante Dios). Una lectura comparativa puede darnos mucha luz.

También es muy útil comparar el Antiguo Testamento con el Nuevo. Si comparamos el alcance de las palabras de Dios en el Antiguo Testamento con el alcance de Sus palabras en el Nuevo, veremos que la Palabra de Dios y Su revelación es progresiva. Algunas enseñanzas se encuentran tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo. Por ejemplo, sin el libro de Daniel, no se podría entender el Apocalipsis; pero al compararlos, vemos que Apocalipsis es más avanzado que Daniel. También podemos comparar Apocalipsis 2 y 3 con Mateo 13; Apocalipsis 4 y 5 con Filipenses 2; y Apocalipsis 6 con Mateo 24. También podemos comparar los últimos capítulos de Apocalipsis con Daniel. Cuando comparamos estos pasajes e interpretamos uno basándonos en el otro, veremos muchas cosas que no habíamos visto.

Podemos comparar los cuatro evangelios. Algunas narraciones constan en los cuatro evangelios, mientras que otras no se mencionan en ninguno de ellos. Cada caso tiene mucho significado. Por ejemplo, Mateo sólo habla de la resurrección del Señor Jesús y no menciona la ascensión. Marcos sí habla de la ascensión del Señor. Lucas habla de la ascensión del Señor y del advenimiento del Espíritu Santo. Juan no dice nada acerca de la ascensión del Señor, pero sí habla de Su venida. Los cuatro evangelios finalizan de diferente manera. Tenemos que preguntarnos por qué hay estas diferencias. Si buscamos la respuesta, descubriremos algo. Mateo nos dice que el Señor es eternamente el Rey de la tierra; por eso no dice nada de la ascensión. Marcos habla del Señor como el siervo que Dios envió y que regresa a Dios; por consiguiente habla de la ascensión. Lucas habla del hombre glorificado y por eso incluye la ascensión y la venida del Espíritu Santo. Juan dice que el Señor es el Unigénito que todavía está en los cielos en el seno del Padre; por consiguiente, no habla de la ascensión. Cada libro tiene sus propias características, y sólo las podemos encontrar al hacer la comparación.

IV. MEDITAR

Tanto Josué 1:8 como Salmos 1:2 dicen que debemos meditar y permanecer continuamente en la Palabra del Señor. En nuestra vida cotidiana (como por ejemplo, cuando no estamos leyendo la Biblia), debemos meditar en la Palabra del Señor. Debemos aprender a moldear nuestros pensamientos de acuerdo a los pensamientos de la Biblia. Debemos meditar cuando estemos leyendo la Palabra y cuando no lo estemos haciendo. Romanos 8:6 habla de "la mente puesta en el espíritu". Esto indica que debemos pensar en el espíritu, poner nuestra mente en el espíritu y mantenerla ahí. Este versículo significa que no sólo debemos poner nuestra mente en el espíritu, sino que también debemos tener la mente del espíritu. No basta con concentrarnos en el espíritu, sino que debemos tener una concentración que sea del espíritu. Es decir, cada vez que nuestra mente se vuelva, debe volverse a la Palabra de Dios. No importa cuáles sean las circunstancias, nuestra mente debe mantenerse fija en la Palabra de Dios. No me refiero a un esfuerzo artificial por recordar, sino a una meditación espontánea. Por lo general, nuestra mente debe estar puesta en la Palabra continuamente, no solamente cuando estamos pensando en ella. Debemos acudir a la Palabra de Dios de una manera espontánea.

Nuestra meditación tiene dos aspectos. Por una parte, meditamos cuando leemos la Biblia; por otra, meditamos continuamente. Cuando estamos leyendo la Biblia, nuestra mente debe meditar en la Palabra de Dios, y cuando no lo hacemos, también debemos estar activamente usando una mente adiestrada. No tenemos que forzarnos a pensar en las Escrituras. El Espíritu Santo dirigirá nuestros pensamientos en esta dirección, lo cual se convertirá en parte de nuestro hábito. Cuando desarrollemos tal hábito, llegaremos a ser ricos en el Señor.

W. Nee

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El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
Ciertamente hay un camino solitario para los que buscan andar con Dios. Pero cuando andemos con el Señor, vamos a encontrar compañia en otros que tambien conocieron el rechazo y el sufrimiento cuando  anduvieron con Dios, y aprendieron sus caminos


#614 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Lun, 20 de Jul, 2009 7:17 am
Asunto: Apartado para el evangelio de Dios semana 11
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Apartado para el evangelio de Dios

Semana 11--- Espíritu, alma y cuerpo son vida

Lunes --- Leer con oración: Ro 7:24-25; 8:1; Ef 2:1-2

""¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro" (Ro 7:24-25a)

LA DESESPERACIÓN DEL HOMBRE BAJO LA LEY DEL PECADO Y DE LA MUERTE

El apóstol Pablo describe en Romanos 7 su experiencia antes de ser salvo, y nos muestra su lucha por hacer el bien a fin de agradar a Dios. Él dice con respecto al hombre interior que se deleita en la ley de Dios (v. 22). La parte buena del alma del hombre se deleita en agradar a Dios, sin embargo, por la experiencia, sabemos que antes de que cometamos alguna acción pecaminosa con el cuerpo, es el alma la que nos conduce a pecar por haber sido contaminada por la naturaleza maligna.

Después de haber creado al hombre, Dios lo puso en el huerto de Edén para que lo cultivara y guardara; además, le dio esta orden: "De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás" (Gn 2:16b-17). Después que Eva vio que el árbol del conocimiento del bien y del mal era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido (3:6). De esta manera ellos fueron afectados primeramente en el alma y desobedecieron a Dios. Por la desobediencia de Adán, el pecado entró en el mundo y, por el pecado, la muerte pasó a todos los hombres (Ro 5:12).

Basados en esto, Pablo describe en Efesios 2:1 nuestra situación antes de que obtuviéramos la vida de Dios: "Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia" (vs. 1-2). La expresión "el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia", indica que hay fuerzas malignas que actúan en el alma, específicamente en la mente humana, que lleva a los hombres a cometer todo tipo de pecados.

El problema no está simplemente en la carne humana, sino en el alma del hombre, a la cual le gusta pecar. A veces, cuando vemos a un hermano caer en pecado, podemos decir que esto se debió porque dio lugar a la carne; sin embargo, no nos damos cuenta que es la vida del alma del hombre, que es influenciada por el espíritu que opera en los hijos de desobediencia, que lo lleva a pecar. Nuestra alma se deleita tanto en las cosas de Dios como en las cosas del pecado, por eso nos lleva a pecar por medio del cuerpo. Incluso nosotros, que ya creímos en Cristo y recibimos Su vida, no estamos exentos de ser engañados por nuestra alma caída.

Pablo, al experimentar la lucha que había dentro de sí, exclamó: "¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?" (Ro 7:24). Pero con un grito de victoria exclamó: "Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado" (v. 25). Jesucristo, como el Hijo del Hombre, murió en la cruz por nosotros y, por el derramamiento de Su sangre, nuestros pecados fueron perdonados. Por tanto, ya no estamos más bajo ninguna condenación, porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús nos libró de la ley del pecado y de la muerte. Cuando creímos en la redención del Señor Jesús, Cristo, como el Espíritu vivificante, entró en nosotros, y recibimos una ley que es poderosa para librarnos de la ley del pecado y de la muerte. Solamente una ley puede abrogar otra ley. A partir de mañana veremos un poco más sobre este asunto a fin de comprender mejor cómo nuestro espíritu, alma y cuerpo pueden obtener vida por medio del Espíritu.

Punto Clave: Recibimos una ley que es poderosa para librarnos.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Cuáles fueron las consecuencias de la caída del hombre presentadas en la porción de la lectura de hoy?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 11 --- Espíritu, alma y cuerpo son vida

Martes --- Leer con oración: Ro 5:12; 7:25b; 8:2-5

"Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca" (1 Jn 5:18)

EL PODER LIBERTADOR DE LA LEY DEL ESPÍRITU DE VIDA

Después de describir la lastimosa situación del hombre, que desea hacer la voluntad de Dios, pero sólo logra hacer el mal, Pablo expone las dos leyes en Romanos 8:2, la ley del pecado y de la muerte y la ley del Espíritu de vida.

Como el pecado entró al mundo por un hombre, Adán, así todos llegaron a ser pecadores, y la muerte entró en la humanidad (5:12). La vida de Dios estaba en el árbol de la vida, pero la naturaleza de Satanás estaba en el árbol del conocimiento del bien y del mal. Así que, cuando Adán comió de este último árbol, todo su ser fue corrompido y sus acciones pasaron a ser controladas totalmente por su alma caída. El alma humana se debilitó para las cosas de Dios, pero se fortaleció para llevar al hombre a pecar.

Pablo nos describe bien esa situación: "Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado" (7:25b). Esta es la ley del pecado y de la muerte. La ley aquí equivale a un principio, una regla rígida, como la ley de la gravedad. Es por causa de ésta que todo cuerpo que pesa más que el aire cae, a menos que sea sostenido por una fuerza por lo menos equivalente a su peso. De la misma manera, la ley del pecado y de la muerte nos oprimía y no nos daba elección que no fuera la de vivir bajo su yugo, aunque detestáramos hacer lo que ella determinaba.

Pero gracias a Dios, pues nos fue dada otra ley, la ley del Espíritu de vida, que nos libró de la ley del pecado y de la muerte. Solamente una ley puede abrogar otra ley, y fue exactamente esto lo que Dios hizo para salvarnos.

Después de creer en Cristo, la ley del Espíritu de vida entró en nosotros y nos dio vida, la vida más elevada: la vida de Dios. ¡Aleluya! En Cristo, fuimos librados de la ley del pecado y de la muerte y quedamos exentos de cualquier condenación, pues la sangre de Jesús, el Hijo de Dios, nos limpió de todo pecado. ¡Alabado sea el Señor! Cuando estamos en Cristo, esta ley de vida opera en nosotros y nos libra, por eso es tan importante que estemos, en cada momento, en Cristo Jesús.

En 1 Juan 5 está escrito que la vida divina, que entró en nosotros cuando creímos, es una vida que no peca, sino que actúa exactamente como una ley. Así como el agua y el aceite no se mezclan, la vida divina, además de no tener nada que ver con el pecado, tampoco peca. En Cristo Jesús, recibimos el Espíritu vivificante, que posee esta poderosa ley, la ley del Espíritu de vida, para librarnos de todo pecado. Esto es retratado en Romanos 8:3-4: "Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu". ¡Aleluya!

Así como Adán y Eva pudieron escoger entre comer del árbol de la vida o del árbol del conocimiento del bien y del mal, hoy también nos fue dado a nosotros el libre albedrío. Podemos escoger vivir por la ley del pecado y de la muerte, que produce las terribles obras de la carne (Gá 5:19-21), o por la ley del Espíritu de vida, la cual hace que la vida divina se expanda de nuestro espíritu humano hacia nuestra alma y alcance incluso nuestro cuerpo mortal, convirtiendo todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo, en vida (Ro 8:11). ¡Gracias a Dios!

Punto Clave: La ley del Espíritu de vida es poderosa para librarnos.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Usted recuerda alguna situación en la que la ley del Espíritu de vida le ha dado libertad sobre algún aspecto del pecado? ¿Puede describirla?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 11 --- Espíritu, alma y cuerpo son vida

Miércoles --- Leer con oración: Gá 5:16-19

"Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne" (Gá 5:16)

ESTAR EN CRISTO PARA QUE LA LEY DEL ESPÍRITU DE VIDA PUEDA OPERAR

Siempre que estamos en el espíritu, la ley del Espíritu de vida nos libra de la ley del pecado y de la muerte. Gálatas 5:16-17 afirma: "Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis". Si estamos en el espíritu, cuando los deseos de la carne nos tientan, el Espíritu que está en nosotros los vence, pues, si somos guiados por el Espíritu, no estamos bajo la ley (cfr. v. 18).

Pablo además prosigue: "Y manifiestas son las obras de la carne, que son: fornicación, inmundicia, lascivia" (v. 19). Estas tres obras de la carne están ligadas entre sí y relacionadas con el adulterio. Cuando Dios dio la ley a Moisés, los Diez mandamientos, prohibió el adulterio (Ex 20:14). A pesar de esta prohibición, siempre que los hombres y las mujeres no están en el Espíritu, están sujetos a caer en la lascivia. Fue por esa razón que Pablo habló sobre las obras de la carne a los gálatas, que eran creyentes en Cristo Jesús, mencionando en primer lugar a la fornicación. Los gálatas se habían desviado de Cristo y estaban intentando perfeccionarse en la carne. Ellos habían abandonado la ley del Espíritu de vida, sin la cual indefectiblemente caerían en el pecado.

Dios consideraba al pueblo de Israel como Su esposa en la era del Antiguo Testamento (Is 54:5). La Bíblia registra que, en diversas ocasiones, Dios se airó contra Su pueblo, pues ellos se habían vuelto a los ídolos. Él consideraba esa actitud semejante a la infidelidad de una mujer a su marido. Es por eso que Dios detesta la fornicación, el adulterio. Hoy, en la era del Nuevo Testamento, la era de la iglesia, Dios nos considera Su esposa. Tenemos un solo marido, que es Dios. Si tenemos algún otro amor que sea más grande que el amor que tenemos por Él, esto es adulterio a Sus ojos y se convierte en un ídolo, puesto que toma el lugar de Dios.

Hoy buscamos el crecimiento de vida para ser libres de pecar, especialmente de los pecados groseros que están relacionados a la fornicación y la lascivia. No es por esforzarnos en resistir al pecado que lo derrotaremos, sino por el contrario, la única manera de ser victoriosos es estar en Cristo y vivir por la ley del Espíritu de vida, pues sólo ella nos libra de la ley del pecado y de la muerte. ¡Jesús es el Señor!

Punto Clave: Fuera del Espíritu somos capaces de cometer cualquier tipo de pecado.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Por qué tener sólo conciencia del pecado no es suficiente para que lo venzamos?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 11 --- Espíritu, alma y cuerpo son vida

Jueves --- Leer con oración: 1 Co 5:2-7; Gá 5:19-21; 1 Jn 5:18

"Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros" (1 Co 5:7)

LA IGLESIA ES SANTA

Ayer hablamos sobre la lucha espiritual que existe entre la ley del pecado y de la muerte, y la ley del Espíritu de vida. Si no estamos en el espíritu, donde el Espíritu de Dios mora, seremos subyugados por la ley del pecado y de la muerte, e incluso podemos ser llevados a cometer los mismos pecados groseros y comunes que las personas del mundo cometen, como el adulterio o la fornicación. Pero, si por el contrario, estamos en Cristo, seremos fortalecidos por la ley del Espíritu de vida y así podremos ser libres de pecar. En Cristo Jesús, en el Espíritu de vida, tenemos una vida que odia al pecado. Así, somos guardados de producir las obras de la carne, pues sabemos que todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca (1 Jn 5:18).

La vida divina que entró en nosotros tiene la fuerza de una ley. Ya hemos visto que las leyes son muy fuertes, y todos los que son regidos por ellas están obligados a cumplirlas, y no pueden escapar de su alcance. Así también es la ley del Espíritu de vida que recibimos al creer. Cada vez que estamos en el espíritu, donde el Espíritu de Dios mora, estamos bajo la ley del Espíritu de vida, que es poderosa e inmutable, somos guardados del pecar y de realizar las obras de la carne descritas en Gálatas 5:19-21.

Pablo al escribir su primera epístola a los corintios, relata el caso de un hermano que cometió un pecado gravísimo, osó poseer a la mujer de su propio padre, es decir, a su madrastra (5:1). Sin embargo, aunque la iglesia sabía de este hecho no trató adecuadamente con el problema, por eso Pablo registra su indignación: "Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción?" (v. 2).

Después de reprender a los hermanos de Corinto, en realidad, ésta fue una reprensión dirigida principalmente a los ancianos, el apóstol decidió tratar personalmente este asunto, aun sin estar presente, escribió: "Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús" (vs. 3-5). La indignación de Pablo nos sirve de ejemplo. Él sabía que la iglesia es santa y debe estar llena de justicia, por eso no puede ser contaminada por aquel tipo de situación.

Entonces, Pablo determinó que la carne del hermano pecador sea destruida a fin de que su espíritu fuera salvo para pasar por el juicio en el día del Señor. Él dio un veredicto con peso debido a que el problema era muy grave, además, porque los hermanos de la iglesia no habían tomado ninguna medida con relación a esto, continuó: "No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros" (vs. 6-7).

Pablo mostró que la actitud de aquel hermano era como un poco de levadura colocada en medio de la masa. Si comparamos a la iglesia con un pan sin levadura, sabemos que la levadura se expande con gran rapidez. Por tanto, la actitud drástica de Pablo era para mostrarles que si no retiraban a aquella persona de en medio de ellos, luego serían contaminados otros hermanos.

Sin embargo, todo este asunto no terminó allí. Pablo, después de escribir su epístola, envió a algunos para que la llevaran a Corinto. Luego de enviarla, no sintió tranquilidad en su interior. Mañana veremos qué fue lo que le quitó la tranquilidad a Pablo y cuáles fueron los resultados de su actitud.

Punto Clave: Tratar con el pecado con rapidez y autoridad.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Cuál debe ser la actitud de la iglesia con relación a la práctica de la inmoralidad en su medio? ¿Qué sucede si esto no es tratado adecuadamente y con rapidez?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 11 --- Espíritu, alma y cuerpo son vida

Viernes --- Leer con oración: Ex 20:14; 2 Co 2:1; 7:6, 8, 10-11b

"Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte" (2 Co 7:9)

TRATAR CON EL PECADOR BASADO EN LA LEY DEL AMOR

Frente al grave pecado de inmoralidad ocurrido en Corinto, el apóstol Pablo, que fue responsable por el surgimiento de la iglesia en aquella ciudad, les escribió dando duras determinaciones con respecto al responsable de aquella infamia. No obstante, la Biblia registra que después de enviar a algunos hermanos para entregar aquella carta a los corintios, Pablo no se sintió a gusto con la decisión que había tomado. Los capítulos 2 y 7 de Segunda a los Corintios, traen algunas aclaraciones acerca de esto, y este es el asunto que desarrollaremos hoy.

Es necesario que consideremos de antemano que Pablo era un judío, que desde pequeño había sido criado guardando la ley de Moisés. Entre los Diez Mandamientos, sabemos que hay uno que dice: "No cometerás adulterio" (Ex 20:14). La palabra registra que en cuanto a la ley Pablo era irreprensible y por eso detestaba la fornicación y el adulterio. Aquella situación en Corinto, por tanto, había sido extremamente fuerte para el apóstol y tiene que ver con la dura reacción que tuvo con relación a ella.

Sin embargo, después de escribir la primera carta, él no tuvo mucha paz y llegó hasta incluso a arrepentirse de haberla escrito (cfr. 2 Co 7:8). Después de decidir que el pecador fuera entregado a Satanás y enviar la epístola a los corintios por medio de otros hermanos, Pablo meditó si había hecho aquello según Dios, o si en vez de condenar al pecador, debió haberle dado una oportunidad de arrepentimiento. Fue esto lo que le quitó la paz y lo llevó a entristecerse, conforme a lo que escribió: "Esto, pues, determiné para conmigo, no ir otra vez a vosotros con tristeza" (2:1). Después de cierto tiempo, después de haber enviado la carta, mientras más pensaba, más triste se ponía, se cuestionaba si había procedido correctamente. Finalmente, le pidió a Tito para que fuera a Corinto para que le trajera noticias. Él hizo esto porque estaba ansioso de saber que reacción había causado su carta entre los hermanos y, qué habían hecho con relación al hermano que había pecado.

Por el relato bíblico, podemos concluir que Pablo, a medida que esperaba el regreso de Tito, se entristecía y estaba cada vez más ansioso. De Éfeso, en donde estaba, hasta llegar a Corinto, se tardaba aproximadamente dos semanas. Puesto que Tito tardaba, Pablo decidió partir hacia allá para encontrarse con él en el camino de regreso. Mientras caminaba en la dirección por donde creía que Tito vendría, Pablo llegó a Troas y allí, teniendo aún una puerta abierta para predicar el evangelio, no tuvo reposo en su espíritu por no haberlo encontrado (vs. 12-13). Esto muestra cuánto ansiaba tener noticias de los hermanos.

Pablo tenía la vida divina, cuya expresión es el amor y, al escribirles su primera epístola, aunque había decidido tratar duramente a aquel que había pecado, a fin de que el pecador no se extendiera como levadura en la masa, actuó según el gran amor que sentía por ellos (2:4). Él amaba a los hermanos de Corinto, y el amor de Dios dentro de él lo impulsaba a perdonar al pecador, darle una nueva oportunidad de arrepentimiento.

Así, habiendo salido a buscar a Tito, Pablo llegó a Macedonia y allí encontró a su colaborador (7:6), el cual le relató que la persona que había cometido aquel pecado se había arrepentido.

Pablo al escribir su segunda epístola relata parte de todo este proceso por el cual pasó. Al referirse al hermano que había cometido tal error, escribió: "Le basta a tal persona esta reprensión hecha por muchos; así que, al contrario, vosotros más bien debéis perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza. Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él" (2:6-8).

Al tratar inicialmente con esto, la preocupación de Pablo era que Satanás no se aprovechara de la situación, considerando que aquel hermano no había sido disciplinado. Esto abrió una brecha para que otros también cayeran en un pecado semejante: "Para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones" (v. 11). Aquel hermano que había pecado, era como cualquiera de nosotros, alguien proclive a pecar. Cuando somos iluminados y vemos nuestro pecado, nos arrepentimos y somos perdonados. El hermano que había pecado fue iluminado por las palabras de Pablo en la primera epístola y, por tanto, se arrepintió. Sin embargo, su arrepentimiento no fue superficial, sino un arrepentimiento cabal y profundo, lo mismo sucedió con toda la iglesia: "Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte. Porque la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte. Porque he aquí, esto mismo de que hayáis sido contristados según Dios, ¡qué solicitud produjo en vosotros, qué defensa, qué indignación, qué temor, qué ardiente afecto, qué celo, y qué vindicación! En todo os habéis mostrado limpios en el asunto" (7:9-11).

Así, aquel problema fue solucionado: el hermano confesó su pecado y fue perdonado por el Señor, por la iglesia y por el apóstol Pablo. ¡Alabado sea el Señor!

Punto Clave: Si nos arrepentimos, somos perdonados.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Cómo trata usted con un hermano que pecó?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 11 --- Espíritu, alma y cuerpo son vida

Sábado --- Leer con oración: Ro 16:17-18; 1 Co 5:7-11; Gá 5:19-21

"Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis" (Ro 8:13)

EL GRAVE PROBLEMA DEL PECADOR QUE NO SE ARREPIENTE

Ayer hablamos sobre el problema vivido por la iglesia en Corinto, cuando un hermano cometió fornicación con la mujer de su propio padre y, sobre la manera como la situación fue solucionada. Felizmente, en ese caso hubo un resultado favorable con el arrepentimiento cabal del pecador, seguido por el perdón de Dios. Sin embargo, debemos tener en cuenta que la fornicación, la inmundicia y la lascivia, son las obras más graves de la carne citadas en Gálatas 5, por eso están relacionadas y se encuentran en primer lugar.

Siguiendo el ejemplo de Pablo, así como él trató con el problema de la fornicación en Corinto, si sucediera algo semejante en medio nuestro, no debemos condenar al hermano inmediatamente. Deberá tener una oportunidad para arrepentirse. Expulsarlo, sin darle ninguna oportunidad, sería su fin, pues como la iglesia es la realidad del reino de los cielos, si alguien es expulsado de la iglesia será automáticamente expulsado del reino.

Entonces, ¿cómo la iglesia debe tratar un asunto así? Ya hemos pasado por situaciones como ésta en el pasado, cuando un hermano que era líder en una determinada ciudad cayó en este pecado. Él era médico y su profesión propiciaba muchas oportunidades de tener contacto con personas del sexo opuesto y, por ello, sucumbió ante la tentación y cometió adulterio.

Después de haber pecado, se entristeció mucho, buscó a algunos hermanos y confesó su error. Se arrepintió profundamente, llegó incluso a pensar que ya no había más esperanza para él. Cuando los hermanos me consultaron sobre este asunto, consideré que como sólo algunos hermanos sabían el problema, sería mejor no exponer públicamente aquello, dándole así una nueva oportunidad a aquel hermano, a fin de que fueran producidos frutos de arrepentimiento. Si el pecado del hermano llegara a ser público, él habría sido aislado y terminaría siendo expulsado por los demás. Así que, intentamos preservarlo en la iglesia, y fue determinado que se mantuviera en una posición menos evidente de la que antes tenía.

Lamentablemente, volvió a caer en el mismo error y, no tuvimos otra opción que aislarlo de en medio nuestro. Después, él se mudó a otra ciudad, en donde buscó tener una vida oculta delante de Dios, teniendo contacto sólo con algunos hermanos.

Quien vive en el pecado de fornicación tiene que ser aislado de en medio nuestro, pues no podemos permitir que esta "levadura" leude toda la masa. No obstante, si sucedió sólo una vez, debemos darle al menos una oportunidad para que se arrepienta, por causa del amor. Si continúa en esa práctica, no sólo será un hermano que cometió adulterio, sino que pasará a ser un adúltero o una adúltera; en este caso sí debe ser retirado de "la masa" (1 Co 5:7-11).

Por lo general, aquellos que cometen tales pecados y no tienen un arrepentimiento adecuado, cabal, terminan rebelándose contra el liderazgo de la iglesia y causan daño al Cuerpo de Cristo; hablan mal de la iglesia y difaman a los hermanos (Ro 16:17-18). Este tipo de situación debe ser tratada por los hermanos responsables de la iglesia, pues, por vivir una vida pecaminosa, tales personas, lamentablemente, se vuelven insensibles, y son capaces de cometer cualquier tipo de pecado (Gá 5:19-21).

Todo aquel que tiene el Espíritu de vida y está en Cristo Jesús no vive en el pecado. Un pecado como el que fue cometido por aquel hermano de Corinto es una obra de la carne, y esto muestra la lucha constante de la carne contra el Espíritu y del Espíritu contra la carne. Pecar o no pecar es sólo el resultado de esta lucha. Por tanto, la solución es vivir en el espíritu, donde mora el Espíritu de Dios. Si vivimos conforme a la carne, caminaremos hacia la muerte; pero si vivimos por el Espíritu de vida, venceremos la batalla y dejaremos de pecar (Ro 8:13).

Nosotros, que vivimos en el Espíritu, no sólo debemos tratar con los pecados, confesándolos cuando caemos en ellos, sino que debemos permitir que la vida divina crezca en nosotros, pues solamente la ley del Espíritu de vida nos libra del pecado y de la muerte.

Debemos andar en el Espíritu. ¿Qué Espíritu es este? Es el postrer Adán, nuestro Señor Jesucristo, que se hizo el Espíritu vivificante y entró en nosotros cuando creímos en Él, cuando invocamos Su nombre (1 Co 15:45b; Ro 8:9; Jn 20:31). De esta manera, si estamos en Cristo Jesús, estamos en el Espíritu vivificante y en Él tenemos la ley que nos libra de la ley del pecado y de la muerte.

¡Aleluya! Porque la ley del Espíritu de vida, en Cristo Jesús, nos libró de la ley del pecado y de la muerte, "Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu" (Ro 8:3-4). ¡Alabado sea el Señor!.

Punto Clave: El peligro de no arrepentirse de los pecados.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Cuál es la única manera de vencer la lucha contra la carne y por qué?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 11 --- Espíritu, alma y cuerpo son vida

Domingo --- Leer con oración: Ro 8:5-6, 9, 11

"Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros" (Ro 8:11)

LA EXPANSIÓN DE LA VIDA DE DIOS EN LAS TRES PARTES DEL HOMBRE

De acuerdo con la Palabra , el hombre posee tres partes: espíritu, alma y cuerpo (1 Ts 5:23). La parte exterior, el cuerpo, fue hecha del polvo de la tierra. Después que Dios hizo el cuerpo de Adán, sopló en su nariz el aliento de vida, que llegó a ser el espíritu humano dentro de Adán. Cuando el espíritu fue formado, Adán llegó a ser un alma viviente. Así, el hombre pasó a tener tres partes: el cuerpo, la parte exterior, el espíritu, la parte interior, la más profunda, y el alma, que es la parte intermedia y define el "yo" de cada ser humano.

Dios hizo el espíritu del hombre como un vaso para contener al Espíritu de Dios. Así como un guante tiene la imagen de la mano a fin de que la mano entre en él, Dios creó al hombre a su imagen y semejanza para morar en el espíritu del hombre. Todas las personas, todos los seres humanos tienen un espíritu, que es el espíritu humano (Job 12:10). Al contactar con el Espíritu de Dios, el espíritu humano es llenado por Él y así obtiene la salvación.

¿Usted ya experimentó al Espíritu de Dios que entró en su espíritu? Basta sólo invocar el nombre del Señor: "¡Oh Señor Jesús!", creyendo en su corazón que Dios Lo resucitó de entre los muertos, entonces tendrá esta experiencia maravillosa.

Sin embargo, el Espíritu no sólo quiere ocupar el espíritu humano, quiere ocupar también el alma del hombre, que es la verdadera expresión de cada persona, para manifestarse en su cuerpo. Así, el Espíritu desea expandirse del espíritu del hombre a su alma para alcanzar expresión en su cuerpo.

El alma humana también tiene tres partes: mente, voluntad y emoción. Puesto que el hombre fue creado a la imagen de Dios, las tres partes de su alma también tienen relación con el Creador. La mente del hombre fue hecha para contener los pensamientos de Dios. Por ejemplo, Dios tiene un plan que existe desde antes de la fundación del mundo. En resumen, el plan de Dios es que Su reino celestial llegue a esta tierra. Esto está en la mente de Dios y debe ser puesto dentro de la mente del hombre.

Dios también tiene una voluntad, la cual era un misterio que ya nos fue revelado. Por causa de Su voluntad, Él creó en nuestra alma la voluntad humana para que podamos decidirnos por lo que Él quiere.

La emoción humana, por su parte, debe estar llena del buen placer de Dios, por causa del cual Él nos escogió antes de la fundación del mundo. Dios nos escogió y desea que nosotros siempre tengamos comunión con Él, esto es Su buen placer. Este deseo de proximidad entre Dios y el hombre debe llenar la emoción humana.

Este hombre creado a la imagen y semejanza de Dios debe recibir el trabajar divino para crecer en vida, y así, alcanzar la plena filiación, es decir, llegar a ser hijos maduros, de modo semejante al Padre celestial. A fin de que alcancemos este objetivo, el primer paso de la obra de Dios es colocar el Espíritu vivificante en nuestro espíritu humano. A partir de ese momento, el Espíritu pasa a morar en nosotros, y nuestro espíritu es salvo, obtiene la vida divina (Ro 8:9-10).

Después de esto, Él quiere proseguir ganándonos por medio de saturar nuestra alma, para que ella reciba la vida que viene del Espíritu. Veamos como sucede este proceso: "Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu" (v. 5). Según el original griego del Nuevo Testamento, la palabra piensan, en este versículo, puede ser traducida por poner la mente. Entonces, nuestra mente, es decir, nuestra alma, puede ser puesta tanto en la carne como en el Espíritu. A cada uno de nosotros le corresponde hacer la elección.

Dependiendo de la elección que hagamos, podemos obtener muerte o vida y paz (v. 6). Si ponemos nuestra mente en el Espíritu, nuestra alma será saturada por Él, y creceremos en vida: este es el camino de la salvación de nuestra alma. No obstante, si ponemos nuestra mente en la carne, experimentaremos muerte, es decir, estaremos como éramos antes de ser salvos, y no tendremos la fuerza para hacer el bien que queremos, sino el mal que no queremos.

Nuestro cuerpo, por su parte, es mortal y todavía peca, pero, ¡alabado sea el Señor por Romanos 8:11! donde leemos: "Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros". Así, hasta nuestro cuerpo mortal es vivificado cuando permitimos que el Espíritu nos sature de la vida divina.

Este es el proceso maravilloso en el cual estamos inmersos: al creer en el Señor Jesús, recibimos el Espíritu dentro de nuestro espíritu humano. Al volver nuestro corazón incesantemente al Señor, especialmente por medio de invocar Su nombre, nuestra alma es saturada por el Espíritu y crecemos en vida. Con esto, incluso nuestro cuerpo mortal pasa a expresar a Dios en sus acciones. Por el evangelio de la gracia, nuestro espíritu recibe vida. Pero, el propósito de Dios es que las tres partes de nuestro ser sean llenadas por el Espíritu y obtengan la vida divina. Este es el evangelio de la vida, por medio del cual obtendremos la salvación del espíritu, del alma y del cuerpo. ¡Aleluya!

Punto Clave: El crecimiento de la vida divina alcanza todas las partes del hombre tripartito.

Su punto clave es:

Pregunta: Explique la expansión de la vida divina en las tres partes del hombre de acuerdo con Romanos 8:11.

Dong Yu Lan

Publicacion de:

Editora "Arvore da Vida"

Disponible en: corpocri@...

Bogota Colombia

Jesus es el Señor!

La iglesia en Armenia

 

 

Nuestro proposito no es comunicar conocimiento, ni métodos bíblicos a los santos, sino ayudar a los que ya siguen al Señor y caminan en esta senda con el objeto de avanzar.
Watchman Nee
 
El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
Ciertamente hay un camino solitario para los que buscan andar con Dios. Pero cuando andemos con el Señor, vamos a encontrar compañia en otros que tambien conocieron el rechazo y el sufrimiento cuando  anduvieron con Dios, y aprendieron sus caminos


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Fecha: Mié, 22 de Jul, 2009 6:11 pm
Asunto: LA CONSAGRACION
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II. LA CONSAGRACION

A. La apertura del corazón

La Biblia es la Palabra de Dios y está llena de Su luz. Pero ésta no puede alumbrar a los que no se abren a El. En 2 Corintios 3:18 dice: "Mas, nosotros todos, a cara descubierta mirando y reflejando como un espejo la gloria del Señor". El requisito básico para ser iluminados por la gloria del Señor es mirarlo a cara descubierta. Si uno se acerca al Señor con un velo en el rostro, la gloria no lo iluminará. La luz de Dios solamente iluminará a los que están abiertos a El. Si uno no se abre a Dios, no recibirá Su luz. El problema de algunos es que están cerrados al Señor. Su espíritu, su corazón, su voluntad y su mente están cerrados para Dios. Como resultado, la luz de las Escrituras no llega a ellos. Es como el sol que es todo luz y alumbra en el mundo entero, pero su luz no llega a una persona encerrada en un cuarto cuyas puertas y ventanas están cerradas. No hay problema con la luz, sino con la ubicación de la persona. La luz solamente brilla para los que están de cara a ella. Esto es válido en cuanto a la luz física, y lo mismo sucede con la luz espiritual. Cuando nos encerramos, la luz no puede alumbrarnos. Algunas personas están cerradas al Señor y, por tanto, no pueden ver Su luz. No debemos simplemente prestar atención a la lectura y al estudio; debemos preguntarnos si estamos abiertos al Señor. Si no tenemos el rostro descubierto, la gloria del Señor no brillará en nosotros. Si nuestro corazón no se abre a Dios, El no puede darnos luz.

La luz opera de acuerdo con una ley; ella alumbra a los que están abiertos a ella, y su intensidad depende de la apertura de la persona. En caso de que todas las puertas y ventanas de un cuarto estén cerradas, si hay sólo una pequeña rendija, la luz entrará. No es difícil obtener la luz. Un hombre que se ha cerrado para con Dios puede estudiar y orar mucho, pero seguirá sin entender la Biblia. Es muy difícil que un hombre reciba luz cuando no está abierto a Dios. La luz de Dios no llega incondicionalmente. Para recibir la luz de Dios, uno debe primero satisfacer las condiciones necesarias para recibirla.

Todos los hijos de Dios tienen la Biblia , pero la luz que cada uno de ellos recibe de ella varía. Algunos ignoran por completo lo que la Biblia dice; otros reciben algo de luz al leerla, y hay otros que son llenos de luz cuando la leen. Esta diferencia se debe a que las personas que la leen son diferentes. La luz de Dios es la misma, pero las personas varían. Quienes se abren a Dios pueden entender la Biblia , pero aquellos que están cerrados no. Algunos están completamente cerrados y, como resultado, están en completa obscuridad. Otros están cerrados parcialmente y, por ende, reciben una luz parcial. Cualquier carencia de visión que experimentemos, ya sea grande o pequeña, completa o parcial, indica que estamos en tinieblas. Nunca debemos pensar que es insignificante encontrar dificultades para entender la Biblia. Si tal es el caso, eso sólo significa una cosa: ¡vivimos en tinieblas! Es un problema serio leer la Palabra de Dios sin entenderla y sin recibir luz de ella.

Podemos preguntar, entonces, ¿qué significa abrirnos a Dios? La apertura viene de una consagración incondicional y sin reservas. Abrirse a Dios no es una actitud temporal; es una disposición permanente que el hombre desarrolla delante de El. No es un actitud ocasional, sino una práctica continua. Nos abrimos a Dios como resultado de una consagración incondicional. Si la consagración de un hombre a Dios es absoluta, no tendrá reservas para con Dios ni estará cerrado. Estar cerrado en alguna medida refleja una falta de consagración. La oscuridad es el resultado de estar cerrado, lo cual, a su vez, es el resultado de no estar consagrado. Siempre que falte consagración, habrá reservas. Cuando un hombre se niega a humillarse delante de Dios en alguna área, tratará de justificarse. Como consecuencia, no podrá entender la verdad bíblica relacionada con dicha área. Tan pronto como toque esa área, tratará de esquivarla. Esta es la razón por la cual decimos que estar cerrados nos deja en la oscuridad y que es el resultado de la falta de consagración. Las tinieblas son el resultado de estar encerrado, y estar cerrado en cualquier área es el producto de la carencia de consagración y sumisión.

B. El ojo sencillo

Muchos pasajes de la Biblia hablan explícitamente de la luz. En Mateo 6:22 el Señor Jesús habla de la luz del corazón, diciendo: "La lámpara del cuerpo es el ojo". El Señor no dijo que el ojo es la luz del cuerpo, sino la lámpara del cuerpo. La luz se refiere a Dios, mientras que la lámpara se refiere a nosotros. La luz está en la Palabra de Dios, y la lámpara hace referencia a nosotros. La lámpara es portadora de la luz. En otras palabras, Dios deposita Su luz en la lámpara, y ésta difunde la luz. Para que la Palabra de Dios resplandezca en nosotros, debemos tener una lámpara dentro de nosotros. Esta lámpara es nuestro ojo. "Así que, si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas" (vs. 22-23). El Señor especifica una condición para que todo nuestro cuerpo esté lleno de luz: nuestro ojo debe ser sencillo.

¿Qué significa tener un ojo sencillo? Aunque tenemos dos ojos, ambos se enfocan en una sola cosa; solamente ven un objeto a la vez. Si puediésemos enfocar la vista en más de un objeto, tendríamos problemas visuales, y ninguno de los dos ojos tendría una vista clara. No serían sencillos. Para que los ojos puedan ver claramente, deben enfocar un solo punto; no pueden enfocar dos. La iluminación proviene de la luz, y se relaciona con los ojos. Si no hemos experimentado la gracia ni la misericordia, la luz no nos ha iluminado. Pero como recibimos gracia y misericordia, la luz nos ilumina. Si nuestro ojo no es sencillo, no puede recibir la luz. Muchas personas no tienen un ojo sencillo; no miran un solo objeto, sino que ven dos cosas a la vez. El problema no está en la luz, sino en su vista. Algunas veces ven un objeto como si fueran dos. La luz no es clara para ellos. En realidad, están en total oscuridad.

El Señor dijo: "Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o será fiel al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas" (6:24). Muchas personas no tienen luz porque su ojo no es sencillo. La razón por la cual su ojo no es sencillo es que no se han consagrado al Señor. ¿Qué es la consagración? Es servir solamente a Jehová. El hombre no puede servir a dos amos, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o será fiel a uno y menospreciará al otro; no puede servir a ambos. Nadie puede mantener tal equilibrio. Nadie puede servir al Señor por una parte, y por otra, a las riquezas. Todos los que tratan de servir a dos amos, tarde o temprano se dan cuenta de que aman a uno y aborrecen al otro. Debemos consagrarnos al Señor incondicionalmente, o serviremos a las riquezas completamente. El Señor dice que el ojo tiene que ser sencillo. Esto significa que nuestro servicio y nuestra consagración deben ser exclusivas. Una consagración completa consiste en poner la vista en un solo objeto.

Rogamos que el Señor nos muestre este principio básico. Si deseamos leer la Biblia , entender sus enseñanzas y recibir sus revelaciones, tenemos que asumir nuestra responsabilidad delante del Señor. Tenemos que consagrarnos por completo a El. Solamente esto nos dará luz en la Biblia. Si tenemos problemas con nuestra consagración, los tendremos con nuestra visión. Si uno tiene problema con la visión, significa que tiene problema con la consagración. Debemos estar plenamente convencidos de que ningún hombre puede servir a dos amos.

El otro amo es el dinero y las riquezas. Por causa del dinero, a muchos les ha sido difícil ver la luz de la Biblia. Mucha gente ha estado con un velo, sin la luz de la Palabra , por causa de las riquezas. Muchos no pueden ver la verdad contenida en la Biblia porque están muy apegados al dinero. Además de Dios, tienen al dinero, y no están dispuestos a dejar su desesperación por conseguir dinero. Se hallan en un conflicto entre la verdad y sus intereses personales. Si pudieran hacer a un lado sus intereses personales y seguir la verdad a toda costa, podrían entender claramente la Biblia. Mucha gente hace a un lado las enseñanzas de la Biblia por su apego a las riquezas. Si todos los creyentes estuvieran libres del amor a las riquezas, serían muchos más los que obedecerían a Dios. Tenemos que hacer caso a esta advertencia que Dios nos hace. Cada vez que nos descuidemos y nos volvamos un poquito a nuestros intereses privados, la luz de Dios se interrumpirá. Si queremos ver la luz, no podemos servir al dinero. No podemos tener dos intereses diferentes; no podemos servir a los intereses de Dios al mismo tiempo que a los nuestros. Solamente debemos concentrarnos en los intereses de uno solo, los de Dios. En el momento en que tenemos en cuenta nuestros intereses personales, ya tenemos dos amos, y nuestro ojo ya no es sencillo. Una persona que tiene dos motivaciones o que retenga sus intereses privados no puede estudiar la Biblia. Solamente los que tienen un ojo sencillo pueden estudiar la Biblia.

¿Cómo puede el ojo ser sencillo? El Señor dijo: "Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón" (6:21). Es asombroso que cuando tenemos control sobre las riquezas, éstas no nos perjudican sino que nos son útiles. Cuando nuestro corazón está entregado a las riquezas, amamos el dinero, y es difícil que nuestro corazón se incline a Dios. Pero si podemos gobernar nuestro tesoro, podremos gobernar nuestro corazón. Es por eso que debemos aprender a deshacernos de nuestros tesoros. El Señor dijo: "Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón". Cuando un hombre deposita sus tesoros a los pies del Señor, espontáneamente su corazón estará a Sus pies; si deposita su tesoro en los cielos, allí estará su corazón, pues donde esté nuestro tesoro, allí también estará nuestro corazón. Si todo lo que tenemos está junto a Dios, nuestro corazón espontáneamente estará con El, y nuestro ojo será sencillo.

Para entender la Biblia , necesitamos una consagración absoluta. Sin consagración, nuestro corazón no se dirige a Dios. Una característica especial de la consagración es que lleva nuestro corazón a Dios. Cuando lo ofrecemos todo a Dios, nuestro corazón irá detrás, porque nuestro tesoro fue trasladado. Hay dos clases de consagración. En una el corazón va primero, y en la otra, el corazón va en pos. Algunas personas consagran sus tesoros después de que sus corazones son conmovidos. Otras se han dado cuenta de que después de consagrar sus tesoros, sus corazones los siguen. No importa si creemos que nuestro corazón nos va a seguir o no, de todos modos, lo único que debemos hacer es consagrarnos. Todo aquello de lo cual nos asimos y que nos es más querido, debe irse primero. Estas cosas debemos dárselas en el nombre del Señor a los necesitados. Cuando regalamos nuestros bienes, nuestro corazón va al Señor y cuando todas nuestras cosas están con el Señor, nuestro ojo se vuelve sencillo.

Una vez que nuestro ojo se vuelve sencillo, puede ver con claridad, y la luz brilla en él. El Señor dijo: "Todo tu cuerpo estará lleno de luz" (v. 22). ¿Qué significa estar lleno de luz? Significa tener suficiente luz para que nuestros pies puedan andar, para que nuestras manos puedan trabajar y para que nuestra mente pueda pensar. En otras palabras, tenemos luz en todas las áreas. La luz llena nuestra parte emotiva, nuestra voluntad, nuestra mente, nuestro amor, nuestro andar y nuestra senda. Podemos verlo todo porque nuestro ojo es sencillo.

Dijimos ya que solamente el hombre espiritual puede entender la Biblia. Ahora tenemos que agregar que solamente los que se consagran pueden entender la Biblia. Si una persona no se consagra, no puede comprender bien la Biblia. Al abrirla, se encuentra con áreas que no ha consagrado, y queda en tinieblas. Cuando avance en la lectura, encontrará otros aspectos de sí misma que no ha consagrado, y de nuevo las tinieblas la envolverán. Cuando las tinieblas rodean al hombre, éste no tiene esperanza de recibir nada de Dios. El hombre debe entregarse por completo a Dios. No puede servir al Señor por una parte y esperar, por otra, seguir su propio camino. Algunas personas alegan que son sinceras en su búsqueda de la voluntad de Dios, y aún así, desconocen lo que enseña la Biblia. Dicen que no saben dónde radican sus problemas. Pero esto es sólo un pretexto; no es un hecho. El hombre se queda en su ignorancia por no tomar el camino de Dios. Si sigue con seriedad la senda del Señor, hallará el camino despejado. Aquellas personas cuyo ojo no es sencillo nunca pueden ver claramente.

W. Nee

Jesus es el Señor

La iglesia en Armenia

Cómo estudiar la Biblia

Publicado por: Living Stream Ministry

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Nuestro proposito no es comunicar conocimiento, ni métodos bíblicos a los santos, sino ayudar a los que ya siguen al Señor y caminan en esta senda con el objeto de avanzar.
Watchman Nee
 
El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
Ciertamente hay un camino solitario para los que buscan andar con Dios. Pero cuando andemos con el Señor, vamos a encontrar compañia en otros que tambien conocieron el rechazo y el sufrimiento cuando  anduvieron con Dios, y aprendieron sus caminos


#612 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Dom, 26 de Jul, 2009 1:39 pm
Asunto: Apartado para el evangelio de Dios semana 12
hgo1939@...
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Apartado para el evangelio de Dios

Semana 12--- El Espíritu del Hijo

Lunes --- Leer con oración: Ro 3:22-25; 1 Co 6:11; Tit 3:5; 1 Jn 5:11-12

"Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu filial, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!" (Ro 8:14-15)

EL ESPÍRITU DEL HIJO NOS HABILITA PARA LLAMAR A DIOS DE PADRE

La Epístola a los Romanos, donde Pablo relata que fue apartado para el evangelio de Dios, aborda el evangelio de la gracia, que dice respecto al Hijo, el cual, según la carne, provino de la descendencia de David. El Señor Jesús vino a la tierra como el Hijo del Hombre para redimirnos. Él era el único calificado para sustituirnos en la cruz, derramando Su sangre para solucionar el problema del pecado de la humanidad (Ro 1:3).

Al prestar atención al aspecto humano del Señor Jesús, vemos que Él no es cualquier persona, puesto que es descendiente de David, un gran rey de Israel (Mt 1:1). Aun siendo el descendiente de un rey, el Señor dio Su propia sangre para libertarnos y limpiarnos de nuestros pecados (Ap 1:5; Ef 1:7). Por medio de Su redención, fuimos lavados, santificados y justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios (1 Co 6:11; Tit 3:5).

Por el simple hecho de creer en Su obra redentora, la preciosa sangre del Señor nos justificó delante de Dios (Ro 3:22-25). Gracias al Señor llegamos a ser justos, es decir, fuimos ajustados a los patrones de la justicia de Dios para realizar Su voluntad. Además, ahora somos santos porque fuimos apartados por Él del mundo y puestos en una posición santa a fin de recibir continuamente el dispensar de Su naturaleza santa (1 Co 1:2).

Una vez que fuimos justificados y santificados, fuimos recobrados a la condición original en la cual el hombre había sido creado antes de la caída. Ahora podemos entrar en el "huerto de Edén" porque cumplimos las exigencias de justicia, santidad y gloria divinas. Por medio de la obra redentora de Cristo, tenemos las credenciales para tener acceso al verdadero árbol de la vida, que es Cristo, pues fuimos reconciliados con Dios. Ahora estamos aptos para comer del árbol de la vida, es decir, para disfrutar de la vida divina diariamente.

El fruto del árbol de la vida es para nuestro crecimiento de vida. Al comer del árbol de la vida, nos convertimos en hijos de Dios, porque la vida de Dios, que está en Su Hijo, entró en nosotros (1 Jn 5:11-12). Él también nos dio el Espíritu del Hijo, el cual, además de testificar a nuestro espíritu que somos hijos de Dios, nos lleva a clamar "Abba, Padre" (Gá 4:6; Ro 8:14-15). Sin embargo, ahora necesitamos continuamente comer del fruto del árbol de la vida para que crezcamos y maduremos.

No obstante, nosotros como creyentes en Cristo, llegamos a ser hijos de Dios y, espontáneamente podemos decir: "Abba, Padre". No recibimos un espíritu de esclavitud para que vivamos otra vez en temor, sino que recibimos el espíritu de filiación y basados en él clamamos: "Abba, Padre" (Ro 8:15). A diferencia de la experiencia que tuve al llamar a mi suegro de padre, el Espíritu que mora en nosotros nos hace que llamemos a nuestro Dios con regocijo de Padre. Cuando leí por la primera vez éste versículo, ¡pude llamar a Dios de Padre de una manera muy disfrutable y alegre! Esto se hizo posible porque de hecho somos hijos de Dios. Por eso, mientras más clamamos: "¡Abba, Padre!", más gozosos nos sentimos. ¡Gracias al Señor!

Una vez que el Espíritu mismo testifica a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, ¿Qué tal si concluimos este día con una oración?

