Estados Unidos en una crisis moral
Arizona Daily Star | Posted: Friday, April 8, 2011
Una frazada delgada yace arrugada en el suelo del desierto de Arizona. Me hallo en compañía de otros unitarios universalistas, como yo. Caminamos por una senda conocida por ser utilizada por los inmigrantes que vienen desde México. Nuestro guía ha sido parte de un grupo que salva vidas a través de dejar agua en las sendas usadas por los migrantes.
Esta frazada no podría abrigar lo suficiente en la fría noche invernal del desierto. ¿Sería usada para envolver a un niño pequeño? ¿Habrá sido aprehendido su propietario por la Patrulla Fronteriza? ¿Acaso su dueño sería un pollero o contrabandista que lograra evadir la fuerte seguridad? O quizás su cuerpo sin vida estará cerca de ahí.
El año pasado 252 migrantes murieron en medio del desierto de Arizona.
Más temprano ese mismo día habíamos ido a Nogales, Sonora, y visitamos a inmigrantes que no habían logrado eludir la captura. Sus relatos revelan la realidad humana que las estadísticas y las abstracciones obscurecen.
Todas las historias escuecen; los relatos de los niños te rompen el corazón.
Flor, de 12 años, estaba en el comedor con su madre y su hermano menor. Ha vivido en Estados Unidos por siete años y habla el inglés con fluidez. Flor, sus padres y su hermano menor regresaron a México para estar con su abuelo durantes sus últimos días.
De camino a casa, hacia Estados Unidos, la familia fue capturada en el desierto. Su padre fue separado de ellos y enviado a una ciudad diferente. Esto no sucedió por accidente. La Agencia de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) separa a las familias como una cuestión rutinaria.
Debo haber hablado con una docena de inmigrantes. Algo me sorprendió, me sigue persiguiendo. Ni una sola de estas personas, ni una, habló de venir a Estados Unidos para tener una mejor vida para ellos mismos. Se arriesgaron a morir al cruzar el desierto por sus familias.
Arriesgan sus vidas para alimentar a sus hijos o para enviar dinero a casa a las esposas, hijos y padres. Algunos arriesgan sus vidas para reunir a sus familias.
Nosotros en este País estamos tan motivados por la tecnología y la ideología del éxito personal que tenemos dificultades para entender que la ambición personal está completamente ausente de estas personas. El desierto y el ICE podrían disuadir a la gente cuya motivación radicase en la ambición personal. Pero no hay manera de detener a un padre que procura alimentar a sus hijos o a una madre que trata de reunirse con ellos.
Antes morirán que dejar de intentarlo. Y muchos de ellos desdichadamente morirán.
No pretendo tener todas las respuestas para esta crisis humanitaria. Entiendo que la gente preocupada y de buena voluntad diferirá probablemente sobre qué políticas públicas impulsar.
Pero si algo sé es esto: lo que vi que sucede a los migrantes en nuestra frontera me hizo sentirme profundamente avergonzado de mi País. La gran mayoría de los ciudadanos de Estados Unidos, de cualquier persuasión política, se sentirían de la misma manera si hubiesen presenciado lo que se hace en nuestro nombre.
Escuchamos relato tras relato sobre la brutalidad del ICE -de botellas de agua vaciadas, medicinas aventadas al desierto, de niños separados de sus padres.
Líderes de cada tradición de fe se pronuncian contra lo que hacemos: católicos romanos, protestantes evangelicalistas, protestantes históricos, judíos, musulmanes. Me siento orgulloso de lo que nuestras congregaciones unitarias universalistas hacen en Arizona.
Pero sus esfuerzos heroicos no son en absoluto suficientes. Esta es una crisis moral para Estados Unidos.
Espero que el propietario de la frazada arrugada esté bien. Temo lo peor. Y temo por nosotros.
El Reverendo Peter Morales es presidente de la Asociación de Congregaciones Unitarios Universalistas