"¡Oh, Abba, Padre! ¡Oh, Abba, Padre! ¡Oh, Abba, Padre! Estamos agradecidos por habernos trasladado de las tinieblas a la luz, de la muerte a la vida, nos diste el Espíritu del Hijo, por el cual clamamos: "¡Oh, Abba Padre!". Tu vida fue liberada y, por creer, recibimos la vida eterna que estaba Contigo. Abba, Padre, nosotros esperamos en Ti, súplenos cada día más con la Palabra de vida; necesitamos cada vez más vida".

Gracias al Señor por concedernos el Espíritu del Hijo. El Espíritu testifica a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. Somos guiados por este Espíritu y podemos juntos clamar: "¡Abba, Padre! ¡Abba, Padre! ¡Abba, Padre!". ¡Aleluya!

Punto Clave: Tenemos un Padre celestial

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Qué proceso fue necesario para que hoy podamos tener el derecho de llamar a Dios de Padre?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 12 --- El Espíritu del Hijo

Martes --- Leer con oración: Ro 7:18, 22, 24-25; 8:5-8

"Porque los que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu" (Ro 8:5)

EL ESPÍRITU DEL HIJO NOS FORTALECE PARA QUE HAGAMOS LA VOLUNTAD DE DIOS

Conforme a lo que vimos ayer, el evangelio de la gracia trae consigo la justificación, la santificación y la reconciliación. Al recibir este evangelio, el pecador obtiene el patrón de la justicia de Dios, es apartado para Él, reconciliado y nuevamente está en Su presencia, así como lo era antes de la caída. El camino al huerto del Edén, que había sido cerrado a la humanidad, hoy está libre para el disfrute de Cristo, el verdadero árbol de la vida (Jn 15:1; Ap 22:14).

El apóstol Pablo nos muestra que, antes de ser salvo mediante el evangelio de la gracia, el hombre pasa por una gran lucha interior. Incluso dice que no entendía su propia manera de actuar, pues no hacía el bien que quería, sino el mal que aborrecía (Ro 7:15, 19).

En esta batalla interior, la parte buena del alma humana se inclina hacia Dios a fin de cumplir Su voluntad, pero no lo logra. La otra parte tampoco cumple la ley de Dios, porque se inclina hacia la carne (vs. 16, 18). La parte buena del alma del hombre, al intentar cumplir la ley de Dios, se encuentra con la ley del pecado que está en sus miembros y que lucha contra la ley de su mente, haciéndola prisionera. En otras palabras, aunque dentro de nuestra alma encontremos una ley natural que se deleita en Dios (v. 22), sin embargo ésta no tiene fuerzas para realizar Su voluntad (v. 18).

En el versículo 24, Pablo se desahoga: "¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?". Hasta aquel momento parecía no haber solución para el conflicto interior del apóstol. Pero, concluye diciendo: "Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado" (v. 25). Pablo descubrió que, cuando creemos en el Señor Jesús, obtenemos la libertad. ¡Aleluya! Ahora que conocemos al Señor Jesús, creyendo en toda Su obra hecha para nosotros, somos libres de los pecados y llamamos a Jesucristo como nuestro Señor.

Por tanto, esta es la salvación traída por el evangelio de la gracia. En consecuencia, si no hubiéramos creído no habríamos sido salvos y, de la misma manera, no tendríamos la fuerza para ser libres de este cuerpo de muerte ni lograríamos hacer la voluntad de Dios.

¡Aleluya! Porque podemos experimentar en nuestro diario vivir el poder del evangelio que libra a nuestra alma de la prisión que la ley del pecado ejerce sobre ella. ¡Alabado sea el Señor!

Punto Clave: Renunciar a nosotros mismos y buscar ayuda en el Espíritu del Hijo.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Por qué no podemos agradar a Dios si tenemos una ley de la mente que es esclava de la ley de Dios?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 12 --- El Espíritu del Hijo

Miércoles --- Leer con oración: Sal 116:1-6, 12-13; Ro 10:9-13

"Desde la angustia invoqué a Jehová, y me respondió Jehová, poniéndome en lugar espacioso. Jehová está conmigo; no temeré lo que me pueda hacer el hombre" (Sal 118:5-6)

INVOCAR EL NOMBRE DEL SEÑOR NOS SALVA

Ayer vimos que, mediante el evangelio de la gracia, creímos en el Señor Jesús y fuimos librados de la ley del pecado que está en nuestros miembros. Por tanto, ya no somos más esclavos del pecado (Ro 7:24-25).

Cuando creímos en Jesucristo como nuestro Señor, Su obra redentora operó en nosotros para que cumplamos la voluntad de Dios sin impedimentos. El saludable hábito de invocar el nombre del Señor no sólo nos salva, sino también nos libra en nuestro diario vivir de la influencia del mal. Para dar un ejemplo del poder que existe en invocar el nombre del Señor, vamos a contar el testimonio de un matrimonio de colportores de Perú.

Este matrimonio se consagró para servir en la obra del Señor, viven en armonía, contactando a las personas y les presentan la palabra impresa que trae la revelación de Dios a los hombres, a fin de que no sólo reciban a Cristo como vida, sino para que también crezcan en Él.

Cierta vez, al regresar del campo al CEPPEV en Lima, el ómnibus fue sorprendido por unos asaltantes armados, y todos estaban muy asustados. Los asaltantes comenzaron a robar a todos los pasajeros, a uno por uno le quitaban su dinero y pertenencias. Si alguien se demoraba en entregar el dinero, era agredido. Al ver esta situación, los hermanos comenzaron a invocar intensamente el nombre del Señor: "¡Oh Señor Jesús! ¡Abba, Padre! Entonces, uno de los asaltantes, al acercarse a ellos, por causa del invocar, se dio cuenta de que eran cristianos, y les dijo: "Con ustedes no nos metemos...", y no les hicieron nada. ¡Aleluya!

Esta experiencia nos muestra que invocar el nombre del Señor da temor a las personas aunque sean malas. Necesitamos invocar el nombre del Señor, pues incluso las personas malas, como esos asaltantes, se rinden a este nombre. Cuando invocamos el nombre del Señor, nosotros llevamos el temor de Dios a las personas. Este nombre tiene un gran poder, porque el evangelio es poder de Dios. Cuando predicamos el evangelio, el poder de Dios viene sobre nosotros. Así, por medio de invocar el nombre del Señor, tocamos el poder del evangelio y somos salvos.

El evangelio de la gracia nos llevó a creer en el Señor Jesús para obtener la salvación, pero necesitamos avanzar aún más en nuestra experiencia, al evangelio de la vida. El evangelio de la vida nos trae vida para que entremos en el reino de Dios y vivamos en Su realidad.

Punto Clave: Hay poder en el nombre de Jesús.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Qué experiencias ha tenido usted al invocar el nombre del Señor para vencer el poder del pecado?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 12 --- El Espíritu del Hijo

Jueves --- Leer con oración: Nm 21:5-9; Jn 3:14-15; Ro 8:1-3; He 4:15

"Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna" (Jn 3:14-15)

EL HIJO DEL HOMBRE CONDENÓ AL PECADO Y NOS DIO LA VIDA ETERNA

El evangelio de la gracia comprende la obra redentora de Jesucristo en favor del hombre. Después que recibimos al Señor Jesús mediante la fe, fuimos justificados, santificados y reconciliados con Dios. Sin embargo, este no es el objetivo final del evangelio de Dios. Necesitamos proseguir en la vida espiritual y avanzar para disfrutar del evangelio de la vida.

En Romanos 8:1-2 leemos: "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte". Cuando creímos en el Señor Jesús, recibimos el Espíritu de vida y, con Él, una ley superior que nos libró de la ley del pecado y de la muerte.

En el versículo 3 vemos como el Señor nos libró: "Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne". El Señor Jesús, en la carne, condenó al pecado llevándolo a la cruz.

El Señor por nuestra causa tomó la semejanza de carne de pecado. Él vino como hombre, pero solamente tenía la forma, o la semejanza de la carne de pecado, es decir, no tenía pecado (He 4:15).

Podemos entender mejor este asunto por medio de la ilustración que el mismo Señor Jesús hizo de Sí mismo en Juan 3:14-15: "Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna". Cuando el pueblo de Israel se rebeló contra Dios en el desierto, Él mandó serpientes ardientes para que fueran mordidos por ellas, y los que eran heridos por las serpientes morirían (Nm 21:5-6). Dios orientó a Moisés a hacer una serpiente de bronce y levantarla en un asta. Cuando una serpiente mordía a alguno, al mirar a la serpiente de bronce, vivía (vs. 8-9).

La serpiente de bronce simboliza al Señor Jesús. Así como esa serpiente levantada por Moisés no tenía veneno; el Señor Jesús poseía la semejanza de la carne de pecado, pero en Él no había ningún pecado. Él murió en la cruz como nuestro sustituto para solucionar el problema de nuestros pecados. Todos los hombres pecaron en Adán y necesitan identificarse con Cristo, la "serpiente de bronce", para ser librados del pecado. En Juan 3:16 leemos: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna".

El evangelio de la gracia incluye la maravillosa salvación de Dios mediante Su gran amor. Solamente Su Hijo unigénito, que no tenía pecado, estaba calificado para resolver el problema de nuestros pecados y darnos la vida eterna. ¡Alabado sea el Señor!

Punto Clave: El Señor Jesús condenó al pecado en la carne y nos dio vida eterna.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Qué relación existe entre Romanos 8:3, Hebreos 2:14, Juan 3:14-15 y Números 21:5-6?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 12 --- El Espíritu del Hijo

Viernes --- Leer con oración: Ro 8:5-6; Gá 4:1-7, 19; 1 P 1:23

"Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros" (Gá 4:19)

PERMITIR QUE CRISTO SEA FORMADO EN NOSOTROS

A partir de Romanos 8:4 vemos el contenido del evangelio de la vida, conforme a lo que leemos: "para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu". El evangelio de la gracia tiene como fin el evangelio de la vida.

Al crucificar la carne de pecado, Él no sólo solucionó el problema de nuestros pecados, nuestras acciones pecaminosas, como también condenó al pecado en la carne (Ro 8:3). De esta manera, ahora podemos andar según el Espíritu de vida, que dice respecto al comienzo del evangelio de la vida.

El evangelio de la vida tiene como fin llevarnos al reino, pero, para que eso suceda, es necesario andar en el Espíritu para cumplir la voluntad de Dios. El Señor desea que no sólo prediquemos el evangelio de la gracia, sino también el evangelio del reino de los cielos, a fin de que Su voluntad sea hecha en la tierra.

Dios hoy tiene muchos hijos que fueron engendrados mediante el evangelio de la gracia. Puesto que ya están reconciliados con Dios por medio de la obra redentora de Cristo, ellos tienen el libre acceso al árbol de la vida para recibir la vida eterna. La mayoría de ellos, no obstante, se detuvo sólo en la etapa de la salvación y no supo proseguir adecuadamente en la vida cristiana, es decir, crecer y madurar en vida.

Cuando estudiamos las Epístolas de Pedro, en otra serie del Alimento Diario, fuimos muy ayudados y vimos como la vida divina necesita desarrollarse en nosotros para que crezcamos en vida. En su primera epístola, el apóstol Pedro nos dice que fuimos regenerados no de simiente corruptible, sino de incorruptible, que es la palabra de Dios, la cual vive y permanece para siempre (1:23).

Recibimos la vida divina como una simiente, una semilla, que fue sembrada en nosotros. No obstante, esta semilla necesita ser cultivada para crecer hasta tomar forma. Al comienzo, es una pequeña semilla, pero, a medida que es cultivada, crece, madura y produce frutos.

De la misma manera, nuestro crecimiento es visible cuando expresamos las características de la vida divina en nuestro vivir cotidiano. Pero, para que esto suceda, es necesario que pongamos toda nuestra diligencia, y añadir a nuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor; la culminación de la expresión divina en nosotros (2 P 1:3-7).

Además de Pedro, el apóstol Pablo también nos trajo una importante ilustración para que comprendamos como ocurre el crecimiento de la vida espiritual. En Gálatas 4:19, él dice: "Por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros". Mediante la fe, Cristo fue engendrado dentro de nosotros y quiere crecer hasta tomar Su forma madura para que Lo expresemos. Para que este proceso de crecimiento ocurra en nuestro interior, fue necesario ser puestos en la vida de la iglesia, donde crecemos gradualmente hasta alcanzar la estatura y la madurez para recibir la herencia del Padre (Gá 4:1-7).

Por un lado, Cristo es la semilla divina, la simiente, que necesita desarrollarse en nosotros hasta producir frutos. Por otro, Él es como un feto que se desarrolla en nuestro interior. Después de nacer de nuevo, somos puestos en la vida de la iglesia para que esta nueva vida crezca y madure hasta que estemos aptos para recibir la herencia que Dios nos preparó.

En Romanos 8 vemos como ocurre el operar del Espíritu de vida en nosotros hasta alcanzar nuestro espíritu, alma y cuerpo hasta que todo nuestro ser sea saturado de la vida de divina. El proceso del crecimiento de la vida de Dios en el hombre comienza por la regeneración, que ocurre cuando recibe al Espíritu en su espíritu humano. A partir del espíritu humano, el dispensar de la vida divina alcanza primeramente nuestra mente, la parte líder del alma.

Para continuar creciendo en la vida, necesitamos cooperar con Dios poniendo nuestra mente en el Espíritu, donde hay vida y paz (vs. 5-6). Cuando ponemos nuestra mente en la carne, somos llevados a pecar, es decir, nuestra mente piensa en las cosas de la carne y nuestro cuerpo las ejecuta. ¡Pero gracias a Dios, porque tenemos al Espíritu vivificante mezclado con nuestro espíritu! ¡Solamente nos basta poner la mente en él para tener vida y paz!

Punto Clave: Cristo es la simiente divina que necesita desarrollarse en nosotros hasta producir frutos

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Cuándo nuestro crecimiento de vida llega a ser visible?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 12 --- El Espíritu del Hijo

Sábado --- Leer con oración: Gn 2:7; Job 32:8; 33:4; Ro 8:5-13

"Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros" (Ro 8:11)

LA FINALIDAD DEL EVANGELIO DE LA VIDA : VIVIFICAR AL HOMBRE TRIPARTITO

Nuestro crecimiento de vida ocurre por medio de la salvación de las tres partes de nuestro ser (1 Ts 5:23). Esta es la finalidad del evangelio de la vida.

Conforme a lo que Pablo escribió en Romanos 8, los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios. Por tanto, aquellos que están en la carne no pueden agradar a Dios, porque si alguien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él (vs. 7-9).

En lo más profundo del hombre existe un órgano llamado el espíritu humano. Cuando Dios creó a Adán y le sopló en la nariz el aliento de vida, el espíritu fue formado y él se convirtió en un alma viviente (Gn 2:7; Job 32:8; 33:4). El alma es la persona misma del hombre y, si ella está en contacto con el Espíritu, obtiene vida y paz (Ro 8:6).

Prosiguiendo en el versículo 10, leemos: "Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia". El Señor Jesús mismo es la justicia, por la cual el espíritu es vida (1 Co 1:30).

En cuanto a la salvación de nuestra alma, Pablo nos muestra que, cuando la mente, que es la parte líder del alma, es puesta en el espíritu, es vida y paz.

Por causa del pecado, nuestro cuerpo se convirtió en un cuerpo de pecado (Ro 6:6) y ya fue condenado a muerte. No obstante, si éste está en contacto con el Espíritu, también tendrá vida (8:11). Por tanto, el evangelio de la vida produce vida en nuestro espíritu, alma y cuerpo.

No somos deudores de la carne, por eso no necesitamos andar conforme a la carne, sino que debemos vivir conforme al Espíritu (v. 12). "porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis" (v. 13). Gracias al Señor, no le debemos nada a la carne, por tanto podemos andar y vivir en el espíritu. Si hacemos morir, por el Espíritu, las obras de la carne, ciertamente viviremos.

Para que el cuerpo no tenga ventaja sobre nosotros, necesitamos andar conforme al Espíritu (Gá 5:16). Cuando actuamos de esa manera, seguimos Su dirección. Andar conforme al Espíritu es ser guiado por la vida divina. Necesitamos aprender día tras día a usar nuestro espíritu para contactar a Dios. Para eso invocamos Su nombre y leemos y oramos Su Palabra. Andar en el espíritu no es un asunto de bailar, saltar o hacer cualquier otra manifestación exterior. Liberar el espíritu debe ser algo que brote de nuestro interior, porque en él mora el Espíritu vivificante.

Cuando leemos 1 Corintios 14:45b bajo la luz de Romanos 8:1-2, vemos que Cristo, el postrer Adán, se hizo el Espíritu vivificante. Este Espíritu vivificante es el mismo Espíritu de vida que nos libró de toda condenación. Para los que están en Cristo Jesús está el Espíritu de vida, cuya ley nos libra de la ley del pecado y de la muerte. ¡Aleluya!.

Punto Clave: Debemos avanzar del evangelio de la gracia al evangelio de la vida.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿El nivel de vida aumenta diariamente en usted?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 12 --- El Espíritu del Hijo

Domingo --- Leer con oración: Mt 1:23; Jn 1:1, 14, 18; 1 Co 15:45; 1 Ti 6:16

""Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados" (Ro 8:17)

DISFRUTAR DE LA PRESENCIA DE DIOS, SER GUIADOS POR EL ESPÍRITU Y LLEGAR A SER HEREDEROS

El Señor Jesús es el Espíritu vivificante (1 Co 15:45; Ro 8:1-2). Él también es el Hijo de Dios, la Palabra misma de Dios, el Verbo de Dios y Aquel que salió del Padre (Jn 1:1, 14, 18). La Palabra que salió de Dios es el Hijo mismo.

El Verbo que era y estaba con Dios se hizo carne (v. 14). Esta carne se refiere a Jesucristo como la corporificación de Dios. Él es el Hijo de Dios. Por tanto, tenemos al Padre y al Hijo, que vino del Padre.

El Hijo no sólo vino del Padre, tampoco hizo nada por Sí mismo; todo lo que hizo fue conforme a la voluntad del Padre (Jn 5:19; 8:28). En otras palabras, el Padre y el Hijo son uno y quien ve al Hijo ve al Padre (10:30; 14:9). Cuando el Padre se manifiesta, es el Hijo, pues Él es Aquel que salió del Padre.

Dios es la Palabra , el Verbo, y Su vida está en la Palabra , que es el Hijo (1:4; 1 Jn 5:11-12). Cuando Juan dijo: " La Palabra se hizo carne", se estaba refiriendo a la encarnación del Señor Jesús. En la epístola a los Colosenses es revelado como Aquel que es "la imagen del Dios invisible" (Col 1:15). Por eso, dentro de la Trinidad , solamente el Hijo tiene imagen. El Padre no tiene imagen, pues habita en luz inaccesible al hombre (1 Ti 6:16), y, el Espíritu tampoco tiene imagen.

El hombre fue creado conforme a la imagen y semejanza de Dios (Gn 1:26), es decir, a la imagen de Cristo, para tener autoridad sobre todas las cosas creadas. El Hijo, que es la Palabra , se hizo carne, tomó una forma, un cuerpo concreto como nosotros. Si queremos ver al Padre, sólo necesitamos mirar al Señor Jesús.

Dios se corporificó en el Hijo con la finalidad de estar con nosotros, pues Su deseo es que vivamos en Su presencia. A pesar de que Dios desea la presencia del hombre, pero por comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, se escondió de la presencia de Dios (Gn 3:8). Mas Dios en Su infinita misericordia lo empezó a buscar y dijo: "¿Dónde estás tú?" (v. 9).

La venida del Señor Jesús fue para llevar al hombre de regreso a la presencia de Dios. Su nombre era Jesús, nuestro Emanuel, que quiere decir: Dios con nosotros (Mt 1:23). Por medio Suyo, el hombre pudo disfrutar de la presencia de Dios.

Sin embargo, el Señor Jesús estaba limitado por el tiempo y el espacio. Por eso, después de Su muerte y resurrección, Él se hizo el Espíritu vivificante para estar para siempre con nosotros. En este Espíritu, que es llamado el "otro Consolador", está el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo (Jn 14:16-18, 20, 23). Esta es la sabiduría divina. Ahora Dios puede estar para siempre con nosotros.

El Señor Jesús ya se hizo el Espíritu vivificante, entró en nosotros y nos hizo hijos de Dios. El Espíritu que recibimos por la regeneración es el Espíritu del Hijo. Por medio de Él, recibimos también el espíritu de filiación (Ro 8:15). Puesto que nacimos de Dios, podemos disfrutar de Su presencia, clamando: ¡Abba, Padre!

El Espíritu nos permite tener contacto con el Padre, pues Él da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios (v. 16). Además, podemos ser guiados por el Espíritu de Dios, pues somos Sus hijos (v. 14).

En Romanos 8:17 leemos: "Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados". No recibimos únicamente el Espíritu del Hijo para que clamemos: "¡Abba, Padre!", también Lo recibimos para ser Sus herederos.

Los herederos reciben toda la herencia de Dios, es decir, todo aquello que Dios les preparó. Somos herederos de Dios y coherederos con Cristo. ¡Gracias al Señor! Con Él padecemos para que también con Él seamos glorificados. Somos hijos de Dios, porque nacimos de Él y tenemos un espíritu dentro de nosotros que clama: "¡Abba, Padre! ¡Abba, Padre! ¡Abba, Padre!" Qué gran gozo nos trae esto. ¡Aleluya!

Punto Clave: Disfrute y herencia.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Está preparado para recibir la herencia del Padre?

Dong Yu Lan

Publicacion de:

Editora "Arvore da Vida"

Disponible en: corpocri@...

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Jesus es el Señor!La iglesia en Armenia



#611 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Mié, 5 de Ago, 2009 6:52 pm
Asunto: ENTREMOS EN EL ESPIRITU
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III. ENTREMOS EN EL ESPIRITU
DE LAS ESCRITURAS

Para estudiar la Biblia, debemos familiarizarnos con los pensamientos del Espíritu Santo y con Sus hechos. Además, debemos penetrar en el espíritu de las Escrituras.

A. El espíritu que se halla
detrás de las palabras

El Espíritu de Dios guió a los hombres a escribir las Escrituras, y ya sea en historia o en doctrina, cada pasaje tiene su propio espíritu. El Espíritu Santo se expresa por medio del espíritu del hombre. Cuando decimos que el Espíritu Santo se regocija, el Espíritu Santo no lo hace en Sí mismo, sino por medio del espíritu del hombre. De la misma manera, cuando decimos que el Espíritu Santo se aflige, no lo hace solo, sino dentro del espíritu del hombre. Por lo tanto, cuando el Espíritu Santo entra en el espíritu del hombre, se amolda a la condición del espíritu del hombre. Podemos decir que la condición del espíritu del hombre es la condición del Espíritu Santo. Cuando el Espíritu de Dios relata la historia, narra los hechos históricos, aunque no los hechos solos; también captura cierto espíritu. Podemos decir que ciertos sentimientos y condiciones del Espíritu están impregnadas en cada pasaje de la Palabra. Según esto, en las epístolas, el Espíritu Santo no sólo comunica doctrinas e ideas, pues detrás de cada pasaje yace Su propio sentimiento. La Biblia no es simplemente un libro que consta de hechos y doctrinas. En la superficie están las palabras; debajo de éstas están los pensamientos, y detrás de las ideas está el espíritu. Si sólo tocamos las palabras, nuestra lectura es demasiado superficial. Si nos formamos una impresión apropiada y entramos en las ideas que hay detrás de las palabras, llegaremos a lo profundo de la palabra. Aun así, si permanecemos en esta esfera, todavía nuestro entendimiento es muy limitado. Detrás de cada palabra de Dios hay cierto espíritu. El sentimiento del Espíritu Santo y la condición de los escritores gobiernan estos escritos. Cada vez que estudiemos la Biblia, tenemos que tocar el espíritu que está detrás de la palabra.

Hay un vínculo inseparable entre la palabra y el espíritu. El ministerio de la palabra es la liberación del espíritu. Todo aquel que desea ser ministro de la palabra tiene que liberar su espíritu. Si no puede liberar su espíritu, no puede ser ministro de la palabra. Más aún, el espíritu debe ser recto. Es necesario tener un espíritu recto para tener el ministerio de la palabra. Nosotros como ministros de la palabra fracasamos con frecuencia porque el espíritu no se compagina con las palabras que expresamos. Aunque no hay nada malo en lo que decimos, algo está mal en nuestro espíritu. Las palabras que expresamos son fuertes, pero el espíritu débil. Sin embargo, quienes ministran la palabra en la Biblia no tenían este problema. Sus espíritus eran compatibles con el contenido de sus escritos. Detrás de cada pasaje y de cada libro, hay un espíritu apropiado; este espíritu está impregnado de la palabra. Para ejercer el ministerio de la palabra, necesitamos la palabra que está en la superficie, y el espíritu que respalda la palabra. Para recibir el ministerio de la Palabra, también necesitamos tocar el espíritu que está implícito en ella. Cuando estudiamos la Biblia, nuestro propósito es recibir el ministerio de la Palabra, y por eso debemos tocar el espíritu que la caracteriza. De no ser así, nuestro entendimiento de la Biblia será muy superficial. Extraeremos algunas doctrinas y hechos, pero no encontraremos nutrición espiritual. Si para nosotros la Palabra de Dios solamente consta de impresiones y pensamientos, no puede convertirse en nuestra comida. La Palabra de Dios debe volverse espíritu a fin de que pueda ser nuestra comida, de la cual participamos sólo cuando tocamos el espíritu que es inherente a la Palabra. La esencia de la Biblia es espíritu. Si no tocamos el espíritu que tiene un pasaje, no hemos tocado dicho pasaje. Cuando leemos la Biblia, debemos tocar el espíritu específico que está detrás de cada porción de la Palabra.

B. Cómo tocar el espíritu
que yace detrás de la Palabra

¿Cómo podemos tocar el espíritu que está detrás de la Palabra? Quisiéramos destacar que esto sólo se puede llevar a cabo por la disciplina del Espíritu Santo, no por el esfuerzo del hombre. La disciplina del Espíritu Santo indica que el Espíritu de Dios reemplaza las obras del hombre. El Espíritu de Dios dispone las circunstancias y actúa en nosotros hasta que nuestro espíritu llega a ser compatible con el de las Escrituras. Aunque los dos espíritus no son idénticos, deben tener caracteres afines. Sólo entonces tocaremos el espíritu que se halla detrás de la Palabra, pues cuando ambos están al mismo nivel, podemos tocar lo que yace detrás de la Palabra. Podemos llegar a la cumbre más elevada en el estudio de las Escrituras cuando nuestro espíritu armoniza con el espíritu de los escritores de la Biblia. Cuando esto sucede, tocamos el contenido espiritual de la Palabra.

El espíritu que yace detrás de la Palabra es un espíritu muy específico y definido; no está escondido detrás de ella de una manera vaga. El Espíritu Santo primero amolda los escritores de la Biblia; después los sella con Su aprobación, y por último los usa como amanuenses de las Escrituras. El espíritu de ellos era perfecto, y por medio de sus espíritus el Espíritu Santo escribió las palabras que constituyeron la Biblia. Es decir, la inspiración del Espíritu Santo no solamente incluye las palabras que escribieron los hombres, sino también la preparación de esos hombres para que fueran vasos útiles. Ya que estos vasos fueron llenos del Espíritu, pudieron escribir lo que escribieron. Por tanto, el espíritu de la Biblia es perfecto, dinámico, infalible y exacto. El Espíritu Santo actuó en el espíritu de los escritores y puso Su marca de aprobación y satisfacción en ellos. El concluyó que estos hombres no iban a restringir ni limitar Su libertad; El podía expresar sus intenciones libremente. Ni siquiera su más ligero aliento ha sido inhibido por tales hombres. Podemos decir que la Biblia es el mismísimo aliento del Espíritu Santo. Comunica el espíritu de los hombres, pero cuando se expresa, lleva consigo el mismo aliento del Espíritu Santo. El tiene absoluta libertad en estos hombres, de tal modo que sus espíritus se confunden con El, y la manifestación de sus espíritus es casi la misma que la Suya. Los escritores de la Biblia fueron guiados de esta manera por el Espíritu Santo al escribirla. Cuando leemos las Escrituras, nuestro espíritu también debe ser guiado por el Espíritu Santo a armonizar con el espíritu de quienes fueron ungidos para escribirla. Esta es la única manera en que podemos tocar el espíritu que se halla detrás de la Palabra de Dios. El estudio de la Biblia no es simplemente un examen de las palabras de la Biblia ni sólo el entendimiento de su significado. El Señor tiene que guiarnos a que nuestro espíritu llegue a ser uno con el espíritu de la Palabra.

La Biblia consta de palabras escritas, no de sonidos. Con excepción de algunos salmos que usan la palabra selah, no hay otra indicación en toda la Biblia que diga si debemos leerla en voz alta o en voz baja. Sin embargo, cuando la leemos, debemos saber algo de la forma en que se escribió. Si no podemos distinguir entre las porciones "intensas" y las porciones "suaves", ¿cómo podremos distinguir la condición del espíritu?

Muchos pasajes bíblicos son palabras de súplica. Son un ruego de un predicador del evangelio cuando llama a los hombres a creer en el Señor. El predicador implora porque sabe de los sufrimientos de los pecadores y ve el peligro de sus caminos delante del Señor. Les implora porque está lleno de la compasión del Señor y porque desea que los pecadores se vuelvan al Señor; sabe que cierto pasaje de las Escrituras es una súplica porque percibe las palabras, la compasión, y la comprensión que contiene para con los pecadores. Si lee este pasaje sin los sentimientos que están detrás, le será muy difícil poder entenderlo.

Algunos pasajes de la Biblia son amonestaciones; si uno no ha sido quebrantado por el Señor, no sabrá lo que significan cuando las lea ni conocerá el significado de la reprensión que se hace bajo la presión del espíritu; sólo sabrá reprender cuando esté enojado. No se percatará de que el espíritu que sustenta las palabras puede ser diferente aun cuando las palabras de reprensión sean las mismas.

Debemos aprender a tocar el espíritu de la Biblia con nuestro espíritu. Para adiestrar nuestro espíritu, el Espíritu Santo dispone todas nuestras circunstancias. Debemos darnos cuenta de que el mejor y más importante adiestramiento en nuestra vida proviene de la disciplina del Espíritu Santo, la cual se halla en Sus manos, no en las nuestras. El nos aplica esta disciplina gradualmente. Cuando somos disciplinados continuamente, nuestro espíritu es templado hasta tener la condición apropiada. Nuestro espíritu es ajustado por todos lados; recibe un pequeño golpe aquí, un poco de gozo allá; un poco de paciencia aquí y una pequeña privación allí. En consecuencia, nuestro espíritu es templado y encaja exactamente en el pasaje que estemos leyendo. Cuando nuestro espíritu es llevado a una condición apropiada, las palabras serán transparentes y claras para nosotros, aun cuando los pensamientos que gobiernan las palabras no hayan cambiado en lo absoluto. Cuando hablamos de ellas, tal vez salgan las mismas palabras, y los pensamientos en que se apoyan pueden ser los mismos; sin embargo, empezaremos a saber de qué hablamos y a tener convicción en lo que decimos. Este no es el resultado de la claridad de ideas o palabras, sino de la claridad en el espíritu. Esto es más profundo que las palabras y las ideas. Es tan profundo que lo único que podemos decir es que no tenemos dudas, que todo se nos ha vuelto transparente. Esto es lo que sucede cuando el Espíritu de Dios acopla nuestro espíritu al espíritu de Su Palabra.

Tocar el espíritu de la Biblia no depende de métodos, sino de si la persona ha sido quebrantada por el Señor. Si nuestro espíritu no ha sido traído a la armonía con el espíritu de los escritores de la Biblia, cuando mucho llegaremos a ser maestros, mas no profetas. Lo máximo que podemos hacer es hablar de las doctrinas, sin poder tocar el espíritu. Si nuestra persona no ha sido disciplinada por Dios, y si El no ha operado en nosotros sistemáticamente, cuando nos acerquemos a la Palabra estaremos cubiertos con un velo. No importa cuán arduamente tratemos, estaremos a gran distancia de ella. Nuestro espíritu debe ser adiestrado. Debemos permitir que Dios sea severo con nosotros. Es posible que durante los primeros años de nuestra vida cristiana, entendamos algunas doctrinas y hechos, pero no es fácil tocar el espíritu. Si nuestro espíritu no está preparado, no lo podemos utilizar. Necesitamos cierto tiempo, por lo menos algunos años, para que el Señor ajuste nuestro espíritu, lo temple y lo quebrante. Una vez que el espíritu es quebrantado, le será fácil al Espíritu Santo llevarnos a una armonía con la condición de las Escrituras. De hecho, se requieren muchos años [de quebrantamiento] para que nuestro espíritu sea compatible con el espíritu de la Biblia. La sabiduría del hombre no tiene ninguna utilidad en este caso; nos puede ayudar a entender la Palabra más pronto, pero no nos ayudará a tocar el espíritu de la misma. No importa cuán creativa sea nuestra imaginación o cuán perspicaces seamos, no podemos entrar en el espíritu de la Palabra. Solamente el Espíritu Santo puede conducir nuestro espíritu a la armonía con el espíritu de la Biblia, y sólo entonces podemos entrar en el espíritu de un pasaje bíblico.

C. Pasamos de la medida de compatibilidad
al crecimiento en capacidad

El Espíritu Santo hace que nuestro espíritu sea compatible con el espíritu de la Biblia. Es decir, ambos llegan a tener la misma calidad, mas no la misma capacidad. El Espíritu del Señor Jesús es infinitamente mayor que nuestro espíritu. ¡El es el Hijo unigénito de Dios! La uniformidad en calidad significa que tenemos una pequeña participación en el espíritu que El posee. Ambos son iguales en categoría, pero no en grado. Sin embargo, la disciplina del Espíritu Santo puede llevarnos más lejos, de una simple compatibilidad cualitativa de nuestro espíritu con el espíritu de la Biblia a un verdadero incremento de la capacidad en nuestro espíritu. El Señor ensancha con Su Espíritu la capacidad de nuestro espíritu. Esto requiere un proceso, como el de la alimentación, que se lleva a cabo continuamente. Hoy el Señor nos administra algo; mañana nos da más. A medida que esa suministración aumenta, se incrementa también la capacidad de nuestro espíritu. Tan pronto como empezamos a entender la Biblia, comenzamos el proceso de alimentación, y a medida de que nos alimentamos, nuestra capacidad aumenta. El punto de partida del entendimiento que tengamos de la Biblia es la uniformidad de calidad de los espíritus, mientras que la consumación de dicho entendimiento es el ensanchamiento de la capacidad de nuestro espíritu.

Supongamos que un hombre tiene un temperamento terrible. No puede leer la Palabra de Dios por mucho que trate. Después de que Dios lo discipline, tendrá un poquito de paciencia, la cual no es el resultado de un esfuerzo consciente de su parte, ni es una especie de tolerancia artificial, sino el resultado espontáneo de la obra del Espíritu Santo. Después de que adquiere esta clase de espíritu, en su lectura de la Palabra de Dios será abastecido por Cristo. La Palabra de Dios llenará y enriquecerá su espíritu. Dicho hombre recibirá aún más, y su capacidad incrementará poco a poco. La disciplina del Espíritu Santo conduce primero el espíritu del hombre a cierta armonía con el espíritu de la Biblia, y en tal condición puede aumentar la capacidad de la persona. Este incremento proviene de la disciplina que aplica el Espíritu Santo valiéndose de las circunstancias y de las palabras de la Biblia. Por medio de las circunstancias El nos disciplina, y por medio de las Escrituras nos trae el suministro necesario para que nuestra capacidad aumente. Cuanto más nos ministra Su palabra, más ricos llegamos a ser. Por la suministración continua que el Espíritu Santo nos trae en la palabra, nuestra capacidad se expande continuamente.

Si nos alimentamos continuamente de la palabra, la Biblia será siempre fresca para nosotros. A los ojos del hombre, la Biblia se completó hace dieciocho o diecinueve siglos y ya no tiene nada actual para nosotros pues nos es más que un recuento de las ideas y los conceptos predominantes en el momento en que fueron escritos. En realidad, el Espíritu que estaba presente en el momento en que las escrituras se escribieron, está todavía con nosotros. Siempre que leemos la Biblia con nuestro espíritu, se vuelve un libro nuevo para nosotros. Aunque este libro históricamente fue completado hace más de diecinueve siglos, no es antiguo en absoluto, porque fue escrito en el espíritu. Nos cansamos de muchos libros después de leerlos unas pocas veces. Pero no nos cansamos de leer la Biblia ni siquiera después de leerla una docena de veces, pues se escribió en el espíritu. Si tocamos la Biblia según la letra o según nuestro intelecto, pronto será obsoleta para nosotros. Pero si la leemos con el espíritu, seguirá siendo nueva. Si hallamos insípida una porción de la Palabra, se debe a que nuestro espíritu no está activo. Cualquier pasaje bíblico que tomemos está lleno del espíritu. Si nuestro espíritu es lo suficientemente fuerte, cualquier pasaje será precioso para nosotros. Pero si no leemos la Biblia con nuestro espíritu, aun un libro tan precioso como la Epístola a los Romanos o un pasaje tan maravilloso como el sermón del monte será insípido y carente de significado. En realidad, la Biblia no carece de significado; el problema radica en que nuestro espíritu se halla en una condición caída. Si nuestro espíritu decae, la Biblia pierde su sabor para nosotros. Cuando nuestro espíritu no es fuerte, perdemos el gusto por la lectura de la Biblia. Pero cuando nuestro espíritu es fuerte, la Biblia se nos vuelve un libro fresco, recién escrito.

El espíritu de la Palabra es en verdad rico. Un hombre no puede hacer alarde de que su espíritu es fuerte ni de que cumple todos los requisitos. Solamente quienes han sido quebrantados sabrán algo de la Biblia. La medida de quebrantamiento que uno experimenta determina la medida de adiestramiento que tiene. Debido a que sólo hemos sido quebrantados en una medida limitada, permanecemos en el lugar donde empezamos y todavía somos muy ignorantes. Es necesario que seamos disciplinados por el Espíritu Santo. Cuanto más experimentamos la disciplina, más aprendemos. Al llegar a cierto punto, cuando nuestro espíritu de alguna manera se mezcle con el espíritu de la Palabra de Dios, veremos la luz. La revelación llegará, y seremos alimentados.

D. El Espíritu es muy exacto

¿Por qué nosotros valoramos mucho una porción de las Escrituras mientras que otro hermano no ve nada precioso en ella? Esto se debe a que nosotros percibimos el espíritu de esa porción, pero el hermano no. No digo que el otro hermano no tenga espíritu, sino que su espíritu no está en armonía con el espíritu de ese pasaje. Es posible que él estime mucho otra porción de la Palabra, en la que nosotros no tenemos gran interés. Estamos tan lejos de esa porción como él lo está de la nuestra. Nuestro espíritu debe ser muy sensible para poder percibir nuestras circunstancias. Cuanto más minucioso sea nuestro espíritu, más amplio será el alcance de nuestro conocimiento de la Palabra, ya que éste depende de la medida de disciplina que hayamos recibido del Espíritu Santo. Nuestros sentimientos pueden ser agudos y exactos sólo después de pasar por mucha disciplina. A medida que la disciplina aumenta, los sentimientos se agudizan. Una persona entiende cierta porción de la Palabra solamente después de pasar por cierto quebrantamiento. Por tanto, es importante que obtengamos una experiencia profunda al pasar por las adversidades. Si no somos ricos en estas experiencias, no seremos muy sensibles, y si nuestros sentimientos espirituales no son agudos, nuestro conocimiento de la Palabra será pobre.

W. Nee

Jesus es el Señor

La iglesia en Armenia

Cómo estudiar la Biblia

Publicado por: Living Stream Ministry

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Nuestro proposito no es comunicar conocimiento, ni métodos bíblicos a los santos, sino ayudar a los que ya siguen al Señor y caminan en esta senda con el objeto de avanzar.
Watchman Nee
 
El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
Ciertamente hay un camino solitario para los que buscan andar con Dios. Pero cuando andemos con el Señor, vamos a encontrar compañia en otros que tambien conocieron el rechazo y el sufrimiento cuando  anduvieron con Dios, y aprendieron sus caminos


#610 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Sáb, 8 de Ago, 2009 2:48 pm
Asunto: EL QUEBRANTAMIENTO Y LA OBRA DE DIOS
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EL QUEBRANTAMIENTO Y LA OBRA DE DIOS

Después de que el hombre exterior ha sido quebrantado, ¿cómo se acerca uno a la Palabra de Dios? ¿Cómo puede uno ministrar la Palabra y predicar el evangelio? Examinemos ahora las respuestas a estas preguntas.

 

El estudio de la Palabra

He aquí un principio innegable al estudiar la Palabra de Dios: la clase de persona que uno es determina la clase de Biblia que percibe. Muchos van a la Palabra dependiendo de su mente, la cual es confusa, rebelde y aparentemente ágil. Por lo tanto, no tocan el espíritu de la Palabra; lo que obtienen de ella es producto de su mente. Si queremos tocar al Señor al estudiar la Biblia, nuestra mente rebelde y llena de opiniones debe ser quebrantada. Tal vez creamos que tenemos una mente privilegiada, pero esto en vez de ayudar será un gran obstáculo para Dios. No importa cuán inteligentes seamos, nunca podremos conocer los pensamientos de Dios con nuestra mente natural.

Al estudiar la Biblia debemos cumplir por lo menos dos requisitos. Primero, nuestros pensamientos deben compenetrarse con los pensamientos de la Biblia; y segundo, nuestro espíritu se debe compenetrar con el espíritu de la Biblia. Debemos identificarnos con la línea de pensamiento que tuvieron sus escritores, hombres como Pablo y Juan, entrar en sus pensamientos, y desarrollar la línea que ellos comenzaron. Debemos hacer nuestros los pensamientos que los inspiraron a ellos, seguir sus razonamientos y detenernos en las mismas enseñanzas que ellos. Nuestros pensamientos deben acoplarse a los de ellos como si fueran dos piñones que engranan perfectamente. Nuestros pensamientos deben penetrar el pensamiento de Pablo y el de Juan. Cuando nuestra mentalidad se compenetra con el pensamiento bíblico y se hace uno con la inspiración divina podemos entender lo que la Biblia revela.


Muchas personas leen la Biblia valiéndose exclusivamente de su mente. Procuran obtener en ella ideas y material que apoye sus muchas doctrinas preconcebidas. Cuando una persona experimentada oye a alguien compartir de alguna porción bíblica, podrá discernir si su enseñanza proviene de su mente, o si en realidad es el pensamiento genuino de la Biblia. Hay una gran diferencia entre estas dos clases de predicación. De hecho, pertenecen a dos mundos diferentes. El predicador puede ser muy apegado a la Biblia y sus mensajes muy atrayentes, pero sus pensamientos son contrarios al pensamiento de la Biblia y son incompatibles con ella. Sin embargo, hay una manera correcta de compartir la Palabra, aunque pocos la practican. Para que nuestros pensamientos sean uno con los de la Palabra, nuestro hombre exterior debe haber sido quebrantado. Si tal no es el caso, ni siquiera podremos leer las Escrituras. No debemos pensar que nuestro estudio de la Biblia es escaso, debido a que no contamos con la persona que nos pueda enseñar. Debemos reconocer que el problema está en nosotros, pues nuestros pensamientos no han sido subyugados por Dios. Tan pronto como somos quebrantados, nuestras actividades y conceptos cesan, comenzamos a tocar el pensamiento del Señor de manera gradual, y seguimos la línea de pensamiento que inspiró a los escritores bíblicos, hasta llegar a pensar como ellos. Para entrar en el pensamiento de la Biblia, es indispensable que nuestro hombre exterior sea quebrantado y deje así de ser un obstáculo para Dios.


Al estudiar la Biblia nuestros pensamientos deben compenetrarse con los de los escritores bíblicos y con los del Espíritu Santo, pero éste es sólo el primer paso. Si no damos este paso no podemos estudiar la Biblia; no obstante, aun después de darlo es posible leer la Biblia incorrectamente. La Biblia consta de pensamientos o enseñanzas, pero su aspecto más importante es que el Espíritu de Dios es liberado por medio de ella. Esta fue la experiencia que tuvieron Pedro, Juan, Mateo, Marcos y los demás escritores. Mientras estos hombres escribían bajo la inspiración del Espíritu Santo, seguían un delineamiento específico; con todo, sus espíritus iban ligados a la inspiración que recibían del Espíritu Santo. El mundo no puede entender que el Espíritu está detrás de la Escritura. Cuando el Espíritu es liberado es como si los profetas mismos estuvieran vivos y se dirigieran a nosotros una vez más. Si los oímos hoy, vemos que lo que dicen no sólo consta de palabras e ideas, sino de algo más, algo misterioso e inexplicable, que sabemos, en lo más recóndito de nuestro ser, es el Espíritu. Así que la Biblia es más que palabras; es la liberación del Espíritu. Por lo tanto, el requisito más básico y crucial al estudiar la Biblia es liberar nuestro espíritu para tocar el espíritu que está en ella. Sólo así podremos entender realmente la Palabra de Dios.

Supongamos que un niño travieso rompe un vidrio de la casa de un vecino. El dueño de la vivienda sale y lo regaña duramente. Cuando la madre del niño se entera de la travesura, también ella lo amonesta. Aunque ambos regañan al muchacho, hay una marcada diferencia entre el regaño del vecino y el de la madre. El dueño de la casa lo regaña ásperamente con un espíritu de ira, mientras que la madre lo hace en amor, esperando instruir y educar a su hijo. Los espíritus de ambos son completamente diferentes.

Aunque éste es un ejemplo sencillo, nos da luz para entender este principio. El Espíritu que inspiró la Biblia es mucho mayor que el "espíritu" de este ejemplo. Es el Espíritu eterno y el mismo que permanece con nosotros. La Palabra de Dios está impregnada de este Espíritu. Cuando nuestro hombre exterior ha sido quebrantado y nuestro espíritu es liberado, no sólo nuestros pensamientos serán uno con el pensamiento de la Palabra, sino que todo nuestro ser tocará el Espíritu mismo de la Biblia. Pero si no liberamos nuestro espíritu, y permanecemos aislados del espíritu de los autores de la Biblia, nunca entenderemos cabalmente la Palabra de Dios, y ésta será sólo letra muerta en nuestras manos. Por lo tanto, debemos recalcar una vez más la importancia de que nuestro hombre exterior sea quebrantado, pues sólo así nuestros pensamientos serán fructíferos, nuestro espíritu será liberado y no restringiremos a Dios ni seremos un obstáculo para El. Inclusive mientras estudiamos la Biblia estorbamos a Dios y lo limitamos.

 

El ministerio de la Palabra

Por un lado, Dios desea que entendamos Su palabra, pues esto es básico para Su obra; por otro, El intenta depositar Sus palabras en nuestro espíritu, para que éstas sean la carga que ministremos a la iglesia. En Hechos 6:4 dice: "Y nosotros perseveraremos en la oración y en el ministerio de la palabra". Ministrar equivale a servir; esto significa que el ministerio de la Palabra de Dios es un servicio que se da a los hombres.

 

ES NECESARIO QUE EL FRASCO DE ALABASTRO SEA QUEBRADO

La Biblia habla del ungüento de nardo puro (Jn. 12:3). La Palabra de Dios usa intencionalmente el adjetivo puro. Este es un ungüento de nardo puro, algo verdaderamente espiritual. No obstante, a menos que el frasco de alabastro fuera quebrado, el ungüento de nardo puro no podía ser liberado. Es extraño que mucha gente valore más el frasco de alabastro que el ungüento. De la misma manera, muchos piensan que su hombre exterior es más valioso que su hombre interior. Este es el problema que enfrenta la iglesia en la actualidad. Es posible que valoremos demasiado nuestra propia sabiduría y pensemos que somos superiores. Otros pueden estimar sus emociones y creer que son personas excepcionales. Muchos otros se valoran exageradamente a sí mismos y creen que son mejores que los demás. Piensan que su elocuencia, sus capacidades, su discernimiento y juicio, son mejores que los de otros. Pero debemos saber que no somos coleccionistas de antigüedades, ni admiradores de frascos de alabastro, sino que buscamos el aroma del ungüento. Si la parte exterior no se quiebra, el contenido no puede salir. Ni nosotros ni la iglesia podremos seguir adelante. No debemos seguir protegiéndonos tanto a nosotros mismos.

El Espíritu Santo nunca ha dejado de obrar en los creyentes. Muchos pueden dar testimonio de la manera en que la obra de Dios nunca se ha detenido en ellos. Ellos enfrentan una prueba tras otra, un incidente tras otro. El Espíritu Santo tiene una sola meta en toda Su obra de disciplina: quebrantar y deshacer al hombre exterior, para que el hombre interior encuentre salida. Pero nuestro problema es que tan pronto enfrentamos una pequeña dificultad, murmuramos, y cuando sufrimos alguna pequeña derrota nos quejamos. El Señor ha preparado un camino para nosotros y está dispuesto a usarnos. Pero tan pronto como Su mano nos toca, nos sentimos tristes. Alegamos con El o nos quejamos ante El por todo. Desde el día en que fuimos salvos, el Señor ha estado obrando en nosotros de muchas formas, con el propósito de quebrantar nuestro yo. Lo sepamos o no, la meta del Señor siempre es la misma: quebrantar nuestro hombre exterior.

W. Nee

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El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
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#609 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Vie, 31 de Jul, 2009 10:43 am
Asunto: Ejemplos de similitudes
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2. Ejemplos de similitudes

a. Insatisfacción con respecto al Señor

 

Ciertas impresiones de la Biblia tienen que ser estudiadas a manera de contraste. Tal es el caso con los cinco ejemplos mencionados. Otros ejemplos muestran aspectos en común, y uno debe relacionarlos para tener un cuadro completo

1) El Señor duerme en la barca

Mateo 8:23-27 habla de la ocasión cuando Jesús cruzó el mar con los discípulos. De repente se levantó una gran tempestad en el mar. El Señor estaba dormido, y los discípulos tuvieron miedo. En el relato de Mateo los discípulos dijeron: "¡Señor, sálvanos, que perecemos!" Pero Marcos 4:38 dice algo más: "Maestro, ¿no te importa...?" Esto muestra que ellos se preguntaban cómo podía el Señor dormir tan tranquilamente. El Señor reprendió al viento y a las olas, y se calmaron; luego se dirigió a los discípulos y los reprendió por su poca fe. (Obsérvese el orden de los eventos que presentan Marcos y Lucas. Antes de reprender a los discípulos, el Señor reprendió al viento y a las olas). El Señor tenía base para reprender a los discípulos porque ya les había dicho que cruzaría al otro lado. No tenían que preocuparse aunque en el camino encontrasen vientos, olas o cualquier otro obstáculo. El Señor Jesús les estaba dando una lección de fe. ¿En qué estaban poniendo la fe? Debieron confiar en la palabra del Señor: "Pasemos al otro lado" (Mr. 4:35). Puesto que el Señor les había dicho que pasarían al otro lado, era imposible que ellos terminaran en el fondo del mar. Sin embargo los discípulos no tuvieron fe en lo que el Señor les dijo; por eso El los reprendió.

Nótese que nunca se ve que el Señor se disculpe con nadie. En circunstancias normales, cuanto más lecciones una persona aprende delante del Señor, más se disculpa con los demás. Cuanto más disciplinada es una persona, más descubre lo insatisfechos que están los demás con ella, y con más frecuencia se disculpa. El Señor Jesús es el único que nunca tuvo que disculparse con nadie. Tal parece que los discípulos pensaban que ellos estaban bien y que el Señor estaba mal. Los vientos y las olas eran feroces, y los discípulos iban a perecer. ¿Acaso no le importaba esto al Maestro? Pero el Señor no ofreció disculpa cuando se despertó, lo cual expresa Su gloria. El sabía que no se había sobrepasado durmiendo, y sabía que El no estaba equivocado. Cuando les dijo que cruzarían al otro lado, sin duda cruzarían al otro lado. El no decía ni una sola palabra de sobra y, por ende, no tenía que disculparse por nada. Esto demuestra la gloria de nuestro Señor.

2) El toque de una mujer
que tenía un flujo de sangre

En Marcos 5 tenemos el caso de una mujer que tenía un flujo de sangre. Ella se acercó para tocar al Señor Jesús. Aquí encontramos el mismo principio. Cuando la mujer tocó al Señor, El se volvió y preguntó quién lo había tocado. Los discípulos le dijeron: "Ves que la multitud te aprieta, y dices ¿Quién me ha tocado?" (v. 31). Se lo dijeron con un tono de reproche. El Señor no dijo: "Lo siento; discúlpenme por hacer una pregunta necia". El miró alrededor para ver quién lo había tocado. En realidad, El estaba diciendo: "Alguien me tocó, pero vosotros ni cuenta os dais. Vuestros ojos están en los que empujan, pero Mis ojos están en el que me tocó". Si vemos las cosas exteriormente, el Señor parecía estar equivocado; parecía que la actitud de los discípulos era justificable. Pero en realidad ellos estaban errados, no el Señor. El jamás se tuvo que disculpar con nadie. Esto es lo más asombroso, y nuestro corazón no puede hacer otra cosa que adorarlo.

3) La muerte de Lázaro

En Juan 11 encontramos otro ejemplo del descontento del hombre para con el Señor. Marta le dijo al Señor: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no hubiera muerto" (v. 21). Ella culpaba al Señor por haber llegado tarde. Ella decía dentro de sí: "Envié a preguntar por Ti hace mucho tiempo. ¿Por qué no viniste pronto? Ahora, por haberte tardado, mi hermano ha muerto y está enterrado". La expresión "si hubieras estado aquí" expresa el descontento de Marta. Aparentemente, las palabras de Marta eran válidas. Pero, en realidad, el Señor había actuado deliberadamente. Se quedó intencionalmente otros dos días donde estaba (v. 6), aunque ante el hombre, esto fue una tardanza. Nuestro Señor nunca tuvo que disculparse con nadie, porque nunca actuó mal. Nosotros nos disculpamos porque constantemente actuamos mal. Si no ofrecemos disculpas, somos arrogantes. Cuanto más humildes y mansos seamos, más pediremos que nos perdonen. Aunque nuestro Señor es humilde y manso, El nunca se disculpa, porque nunca obra mal. Cuando no estamos satisfechos con El, nuestra infelicidad no hace que El se sienta culpable, porque El sabe lo que está haciendo.

En el Nuevo Testamento podemos encontrar muchos casos como éstos. Cuando leemos la Biblia tenemos que aprender a aplicar el principio de relacionar todos los pasajes que hablan de temas afines. En el ejemplo anterior descubrimos un hecho glorioso: el Señor nunca se retracta de lo que dice; El nunca va a desandar lo andado. ¡Esto es glorioso! ¿Qué era más glorioso para Lázaro, ser sanado o ser resucitado? El Señor sabía que para Lázaro era más glorioso ser resucitado. Si creemos, veremos la gloria de Dios.

b. Intentan enseñarle al Señor

1) "Este ungüento podía ... haberse dado a los pobres"

Algunas veces los hombres no solamente están descontentos con el Señor, sino que también tratan de enseñarle. Los discípulos le dijeron: "¿Para qué se ha hecho este desperdicio de ungüento? Porque este ungüento podía haberse vendido por más de trescientos denarios, y haberse dado a los pobres" (Mr. 14:4-5). Ellos estaban tratando de enseñarle al Señor. Los discípulos pensaron en otro uso para el ungüento: venderlo y darlo a los pobres. Pero el Señor sabía lo que María estaba haciendo. El dijo que ella estaba haciendo una buena obra. El Señor nunca hace algo ni dice algo de lo que no esté seguro. No necesita que nadie lo corrija. Solamente un insensato puede tratar de corregir al Señor o enseñarle.

2) "¡Dios tenga compasión de Ti!"

Cuando el Señor les indicó a los discípulos que El tenía que subir a Jerusalén, Pedro dijo: "¡Dios tenga compasión de Ti, Señor!" ¿Qué dijo el Señor? El dijo: "¡Quítate de delante de Mí, Satanás!" (Mt. 16:21-23). Pedro quería enseñarle al Señor, lo cual era una insensatez que puso en evidencia su propia necedad.

3) "Qué clase de mujer es ésta"

En otra ocasión el Señor Jesús comía en la casa de Simón el fariseo, y una mujer se inclinó a los pies del Señor llorando, regando Sus pies con sus lágrimas, y enjugándolos con sus cabellos. Simón pensó: "Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca" (Lc. 7:39). Notemos la actitud de Simón. El parecía decir: "Mira qué clase de mujer es ésta. ¿Cómo puedes permitir que se acerque a tus pies?" Aunque Simón no profirió palabra, el Señor sabía lo que estaba pensando y le habló de varias clases de perdón. Es como si le hubiese dicho: "Simón, tú no me lavaste los pies, porque has experimentado poco perdón. Esta mujer ha experimentado mucho perdón y por eso ha lavado Mis pies con sus lágrimas". Cuando recibimos esta impresión nos damos cuenta de cuán insensato es el hombre que trata de darle consejos al Señor. Además, conocemos un Jesús de Nazaret que no conocíamos antes.

c. Al Señor le agrada
que le pidan grandes favores

Al estudiar los evangelios cuidadosamente, vemos que el Señor se complacía en que los hombres le pidieran grandes favores. Cuanto más grande era la petición, más se alegraba el Señor en complacerlos.

1) "Si quieres, puedes limpiarme"

Examinemos la historia del leproso de Marcos 1. Según los preceptos judíos, una persona que tuviese lepra no podía tener ningún contacto con los demás. Cualquiera que se acercara a un leproso se contaminaba (Lv. 13-14). En este caso, un leproso vino a ver al Señor Jesús. El mismo hecho de venir al Señor Jesús era un acto bastante osado. Debemos tener una profunda impresión de este hecho. Tan pronto como un leproso apareciera en la escena, nosotros probablemente habríamos reaccionado. A menos que un hombre esté listo a sacrificarse y entregarlo todo, se alejaría ante la cercanía de un leproso y diría: "¡Me perjudica tu presencia! No puedo tocarte. ¿Por qué te me acercas?" Cuando el leproso se le acercó al Señor, no preguntó si el Señor podía limpiarlo, sino que dijo: "Si quieres, puedes limpiarme" (Mr. 1:40). Esta fue una afirmación penetrante. ¡El puso toda la carga en el Señor! La respuesta dependía de si el Señor quería o no. Esta no fue una oración común; fue una aseveración que ponía a prueba el corazón del Señor. El Señor simplemente pudo haber dicho: "Sé limpio", y el leproso hubiera quedado limpio. Pero El no solamente dijo eso, sino que se identificó con la condición del leproso. Tocó al leproso con Su mano y le dijo: "¡Quiero, sé limpio!" (v. 41). Si el leproso no hubiera sido limpio, el Señor se habría contaminado. ¡Qué arriesgado fue este acto! Debemos percibir la debida impresión de la historia para entender la escena. El Señor estaba listo a ponerse en la situación del leproso. El unió Su santidad y Su pureza con el leproso: o los dos eran limpios o los dos se contaminaban. Los dos tenían que salir del campamento, o los dos regresaban al mismo. El Señor estaba dispuesto a arriesgar, ¡y que gran riesgo fue éste!

2) Una abertura en el techo

Marcos 2 narra el caso de un paralítico que, cargado por cuatro hombres, es traído al Señor Jesús. No pudiéndolo acercar al Señor por causa de la multitud, destecharon la azotea del lugar donde Jesús estaba y después bajaron al paralítico (vs. 3-4). Tenemos que ser impresionados con esta escena. Mucha gente rodeaba al Señor, quien estaba muy ocupado. Pero repentinamente, ¡otro grupo bajaba del techo a un paralítico! Démonos cuenta de que el Señor no solamente estaba ocupado, sino que también estaba hablando en un lugar prestado. Cuando destecharon la azotea, sin duda tuvo que repararse después. ¡Que problema tan grande! Sin embargo, el Señor no les dijo: "No vuelvan a hacer eso". El estaba contento de que alguien tuviera tanta desesperación por acercarse a El. Parecía ser que cuanto mayor la exigencia, más le complacía. Esto nos muestra qué clase de persona es el Señor. Si no tenemos una impresión clara de lo que el Señor ha hecho, ¿cómo podemos decir que lo conocemos?

3) "¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!"

Cuando el Señor iba de paso, Bartimeo clamó: "¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí!" (Mr. 10:47). Muchos lo reprendieron y trataron de callarlo. Pero él clamaba mucho más. El Señor Jesús no era particularmente amigo de alborotos y conmociones. Mateo 12:19 dice: "No contenderá, ni voceará, ni nadie oirá en las calles Su voz". Así era el Señor Jesús. Pero se encontró a un hombre que clamaba a gran voz y que deseaba que el Señor tuviera misericordia de él y lo sanara. El Señor se alegra cuando le pedimos grandes prodigios a El. El quiere que los hombres expresen sus peticiones sin reservas. El se alegra dando gracia sin medida.

4) "También los perrillos comen de las migajas
que caen de la mesa de sus amos"

La historia de la mujer cananea nos presenta este principio. El pan se da a los hijos. Sin embargo ella dijo: "Sí, Señor; también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos" (Mt. 15:27). Ella no tenía derecho a hacer esta petición. Pero al Señor le agrada que le pidan de esta manera. El no sólo le concedió lo que pidió y curó a su hija, sino que además la elogió por su gran fe. Podemos encontrar muchos ejemplos como éste en los evangelios. Si nos formamos la impresión adecuada de estas cosas, conoceremos el corazón del Señor.

5) "¡Creo, ayuda mi incredulidad!"

Después de que el Señor bajó del monte de la transfiguración, un hombre trajo a su hijo, el cual tenía un espíritu inmundo. El Señor reprendió a este hombre (Mr. 9:14-29). El no reprendió al leproso que vino a El, ni reprendió al paralítico cuyos amigos lo habían bajado por la azotea de la casa donde él estaba. Todos ellos fueron osados; sin embargo el Señor estaba complacido con lo que hicieron. Pero en este caso, el padre primero trajo su hijo enfermo a los discípulos. Cuando éstos no lo pudieron sanar, lo trajo al Señor. El Señor le preguntó al padre: "¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto?" El contestó: "Desde niño. Y muchas veces lo ha echado en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten compasión de nosotros, y ayúdanos". El vino al Señor buscando sanidad, pero no estaba seguro si el Señor podía sanar. El dijo: "Si puedes hacer algo". El Señor tomó sus palabras y replicó: "Si puedes", a lo cual añadió: "Todo es posible para el que cree". El Señor parecía decir: "¿Por qué preguntas si yo puedo? ¡Debes de darte cuenta de que todo le es posible al que cree! Lo importante no es si yo puedo, sino si tú crees". Visualicemos la escena de ese momento. El hombre vino sin entusiasmo; acudió al Señor, pero no tenía fe. El no estaba seguro de que el Señor pudiera curar. Cuando rogaba pidiendo misericordia, agregó las palabras: "Si puedes". El Señor lo reprendió severamente por estas palabras. A El no le agrada que los hombres le pidan poco. El no teme que los hombres le digan: "Tienes que hacerlo quieras o no quieras". Pero el padre no dijo eso. Lo que en realidad estaba diciendo era: "Si puedes hacerlo, hazlo, y si no, ¿qué se le va a hacer?" Tus discípulos no lo pudieron hacer. No te voy a obligar a hacer nada si Tú tampoco lo puedes hacer". El Señor lo reprendió diciéndole: "En cuanto a eso de: Si puedes. Todo es posible para el que cree" (v. 23). Cuando el Señor Jesús dijo esto, el padre "clamó diciendo: ¡Creo, ayuda mi incredulidad!" (v. 24). Al ser reprendido y ver su error fue, se volvió y creyó. El puso toda la responsabilidad en el Señor. ¡Este es un cuadro hermoso! Cuanto más grande es la petición del hombre, más complacido estará el Señor. Debemos ser personas sensibles y permitir que el Señor imprima esto en nosotros. Una vez que lo comprendemos, vemos que los evangelios están llenos de la gloria del Señor.

d. Ejemplos aislados

1) "¿Quién es mi prójimo?"

En el relato del buen samaritano en Lucas 10, debemos centrar nuestra atención en las palabras del Señor. El interprete de la ley preguntó: "¿Y quién es mi prójimo?" (v. 29). La respuesta del Señor se basó en algo completamente diferente. El versículo 27 dice: "Amarás ... a tu prójimo como a ti mismo". La expresión como a ti mismo se refiere al interprete de la ley, y el prójimo debe ser otro. En realidad, el Señor le estaba diciendo: "Si tú amas a tu prójimo como a ti mismo, puedes tener vida eterna". El versículo 29 dice: "Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo?" El pensó que el Señor Jesús le estaba pidiendo que amara a los demás, y quería saber con exactitud quiénes eran los demás. El Señor le respondió con el relato del buen samaritano, y al final, le preguntó: "¿Quién, pues, de estos tres te parece que se hizo el prójimo del que cayó en manos de los ladrones?" El interprete de la ley contestó: "El que usó de misericordia con él". Jesús le dijo: "Ve, y haz tú lo mismo" (vs. 36-37). El interprete de la ley preguntó quién era su prójimo, y el Señor Jesús le respondió preguntándole quién era el prójimo del hombre que cayó en manos de los ladrones. En otras palabras, el interprete de la ley era el que había caído en manos de ladrones. El que le mostró misericordia fue su prójimo. El prójimo no es ningún hombre, sino el Salvador. El Señor le mostró al interprete de la ley que el prójimo es el Señor mismo. El dijo: "Ve, y haz tú lo mismo". Esto quiere decir que el interprete de la ley tenía que hacer lo posible por amar al samaritano. Mucha gente ha distorsionado esta parábola. Piensan que el Señor desea que ellos sean el samaritano. No se dan cuenta de que ellos no pueden ir a la cruz para perdonar pecados, y que no pueden ser levantados para enviar el Espíritu Santo. Solamente El tiene el vino y el aceite. Solamente El tiene lo mejor, el mesón y el denario. Nosotros no somos el samaritano. Habría sido incorrecto pedirle al hombre que cayó en manos de los ladrones que fuera el samaritano. El prójimo al que el Señor se refería era el samaritano. Eso significa que el Señor vino para ser nuestro prójimo. El vino para salvarnos y proveernos lo mejor: el vino, que significa perdón; el aceite, que significa vida; el mesón, que representa la iglesia; y el denario, que significa el don y la gracia. El nos da estas cosas hasta que regrese. Cuando el Señor nos dice que amemos al samaritano, nos está diciendo que lo amemos a El. Tenemos que aprender a percibir los detalles de este pasaje. Esta es la manera de leer las narraciones de la Biblia.

2) La dignidad y la gloria del Señor

Cuando los hombres buscaban al Señor en el huerto de Getsemaní para apresarlo, El "se adelantó y les dijo: ¿A quién buscáis? Le respondieron: A Jesús nazareno. Jesús les dijo: Yo soy ... [ellos] retrocedieron y cayeron a tierra" (Jn. 18:4-6). El Señor solamente hizo una afirmación, y ellos retrocedieron y cayeron a tierra. ¡Qué inmensa gloria encontramos aquí!

Nuestro Señor oró en el huerto de Getsemaní, pero no pidió nada en el tribunal ni delante del sumo sacerdote ni delante del magistrado. El está sobre todas las cosas, pues es el Señor. A pesar de todo, fue juzgado. ¿Quién en verdad estaba siendo juzgado? El sumo sacerdote era el que estaba perturbado, el que tropezaba en sus palabras. Nuestro Señor permaneció calmado. Cuando compareció ante el magistrado, era éste el que estaba nervioso y no sabía qué preguntar. El Señor ni siquiera se tomó la molestia de contestar las preguntas. Jesús de Nazaret es Dios. Aunque fue llevado a juicio, no perdió ni Su dignidad ni Su honor.

En Getsemaní les dijo a Sus discípulos que velaran con El (Mt. 26:38), pero no les pidió que suplicaran por El. Pablo necesitó que los hermanos que estaban en Roma oraran por él (Ro. 15:30), pero el Señor no necesitaba que nadie orara por El. El es el Hijo de Dios, y no necesita que nadie haga súplicas por El. Les pidió a los discípulos que oraran porque no quería que ellos entraran en tentación (Mt. 26:41); les pidió que oraran por ellos mismos. Podemos observar de nuevo la dignidad y la honra del Señor.

En la tierra El vivió en la pobreza; sin embargo a nadie le pidió dinero prestado. El oró a Dios en el huerto, pero no le imploró a nadie en el tribunal. ¿A quién podríamos comparar el Hijo de Dios? El trono es glorioso, pero la gloria del juicio y de la cruz es aún mayor. Tenemos que adorarlo y decirle: "¡Tú eres el Señor! ¡Tú eres Dios!"

3) El Señor se esconde

El Señor siempre se esconde; a El no le gusta la fama. Después de sanar al leproso, le encargó que no se lo dijera a nadie (Mt. 8:4). Después de expulsar una legión de demonios, le mandó al que había estado poseído que volviera a su casa y refiriera lo que Dios había hecho por él (Lc. 8:39). Después de abrir los ojos de dos ciegos, les ordenó que no se lo dijeran a nadie (Mt. 9:30). Cuando Dios le reveló a Pedro que El era el Cristo, el Señor les mandó a los discípulos que no lo dijeran a nadie (16:20). En el monte de la transfiguración, El era el único que resplandecía en gloria. Sin embargo, cuando bajó del monte, les encargó a Sus discípulos que no dijeran a los demás lo que habían visto (17:9). Encontramos un caso similar en Juan 7. Los propios hermanos del Señor no creían en El. Ellos le dijeron: "Sal de aquí, y vete a Judea ... Porque nadie hace algo en secreto si procura ser conocido abiertamente. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo" (vs. 3-4). Sus hermanos dijeron esto porque aun ellos no creían en El. Pero El les respondió: "Mi tiempo aún no ha llegado" (v. 6). Después de que sus hermanos subieron, El también subió a la fiesta, aunque no para realizar milagros, sino para enseñar. Aquí vemos la gloria del Señor. Todo aquel que está ávido de atención para sí mismo procura presentar sus obras ante los hombres. Pero el Señor nunca ostentó delante de los hombres. Los evangelios están llenos de casos similares. El hacía Sus obras delante de los hombres sólo cuando era absolutamente necesario; no le agradaba decirles a los demás quién era El. Aún después de que realizó el milagro en el ciego, no le dijo inmediatamente quién era El. Retuvo esta revelación hasta que el hombre hubo recibido más esclarecimiento (Jn. 9). ¡Cuánto necesitamos conocer al Señor!

C. Impresiones que dejan las lecciones

Para entender la historia tanto del Antiguo Testamento como del Nuevo, necesitamos tener la impresión correcta, y para esto, tenemos que ser personas sensibles. Esta es la razón por la cual tenemos que aprender las debidas lecciones delante del Señor. Si una persona tiene poco discernimiento, no puede apreciar la dignidad del Señor Jesús cuando lee los evangelios. Pero si es quebrantada aunque sea un poquito, conocerá el significado de la dignidad, y cuando lea de nuevo la Biblia , apreciará más la dignidad del Señor Jesús. Si uno no conoce el significado de la dignidad y de la gloria, ¿cómo puede formarse una impresión de la dignidad y la gloria del Señor? Tenemos que recibir las lecciones apropiadas de parte del Señor, y Su naturaleza nos tiene que ser añadida diariamente. De esta manera, nuestra comprensión de la palabra de Dios será más exacta y tendremos impresiones más profundas y cada día entenderemos más la Palabra. Debemos recordar el principio de que al que tenga se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo poco que tiene le será quitado (Mt. 13:12). No debemos pasar por alto nuestras lecciones, porque si lo hacemos perderemos aun lo poco que tenemos.

W. Nee

Jesus es el Señor

La iglesia en Armenia

Cómo estudiar la Biblia

Publicado por: Living Stream Ministry

Literatura disponible en

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Bogota Colombia

 

Nuestro proposito no es comunicar conocimiento, ni métodos bíblicos a los santos, sino ayudar a los que ya siguen al Señor y caminan en esta senda con el objeto de avanzar.
Watchman Nee
 
El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
Ciertamente hay un camino solitario para los que buscan andar con Dios. Pero cuando andemos con el Señor, vamos a encontrar compañia en otros que tambien conocieron el rechazo y el sufrimiento cuando  anduvieron con Dios, y aprendieron sus caminos


#608 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Mié, 29 de Jul, 2009 3:28 pm
Asunto: ENTREMOS EN LOS HECHOS
hgo1939@...
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II. ENTREMOS EN LOS HECHOS
NARRADOS POR EL ESPIRITU SANTO

 

A. La impresión
que dejan los hechos

Cuando leemos la Biblia , el Espíritu Santo requiere que tengamos una impresión definida de los hechos. No toda la Biblia consta de enseñanzas; gran parte de ella se compone de hechos y relatos. El Espíritu Santo desea que los hechos, las historias y los relatos produzcan cierta impresión en nosotros. Una vez que obtengamos por el Espíritu Santo una impresión de esos hechos, le será fácil comunicarnos la palabra de Dios. Si los hechos no producen una impresión en nosotros, la Palabra de Dios no permanecerá en nosotros ni producirá el efecto apropiado.

La impresión a la que nos referimos no es estar informados en general de las narraciones, sino a una visión de los puntos característicos que dejan una impresión duradera en la mente. Cada evento en la Biblia tiene sus características. Si no entendemos estas características, no podremos entender la Palabra de Dios. Cuando leemos un contrato, no es suficiente verificar si tiene la firma o no; debemos verificar de quién es la firma. La impresión de la que hablamos no es una impresión general, sino una impresión específica. Cuando descubrimos la característica especial, podemos saber lo que Dios desea decir en el texto. Es posible que una persona pueda recordar y transmitir un relato bíblico sin notar su carácter especial. Esto muestra que no entiende la Palabra de Dios. El Nuevo Testamento consta de los cuatro evangelios, Hechos, las epístolas y Apocalipsis. Para penetrar en las epístolas tenemos que entrar en el pensamiento del Espíritu Santo. Sin embargo, en los cuatro evangelios y en Hechos, además de abrir nuestro corazón al Espíritu de Dios, tenemos que permitirle que nos deje una profunda impresión con los hechos. Tenemos que descubrir la diferencia entre ciertos hechos y tenemos que detectar las características específicas que presentan esos hechos.

Una impresión es semejante a una fotografía. La cámara usa una película plástica delgada, cubierta de cierto material químico llamado bromuro de plata. Hace unas décadas, esta película solamente podía contener decenas de millares de partículas de bromuro de plata por centímetro cuadrado. Esta es la causa por la cual las fotografías que se producían en ese entonces no eran muy nítidas, pues tenían una apariencia granular. Más tarde, la película fue mejorada, y ese granulado desapareció. La imagen es ahora más clara porque cada pulgada cuadrada de la película puede contener millones de partículas de bromuro de plata. De la misma manera, cuanto más fina sea nuestra constitución interior, mejor impresión tendremos. Si nuestro corazón y nuestro espíritu están abiertos a Dios, y si somos sensibles, el destello de hechos que el Espíritu Santo ponga delante de nosotros va a generar una profunda impresión en nosotros. Si somos sensibles y flexibles, veremos dos cosas: primero, localizaremos el énfasis de la Palabra de Dios y el enfoque de Su revelación, y en segundo lugar, sabremos qué es lo que Dios desea comunicar con los hechos. Así podremos diferenciar entre diferentes hechos.

Una persona tosca nunca verá los puntos finos de la Biblia. Un hombre debe ser blando, y sus sentimientos deben ser muy sensibles para que la Palabra de Dios pueda dejar una impresión clara en él. No solamente vislumbrará el panorama completo, sino que también recibirá una impresión exacta de los puntos más específicos y de los delineamientos, y tendrá certeza de cada aspecto delicado e intrínseco que contienen los hechos.

B. La necesidad de ser sensibles

 

Muchas persona que leen la Bibli procuran hallar los aspectos específicos y finos que contiene. Sin embargo, sin sentimientos finos y tiernos, no se pueden percibir aquellos aspectos tiernos. Examinemos los cuatro evangelios y el libro de Hechos. Estos cinco libros son una crónica de Jesús y revelan más hechos acerca de El que las epístolas. Necesitamos tener impresiones específicas y finas de los hechos relacionados con el Señor Jesús. Estudiemos otros ejemplos.

 

1. Contrastes

 

a. Zaqueo y los dos discípulos que iban a Emaús

Al comparar Lucas 19 con Lucas 24 encontramos una marcada diferencia entre la visita del Señor a la casa de Zaqueo y Su visita a los dos discípulos que iban camino a Emaús. El expresó el deseo de ir a la casa de Zaqueo, pero en el caso de los dos discípulos, parecía que quería seguir de largo. Una persona con una percepción fina detectaría estas dos actitudes opuestas. En el caso de Zaqueo, el Señor se acercó a un vil pecador. Este no era un publicano cualquiera; era el jefe de los recaudadores de impuestos. El Señor no esperó a que él lo invitara, sino que se invitó a la casa de él. No hay duda de que Zaqueo deseaba ver al Señor, pero estaba consciente de su baja estatura y de su mala reputación, y se sentía demasiado avergonzado como para invitar al Señor. En tales circunstancias, el Señor dijo: "Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que me quede en tu casa" (Lc. 19:5). Este era un pecador que no se atrevía a invitar al Señor a su casa. El Señor se invitó a Sí mismo a esa casa. El entendía a Zaqueo, pues era muy sensible. Si nuestros sentimientos son lo suficientemente tiernos, entenderemos lo que el Señor desea.

Los dos discípulos que iban camino a Emaús se habían vuelto atrás. Sus ojos estaban cubiertos por un velo, y no reconocían al Señor. El anduvo con ellos, habló con ellos y les explicó las Escrituras. Cuando estaban cerca de la aldea, El actuó como si fuera a seguir de largo (24:28). La actitud del Señor hacia los dos discípulos fue diferente a la que mostró ante Zaqueo. Este estaba frente a grandes obstáculos: se avergonzaba de su condición. El Señor fue muy tierno para con él y se invitó a entrar en su casa. Los dos discípulos que iban para Emaús ya conocían al Señor, pero se habían vuelto atrás. Aunque habían oído mucho del Señor, seguían en su camino a Emaús. Esta fue la razón por la cual el Señor actuó como si fuera a seguir Su camino. Se quedó con ellos porque se lo rogaron. En el primer caso, un hombre viene al Señor. En el otro, dos hombres están alejándose de El. En efecto, la actitud del Señor fue diferente. Tenemos que llegar a los tiernos sentimientos del Señor Jesús para percatarnos de quién es Jesús de Nazaret, a quién Dios desea revelarnos.

 

b. Las dos ocasiones
en que Pedro se fue a pescar

En Lucas 5 Pedro había estado pescando toda la noche y no había pescado nada. No obstante el Señor Jesús le dijo: "Boga mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca" (v. 4). Los pescadores echaron las redes y cogieron una gran cantidad de peces. No habían pescado nada, pero repentinamente recogieron una gran cantidad de peces. Entonces Pedro cayó de rodillas ante Jesús, y le dijo: "Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador" (v. 8). En Juan 21 encontramos a Pedro y a otros discípulos pescando de nuevo. El Señor les preguntó: "Hijitos, ¿no tenéis algo de comer? Le respondieron: No. El les dijo: Echad la red a la derecha de la barca" (vs. 5-6). Entonces atraparon muchos pescados. En la pesca de Lucas 5 el Señor Jesús revela Su gloria a Pedro. Cuando esta gran gloria resplandeció sobre éste, comprendió que era un pecador y que no era digno de la presencia del Señor. Cuando Pedro se fue a pescar, después de la resurrección del Señor; se tiró al mar y nadó hasta la orilla al reconocer al Señor (Jn. 21:7). Perdió todo interés en la pesca cuando reconoció al Señor. En ambos casos él tuvo la misma revelación. Pero en el primer caso, la revelación hizo que este hombre se conociera a sí mismo y le rogara al Señor que se apartara de él. En el segundo caso, la revelación condujo a este hombre que ya conocía al Señor, a una relación más íntima con El. Una vez que identificamos la diferencia entre estos dos casos, tenemos la debida impresión de los hechos. En todos estos asuntos necesitamos una sólida impresión de los hechos.

 

c. El Señor alimenta a los cinco mil,
y María lo unge

Estos dos incidentes se narran en los cuatro evangelios: la alimentación de los cinco mil por parte del Señor y la unción del Señor por parte de María. Después de que el Señor alimentó a los cinco mil, ordenó a los discípulos que recogieran los pedazos para que nada se perdiera (Jn. 6:12). Esto es sorprendente. El Señor realizó el milagro de alimentar a una multitud; aún así les dijo a los discípulos que recogieran los pedazos que sobraron para que no se desperdiciaran. Más adelante, una mujer vino al Señor y quebró un frasco de alabastro y derramó el ungüento sobre la cabeza del Señor. Algunos discípulos dijeron: "¿Para qué se ha hecho este desperdicio de ungüento?" Pero el Señor Jesús respondió: Ella "ha hecho en Mí una buena obra" (Mr. 14:3-7). Aquí vemos un contraste entre dos cosas: la multiplicación de los panes y la unción del Señor. En un caso, nada se desperdició, mientras que en el otro, parece verse un gran derroche. Nada de lo que es producido milagrosamente se puede desperdiciar; pero el perfume que valía trescientos denarios fue derramado sin reservas sobre el Señor; no fue utilizado para alimentar a los cinco mil, sino para ser consumido por el Señor en un instante. No se recogió sino que se derramó. Era un solo frasco, y no doce cestas. Todos éstos son contrastes. Cuando el Hijo de Dios realizó el milagro, inclusive las sobras se debían recoger. Pero El no estima que es demasiado recibir la consagración de un regalo que cueste trescientos denarios. Los cuatro evangelios relatan esta historia, y en todas partes donde se predique el evangelio, se ha de recordar este caso. La consagración debe ir hasta donde el evangelio vaya. A donde quiera que el evangelio vaya, debe seguirlo una consagración incondicional. Las riquezas del evangelio deben ser las riquezas de la unción y consagración del hombre. Necesitamos ser impresionados profundamente por este hecho.

 

d. El juicio del Señor
y el juicio de Pablo

Algunas veces es muy significativo comparar los cuatro Evangelios con los Hechos. Podemos comparar el juicio al que fue sometido el Señor y el juicio al que fue sometido Pablo. Cuando Pablo fue juzgado, dijo que era fariseo e hijo de fariseo (Hch. 23:6). Este no fue el caso del Señor Jesús. Valoramos a nuestro hermano Pablo. Pero lo mejor que el mundo puede producir no pasa de ser un hijo de hombre. Sin embargo, Jesús de Nazaret ¡es el único Hijo engendrado por Dios! Cuando lo comparamos, encontramos que uno es el único Hijo engendrado de Dios, mientras que Pablo es uno de los muchos hijos de Dios. Uno es el Señor, y el otro es el siervo; uno es el Maestro, y el otro, el discípulo. Aunque los logros de Pablo eran muchos, no podía comparase con su Señor. Sólo al ser sensibles y perspicaces, conoceremos al Señor según se describe en los evangelios y a los apóstoles según se describen en Hechos. Si no somos sensible, nada nos impresionará. Aun si el Señor desea mostrarnos algo, no podremos postrarnos delante de El y adorarlo. Un hombre descuidado trata la Biblia como si fuera un libro de narraciones sin importancia; trata de interpretarlo todo, y es difícil que el Espíritu Santo lo impresione con algo.

 

e. El Señor "pasó por en medio"
y Pablo "fue bajado"

En cierta ocasión, el Señor Jesús leyó las Escrituras en la sinagoga de Nazaret. Cuando terminó, añadió un breve comentario, por lo cual la multitud lo llevó hasta la cumbre del monte para arrojarlo al precipicio. Sin embargo El, pasando en medio de ellos, se fue (Lc. 4:29-30). ¡Qué majestuoso y digno fue El! El no fue como Pablo que tuvo que ser bajado por un muro en una canasta (Hch. 9:25). No decimos que Pablo actuó mal; nos referimos a que hay una diferencia en naturaleza. El Señor pasó en medio de la multitud y se fue. Estas palabras: "El pasó en medio de ellos, y se fue" (Lc. 4:30), deben dejarnos una impresión. Cuando el Señor pasó en medio de quienes querían matarlo, éstos sólo pudieron observar sin hacer nada. ¡Cuán digno y noble es nuestro Señor!

W. Nee

Jesus es el Señor

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Cómo estudiar la Biblia

Publicado por: Living Stream Ministry

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Nuestro proposito no es comunicar conocimiento, ni métodos bíblicos a los santos, sino ayudar a los que ya siguen al Señor y caminan en esta senda con el objeto de avanzar.
Watchman Nee
 
El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
Ciertamente hay un camino solitario para los que buscan andar con Dios. Pero cuando andemos con el Señor, vamos a encontrar compañia en otros que tambien conocieron el rechazo y el sufrimiento cuando  anduvieron con Dios, y aprendieron sus caminos


#607 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Dom, 9 de Ago, 2009 7:28 pm
Asunto: Apartado para el evangelio de Dios semana 14
hgo1939@...
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Apartado para el evangelio de Dios

Semana 14--- Conformados a la imagen de Su Hijo

Lunes --- Leer con oración: Jn 10:11; 1 Ti 4:15; 2 Ti 2:7

"Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros" (2 Ti 1:14)

LA IMPORTANCIA DE RUMIAR LA PALABRA DE DIOS

Una necesidad crucial para que seamos conformados a la imagen del Hijo de Dios es invertir tiempo para leer, orar y rumiar la Palabra, por medio de la cual recibimos el suministro de luz y vida. Sin esta práctica saludable, difícilmente entenderíamos la diferencia entre las diversas expresiones sobre el evangelio que encontramos en la Biblia.

El Señor Jesús dijo que Él es el buen pastor, que da la vida por las ovejas, es decir, por todos Sus discípulos (Jn 10:11). Así como la oveja es un animal rumiante, nosotros también debemos rumiar la palabra de Dios. La palabra rumiar significa masticar nuevamente el alimento. Esta es la característica de algunos animales, como el buey y la oveja, que tiene un estómago complejo con tres o cuatro cámaras o compartimientos, adaptados para el rumiar. Esto hace que todos los nutrientes contenidos en el alimento ingerido sean bien aprovechados.

Durante la masticación de los alimentos, no sólo los dientes son importantes, sino también la saliva. En esta fase el alimento se hace más fino para que en el estómago, el jugo gástrico, produzca la degradación de las moléculas a fin de formar sustancias más simples para ser absorbidas por el organismo.

Comer muy rápido dificulta nuestra digestión. Cierta vez fui muy ayudado por un hermano al respecto, cuando me invitó a su casa para comer. Él observó que comía muy rápido los alimentos que me fueron servidos, me dijo que debía masticar por lo menos treinta veces cada porción ingerida. A partir de esa experiencia, comencé a comer más lentamente. Así, no sólo se minimizan los problemas relacionados con el estómago, sino también se ayuda a nuestro sistema digestivo a funcionar mejor.

De la misma manera, cuando leemos la palabra de Dios, necesitamos hacerlo adecuadamente. Es por eso que siempre animamos a los hermanos a no sólo leer la Palabra, sino también a orar y rumiar lo que leen.

Esta ha sido nuestra práctica diaria durante muchos años. En nuestras reuniones hemos rumiado la palabra del Señor sin prisa, disfrutando cada versículo leído, sacando todos los nutrientes necesarios para nuestro ser, así como lo hace una oveja. De esta manera, además de valorar la palabra de Dios, somos ayudados a memorizar las verdades en nuestro interior para que podamos aplicarlas en nuestro vivir cotidiano (2 Ti 1: 13-14). ¡Alabado sea el Señor!

Punto Clave: Rumiar la palabra de Dios es valorarla.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿De qué manera podemos rumiar la palabra de Dios?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 14 --- Conformados a la imagen de Su Hijo

Martes --- Leer con oración: Gn 2:7; Mt 16:24-26; Ro 7:24-25; 8:1-3

"Anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz" (Col 2:14-15)

LA ESTRATÉGIA DE DIOS PARA CONDENAR AL PECADO Y A SATANÁS

Gracias al Señor, porque ya fuimos apartados para el evangelio de Dios (Ro 1:1). Nuestro objetivo ahora es predicar el evangelio para que el reino de Dios sea establecido en la tierra. Una vez que recibimos esta carga, necesitamos santificar Su nombre, invocándolo para que Su reino venga hasta nosotros y Su voluntad sea hecha en la tierra como es hecha en los cielos (Mt 6:9-10). El reino de los cielos está totalmente relacionado con la vida; si tenemos la vida divina, estamos en el reino de los cielos (Jn 3:5-6).

El hombre fue hecho un alma viviente con la finalidad de contener la vida divina y expresar a Dios mismo. Al comer del árbol de la vida, que simbolizaba a la vida divina, habría sido suplido con la vida divina y ejercería la autoridad por Dios. Lamentablemente, con la caída del hombre, al comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, el pecado entró en él y su alma pasó a tener una vida independiente de Dios. El alma humana pasó a estar bajo la influencia del pecado y, a partir de entonces, el hombre dejó de depender de Dios y comenzó a vivir bajo el control de su propia vida del alma (Gn 2:17; Mt 16:24-26).

Por medio de Jesús, el Hijo del Hombre, tenemos el evangelio de la gracia (Ro1:3). Él es Dios mismo que se hizo carne. En realidad, Él tomó la semejanza de la carne de pecado, pero sin pecado, y por medio de ella llevó a Satanás a la cruz (Jn 1:1, 14; Ro 8:3; He 4:15).

Cuando creímos en la obra redentora del Señor por nosotros, tomamos posesión de la salvación que nos fue otorgada. Este es el evangelio de la gracia para toda la humanidad.

En Romanos 7:24 leemos: "¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?". Esta era la experiencia de Pablo antes de su salvación, pero seguidamente exclamó: "Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro, (...) Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu" (7:25a, 8:1). El evangelio de Dios alcanza al hombre por medio de la redención de Cristo, que es el contenido del evangelio de la gracia. ¡Aleluya, Cristo ya nos libró de la condenación eterna!

Punto Clave: ¡Gracias a Dios por Jesucristo Señor nuestro!

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Cuál fue la estrategia que Dios usó para condenar, en la carne, al pecado y a Satanás?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 14 --- Conformados a la imagen de Su Hijo

Miércoles --- Leer con oración: Mt 26:28; 27:54-55; Mr 15:39-40; Lc 23:47-49

"Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua" (Jn 19:34)

EL EVANGELIO DE LA GRACIA ES PARA EL EVANGELIO DE LA VIDA

Al comienzo del capítulo 8 de la Epístola a los Romanos, somos introducidos en el evangelio de la vida, que es el evangelio del reino de los cielos, abordado en el Evangelio de Juan. En otras palabras, el evangelio de la vida es lo mismo que el evangelio del reino de los cielos, porque para que entremos en el reino, es primordial que hayamos recibido la vida de Dios.

El Señor Jesús abordó este asunto cuando le dijo a Nicodemo que: "el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios", y también: "el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios" (Jn 3:3, 5).

Nicodemo tenía una posición elevada en la sociedad; era considerado uno de los principales entre los judíos y ciertamente tenía mucha experiencia en la vida humana (v. 1). De noche fue para encontrarse con Jesús y Lo llamó de Maestro, le dijo que nadie podía hacer tales señales milagrosas si Dios no estuviera con Él. Aunque Nicodemo tenía un amplio conocimiento humano, desconocía la necesidad que el hombre tenía de ser regenerado, es decir, de nacer de nuevo (v. 4).

Nacer de nuevo es lo mismo que nacer del agua y del Espíritu. Cuando el Señor Jesús fue crucificado, un soldado Le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua (Jn 19:34). Entre los cuatro evangelistas, solamente Juan vio y citó este hecho, porque estaba muy cerca de la cruz (vs. 35; 25-26).

Mateo no hizo ningún registro del agua en su evangelio (27:33-56). Marcos, por su parte, cuando el Señor Jesús fue crucificado, era aún muy joven. De acuerdo con la historia, Marcos escribió su evangelio basado en la narración de Pedro. Durante la preparación para la crucifixión, Pedro también se encontraba lejos de la cruz, por eso no pudo ver el agua, sino solamente la sangre (15:22-41). Por otro lado, Lucas tampoco pudo ver el agua, porque no estaba presente en la crucifixión. Su evangelio fue el resultado de una recopilación a una minuciosa investigación de los testimonios de aquellos que fueron testigos oculares del ministerio terrenal del Señor Jesús (1:1-4; cfr. 23:49).

El evangelio de Juan, escrito aproximadamente sesenta años después de la crucifixión de Jesús, nos muestra que no sólo el Señor murió por nuestros pecados derramando Su sangre en la cruz, sino también que de Él salió agua para liberar Su vida divina a fin de que el hombre tenga vida eterna (Mt 26:28; Mr 14:24; Lc 22:20; Jn 3:16). Con el derramamiento de la sangre, nuestros pecados fueron perdonados y el acta de los decretos que había contra nosotros para con Dios fue anulada (Ef 1:7; Col 2:13-15). Por medio de la muerte del Señor Jesús en la cruz, además de la remisión de los pecados, tenemos la vida divina que fluyó hacia la humanidad. Hoy todo aquel que cree en la obra redentora del Señor Jesús puede recibir la vida de Dios (Jn 3:14-15).

Recibir la vida divina es la meta del evangelio de la gracia. Después que oímos y creímos en este evangelio, las exigencias de Dios para nosotros en cuanto a la justicia, santidad y gloria fueron satisfechas por el derramamiento de la sangre de Cristo en la cruz. Basados en la redención, tuvimos otra vez acceso a Cristo como el árbol de la vida (Ap 22:14). A partir de entonces recibimos la comisión de predicar el evangelio de la gracia a todos los hombres para que el reino de Dios sea traído a la tierra.

Punto Clave: La vida divina es la meta del evangelio de la gracia.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Por qué Juan 19:34 es tan importante?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 14 --- Conformados a la imagen de Su Hijo

Jueves --- Leer con oración: Mt 4:23; 24:14; Jn 10:28; Ro 1:4; 8:6, 10-11, 13

"Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia" (Ro 8:10)

EL EVANGELIO DE LA VIDA ES PARA DISPENSAR LA VIDA DIVINA A TODO NUESTRO SER

Después de creer en el evangelio de la gracia, necesitamos dar un paso adelante: avanzar hacia el evangelio de la vida. El Señor Jesús fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección y nos concedió la vida divina (Ro 1:4; Jn 10:28).

Una vez que creímos en la redención realizada por Cristo en favor nuestro, la vida de Dios entró en nosotros con el objetivo de operar en nuestro interior para darnos el crecimiento de vida. Este crecimiento es lo que nos hará entrar en la manifestación del reino de los cielos (Jn 3:5; Fil 2:12; 2 P 1:8-11).

Mientras tengamos más crecimiento de la vida divina, más el reino de los cielos tendrá una realidad en la tierra. Por eso, necesitamos recibir la comisión de vivir en la realidad del reino de los cielos y predicar este evangelio en todo el mundo. Cuando esto suceda, "entonces vendrá el fin" (Mt 24:14). Esta carga está relacionada con la comisión dada por Dios al hombre en Génesis 1:28 de fructificar, multiplicar, llenar la tierra y sojuzgarla y señorear por Él sobre todo lo que había creado.

La predicación del evangelio tiene como meta salvar a todos los hombres (1 Ti 2:4a). Pero, después de ser regenerados, aún necesitan ser cuidados y alimentados con la vida que hay en la Palabra (Jn 21:15-17; Gá 4.1-2; 1 Ts 2:8-12; 1 Ti 2:4b). Este es el aspecto principal del evangelio del reino, el evangelio de la vida. El lugar preparado por Dios para que este evangelio se desarrolle es la iglesia, la realidad del reino de los cielos (Mt 16:18-19).

El evangelio de la vida tiene como meta dispensar la vida mediante el Espíritu a las tres partes de nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo. Cuando invocamos el nombre del Señor y oramos, nuestro espíritu toca al Espíritu y gana la vida de Dios (Ro 8:10). Cuando ponemos nuestra mente en el espíritu, la vida divina que está en él se expande hacia nuestra alma (v. 6). Por medio del dispensar continuo del Espíritu en nosotros, incluso nuestro cuerpo es beneficiado y recibe vida (vs. 11-13). Así, todo nuestro ser recibe vida.

Entonces, a través de las situaciones por las que pasamos, todas las cosas nos ayudan para que seamos más conformados a la imagen de Cristo, pues fuimos llamados conforme a Su propósito (vs. 28-29). ¡Alabado sea el Señor! ¡El evangelio de la vida es para dispensar la vida divina a todo nuestro ser tripartito!

Punto Clave: Todos necesitamos tener un espíritu de oración para practicar la comisión que nos fue dada.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Cómo todo nuestro ser tripartito puede recibir vida

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 14 --- Conformados a la imagen de Su Hijo

Viernes --- Leer con oración: Lc 19:11-27, Ro 8:15b, 23, 26-29

"Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados" (Ro 8:17)

POR EL CRECIMIENTO DE VIDA OBTENEMOS LA FILIACIÓN Y LA HERENCIA

Además de hijos de Dios, también fuimos predestinados para la filiación. Tener la filiación significa estar calificados para recibir la herencia que Dios reservó para Sus hijos (Ro 8:17; 1 P 1:4). Cuando recibimos la vida divina, el Señor Jesús entró en nosotros como el Primogénito de entre muchos hermanos (Ro 8:15b, 17; Jn 20:17). Ahora Dios desea dispensar diariamente Su vida a nosotros para conformarnos a la imagen de Su Hijo primogénito y hacernos herederos de Su herencia en la era venidera.

En el Antiguo Testamento solamente el primogénito recibía la herencia del padre. Gracias al Señor, porque en el Nuevo Testamento somos la iglesia de los primogénitos, llegamos a ser los muchos hijos de Dios para ser Sus herederos y coherederos con Cristo.

¡Aleluya! Tenemos una relación de vida con Dios. El Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios y nos lleva a clamar: "Abba, Padre". (Gá 4:6; He 12:23). A medida que crecemos en vida, llegamos a ser herederos y coherederos con Cristo. Aunque este proceso de crecimiento espiritual implique sufrimiento, al final seremos glorificados con Él. Dios galardonará a Sus herederos en la manifestación del reino de los cielos y nosotros gobernaremos sobre la tierra.

En el Evangelio de Lucas vemos la parábola de las diez minas, que nos muestra la porción, o el galardón, que los hijos de Dios recibirán en la venida del Señor según la fidelidad de cada uno. De acuerdo con la parábola, Él nos dará el galardón cuando recibamos la autoridad sobre las ciudades, conforme a la ganancia que hayamos obtenido al negociar Sus minas (19:11-19).

Además de negociar las minas para ser galardonados, también necesitamos alcanzar la plena filiación. En Romanos 8:19 leemos: "Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios", y el versículo 23 continua: "y no sólo esto, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, aguardando con anhelo la plena filiación, la redención de nuestro cuerpo". La redención de nuestro cuerpo se refiere a la culminación de nuestra plena filiación. La plena filiación nos fue prometida y, sólo con la redención de nuestro cuerpo la obtendremos. Cuando esto suceda, hasta la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios (v. 21).

Nuestro espíritu ya fue salvo y hoy estamos en el proceso de la salvación del alma, y finalmente nuestro cuerpo será redimido. Lo que es mortal se vestirá de inmortalidad y el cuerpo de la humillación nuestra será transformado para que sea semejante al cuerpo de la gloria Suya (1 Co 15:54; Fil 3.21).

Mientras aún no alcanzamos la plena filiación, la redención de nuestro cuerpo, tenemos al Espíritu que nos ayuda en nuestras debilidades, además intercede por nosotros con gemidos indecibles (Ro 8:26). Puesto que no sabemos como orar como conviene, el Espíritu intercede por nosotros conforme a la voluntad de Dios (v. 27), la cual es que crezcamos y maduremos en la vida de Dios y seamos conformados a la imagen de Su Hijo primogénito.

Cuando oramos o ministramos la Palabra, debemos estar en el espíritu y aquietarnos en la presencia de Dios, a fin de que nos dé Su dirección. Cuando estamos en el espíritu, el Espíritu Santo intercede por nosotros y ora de acuerdo a lo que es mejor para nosotros según la voluntad de Dios. Esta es, en realidad, la mejor oración, pues así el Espíritu intercede por aquellos a quienes desea dar la vida de Dios.

Esto no quiere decir que no debamos orar con nuestras palabras, sino porque nuestras oraciones pueden dejar de ser dirigidas por el Espíritu. Cuando oramos conforme a la voluntad de Dios, el mismo Espíritu Santo nos lleva a orar. Ciertamente el Señor oirá este tipo de oración.

Punto Clave: Crecer en vida para alcanzar la plena filiación.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Cuándo ora al Señor lo hace para obtener cosas o por su crecimiento de vida?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 14 --- Conformados a la imagen de Su Hijo

Sábado --- Leer con oración: Ro 8:30; Ef 4:11-12; 1 P 1:1-7; 2 P 1:1-7

"Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos" (Ro 8:29)

SER CONFORMADOS A LA IMAGEN DE CRISTO

Al estudiar las epístolas de Pedro, vimos que fuimos regenerados para una esperanza viva y que el fin de nuestra fe es la salvación de nuestra alma. Para que nuestra alma sea salva por la vida divina, necesitamos pasar por el fuego santificador del Espíritu, que elimina todas las impurezas. A medida que negamos nuestra vida del alma, más de la vida de Dios nos es añadida (1 P 1:3-7, 9; 2 P 1:1-7).

Fue el Señor Jesús mismo quien habló por primera vez sobre la necesidad de negar nuestra vida del alma (Mt 16:24). En este pasaje de las Escrituras, vemos que negar la vida del alma es el punto más importante para practicar en la vida de la iglesia. Aunque existen muchas verdades concernientes a la iglesia, después de habérsela revelado a Sus discípulos, el Señor aprovechó la oportunidad para mostrarnos que el asunto práctico principal es que nos neguemos a nosotros mismos y tomemos la cruz para seguirlo.

En la proporción en que nos negamos a nosotros mismos, nuestra vida del alma disminuye y la vida de Dios crece cada vez más en nosotros. Esta es la manera de ser más conformados a la imagen de Cristo cada día (Ro 8:29). Si nuestra vida del alma está ocupando todo el espacio de nuestro ser, la vida de Dios no tendrá la oportunidad de dispensarse a nosotros. Por tanto, por medio de negar la vida del alma, poco a poco le damos espacio a Dios y somos transformados por Su vida. En consecuencia, llegamos a la etapa del evangelio de la vida, que es el evangelio del reino de los cielos.

La vida de la iglesia es el medio que el Señor usa para que seamos llenos con la vida de Dios. En ella somos perfeccionados y cada día somos más semejantes a Cristo. Este perfeccionamiento sucede más intensamente cuando predicamos el evangelio. Cuando separamos un periodo de tiempo para ser perfeccionados, por ejemplo, en el Centro de Perfeccionamiento para la Propagación del Evangelio: CEPPEV, nos negamos a nosotros mismos y, consecuentemente, Cristo es más añadido a nosotros.

En Efesios 4:11 leemos: "Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros". Los apóstoles, profetas y evangelistas son para las iglesias, es decir, para la obra. Los pastores y maestros, son dos aspectos de una sola función, y son dados a la iglesia que está en cada ciudad.

Todos nosotros podemos tener un ministerio, pues cada santo recibió de parte de Dios dones, que pueden ser perfeccionados a fin de que se conviertan en ministerios (v. 12; cfr. 2 Ti 4:5). Los santos deben ser, primeramente, perfeccionados para ser evangelistas. Siempre los animo a salir a todas las ciudades para predicar el evangelio a fin de que las personas sean salvas. Después de predicar el evangelio, los incentivo a ser más perfeccionados y así se conviertan en profetas (1 Co 14:3, 5). De esta manera, ellos ministran la Palabra a las personas que son salvas, suministrándoles la vida para que también crezcan. Espontáneamente, ejercen la función de apóstol y el testimonio de la iglesia es levantado en aquella ciudad.

En resumen: comenzamos con el ministerio de evangelista, llevando a las personas a ser salvas. Después desarrollamos el ministerio de profeta, siendo perfeccionados para hablar por el Señor, y finalmente, somos perfeccionados en el ministerio de apóstol para levantar iglesias de ciudad en ciudad.

Con la finalidad de que el testimonio de la iglesia prosiga de una manera normal, debemos perfeccionar a un grupo de personas para que tengan la función de pastor y maestro, para que ayuden a los demás santos de la ciudad a ser alimentados y enseñados. Por medio de estos cuatro tipos de personas, los santos son perfeccionados para ejercer su ministerio con miras a la edificación del Cuerpo de Cristo..

Punto Clave: Disminuir la vida del alma para que aumente la vida divina.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Cuáles son los beneficios de negar la vida del alma?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 14 --- Conformados a la imagen de Su Hijo

Domingo --- Leer con oración: Sal 82:6; Ro 8:31, 35-39; Ef 4:13

"Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó" (Ro 8:30)

LLENOS DE LA VIDA Y LA NATURALEZA DE DIOS

El objetivo del perfeccionamiento de los santos es para que todos lleguemos a ser iguales a Cristo (Ef 4:13). Ser igual a Cristo es lo mismo que ser lleno de la vida de Dios. Ser conformado a la imagen de Cristo es ser como Dios mismo en vida y naturaleza, pero sin la Deidad. Esto es posible a medida que ganamos más y más de Su gracia y vida.

El Señor nos predestinó para que seamos conformados a la imagen de Su Hijo, a fin de que Él sea el primogénito entre muchos hermanos. Además, nos llamó y nos justificó. Después de ser conformados a la imagen del Hijo de Dios, seremos glorificados.

Después de nuestra regeneración, el Dios Triuno anhela crecer cada vez más en nosotros hasta que alcancemos la última etapa de la expresión divina: el amor (2 P 1:7). No podemos alegrarnos sólo por tener amor fraternal entre nosotros, necesitamos proseguir hasta llegar a la etapa del amor ágape, es decir, el amor de Dios. En otras palabras, la vida y la naturaleza de Dios necesitan crecer en nosotros.

Por tanto, la epístola a los Romanos nos muestra, que el evangelio de la vida que recibimos es el evangelio del reino de los cielos, que nos llevará a ser conformados a la imagen de Cristo para que también seamos glorificados (8:30b). Esto sucederá en el reino milenario, que será un lugar de gloria. ¡Aleluya!

El evangelio de la gracia tiene como objetivo conducirnos al evangelio del reino de los cielos. La práctica del evangelio del reino de los cielos es negar la vida del alma para hacer la voluntad del Padre. Así, crecemos en vida y somos conformados a la imagen de Cristo, hasta que seamos totalmente iguales a Él en vida y naturaleza. De esta manera seremos vencedores y reinaremos en gloria. ¡Aleluya! ¡Somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó!

Punto Clave: La cumbre del crecimiento de vida: el amor de Dios.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Cuál es el objetivo del perfeccionamiento de los santos?

Dong Yu Lan

Publicado por: Editora "Arvore da Vida"

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Jesus es el Señor!

La iglesia en Armenia

 

Nuestro proposito no es comunicar conocimiento, ni métodos bíblicos a los santos, sino ayudar a los que ya siguen al Señor y caminan en esta senda con el objeto de avanzar.
Watchman Nee
 
El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
Ciertamente hay un camino solitario para los que buscan andar con Dios. Pero cuando andemos con el Señor, vamos a encontrar compañia en otros que tambien conocieron el rechazo y el sufrimiento cuando  anduvieron con Dios, y aprendieron sus caminos


#606 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Mié, 19 de Ago, 2009 7:21 pm
Asunto: Apartado para el evangelio de Dios semana 15
hgo1939@...
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Apartado para el evangelio de Dios

Semana 15--- La predicación del evangelio a los judíos

Lunes --- Leer con oración: Gn 3:1-6; Mt 16:24; Ro 8:30b, 39

"Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame" (Lc 9:23)

EL PELIGRO DE VIVIR EN LA VIDA DEL ALMA

En semanas anteriores vimos que la serpiente habló palabras atrayentes para tocar la emoción de Eva, es decir, su alma. Además, sabemos que Satanás puede asumir una imagen bastante atrayente para engañar al hombre, como transformarse en un ángel de luz (2 Co 11:14). La imagen que algunos tienen de él es que posee una cara rojiza y ojos verdes, es una figura caricaturizada y equivocada. Él es muy sagaz y, a través de sus cuestionamientos y argumentos, sutilmente llevó a Eva a caer en la mente y actuar por la vida del alma.

Al ver que el árbol era bueno para comer, agradable a los ojos, y codiciable para alcanzar la sabiduría, la mujer decidió comer del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal y lo dio a su marido (v. 6). Adán y Eva fueron influenciados primeramente en la emoción y después en la mente, esto produjo la decisión de comer el fruto. Cuando lo hicieron, no murieron inmediatamente, pero su alma fue afectada por el pecado.

Debemos estar alertas, pues hasta hoy Satanás ha usado la misma sagacidad, diciendo mentiras para eludirnos y desviarnos del camino de la vida. El camino para que seamos victoriosos a las artimañas del enemigo de Dios es permanecer en el espíritu.

Alabamos al Señor, porque en estos dos últimos años nos ha iluminado más a través de Su hablar con respecto a estar en el espíritu y negar nuestra vida del alma para que lo sigamos. En estos veintitantos años, este ha sido nuestro énfasis para ayudar a las iglesias a tener un vivir de seguir al Señor.

Para seguirlo y estar libres de las artimañas de Satanás, que nos quiere desviar del camino de la vida, necesitamos negar nuestra vida del alma por medio de andar y vivir en el espíritu. En el pasado, tal vez algunos pensaban que pasar por tribulaciones exteriores era suficiente para ser llevados a negar la vida del alma. Ciertamente, nos ayudan a negarla, pero al estudiar las epístolas de Pedro conocimos un poco más de su experiencia, percibimos que él creció en vida porque cada vez que el Señor exponía su alma, aprendió a rechazarla, negándose a sí mismo, así permitía que el fuego del Espíritu purificara todas sus impurezas (1 P 1:7; cfr. Mt 3:11).

Que seamos iluminados para arrepentirnos y, podamos aprovechar como Pedro cada oportunidad para volvernos al Señor y ser purificados por Él.

Punto Clave: En el espíritu discernimos las estrategias de Satanás.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Sabe usted discernir el hablar del Señor del hablar de la serpiente?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 15 --- La predicación del evangelio a los judíos

Martes --- Leer con oración: Mt 3:11; 24:14; 1 P 1:7

"No apaguéis al Espíritu" (1 Ts 5:19)

DEBEMOS RECHAZAR TODO HABLAR NEGATIVO

Cuando leemos las epístolas de Pedro, nos damos cuenta que él creció en vida por medio de negar su vida del alma. Su espíritu era como un crisol que sirve para que el oro sea purificado en el fuego, que siempre está quemando. Pero eso sólo era posible porque él tenía el Espíritu de Dios.

Todos los que tienen al Espíritu vivificante mezclado con su espíritu humano, tienen el fuego que santifica las impurezas del alma. El fuego santificador del Espíritu siempre está preparado para que pongamos nuestra vida del alma para ser quemada. Así, llegamos a ser aptos para cumplir la voluntad de Dios.

El Señor Jesús nos apartó para predicar el evangelio de Dios. Esta práctica corresponde al evangelio de la vida, es decir, el evangelio del reino de los cielos mencionado en Mateo 16:19, 24. El evangelio de Dios es para el evangelio del reino, porque Dios desea traer Su reino a la tierra. Por tanto, la iglesia, como la realidad del reino de los cielos, tiene la comisión de predicar este evangelio para que el reino de Dios sea manifestado en la tierra.

Por eso, debemos estar siempre en el espíritu. Ayer vimos que Satanás intenta desviarnos del propósito de Dios con mentiras y palabras engañosas y, por estar en nuestra vida del alma, somos influenciados por él. Pero, si estamos en el espíritu, cuando sus palabras negativas lleguen hasta nosotros, la unción del Espíritu nos mostrará que debemos huir siguiendo la justicia, la fe, el amor y la paz con los que de corazón puro invocan al Señor (cfr. 2 Ti 2:22).

Cuando no estamos en el espíritu, nos quedamos vulnerables así como Eva. Como vaso más frágil, fue influenciada por Satanás para comer del fruto del árbol del conocimiento. Por eso, necesitamos ser fuertes, estar fortalecidos en el Señor, en la fuerza de Su poder. Necesitamos vestirnos de toda la armadura de Dios para que podamos estar firmes contra las asechanzas del diablo (cfr. Ef 6:10-11). No vamos a prestar atención a ninguna palabra negativa, sino prosigamos positivamente para cumplir la voluntad de Dios.

Punto Clave: Discernir y rechazar las mentiras de Satanás.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Cuál era la intención de Satanás al cuestionar a Eva?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 15 --- La predicación del evangelio a los judíos

Miércoles --- Leer con oración: Jn 8:44; Ro 8:1-2, 6, 10-17; 1 P 3:7

"Atando a la vid su pollino, y a la cepa el hijo de su asna, lavó en el vino su vestido, y en la sangre de uvas su manto. Sus ojos, rojos del vino, y sus dientes blancos de la leche" (Gn 49:11-12)

TENER PAZ CON TODOS LOS HOMBRES

Como ya vimos en días anteriores, debemos estar alertas pues hasta hoy Satanás usa la misma sagacidad que usó para engañar a Eva, habla mentiras a fin de eludir y desviar del camino de la vida a aquellos que no están vigilantes.

En nuestra experiencia también sufrimos calumnias. No obstante, nuestro corazón debe estar en paz para esperar la provisión divina en cuanto a este asunto. No debemos discutir o contender con nadie; por el contrario, debemos practicar lo que está en Romanos: "Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor" (12:18-19).

En varias ocasiones intentamos aclarar los desacuerdos por medio de la comunión, sin embargo, mientras más hablamos, buscan más argumentos para difamarnos. Esto nos recuerda la experiencia de Job y sus amigos. Cada uno de los amigos, según su propia justicia y opinión, lo criticó y juzgó. Sabemos que Satanás es el padre de la mentira y que todo el que hace un juicio falso no ha sido conducido por el Espíritu vivificante (cfr. Jn 8:44). Tenemos que poner atención para no salir de la esfera del espíritu y tampoco ser conducidos por el enemigo.

Estamos atados a la vid y debemos permanecer siendo positivos en el propósito que Dios nos encargó: edificar Su iglesia, predicando el evangelio del reino a todas las naciones (Gn 49:11; Mt 24:14). Hemos disfrutado del dispensar de la palabra del Señor en la epístola a los Romanos, con respecto a la diferencia entre el evangelio de la gracia y el evangelio del reino (5:10). Por medio del evangelio de la gracia, el problema de nuestros pecados ya fue solucionado, fuimos llevados a la presencia de Dios, nos reconciliamos con Él y recibimos Su vida. Ahora esta vida que está en nosotros necesita crecer cada vez más.

El Espíritu que mora en nuestro espíritu humano necesita expandirse a nuestra alma hasta que nuestro cuerpo mortal sea también vivificado (8:11). De esta manera, todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo será guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo (1 Ts 5:23).

Debemos proseguir en nuestra comisión y seguir positivamente adelante sin gastar nuestras energías en cosas negativas, sino sólo anhelando crecer en vida, vida y más vida. Así, cuando contactemos a las personas, podremos suministrarles vida. No andamos más conforme a la carne ni somos deudores de ella, sino que seguimos al Espíritu porque somos hijos de Dios. "Os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor, y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra. Tened paz entre vosotros. También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos" (1 Ts 5:12-14). Incluso pasando por situaciones de extrema dificultad, sabemos que el Señor nos capacitará para practicar Su palabra, seguirlo y hacer Su voluntad. ¡Alabado sea el Señor!

Punto Clave: Ganar vida, vida y más vida.

Su punto clave es:

Pregunta: En la práctica, ¿cómo podemos saturar nuestra alma con la vida de Dios?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 15 --- La predicación del evangelio a los judíos

Jueves --- Leer con oración: Ro 8:15, 16; 1 Jn 3:9; 4:8, 16; 5:11-12, 18

"Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios" (1Jn 4:7)

EXPULSAR AL PADRE DE MENTIRA Y AMAR A LOS HERMANOS

Ya hemos recibido el Espíritu de filiación por el cual clamamos: "Abba, Padre" (Ro 8:15). Mientras más invocamos a nuestro Padre eterno de lo más profundo de nuestro corazón, más libres seremos de las tentaciones de Satanás, pues él continúa hasta hoy actuando de la misma manera como lo hizo con Eva en el huerto de Edén.

Satanás siempre viene al hombre con palabras que encantan y despiertan su curiosidad. Además, su hablar cuestiona lo que Dios determinó para el hombre según Su buen placer. Mientras el hombre considere las palabras sutiles de Satanás, más envuelto será y se apartará más del propósito de Dios. Si estamos en el espíritu, donde mora el Espíritu de Dios, no daremos oídos a las artimañas del enemigo de Dios.

Ya tenemos el Espíritu de filiación y podemos clamar en todo momento: "¡Abba, Padre!" Además, la vida que entró en nosotros no peca, porque es la simiente divina (1 Jn 3:9). Esta simiente es poderosa para darnos la victoria sobre Satanás. Aunque él esté a nuestro alrededor intentando llevarnos a pecar, la vida divina que fue plantada en nuestro interior nos salvará. ¡Alabado sea el Señor! porque nos guarda y nos libra del mal (5:18). Por eso, no podemos dejar de clamar: "¡Abba, Padre!".

Somos hijos de Dios, porque ya hemos recibido Su vida (vs. 11-12). Dios es amor y éste es el sentir que debe reinar en nuestro corazón (4:8, 16). Aun cuando Satanás viene a difamarnos por medio de otras personas, debemos tener un corazón de amor para con ellas. Necesitamos orar y pedir al Señor que sean iluminadas. Estamos en la condición de la iglesia en Filadelfia descrita en Apocalipsis 3:7. Filadelfia significa amor fraternal. Si somos calumniados, debemos saber que por detrás de eso está Satanás, el acusador de nuestros hermanos (Ap 12:10). Que el Señor en Su infinita misericordia nos lleve a practicar el evangelio de la vida para que reinemos con Él en la era venidera.

Punto Clave: Filadelfia, la iglesia del amor fraternal.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Por qué es tan importante invocar el nombre del Señor cuando estamos bajo los ataques de Satanás?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 15 --- La predicación del evangelio a los judíos

Viernes --- Leer con oración: Ro 9:1-18

"Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne" (Ro 9:3)

EL AMOR DEL APÓSTOL PABLO POR SUS COMPATRIOTAS

Alabamos al Señor, porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un Cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu (1 Co 12:13). Así como Pablo tenía una fuerte unión con los judíos, sus compatriotas, nuestro deseo es que, de la misma manera nosotros, todos aquellos que ya recibimos el evangelio de la gracia, también tomemos posesión del evangelio de la vida (Ro 9:1-3).

Cuando Pablo dijo: "que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas" (v. 4), estaba hablando con respecto a los judíos. El apóstol había aprendido todo eso en el pasado, cuando todavía estaba ligado al judaísmo.

Después de ser iluminado por el Señor, Pablo aconsejó a sus compatriotas a no permanecer en la ley, en las cosas de la letra, en aquello que sólo era una sombra, sino que debían avanzar de las cosas antiguas a la realidad, que es Cristo.

En el pasado, recibimos también la ayuda de muchos hermanos, así como Pablo la recibió de los maestros del judaísmo. Al igual que él tenía la carga de llevar el evangelio a los judíos, también nosotros debemos tener la carga de predicar el evangelio de la vida a todos los que ya fueron salvos por el evangelio de la gracia. Podemos decirles: "Hermanos, ustedes ya recibieron el evangelio de la gracia y fueron reconciliados con Dios. Ya han nacido de nuevo y, puesto que recibieron la vida divina, necesitan estar con aquellos que tienen esta vida".

Para entender la carga de Pablo, tenemos la rica y abundante palabra de Dios: "No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes" (Ro 9:6-8). Los que andan según la carne tienen una relación en la carne, sin embargo también cita a "los hijos según la promesa", es decir, a la descendencia que salió de Isaac, y que corresponde a los hijos de la promesa.

En los versículos 9 al 13 leemos: "Porque la palabra de la promesa es esta: Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo. Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí".

Esaú era el hijo mayor y persiguió a Jacob, el menor, sin embargo Dios amó a Jacob. Ciertamente, por un lado, somos perseguidos por los "Esaús" de hoy, por otro, somos amados por Dios, así como Jacob fue amado por el Señor.

Los versículos siguientes continúan: "¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia" (vs. 14-16).

Como sabemos, cuando el pueblo de Israel estaba bajo una dura servidumbre en Egipto, ellos clamaron por liberación y el Señor les dijo: "Y yo endureceré el corazón de Faraón para que los siga; y seré glorificado en Faraón y en todo su ejército, y sabrán los egipcios que yo soy Jehová. Y ellos lo hicieron así" (Ex 14:4). Como podemos ver, el Señor de quien quiere tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece (Ro 9:18). Si algunas personas quieren atacarnos, no podemos hacer nada que no sea seguir la dirección de Dios, esperando en Él nuestra salvación. Crucemos el "Mar Rojo y el Jordán", prediquemos el evangelio y traigamos a las personas para que reciban Su promesa. ¡Alabado sea el Señor!

Punto Clave: Dios escogió a Jacob.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Por qué Pablo tenía tristeza y dolor en el corazón por sus compatriotas?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 15 --- La predicación del evangelio a los judíos

Sábado --- Leer con oración: Gn 2:7; Ro 9:19-23; 2 Ti 2:19-20; 1 P 1:7

"Y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria" (Ro 9:23)

VASOS DE HONRA Y VASOS PARA DESHONRA

Al escribir a los judíos, sus compatriotas, Pablo usó un ejemplo muy bueno: "Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? (...) ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria?" (Ro 9:19-23). Es como si Pablo estuviera diciendo a los judíos: "Dios escogió y separó a un grupo de personas como vasos de misericordia, como Sus vasos. Por eso, no usen su fuerza para ir contra lo que Dios determinó, intentando quebrar esos vasos. Los vasos fueron hechos por Dios y para Dios, que desea que sean para Su gloria. Ustedes deberían alegrarse por eso, y no tener envidia. Si Dios no los usó a ustedes, sino a otros, eso es asunto de Él. Necesitamos aceptar Su voluntad soberana".

Estos versículos hablan del alfarero que usa el barro para hacer vasos. Un vaso existe para contener algo, pero es el alfarero quien determina si el vaso es para honra o deshonra. Dios desea que seamos vasos para honra, sin embargo hay vasos que son para deshonra.

El hombre fue hecho de barro, por tanto fuimos creados como vasos de barro (cfr. Gn 2:7; Is 64:8; Ro 9:20-24). Éste también se asemeja a los vasos de madera (2 Ti 2:20; cfr. Job 19:10; Mt 3:10). Los vasos de madera son mejores y más útiles que los de barro. La madera indica la naturaleza humana y los vasos hechos de una buena madera representan a las personas de una humanidad elevada.

La plata en la Biblia representa a la obra de redención hecha por el Señor Jesús (Lv 5:15; 27:3; cfr. 1 P 1:18-19). Por la redención de Cristo y por el hecho de que la vida de Dios entró en el hombre, éste se convierte en un vaso de plata. Esta fue nuestra experiencia y debemos valorar el hecho de haber sido comprados por precio (1 Co 6:20), ¡pues quien nos redimió y rescató fue el Señor! ¡Aleluya!

Después de recibir el evangelio de la gracia comenzamos a servir en la iglesia, en donde Dios quiere usarnos y saturar todo nuestro ser con Su vida y naturaleza, para llegar a ser vasos de oro (1 Co 3:12).

Ya hemos recibido la salvación, fuimos redimidos por el Señor y nos convertimos en vasos de plata. Él también nos dio la vida divina, que es representada por el oro incorruptible. Así como el oro es refinado por el fuego, a medida que negamos nuestra vida del alma, somos purificados y transformados en vasos de oro (1 P 1:7).

El apóstol Pablo advirtió a su joven colaborador Timoteo con estas palabras: "Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo" (2 Ti 2:19). A continuación dice: "Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles" (v. 20).

Aquellos que fueron apartados por Dios son vasos de plata, pues fueron redimidos por Él. Sin embargo, el trabajo de Dios en ellos no termina allí, ¡porque aún quiere transformarlos en vasos de oro! Ellos desean crecer y ser más usados por Él, es decir, llegar a ser vasos de oro.

Si usted desea convertirse en un vaso de oro, útil en las manos del Señor, y ser un colaborador del evangelio, necesita pasar por el fuego y ser refinado varias veces hasta que le sea quitado lo que es natural. ¡Alabado sea el Señor! pues, aunque en el presente sea afligido por diversas pruebas, usted puede volverse al Señor, ser iluminado, arrepentirse y ser purificado. Si procede así, será un "instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra" (2 Ti 2:21). ¡Aleluya! Este vaso puede ser usado por Dios..

Punto Clave: Creado, redimido y usado por Dios.

Su punto clave es:

Pregunta: ¿Cómo convertirse en un vaso de honra?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 15 --- La predicación del evangelio a los judíos

Domingo --- Leer con oración: 2 Ti 2:19-20

"Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo" (2 Ti 2:19)

LOS COMPATRIOTAS DE PABLO SE QUEDARON EN EL TIEMPO

Dios no envía a cualquier persona ni envía de cualquier manera a predicar el evangelio. Algunos pueden incluso intentar hacerlo por sí mismos, pero el resultado no será satisfactorio ni eficaz. Hoy el Señor avanza rápidamente, pero si queremos que Él vuelva pronto, necesitamos aún ser perfeccionados. Necesitamos invocar el nombre del Señor, pues de esta manera nos apartaremos de la iniquidad y seremos justos (2 Ti 2:19).

Este es el firme fundamento de Dios que permanece. Al invocar el nombre del Señor, nos apartamos de la iniquidad; al seguir con los que de puro corazón invocan al Señor, nos convertimos en un vaso de honra, santificado y útil a Él. Necesitamos ser personas así.

En los capítulos 9 y 10 de Romanos es como si Pablo dijera a sus compatriotas: "Ustedes conocen tanto el judaísmo y están intentando servir a Dios de acuerdo con sus tradiciones, con su propia opinión y métodos". En otras palabras, ellos servían a Dios en su vida del alma, por eso Pablo quería animarlos a recibir la salvación y a servir al Señor en el espíritu, poniendo el alma en el espíritu para tener vida y paz.

Así como los judíos fueron contra los cristianos en aquella época, lamentablemente hoy también existen cristianos que atacan a otros cristianos. Ellos no se dan cuenta que al atacarlos están cayendo en las garras del enemigo. Esperamos que aquellos hermanos que sólo saben acusar a los demás, dejen de actuar como vasos de deshonra y comiencen a vivir como vasos de plata y de oro. ¡Debemos orar para que los tales se aparten de la iniquidad, invocando el nombre del Señor!

En la época en que Pablo escribió a los Romanos, los judíos que decían conocer las Escrituras no seguían el ejemplo de los patriarcas como Adán, Enos, Enoc, Noé, Abraham e Isaac, que andaban con Dios e invocaban Su nombre (Gn 4:26; 5:24; 6:9; 12:8; 26:25). Tampoco siguieron en el camino de los descendientes de Israel, que en el Pentateuco, en los Salmos, y en los libros de los profetas, invocaban el nombre del Señor (Dt 4:7; Sal 18:3; 80:18; 116:4, 13, 17; 118:5; Is 12:4; Lm 3:55). Como vemos, en el pasado, hubo un periodo en el que se invocaba el nombre del Señor. Es como si Pablo estuviera preguntándoles: "¿Que les pasa? ¿Acaso ya no necesitan más depender de Dios? ¿Por qué se consideran tan correctos y autosuficientes a tal punto de criticar, juzgar y condenar a otros? Invoquemos y digamos: ¡Oh Señor Jesús! ¡Oh Señor Jesús! ¡Te necesito! ¡Necesito que me enseñes a invocarte mientras viva!".

Muchos dejaron de invocar el nombre del Señor porque muchas cosas negativas entraron en el pueblo de Dios; personas ambiciosas terminaron engañando a muchos con palabras suaves y lisonjeras, llevando a los hijos de Dios a depender de los hombres y no de Dios (Ro 16:17-18). Ellos se consideran tan autosuficientes que no necesitan más de la dirección del Espíritu de Dios.

Gracias al Señor, porque no queremos seguir el camino de la autosuficiencia, por el contrario, reconocemos que somos débiles y que necesitamos al Señor, por eso invocamos: "¡Oh Señor Jesús, no sé qué hacer! Yo fui un vaso destinado a la ira, pero tuviste misericordia de mí y me hiciste un vaso de plata. Tú me diste la oportunidad de servirte, ser perfeccionado, ser enviado, y me convertí en un vaso de oro".

Así como Pablo, debemos ayudar a nuestros hermanos en Cristo que ya conocieron y experimentaron el evangelio de la gracia, que ya fueron reconciliados con Dios y regenerados, a proseguir de ser un vaso de plata a ser un vaso de oro. También a aquellos que en el pasado invocaban el nombre del Señor y después dejaron de hacerlo, y por ello llegaron a empobrecerse espiritualmente, necesitan ser animados a invocar nuevamente el nombre del Señor para que sean recobrados. ¡Este es el verdadero recobro!

No se trata sólo de recobrar simplemente doctrinas, sino de recobrar una vida que dependa del Señor y, por eso, invoca Su nombre. Invocar el nombre del Señor nos hace volver al espíritu y servir a Dios en el espíritu (Ro 1:9; 1 Co 12:3). Que podamos tener la experiencia de orar por ellos y animarlos: "No vivan por su vida del alma. ¿Cuánto daño han sufrido con su familia, con sus amigos y en el trabajo por permanecer en la vida del alma? ¿Antes tenían más bendiciones que ahora? No esperen más, comiencen ahora mismo a invocar el nombre del Señor, pues así obtendrán más vida divina".

Pablo esperaba que los judíos pudieran invocar el nombre del Señor y así recibir la vida divina. Por eso, oraba por ellos y también tenía la carga de predicarles el evangelio. Así como él, tenemos esta carga y también esta es nuestra oración. ¡Jesús es el Señor!

Punto Clave: Continuar avanzando.

Su punto clave es:

Pregunta: En Romanos 9:4-5 ¿Por qué los judíos perseguían a Pablo y consideraban estar en lo correcto?

Dong Yu Lan

Publicado por: Editora "Arvore da Vida"

Literatura disponible en:

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Jesus es el Señor!

La iglesia en Armenia

 

Nuestro proposito no es comunicar conocimiento, ni métodos bíblicos a los santos, sino ayudar a los que ya siguen al Señor y caminan en esta senda con el objeto de avanzar.
Watchman Nee
 
El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
Ciertamente hay un camino solitario para los que buscan andar con Dios. Pero cuando andemos con el Señor, vamos a encontrar compañia en otros que tambien conocieron el rechazo y el sufrimiento cuando  anduvieron con Dios, y aprendieron sus caminos


#605 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Sáb, 22 de Ago, 2009 11:28 pm
Asunto: II. TOMAR APUNTES
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II. TOMAR APUNTES

Al leer la Biblia, debemos tomar apuntes. Todo estudiante de la Biblia debe tomar notas. Necesitamos cuadernos pequeños y grandes. Siempre debemos llevar en nuestros bolsillos una libreta para apuntar ideas en cualquier momento. También debemos anotar nuestras preguntas. Además de esta libreta, debemos llevar con nosotros un cuaderno grande, en el cual debemos consolidar todo lo que haya pasado por nuestra mente y todo el material que hayamos coleccionado. Clasifiquemos esta información para futuras consultas. Al principio no necesitamos una división detallada, la clasificación puede ser general hasta cierto punto. Si deseamos clasificar nuestro material por temas teológicos, podemos dividirlo en cinco secciones: el Padre, el Hijo, el Espíritu, la iglesia y el siglo venidero. También podemos hacer divisiones más detalladas, pero para los creyentes nuevos estas cinco categorías son suficientes. Las profecías que se relacionan con la iglesia deben agruparse bajo la categoría "iglesia". Las doctrinas relacionadas con la justificación y la santificación, también pueden agruparse bajo esta misma categoría. Al principio podemos tener cinco cuadernos, uno para cada una de estas categorías. Cuando recojamos más material, podemos hacer más divisiones.

Debemos ser cuidadosos cuando tomemos apuntes. Por ejemplo: cuando leemos Romanos, debemos notar que reinó y reinarán se usan cinco veces en 5:14, 17, y 21. Mucho más se usa cuatro veces en los versículos 9, 10, 15 y 17. Debemos tomar nota de todo esto. Marcos 13:9 dice: "Por causa de Mí"; el versículo 13 dice: "Por causa de Mi nombre"; y el versículo 20 dice: "Por causa de los escogidos". ¿Por qué dicen tres cosas diferentes estos versículos? Observe el ejemplo en Mateo 24 y 25. ¿Cuántas preguntas hicieron los discípulos al Señor en el monte de los Olivos? ¿Cuántos versículos son respuesta a una pregunta, y cuántos responden otra? Los discípulos eran limitados en su conocimiento, y sus preguntas no eran pertinentes. Por eso no se habla mucho de sus preguntas. Pero el Señor Jesús habló extensamente en Sus respuestas. Tenemos que prestar atención a estas palabras y observar cuáles versículos abarca la respuesta del Señor, y cuáles comprenden Sus palabras adicionales. De este modo, tendremos una idea clara de la profecía dada en el monte de los Olivos. Observe las tres veces que aparece "dije" en Isaías 6:5 y 11, y "respondí" en el versículo 8. El primer "dije" es una confesión, la segunda vez que responde (v. 8) es una consagración, y el "dije" del versículo 11 es comunión. Debemos anotar todas estas cosas. Este material es muy útil tanto para nosotros como para otros hermanos y hermanas. Los buenos lectores de la Biblia son muy diligentes, pero no han llegado a serlo por casualidad.

III. HERRAMIENTAS

Estudiar la Biblia es parecido a trabajar en un oficio; pues para ello necesitamos las herramientas del caso.

A. La Biblia

Debemos tener dos Biblias grandes para nuestra lectura personal, y una pequeña para cuando viajemos y para las reuniones. Si no nos es posible conseguir dos Biblias para nuestra lectura, por lo menos debemos tener una. La letra no debe ser muy pequeña, porque podríamos perder el significado de las palabras. La letra impresa debe ser por lo menos de dos milímetros de alto. Es preferible que sea un poco más grande, pero no demasiado, aunque la letra grande la pueden usar los hermanos de edad avanzada. Para estudiar es mejor tener dos Biblias, una de las cuales la debemos mantener intacta, mientras que la otra la debemos subrayar, marcar y le podemos hacer anotaciones. Cuando leemos la Biblia que no tiene marcas, no nos afecta lo que hayamos leído en ella anteriormente, y cada vez que leamos un pasaje será como si lo hiciéramos por primera vez. La otra Biblia la debemos marcar y subrayar. Podemos escribir notas, subrayar y encerrar palabras en un círculo, o relacionar pasajes afines. Pero no debemos ser muy minuciosos ni dedicarle a esto demasiado tiempo. Para nuestra alimentación espiritual diaria, podemos usar la Biblia que no tiene marcas. Para escudriñar, debemos usar la que está marcada.

La versión Unión en chino es la mejor traducción de la Biblia a este idioma y en general una de las mejores traducciones disponibles en la actualidad, lo cual se debe a que está basada en el mejor texto griego que se conoce. Esta traducción es muy exacta en diferentes pasajes, aun más exacta que la versión King James en inglés. Por ejemplo: la versión King James en muchas ocasiones no hace distinción entre "Jesucristo" y "Cristo Jesús". Pero la versión Unión en chino siempre es fiel en mostrar el orden de los dos nombres. Es bueno tener diferentes traducciones y compararlas. Otra buena traducción es la versión Unión Wen-li (Clásica). En muchos casos sus monosílabos son mejores que los términos que se usan en la versión Unión. El idioma chino popular no tiene expresiones tan exactas como el chino clásico. Por ejemplo: "vivificado" y "resucitado" se traducen igual, fu-juo, en el lenguaje popular. Pero el clásico chino hace una distinción entre estas dos palabras. Una es fu-chi y la otra es fu-juo. En algunos casos el lenguaje común es más restringido que el clásico, pero en otros casos sucede lo contrario. Otra versión que es digna de mencionarse es la versión de Josefo, un judío que abrazó la fe cristiana y sintió la necesidad de traducir la Biblia al chino. Por esa razón estudió el idioma chino e hizo toda la traducción. También podemos comparar la traducción del Nuevo Testamento de la Versión Shin-Ju-Ku. La Librería Evangélica también hizo una traducción del Evangelio de Mateo, la cual se puede usar como referencia. Sin embargo, las versiones más confiables son las versiones Unión en chino y la versión Wen-li. Si usted puede leer inglés, trate de obtener una copia de la traducción de John Nelson Darby.

B. Concordancias

Aparte de la Biblia, también se debe tener una concordancia. El compendio de Courtenay H. Fenn es probablemente uno de los mejores, aunque no es muy completo. Esperamos publicar en el futuro una concordancia basada en el griego. Si el Señor lo permite, también publicaremos una concordancia del Antiguo Testamento.

C. Diccionarios bíblicos

Además de las herramientas mencionadas, también debemos tener uno o más diccionarios bíblicos. Por ejemplo: necesitamos un diccionario que nos explique el significado de Urim y Tumim, la historia de las seis Marías, etc. Un diccionario nos puede proporcionar toda esta información. Pero debemos usar un diccionario cuya orientación doctrinal sea ortodoxa. Se podría consultar la Enciclopedia de la Biblia por Ou-Er, la cual se puede considerar como un diccionario bíblico. Desafortunadamente, esta publicación está descontinuada. Es posible que se pueda encontrar una copia en la biblioteca o en una librería anticuaria.

D. Bosquejos de la Biblia

Necesitamos otro libro que nos sirva para hacer un buen bosquejo de la Biblia. Podemos consultar La Biblia en un año. Este libro tiene buenos bosquejos. Muchos cristianos de todo el mundo han usado el bosquejo que contiene dicho libro para estudiar la Biblia.

Dicho tomo de referencia es muy útil para estudiar la Biblia. Todas éstas son herramientas indispensables.

W. Nee

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La iglesia en Armenia

Cómo estudiar la Biblia

Publicado por: Living Stream Ministry

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Watchman Nee
 
El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
Ciertamente hay un camino solitario para los que buscan andar con Dios. Pero cuando andemos con el Señor, vamos a encontrar compañia en otros que tambien conocieron el rechazo y el sufrimiento cuando  anduvieron con Dios, y aprendieron sus caminos


#604 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Jue, 20 de Ago, 2009 10:25 pm
Asunto: B. El segundo período:
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B. El segundo período:
temas de menor importancia

Durante los segundos veinte minutos, debemos dedicarnos a temas de menor importancia, como por ejemplo al estudio de palabras específicas. Hay por lo menos doscientas o trescientas palabras en la Biblia que necesitan un estudio profundo. Por ejemplo, la palabra sangre aparece en la Biblia unas cuatrocientas veces. Debemos repasar todos los versículos que hablan de la sangre, anotar los más importantes, y agrupar los que tienen significados afines. De esta manera recopilaremos una lista de pasajes. Esto nos ayudará más que usar una concordancia. También sería bueno memorizar todos estos versículos. Después de esto, el Espíritu de Dios nos dará revelación. Cuando la revelación llegue, podremos recordar todos los versículos relacionados con ese tema. La palabra invocar fue estudiada por algunos hermanos que agruparon los versículos en diez secciones (véase el título XXVI del capítulo cinco). Podemos dedicar veinte minutos al día para estudiar estas palabras. No espere terminar el estudio de una palabra en un día. Algunas palabras requieren dos meses para completar su estudio. Se requiere tiempo para estudiar la Biblia; no debemos ser descuidados al respecto, de lo contrario, no tendremos la espada del Espíritu, sino una caña inservible. Tenemos que profundizar en la Palabra. Si estudiamos la Palabra con esmero, nuestra predicación tendrá solidez. Si nuestro estudio de la Palabra es desordenado, nuestra predicación también lo será. Supongamos que alguien viene a nosotros y nos dice que la sangre puede darnos una vida nueva. Si hemos estudiado cuidadosamente la palabra sangre, sabremos que esa enseñanza es errónea. La vida que se encuentra en la sangre es la vida psicológica, no la vida nueva. Tenemos que familiarizarnos con las enseñanzas fundamentales de la Biblia. De lo contrario, tomaremos lo que otros dicen y seremos desviados por sus errores. El conocimiento fundamental de las enseñanzas de la Biblia no llega a nosotros en un instante. Debemos estudiar cada palabra cuidadosamente una por una a fin de saber de qué trata la Biblia en conjunto. Hermanos y hermanas jóvenes, estudien concienzudamente la Palabra. Si podemos estudiar muchas docenas de palabras en un año, podremos estudiar en diez años todas las palabras importantes del Antiguo Testamento y del Nuevo.

C. El tercer período:
recopilación de verdades

En el tercer período debemos dedicar diez minutos recopilando verdades. Debemos hacer esto todos los días. ¿Qué debemos recopilar? Todos los metales que se mencionan en la Biblia, como por ejemplo oro, plata, hierro y bronce, los cuales tienen un significado especial. También las piedras preciosas. No pensemos que éstos son temas secundarios. Estos juegan un importante papel en la interpretación de las Escrituras. ¿Por qué la serpiente mencionada en Números era de bronce? ¿Por qué en Apocalipsis 1:15 dice que los pies del Señor eran "semejantes al bronce bruñido, fundido en un horno"? ¿Por qué la cabeza de la imagen que aparece en el sueño de Nabucodonosor era de oro? ¿Por qué algunos de los utensilios del templo eran de oro? ¿Por qué el arca estaba cubierta de oro y no de plata? ¿Por qué las bases del tabernáculo eran de plata? En Zacarías 5 se habla del plomo. ¿A qué se refiere esto? Tenemos que estudiar estas cosas cuidadosamente para entender su significado exegético. Durante este tiempo, debemos coleccionar todas estas verdades y anotar los versículos uno por uno. Más adelante, podemos dedicar el primer período de nuestro estudio a meditar en ellos, o podemos leer acerca de ellos en el segundo período. En otras palabras, durante el tercer período, recopilamos el material que hemos de estudiar en el primer o segundo período. El libro de Efesios menciona quince veces el espíritu. Podemos usar el tercer período a encontrar esos quince versículos. Efesios 1:13 habla del sello del Espíritu, y podemos apuntar todos los versículos del Nuevo Testamento que hablan del sello. Efesios 1:17 habla del espíritu de sabiduría y de revelación, y podemos hallar todos los versículos que vinculen el espíritu con la sabiduría. Después de coleccionar y escoger todas estas verdades, tenemos que estudiarlas en los veinte minutos del primer o segundo período. Si no coleccionamos y seleccionamos estas verdades con anticipación, nuestro estudio no tendrá base ni exactitud.

D. El cuarto período:
paráfrasis

En el cuarto período, de diez minutos, hacemos diversas paráfrasis de la Biblia. Cuando tenemos un entendimiento fresco de un pasaje de la Palabra, debemos escribir todo el pasaje en un lenguaje sencillo y de fácil comprensión para los demás. Una persona adiestrada en este ejercicio hallará que toda palabra de la Biblia es significativa e importante. Esto requiere un trabajo muy minucioso. Pueden requerirse varios días para parafrasear un versículo. Debemos tocar con nuestro espíritu el pensamiento del Espíritu Santo y ser accesibles para recibir las debidas impresiones. Nuestros pensamientos deben armonizar con el pensamiento de los escritores de la Biblia. Tenemos que usar básicamente las mismas expresiones, añadiendo algo de explicación para aclarar el significado.

Se debe hacer una paráfrasis de cada párrafo. Parafrasear un solo versículo es muy poco, y parafrasear todo un capítulo es demasiado. Agrupemos algunos versículos que obviamente formen una sección, leamos toda la sección, y después parafraseemos versículo por versículo.

Parafrasear es muy diferente a traducir. La traducción es breve y no es lo suficientemente detallada. Pero cuando parafraseamos, no nos extendamos demasiado, o terminaremos dando explicaciones demasiado detalladas. El parafraseo contiene algo de traducción y algo de exégesis; se halla entre estos dos extremos. La exégesis es la interpretación de la Biblia con nuestras propias palabras, mientras que la paráfrasis es la narración de un pasaje en la que se procura transmitir el tono que uno percibe en los escritores bíblicos. La traducción es una simple interpretación del significado del texto original, mientras que la paráfrasis agrega algo de explicación. Por consiguiente, la paráfrasis se encuentra entre la exposición y la traducción. Cuando parafraseamos, comunicamos el tono de los escritores bíblicos, pero agregando un poco de nuestra propia explicación. Parafrasear ayuda a los demás a entender las palabras de la Biblia que no comprenden. Veamos algunos ejemplos.

Romanos 1:1 dice: "Pablo, siervo de Cristo Jesús..." (Reina-Valera, 1960). Podemos parafrasearlo así: "Pablo, esclavo de Cristo Jesús". Pablo usó la palabra siervo con la idea que él era un siervo sin libertad, un esclavo. Nosotros decidimos si hemos de interpretar el significado de la palabra siervo, pero esto requiere otra clase de parafraseo. Sin embargo, parafrasear no requiere interpretación. Si tratáramos de interpretar este versículo, habríamos escrito: "Yo, Pablo, fui vendido al pecado; pero la sangre del Señor Jesús me compró, y ahora soy Su esclavo". Si escribiéramos esto, expresaríamos tanto el derecho del Señor, como nuestra consagración. Fuimos vendidos al pecado, pero el Señor nos redimió. Ahora nos agrada servirle y escogemos servirle voluntariamente. Nos volvimos Sus siervos porque El nos compró y porque nosotros decidimos servirle. Cuando explicamos por qué Pablo era esclavo, hacemos que sus palabras sean diáfanas como el cristal.

La siguiente oración dice: "Apóstol llamado". Es fácil pensar que Pablo fue llamado para llegar a ser un apóstol. En verdad, esta expresión puede traducirse: "Llamado como apóstol" o "llamado a ser apóstol". El no fue llamado para llegar a ser un apóstol, sino que fue llamado como apóstol. En el versículo 7 encontramos la misma expresión: "A todos los que estáis en Roma, amados de Dios, llamados a ser santos" (Reina-Valera, 1960). La expresión a ser presenta el mismo problema. Muchas personas han sido creyentes toda su vida; sin embargo, no se consideran santas. Según el texto original, la expresión debe ser: "santos llamados", lo cual significa que ellos fueron llamados como santos. No fueron llamados para que luego llegasen a ser santos. La palabra llamados es un adjetivo, no un verbo. Esto nos muestra la clase de apóstoles y de santos a los que se alude. Explica una condición, no una acción. Al parafrasear descubrimos muchas verdades bíblicas en las frases y en las expresiones.

Examinemos Romanos 6:6, donde dice: "Nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con El". Este versículo puede expresarse de diferentes maneras. Se puede parafrasear así: "Puesto que mi hombre viejo fue crucificado con El, yo ya no tengo que ser crucificado". Si hacemos énfasis en que nuestro viejo hombre fue crucificado con El, podemos decir: "Puesto que Dios nos puso en Cristo, fuimos crucificados junto con El". Esto se basa en el versículo 11, que dice: "Consideraos muertos al pecado ... en Cristo Jesús". Dado que estamos en El podemos estar con El, y viceversa. Sin estar en El, no podríamos estar con El. Quienes no están en Cristo, no pueden ser crucificados juntamente con El. Como Dios nos puso en Cristo, podemos ser crucificados con El. La labor de parafrasear tiene como fin hacer que una oración sea inteligible. Cada versículo tiene ciertas palabras cruciales, a las cuales debemos prestar atención. Si nos encontramos con un versículo que no entendemos bien, debemos pedirle al Señor que nos alumbre para que podamos expresar el versículo en un lenguaje más sencillo que el original y con una expresión más concisa que explicativa. Cuando tengamos que laborar mucho en una oración gramatical, debemos preguntar: "¿Por qué es tan difícil entender esta oración?" Tenemos que asirnos de todos los términos cruciales de la Biblia a fin de poder parafrasear. Por ejemplo: Si observamos la palabra que se traduce crucificado, nos daremos cuenta de que se refiere a un hecho cumplido. Por consiguiente, podemos volver a escribir este versículo así: "Ser crucificado con Cristo es un hecho que ya se llevó a cabo; no es una experiencia que debemos procurar". Cristo fue crucificado. El ya pasó por la cruz, pero nosotros no necesitamos ser crucificados independientemente, pues ya fuimos crucificados con El. Para nosotros éste es un hecho consumado. Así que sólo nos queda una sola manera de parafrasear este versículo. Toda persona tiene su propia manera de parafrasear. Todo depende de cuánta claridad necesitemos o cuánta clarificación necesiten los demás en algún aspecto. Lo que escribamos, tenemos que escribirlo de tal modo que quienes no entiendan un versículo lo puedan entender.

Estudiemos 1 Corintios 3:1, que dice: "Y yo, hermanos, no pude hablaros como a hombres espirituales, sino como a carne, como a niños en Cristo". La palabra sino tiene mucho significado, pues indica que ellos habían sido creyentes por bastante tiempo. Para entonces debían saber lo que significa ser espiritual y lo que significa estar bajo la disciplina del Espíritu Santo. Sin embargo, en muchas áreas estaban bajo la influencia de la carne, andaban por la carne, y no se sujetaban a la autoridad del Espíritu. Pablo no podía hacer otra cosa que considerarlos carne. Si observamos por un momento la expresión niños en Cristo que Pablo usa, veremos que lo que quería decir era: "Vosotros habéis perdido mucho tiempo. Es tolerable que un creyente nuevo esté bajo la influencia de la carne, pero vosotros habéis sido creyentes por muchos años, y todavía estáis bajo el poder de la carne. Hasta hoy, no habéis crecido en Cristo, y todavía tengo que alimentarlos con leche". Debemos escribir lo que entendamos con respecto a este pasaje. De esta manera, cuando leamos de nuevo lo que escribimos, entenderemos claramente el significado del pasaje. Si practicamos esto diez minutos al día, cuando terminemos 1 Corintios habremos percibido la intención de Pablo en esta epístola.

La distribución del tiempo de la que hablamos es una sugerencia basada en la experiencia que otras personas han tenido. En la práctica, cada quien puede hacer los arreglos correspondientes según sus necesidades específicas ante Dios.

W. Nee

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Nuestro proposito no es comunicar conocimiento, ni métodos bíblicos a los santos, sino ayudar a los que ya siguen al Señor y caminan en esta senda con el objeto de avanzar.
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El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
Ciertamente hay un camino solitario para los que buscan andar con Dios. Pero cuando andemos con el Señor, vamos a encontrar compañia en otros que tambien conocieron el rechazo y el sufrimiento cuando  anduvieron con Dios, y aprendieron sus caminos


#603 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Vie, 21 de Ago, 2009 8:20 pm
Asunto: "Y A PEDRO"
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"Y A PEDRO"

 

El evangelio de Marcos registra que, después de la resurrección del Señor, un ángel les dijo a algunas mujeres que les contasen a los discípulos del Señor y a Pedro lo que había sucedido. ¡Oh! "Y a Pedro". Esto llena nuestros ojos de lágrimas. (Lectura bíblica: Marcos 16:7)

 

¿Por qué El no dijo: "Decid a los discípulos y a Juan?" (Juan era el discípulo amado del Señor). ¿Por qué no dijo:"Decid a mis discípulos y a Tomás?" Tomás dudaba de la resurrección del Señor).

El ángel no mencionó a los mejores discípulos, o a los más necesitados, sino que específicamente a Pedro. ¿Por qué? ¿Pedro tenia algo tan diferente de los demás?

Pedro había cometido un gran pecado tres días antes de este acontecimiento, un pecado tan grande que impidió que El Señor pudiese confesarlo delante de los ángeles de Dios (Lc. 12:9).

Pedro no confesó al Señor delante de los hombres, ni siquiera delante de una humilde criada. Sin embargo El Señor quería que fuesen a decirles a sus discípulos y a pedro acerca de su resurrección. "Y a Pedro". ¡Cuan profundo es el significado de estas palabras!

Si algunos hermanos y hermanas tuviesen tales experiencias como las de Pedro pensarían: "¡Oh! ¡Yo soy Pedro! He caído. Lo que hice no es un pecado común. Temo que nunca podré acercarme al Señor. Sospecho que El Señor ya me abandonó y, de ahora en adelante, cada vez que El tenga una tarea importante, nunca más me la encargara a mí.

Nunca más seré capas de tener experiencias especiales como aquellas que tuve con el Señor en al monte de la transfiguración. No podré ser el compañero del Señor en el Getsemaní. Cuando confesé el deseo de morir por el Señor, El dijo: "Antes que haya cantado el gallo, me negaras tres veces.

En aquel instante, pensé que el Señor había entendido mal. Cuando él fue preso, le corte la oreja a un hombre con la espada, pensando que podía amar al Señor valientemente. ¡Quien hubiera pensado que incluso yo podía tropezar!

No tropecé delante de un sumo sacerdote, ni de alguien con gran autoridad, ni caí delante de Pilatos que tenía tanto poder. ¡Caí justamente delante de una pregunta hecha por una criada! Negué al Señor una vez, y otra vez; y finalmente comencé a maldecir y a jurar negando al Señor".

"Una vez confesé que El era el Cristo y que era El hijo de Dios. Dije: "Tú tienes la vida eterna. ¿A quién iremos?"

No obstante, justamente cuando vi al Señor listo para ser crucificado, caí. Cometí el pecado más grande: lo negué. Aunque haya llorado y me haya arrepentido, no sé como se sintió el Señor conmigo. Aquel día, cuando lo negué, habría sido mejor que El no lo supiera.

¡Sin embargo, exactamente cuando lo negué, El se volvió a mí y me miró; eso indica que El ya lo sabía! ¿Qué haré ahora? Nunca más me atreveré a ir a El. Aunque El me ame, no tendré la osadía de acercarme a El, pues hay un pecado que nos separa. Probablemente, nunca más podré acercarme a El.

"Pero el Señor resucitó. Aquellas mujeres me trajeron el mensaje que El, clara y específicamente, había mandado para mí. ¡Ho! ¡Aún habiendo negado al Señor por tres veces El no menciono a otro en particular; sino que a mí, y en forma especial, como si yo fuese el único de quién se acordaba. "¡Y a Pedro"! ¡Y a Pedro!"

¡Esta es, en verdad, la música más agradable del mundo, y la más maravillosa buena nueva! Si el Señor les hubiese pedido a las mujeres que solamente les hablasen a los discípulos, había pensado que alguien como yo no era digno de ser Su discípulo, y habría dejado de serlo.

No habría tenido la osadía de ir a verlo. Pero el Señor dijo: "Y a Pedro". Eso me demostró que aún El me quería. A pesar de no tener fuerzas, "y a Pedro" me animó para ir a verlo. El mensaje traído por las mujeres era verdadero.

El Señor hizo que el ángel mencionara específicamente mi nombre. El no me había abandonado. Aún puedo acercarme a El. ¡He de levantarme para ir a verlo!".

¡Oh! Este era un pedro que había caído, un Pedro que había pecado y un Pedro que había negado al Señor. Sin embargo, el Señor lo había mencionado específicamente. ¡Este es el Evangelio! Hermano:

¿Usted sabía que una vez que es el Señor lo salvó, usted es salvo para siempre? 1 Juan 5:13- San Juan 5:24-; 6:47-; 10:27-29-;
Romanos 10:38, 39; Efesios 1:7; etc....

Aunque usted esté desanimado, el Señor jamás estará desanimado. A pesar que usted peque y esté perturbado es volverse a el, a Su lado, no hay ni siquiera una razón para no volver. ¿Por qué usted insiste en recordar su falla, siendo que el Señor ya no se importa con ella? El Señor sacará el velo de su rostro hoy, así usted no tendrá más miedo de El, ni vacilará en acercarse a El.

Seguramente Pedro aún se acordaba que cierta vez le había dicho al Señor: "Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré" (Mt. 26:33).

Puede ser que también recordase que, junto al lago de Genesaret, cuando vio la gloria del Señor, dijera: "...Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador" (Lc. 5:8). Ahora, sin embargo, conocía su condición y ¿cómo se atrevería ir al Señor? Era posible que él aún recordara del pedido del señor:

"¿Así que no habéis podido velar con migo una hora?" Posiblemente permanecía en sus oídos el mandamiento de Señor: "Velad y orad, para que no entréis en tentación" (Mt. 26:40_41). De cualquier modo, su condición estaba lejos de la exigencia del Señor.

¿Cómo podría atreverse ir a ver al Señor? Sin embargo, él fue a ver al Señor. Por esa palabra "y a Pedro" él tuvo la osadía de ir a verlo.

Hermano, si usted conociese la intención de la palabra "y a Pedro", ¿Podría permanecer lejos y no volverse al Señor? Si conociese el significado profundo da la palabra "y a Pedro", no restaría otra cosa a hacer, sino acercarse al Señor.

¿Qué libro entre los cuatro evangelios registra este evento de tal forma? Solamente el evangelio de Marcos.

Marcos era un joven que siguió a Pedro y aprendió mucho de él. Podemos decir que el evangelio de Marcos fue dictado por pedro y escrito por Marcos.

La frase: "Decid a los discípulos, y a Pedro", fue especialmente registrada por Pedro. Esta palabra puede ser que no haya sido importante para los demás, pero sí, fue muy importante en el corazón de Pedro.

Cuando el Espíritu Santo escribió la Biblia, especialmente nos mostró que las pocas palabras que parecían ser insignificante para Mateo, Lucas y Juan, eran inolvidables e importantes para Pedro, que narró el evangelio de Marcos.

"Y a Pedro" tenía un significado especial para él. En todo tiempo el recuerdo de estas palabras era dulce. La palabra de gracias es especialmente memorable para aquel que recibió la gracia.

Hermanos y hermanas, cuando recordamos al Señor Al partir el pan, ¿Hay alguien que cuyo corazón aún está con miedo de Dios? ¿O hay algún pecado que lo separa de Dios? Ya lloramos amargamente, nos arrepentimos y confesamos aquello que hicimos que no era digno del Señor.

Ahora ¿osamos decirle al Señor: "Señor me acerco a ti"? Solo considere: Por amor a usted El voluntariamente fue a la cruz; ahora ¿El dejará de amarlo sólo porque usted falló, tropezó y cayó? Su amor, con aquel que lo amó en la cruz, ¿Disminuyó? Para usted, hoy, es fácil no amarlo, no acercarse a El, ni volverse a El; pero, ¿será que para El es posible no amarlo, olvidarlo y abandonarlo? Pedro estaba cayado porque había tropezado, pero el Señor no se olvidó de él.

Así, si usted no tiene fuerzas para ir delante de Señor, sólo tenga el deseo de creer en Su Palabra. El podrá darle fuerzas para ir hasta El. Si usted tropieza, El puede levantarlo. Aunque parezca que nunca más podrá acercarse al Señor nuevamente, si usted pide en la fe, y se recuerda la palabra" y a Pedro", usted será capaz de acercarse a El. Cuando queremos acercarnos al Señor, aunque haya una gran distancia y sintamos que no tenemos fuerzas para ir hasta El, debemos recordar de la palabra "y a Pedro".

Era de Pedro, quien había tropezado, que el Señor se recordaba más. A pesar de que Pedro no tuvo la osadía de ir hasta el Señor, Su corazón lo atrajo para sí, Haciendo que no se escondiese del Señor, No entendamos mal el corazón del Señor. Usted puede oír una voz diciendo: "Y a Pedro".

Sepa que el Señor no lo abandonó. El Señor no abandonó a Pedro, y el Señor tampoco lo ha abandonado a usted. "Y a pedro" también significa "Y a usted".
Usted que falló como Pedro.

Que todos nosotros veamos que tipo de corazón tiene el Señor para con nosotros. ¡Si usted viese el corazón del Señor, no haría nada sino correr hacia El!

W. Nee

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#602 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Dom, 23 de Ago, 2009 7:19 pm
Asunto: UNA INCREIBLE NOTICIA DESDE "EGIPTO"
hgo1939@...
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--- El dom, 23/8/09, FLOYDER VIVEROS FILIGRANA <floydervive@...> escribió:

De: FLOYDER VIVEROS FILIGRANA <floydervive@...>
Asunto: FW: Rv: UNA INCREIBLE NOTICIA DESDE "EGIPTO"
Para: alexpentecostal@..., alfcastro1950@..., "alhegra59@..." <alhegra59@...>, andersonospina@..., carlosvergel@..., "fernandoviveros.construcciones@..." <fernandoviveros.construcciones@...>, "floyder steven's" <mafloy2@...>, "guillermoherrera54@..." <guillermoherrera54@...>, hgo1939@..., iglesiaenbogota01@..., j3soft@..., joelarias55@..., "jose elber garzon gonzalez" <solucionesvidacolombia@...>, letiviveros@..., "levebe127@..." <levebe127@...>, "lucely" <lucely-cristo@...>, marianolopez35@..., melyfloy18@..., mviveros2002@..., olivellalopez@..., "valeria duque" <v.d.g1994@...>, vonrosen5@...
Fecha: domingo, 23 agosto, 2009 10:25


 

From: torrescellgsm@...
To: kadu61@...; floydervive@...
Subject: FW: Rv: UNA INCREIBLE NOTICIA DESDE "EGIPTO"
Date: Thu, 20 Aug 2009 15:05:40 -0500


 

From: marjorpais@...
Subject: FW: Rv: UNA INCREIBLE NOTICIA DESDE "EGIPTO"
Date: Thu, 20 Aug 2009 07:59:44 -0500



Jorge Granada Gaviria



 







 

 

UNA INCREIBLE NOTICIA DESDE EGIPTO.


UN MUSULMAN MATÓ A SU ESPOSA PORQUE LA ENCONTRO LEYENDO LA BIBLIA.
ENTONCES DECIDIO NO TENER NADA QUE VER CON ELLA, NI CON SU DESCENDENCIA Y LA ENTERRÓ EN UNA CRIPTA (COMO SE HACE EN EGIPTO) A ELLA MUERTA. TAMBIEN SEPULTÓ EN LA CRIPTA A SU BEBE RECIEN NACIDO Y A SU HIJA DE 8 AÑOS "VIVOS".


ÉL, DIJO A LA POLICIA LOCAL QUE UN LADRÓN ASESINÓ A SU FAMILIA Y LOS
SEPULTÓ PORQUE PASARON VARIOS DIAS.


15 DIAS DESPUES DE LO SUCEDIDO UN TIO PARIENTE DE ÉL, FALLECIÓ DE CAUSAS NATURALES Y LA FAMILIA PROCEDIA A ENTERRARLO EN LAS SEPULTURAS JUNTO A LA CRIPTA DEL MUSULMAN. TUVIERON QUE ABRIRLA PARA PASAR EL OTRO CUERPO, CUANDO DESCUBRIERON A LA NIÑA Y AL BEBE " Y ESTABAN VIVOS."


TODO EL PAIS QUEDÓ EN CHOQUE Y EL HOMBRE SERÁ EJECUTADO SEGUN LAS LEYES.

LA POLICIA PREGUNTO A LA NIÑA ¿COMO HIZO PARA SOBREVIVIR 15 DIAS ENCERRADA Y CON UN BEBE?


ELLA RESPONDIO MUY NATURALMANTE: "UN HOMBRE QUE USABA ROPAS BRILLANTES Y TENIA HERIDAS EN LAS MANOS VENIA TODOS LOS DIAS PARA ALIMENTARME Y SIEMPRE DESPERTABA A MI MAMA PARA QUE LE DE PECHO A MI HERMANITA".


LA NIÑA FUE ENTREVISTADA POR UNA CONOCIDA PERIODISTA DE UNA TV NACIONAL QUE TENIA EL ROSTRO CUBIERTO SEGÚN LA COSTUMBRE MUSULMANA.

LA NIÑA DIJO ESTO A LA TV: 'FUE JESUS QUIEN VINO A CUIDARNOS, AHORA SE QUE EL HACE COSAS ASI, LAS HERIDAS QUE EL TENIA EN LAS MANOS ES UNA PRUEBA QUE EL FUE CRUCIFICADO Y QUE ESTA VIVO".


QUEDO CLARO PARA TODO EL PAIS QUE ESA NIÑA NO PODIA INVENTAR ESA HISTORIA Y QUE DE VERDAD VIVIERON UN MILAGRO VERDADERO. LOS LIDERES MUSULMANES TENDRAN UN TRABAJO MUY DIFICULTOSO PARA EXPLICAR ESTA HISTORIA, ADEMAS QUE EN UN PAIS COMO EGIPTO EL FILM " LA PASION DE CRISTO" SE ESTA VOLVIENDO MAS REQUERIDO POR LA GENTE.


CON ESTA HISTORIA HAY LA CERTEZA QUE JESÚS ESTA EXPANDIENDO AUN HOY SU MILAGROSA PALABRA.


EXPANDE ESTA HISTORIA A TODOS

"BENDECIRÉ A LA PERSONA QUE COLOQUE SU CONFIANZA EN MI"

( JEREMIAS 17).







































































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--
Liliam


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#601 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Vie, 14 de Ago, 2009 7:54 pm
Asunto: LA PRACTICA DE ESTUDIAR LA BIBLIA
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LA PRACTICA DE ESTUDIAR LA BIBLIA

I. LA DISTRIBUCION DEL TIEMPO

Todo aquel que lee la Biblia debe dedicar un tiempo específico a estudiarla cada día. Esto debe hacerse aparte de la lectura que se hace en la madrugada. Por experiencia sabemos que no es sabio dedicar demasiado tiempo a dicho estudio. Cuando designamos mucho tiempo, por lo general no podemos mantenerlo, y en consecuencia no recibimos ningún provecho. Debemos establecernos una norma que sea posible mantener. Para estudiar la Biblia, los siervos del Señor no necesitan dedicar más de dos horas ni menos de una horacada día. En ocasiones, cuando tenemos más tiempo, podemos extender nuestro estudio hasta tres horas. Debemos tomar una decisión después de meditarlo bien, y una vez que lo hagamos, debemos cumplirla por lo menos por algunos años. No debemos cambiar nuestro horario a los dos o tres meses. Tenemos que aprender a restringirnos y a disciplinarnos. No debemos leer la Biblia sólo cuando nos plazca. Nuestro patrón no debe consistir en hacer una lectura espontánea, indisciplinada ni sólo cuando recibamos "la inspiración". Muchas personas no son constantes en su lectura. Leen varias horas un día, y al siguiente no leen nada. Esto deja ver una carencia de perseverancia, lo cual es un mal hábito. Después de orar y pensarlo cuidadosamente, debemos decidir qué vamos a hacer, y una vez que tomemos la decisión, debemos cumplirla.

Después de decidir cuánto tiempo vamos a dedicar, por ejemplo, una hora al día, debemos planear lo que vamos a hacer en esa hora. La hora debe dividirse en varios períodos y en cada uno se debe usar un método diferente de estudio. Algunos métodos son similares a la siembra de árboles, en que los resultados se ven sólo a los ocho o diez años; otros son como la siembra de legumbres, que se cosechan cada año. Los métodos que en ocho o diez años no producen ningún resultado, lo desaniman a uno con facilidad. Por eso necesitamos un método como el de "la cosecha de legumbres", que produzca resultados en dos o tres meses; necesitamos métodos que animen a los principiantes a seguir adelante. Es muy fácil cansarse después de estar haciendo la misma cosa una hora entera, y es fácil darse por vencido cuando no se ven resultados inmediatos. Por esta razón, es aconsejable dividir la hora en varios períodos.

A. El primer período:
temas profundos

Supongamos que dedicamos veinte minutos al primer período. En ellos uno se debe dedicar a estudiar temas profundos de la Biblia. Se requieren años de estudio para obtener beneficios con este método. Lo mismo sucede con las profecías, los tipos y la muerte del Señor Jesús. El estudio de pasajes como el sermón del monte, las profecías del monte de los Olivos, las parábolas de Mateo 13, el discurso final del Señor Jesús en el evangelio de Juan, y las enseñanzas relacionadas con las cuatro dispensaciones no producen resultados inmediatos. Tenemos que dedicar meses y a veces años estudiándolos antes de poder ver algo. Si deseamos encontrar algo en el Antiguo Testamento que se relacione con estos temas, debemos estudiar Génesis y Daniel, y también Exodo, Levítico y Josué. Si queremos saber más sobre las profecías, a esa lista debemos agregarle Zacarías. El primer libro que debemos estudiar en el Nuevo Testamento es Mateo, y luego Romanos; después, Apocalipsis y Hebreos. Luego debemos continuar con el estudio del evangelio de Juan o con las epístolas a los Efesios o a los Gálatas. Una vez que hayamos estudiado estos libros, tendremos un fundamento del Nuevo Testamento. Estos estudios no traen beneficios inmediatos; tenemos que leerlos docenas de veces para poder extraerles algo. Esta clase de estudio debe ser hecho durante el primer período, cuando nuestra mente está más despejada, y podemos abordar temas más serios. Yo sólo comparto esto a modo de principio. Cada uno de nosotros debe decidir de qué manera usar su tiempo.

Debemos tener en cuenta que después de estudiar veinte minutos, es posible que estemos tentados a extender la lectura a treinta minutos. Debemos vencer esta tentación. Si hemos tomado la decisión de leer solamente por veinte minutos, debemos mantenernos firmes en ello. Si resistimos la tentación de extender nuestro tiempo, también resistiremos la tentación de reducir nuestro tiempo de veinte a diez minutos. Una vez que hayamos tomado una determinación delante del Señor, tenemos que disciplinarnos y cumplirla. Es preferible estar atorado en algo por diez años que pasarlo de largo a los diez días. Nunca debemos ser descuidados ni casuales. Tenemos que ser disciplinados.

W. Nee

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#600 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Vie, 21 de Ago, 2009 2:48 pm
Asunto: Breve conclusion de las conferencias
hgo1939@...
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Breve conclusion de las conferencias:
1.Para destacar...
a. El alto numero de hermanos que asistimos (un promedio superior a 800), el encargo, el disfrute, el suplir económico que El Señor derramó para que tantos hermanos que vinieron de muchas ciudades. Tanto en Barranquilla como en Bogota, hubo reuniones a reventar...
b. La oportunidad de ser renovados en el encargo de Genesis 1:28 y Mateo 16,24-25...la exigencia que el Señor hace a todos que desea hacerr sus vencedores que gobiernen juntamente con el en la manifestación del reino. Es hora de volver a tener en cuenta la constitucion del reino de los cielos de Mateo 5-7, es el patrón de justcia que todos anhelemos llegar a vivir, eso solo se logra buscando crecimiento y madurez en vida, que es diferente a buscar el conocimiento que mata...
c. A no quedarnos escuchando el hablar negativo del enemigo por medio de creyentes que no quieren ejercitar el espiritu y que se quedaron en la experiencia negativa de Cain...Al Señor no le sirven los dones enterrados; pero tampoco un servicio almatico, que puede llevar un gran esfuerzo, que produce orden, pero que no trae ni vida ni edificación...es hora de aprender a vivir a tener un espiritu fervorozo, libre, festivo y alegre, etc.
d. La advertencia de que si no somos espirituales, nuestro servicio, el liderazgo en el hogar o en la iglesia, será un gran problema para el evance del evangelio, ya que el alma caida es usada por el enemigo para impedir la edificaciõn de la iglesia; por ello los que servimos o queremos servir,  debemos hacerlo ejercitando el espiritu (por medio de un constante invocar, orar-leer, etc.). de otra manera solo sembraremos muerte y tendremos que soportar el trato del Senor Jesus, ese que anda en medio de los candeleros de oro...que podamos ver como Jacob en Bethel, que terrible es este lugar..
e. Quedó claro que nuestras ambiciones no tienen cabida en el Cuerpo de Cristo...quien ambiciona nunca podrá lograr sus objetivos, quien sirve por amor al Señor y respetando el arreglo soberano que el Señor ha dejado en el cuerpo, ese podrá expontaneamente ir desarrollando aquello para lo cual Dios nos predeterminó para que funcionemos en su cuerpo, nuestra unica preocupación debe ser la de crecer y madurar en vida, Dios se encargará de colocarnos donde y en lo que El quiere que como esclavos le sirvamos. Hay que buscar ser mas esclavos, recordando siempre que ya hay una cabeza que es Cristo y no hay lugar para otras.
f. Una vez mas nos fue recordado que si no tomamos el modelo de Filadelfia, caeremos en Laodicea...
2. Es de lamentar...
a. Que muchos hermanos no se hicieron presentes, es necesario por lo menos escuchar, rumiar el encargo para no quedarnos resagados, situación que es incómoda, ya que el no renovar la visión hace que estemos en vejez y haya una tendencia de querer que la iglesia vaya al ritmo nuestro y no al del Espíritu...
b. Que muchos hermanos de servicio y responsables no llevaron su familia para recibir esta bendición, seria bueno si se rumiamos esos mensajes, para que todos vayamos en la misma direccion, siguiendo al Señor. Ya es hora de comprometernos, de no malgastar mas tiempo dandole gusto a mi alma y al alma  de los demás.
c. Que hayamos perdido tanto tiempo en nosotros mismos, por lo que es hora de un arrepentimiento genuino delante de Dios; incluso necesitamos orar por los que se fueron de la comunion, para que por medio de un arrepentiemiento cabal y un proceso de restauración, un dia puedan regresar al hogar...
3. Orar por...
a. Por un avance mas significativo en nuestro pais, que aligere el cumplimiento de Mateo 24:14 y Genesis 1:28.
b. Por el Ceppev, los obreros, los propagadores.
c. por todas las iglesias y regiones.
d. Por todos los servicios de  la iglesia, que sea corporativo, en el espiritu, nuevo, etc.
En Cristo.

Joel.

!Gracias a Dios fuimos muy edificados!
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Watchman Nee
 
El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
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#599 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Dom, 23 de Ago, 2009 9:30 pm
Asunto: Apartado para el evangelio de Dios semana 16
hgo1939@...
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Apartado para el evangelio de Dios

Semana 16--- Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo

Lunes --- Leer con oración: Ro 8:6, 10-11, 29; 1 Co 15:45; 1 Ts 5:23

"Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor" (Fil 2:12)

EL EVANGELIO COMPLETO

En la Epístola a los Romanos hemos visto que el Señor Jesús vino para solucionar el problema de nuestros pecados, justificarnos y reconciliarnos con Dios, y también para dispensarnos Su vida. Él se hizo el Espíritu vivificante para salvarnos, y cada vez que Lo experimentamos, las tres partes de nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo, reciben vida (1 Co 15:45; 1 Ts 5:23; Ro 8:6, 10-11). ¡Esto es maravilloso! ¡Este es el evangelio de la vida! La vida divina es la que nos hace crecer y nos conduce al reino de los cielos.
Cuando recibimos la vida de Dios, nos convertimos en Sus hijos. Puesto que somos hijos, Él envió a nuestro corazón el Espíritu de Su Hijo, que clama en nosotros: "¡Abba, Padre!" (Gá 4:6). Cuando esta vida crezca en nosotros, seremos herederos de Dios. Este es Su propósito y, por eso, Él no sólo nos escogió antes de la fundación del mundo, sino que también nos predestinó para la filiación (Ef 1:4-5), que nos habilita para recibir toda la herencia de Dios (Ro 8:17).
Por la regeneración, recibimos la vida de Dios la cual debe crecer en nosotros hasta la plena filiación, moldeándonos a la imagen del Hijo Primogénito de Dios. Un día seremos llenos de la vida divina y conformados a la imagen del Hijo, seremos glorificados con Él (v. 29). ¡Aleluya!
En la eternidad pasada, Cristo era el Hijo unigénito de Dios, pero después de Su muerte y resurrección, Él llegó a ser el Hijo primogénito de Dios (1 Jn 4:9; Col 1:18). Dios, que nos conoció de antemano, también nos predestinó para que fuésemos conformados a la imagen de Su Hijo, a fin de que Él sea el primogénito entre muchos hermanos (Ro 8:29). Hoy, cada uno de nosotros puede alcanzar la primogenitura y crecer hasta la medida de la estatura de la plenitud de Cristo (Ef 4:13; He 12:22-23). ¡Gracias al Señor!
Con la finalidad de alcanzar esta estatura plena, necesitamos negar nuestra vida del alma y echar en el fuego del Espíritu todas sus impurezas (1 P 4:12-13). De esta manera, seremos finalmente vencedores, juntamente con el Señor. ¡El evangelio de Dios es completo y maravilloso! El Señor soluciona el problema de nuestros pecados y nos hace hijos de Dios. Además, nos proporciona el continuo crecimiento de vida, hasta conformarnos a la imagen de Su Hijo en la glorificación (Ro 8:30). Si vencemos la lucha contra nuestra vida del alma, seremos más que vencedores. Así, ¡nada ni nadie podrá arrebatarnos de las manos de Cristo! ¡Nada nos podrá separar del amor de Dios! ¡Aleluya!
Punto Clave: El evangelio es maravilloso.
Pregunta:¿Qué les proporciona el evangelio a las personas?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 16 --- Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo

Martes --- Leer con oración: Jl 2:32; Sal 18:3-6; 50:15; 86:5; Is 12; Hch 2:16-21

"Y a Set también le nació un hijo, y llamó su nombre Enós. Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová" (Gn 4:26)

LA PRÁCTICA DE INVOCAR EL NOMBRE DEL SEÑOR

Invocar el nombre del Señor siempre fue una práctica del pueblo de Dios (Gn 4:26). Podemos comprobar esto a lo largo de toda la Biblia. En el Antiguo Testamento, los profetas no sólo invocaban, sino también profetizaban con respecto a esto (Jl 2:32). Los salmos de David y de los otros salmistas nos muestran varias de sus experiencias sobre invocar (Sal 18:3-6; 50:15; 86:5; 116:1-4, 12-13; 145:18). Según el profeta Isaías, al invocar el nombre del Señor, no sólo recibimos la salvación de Dios, sino también sacaremos con gozo "aguas de las fuentes de la salvación" (Is 12:3-4).
En el Nuevo Testamento, Pedro habló por primera vez sobre el invocar en el día de Pentecostés, utilizando las palabras dichas por el profeta Joel (Hch 2:16-21). En aquella ocasión, los judíos provenientes de diferentes lugares estaban reunidos en un mismo lugar para participar de la Fiesta de Pentecostés, en Jerusalén. De repente, vino del cielo un ruido que llenó toda la casa en donde estaban reunidos. Los cristianos galileos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas. Toda la multitud se quedó atónita, porque los oía hablar en sus propias lenguas las maravillas de Dios (vs. 4-11).
Frente a aquella señal milagrosa singular, todos se quedaron atónitos y se preguntaban qué era aquella manifestación. Sin embargo, algunos se burlaban diciendo que los galileos estaban embriagados.
Por eso, Pedro se levantó con los doce discípulos y predicó el evangelio a los judíos, aclarando que el hablar en lenguas había sucedido por el derramamiento del Espíritu Santo, tal como había sido profetizado (vs. 14-17; cfr. Jl 2:28-29). No obstante, aunque se trataba de manifestaciones del Espíritu Santo, éstas por sí mismas no los condujeron a la salvación, que es un asunto de recibir la vida eterna. Fue por eso que Pedro resaltó lo que el profeta Joel había dicho anteriormente: "Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo" (Hch 2:16-21; Jl 2:32).
Después que los judíos oyeron la predicación con respecto a la muerte y resurrección del Señor, se compungieron de corazón, y preguntaron a Pedro y a los otros apóstoles qué es lo que debían hacer. Después que Pedro les habló acerca del arrepentimiento y el bautismo, los que aceptaron la Palabra fueron bautizados, y se añadieron en aquel día como tres mil personas.
¡Gracias al Señor! Así comenzó en el Nuevo Testamento la práctica de invocar el nombre del Señor y, por medio de invocarlo, alrededor de tres mil personas fueron inmediatamente salvas y bautizadas en Jerusalén (Hch 2:41). Algunos días después, cerca de cinco mil hombres fueron bautizados (4:4). En aquel tiempo, todos los que creyeron en el Señor, en la iglesia en Jerusalén, invocaban Su nombre.
Pablo también recibió la revelación con respecto a invocar el nombre del Señor (22:16). Él tenía una preocupación especial por los judíos, sus hermanos y compatriotas según la carne (Ro 9:1-5). Toda la palabra hablada por Dios a través de los profetas del Antiguo Testamento, incluyendo las promesas, la gloria, el pacto, la ley y el culto, fue destinada primeramente a los judíos. Sin embargo, los judíos no recibieron las buenas nuevas del evangelio (Hch 28:27). Puesto que rechazaron la salvación por la muerte y resurrección de Jesucristo, ésta entonces pasó a nosotros, los gentiles (v. 28; 13:46). Que aprendamos esta importante lección: no rechazar nunca la palabra del Señor.
Punto Clave: La práctica de invocar el nombre del Señor.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Cuál es la primera y la última referencia bíblica a cerca de invocar el nombre del Señor?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 16 --- Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo

Miércoles --- Leer con oración: Ro 9:20-24; 11:1-2a, 19, 20; 2 Ti 2:19

"Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra" (2 Ti 2:21)

LA TRANSFORMACIÓN DEL VASO DE DESHONRA

En su segunda epístola a Timoteo, Pablo hace una analogía de los objetos de una casa con los hijos de Dios. En ella no sólo hay utensilios de oro y plata, sino también de madera y barro, es decir, algunos para honra y otros para deshonra (2:20). Podemos salir de la condición de vasos de deshonra y convertirnos en vasos de honra por medio de invocar el nombre del Señor: "Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo" (v. 19). El fundamento de Dios es algo inmutable, porque la palabra de Dios es fiel y no puede cambiar. Este fundamento también tiene un sello, que se hace absolutamente permanente e inviolable.
Pablo también dijo a Timoteo: "Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra" (2 Ti 2:21). Al invocar el nombre de Jesús, dejamos de ser injustos a los ojos de Dios y llegamos a ser justos; salimos de la condición de vasos de deshonra a vasos de honra. De esta manera, invocar el nombre del Señor no sólo nos justifica, sino también nos santifica.
Originalmente fuimos hechos de barro y también tenemos la naturaleza humana caída, prefigurada por la madera (Gn 2:7; Is 64:8; cfr. 2 Ti 2:20). Cuando recibimos la redención de nuestro Señor Jesús, representada por la plata, llegamos a ser vasos de honra, es decir, vasos de plata. Además, por invocar el nombre del Señor diariamente, Dios nos es añadido cada vez más. Así nos convertimos en vasos de oro, porque la naturaleza de Dios nos está siendo añadida (2 P 1:4). ¡Aleluya! Así somos útiles a nuestro dueño y estamos dispuestos para toda buena obra.
Aunque estamos sujetos a las pasiones juveniles, podemos huir de una manera muy sencilla: siguiendo la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón puro invocan al Señor (2 Ti 2:22). Necesitamos invocar el nombre del Señor diariamente y estar con aquellos que Lo invocan.
Pablo fue apartado para el evangelio de Dios y recibió una gran revelación, se quedó muy impresionado con respecto al invocar el nombre del Señor, por eso predicó: "Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo" (Ro 10:12-13).
El apóstol nos exhorta aun para que después de ser salvos, continuemos predicando el evangelio, llevando a las personas a que invoquen el nombre del Señor: "¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!" (vs. 14-15).
¡Alabado sea el Señor! pues hemos sido animados a anunciar la Palabra, aunque no todos lleguen a obedecer al evangelio (10:16). La fe viene por el oír la predicación del evangelio, por oír la palabra de Dios (v. 17). Sin embargo, Pablo prosigue: "Pero digo: ¿No han oído? Antes bien, por toda la tierra ha salido la voz de ellos, y hasta los fines de la tierra sus palabras" (v. 18). Necesitamos predicar el evangelio para que todos invoquen el nombre del Señor y sean salvos. Las buenas nuevas de Dios no pueden quedar restringidas a unos cuantos, sino que deben alcanzar al mayor número de personas posibles.
Debemos estar dispuestos a llevar estas buenas nuevas adelante y, para eso tenemos los Centros de Perfeccionamiento para la Propagación del Evangelio: CEPPEV, donde podemos ser perfeccionados. Gracias al Señor, toda la tierra va a oír Su voz e invocar Su nombre, ¡porque muchos están dispuestos a propagar las buenas nuevas del evangelio de Dios!
Punto Clave: Debemos llevar a otros a invocar el nombre del Señor.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Qué beneficios obtenemos al invocar el nombre del Señor?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 16 --- Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo

Jueves --- Leer con oración: Ap 2:3, 10; 3:8

"Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan" (Ro 10:12)

INVOCAR EL NOMBRE DEL SEÑOR ES SENCILLO Y EFICAZ

En el siglo XVI, en la época de Martín Lutero, el acceso a la lectura de la Biblia se hizo público. También fue recobrada la verdad sobre la justificación por la fe, pero aparentemente no se vio nada con respecto a invocar el nombre del Señor, hasta los días de hoy, aunque esta verdad está disponible en las Escrituras, la mayoría de los hijos de Dios aún no la practica.
Entre las iglesias descritas en Apocalipsis, la iglesia en Éfeso soportó varias pruebas por causa del nombre del Señor (2:3). Probablemente los hermanos de la iglesia en Esmirna también invocaban el nombre del Señor. Por esa razón, los santos en aquella iglesia padecieron muchos sufrimientos, pasaron por muchas persecuciones y fueron muertos. En aquel tiempo, el imperio romano quería eliminar a los cristianos, realizando, en un periodo de cien años, diez grandes mortandades, indicadas por la "tribulación por diez días" (v. 10). Ciertamente eran reconocidos porque invocaban el nombre del Señor, por eso eran amenazados de muerte. Sin embargo, aun bajo persecución, el número de cristianos aumentaba cada vez más.
En la iglesia en Pérgamo había un hermano llamado Antipas, un testigo fiel del Señor que era el remanente de las tribulaciones sufridas por la iglesia en Esmirna. Antipas significa contra todo. Como un fiel testigo de Cristo, estuvo contra todas las prácticas del imperio romano y, probablemente, durante su martirio, invocaba el nombre del Señor.
A partir del año 312, cuando la iglesia en Pérgamo tuvo su inicio, hasta 1966, no se vio ningún registro sobre invocar el nombre de Jesús. Fue por medio del hermano Witness Lee que recibimos la ayuda para recobrar esta práctica. Antes, teníamos conocimiento de este asunto, pero no sabíamos como practicarlo. En aquel tiempo, en una reunión de la iglesia en la ciudad de Los Ángeles, EUA, él habló sobre la necesidad de invocar el nombre del Señor Jesús.
Fue entonces cuando vimos realmente que para ser completamente salvos y libres de nosotros mismos, necesitamos invocar al Señor. En aquel día, el hermano Lee nos animó: "Ustedes tienen que ejercitar el espíritu por medio de invocar el nombre del Señor". Todos nosotros estábamos muy acostumbrados a analizar las verdades usando la mente para entenderlas, pero él nos ayudó en la práctica de ejercitar el espíritu, pues, mientras caminaba, invocaba diciendo: "¡Oh Señor Jesús, amén, aleluya! ¡Oh Señor Jesús, amén, aleluya!".
Cierta vez le pregunté si aquella práctica no le parecía que era muy mecánica, él me respondió que, aunque al principio sea mecánica, lo cierto es que al final recibiremos vida y paz en nuestro espíritu, donde mora el Espíritu del Señor, y tendremos experiencias maravillosas con Él (Ro 8:5-6; Sal 116:1-4; Jer 33:3).
Así, continuamos hasta el día de hoy, siguiendo la justicia, la fe, el amor y la paz con los que de corazón puro invocan al Señor (2 Ti 2:22). No obstante, aquellos que hablaban sólo con la boca, sin creer con el corazón, permanecieron en la mente y no pudieron ser salvos por el Señor (Sal 145:18; Mt 15:8; cfr. Ro 10:9). Hoy agradecemos a Dios por esta gran ayuda y perseveramos en ella, pues sabemos que las riquezas del Señor son dispensadas a aquellos que Lo invocan (v. 12).
Punto Clave: Invocar para vivir en el espíritu.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Ya fue recobrada la práctica de invocar el nombre del Señor en su vivir?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 16 --- Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo

Viernes --- Leer con oración: Mt 6:9-10; Ef 4:13

"Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre! Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo" (Gá 4:6-7)

EL ESPÍRITU TRABAJA CUANDO INVOCAMOS EL NOMBRE DEL SEÑOR

Gracias al Señor, porque fuimos ayudados a ver la importancia de invocar el nombre del Señor en la Biblia y comenzamos a practicarlo. Después, comenzamos a ser muy bendecidos, especialmente a partir de 1975, cuando un grupo de jóvenes de la ciudad de Ribeirão Preto me invitó para que los ayudara. Yo no sabía exactamente que decirles, entonces los llevé a invocar el nombre del Señor. Todos, los doscientos jóvenes que estaban allí reunidos, comenzaron a invocar y fueron llenos del Espíritu. Desde entonces, nunca más los hermanos en Brasil dejaron de invocar el nombre del Señor: ¡Oh Señor Jesús!
Invocar el nombre del Señor es también santificarlo para que el reino de Dios llegue hasta nosotros (Mt 6:9-10). Cuando invocamos el nombre de Jesús, traemos a Dios mismo y Su reino a la tierra. Esta práctica tiene como finalidad nuestro crecimiento en la vida divina y, por eso, forma parte del evangelio del reino de los cielos.
El evangelio del reino de los cielos también es para que neguemos la vida del alma, con el propósito de que la vida de Dios crezca en nosotros. Puesto que tenemos el Espíritu del Hijo, tenemos la vida de Dios, y podemos clamar: "¡Abba, Padre!". Ya que somos Sus hijos, también somos Sus herederos (Gá 4:6-7). Si crecemos en vida hasta la estatura de la plenitud del Hijo, seremos hijos maduros y, como el Señor Jesús, recibiremos la filiación (Ef 4:13).
¡Esto es glorioso! El Espíritu nos dio la vida divina y continúa trabajando en nosotros cada vez que invocamos el nombre del Señor. ¡Aleluya! Invocar nos lleva al espíritu, donde mora el Espíritu de Dios, que nos da más vida. Por medio de esta práctica, poco a poco nuestra vida crece, hasta que seamos conformados a la imagen del Hijo de Dios. Así, seremos glorificados, pues ya habremos vencido la lucha contra nuestra vida del alma, contra Satanás y el mundo.
El evangelio de Dios nos lleva a estar llenos de Su vida y naturaleza, esto hace que nada nos separe de Su amor. Si practicamos lo que vimos hoy, ¿quién nos separará del amor de Cristo? ¿quién nos separará del amor de Dios? Por tanto, podemos declarar como el salmista: "Amo a Jehová, pues ha oído mi voz y mis súplicas; porque ha inclinado a mí su oído; por tanto, le invocaré en todos mis días" (Sal 116:1-2).
Punto Clave: El trabajar del Espíritu.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Ya experimentó el llevar a alguien a invocar el nombre del Señor? ¿Puede describir esa experiencia?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 16 --- Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo

Sábado --- Leer con oración: Is 12; Ro 10:1-13; 1 Co 1:2; 12:3; 15:45

"Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos" (Ro 10:8)

INVOCAR EL NOMBRE DEL SEÑOR PARA SER SALVO

Ya hemos visto que Pablo, como judío, también tenía una profunda carga de llevar las buenas nuevas a sus compatriotas. Él deseaba llevarlos a invocar el nombre del Señor para que recibieran la salvación de Dios (Ro 1:1-13). A pesar de que la salvación de Dios, mediante Jesucristo, fue anunciada primeramente a los judíos, sin embargo, ellos la rechazaron. Pablo deseaba que ellos, por medio de su predicación, recibieran esta salvación: "Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación. Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios; porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree. Porque de la justicia que es por la ley Moisés escribe así: El hombre que haga estas cosas, vivirá por ellas. Pero la justicia que es por la fe dice así: No digas en tu corazón: ¿Quién subirá al cielo? (esto es, para traer abajo a Cristo); o, ¿quién descenderá al abismo? (esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos). Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos" (Ro 10:1-8). La palabra de fe se refiere a confesar y creer que Jesús es el Señor para recibir la salvación de Dios (v. 9).
Obtener la salvación hoy es muy sencillo, porque no necesitamos esforzarnos para cumplir la ley de Dios, ni subir al cielo para traer a Cristo de lo alto, tampoco descender al abismo para buscar al Señor Jesús de entre los muertos. No es necesario ni dinero ni sacrificios de nuestra parte, pues hoy Él es el Espíritu vivificante (1 Co 15:45).
Además, la palabra de la salvación está en todo lugar y, por tanto, es muy accesible a nosotros. Para que seamos salvos, el camino es muy sencillo: "si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado" (Ro 10:9-11).
Todos los que creyeron en el Señor tienen parte en esta salvación. Por medio de invocar el nombre del Señor, todos pueden ser salvos, porque hoy el Señor Jesús es tanto para los judíos como para los gentiles (3:29; 1 Co 12:13). No importa nuestro origen, porque para ser salvos sólo basta confesar con la boca que Jesús es el Señor y, con el corazón creer que Dios lo resucitó de entre los muertos. ¡Aleluya!
Cuando invocamos el nombre del Señor por primera vez, obtenemos la salvación de nuestro espíritu, que es de una vez y para siempre. A partir de allí, es necesario que desarrollemos la salvación del alma, lo cual es una tarea que lleva toda nuestra vida, por eso necesitamos invocar el nombre del Señor en nuestro diario vivir. Cada vez que Lo invocamos, Él es rico para con nosotros (Ro 10:12-13).
Asimismo, nadie puede decir "¡Señor Jesús!" si no es por el Espíritu Santo (1 Co 12:3). Antes de recibir la salvación de Dios, muchas personas eran conducidas y guiadas a los ídolos mudos y, por ello, no invocaban el nombre del Señor. Cuando vivimos en nuestra vida del alma, tampoco logramos invocar el nombre del Señor, pero, si nos arrepentimos y nos volvemos al Espíritu, podemos clamar en voz alta: "¡Señor Jesús!". De esta manera andamos y vivimos en el espíritu (Gá 5:25)..
Punto Clave: ¡Podemos vivir en el espíritu!
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Qué quiere decir la afirmación: El evangelio es profundo pero a la vez sencillo?

 

Apartado para el evangelio de Dios

Semana 16 --- Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo

Domingo --- Leer con oración: Job 42:1-6; 2 Ti 2:21-26

"Que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él" (2 Ti 2:25-26)

DESECHAR LAS CUESTIONES INSENSATAS E INVOCAR EL NOMBRE DEL SEÑOR

En esta semana, vimos que, al invocar el nombre del Señor nos apartamos de la injusticia, somos purificados de nuestros errores y llegamos a ser vasos para honra, santificados y útiles al Señor (2 Ti 2:21-22).
Timoteo enfrentó mucha oposición de parte de los que no aceptaban el evangelio y predicaban la práctica de la ley judía, motivo por el cual surgían discusiones y contiendas entre los hermanos. Fue por eso que Pablo, basado en su experiencia, le recomendó a Timoteo que no discutiera con las personas y que desechara las cuestiones necias e insensatas que sólo engendran contiendas (vs. 23-24a).
En nuestros días, también nos enfrentamos con personas que les gusta contender y discutir sobre puntos de vista doctrinales. No es necesario replicar tales cuestionamientos ni argumentar en respuesta a ellos. Si lo hacemos, la argumentación no tendrá fin y sólo habrá más discusiones, como sucedió con Job y sus tres amigos.
Pablo también enfrentó mucha resistencia y difamación de parte de los judíos. Ciertamente estas experiencias le enseñaron a no discutir, esto lo llevó a instruir a su joven colaborador: "Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido" (2 Ti 2:24). De la misma manera, si por casualidad tomamos conocimiento de calumnias con respecto a nosotros, debemos ser pacientes, corrigiendo con mansedumbre a los que se oponen (v. 25). De lo contrario, sólo causaremos más enemistad.
Por su experiencia con los judíos, Pablo le dijo que el siervo de Dios no debe ser contencioso, sino que debe corregir con mansedumbre a los que se oponen "por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él" (vs. 25b-26).
Cuando invocamos el nombre del Señor, negamos nuestra vida del alma y permitimos que la vida divina crezca continuamente hasta alcanzar la madurez, esto nos introducirá en el reino milenario para reinar juntamente con el Señor.
Los judíos también entrarán en el reino milenario, como vemos al examinar la figura del reino en el monte de la transfiguración, en Mateo 17, donde se incluye a Moisés y a Elías. En la era del reino, los judíos enseñarán a las naciones de la tierra como servir al Señor, como acercarse a Dios (Is 2:3; Zac 8:22-23). No obstante, Pablo quería llevar a sus compatriotas a invocar el nombre del Señor, para que al creer en Su nombre y en Su obra redentora, disfrutaran de la salvación completa de Dios.
Gracias al Señor, porque hay una salvación completa preparada tanto para los judíos como para los gentiles, para que todos sean vencedores y gobiernen la tierra juntamente con Él. Esta salvación viene por medio de invocar el nombre del Señor. Por eso debemos continuar invocando y predicando el evangelio de Dios. ¡Alabado sea el Señor!
Punto Clave: Invocar el nombre del Señor nos salva.
Su punto clave es:
Pregunta: ¿Qué podemos aprender de Job y Pablo con respecto a las discusiones?

Dong Yu Lan

Publicado por: Editora "Arvore da Vida"

Literatura disponible en:

corpocri@...

Jesus es el Señor!

La iglesia en Armenia

 

Nuestro proposito no es comunicar conocimiento, ni métodos bíblicos a los santos, sino ayudar a los que ya siguen al Señor y caminan en esta senda con el objeto de avanzar.
Watchman Nee
 
El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
Ciertamente hay un camino solitario para los que buscan andar con Dios. Pero cuando andemos con el Señor, vamos a encontrar compañia en otros que tambien conocieron el rechazo y el sufrimiento cuando  anduvieron con Dios, y aprendieron sus caminos


#598 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Lun, 22 de Dic, 2008 1:38 pm
Asunto: Predicar el Evangelio del Reino semana 8
hgo1939@...
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Predicar el Evangelio del Reino

Semana 8--- La vida normal de la iglesia

Lunes --- Leer con oración: Lv 11:2-3; Mt 16:16, 24-27; Ro 8:29; 2 Co 3:17

"Asimismo el que me come, él también vivirá por mí" (Jn 6:57b)

RUMIAR

El tema de esta semana es "La vida normal de la iglesia" (Mt 16:24-27). Al crear al hombre, Dios lo hizo conforme a Su imagen (Gn 1:26). Seguidamente plantó un huerto en Edén y puso en él al hombre que había formado. El Señor hizo brotar del suelo todo tipo de árboles agradables a la vista y buenos para alimento, también el árbol de la vida en medio del huerto y el árbol del conocimiento del bien y del mal (Gn 2:8-9). Entonces Le dio una orden al hombre que había creado: "De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás" (vs. 16-17). El deseo de Dios era que el hombre comiese del árbol de la vida y viviese eternamente (3:22b). Sin embargo, el hombre desobedeció esa orden y comió del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal (3:6), esto trajo la muerte para dentro de su ser (cfr. Ro 5:12, 19). Como resultado, el alma del hombre llegó a tener una vida independiente de Dios, la cual era conocedora del bien y del mal. Por causa de eso Jehová Dios expulsó al hombre del huerto (Gn 3:22, 24).

Caín, uno de los descendientes de Adán, por seguir el lado bueno de esa vida independiente que había heredado de sus padres, deseó agradar a Dios y servirlo. Para eso, se dispuso a trabajar duramente como labrador, pero a su propia manera (cfr. vs. 17-18) y con su propio sudor y fatiga para traer una ofrenda al SEÑOR del fruto de la tierra. Sin embargo, Dios no se agradó de Caín y de su ofrenda (4:2, 5). Abel, su hermano, por otro lado, escogió ser pastor de ovejas. Su ofrenda fue aceptada porque estaba basada en el principio establecido por Dios mismo, de sacrificar un animal (vs. 2, 4; cfr. Gn 3:21; He 9:22). Aunque el servicio de Abel tal vez fuese menos trabajoso que el de Caín, Dios se agradó de él y de su ofrenda; su sacrificio quemado en el altar subió como un aroma agradable a Dios.

Además, en la experiencia de Abel vemos otro importante principio espiritual: Él cuidaba de las ovejas (Gn 4:2), que eran animales limpios, rumiantes (Lv 11:2-3). La digestión de los alimentos en estos animales tiene cuatro etapas: inicialmente lo que comen del pasto va al estómago; después de comer se recuestan en la hierba y regurgitan, es decir, traen de nuevo la comida que ya se encontraba en el estómago a la boca, para ser masticada nuevamente. Después de ser masticada por segunda vez, la regresa al segundo compartimiento del estómago, y así sucede hasta que el alimento pasa al tercer y cuarto estómago. Esto se debe porque las ovejas, por ser animales rumiantes, necesitan digerir totalmente el alimento que comen. Así su organismo logra absorber todos los nutrientes de la comida.

Por ejemplo, el cerdo y el perro, a diferencia de las ovejas, son animales que no rumian y de acuerdo con la Biblia, son animales inmundos (v. 7). Éstos no logran saborear los alimentos. Especialmente el perro, si se le da un pedazo de carne se lo traga inmediatamente, se traga la carne entera. Por tanto, su organismo no logra absorber todos los nutrientes de los alimentos.

El proceso de digestión tiene su inicio en la boca y ocurre con la ayuda de la saliva. Cuando masticamos la comida, la saliva es producida para ayudar en la digestión. Cierta vez un hermano me invitó para que comiéramos juntos. Yo comí mi porción rápidamente. Él comía lentamente y me preguntó: "Hermano, ¿ya terminó?". Yo le respondí: "Sí, era poca comida y comí rápido". En ese momento él me dio el siguiente consejo: "Cada vez que colocamos una porción de comida en la boca, debemos masticarla por lo menos treinta veces". Es necesario masticar bien para producir la saliva suficiente para que actúe en el alimento y así facilite su digestión. Cuando el alimento llega al estómago, se mezcla con el jugo gástrico, que también coopera en la digestión, esto facilita su absorción por el organismo.

El Señor Jesús nos compara con las ovejas (Jn 10:14). Él es nuestro pan de vida (6:48), por eso necesitamos tomarlo como nuestro alimento. No se trata de comer la carne del Señor sino Sus palabras, pues éstas son Él mismo, como Espíritu y vida (1:1, 14; 6:63). Al "comer" la palabra del Señor debemos ser como animales limpios. Nuestro rumiar espiritual se produce por medio de leer y orar la Palabra, pues de esa manera podremos digerirla mejor. Mientras más la masticamos, somos mejor nutridos espiritualmente. Esto nos es de gran utilidad.

Punto Clave: umiar por el orar-leer la Palabra.

Pregunta: Por qué Dios se agradó de Abel y de su ofrenda, mientras que de Caín y de su ofrenda no?

 

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Semana 8 --- La vida normal de la iglesia

Martes --- Leer con oración: Gn 3:7-8, 21; Jn 1:29; Ro 4:25; Gá 3:17

"Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención" (1 Co 1:30)

JUSTIFICADO, SANTIFICADO Y RECONCILIADO

Después que Adán y Eva pecaron, la primera cosa que percibieron fue que estaban desnudos (Gn 3:7a). Sabían que lo que habían hecho no agradaba a Dios. Avergonzados, intentaron cubrir su desnudez, cosieron para sí delantales de hojas de higuera (v. 7b). Sin embargo, con el paso de los días las hojas comenzaron a marchitarse y ya no eran suficientes para hacerlos dignos de estar en la presencia de Dios. Con temor de encontrarse con Él, se escondieron de Su presencia (v. 8). El Señor hizo túnicas de piel para cubrir la desnudez del hombre (v. 21). Podemos inferir que un animal, probablemente una oveja, fue sacrificada y su piel fue desollada para producir esa túnica que llegó a ser la justicia para el hombre. Él había sido justificado; la carne del hombre, antes expuesta por el pecado, ahora estaba cubierta por la piel de un animal. Esto tipifica al Señor Jesús, el Cordero de Dios, que fue sacrificado en la cruz para justificarnos (Jn 1:29; Gá 3:17; cfr. 1 Co 1:30; Ro 4:25).

El Señor Jesús es el Cordero que fue inmolado y que desde la fundación del mundo ya había derramado Su sangre (1 P 1:20; Ap 13:8) para la remisión de nuestros pecados (Ef 1:7; He 9:22; 1 Jn 1:7). Él no es sólo la realidad de todas las ofrendas del Antiguo Testamento, sino que también lo es de cada parte de los sacrificios. La piel desollada del animal significa que el Señor Jesús, como un cordero inmolado, llegó a ser nuestra justicia, cubriendo toda nuestra vergüenza. La carne y la grosura quemadas sobre el altar, y lo que quedaba después de la quema: las cenizas, algo limpio y puro; todos tipifican al Señor Jesús. Él es el Santo, Aquel que se entregó totalmente para santificarnos, separarnos para Dios. El humo de la ofrenda que subía a Dios como un aroma agradable (cfr. Gn 8:20-21), también tipifica al Señor como el Hijo amado que por medio de Su muerte nos reconcilió con Dios (Ro 5:10).

Ante esto logramos entender porqué Dios se agradó de la ofrenda de Abel. Aunque pareciera así, la tarea de Abel no debió haber sido tan fácil. El hecho de mencionarse que él tomó de las primicias de su rebaño y la grosura de éste implica inmolar y derramar la sangre de un animal, además de quitarle la piel y quemar la carne como un sacrificio agradable a Dios. La ofrenda de Abel comprende un significado muy profundo y amplio. En Hebreos 11:4 leemos que Abel ofreció un sacrificio más excelente que su hermano, obtuvo testimonio de ser justo y de ser aprobado por Dios. Así podemos concluir que su sacrificio produjo un aroma agradable para Dios. Su ofrenda Lo satisfizo y por medio de ella, la cual tipifica a Cristo, Abel pudo ser justificado, santificado y reconciliado con Dios. Gracias al Señor por el importante principio que obtuvimos con el servicio de Abel, cuya ofrenda proviene del árbol de la vida y fue según la voluntad de Dios. Además, el Señor Jesús, como el Cordero de Dios, es la realidad de la ofrenda de Abel. Por medio de Él, nosotros también somos justificados, santificados y reconciliados con Dios. Hoy debemos tomarlo como nuestra ofrenda para hacernos aceptos delante de Dios. Ya todo fue hecho por el Señor Jesús, el Cordero inmolado, por eso disfrutamos de esa gracia. Nosotros también somos aceptados por Dios, somos reconciliados con Él y todos nuestros pecados fueron perdonados. Este es el evangelio de la gracia que predicamos. También aprendimos que nuestro servicio a Dios debe ser según Su voluntad y en nuestro espíritu (Ro 1:9), donde el Señor Jesús mora como la realidad del árbol de la vida (Jn 14:6; 15:1).

No obstante, la ofrenda de Caín nos muestra el deseo de servir a Dios según el árbol del conocimiento del bien y del mal. Al principio su ofrenda provino del lado bueno de su vida del alma. Pero al ser rechazado, él usó el otro aspecto, el lado del mal, que proviene del mismo árbol. Con tal rechazo, vino la insatisfacción; después, cuando se comparó con su hermano, vinieron los celos, con el cual comenzó a odiarlo y finalmente lo mató (Gn 4:5, 8). Caín entonces se convirtió en un fugitivo, un errante sobre la tierra, pues había perdido la presencia de Dios (4:14). Que podamos aprender con estas lecciones a siempre verificar cual es la fuente de nuestro servicio a Dios.

Punto Clave: Servir en el principio del árbol de la vida.

Pregunta: Qué significado tiene para nosotros la ofrenda de Abel?

 

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Semana 8 --- La vida normal de la iglesia

Miércoles --- Leer con oración: Mt 16:18-25

"Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (Mt 16:24)

UNA VIDA DE SEGUIR AL SEÑOR

Cuando el Señor le reveló la iglesia a Pedro le dijo: "Sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos" (Mt 16:18-19). La iglesia tiene las llaves del reino. Esto significa que ella tiene la autoridad del reino; así lo que ella ate en la tierra será atado en los cielos.

La iglesia ya había sido revelada por el Señor Jesús, pero no había surgido hasta aquel momento. Para que surgiera, el Señor comenzó a mostrar a Sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer muchas cosas de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas, ser muerto y resucitar al tercer día (v. 21). Esa palabra fue dicha a los doce discípulos, pero especialmente Pedro, el líder de ellos, fue quien la escuchó. Pedro aún era un hombre natural. Como el Señor Jesús no había muerto y resucitado, por tanto no era aún el Espíritu vivificante. Pedro aún no tenía el Espíritu morando en su interior; por consiguiente vivía según los impulsos de su vida del alma. De acuerdo con ella, lo que el Señor había dicho era inaceptable, por eso Lo reprendió (v. 22). No obstante, el Señor volviéndose le dijo a Pedro: "¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres" (v. 23). Quien realmente estaba intentando impedir que Jesús fuese a Jerusalén era Satanás, pero éste lo hizo por medio de Pedro. Sin la crucifixión del Señor, no habría derramamiento de sangre para el perdón de los pecados de toda la humanidad (Jn 11:49-52) y nosotros continuaríamos siendo esclavos suyos.

Las puertas del hades, es decir, del infierno, sólo tienen entrada; es como si tuviese una válvula de retención, por eso quien entra nunca más sale. El Señor Jesús para llevar a cabo nuestra redención necesitó pasar por la muerte, no obstante, la muerte no Lo pudo detener, porque existe un poder en Él que se llama resurrección. Satanás no quería que Él fuese crucificado, pues estaba en contra de que el Señor hiciera la voluntad de Dios, y no quería que Él resucitara, pues así, el mismo Satanás sería destruido. Por esa razón, el enemigo usó la parte buena del alma de Pedro.

Como vimos, el Señor Jesús no reprendió a Pedro, sino a Satanás diciendo: "¡Quítate de delante de mí, Satanás!". El alma tiene un lado bueno y un lado malo. Dios rechaza a ambos, pues lo que proviene de la vida del alma no sirve para cooperar con Él. Así como Dios pudo usar el alma de Pedro para expresar la revelación de Su misterio, Satanás también pudo usarla para expresar su deseo: estorbar el plan de Dios, intentando impedir que Cristo fuese a la cruz.

En Mateo 16:24 tenemos un versículo muy importante: "Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame". Este versículo apunta a la vida de la iglesia, donde seguimos al Señor. No seguimos a hombres. Aunque tengamos hermanos al frente nuestro para conducirnos y orientarnos, debemos seguir al Señor.

Si deseamos tener una vida de iglesia adecuada, necesitamos satisfacer una condición: negarnos a nosotros mismos, es decir, rechazar nuestro ego. El ego es nuestra vida del alma, en la cual hay muchas opiniones humanas que nos impiden que sigamos al Señor. La falta de armonía entre los líderes en la vida de la iglesia, por ejemplo, se debe a demasiadas opiniones provenientes de la vida del alma. En algunos lugares el número de hermanos no crece porque entre ellos hay algunos que insisten en sus propios puntos de vista y, cuando no se hace lo que dicen no colaboran con la iglesia.

El Señor Jesús, sabiendo nuestra condición nos dejó un principio bien sencillo para que vivamos la vida normal de la iglesia: "Negarnos a nosotros mismos, tomar la cruz y seguirlo". Aunque en la vida normal de la iglesia se tenga que tratar de muchos asuntos, lo principal es no traer nuestro ego con sus opiniones a la iglesia. Necesitamos colocarlo en la cruz. Cada vez que nuestra vida del alma y nuestras opiniones aparezcan, debemos tomar la cruz y matarlas, es decir, rechazarlas. Como dijo el Señor: "Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará" (v. 25).

Punto Clave: Seguir al Señor.

Pregunta: ¿Cuál es el asunto más importante en la vida de la iglesia?


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Semana 8 --- La vida normal de la iglesia

Jueves --- Leer con oración: Mt 16:26; 1 Co 15:51-55

"Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?" (Mt 16:26)

GANAR TODO EL MUNDO Y PERDER EL ALMA

Lo más importante en la vida de la iglesia es seguir al Señor, lo que implica negarnos a nosotros mismos y tomar la cruz. Si queremos entrar en el reino de los cielos, necesitamos cumplir este requisito. No podemos llevar nuestra vida natural al reino de los cielos. Para que la vida de Dios crezca en nosotros, Él nos colocó en la iglesia. El Señor nos introdujo en la vida de la iglesia a fin de que tengamos la oportunidad de negar la vida del alma.

En la vida de la iglesia tenemos muchas oportunidades para crecer espiritualmente. Ella nos proporciona un excelente ambiente para ejercitar nuestro espíritu, renunciar a nuestra vida del alma y permitir que la vida divina crezca en nosotros. Cuanto más negamos nuestra vida del alma eso determinará la medida en que la vida de Dios será añadida a nosotros. Si estamos llenos de nuestra vida del alma, la vida de Dios no encontrará espacio para crecer.

Dios desea salvarnos completamente, por eso Él preparó una salvación completa para alcanzar todo nuestro ser tripartito: espíritu, alma y cuerpo. La salvación de nuestro espíritu sucedió cuando fuimos salvos al creer en el Señor Jesús (Jn 1:12; 3:6). Eso fue hecho por el Señor Jesús en Su primera venida. La salvación de nuestro cuerpo sucederá cuando Él vuelva por segunda vez, es decir, cuando suene la última trompeta. Este cuerpo mortal llegará a ser un cuerpo de resurrección. Aunque hoy tengamos un cuerpo corruptible, en aquel día, en el futuro, obtendremos un cuerpo incorruptible, resucitado (1 Co 15:51-55). Así venceremos todo poder de atracción de Satanás (v. 56) y podremos ir hasta Dios. Esto se refiere a la redención de nuestro cuerpo.

La salvación del alma es de nuestra responsabilidad y depende de nuestra cooperación con el Señor. Para que estemos en el futuro en la manifestación del reino de los cielos, necesitamos que la vida de Dios crezca y madure en nosotros. También necesitamos que la naturaleza divina se desarrolle al punto de que lleguemos a ser como Dios es, en vida y naturaleza, pero sin la Deidad. Para eso es que tenemos la vida de la iglesia, donde podemos negarnos a nosotros mismos y obtener el fin de nuestra fe: la salvación de nuestra alma (1 P 1:9).

En Mateo 16:26 leemos: "Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?". Muchas verdades que aprendimos vinieron de un grupo denominado Hermanos Unidos. Este versículo, por ejemplo, era aplicado por ellos a las personas ambiciosas, que anhelaban ganar mucho dinero. Cuando yo tenía un poco más de treinta años, trabajaba en el ramo del comercio y de la industria. En aquella época yo vivía en Taipei, capital de Taiwán, e importaba productos a Japón, por eso viajaba mucho. Como la mayoría de los miembros de mi familia se había convertido al Señor, después de uno de esos viajes ellos esperaban para que yo, juntamente con ellos, fuese bautizado. Cierto día, ni bien llegué de viaje, mi hermano mayor me llevó del aeropuerto directo al local de reuniones de la iglesia, para que oyese la Palabra y consecuentemente, me decidiera por el bautismo. En aquella reunión, no entendí nada de lo que fue hablado. Al final, uno de los hermanos vino a mi y me dijo que yo tenía pecado; lo refuté diciéndole que era él quien tenía pecado. En mi concepto el pecado se refería a los actos pecaminosos groseros. Como intentábamos seguir las enseñanzas de Confucio, intentábamos guardar los principios de la moralidad y de la ética. Mi hermano se entristeció y pensó que no había la posibilidad de que yo fuese salvo, sin embargo, me llevó una vez más al local de reuniones para que yo pudiese oír nuevamente la palabra de Dios. Ese día un hermano leyó Mateo 16:26 e interpretó el texto de la siguiente manera: "¿Qué aprovechará el hombre si ganare mucho dinero y perdiere su alma?". Como yo pensaba que perder el alma, significaba morir, me quedé convencido y dije: "Sí, es correcto, si yo muero, ¿Dónde irá mi riqueza?" Esta fue la base para que yo fuese bautizado pues estaba de acuerdo con ese versículo.

Pero, cuando estudiábamos las epístolas de Pedro, percibimos que Mateo 16 tiene una total relación con Pedro. Al volver a leer ese versículo, mi interior fue iluminado. Percibí que ese texto no se refiere a ganar dinero, sino a aquellos que viven por medio de la vida del alma y que ambicionan tener una obra de grandes proporciones, algo que alcance todo el mundo.

¡Gracias al Señor! pues fuimos iluminados y corregidos para realizar la obra del Señor en el espíritu, sin desear tener algún mérito o reconocimiento. ¿De qué vale que ganemos todo el mundo, estableciendo iglesias en toda la tierra, si nuestra alma aún permanece intacta? Debemos abrirnos al Señor hoy, negar nuestra vida del alma para que al llegar al juicio del tribunal de Cristo, no seamos descalificados para el reino.

Punto Clave: Hacer la obra en el espíritu para no ser descalificados.

Pregunta: ¿Cuál es la relación entre salvar el alma y negar la vida del alma?

 

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Semana 8 --- La vida normal de la iglesia

Viernes --- Leer con oración: Mt 16:24, 27; 25:10, 19; 2 Co 5:10; 1 Ts 4:17

"Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras" (Mt 16:27)

EL HIJO DEL HOMBRE VENDRÁ EN LA GLORIA DE SU PADRE

En Mateo 16:27 la expresión "El Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre", se refiere a "las nubes para recibir al Señor en el aire" (1 Ts 4:17). Esto se refiere a Su parusía que sucederá antes de Su juicio, el cual ocurrirá tres años y medio después de la gran tribulación. El Señor establecerá Su trono en las nubes, en los aires para juzgar a todos Sus hijos (Mt 25:19; 2 Co 5:10), pues el juicio comenzará por la casa de Dios (1 P 4:17).

Prosiguiendo en Mateo 16:27b, leemos: "Y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras". Necesitamos percibir que no está escrito: "Él pagará a cada uno de acuerdo a los pecados cometidos". Este juicio no es esencialmente para evaluar nuestros pecados; no se refiere a recordar nuestros pecados como en una película. Si fuese así, ¿dónde estaría la eficacia de la sangre de Cristo? (cfr. He 9:12). Evidentemente, si hemos cometido pecados, y aún no los hemos confesado ni nos arrepentimos, el Señor vendrá a juzgarnos. Si ese es el caso, necesitamos aprovechar para arrepentirnos hoy, aplicando la preciosa sangre de Cristo y pidiéndole que nos lave de nuestros pecados.

Este juicio tendrá en cuenta principalmente cuanto hemos negado nuestra vida del alma. Cuando llegue el juicio, si no hemos tratado adecuadamente con nuestra alma, seremos castigados. Si negamos nuestra vida del alma hoy, obtendremos su salvación en el futuro. Cuando lleguemos delante de la presencia del Señor, es decir, delante de Su tribunal, nuestro espíritu ya estará salvo, nuestro cuerpo estará redimido y si hoy aprovechamos las oportunidades que tenemos para renunciar a nuestra vida del alma, experimentaremos la salvación del alma en aquel día, seremos aprobados por el Señor y entraremos en la manifestación de Su reino (Mt 25:10).

Para que nuestra vida del alma sea negada hoy, el Señor Jesús permite que los sufrimientos nos sobrevengan. Dios nos disciplina como a hijos (He 12:7). Él permite que seamos perseguidos, calumniados, difamados, criticados; todo eso para llevarnos a negar la vida del alma. Por ejemplo, si al conducir usted choca el auto y éste se daña, puede pensar que eso es un tratamiento que viene del Señor para negar su vida del alma. Sin embargo, esos sufrimientos se refieren sólo al aspecto exterior.

Por medio de las experiencias de Pedro, registradas en los evangelios, y de las lecciones que recibió, registradas en sus epístolas, podemos ver que el Señor no usa solamente los sufrimientos que vienen de las circunstancias exteriores para trabajar en nosotros. Cuando el Señor exponía el ser natural de Pedro, él era iluminado; entonces se arrepentía porque dentro de él había un constreñir interior quemando las cosas negativas. Basado en lo que aprendió, Pedro dijo: "Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese, sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría" (1 P 4:12-13). Vamos a mantener el espíritu ardiendo en nuestro interior para que podamos, ya sea por los sufrimientos exteriores, o por los interiores, colocar todas las cosas naturales de nuestra alma en el fuego santificador, a fin de que la vida del alma sea terminada y nuestra alma sea purificada.

Punto Clave: Colocar las cosas naturales en el fuego santificador.

Pregunta: ¿Cómo nos juzgará el Señor?

 

 

 

 

 

 

 


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Semana 8 --- La vida normal de la iglesia

Sábado --- Leer con oración: 1 P 1:5-6; 4:12

"En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas" (1 P 1:6)

EL FUEGO SANTIFICADOR

Cada vez que Pedro era expuesto en su vida del alma, él la colocaba en el fuego santificador para ser terminada. Además, en su segunda epístola nos habla: "Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese" (1 P 4:12). Muchas veces pensamos que la disciplina del Señor viene sobre nosotros porque hicimos cosas equivocadas, por eso aceptamos el tratamiento. Sin embargo, el sufrimiento al que se refiere Pedro, es como el purificar del oro por el fuego: éste es necesario aunque no hayamos cometido ninguna cosa equivocada.

Aun amando al Señor de todo nuestro corazón y haciendo muchas cosas correctas, nuestra alma todavía tiene que pasar por el fuego. Cuando el Señor Jesús dijo que iría a la cruz, la parte buena del alma de Pedro fue usada por el enemigo para reprender al Señor e intentar impedirle ir a la cruz. La vida del alma de Pedro apareció otra vez, por eso el Señor dijo: "Apártate de mi, Satanás". Cuando algo semejante sucede con nosotros, al percibirlo, inmediatamente debemos colocar todo lo que es natural en el fuego santificador del Espíritu en nuestro espíritu por medio de orar: "Mi vida del alma fue usada por Satanás. ¡Oh Señor Jesús! ¡Perdóname! ¡Dame Tu luz!". Así, nuestra vida del alma será más purificada y serán quemadas en nosotros las cosas naturales.

El fuego santificador es semejante a aquel que purifica el oro, es un fuego que nunca se apaga. Debemos aprender con la experiencia de Pedro, de manera que alcancemos la salvación preparada para revelarse en el tiempo postrero, la salvación completa (1 P 1:5). Esta es la salvación que debe manifestarse en la segunda venida del Señor Jesús. Esperamos que nuestra alma esté en el proceso continuo de salvación. En 1 Pedro 1:6 leemos: "En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas" (1:6). Si en aquel día, nuestra vida del alma aun estuviere intacta, no podremos alegrarnos, pues pasaremos por el juicio. Pero si hoy al pasar por el fuego purificador, permitimos que el Señor queme lo que es natural en nosotros, podremos alegrarnos y gozarnos delante del Señor.

En nuestro espíritu hay un fuego santificador que está siempre encendido, así como el fuego que purifica el oro. Cuando descubrimos que tenemos la vida del alma, necesitamos usar este fuego para que ésta sea quemada. Cuando el marido fuere a discutir con su esposa debe percibir que su vida del alma quiere manifestarse. Por poseer dentro de él, el fuego santificador, en su espíritu, podrá colocar su vida del alma en ese fuego, para que allí sea quemada y purificada. En la vida de la iglesia tenemos ese vivir, tenemos al Señor para ayudarnos a discernir cuando nuestra vida del alma quiere manifestarse y también tenemos el fuego del Espíritu para exterminarla.

Ese fuego santificador también nos ayuda a discernir cuando estamos funcionando de una manera inadecuada en las reuniones. A veces no tenemos convicción de si estamos en el espíritu cuando nos alegramos y saltamos al cantar los himnos. En ese momento, debemos orar: "¡Oh Señor Jesús! Voy a colocar este entusiasmo de mi alma en el fuego santificador del Espíritu. Yo no se discernir si es el alma o el espíritu. ¡Ayúdame Señor!". Si es del alma inmediatamente podemos llevarla al fuego santificador, pero si es del espíritu, podremos rebosar y liberar el espíritu.

El apóstol Pedro en su experiencia llegó a tener la seguridad de que su vida del alma fue completamente negada y que la vida de Dios llegó a su plena expresión en él. Si queremos ser como Pedro, ser alabado por Dios, recibir gloria y tener la honra de reinar con el Señor, necesitamos aprovechar la oportunidad hoy, en la vida de la iglesia, de negar nuestra vida del alma y colocarla en el fuego santificador para que sea quemada. Así nuestra vida del alma será negada, y la vida de Dios crecerá en nosotros. ¡Aleluya!.

Punto Clave: "En lo cual vosotros os alegráis".

Pregunta: En su experiencia, ¿Las pruebas son necesarias o no?

 

 

 

 

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Semana 8 --- La vida normal de la iglesia

Domingo --- Leer con oración: 2 Co 2:14-15; He 13:13; 1 P 5:4; Ap 1:13

"Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios, y los doce con él" (Lc 8:1)

DETRÁS DEL VELO Y FUERA DEL CAMPAMENTO

En la vida normal de la iglesia, lo más importante, conforme a lo que el Señor nos dice, es negar la vida del alma: "Niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (cfr. Mt 16:24). Además de negarnos también necesitamos seguir al Señor. ¿Dónde está el Señor hoy? Con relación a Su obra redentora, Él está sentado en el trono, pero, en relación a Su obra de traer Su reino a la tierra, Él está moviéndose. Apocalipsis nos muestra que el Señor está andando entre los candeleros de oro (Ap 1:13). Él anda entre las iglesias. Si usted quiere seguir al Señor, siga Sus pasos.

No se sienta satisfecho en decir: "¡Que buena es la vida de la iglesia, que rica reunión! ¡La reunión del domingo en la mañana, el partir del pan, fue un disfrute! No falto a ninguna reunión de la iglesia". No es que esto sea incorrecto, pero podemos decir que no basta tener una vida de la iglesia así; lo que tenemos que hacer es seguir al Señor. Para eso debemos entrar detrás del velo y salir fuera del campamento (He 6:18-20; 13:13). Si Lo seguimos, ese será nuestro recorrido. Durante el periodo de tres años y medio en que el Señor estuvo junto con Sus discípulos, Él no se quedaba dentro del templo sentado, dando clases a los discípulos; antes bien, andaba y viajaba con ellos y, cuando encontraba personas, acontecimientos o eventos aprovechaba para enseñarles (Mt 9:35; Mr 1:38; Lc 8:1).

Después que el Señor Jesús venció en la cruz, Él desea conducirnos en triunfo y, por medio de nosotros, manifestar en todo lugar el olor de Su conocimiento, en un desfile triunfal (2 Co 2:14). Pablo habla de ese triunfo de Cristo animándonos a seguirlo para esparcir Su buen perfume (v. 15). Ya conocíamos a Cristo, ahora tenemos más conocimiento de Él. Cristo es nuestro modelo para que neguemos la vida del alma. Él no se alegraba solamente en ministrar Sus enseñanzas, sino procuraba salir para poner en práctica Sus palabras y consolidar a Sus discípulos. Cuando el Señor ascendió a los cielos, en lo que se refiere a Su obra de redención, la Palabra nos dice que Él se sentó a la diestra de Dios Padre (Mr 16:19). Sin embargo, en lo que se refiere a la edificación de la iglesia y a la expansión de Su reino, Él se está moviendo. No podemos acomodarnos; necesitamos salir y seguir al Señor esparciendo el olor de Su fragancia. Así nuestra vida del alma será negada y cuando el Señor venga, tendremos esa seguridad, según lo que Pedro dijo: "Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria" (1 P 5:4).

Punto Clave: No podemos quedarnos inactivos.

Pregunta: ¿Cómo podemos seguir al Señor en la práctica?

Dong Yu Lan

Derechos reservados a "Editora "Arvore da Vida"

Jesús es el Señor!

La iglesia en Armenia

 

Nuestro proposito no es comunicar conocimiento, ni métodos bíblicos a los santos, sino ayudar a los que ya siguen al Señor y caminan en esta senda con el objeto de avanzar.
Watchman Nee
 
El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
Ciertamente hay un camino solitario para los que buscan andar con Dios. Pero cuando andemos con el Señor, vamos a encontrar compañia en otros que tambien conocieron el rechazo y el sufrimiento cuando  anduvieron con Dios, y aprendieron sus caminos


#597 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Jue, 25 de Dic, 2008 2:11 am
Asunto: El templo santo y el hombre
hgo1939@...
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El templo santo y el hombre

El apóstol Pablo escribe: «¿No sabéis que sois santuario de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruye el santuario de Dios, Dios le destruirá a él; porque el santuario de Dios, el cual sois vosotros, es sagrado» (1 Co. 3:16, 17). Ha recibido revelación para comparar al hombre con el templo. De la manera que antes Dios vivía en el templo, ahora el Espíritu Santo vive en el hombre. Comparándole con el templo podemos ver cómo se manifiestan claramente los tres elementos del hombre. Sabemos que el templo está dividido en tres partes. La primera es el patio exterior, que todos pueden ver y visitar. Aquí se ofrece toda la adoración externa. Más adelante está el Lugar Santo, en el que sólo pueden entrar los sacerdotes y donde se ofrece a Dios aceite, incienso y pan. Están muy cerca de Dios, pero aún les falta porque están todavía fuera del velo y, en consecuencia, no pueden estar ante su misma presencia. Dios reside en lo más profundo, en el Lugar Santísimo, donde la oscuridad queda eclipsada por la luz brillante y donde ningún hombre puede entrar. Aunque el Sumo Sacerdote lo hace una vez al año, esto indica, no obstante, que hasta que el velo no sea desgarrado no puede haber ningún hombre en el Lugar Santísimo. El hombre también es el templo de Dios y también tiene tres partes. El cuerpo es como el patio exterior, y ocupa una posición externa con su vida visible para todos. Aquí el hombre debería obedecer toda orden de Dios. Aquí el Hijo de Dios sirve como sustituto y muere por la humanidad. Dentro está el alma del hombre, que constituye la vida interior del hombre y abarca la emoción, la voluntad y el pensamiento. Así es el Lugar Santo de una persona regenerada, porque su amor, voluntad y pensamiento están plenamente iluminados para que puedan servir a Dios como lo hacía el sacerdote en la antigüedad. En la parte más interna, detrás del velo, está el Lugar Santísimo, en el que no ha penetrado jamás ninguna luz humana y que ningún ojo ha visto. Es el «lugar secreto del Altísimo», el lugar donde vive Dios. El hombre no tiene entrada allí a menos que Dios esté dispuesto a desgarrar el velo. Es el espíritu del hombre. El espíritu se encuentra más allá de la consciencia del hombre y por encima de su sensibilidad. Aquí el hombre se une y se comunica con Dios. No hay lámpara o luz alguna en el Lugar Santísimo, porque Dios vive allí. En el Lugar Santo hay el candelabro de siete brazos. Y el patio exterior recibe la luz del día. Todos éstos sirven de imágenes y sombras para una persona regenerada. Su espíritu es como el Lugar Santísimo, donde vive Dios, donde todo se hace por fe, más allá de la vista, sentido o comprensión del creyente. El alma se parece al Lugar Santo en que está abundantemente iluminado con muchos pensamientos y preceptos racionales, mucho conocimiento y comprensión sobre las cosas del mundo material y el de las ideas. El cuerpo es comparable al patio exterior, claramente visible para todos. Las acciones del cuerpo las pueden ver todos. El orden que Dios nos presenta es inequívoco: «vuestro espíritu y alma y cuerpo» (1 Ts. 5:23). No es «alma y espíritu y cuerpo», ni tampoco es «cuerpo y alma y espíritu». El espíritu es la parte preeminente y por eso se menciona en primer lugar. El cuerpo es la más humilde y en consecuencia es mencionada al final. Y el alma está en medio y por eso se la menciona entre las otras dos. Habiendo visto ahora el orden de Dios, podemos apreciar la sabiduría de la Biblia al comparar al hombre con un templo. Podemos reconocer la perfecta armonía que existe, entre el templo y el hombre en cuanto al orden y al valor. El servicio del templo funciona según la revelación en el Lugar Santísimo. Todas las actividades del Lugar Santo y del patio exterior están reguladas por la presencia de Dios en el Lugar Santísimo. Éste es el sitio más sagrado, el lugar en el que convergen y se apoyan las cuatro esquinas del templo. Nos puede parecer que en el Lugar Santísimo no se hace nada porque está completamente a oscuras. Todas las actividades se realizan en el Lugar Santo, e incluso las actividades del patio exterior las controlan los sacerdotes del Lugar Santo. Sin embargo, todas las actividades del Lugar Santo en realidad son dirigidas por la revelación en el absoluto silencio y paz del Lugar Santísimo. No es difícil percibir la aplicación espiritual de esto. El alma, el órgano de nuestra personalidad, se compone de pensamiento, voluntad y emoción. Parece como si el alma fuera el director de todas las acciones, porque el cuerpo sigue su dirección. Antes de la caída del hombre, sin embargo, a pesar de sus muchas actividades, el alma era gobernada por el espíritu. Y éste es el orden que Dios quiere todavía: primero el espíritu, después el alma, y finalmente el cuerpo.

W. Nee

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#596 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Vie, 26 de Dic, 2008 1:15 am
Asunto: El espíritu
hgo1939@...
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El espíritu

Es imperativo que un creyente sepa que tiene un espíritu, puesto que, como pronto veremos, toda comunicación con Dios tiene lugar allí. Si el creyente no discierne su propio espíritu, siempre ignorará la manera de comunicarse con Dios en el espíritu. Fácilmente sustituye las obras del espíritu con los pensamientos y emociones del alma. De esa manera se autolimita al mundo exterior, incapaz para siempre de alcanzar el mundo espiritual.

1 Corintios 2:11 habla de «el espíritu del hombre que está en él».

2 Corintios 5:4 menciona «mi espíritu».

Romanos 8:16 dice «nuestro espíritu».

1 Corintios 14:14 utiliza «mi espíritu».

1 Corintios 14:32 habla de los «espíritus de los profetas».

Proverbios 25:28 se refiere a «su propio espíritu».

Hebreos 12:23 consigna «los espíritus de los justos».

Zacarías 12:1 afirma que «el Señor... formó al espíritu del hombre dentro de él».

Estos versículos demuestran claramente que los seres humanos poseen, en efecto, un espíritu humano. Este espíritu no es sinónimo de nuestra alma ni es tampoco lo mismo que el Espíritu Santo. Adoramos a Dios en este espíritu.

Según las enseñanzas de la Biblia y la experiencia de los creyentes, se puede decir que el espíritu humano comprende tres partes. O, expresado de otro modo, se puede decir que tiene tres funciones principales. Éstas son la conciencia, la intuición y la comunión. La conciencia es el órgano que discierne; distingue lo bueno y lo malo. Sin embargo, no lo hace por medio de la influencia del conocimiento almacenado en la mente, sino con un espontáneo juicio directo. A menudo nuestro razonamiento justifica lo que nuestra conciencia juzga. El trabajo de la conciencia es independiente y directo, pues no se somete a las opiniones del exterior. Si el hombre obra mal, la conciencia levantará su voz acusatoria. La intuición es el órgano sensitivo del espíritu humano. Es tan diametralmente diferente del sentido físico y del sentido anímico que se le llama intuición. La intuición conlleva una sensibilidad directa independiente de cualquier influencia exterior. Ese conocimiento que nos llega sin ninguna ayuda del pensamiento, la emoción o la voluntad es intuitivo. «Sabemos» por medio de nuestra intuición, y nuestra mente nos ayuda a «comprender». Las revelaciones de Dios y todos los movimientos del Espíritu Santo son perceptibles para el creyente a través de la intuición. En consecuencia, un creyente debe tener en cuenta estos dos elementos: la voz de la conciencia y la enseñanza de la intuición. La comunión es la adoración a Dios. Los órganos del alma son incompetentes para adorar a Dios. No podemos percibir a Dios con nuestros pensamientos, sentimientos o intenciones, porque únicamente podemos conocerle directamente en nuestros espíritus. Nuestra adoración a Dios y las comunicaciones de Dios con nosotros se llevan a cabo directamente en el espíritu. Tienen lugar en «el hombre interior», no en el alma o en el hombre exterior.

Así pues, podemos concluir que estos tres elementos de conciencia, intuición y comunión están profundamente interrelacionados y funcionan coordinados. La relación entre conciencia e intuición es que la conciencia juzga según la intuición; condena toda conducta que no siga las directrices dadas por la intuición. La intuición está relacionada con la comunión o adoración en que Dios se da a conocer al hombre por la intuición y le revela su voluntad también por medio de la intuición. Ni la expectativa ni la deducción nos dan el conocimiento de Dios.

En los versículos siguientes, separados en tres grupos, se puede observar rápidamente que nuestros espíritus poseen la función de la conciencia (nótese que no decimos que el espíritu es la conciencia), la función de la intuición (o sentido espiritual) y la función de la comunión (o adoración).

 

A) La función de la conciencia en el espíritu del hombre ¿

«El Señor tu Dios endureció su espíritu» (Dt. 2:30).

«Salva a los abatidos de espíritu» (Sal. 34:18).

«Pon un espíritu nuevo y justo dentro de mí» (Sal. 51:10). 

«Cuando Jesús hubo hablado de esa manera se sintió inquieto en espíritu» (Jn. 1*3:21). «Se le encendió el espíritu dentro de él al ver que la ciudad estaba llena de ídolos» (Hch. 17:16).

«Es el Espíritu mismo que da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios» (Ro. 8:16).

«Estoy presente en espíritu, y como si estuviera presente ya he pronunciado un Veredicto (1 Co. 5:3).

«No tuve reposo en mi espíritu» (2 Co. 2:13).

«Porque Dios no nos dio el espíritu de timidez» (2 Ti. 1:7).

B) La función de la intuición en el espíritu del hombre

«El espíritu está dispuesto de veras» (Mt. 26:41).

«Jesús, sabiendo en su espíritu» (Mr. 2:8).

«Suspiró profundamente en su espíritu» (Mr. 8:12).

«Se conmovió profundamente en espíritu» (Jn. 11:33).

«Pablo estaba constreñido en el espíritu» (Hch. 18:5).

«Siendo fervientes en espíritu» (Hch. 18:25).

«Voy a Jerusalén, atado en el espíritu» (Hch. 20:22).

«Qué persona conoce los pensamientos de un hombre salvo el espíritu del hombre que está en él» (1 Co. 2:11).

«Reconfortaron mi espíritu y también los vuestros» (1 Co. 16:18).

«Todos vosotros reconfortasteis su espíritu» (2 Co. 7:13).

C) La función de la comunión en el espíritu del hombre

«Mi espíritu se complace en Dios mi Salvador» (Le. 1:47).

«Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad» (Jn. 4:23).

«Al cual sirvo con mi espíritu» (Ro. 1:9).

«Servimos... en la nueva vida del espíritu» (Ro. 7:6).

«Habéis recibido el espíritu de adopción cuando clamáis Abbá Padre» (Ro. 8:15).

35

«El espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu» (Ro. 8:16).

«El que está unido al Señor se vuelve un espíritu con él» (1 Co.6:17).

«Cantaré con el espíritu» (1 Co. 14:15).

«Si bendices con el espíritu» (1 Co. 14:16).

«Me transportó en el espíritu» (Ap. 21:10).

Por estos versículos podemos saber que nuestro espíritu posee por lo menos estas tres funciones. Aunque los hombres no regenerados aún no tienen vida, incluso así poseen estas funciones (pero su adoración va dirigida a espíritus malignos). Algunas personas manifiestan más que estas funciones, mientras que otras manifiestan menos. Esto, sin embargo, no implica que no estén muertos en pecados y delitos. El Nuevo Testamento no considera a los poseedores de una conciencia sensible, una gran intuición o una tendencia o un interés espirituales como salvos. Estas personas sólo nos demuestran que, aparte del pensamiento, la emoción y la voluntad de nuestra alma, también tenemos un espíritu. Antes de la regeneración el espíritu está separado de la vida de Dios. Sólo después de aquélla vivirá en nuestros espíritus la vida de Dios y del Espíritu Santo. Y entonces serán vivificados para ser instrumentos del Espíritu Santo.

Nuestra meta al estudiar la importancia del espíritu es capacitarnos para comprender que como seres humanos poseemos un espíritu independiente. Este espíritu no es la mente del hombre, su voluntad o su emoción. Al contrario, abarca las funciones de la conciencia, la intuición y la comunión. Es aquí en el espíritu donde Dios nos regenera, nos enseña y nos guía a su reposo. Pero es triste tener que decir que, debido a los largos años de dominio del alma, muchos cristianos saben muy poco de su espíritu. Deberíamos temblar ante Dios y pedirle que nos enseñara a través de la experiencia lo que es espiritual y lo que es anímico.

Antes de que el creyente nazca de nuevo su espíritu queda tan sumergido y envuelto por su alma que le es imposible distinguir si algo sale del alma o del espíritu. Las funciones de éste se han mezclado con las de aquélla. Además, el espíritu ha perdido su función original —su relación con Dios— porque está muerto para Dios. Podría parecer que se ha convertido en un accesorio del alma. Y al crecer y fortalecerse el pensamiento,

emoción y la voluntad, las funciones del espíritu quedan tan eclipsadas que son casi ignoradas. Es por esto que hay que hacer ia obra de separación entre alma y espíritu cuando el creyente a sido regenerado.

Al investigar las Escrituras parece de veras que un espíritu regenerado funciona de la misma manera que lo hace el alma. Los siguientes versículos lo ilustran:

«Su espíritu estaba inquieto» (Gn. 41:8).

«Entonces sus espíritus se tranquilizaron por él» (Jue. 8:3).

«El que es imprudente de espíritu exalta la locura» (Pr. 14:29).

«Un espíritu abatido seca los huesos» (Pr. 17:22).

«Los que yerran en espíritu» (Is. 29:24).

«Y gemirán por la angustia de espíritu» (Is. 65:14).

«Su espíritu se endureció» (Dn. 5:20).

Estos versículos nos muestran las obras del espíritu no regenerado y nos indican lo parecidas que son sus obras con las del alma. El motivo de no mencionar al alma sino al espíritu es revelar lo que ha ocurrido en lo más profundo del hombre. Descubre de qué manera el alma del hombre ha llegado a influir y a controlar completamente a su espíritu, logrando que éste manifieste las obras del alma. Aun así el espíritu todavía existe, porque estas obras salen del espíritu. Aunque sigue gobernado por el alma el espíritu no deja de ser un órgano.

W. Nee

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Nuestro proposito no es comunicar conocimiento, ni métodos bíblicos a los santos, sino ayudar a los que ya siguen al Señor y caminan en esta senda con el objeto de avanzar.
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Ciertamente hay un camino solitario para los que buscan andar con Dios. Pero cuando andemos con el Señor, vamos a encontrar compañia en otros que tambien conocieron el rechazo y el sufrimiento cuando  anduvieron con Dios, y aprendieron sus caminos


#595 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Lun, 29 de Dic, 2008 8:43 am
Asunto: El alma
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El alma

Además de poseer un espíritu que le permite tener una comunicación íntima con Dios, el hombre también tiene un alma, la consciencia de sí mismo. La operación del alma le hace ser consciente de su existencia. Es la sede de nuestra personalidad. Los elementos que nos hacen humanos pertenecen al alma. El intelecto, los ideales, el amor, la emoción, él discernimiento, la capacidad de elegir, la decisión, etc., no son sino diferentes experiencias del alma. Ya se ha explicado que el espíritu y el cuerpo están fusionados en el alma, la cual, a su vez, forma el órgano de nuestra personalidad. Es por esto que en ocasiones la Biblia llama al hombre «alma», como si el hombre sólo poseyera este elemento. Por ejemplo, Génesis 12:5 habla de las personas como

«almas». Y cuando llevó a toda su familia a Egipto, dice que «todas las almas de la casa de Jacob que entraron en Egipto eran setenta» (Gn. 46:27). En el original de la Biblia hay numerosos casos en los que se usa «alma» en lugar de «hombre». Esto se debe a que la sede y la esencia de la personalidad es el alma. Comprender la personalidad de un hombre es comprender su persona. La existencia, las características y la vida de un hombre se encuentran todas en el alma. En consecuencia la Biblia llama al hombre «un alma».

Lo que constituye la personalidad del hombre son las tres facultades principales de voluntad, pensamiento y emoción. La voluntad es el instrumento de nuestras decisiones y revela nuestro poder de elección. Expresa nuestro consentimiento o nuestra negativa, nuestro «sí» o nuestro «no». Sin él el hombre queda reducido a un autómata. La mente, el instrumento de nuestros pensamientos, manifiesta nuestro poder intelectual. Es la fuente de la sabiduría, el conocimiento y el razonamiento. Su ausencia hace que un hombre sea tonto e inepto. El instrumento de nuestras simpatías y antipatías es la facultad de la emoción. Por medio de ella podemos expresar amor u odio y sentirnos alegres, enojados, tristes o felices. Su escasez hará al hombre insensible como la madera o la piedra.

Un cuidadoso estudio de la Biblia nos llevará a la conclusión de que estas tres facultades básicas de la personalidad pertenecen al alma. Hay demasiados pasajes bíblicos para citarlos todos. De aquí que sólo podemos enumerar una breve selección de los mismos.

A) La facultad de la voluntad del alma

«No me abandones a la voluntad (original, "alma") de mis adversarios» (Sal. 27:12).

«No le abandonas a la voluntad (original, "alma") de sus enemigos» (Sal. 41:2).

«Te entregó a la codicia (original, "alma") de tus enemigos» (Ez. 16:27).

«La dejarás que vaya donde quiera (original, "alma")» (Dt. 21:14).

«Ah, tenemos el deseo de nuestro corazón (original, "alma")» (Sal. 35:25).

«O hace un juramento para atarse él mismo (original, "alma") con una promesa» (Nm. 30:2).

«Ahora disponed vuestra mente y vuestro corazón (original, "alma") para buscar al Señor vuestro Dios» (1 Cr. 22:19).

«Ellos anhelan y alzan su alma por volver a vivir allí» (Jer. 44:14).

«Mi alma se niega a pasar estas aflicciones» (Job 6:7).

«Mi alma prefiere la estrangulación, la muerte, más que mis huesos» (Job 7:15).

Aquí «voluntad» o «corazón» señalan a la voluntad humana. -Disponer el corazón», «alzar su alma», «negarse», «preferir», son, todas, actividades de la voluntad y tienen su origen en el

alma.

B) La facultad del intelecto o la mente del alma

«Y después alzaron su alma sus hijos e hijas» (Ez. 24:25).

«Que un alma sin conocimiento no es bueno» (Pr. 19:2).

«¿Cuánto tiempo debo sufrir la pena (siríaco, hebreo: soportar los consejos^) en mi alma?» (Sal. 13:2). «Tus obras son maravillosas y mi alma las conoce bien»

(Sal. 139:14). «Mi alma piensa en eso constantemente» (Lm. 3:20).

«El conocimiento complacerá a tu alma» (Pr. 2:10).

«Conserva una sana sabiduría y discreción... y serán vida para tu alma» (Pr. 3:21, 22).

«Sepas que la sabiduría es así para tu alma» (Pr. 24:14).

Aquí «conocimiento», «consejo», «alzar», «pensar», etc., existen como actividades del intelecto o la mente del hombre, las cuales la Biblia nos dice que provienen del alma.

C) La facultad de la emoción del alma

1) EMOCIONES DE AFECTO

«El alma de Jonatán se unió al alma de David, y Jonatán le amó como a su propia alma» (1 S. 18:1).

«Tú a quien ama mi alma» (Cnt. 1:7).

«Mi alma engrandece al Señor» (Le. 1:46).

«Su vida detesta el pan, y su alma la comida exquisita» (Job 33:20).

«Los que el alma de David odia» (2 S. 5:8).

«Mi alma se enojó con ellos» (Zac. 11:8).

«Amarás al Señor tu Dios... con toda tu alma» (Dt. 6:5).

«Mi alma está cansada de la vida» (Job 10:1).

«Su alma detesta toda clase de comida» (Sal. 107:18).

2) EMOCIONES DE DESEO

«Porque todo lo que desee tu alma... o todo lo que te pida tu alma» (Dt. 14:26).

«Lo que pueda decir tu alma» (1 S. 20:4).

«Mi alma anhela, sí, se desmaya por los patios del Señor» (Sal. 84:2).

«El anhelo de tu alma» (Ez. 24:21).

«Tanto te anhela mi alma, oh Dios» (Sal. 42:1).

«Mi alma suspira por ti por la noche» (Is. 26:9).

«Mi alma está contenta» (Mt. 12:18).

3) EMOCIONES DE SENTIMIENTOS Y SENSACIONES

«Además una espada traspasará tu propia alma» (Le. 2:35).

«Todo el pueblo estaba amargado en el alma» (1 S. 30:6).

«Su alma está amargada y atormentada en su interior» (2 R.4:27).

«Su alma estaba apenada por la miseria de Israel» (Jue. 10:16).

«Cuánto tiempo atormentarás mi alma» (Job 19:2).

«Mi alma exultará en mi Dios» (Is. 61:10).

«Alegra el alma de tu siervo» (Sal. 86:4).

«Su alma se desmayó en su interior» (Sal. 107:5).

«Por qué estás abatida, oh alma mía» (Sal. 42:5).

«Vuelve, oh alma mía, a tu descanso» (Sal. 116:7).

«Mi alma se consume de anhelo» (Sal. 119:20).

«Dulzura para el alma» (Pr. 16:24).

«Deja que tu alma se deleite en la gordura» (Is. 55:2).

«Mi alma se desmayó dentro de mí» (Jon. 2:7).

«Mi alma estaba muy apenada» (Mt. 26:38).

«Ahora mi alma está inquieta» (Jn. 12:27).

«Estaba atormentado en su justa alma día tras día» (2 P. 2:8).

En estas observaciones sobre las diversas emociones del hombre podemos descubrir que nuestra alma es capaz de amar y de odiar, de desear y de aspirar, de sentir y de percibir.

De este breve estudio bíblico se hace evidente que el alma del hombre posee la parte conocida como voluntad, la parte conocida como mente o intelecto y la parte conocida como emoción.

W. Nee

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#594 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Lun, 29 de Dic, 2008 11:34 pm
Asunto: La vida del alma
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La vida del alma

Algunos eruditos bíblicos nos señalan que en el griego se emplean tres palabras diferentes para designar «la vida»: 1) bios, 2) psyche, 3) zoe. Todas describen la vida, pero comunican significados muy diferentes. Bios hace referencia al medio de vida o sustento. Nuestro Señor Jesús usó esta palabra cuando elogió a la mujer que echó en el tesoro del templo todo su sustento. Zoe es la vida más elevada, la vida del espíritu. Siempre que la Biblia habla de la vida eterna utiliza esta palabra. Psyche se refiere a la vida animada del hombre, a su vida natural o vida del alma. La Biblia emplea este término cuando describe la vida humana.

Observemos ahora que las palabras «alma» y «vida del alma» er. la Biblia son una y la misma en el original. En el Antiguo Testamento la palabra hebrea para «alma» -nephesh- se utiliza también para «vida del alma». Por consiguiente, el Nuevo Testamento usa la palabra griega psyche para «alma» y «vida del alma». Por eso sabemos que «el alma» no sólo es uno de los tres elementos del hombre, sino que también es la vida del hombre, su vida natural. En muchos lugares de la Biblia se traduce «alma» por «vida».

«Solamente que no comáis la carne con su vida, es decir, su sangre» (Gn. 9:4, 5).

«La vida de la carne está en la sangre» (Lv. 17:11).

«Los que han buscado la vida del hijo han muerto» (Mt. 2:20).

«¿Es lícito en el sábado salvar la vida o destruirla?» (Le. 6:9).

«Los que han arriesgado sus vidas por nuestro Señor Jesucristo» (Hch. 15:26).

«No le doy ningún valor a mi vida» (Hch. 20:24).

«Para dar su vida como un rescate por muchos» (Mt. 20:28).

«El buen pastor sacrifica su vida por las ovejas» (Jn. 10:11,15, 17).

La palabra «vida» en estos versículos es «alma» en el original. Se ha traducido así porque de lo contrario sería difícil comprenderla. Verdaderamente el alma es la misma vida del hombre.

Como ya hemos mencionado, «el alma» es uno de los tres elementos del hombre. «La verdad del alma» es la vida natural del hombre, la que le hace existir y le vivifica. Es la vida por la que vive el hombre actualmente, es el poder por el cual el hombre es lo que es. Como la Biblia aplica nephesh y psyche al alma y a la vida del hombre, es evidente que aunque distinguibles no son separables. Son distinguibles dado que en ciertos lugares psyche (por ejemplo) hay que traducirlo por «alma» o «vida». No se pueden intercambiar las traducciones. Por ejemplo, «alma» y «vida» en Lucas 12:19-23 y en Marcos 3:4 son en realidad la misma palabra en el original, pero traducirlas con la misma palabra a otras lenguas no tendría sentido. Sin embargo son inseparables porque las dos están por completo unidas en el hombre. Un hombre sin alma no vive. La Biblia nunca nos dice que un hombre natural posea otra vida que no sea la del alma. La vida del hombre sólo es el alma, que impregna al cuerpo. Puesto que la vida está unida al cuerpo, pasa a ser la vida del hombre. La vida es el fenómeno del alma. La Biblia consideró al cuerpo presente del hombre como un «cuerpo anímico» (1 Co. 15:44 original), porque la vida del cuerpo que tenemos ahora es la del alma. Así pues, la vida del hombre es simplemente una expresión del compuesto de sus energías mentales, emocionales y volitivas. En el mundo natural la «personalidad» abarca estas diferentes partes del alma, pero nada más. La vida del alma es la vida natural del hombre.

Reconocer que el alma es la vida del hombre es un hecho importantísimo porque tiene mucho que ver con la clase de cristianos que lleguemos a ser: espirituales o anímicos. Esto lo explicaremos más adelante.

El alma y el yo del hombre

Dado que hemos visto que el alma es la sede de nuestra personalidad, el órgano de la voluntad y la vida natural, podemos deducir fácilmente que esta alma es también el «auténtico yo», yo mismo. Nuestro yo es el alma. Esto también se puede demostrar con la Biblia. En Números 30, la frase «atarse» sale diez veces. En el original es «atar su alma». Esto nos lleva a comprender que el alma es nuestro propio yo. En muchos otros pasajes de la Biblia encontramos la palabra «alma» traducida por «yo». Por ejemplo:

«No os ensuciaréis con ellos» (Lv. 11:43).

«No os ensuciaréis» (Lv. 11:44).

«Para ellos y para sus descendientes» (Est. 9:31).

«Los que os desgarráis de ira» (Job 18:4).

«Se justificó» (Job 32:2).

«Pero ellos mismos caen cautivos» (Is. 46:2).

«Lo que todos (original, "toda alma") deban comer, eso sólo lo puedes preparar tú» (Éx. 12:16).

«Quien mata a alguna persona (original, "alguna alma") sin intención» (Nm. 35:11,15).

«Dejadme (original, "dejad a mi alma") morir la muerte de los justos» (Nm. 23:10).

«Cuando cualquiera (original, "cualquier alma") lleve una ofrenda de cereales» (Lv. 2:1). «Me he... tranquilizado» (Sal. 131:2).

«No penséis que en el palacio del rey vais (original, "vuestra

alma va") a escapar» (Est. 4:13).

«El Señor Dios ha jurado por Él mismo» (original, "jurado por su

alma") (Am. 6:8).

Estos textos del Antiguo Testamento nos dicen de diferentes maneras que el alma es el propio yo del hombre.

El Nuevo Testamento nos transmite la misma impresión. - Almas», en el original, se ha traducido por «ocho personas» en 1 Pedro 3:20 y como «doscientas setenta y seis personas» en Hechos 27:37. La frase de Romanos 2:9, traducida como «todo ser humano que hace el mal», en el original es «toda alma de hombre que hace el mal». Por eso, advertir al alma de un hombre que hace el mal es advertir al malvado. En Santiago 5:20 se considera salvar un alma como salvar a un pecador. Y Lucas 12:19 habla de las palabras de satisfacción que el necio rico dirigía a su alma como si estuviese hablando consigo. Así pues, está claro que la Biblia en conjunto contempla el alma del hombre o a la vida del alma como al hombre mismo.

Podemos encontrar una confirmación de esto en las palabras de nuestro Señor Jesús consignadas en dos diferentes Evangelios. Mateo 16:26 dice: «Porque ¿qué beneficio consigue un hombre si gana el mundo entero y pierde su vida (phyche) ¿O qué dará un hombre a cambio de su vida (phyche)?» Mientras que Lucas 9:25 lo explica así: «Porque ¿de qué le servirá a un hombre si gana el mundo entero y se pierde él mismo (eau-tonj?» Ambos escritores del Evangelio dejan constancia de lo mismo, pero uno usa «vida» (o «alma») mientras que el otro usa «él mismo». Esto significa que el Espíritu Santo está utilizando a Mateo para explicar el significado de «él mismo» en Lucas y a Lucas para explicar el significado de «vida» en Mateo. El alma o la vida del hombre en el hombre mismo, y al revés.

Este estudio nos permite deducir que para ser un hombre debemos poseer lo que hay en el alma del hombre. Todo hombre natural posee este elemento y lo que contiene, porque el alma es la vida común compartida por todos los hombres naturales. Antes de la regeneración, todo lo que forma parte de la vida -sea el yo, la vida, la fuerza, el poder, la decisión, el pensamiento, la opinión, el amor, el sentimiento- pertenece al alma. En otras palabras, la vida del alma es la vida que un hombre hereda al nacer.

Todo lo que esta vida posee y todo lo que pueda llegar a ser se encuentra en el reino del alma. Si reconocemos claramente lo que es anímico, entonces nos será más fácil reconocer más adelante lo que es espiritual. Será posible separar lo espiritual de lo anímico.

W. Nee

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#593 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Jue, 1 de Ene, 2009 4:00 pm
Asunto: La salvación
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La salvación

El juicio del Calvario

La muerte entró en el mundo por medio de la caída del hombre. Aquí se hace referencia a la muerte espiritual que separa al hombre de Dios. Entró por medio del pecado al principio y ha seguido haciéndolo desde entonces. La muerte siempre llega a través del pecado. Fijémonos en lo que nos dice Romanos 5:12 sobre este asunto. En primer lugar, que «el pecado entró en el mundo por medio de un hombre». Adán pecó e introdujo el pecado en el mundo. Segundo, que «la muerte (entró en el mundo) a través del pecado». La muerte es el resultado invariable del pecado. Y, finalmente, que como consecuencia «la muerte se extendió a todos los hombres porque todos los hombres pecaron». La muerte no «se extendió a» o «pasó a» los hombres simplemente, sino que literalmente «pasó por todos los hombres». La muerte ha impregnado el espíritu, el alma y el cuerpo de todos los hombres. No hay ninguna parte de un ser humano por la que no haya pasado. Por eso es indispensable que el hombre reciba la vida de Dios. La salvación no puede llegar por una reforma humana porque «la muerte» es irreparable. El pecado tiene que ser juzgado antes de que pueda haber rescate de la muerte para los hombres. Esto es exactamente lo que ha hecho la salvación del Señor Jesús.

El hombre que peca debe morir. Esto está anunciado en la Biblia. Ningún animal ni ningún ángel pueden sufrir el castigo del pecado en lugar del hombre. Es la naturaleza del hombre la que peca, por eso es el hombre el que debe morir. Sólo lo humano puede expiar por la humano. Pero como el pecado está en su humanidad, la muerte del mismo hombre no puede expiar por su pecado. El Señor Jesús vino a tomar la naturaleza del hombre para poder ser juzgado Él en lugar de la humanidad. No corrompida por el pecado, su santa naturaleza humana pudo de este modo expiar por la humanidad pecadora por medio de la muerte. Murió como sustituto, sufrió todo el castigo del pecado y ofreció su vida como rescate por muchos. Como consecuencia, todo el que cree en Él ya no será juzgado (Jn. 5:24).

Cuando el Verbo se hizo carne, El llevaba consigo a toda carne. Así como la acción de un hombre, Adán, representa la acción de toda la humanidad, la obra de un hombre, Cristo, representa la obra de todos. Tenemos que ver lo completa que es la obra de Cristo antes de poder comprender lo que es la redención. ¿Por qué el pecado de un hombre, Adán, es juzgado como el pecado de todos los hombres pasados y presentes? Adán es la cabeza de la humanidad de la que han venido al mundo todos los demás hombres. De una forma similar, la obediencia de un hombre, Cristo, se hace justicia de muchos, pasados y presentes, puesto que Cristo constituye la cabeza de una nueva humanidad originada por un nuevo nacimiento.

Hebreos 7 puede ilustrar este punto. Para demostrar que el sacerdocio de Melquisedec es mayor que el sacerdocio de Leví, el escritor recuerda a sus lectores que una vez Abraham ofreció un diezmo a Melquisedec y recibió una bendición de él y por eso concluye que la bendición y la ofrenda del diezmo de Abraham eran de Leví. ¿Cómo? Porque él (Leví) aún estaba en los lomos de su antepasado (Abraham) cuando Melquisedec le conoció» (v. 10). Sabemos que Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob y Jacob a Leví. Leví era el bisnieto de Abraham. Cuando Abraham ofreció el diezmo y recibió una bendición, Leví aún no había nacido, ni siquiera su padre ni su abuelo. No obstante, la Biblia considera que el diezmo y la bendición son de Leví. Puesto que Abraham es inferior a Melquisedec, Leví también es de menor importancia que Melquisedec. Este hecho puede ayudarnos a comprender por qué se interpreta el pecado de Adán como pecado de todos los hombres y por qué se considera la sentencia hecha sobre Cristo como sentencia sobre todos. Es simplemente porque cuando Adán pecó todos los hombres estaban en sus lomos. De la misma manera, cuando Cristo fue juzgado, todos los que serán regenerados estaban presentes en Cristo. Por eso se considera la sentencia de Cristo como la sentencia de ellos, y todos los que han creído en Cristo ya no serán juzgados.

Como la humanidad tiene que ser juzgada, el Hijo de Dios —el hombre Jesucristo— sufrió en su espíritu, alma y cuerpo sobre la cruz por los pecados del mundo.

Examinemos primero sus sufrimientos físicos. El hombre peca por medio de su cuerpo, y en éste disfruta el placer temporal del pecado. En consecuencia, el cuerpo tiene que ser el destinatario del castigo. ¿Quién puede sondear los sufrimientos físicos del Señor Jesús en la cruz? ¿Acaso los sufrimientos de Cristo en el cuerpo no están claramente predichos en los textos mesiánicos? «Me han traspasado las manos y los pies» (Sal. 22:16). El profeta Zacarías llamó la atención sobre «el que ha sido traspasado» (12:10). Sus manos, sus pies, su frente, su costado, su corazón, todos fueron traspasados por los hombres, traspasados por la humanidad pecadora y traspasados para la humanidad pecadora. Muchas fueron sus heridas y mucho le subió la fiebre, porque con el peso de todo su cuerpo colgando en la cruz sin ningún apoyo su sangre no podía circular libremente. Pasó mucha sed y por eso gritó: «La lengua se me pega a la boca.» «Como tenía sed me dieron vinagre para beber» (Sal. 22:15; 69:21). Las manos tienen que ser clavadas porque se van tras el pecado. La boca tiene que sufrir porque se complace en pecar. Los pies tienen que ser traspasados porque pecan a gusto. La frente tiene que ser coronada con una corona de espinas porque también quiere pecar en su mente. Todo lo que el cuerpo humano tenía que sufrir se cumplió en su cuerpo. De esta manera sufrió físicamente hasta la muerte. Estaba en su mano librarse de estos sufrimientos, pero voluntariamente ofreció su cuerpo para soportar todas las insondables pruebas y dolores sin acobardarse ni un momento hasta que supo que «ya todo estaba consumado» (Jn. 19:28). Sólo entonces entregó su espíritu.

No sólo su cuerpo; también sufrió su alma. El alma es el órgano de la consciencia de uno mismo. Antes de ser crucificado, a Cristo le dieron vino mezclado con mirra como calmante para mitigar el dolor, pero Él lo rechazó porque no estaba dispuesto a aceptar ningún sedante sino a ser plenamente consciente del sufrimiento. Las almas humanas han disfrutado plenamente del placer de los pecados; por consiguiente, Jesús iba a soportar en su alma el dolor de estos pecados. Prefirió beber la copa que le dio Dios que la copa que le obnubilaría su consciencia.

¡Qué vergonzoso era el castigo de la cruz! Se utilizaba para ejecutar a los esclavos huidos. Un esclavo no tenía propiedades ni derechos. Su cuerpo pertenecía a su dueño, y en consecuencia podía ser castigado con la cruz más vergonzosa. El Señor Jesús tomó el lugar de un esclavo y fue crucificado. Isaías le llamó «el siervo», y Pablo dijo que tomó la forma de un esclavo. Sí, vino como un esclavo a rescatarnos a los que estamos bajo la esclavitud perpetua del pecado y de Satanás. Somos esclavos de la pasión, del temperamento, de las costumbres y del mundo. Estamos a merced del pecado. Sin embargo, El murió por nuestra esclavitud y cargó con todo nuestro oprobio.

La Biblia deja constancia de que los soldados se quedaron la ropa del Señor Jesús (Jn. 19:23). Estaba casi desnudo cuando le crucificaron. Ésta es una de las vergüenzas de la cruz. El pecado nos quita nuestro vestido radiante y nos deja desnudos. Nuestro Señor fue desnudado ante Pilato y luego de nuevo en el Calvario. ¿Cómo reaccionó su santa alma ante semejante maltrato? ¿Acaso no era un insulto a la santidad de su personalidad y una vergüenza? ¿Quién puede sondear sus sentimientos en aquel trágico momento? Como todos los hombres habían disfrutado de la gloria aparente del pecado, el Salvador tenía que soportar la auténtica vergüenza del pecado. Verdaderamente «Tú (Dios) me has cubierto de vergüenza... con la cual mis enemigos se burlan, oh Señor, ridiculizan los pasos de tus ungidos»; aun así «soportó la cruz, despreciando la vergüenza» (Sal. 89:45, 51; He. 12:2).

Nadie podrá jamás constatar lo mucho que sufrió el alma del Salvador en la cruz. Contemplamos a menudo sus sufrimientos físicos, pero pasamos por alto los sentimientos de su alma. Una semana antes de Pascua se le oyó decir: «Ahora mi alma está turbada» (Jn. 12:27). Esto señala a la cruz. En el Jardín de Getsemaní se le oyó de nuevo decir: «Mi alma está muy afligida, hasta la muerte» (Mt. 26:38). Si no fuera por estas palabras apenas podríamos pensar que su alma había sufrido. Isaías 53 menciona tres veces que su alma fue ofrecida por el pecado, que su alma sufrió y que derramó su alma hasta la muerte (vv. 10-12). Puesto que Jesús soportó la maldición y la vergüenza de la cruz, el que cree en Él ya no será maldito ni avergonzado.

Su espíritu también sufrió terriblemente. El espíritu es la parte del hombre que le equipa para comunicarse íntimamente con Dios. El Hijo de Dios era santo, inocente, inmaculado, separado de los pecadores. Su espíritu estaba unido al Espíritu Santo en perfecta unidad. Nunca tuvo su espíritu un momento de perturbación ni de duda, porque siempre tuvo la presencia de Dios con Él. Jesús dijo: «No soy yo solo, sino yo y el que me envió... Y el que me envió está conmigo» (Jn. 8:16, 29). Por eso pudo orar: «Padre, te doy gracias por haberme escuchado. Sé que siempre me escuchas» (Jn. 11:41,42). Mientras colgaba de la cruz —y si hubo algún día que el Hijo de Dios necesitase desesperadamente la presencia de Dios debe haber sido ese día— gritó: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt. 27:46). Su espíritu estaba separado de Dios. ¡Qué intensamente sintió la soledad, el abandono, la separación! El Hijo aún estaba cediendo, el Hijo aún estaba obedeciendo la voluntad del Padre-Dios; sin embargo, el Hijo había sido abandonado: no por causa de Él, sino por causa de los demás.

El pecado afecta muy profundamente al espíritu y, por consiguiente, aunque el Hijo de Dios era santo, tenía que ser arrancado del Padre porque llevaba el pecado de los demás. Es cierto que desde los incontables días de la eternidad «yo y el Padre somos uno» (Jn. 10:30). Incluso durante su estancia en la tierra eso siguió siendo cierto, porque su humanidad no podía ser una causa de separación de Dios. Sólo el pecado podía separarlos, aunque ese pecado sea de los demás. Jesús sufrió esta separación espiritual por nosotros para que nuestro espíritu pudiera volver a Dios.

Al contemplar la muerte de Lázaro, quizá Jesús estaba pensando en su propia muerte cercana y por eso «estaba profundamente conmovido en espíritu y preocupado» (Jn. 11:33). Al anunciar que sería traicionado y que moriría en la cruz estaba otra vez «inquieto en espíritu» (Jn. 13:21). Esto nos explica por qué cuando recibió la sentencia de Dios en el Calvario gritó: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Porque: «Pienso en Dios, y gimo; medito, y mi espíritu se desmaya» (Mt. 27:46, citando Sal. 22:1; Sal. 77:3). Se le privó del poderoso fortalecimiento del Espíritu Santo en su espíritu (Ef. 3:16) porque su espíritu había sido arrancado del Espíritu de Dios. Por eso suspiró: «Me derramo con el agua, y todos mis huesos están descoyuntados; mi corazón es como cera, se ha derretido en mi pecho; mi fuerza se ha secado como el serrín y la lengua se me pega a la boca; me has dejado en el polvo de la muerte» (Sal. 22:14,15).

Por un lado, el Espíritu Santo de Dios le abandonó. Por el otro, el espíritu diabólico de Satanás le ridiculizó. Parece que el Salmo 22:11-13 se refiere a esta fase: «No te alejes de mí... no hay nadie que me ayude. Me rodean muchos toros, fuertes toros de Basan me cercan; abrieron la boca sobre mí, como un león salvaje y rugiente.»

Por un lado su espíritu soportó el abandono de Dios y por el otro resistió la burla del espíritu diabólico. El espíritu humano del hombre se ha separado tanto de Dios, exaltándose a sí mismo y siguiendo el espíritu diabólico, que el espíritu del hombre tiene que ser quebrantado del todo para que no pueda seguir oponiéndose a Dios y estando aliado con el enemigo. El Señor Jesús se hizo pecado por nosotros en la cruz. Su santa humanidad interior fue completamente aniquilada al juzgar Dios a la humanidad impía. Abandonado por Dios, Cristo sufrió, pues, el más amargo dolor del pecado, soportando en la oscuridad la ira castigadora de Dios sobre el pecado sin el apoyo del amor de Dios o la luz de su rostro. Ser abandonado por Dios es la consecuencia del pecado. •

Ahora nuestra humanidad pecadora ha sido juzgada totalmente porque fue juzgada en la humanidad sin pecado del Señor Jesús. En El la humanidad santa ha ganado su victoria. Toda sentencia sobre el cuerpo, el alma y el espíritu de los pecadores ha sido arrojada sobre Él. Él es nuestro representante. Por fe estamos unidos a Él. Su muerte es considerada como nuestra muerte, y su sentencia como nuestra sentencia. Nuestro espíritu, alma y cuerpo han sido juzgados y castigados en Él. Sería lo mismo que si hubiésemos sido castigados en persona. «Así pues, ahora no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús» (Ro. 8:1).

Esto es lo que Él ha hecho por nosotros y ésta es ahora nuestra posición ante Dios. «Porque el que ha muerto está libre del pecado» (Ro. 6:7). Nuestra posición real es que ya hemos muerto en el Señor Jesús, y ahora sólo falta que el Espíritu Santo traslade este hecho a nuestra experiencia. La cruz es donde el pecador —su espíritu, alma y cuerpo— es juzgado. Es por medio de la muerte y la resurrección del Señor que el Espíritu Santo de Dios puede transmitirnos la naturaleza de Dios. La cruz ostenta el juicio del pecador, proclama la ausencia de valor del pecador, crucifica al pecador y proporciona la vida del Señor Jesús. Desde entonces, cualquiera que acepta la cruz nacerá de nuevo por el Espíritu Santo y recibirá la vida del Señor Jesús.

W. Nee

Jesús es el Señor!

La iglesia en Armenia

Nuestro proposito no es comunicar conocimiento, ni métodos bíblicos a los santos, sino ayudar a los que ya siguen al Señor y caminan en esta senda con el objeto de avanzar.
Watchman Nee
 
El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
Ciertamente hay un camino solitario para los que buscan andar con Dios. Pero cuando andemos con el Señor, vamos a encontrar compañia en otros que tambien conocieron el rechazo y el sufrimiento cuando  anduvieron con Dios, y aprendieron sus caminos


#592 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Sáb, 3 de Ene, 2009 8:37 pm
Asunto: La regeneración
hgo1939@...
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La regeneración

El concepto de regeneración según lo encontramos en la Biblia habla del proceso de pasar de muerte a vida. El espíritu de un hombre antes de la regeneración está alejado de Dios y es considerado muerto, porque la muerte es la disociación de la vida y de Dios, que es la fuente de la vida. En consecuencia, la muerte es la separación de Dios. El espíritu del hombre está muerto y por consiguiente es incapaz de tener comunión íntima con Él. O su alma lo controla y lo sumerge en una vida de ideas e imaginaciones, o los deseos carnales y las costumbres de su cuerpo le estimulan y reducen a su alma a la esclavitud.

El espíritu del hombre tiene que ser avivado porque ha nacido muerto. El nuevo nacimiento del que habló el Señor Jesús con Nicodemo es el nuevo nacimiento del espíritu. Por supuesto que no es un nacimiento físico como creía Nicodemo, ni tampoco anímico. Debemos fijarnos cuidadosamente en que el nuevo nacimiento transmite la vida de Dios al espíritu del hombre. Puesto que Cristo ha expiado por nuestra alma y ha destruido el principio de la carne, los que estamos unidos a Él participamos en su vida de resurrección. Hemos sido unidos a Él en su muerte; por consiguiente, es en nuestro espíritu donde cosechamos primero el cumplimiento de su vida de resurrección. El nuevo nacimiento es algo que sucede totalmente en el espíritu: no tiene ninguna relación con el alma o el cuerpo.

Lo que hace que el hombre sea único en la creación de Dios no es que posee un alma, sino que tiene un espíritu que, unido al alma, constituye al hombre. Esta unión hace al hombre un ser extraordinario en el universo. El alma del hombre no está relacionada directamente con Dios. Según la Biblia es su espíritu el que tiene relación con Dios. Dios es Espíritu, y en consecuencia todos los que le adoran deben adorarle en espíritu. Sólo el espíritu puede tener comunicación íntima con Dios. Sólo el espíritu puede adorar al Espíritu. Por eso encontramos en la Biblia frases como: «sirviendo con mi espíritu» (Ro. 1:9; 7:6; 12:11); «conociendo por medio del espíritu» (1 Co. 2:9-12); «adorando en espíritu» (Jn. 4:23, 24; Fü. 3:3); «recibiendo en espíritu la revelación de Dios» (Ap. 1:10; 1 Co. 2:10).

En vista de este hecho, recordemos que Dios ha decretado que tratará con el hombre únicamente por medio de su espíritu y que hay que llevar a cabo sus consejos por medio del espíritu del hombre. Si así tiene que ser, qué necesario es para el espíritu del hombre continuar en constante y viva unión con Dios, sin caer ni por un momento en la desobediencia a las leyes divinas, siguiendo los sentimientos, deseos e ideales del alma externa. De lo contrario se impondrá la muerte de modo inmediato, y el espíritu será privado de su unión con la vida de Dios. Esto no significa que el hombre ya no tenga un espíritu. Simplemente quiere decir, como ya hemos indicado anteriormente, que el espíritu renuncia a su elevada posición en favor del alma. Siempre que el hombre interior de una persona presta atención a los dictados del hombre exterior, pierde contacto con Dios y se vuelve espiritualmente muerto. «Estabais muertos por las transgresiones y pecados en los que en un tiempo andabais» al «seguir los deseos del cuerpo y de la mente» (Ef. 2:1-3).

La vida de una persona no regenerada está casi por entero gobernada por el alma. Puede estar viviendo con temor, curiosidad, alegría, orgullo, piedad, placer, delicia, extrañeza, vergüenza, amor, remordimiento, gozo. O puede estar llena de ideales, imaginaciones, supersticiones, dudas, suposiciones, interrogantes, inducciones, deducciones, análisis, introspecciones. O puede ser impulsada —por el deseo de poder, reconocimiento social, riqueza, libertad, posición, fama, alabanza, conocimiento— a tomar decisiones atrevidas, a entrar personalmente en compromisos, a expresar opiniones obstinadas, o incluso a resistir pruebas pacientemente. Todas estas cosas y otras similares son simplemente manifestaciones de las tres principales funciones del alma, que son la emoción, la mente y la voluntad. ¿Acaso la vida no se compone preeminentemente de estas cosas? Pero nunca podrán llevar a la regeneración. Hacer penitencia, sentirse afligido por el pecado, derramar lágrimas, incluso hacer decisiones, no lleva a la salvación. La confesión, la decisión y muchos otros actos religiosos nunca pueden ni tienen que ser interpretados como un nuevo nacimiento. El juicio racional, la comprensión inteligente, la aceptación mental, o la búsqueda de lo bueno, de lo bello y de lo auténtico, son simplemente actividades anímicas mientras no se alcance y se sacuda al espíritu. Aunque puedan servir bien como criados, las ideas, sentimientos y decisiones del hombre no pueden servir como dueños y por eso son secundarios en este asunto de la salvación. De aquí que la Biblia nunca considera que el nuevo nacimiento sea tratar con severidad al cuerpo, un sentimiento impulsivo, la exigencia de la voluntad o una reforma a través de la comprensión mental. El nuevo nacimiento bíblico sucede en una área mucho más profunda que el cuerpo o el alma humano, sí, es en el espíritu del hombre donde recibe la vida de Dios por medio del Espíritu Santo.

El escritor de Proverbios nos dice que «el espíritu del hombre es la lámpara del Señor» (20:27). En la regeneración el Espíritu Santo entra en el espíritu del hombre y lo aviva como si encendiera una lámpara. Este es el «espíritu nuevo» mencionado en Ezequiel 36:26. El viejo espíritu muerto es avivado cuando el Espíritu Santo le transmite la vida increada de Dios.

Antes de la regeneración el alma del hombre controla a su espíritu, mientras su propio «yo» gobierna a su alma y su pasión gobierna a su cuerpo. El alma se ha convertido en la vida del cuerpo. En la regeneración el hombre recibe la vida propia de Dios en su espíritu y nace de Dios. A consecuencia de eso, ahora el Espíritu Santo gobierna el espíritu del hombre, que a su vez es equipado para recuperar el control sobre su alma y, por medio del alma, gobernar su cuerpo. Como el Espíritu Santo se convierte en la vida del espíritu del hombre, éste se convierte en la vida de todo el ser del hombre. El espíritu, el alma y el cuerpo son restaurados según el propósito original de Dios para toda persona nacida de nuevo.

Entonces ¿qué hay que hacer para nacer de nuevo en espíritu? Sabemos que el Señor Jesús murió en lugar del pecador. Sufrió en su cuerpo en la cruz por todos los pecados del mundo. Dios considera la muerte del Señor Jesús como la muerte de todas las personas del mundo. Su humanidad santa sufrió la muerte por toda la humanidad impía. Pero hay algo que tiene que hacer el hombre mismo. Tiene que usar su fe para comprometerse —su espíritu, alma y cuerpo— en la unión con el Señor Jesús. Es decir, tiene que considerar la muerte del Señor Jesús como su propia muerte y la resurrección del Señor Jesús como su propia resurrección. Éste es el significado de Juan 3:16: «Todo el que cree dentro de (literal) él no tiene que perecer sino que tiene vida eterna.» El pecador debe tener fe y creer en el Señor Jesús. Al hacerlo se une a Él en su muerte y resurrección y recibe vida eterna (Jn. 17:3) —que es la vida espiritual— para su regeneración.

Tengamos cuidado de no separar la muerte del Señor Jesús como nuestro sustituto y nuestra muerte con Él. Seguramente que lo harán los que ponen énfasis en la comprensión mental, pero en la vida espiritual estos dos hechos son inseparables. La muerte sustitutoría y la muerte con Él se distinguen pero no se pueden separar. Quien cree en la muerte del Señor Jesús como su sustituto ha sido unido al Señor Jesús en su muerte (Ro. 6:2). Para mí creer en la obra sustitutoria del Señor Jesús es creer que ya he sido castigado en el Señor Jesús. El castigo de mi pecado es la muerte, pero el Señor Jesús sufrió la muerte por mí; por consiguiente he muerto en Él. No puede haber salvación de otro modo. Decir que Él murió por mí es decir que yo ya he sido castigado y he muerto en Él. Todo el que cree en este hecho experimentará su realidad.

Así pues, debemos decir que la fe por la que un pecador cree en la muerte del Señor Jesús como sustituto es creer de una manera subjetiva  en Cristo y como consecuencia es la unión con Él. Aunque una persona pueda estar preocupada sólo por el castigo del pecado y no por el poder del pecado, aun así su unión con el Señor es la posesión común que comparte con todos los que creen en Cristo. El que no está unido al Señor aún no ha creído y en consecuencia no tiene parte con el Señor.

Al creer, el que cree es unido al Señor. Estar unido con El quiere decir experimentar todo lo que Él ha experimentado. En Juan 3 nuestro Señor nos explica cómo somos unidos a El. Somos unidos a El en su crucifixión y muerte (vv 14,15). Como mínimo, la posición de todo creyente es que ha sido unido al Señor en su muerte, pero es evidente que «si hemos sido unidos a Él en una muerte como la suya, naturalmente seremos unidos a Él en una resurrección como la suya» (Ro. 6:5). Por eso para el que cree en la muerte del Señor Jesús como sustituto su posición es igualmente la de haber resucitado con Cristo. A pesar de que quizá no experimente aún plenamente el significado de la muerte del Señor Jesús, aun así Dios le ha hecho vivir juntamente con Cristo y él ha obtenido una nueva vida en el poder de la resurrección del Señor Jesús. Éste es el nuevo nacimiento.

Debemos guardarnos de insistir en que un hombre no ha nacido de nuevo si no ha experimentado la muerte y la resurrección con el Señor. La Biblia declara ya regenerado a todo el que cree en el Señor Jesús. «Todo los que le recibieron, los que creyeron en su nombre... nacieron de Dios» (Jn. 1:12, 13). Quede entendido que ser resucitado juntamente con el Señor no es una experiencia previa al nuevo nacimiento. Nuestra regeneración es nuestra unión con el Señor en su resurrección y también en su muerte. Su muerte ha terminado con nuestra vida pecaminosa, y su resurrección nos ha dado una vida nueva y nos ha iniciado en la vida de un cristiano. El apóstol nos asegura que «hemos nacido de nuevo a una esperanza viva por medio de la resurrección de Jesucristo de los muertos» (1 P. 1:3). Indica que todo cristiano nacido de nuevo ya ha sido resucitado en el Señor. Sin embargo, el apóstol Pablo en Filipenses todavía nos insta a experimentar «el poder de su resurrección» (3:10). Muchos cristianos han nacido de nuevo y en consecuencia han sido resucitados con el Señor, aunque se quedan cortos en la manifestación del poder de la resurrección.

Así pues, no confundáis la posición con la experiencia. En el momento en que una persona cree en el Señor Jesús, puede ser muy débil e ignorante, pero, aun así, Dios le ha colocado en la perfecta posición de ser considerado muerto, resucitado y ascendido con el Señor. El que es aceptado en Cristo es tan aceptable como Cristo. Esto es la posición. Y su posición es: todo lo que Cristo ha experimentado es suyo. Y la posición le hace experimentar el nuevo nacimiento, porque no depende del grado de su conocimiento experimental de la muerte, la resurrección y la ascensión del Señor Jesús, sino de si ha creído en Él o no. Incluso si un creyente es en su experiencia totalmente ignorante del poder de resurrección de Cristo (Fil. 3:10), se le ha hecho vivir juntamente con Cristo, se le ha resucitado con Él y se le ha sentado con Él en lugares celestiales (Ef. 2:5, 6).

Aún hay otro tema con respecto a la regeneración al que debemos prestar mucha atención; es decir, que tenemos mucho más de lo que temamos en Adán antes de la caída. En aquel día Adán poseía un espíritu, pero era creado por Dios. No era la vida increada simbolizada por el árbol de la vida. No había en absoluto ninguna relación vital entre Adán y Dios. El que fuera llamado «el hijo de Dios» era similar a la manera en que lo son los ángeles, porque fue creado directamente por Dios. El que cree en el Señor Jesús, sin embargo, «nace de Dios» (Jn. 1:12,13). En consecuencia, hay una relación vital. Un hijo hereda la vida de su padre. Nosotros hemos nacido de Dios, y por consiguiente tenemos su vida (2 P. 1:4). Si Adán hubiese recibido la vida que Dios ofrecía en el árbol de la vida, inmediatamente habría obtenido la vida eterna increada de Dios. Su espíritu vino de Dios y por eso es eterno. La manera en que este espíritu eterno vivirá depende de cómo considere la persona el orden de Dios y de la elección que haga. La vida que los cristianos obtenemos en la regeneración es la misma que Adán podría haber tenido pero que nunca tuvo: la vida de Dios. La regeneración no solamente rescata de la oscuridad el orden del espíritu y del alma del hombre; también proporciona al hombre la vida sobrenatural de Dios.

El espíritu caído y oscurecido del hombre es avivado por el fortalecimiento del Espíritu Santo al aceptar la vida de Dios. Esto es el nuevo nacimiento. La base sobre la que el Espíritu Santo puede regenerar al hombre es la cruz (Jn. 3:14, 15). La vida eterna anunciada en Juan 3: 16 es la vida de Dios que el Espíritu Santo planta en el espíritu del hombre. Puesto que esta vida es de Dios y no puede morir, se desprende que todo nacido de nuevo que posee esta vida se puede decir que posee la vida eterna. Como la vida de Dios desconoce por completo la muerte, la vida eterna en el hombre no muere jamás.

Se establece una relación vital con Dios en el nuevo nacimiento. Se parece al antiguo nacimiento de la carne en que es una vez y para siempre. Una vez que el hombre ha nacido de Dios, Dios nunca podrá considerarlo como no nacido de Él. Por infinita que sea la eternidad, esta relación y esta posición no pueden ser anuladas. Esto es porque lo que un creyente recibe en el nuevo nacimiento no depende de una búsqueda progresiva, espiritual y santa sino que es puro don de Dios. Lo que Dios otorga es la vida eterna. No hay ninguna posibilidad de que esta vida y esta posición sean abrogadas.

Recibir la vida de Dios en el nuevo nacimiento es el punto de arranque del andar con Cristo, un mínimo absoluto para un creyente. Los que aún no han creído en la muerte del Señor Jesús ni han recibido la vida sobrenatural (que no pueden poseer de manera natural) están muertos a los ojos de Dios, por muy religiosos, morales, eruditos o celosos que puedan ser. Los que no tienen la vida de Dios están muertos.

Para los que han nacido de nuevo hay una gran potencialidad para el crecimiento espiritual. La regeneración es el primer paso evidente en un desarrollo espiritual. Aunque la vida recibida es perfecta espera ser madurada. En el momento del nuevo nacimiento la vida no puede estar ya plenamente desarrollada. Es como una fruta recién formada: la vida es perfecta, pero aún es inmadura. Por eso hay una ilimitada posibilidad de crecer. El Espíritu Santo puede llevar a la persona a una victoria total sobre el cuerpo y el alma.

W. Nee

Jesús es el Señor!

La iglesia en Armenia

 

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El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
Ciertamente hay un camino solitario para los que buscan andar con Dios. Pero cuando andemos con el Señor, vamos a encontrar compañia en otros que tambien conocieron el rechazo y el sufrimiento cuando  anduvieron con Dios, y aprendieron sus caminos


#591 De: hgo <hgo1939@...>
Fecha: Lun, 5 de Ene, 2009 10:01 pm
Asunto: Predicar el evangelio del reino semanas 9 y 10
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Predicar el Evangelio del Reino

Semana 9--- La miniatura de la manifestación del reino

Lunes --- Leer con oración: Mt 4:17-25; 5-7; 9:9; 10:1-7; 13; 16:17-18

"Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen" (Mt 13:16)

El llamamiento de los discípulos y el patrón del reino

El tema de esta semana es "La miniatura de la manifestación del reino" (Mt 17:1-8). Cuando el Señor Jesús estaba en la tierra tuvo muchos discípulos y siempre los guiaba siguiendo una dirección, una línea. Nosotros también debemos adherirnos a este modelo: seguir una línea en dirección a la meta, y así avanzar. Por ejemplo, en el estudio que hicimos de las epístolas de Pedro, vimos la cumbre de la revelación divina: Dios se hizo hombre para que el hombre llegue a ser como Dios en vida y naturaleza, pero sin la Deidad (Sal 82:6). Dios se hizo hombre para que tengamos Su vida a fin de que ésta crezca en nosotros hasta que podamos expresar Su naturaleza, la cual será plenamente manifestada en la Nueva Jerusalén. Sin embargo, este proceso no sucederá de repente. El camino a la Nueva Jerusalén es gradual, debe ser recorrido paso a paso. Si seguimos esta línea, poco a poco avanzaremos hasta alcanzar nuestra meta: no sólo ser hijos de Dios, sino estar llenos de Su vida y naturaleza.

El Señor al comenzar Su ministerio en la tierra, como tenía en cuenta ese propósito, comenzó a predicar y a decir: "Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado" (Mt 4:17). El reino de los cielos se había acercado, pero aún no había llegado; para eso fue necesario que el Rey del reino de los cielos surgiera. Aunque el Señor Jesús ya estaba presente, no había tomado aún Su posición de Rey. Primeramente, necesitaba conocer y experimentar la naturaleza humana, para así después de Su muerte y resurrección, añadir la naturaleza de Dios a la naturaleza humana.

Mientras caminaba por la tierra, como el Hijo del Hombre, Su encargo fue predicar el evangelio del reino de los cielos para que todas las personas sean introducidas en este reino. Con tal propósito, en Su primera búsqueda, Él llamó a cuatro discípulos: Pedro, Andrés, Jacobo y Juan (vs. 18-21). Luego fueron siendo añadidos otros, como Mateo, un cobrador de impuestos que dejó todo para seguir al Señor (Mt 9:9). El Señor enseñaba en las sinagogas, predicaba el evangelio del reino y sanaba toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo, para manifestarse como el Hijo de Dios (4:23-24). Así que, de entre la numerosa multitud que Lo seguía, muchas personas también deseaban hacerse Sus discípulos (v. 25).

El Señor también enseñó a Sus discípulos a proceder como ciudadanos del reino de los cielos. En los capítulos 5 al 7 de Mateo está descrito el patrón que el Señor estableció para el pueblo del reino de los cielos. Aquellos a quienes Él había llamado personalmente, y todos los que fueron traídos hacia dentro de Su reino, necesitan seguir este patrón de vida. Cuando Jesús comenzó a predicar explicó primeramente qué es el reino, trajo muchos detalles al respecto de él en esos tres capítulos del Evangelio de Mateo.

Después, de entre los muchos discípulos que Lo seguían, el Señor eligió especialmente a doce para que fueran Sus apóstoles, para que fuesen enviados (Mt 10:1-6; cfr. Lc 6:13-16). A partir de entonces, ya no era solamente el Señor quien predicaba el evangelio del reino, Sus discípulos y apóstoles también seguían predicando que el reino se había acercado (Mt 10:7). Esto nos muestra que la obra del Señor tiene un orden, sigue una línea y avanza: así como Él, Sus discípulos también salieron predicando que el reino de los cielos se había acercado.

Además de mostrar a Sus discípulos cómo debe proceder el pueblo del reino, el Señor también les dio a conocer los misterios del reino de los cielos por medio de las siete parábolas descritas en el capítulo 13 de Mateo. Los siete misterios representados allí pueden ser explicados por medio de las siete iglesias mencionadas en Apocalipsis 2 y 3. Estas siete iglesias corresponden a la historia de la iglesia a lo largo de estos dos mil años.

Después de hablar de los misterios del reino de los cielos, el Señor mismo reveló la iglesia, que también es un misterio. Primero, Dios Padre reveló Su misterio, que es Cristo, el Hijo del Dios viviente; después Cristo reveló la iglesia (Mt 16:16-18). De esta manera, dos grandes misterios fueron revelados: el misterio de Dios, que es Cristo, y el misterio de Cristo que es la iglesia (Col 1:24, 26; 2:2). La iglesia en sí también tiene un misterio, que es el misterio de la piedad: Dios expresado aquí en la tierra (1 Ti 3:15-16). La palabra iglesia significa la asamblea de los llamados hacia fuera, es decir, aquellos que fueron salvos, son llamados para reunirse en un solo lugar.

Cuando el Señor estuvo en la tierra y llamó a muchas personas para que fueran Sus discípulos, anhelaba que éstos lleguen a ser el pueblo del reino de los cielos. No obstante, los llamados todavía tenían mucho de la vida natural. El Señor sabiendo esto preparó un lugar para que se reunieran, donde la vida natural, la vida del alma pudiese ser eliminada y negada y así, ellos puedan vivir de acuerdo al patrón del reino de los cielos. ¡Este lugar es la iglesia!

Punto Clave: El Señor preparó un lugar para que lleguemos a ser el pueblo del reino de los cielos.

Pregunta: ¿Cuáles son los misterios presentados en este día?


 

 

Predicar el Evangelio del Reino

Semana 9 --- La miniatura de la manifestación del reino

Martes --- Leer con oración: Mt 8:12; 14:19-21, 24; 16:26-27; Jn 6:10-13, 27

"Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará" (Mt 16:25)

La iglesia, la realidad del reino de los cielos

Un poco antes de que el Señor revelara la iglesia a Sus discípulos, Él multiplicó los panes, alimentó a cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y los niños (Mt 14:19-21; cfr. Jn 6:10-13). Sin embargo, le dijo a esa multitud que se alimentó de los panes: "Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre" (Jn 6:27). Él quería decirles que el verdadero alimento que perdura para vida eterna es la palabra de Dios. Esta Palabra está en la iglesia, que es el lugar donde el pueblo del reino está siendo preparado para entrar en el reino milenario en la era venidera. El Señor nos trajo a la iglesia, la realidad del reino de los cielos, para que seamos alimentados a fin de que crezcamos en vida.

Para que entremos en el reino milenario, en la era venidera, es necesario que crezcamos y maduremos en vida, de tal manera que la vida de Dios se desarrolle tanto en nosotros para que seamos como Dios es en vida y en naturaleza, pero sin la Deidad. La iglesia es el lugar preparado por Dios para que se produzca tal crecimiento de vida, por medio de negar la vida del alma (Mt 16:24). El porcentaje que neguemos nuestra vida del alma es exactamente lo que la vida de Dios crecerá en nosotros (Jn 3:30). Esta es la función de la iglesia en estos dos mil años: preparar al pueblo de Dios para que esto sea una realidad. Alabamos al Señor, porque en la vida de la iglesia tenemos lo necesario para negar la vida del alma, preparándonos para que en el reino milenario, podamos reinar juntamente con Cristo.

La vida normal de la iglesia, conforme a lo que el Señor nos ha revelado, consiste en negarnos a nosotros mismos, negar nuestra vida del alma, para que la vida de Dios nos sea cada vez más añadida. Sin embargo, hay muchos que aún no han logrado tener claridad sobre esto, pues sólo se preocupan por hacer obras. Aunque ellos ganen todo el mundo como resultado de su obra, si no se hubieren negado a sí mismos, perderán la salvación del alma (Mt 16:26). Prestemos atención a este versículo: no dice ganar todo el mundo con respecto a las riquezas de este mundo, sino con respecto a las obras (v. 27). Si la obra que hacemos es el resultado de nuestra alma, aunque logremos ganar todo el mundo, eso no tendrá ningún valor, porque será algo de nuestra vida del alma.

El versículo 27 nos da mayor claridad de que el Señor, el Hijo del Hombre, vendrá en la gloria de Su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras, vendrá a juzgarnos. Él podrá ver cuánto de la vida de nuestra alma ha sido negada. Si todavía quedare una parte o alguna cosa que no haya sido negada, ciertamente el Señor hará un trabajo de eliminación. Para los que no negaron lo suficiente la vida del alma, habrá un lugar preparado, fuera de la gloria del Señor, que la Biblia llama: "tinieblas" o "tinieblas de afuera", donde será el lloro y el crujir de dientes (Mt 8:12; 22:13; 24:51; 25:30). Aunque en ese lugar, en las tinieblas de afuera, no estará el fuego de la perdición, pero sí estará el fuego que santifica para quemar todo aquello que todavía permanece de la vida del alma (1 Co 3:14-15).

Pero, si somos aprobados delante del tribunal de Cristo, recibiremos la recompensa. Podremos ser como Pedro, que será alabado delante del Señor, es decir será aprobado en el juicio con alabanza y recibirá gloria y honra. "Gloria" es la esfera del reino milenario, y "honra" se refiere a la posición en el reino conforme a lo que hayamos negociado con los talentos que recibimos (Lc 19:16-19; 1 P 1:7). Si somos aprobados, como recompensa, seremos reyes juntamente con Cristo y entraremos en la manifestación del reino, porque la vida y la naturaleza de Dios serán totalmente expresadas en nosotros.

En Mateo 17, leemos que seis días después de haber revelado la iglesia y de mostrar cómo practicarla, el Señor llevó consigo a tres de Sus discípulos a un monte alto y allí se transfiguró (vs. 1-9). Él quiso ayudarlos a ver una miniatura de la manifestación del reino de los cielos, y nosotros, de igual manera, fuimos muy ayudados con esas palabras. Podemos ver que hay un progreso en la revelación divina: primero vimos el surgimiento de la iglesia, después, la manera de vivir la vida de la iglesia y cómo crecer en ella, y finalmente, cómo entrar en la manifestación del reino de los cielos, donde sólo oiremos y veremos al Señor. ¡Aleluya! Estamos en la vida de la iglesia, la cual tiene las llaves del reino de los cielos (16:19). Así que, ahora es el tiempo de negar la vida del alma, de vivir y practicar la realidad del reino de los cielos en nuestros días, para que cuando el Señor vuelva, nos sea otorgada una amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Punto Clave: Practicar la realidad del reino.

Pregunta: ¿Qué necesitamos hacer para el surgimiento de la iglesia y la manifestación del reino?


 

 

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Semana 9 --- La miniatura de la manifestación del reino

Miércoles --- Leer con oración: Mt 17:1-9

"Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos" (Mt 17:1-2a)

Entrar en la manifestación del reino de los cielos

La vida de la iglesia es el lugar en donde estamos aprendiendo lecciones para negar la vida del alma, a fin de que podamos entrar definitivamente en la manifestación del reino de los cielos. Para que esto suceda, pasaremos por el tribunal de Cristo: seremos recompensados para reinar con Él o, seremos disciplinados en las tinieblas de afuera. Los vencedores serán los aprobados en el tribunal, aquellos que crecieron totalmente en vida y expresan la naturaleza de Dios. Ellos podrán entrar en la manifestación del reino (Mt 25:10, 21, 23).

En Mateo 17 leemos que el Señor llevó a Sus discípulos a un monte alto, les presentó un cuadro, una miniatura, de cómo sería el reino de los cielos en su manifestación (vs. 1-9).

En el versículo 1 leemos: "Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto". Aunque en aquella ocasión ellos todavía no estaban completamente crecidos en la vida divina, el Señor les mostró lo que sucedería en el futuro. El hecho de que el Señor haya llevado a Pedro, Jacobo y Juan a testificar de la transfiguración, fue una señal de que ellos serían vencedores. Este pasaje de las Escrituras nos alienta y muestra que todos nosotros podremos estar un día en el reino de los cielos. Cada vez que negamos nuestra vida del alma y permitimos que la vida de Dios se añada a nosotros, la naturaleza de Dios será más expresada por medio de nosotros. Como resultado nuestro único destino será entrar en la manifestación del reino de los cielos.

Esta visión debe atraernos. Los tres discípulos fueron llevados por el Señor porque en el futuro ciertamente serán vencedores; ellos serían los vencedores del Nuevo Testamento. Primeramente, el Señor les reveló, de manera particular, la miniatura de la manifestación del reino de los cielos. Él no hizo eso abiertamente, es decir, públicamente, ya que el versículo 1 menciona: "aparte". En aquel momento el Señor simplemente los llevó para "abrir sus ojos" a fin de que pudiesen ver cómo será la manifestación del reino de los cielos. ¡Creemos que esto es lo que todos anhelamos!

En el versículo 2 leemos: "Y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz". Aquí vemos que la naturaleza humana del Señor Jesús fue saturada por la naturaleza divina. Él comenzó Su ministerio con la intención de traer la vida y la naturaleza de Dios hacia dentro del hombre. El Señor Jesús era un hombre como nosotros, pero sin pecado. Recibió la vida humana de parte de María (1:18), pero en la manifestación del reino de los cielos aparecerá con un cuerpo transfigurado, pues Su naturaleza humana fue totalmente revestida, llena y saturada de la naturaleza divina.

En el versículo 2a leemos: "Y se transfiguró delante de ellos". Esto nos muestra que en el reino milenario, la naturaleza humana, por haberse revestido de la naturaleza divina, experimentará una transfiguración, es decir, una transformación que manifieste totalmente la naturaleza de Dios. Así también nosotros, si hoy en la vida de la iglesia, negamos nuestra vida del alma, permitiendo que la vida de Dios crezca, seremos totalmente saturados de la naturaleza divina, es decir, experimentaremos también una transformación.

Cuando la naturaleza divina sea añadida cada vez más a nosotros, esto hará que Dios tenga una expresión total por medio de nosotros en la manifestación del reino de los cielos, tal como ocurrió cuando el Señor Jesús expresó la naturaleza de Dios. Leamos: "Y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz" (v. 2b). Creemos que cuando Pedro, Jacobo y Juan vieron eso se quedaron muy animados. Aunque en aquel momento la iglesia todavía no había sido engendrada, el Señor les mostró que por medio de vivir en la realidad del reino, en la vida de la iglesia, obtendrían Su naturaleza, a tal punto que estarían en la manifestación del reino, como sucedió en el monte de la transfiguración.

Punto Clave: Ser un vencedor.

Pregunta: ¿Cuál será nuestra condición en el reino milenario?


 

 

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Semana 9 --- La miniatura de la manifestación del reino

Jueves --- Leer con oración: Mt 17:1-2; 1 Jn 3:2; 2 P 3:9

"Y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz" (Mt 17:2)

Resplandecer como el sol y tener vestidos blancos como la luz

Necesitamos buscar, al igual que Pedro, Jacobo y Juan, el crecimiento de vida que sólo es posible por medio de negar la vida del alma. Si no negamos la vida del alma, la vida de Dios no crecerá en nosotros, es decir, no habrá espacio para que la vida divina se dispense. Toda nuestra vida de iglesia consiste en este proceso: eliminar la vida del alma a fin de dar espacio para que la vida de Dios nos sea añadida.

Por tanto, un vencedor es alguien que tiene la vida del alma totalmente negada. Como vencedores podremos ser como el Señor Jesús es, ya que expresaremos totalmente la vida y la naturaleza de Dios (1 Jn 3:2). Al ver este cuadro somos muy animados y también anhelamos ser vencedores. Un día también nuestro rostro resplandecerá como el sol y nuestros vestidos serán blancos como la luz, porque seremos como el Señor Jesús es, en vida y naturaleza, pero sin la Deidad.

El Señor Jesús es el Hijo de Dios, y nosotros creceremos a tal punto que seremos como Él es en vida y en naturaleza. En los tres años y medio de Su ministerio, el Señor Jesús añadió la naturaleza divina a la naturaleza humana. Él hizo que de la naturaleza humana, que poseía, se manifestara la naturaleza divina. Por eso Su rostro resplandecía como el sol y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. ¡Nosotros también queremos estar en esa condición! No se trata de vestirse con las mejores ropas o usar maquillaje. Nuestra transformación será el resultado del crecimiento de la vida y de la naturaleza de Dios en nosotros. ¡Esto es lo que anhelamos!

El Señor nos está dando tal revelación, pero necesitamos ser sinceros con nosotros mismos: "¿Ya fue negada lo suficiente nuestra vida del alma?". En realidad, aún tenemos mucho de ella en nuestro vivir. Como el Señor Jesús todavía no ha regresado, tenemos diariamente la oportunidad de negarnos a nosotros mismos y seguirlo, es decir, permitir que Su vida divina crezca cada vez más en nosotros. Desde la creación del hombre ya pasaron tres periodos de dos mil años. De acuerdo con este tiempo, ya deberíamos estar en la era del reino milenario. No obstante, no podemos pedirle al Señor que vuelva ahora, pues no podemos garantizar que estamos listos para entrar en la manifestación del reino milenario.

El Señor Jesús aún no ha regresado porque está siendo longánimo para con nosotros (2 P 3:9). Si Él viene ahora muchas personas serán destinadas a las tinieblas de afuera, ya que pocos están aptos para entrar en el reino de los cielos y recibir la gloria. Son pocos los que llegaron a la etapa de la madurez; puesto que la naturaleza humana es todavía muy fuerte, no hubo transformación, la vida de Dios no creció en ellos. Muchas veces cuando somos tocados en nuestra vida del alma, ésta se expresa rápidamente. Cuando el Señor nos mira y ve nuestra condición, es como si dijera: "Aún necesito esperar algunos años. Tal vez cinco años. En cuanto a esto seré más longánimo". Estos cinco años para algunos aún no serán suficientes y tal vez el Señor tenga que esperar quince años más.

La longanimidad del Señor se manifiesta en la vida de la iglesia, donde tenemos la oportunidad de negar la vida del alma. En ese sentido, nuestra oración debe ser: "Señor Jesús, muchas gracias por Tu misericordia. Señor, Tu conoces mi condición. No he negado adecuadamente la vida del alma. ¡Oh Señor Jesús! Por favor Señor, no vengas ahora. Por favor, permíteme buscarte un año, dos, tres, cinco años más, para que mi vida del alma sea totalmente negada. De esta manera, cuando Tú regreses, mi rostro resplandecerá como el sol y mis vestidos serán blancos como la luz". Si oramos de esta manera, el Señor Jesús ciertamente nos atenderá.

Punto Clave: Tener el rostro resplandeciente como el sol.

Pregunta: ¿Cuál es hoy nuestra condición?

 

 


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Semana 9 --- La miniatura de la manifestación del reino

Viernes --- Leer con oración: Gn 47:6, 11; Ex 1:7-8, 11-19, 22; 2:2-10

"Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel, y los reconoció Dios" (Ex 2:24-25)

Moisés y Elías - vencedores del antiguo testamento (1)

En Su transfiguración, el Señor Jesús manifestó totalmente la vida de Dios, por eso Su rostro resplandecía y Sus vestidos se hicieron blancos como la luz (Mt 17:2). Después, en el versículo 3 leemos: "Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él". Moisés fue el líder que sacó al pueblo de Israel de Egipto; Elías fue un profeta de Dios. Ellos dos son los vencedores del Antiguo Testamento.

Antes de que el Señor levantara a Moisés para liberar al pueblo de Israel de Egipto, los israelitas tenían una vida muy cómoda, ya que cuando José, el penúltimo hijo de Jacob, llegó a ser gobernador en Egipto, separó la mejor poción de la tierra para su familia (Gn 47:6, 11). Era una tierra al lado de la orilla del río Nilo, que tenía varios afluentes. Lo que allí se sembraba rápidamente crecía, pues nunca faltaba agua para proveer la producción agrícola. Todo lo que plantaban lo recogían en abundancia. Había pepinos, melones, puerros, cebollas y ajos (cfr. Nm 11:5). Hasta para pescar tenían facilidad, pues abundaban los peces en el río Nilo; por eso todo el pueblo se multiplicó y se desarrolló (Ex 1:7). Mientras en Canaán por causa de la sequía la tierra se comenzó a agrietar, en Egipto, aun sin lluvia, la tierra igual era húmeda, porque no dependía de la lluvia, sino de la abundancia del agua de sus ríos.

Debido a esa abundancia los hijos de Israel se multiplicaron, y se fortalecieron grandemente, de modo que la tierra se llenó de ellos. No obstante, se levantó un nuevo rey sobre Egipto, que no conocía los hechos y las obras de José (v. 8). Con desconfianza de que el pueblo de Israel se rebelara contra los egipcios, ya que eran más fuertes y numerosos, los tomó como esclavos y colocó sobre ellos comisarios de tributos que los molestasen con sus cargas; y edificaron para Faraón las ciudades de almacenaje, Pitón y Ramesés (v. 11). Además, sometió al pueblo a trabajos forzosos, y aún así se multiplicaba y crecía (vs. 12-14). Para intentar controlar eso, Faraón ordenó que las parteras matasen a todos los niños del sexo masculino que las hebreas diesen a luz (vs. 15-16). Sin embargo, tales parteras temieron a Dios y no hicieron lo que el rey de Egipto les había ordenado, sino que preservaron la vida a los niños (vs. 17-19).

Moisés nació en esas circunstancias: según la orden de faraón debería morir (1:22), pero su madre lo escondió durante tres meses (2:2). A esa edad es muy común que los niños lloren mucho, por eso no era posible seguir escondiéndolo por más tiempo. Así que, la madre de Moisés tomó una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea, y colocó en ella al niño y lo puso en un carrizal a la orilla del río (v. 3).

La hermana del niño se puso a lo lejos, para ver lo que le acontecería (v. 4). Fue exactamente en ese momento que la hija de faraón estaba bañándose en el río Nilo y vio al niño en la arquilla, en el cesto (v. 5).

Tuvo compasión de él y lo tomó, reconoció que era un niño de los hebreos. La hermana de Moisés dijo a la hija de Faraón: "¿Iré a llamarte una nodriza de las hebreas, para que te críe este niño?" (v. 7). Ella entonces respondió: "Ve. Entonces fue la doncella, y llamó a la madre del niño" (v. 8). Para la hija de faraón, se trataba de una madre de leche hebrea, pero en realidad se trataba de la misma madre de Moisés. Este fue el arreglo soberano del Señor para preservar la vida de Moisés.

Cuando Moisés creció, su madre tuvo que devolverlo a la hija de faraón, la cual lo tomó como a su propio hijo (v. 10). Moisés pasó a ser parte de la familia real y al igual que los demás también recibió una educación especial. Todas las habilidades y conocimientos que recibían los familiares de faraón como: política, economía, administración, militarismo, leyes, oratoria, etc., fueron enseñados a Moisés. Durante cuarenta años, Moisés recibió una educación para ser el futuro Faraón de Egipto.

En ese lapso de tiempo, la situación de los hijos de Israel empeoró a tal punto que ellos comenzaron a gemir y a clamar a Dios. El Señor los escuchó y miró su condición (2:23-25). En otras palabras, en la condición en que ellos se encontraban, no había otra solución que no fuera la de invocar el nombre del Señor. Durante los cuatrocientos años de comodidad en Egipto, probablemente ya no invocaban al Señor. Pero, ante tal nueva situación, ciertamente ellos invocaban: "¡Oh Señor, líbranos!". Y oyó Dios el gemido de ellos, y se acordó de su pacto con Abraham, Isaac y Jacob. Y miró Dios a los hijos de Israel.

Punto Clave: Invocar el nombre del Señor en todo momento.

Pregunta: ¿Por qué el pueblo no clamó al Señor antes de ser hostigado?


 

 

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Semana 9 --- La miniatura de la manifestación del reino

Sábado --- Leer con oración: Ex 2:11-21; 4:10-16; 2 R 2:9-14; Mt 17:3

"Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios" (Ex 4:16)

Moisés y Elías - vencedores del antiguo testamento (2)

Ayer vimos que Moisés fue educado en toda la ciencia de los egipcios y fue poderoso en palabras y obras. A los cuarenta años de edad, ya había aprendido todo lo que necesitaba: el arte de hablar, de juzgar, y ciertamente, también tenía un buen físico.

A pesar de haber crecido dentro de los palacios de Faraón, Moisés era israelita por naturaleza. Cierto día salió a sus hermanos, y los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos (Ex 2:11). Aunque recibió una educación rigurosa en los palacios de Faraón, al ejercer su capacidad de juzgar, terminó matando al egipcio agresor y lo escondió en la arena, ya que quiso ayudar al hebreo (v. 12).

En otra ocasión, Moisés vio a dos israelitas que peleaban y dijo al que maltrataba al otro: "¿Por qué golpeas a tu prójimo?" (v. 13). Sin embargo, para sorpresa de Moisés, el hebreo le respondió: "¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Piensas matarme como mataste al egipcio?" (v. 14). En ese aspecto la ley egipcia era muy severa. Si alguien cometía homicidio debía ser condenado; por eso, por la ley, Moisés también tenía que morir. Su salida fue huir al desierto, en donde sabemos que no hay nada.

Cuando Moisés huía de la presencia de Faraón se detuvo en la tierra de Madián. Por causa de la ayuda que le prestó a las hijas de Jetro, fue recibido por éste (2:17-20). Más tarde se casó con Séfora, la hija mayor, y así comenzó a cuidar de los rebaños de su suegro (v. 21). Puesto que ahora cuidaba de un rebaño de ovejas, cuando el Señor lo llamó para servirlo, Moisés le dijo: "¡Ay, Señor! nunca he sido hombre de fácil palabra, ni antes, ni desde que tú hablas a tu siervo; porque soy tardo en el habla y torpe de lengua" (4:10). Cuando Moisés decía ser "tardo en el habla y torpe de lengua", se refería a la pérdida de la elocuencia que tuvo porque su tarea ahora se limitaba a cuidar ovejas. Lo que Moisés más había aprendido en aquellos cuarenta años en el desierto de Madián era el balido de las ovejas. Así que, todo lo que aprendió en los palacios de Egipto se perdió en el desierto.

Sin embargo, el Señor prosiguió diciéndole: "¿Quién dio la boca al hombre? ¿O quién hizo al mudo y al sordo, al que ve y al ciego? ¿No soy yo Jehová? Ahora pues, ve, y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de hablar" (Ex 4:11-12). Pero Moisés continuaba insistiendo: "¡Ay, Señor! envía, te ruego, por medio del que debes enviar. Entonces Jehová se enojó contra Moisés, y dijo: ¿No conozco yo a tu hermano Aarón, levita, y que él habla bien? Y he aquí que él saldrá a recibirte, y al verte se alegrará en su corazón. Tú hablarás a él, y pondrás en su boca las palabras, y yo estaré con tu boca y con la suya, y os enseñaré lo que hayáis de hacer. Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios" (vs. 13-16). El Señor hizo de Aarón el portavoz de Moisés, y a éste, lo colocó en lugar de Dios para Aarón. En otras palabras, Moisés fue considerado un hombre que representaba a Dios, un hombre de Dios (Dt 33:1) y Aarón debía reconocer que Dios hablaba a través de su hermano. De esta manera, Dios preparó a Moisés para que también llegara a ser un vencedor. Él pudo aparecer en esa miniatura de la manifestación del reino de los cielos porque ya era un vencedor.

Retomando Mateo 17:3, leemos: "Y he aquí les aparecieron Moisés y Elías, hablando con él". En el monte de la transfiguración, además de Moisés también apareció Elías. La Biblia relata que Elías fue aquel que en el Antiguo Testamento hizo muchas señales y prodigios, como resultado de la oración que él hizo a Dios. Por medio de Elías Dios pudo realizar Su obra.

Elías también fue considerado un hombre de Dios (1 R 17:24; 2 R 1:10), es decir, alguien que hablaba por Dios y por medio de quien Dios podía manifestar Su voluntad en el Antiguo Testamento. Como sabemos, él no murió, pues fue arrebatado vivo (2 R 2:11). Cuando estaba siendo arrebatado, su discípulo Eliseo recibió la doble porción de su espíritu, al quedarse con su manto (vs. 9, 12-14). Esto indica que Elías era alguien lleno del Espíritu.

El Espíritu no es sólo para nosotros que vivimos en la era del Nuevo Testamento. Dios en el Antiguo Testamento, también colocó Su Espíritu sobre algunos. Así, ellos fueron llamados: hombres de Dios, hombres que expresaron totalmente a Dios. Moisés y Elías aparecieron en la miniatura de la manifestación del reino de los cielos, porque ellos representan a los vencedores del Antiguo Testamento..

Punto Clave: Ser como Dios en vida y en naturaleza, pero sin la Deidad.

Pregunta: ¿Qué hizo vencedores a Moisés y a Elías?


 

 

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Semana 9 --- La miniatura de la manifestación del reino

Domingo --- Leer con oración: Ex 7:17-19; 1 R 17:1, 7; Zac 8:20-23; Is 2:2-3

"Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra" (Ap 11:4)

Los vencedores del antiguo y del nuevo testamento

El Señor preservó a Moisés y a Elías para usarlos en la gran tribulación. En el libro de Apocalipsis encontramos a dos testigos (11:3). En el versículo 4 leemos: "Estos testigos son los dos olivos, y los dos candeleros que están en pie delante del Dios de la tierra". La expresión dos olivos también puede ser traducida como dos ungidos o hijos de aceite (cfr. Zac 4:3, 11-14), esto indica que estos dos testigos fueron hombres llenos del Espíritu. Creemos que este pasaje se refiere a Moisés y a Elías. Moisés fue disciplinado por Dios por haber herido la roca dos veces, no teniendo el derecho de entrar en la tierra de Canaán, sino solamente de verla desde el monte Nebo, en la cumbre del Pisga. Ese lugar fue donde él estuvo por última vez, pero su cuerpo no fue encontrado (Dt 32:48-52; 34:1-6).

Podemos afirmar que Moisés no fue al Hades porque su cuerpo no fue encontrado ni tampoco Satanás tuvo acceso a él, conforme a lo que leemos: "Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo, disputando con él por el cuerpo de Moisés, no se atrevió a proferir juicio de maldición contra él, sino que dijo: El Señor te reprenda" (Jud 9). En otras palabras, era como si el cuerpo de Moisés no hubiese llegado al Hades. Cuando Satanás fue en busca del cuerpo de Moisés, el arcángel Miguel contendió con él. Así vemos que el arcángel Miguel está protegiendo el cuerpo de Moisés.

Otro aspecto que demuestra que Moisés y Elías son esos dos testigos, está relacionado a sus obras: "Si alguno quiere dañarlos, sale fuego de la boca de ellos, y devora a sus enemigos; y si alguno quiere hacerles daño, debe morir él de la misma manera. Estos tienen poder para cerrar el cielo, a fin de que no llueva en los días de su profecía; y tienen poder sobre las aguas para convertirlas en sangre, y para herir la tierra con toda plaga, cuantas veces quieran" (Ap 11:5-6). Tener poder para cerrar el cielo para que no llueva, se refiere a Elías, cuando Dios quiso disciplinar a Acab, un rey de Israel (cfr. 1 R 17:1, 7). Moisés por su parte, fue usado por Dios para convertir las aguas del río Nilo en sangre, además trajo todo tipo de plagas sobre la tierra de Egipto (cfr. Ex 7:17-19).

Así que, los vencedores son representados por tres personas en el Nuevo Testamento: Pedro, Jacobo y Juan. En el Antiguo Testamento, por dos: Moisés y Elías. Los vencedores del Nuevo Testamento estarán en la parte celestial del reino milenario (Mt 24:46-47; 25:19-23; Lc 19:15-19; Ap 2:26-27; 3:21; 2 Ti 2:12). La parte terrenal del reino milenario estará a cargo de los israelitas, que ejercerán la función de sacerdotes, representados por Moisés y Elías (2 S 7:13; Hch 15:16; 1:6; Mt 13:41; Ap 11:15; Ro 11:26-27; Zac 8:20-23; Is 2:2-3).

No debemos tomar esta palabra sólo como historia, sino también debemos preguntarnos: "¿Dónde estamos en todo esto?". Para entrar en el reino necesitamos hacer algo: negar la vida del alma. Si todavía preservamos nuestra vida del alma, el Señor nos vendrá a juzgar (Mt 16:27). Si ésta aún no ha sido saturada de la vida divina, no podremos entrar en el reino de los cielos. Sin embargo, si somos como Pedro, que permitió que toda su vida natural fuera quemada, nuestra porción y galardón será el reino de los cielos.

No tomemos Mateo 16 y 17 como simples doctrinas para repetirlas. Sólo conocer las verdades no es suficiente, pues éstas sólo nos llevarán a la mente. Debemos avanzar al practicar lo que hemos oído. Debemos anhelar la recompensa del Señor y para eso no podemos permanecer en nuestra vida del alma. El Señor se hizo el Espíritu de realidad. Necesitamos llenarnos de ese Espíritu y ser saturados por la vida y naturaleza de Dios. Un día podremos decirle a Pedro, Jacobo y Juan: "Miren, nosotros también somos vencedores, tenemos parte en el reino; hemos negado nuestra vida del alma, crecimos en vida y llegamos a ser como Dios en vida y naturaleza, mas sin la Deidad". ¡Aleluya! ¡Jesús es el Señor!

Punto Clave: Vencer por negarnos a nosotros mismos.

Pregunta: ¿Qué es lo que nos califica para ser los vencedores del Nuevo Testamento?

 

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Semana 10--- La experiencia de Pedro de negar la vida del alma

Lunes --- Leer con oración: Sal 82:6; Mt 16:18-19; 17:24-27; 25:16; 1 Jn 3:2

"Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas, y les dijo: Negociad entre tanto que vengo" (Lc 19:13)

Negociar los talentos y las minas

El tema de esta semana es "La experiencia de Pedro de negar la vida del alma" (Mt 17:24-27). La semana pasada vimos que el Señor Jesús, como el Rey del reino de los cielos, no sólo predicó el evangelio del reino, sino que también llamó a Sus doce discípulos para que predicaran que el reino se había acercado. Él los escogió para que Lo ayudaran a llevar Su propósito, Su voluntad a muchas personas. Después les reveló la iglesia, la cual tiene las llaves del reino de los cielos (Mt 16:18-19). La iglesia es el lugar donde el Señor reúne a todos los salvos para perfeccionarlos y edificarlos con el fin de que puedan entrar en el reino.

Para que el pueblo del reino pueda entrar en la manifestación del reino de los cielos es necesario cumplir una condición: la vida y la naturaleza de Dios deben crecer y aumentar gradualmente en ellos. Este es el encargo que el Rey les dio, pues los que crecen en vida y expresan la naturaleza de Dios serán honrados juntamente con el Señor Jesús, puesto que en el reino milenario compartirán tronos (Ap 3:21; 20:4). Sin embargo, sólo recibirán este privilegio aquellos que estén plenamente conformados a la imagen de Cristo, es decir, totalmente iguales a Dios en vida y naturaleza, pero sin la Deidad (Sal 82:6; Jn 10:34; cfr. Ro 8:29-30; 1 Jn 3:2).

Para entender cómo será el asunto de la honra de reinar en el reino milenario es necesario conocer el significado de la parábola de los talentos en Mateo 25 y también de la parábola de las minas en Lucas 19, en donde el Señor usó la expresión "Negociad entre tanto que vengo" (v. 13). Estas dos parábolas son semejantes, pero sólo tiene una pequeña diferencia: la parábola de los talentos, registrada en el Evangelio de Mateo, que habla respecto a la condición para que entremos en el gozo, o en la manifestación del reino del Señor. Cuando invocamos Su nombre, leemos y oramos la Palabra y también la practicamos, estamos negociando nuestros talentos para ganar más de la vida divina. Si esa es nuestra condición, ciertamente el Señor nos convidará a entrar en el gozo de Su reino. La parábola de las minas registrada en Lucas, se refiere a la posición que ejerceremos en el reino, es decir, si "nuestra mina" rinde diez, tendremos autoridad sobre diez ciudades (v. 17), o si rinde cinco, tendremos autoridad sobre cinco ciudades (v. 19).

Lo que el Señor requiere de nosotros es que dejemos que Su vida y naturaleza crezcan y maduren cada vez más para que entremos en el reino milenario. Cuando estemos allí, gobernaremos sobre varias ciudades. Este es un gran incentivo y también un gran encargo que el Señor nos dejó: hoy, en la vida de la iglesia, cada uno de nosotros, puede negociar los talentos y las minas que recibió. Diariamente tenemos la oportunidad de negar nuestra vida del alma, de permitir que la vida y la naturaleza de Dios nos sean cada vez mas añadidas a fin de entremos en la manifestación del reino de los cielos.

Punto Clave: Negociar para entrar y gobernar.

Pregunta: ¿Qué ayuda hemos recibido de las parábolas de los talentos y de las minas?


 

 

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Semana 10 --- La experiencia de Pedro de negar la vida del alma

Martes --- Leer con oración: 2 S 7:13; Is 2:2-3; Zac 8:20-23; Mt 17:1-2

"Y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz" (Mt 17:2)

Alcanzar el patrón para reinar

Aunque la Nueva Jerusalén ya está garantizada para los que tienen la vida de Dios, el galardón, el privilegio de reinar con Cristo en la parte celestial del reino milenario será para los que alcancen el patrón que Dios estableció en Su Palabra, el cual tiene exigencias elevadas: necesitan madurar en vida, y la naturaleza de Dios necesita ser añadida cada vez más a la naturaleza humana. Esto significa que la vida natural debe ser retirada para darle lugar a la vida divina. En el caso de que esto no suceda, en el juicio venidero, en el tribunal de Cristo, serán echados a las tinieblas de afuera, para que de modo lento y gradual la vida del alma sea totalmente removida (Mt 22:13; 24:51; 25:30). Para que alcancemos ese nivel de madurez, el Señor nos colocó en la vida de la iglesia a fin de que seamos entrenados para ser el pueblo del reino de los cielos.

Con respecto al patrón para reinar, además de considerar cuánto de la vida tendremos, también seremos juzgados según el aspecto de la obra (Mt 25:15, 19). En este aspecto, el Señor le dará autoridad a los que alcanzaron la madurez en la vida divina para gobernar sobre las ciudades (Lc 19:16-19). Ellos reinarán en la parte celestial del reino milenario. Si somos aprobados por el Señor, es posible que Él nos entregue un país para que lo administremos; y si ese país, por ejemplo, fuere Brasil, nuestro gobierno será sobre seis mil ciudades aproximadamente. Así que, cuando el Señor nos venga a juzgar, si hemos alcanzado el patrón establecido por Él, en lo que se refiere a la vida y a la obra, entraremos en la manifestación del reino de los cielos.

Mientras tanto, sobre la tierra habrá naciones, el pueblo común del reino, a quien el Señor Jesús llamó ovejas en Mateo 25:33-40. Tales "ovejas" recibirán la recompensa de formar parte de la porción terrenal del reino milenario (Hch 3:21), ya que después de oír el evangelio eterno que será predicado a todas las naciones (Ap 14:6-7), temerán a Dios y serán bondadosos con el pueblo de Dios para que permanezcan en la tierra en el periodo de la gran tribulación. Los judíos que huirán de la persecución del anticristo en ese periodo de gran prueba, que serán salvos por invocar el nombre del Señor (Zac 13:8-9), serán los sacerdotes sobre la tierra durante el reino, y enseñarán a las naciones, representadas por las ovejas, a adorar al Señor (Zac 8:20-23; Is 2:2-3). Este será el reino mesiánico en donde el Señor edificará una casa a Su nombre y establecerá Su trono para siempre (2 S 7:13).

El Evangelio de Mateo destaca de manera muy especial las experiencias de Pedro de negar la vida del alma. Es como si Pedro fuera nuestro representante, pues tenemos experiencias similares a las de él. Cuando Jesús vio a Pedro por primera vez le dijo que se llamaría Cefas, que quiere decir Pedro (Jn 1:42). Pedro significa simplemente piedra, por tanto Cefas es una piedra útil para edificar la iglesia. Antes de ser salvos, nuestra constitución era del polvo de la tierra, éramos solamente barro (cfr. Gn 2:7). Pero, un día fuimos iluminados, llamados y salvos por Dios, llegamos a ser "Cefas", es decir, piedras vivas, piedras que tienen vida y que crecen, piedras útiles para la edificación de la iglesia (Jn 1:42; 1 P 2:5)

En la medida que crezcamos en vida y la naturaleza divina se desarrolle en nosotros, viviremos en la realidad del reino de los cielos, que es la iglesia, somos llenos del Espíritu y negociamos nuestros talentos. En consecuencia seremos aprobados con alabanza en el tribunal de Cristo y estaremos aptos para participar de la manifestación del reino de los cielos. Ciertamente Pedro quedó profundamente impresionado con la revelación que tuvo sobre la iglesia descrita en Mateo 16:18, y estaba dispuesto a practicarla.

El Señor también le mostró a Pedro una miniatura de la manifestación del reino de los cielos cuando se transfiguró delante de él, y de los hermanos Jacobo y Juan en un monte. El rostro del Señor Jesús resplandecía como el sol y Sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Esto es la manifestación de la vida y la naturaleza de Dios totalmente expresada en Él (Mt 17:1-2). Pedro, Jacobo y Juan pudieron participar de esa experiencia animadora, esto indica que en el futuro ellos también tendrán parte en el reino. Que nosotros también podamos alcanzar ese patrón para reinar con el Señor en la parte celestial del reino milenario.

Punto Clave: Crecer en vida y desarrollar la naturaleza divina.

Pregunta: ¿Cuál es la luz que recibimos de la miniatura de la manifestación del reino de los cielos en Mt 17:1-8?


 

 

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Semana 10 --- La experiencia de Pedro de negar la vida del alma

Miércoles --- Leer con oración: Mt 16:23-24; 2 Co 11:23, 28; 1 P 1: 7, 12-13

"Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo" (1 P 1:7)

El bautismo con fuego

En el pasado, cuando hablábamos de negar la vida del alma, lo relacionábamos con los sufrimientos externos, como los que menciona Pablo en su segunda carta a los corintios (11:23, 28). Pedro también hizo alusión a los mismos sufrimientos en su primera epístola (1 P 4:16), al referirse a los que sufren en la carne por practicar cosas indebidas como: matar, robar, causar daño, o entremeterse en asuntos ajenos. Así pues, si no matamos, no sufriremos, y si no robamos, tampoco sufriremos (v. 15).

Existe otro tipo de sufrimiento mencionado por Pedro, que es necesario y por el cual todos pasaremos. Cuando éste llegue a nosotros, no debemos sorprendernos ni resistirnos, por el contrario, debemos gozarnos, pues su finalidad es la purificación de nuestra alma. Cuando somos purificados de esa manera el Señor Jesús sufre juntamente con nosotros, después cuando Él se manifieste en la gloria, nosotros nos gozaremos juntamente con Él. Este es el sufrimiento que fue experimentado y citado por Pedro, que sirve para eliminar la vida del alma. Probablemente Pedro tuvo esa revelación a partir de la profunda impresión que la palabra del Señor le causó: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame" (Mt 16:24b).

Pedro también dijo: "Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo" (1 P 1:7). El fuego que prueba el oro es el mismo fuego al cual Juan el Bautista se refirió: "Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego" (Mt 3:11). El bautismo en agua era un paso preliminar para que se arrepintieran y cambiaran de manera de pensar (cfr. Hch 19:4). Se trataba de un trabajo preparatorio, ya que su objetivo era para el bautismo dado por el Señor, que vendría después. En la frase "en Espíritu Santo y fuego" tenemos una conjunción copulativa "y", y no una conjunción disyuntiva "o", esto indica que el Señor Jesús nos bautizará en Espíritu Santo y en fuego.

Después de haber creído en el Señor y ser bautizados en el Espíritu Santo, debemos aún negar nuestra vida del alma. ¿Cómo podemos hacer esto? Debemos usar el fuego que está en nuestro espíritu, en donde mora el Espíritu, para quemar y consumir nuestra vida del alma. Este fuego no se refiere al que estaba en el altar del holocausto, pues aunque éste se mantenía encendido continuamente, era algo externo (cfr. Lv 6:9, 13). El fuego que está en nuestro espíritu no es algo material, sino interior y de experiencias. Es un fuego santo, es el Espíritu mismo que arde dentro de nosotros.

Pedro tuvo tal revelación y pasó por ese tipo de experiencia. Él reconocía que frecuentemente expresaba su vida del alma. Cada vez que su vida del alma era expuesta por la luz del Señor, él la tomaba y la echaba en el fuego interior del espíritu, que arde constantemente, así como ardía el fuego que estaba en el altar del holocausto. Por eso Pedro usó la ilustración de la purificación del oro en el crisol (1 P 1:7). En el proceso de la purificación del oro, éste es colocado en el crisol, y es sometido a altas temperaturas, y por tener un peso específico mayor, se va al fondo del crisol. Luego, las impurezas, que tienen una densidad menor, suben a la superficie y fácilmente pueden ser removidas. Por eso, cada vez que Pedro pasaba por experiencias de sufrimiento, entendía que era su vida del alma la que estaba siendo purificada por el fuego, como sucede con la purificación del oro.

El Señor Jesús muchas veces expuso la vida del alma de Pedro y, en tales ocasiones, él aprendió a volverse al espíritu y a sufrir conforme a la voluntad de Dios encomendando su alma al fiel Creador (1 P 4:19). Aunque ese tipo de experiencia producía sufrimiento, Pedro sabía que el Señor Jesús sufría juntamente con él (cfr. Ro 8:17). Así pues, echaba su vida del alma en el fuego interior, en el cual ésta era consumida. Podemos aprender de la experiencia de Pedro y negar también la vida de nuestra alma. No necesitamos esperar que las situaciones exteriores, tales como accidentes o persecuciones, lleguen a nosotros para recién negarla. Podemos arrepentirnos inmediatamente antes de que nuestro ego se manifieste, volvernos al Señor y dejar que el fuego de Su Espíritu queme totalmente todas las impurezas contenidas en nuestra vida del alma. ¡Alabado sea el Señor!

Punto Clave: El Señor sufre con nosotros.

Pregunta: ¿Cuál debe ser nuestra actitud cuando nuestra vida del alma sea expuesta?


 

 

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Semana 10 --- La experiencia de Pedro de negar la vida del alma

Jueves --- Leer con oración: Ez 1:13; Mt 17:1-5; Jn 1:1, 14, 18; Ro 8:18

"Mientras él aún hablaba, una nube de luz los cubrió; y he aquí una voz desde la nube, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia; a él oíd" (Mt 17:5)

A él oíd

La vida del alma, al igual que la purificación del oro en el fuego, no se consume de una sola vez, puesto que contiene muchas cosas naturales. Cuando las impurezas no aparecen, es decir, no salen a la superficie, no sabemos si existen. Pero, ¡gracias al Señor que por medio de las situaciones y de Su Palabra, somos iluminados y nuestra vida del alma es expuesta! Cada vez que eso sucede con nosotros tenemos la oportunidad de invocarlo. Pedro tuvo esa misma experiencia: cuando su vida del alma era expuesta, él se arrepentía. El arrepentimiento corresponde a echar la vida del alma al fuego. Pedro fue muy ayudado por las palabras dichas por el Señor Jesús en Mateo 16:24. Él aprendió que necesitaba negar la vida del alma, pues de lo contrario, no podría entrar en el reino de los cielos.

El reino de los cielos está lleno de gloria (Mt 17:1-2; Ap 19:7). Si hoy realmente vivimos en la realidad del reino de los cielos, un día estaremos llenos de la vida de Dios, y nuestro rostro resplandecerá como el sol. Estamos en el proceso de desarrollar la naturaleza de Dios, y queremos perseverar hasta que nuestros vestidos también brillen como la luz. Hasta alcanzar ese patrón, necesitamos pasar por la prueba de fuego, así como el oro que pasa por el refinar en altas temperaturas. Sin embargo, aunque en el tiempo presente este periodo de purificación resulte en sufrimiento, éste no puede ser comparado con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse (Ro 8:18).

Cuando Jesús fue transfigurado delante de Pedro, Jacobo y Juan, la vida del alma de Pedro se manifestó una vez más: "Entonces Pedro dijo a Jesús: Señor, bueno es para nosotros que estemos aquí; si quieres, hagamos aquí tres enramadas: una para ti, otra para Moisés, y otra para Elías" (Mt 17:4). Por causa del cuadro glorioso que Pedro vio, fue muy impresionado y habló aquellas palabras. En el Antiguo Testamento, Moisés y Elías eran considerados como hombres de Dios (Dt 33:1; 1 R 17:24) y la palabra de Moisés era como si fuera la palabra de Dios (Ex 4:12). No obstante, la sugerencia de Pedro no vino de Dios ni tampoco del Espíritu Santo, sino que fue su opinión personal. Sin embargo, el Señor Jesús no lo reprendió: "Pedro por favor, ¿de nuevo vienes con tus opiniones? Termino de hablar que debes negar tu vida del alma y, ¡nuevamente la dejas aparecer! Te voy a castigar, voy a disciplinarte". El Señor podría haber dicho eso, pero no lo hizo, porque quería que Pedro mismo se diera cuenta de su condición. Muchas veces el Señor también actúa de esa manera con nosotros.

Algunos de estos ejemplos de las experiencias de Pedro pueden sernos útiles en cuanto al liberar adecuadamente nuestro espíritu en las reuniones y, a ser sensibles al fuego interior. Muchos hermanos acostumbran saltar en las reuniones. De entre ellos, muchos ejercitan el espíritu, alabando al Señor, y por tener un fuego ardiente en su interior, quedan como hachones vivos, "embriagados" en el espíritu (Ez 1:13; Ef 5:18). Entre los que están saltando, sin embargo, no todos necesariamente están en el espíritu. Necesitamos saber si lo que estamos haciendo proviene del espíritu. Si saltamos meramente porque los demás están saltando, necesitamos ser iluminados por el Señor, y orar: "¡Oh Señor, me arrepiento! Señor, quema mi vida del alma". Pero, si lo que estamos haciendo es verdaderamente algo que proviene del fuego del espíritu que está ardiendo en nosotros, podemos saltar, porque eso es algo que viene del espíritu. Cuando profetizamos también necesitamos aprender a liberar nuestro espíritu con realidad, para no liberar nuestra vida del alma. Nuestro compartir debe ser el fruto de un sentir interior movido por el Espíritu para transmitir gracia a los oyentes (Ef 4:29) y edificar la iglesia (1 Co 14:3, 26). Al percibir que estamos hablando en nosotros mismos, debemos volvernos inmediatamente a nuestro interior, arrepentirnos y orar: "Señor, tal vez mi profetizar está expresando la vida de mi alma. ¡Oh Señor me arrepiento! La próxima vez quiero estar lleno del Espíritu para expresar Tu vida ¡Aleluya! Esta es sólo una pequeña ilustración. El Señor muchas veces usa estas situaciones en nuestro vivir diario para exponer nuestra vida del alma. Cada vez que esto suceda debemos volvernos inmediatamente al espíritu.

En este proceso de llevarnos a negar la vida del alma, lo que el Señor Jesús hace es simplemente exponernos. No es necesario que esperemos que el Señor nos venga a disciplinar severamente cuando nuestra vida del alma se exprese de una manera muy intensa. Sino que debemos ser sensibles al hablar del Señor en todo momento, invocarlo y decir: "Señor Jesús, una vez más mi vida del alma apareció. Me arrepiento y echo toda esta situación en Tu fuego purificador. Señor Jesús, perdóname. ¡Alabado sea el Señor!". El resultado es que cada parte de nuestra vida del alma será quemada y cada día seremos más llenos de la vida y de la naturaleza divina.

Punto Clave: El Señor nos expone para quemar nuestra vida del alma.

Pregunta: ¿Cómo trataba el Señor con Pedro cuando éste exponía su vida del alma?


 

 

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Semana 10 --- La experiencia de Pedro de negar la vida del alma

Viernes --- Leer con oración: Mt 17:24-27; 18:21-22; 26:31-35, 69-75

"Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho" (Lc 22:61a)

Iluminados en el espíritu

La manera como el Señor trata con nosotros es exponiendo nuestra vida del alma. Al ser iluminados, debemos buscarlo en oración y llevar al fuego santificador del Espíritu lo que fue expuesto, a fin de que sea eliminado.

En Mateo 17:24-25a leemos: "Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? El dijo: Sí". En ese episodio, una vez más Pedro fue expuesto en su ser natural, al responder precipitadamente sin consultar al Señor.

Después de eso: "Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños?" (v. 25). En el concepto natural de Pedro, todos debían pagar el impuesto del templo, ya que eso era su práctica, de acuerdo a su costumbre y tradición, es decir, era algo que provenía de su alma. Incluso por haberse equivocado nuevamente, el Señor no lo reprendió. Antes bien, fue compasivo con él, lo mandó al mar a tirar un anzuelo para pescar un pez, y así encontrar una moneda en la boca del pez y con ella pagar el impuesto por él y por el Señor (vs. 26-27). Pedro no encontró otro modo de solucionar la situación, sino obedecer al Señor Jesús. Cuando esperaba al pez, ciertamente tuvo tiempo para arrepentirse por haber respondido por el Señor antes de consultarle (v. 27). Durante ese tiempo, ciertamente Pedro fue iluminado y quemado por el fuego en su interior, y así se pudo arrepentir.

En el alma de Pedro también había mucha bondad, conforme a lo que leemos en Mateo 18:21: "Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?". En esa pregunta de Pedro vemos que su patrón era bastante elevado, tal vez hasta esperaba que el Señor lo elogiara. Podemos decir que el hombre en su ser natural, por causa de su naturaleza pecaminosa, no logra perdonar siete veces; tal vez a lo sumo llegue a perdonar cuatro veces. Entonces, el Señor Jesús le respondió: "No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete" (v. 22). Una vez más el Señor Jesús ayudó a Pedro, al iluminar y exponer su vida del alma. El Señor le mostró que su patrón necesitaba aumentar, ya que su vida del alma era limitada para perdonar. Nuevamente Pedro pudo someter su vida del alma al fuego santo, que ardía en su espíritu, para quemar ese aspecto de ella. Siempre que la vida del alma de Pedro aparecía, aprendía una lección.

Otro ocasión fue cuando él negó al Señor tres veces. El Señor Jesús le había dicho: "Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea" (Mt 26:31-32). El alma buena de Pedro apareció de nuevo diciendo: "Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré" (v. 33). No obstante, el Señor le replicó: "De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces" (v. 34). Pedro no tomó en cuenta las palabras del Señor e insistió en decir: "Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo" (v. 35). En seguida el Señor fue al Getsemaní y después de eso fue aprisionado y llevado al patio de la casa del sumo sacerdote, en donde fue juzgado. Pedro también entró en el patio y fue reconocido por una criada que le dijo: "Tú también estabas con Jesús el galileo" (v. 69). Así, Pedro por primera vez negó al Señor: "No sé lo que dices" (v. 70). Al salir a la puerta, le vio otra criada, y dijo a los que estaban allí: "También éste estaba con Jesús el nazareno" (v. 71). Por segunda vez Pedro negó el Señor: "No conozco al hombre" (v. 72). Un poco después, acercándose los que por allí estaban, dijeron a Pedro: "Verdaderamente también tú eres de ellos, porque aun tu manera de hablar te descubre" (v. 73). Finalmente por tercera vez Pedro negó al Señor: "Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo (v. 74).

Apenas Pedro negó al Señor por tercera vez el gallo cantó y se acordó de las palabras de Jesús, que le había dicho: "Antes que cante el gallo, me negarás tres veces" (v. 75) Y saliendo fuera, lloró amargamente, pues en su vida del alma, había afirmado categóricamente que, si fuese necesario, moriría por el Señor. Cuando el gallo cantó después de haber negado al Señor por tercera vez, fue nuevamente expuesto. Además, Lucas 22:61 también registra: "Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro; y Pedro se acordó de la palabra del Señor, que le había dicho: Antes que el gallo cante, me negarás tres veces". La mirada del Señor a Pedro en esa ocasión ciertamente fue muy fuerte, ya que él salió y lloró amargamente.

Así como Pedro tuvo muchas experiencias de negar su vida del alma, esperamos que todos nosotros también seamos frecuentemente iluminados en el espíritu. En muchas situaciones, nuestra vida del alma aparece, principalmente cuando hay diferencias entre los hermanos. Uno afirma que está en lo correcto, y el otro dice que también lo está; por otro lado, cuando uno de ellos reconoce que está equivocado, termina la discusión. Esto también se aplica a la vida matrimonial. Cuando el marido y la mujer perciban cualquier cosa que puede generar una discusión entre ellos, pueden aplicar lo que hemos aprendido con Pedro: ir delante del Señor, humillarse y arrepentirse. Aunque pensemos que estamos en lo correcto cien por ciento, todavía hay una mezcla de nuestra vida del alma. De esa manera, lo mejor que podemos hacer es volvernos al espíritu y permitir que el fuego del Espíritu queme todo razonamiento e ira.

A medida que nuestra vida del alma sea consumida, sólo quedará la vida de Dios, con la cual podremos expresar Su naturaleza, que es amor, pues Dios es amor. De esa manera, tendremos un amor no fingido entre los hermanos. ¡Aleluya!

Punto Clave: Volverse al espíritu y permitir que el fuego santo queme la vida del alma.

Pregunta: ¿Qué lecciones podemos aplicar a nuestra vida con las experiencias de Pedro mencionadas en este día?


 

 

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Semana 10 --- La experiencia de Pedro de negar la vida del alma

Sábado --- Leer con oración: Hch 2:14, 41; 6:7; 9:31; 12:17; 21:18

"Yo a la verdad os bautizo en agua para arrepentimiento; pero el que viene tras mí, cuyo calzado yo no soy digno de llevar, es más poderoso que yo; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego" (Mt 3:11)

Bautismo en Espíritu Santo y con fuego

Pedro tuvo una impresión muy profunda sobre lo que Juan el Bautista había dicho: "Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego". Pedro era un hombre duro y fuerte, su vida del alma era como una piedra. Él percibió que el Espíritu era el fuego santificador y que ardía continuamente dentro de él. Puesto que su deseo era reinar, él comenzó a aprovechar todas las situaciones que le sobrevenían para experimentar el bautismo en fuego y eliminar las impurezas de su alma. Por haber tenido esa experiencia, Pedro pudo escribir: "Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que os ha sobrevenido, como si alguna cosa extraña os aconteciese" (1 P 4:12). Cada vez que la vida del alma de Pedro era expuesta, él se volvía al espíritu y la echaba al fuego, por eso no necesitó sufrimientos exteriores para ser transformado.

Cuando estaba en Jerusalén, cumpliendo su apostolado, Pedro era una persona llena de poder (Hch 2:14, 41). Cuando él predicaba el evangelio, hasta los sacerdotes y fariseos se convertían (6:7). De esa manera, muchos sacerdotes entraron a la iglesia, que crecía cada día en número (9:31). Después de esa experiencia, Pedro tal vez cometió un error al permitir que los sacerdotes y los demás fariseos convertidos, quizá por considerarlos personas muy experimentadas, asumiesen la administración de la iglesia en Jerusalén.

En el comienzo, el liderazgo de la iglesia en Jerusalén estaba solamente bajo la responsabilidad de los apóstoles. Con el paso del tiempo, fueron introducidos nuevos ancianos, y la influencia de éstos en el liderazgo de la iglesia aumentó cada vez más. Por ejemplo, el establecimiento de Jacobo como apóstol, que era hermano de sangre del Señor Jesús, puede haber sido un intento de conciliar a esos ancianos que se inclinaban hacia las prácticas judías y a los apóstoles neotestamentarios. En el tiempo en que Jesús estaba en la tierra, Jacobo no era Su discípulo ni creía en Él (Jn 7:5). Él nunca siguió a Jesús y estaba totalmente bajo la influencia del judaísmo (Gá 2:12). Por causa de eso, las prácticas o costumbres del judaísmo fueron introducidas en la iglesia (Hch 15:1, 4-5; 21:23-24). Jacobo llegó a ser el líder principal entre los apóstoles y ancianos (Hch 12:17; 21:18). Pedro ya no era tan fuerte ni tan osado como cuando la iglesia en Jerusalén comenzó, al punto de no discutir más, y poco a poco se retiró de en medio de ellos para servir en otros lugares (1 P 1:1; 5:13)..

Punto Clave: Experimentar frecuentemente el bautismo de fuego santificador del Espíritu.

Pregunta: ¿Cuáles fueron las experiencias que Pedro tuvo en Jerusalén que lo ayudaron a eliminar las impurezas de su alma?


 

 

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Semana 10 --- La experiencia de Pedro de negar la vida del alma

Domingo --- Leer con oración: Jn 3:16; 1 P 1:1-7, 23; 2 P 1:3-4, 7

"Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia" (2 P 1:4)

La meta de las epístolas de Pedro

Pedro aprendió muchas lecciones al negar la vida del alma. Por esa razón, cuando llegó a una edad avanzada, pudo contar sus experiencias. En su primera epístola dio énfasis a la vida de Dios, al hecho de que hemos sido regenerados: "Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre" (1 P 1:23). No obstante esta vida divina necesita crecer así como sucede en el proceso del crecimiento humano, en donde los hijos crecen hasta alcanzar la estatura y madurez de sus padres. De igual manera, el objetivo de Dios es que un día, por medio de nuestro crecimiento espiritual, seamos totalmente iguales a Él (1 Jn 3:2).

Pedro pasó por esa experiencia de crecimiento, por eso nos dijo: "Desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación" (1 P 2:2). Así como una semilla corruptible brota, crece y toma la forma de una planta, Cristo como la semilla incorruptible, también será formado en nosotros. Para que Él pueda crecer y desarrollarse, debemos desear como niños recién nacidos la leche espiritual de la palabra, cediendo así espacio en nuestra alma, a fin de que la vida de Dios ocupe todo nuestro ser. Necesitamos renunciar a nuestra vida del alma para que la vida de Dios crezca y ocupe el lugar que era ocupada por ella en nuestra vida. Mientras más espacio nuestra vida del alma ceda, más la vida de Dios crecerá en nosotros, hasta que toda la vida del alma sea despojada, para que estemos llenos de la vida de Dios. Entonces, en Su segunda venida, recibiremos alabanza del Señor, pues estaremos llenos de la vida y de la naturaleza divina.

La segunda Epístola de Pedro da énfasis a la naturaleza de Dios. Por causa de la obra del Dios Triuno, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas y llegamos a ser participantes de la naturaleza divina y recibimos sus preciosas y grandísimas promesas (1:3-4). En la medida que dejamos que la vida divina crezca en nosotros y la naturaleza de Dios se desarrolle, expresaremos a Dios mismo que es amor (v. 7a).

Este es el deseo del Señor Jesús para cada uno de nosotros y por causa de eso Él nos dio la vida de la iglesia, que es el lugar donde podemos negar la vida del alma y permitir que la vida y la naturaleza de Dios crezcan y se desarrollen en nosotros. Este es el camino que lleva a la manifestación del reino de los cielos, por eso necesitamos tener esta visión y también practicarla. Un día seremos iguales a Pedro, Jacobo y Juan; entraremos de hecho en el reino milenario. Así como el Señor Jesús, nuestro rostro también resplandecerá como el sol, porque nuestra vida será igual a la vida de Dios, y nuestros vestidos serán blancos como la luz, porque resplandeceremos, expresando así totalmente la naturaleza de Dios. ¡Aleluya!

Punto Clave: Entrar en el reino milenario.

Pregunta: ¿Cuál es el encargo principal de las epístolas de Pedro?

 

 



 
Nuestro proposito no es comunicar conocimiento, ni métodos bíblicos a los santos, sino ayudar a los que ya siguen al Señor y caminan en esta senda con el objeto de avanzar.
Watchman Nee
 
El verdadero ministerio se concibe en el vientre del sufrimiento, nace con fatiga y con dolor, y se mece en una cruz.
Ciertamente hay un camino solitario para los que buscan andar con Dios. Pero cuando andemos con el Señor, vamos a encontrar compañia en otros que tambien conocieron el rechazo y el sufrimiento cuando  anduvieron con Dios, y aprendieron sus caminos


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