“Ningún dolor que suframos, ninguna prueba que experimentemos son en
vano. Éstos ayudan a nuestra educación, al desarrollo de cualidades
tales como la paciencia, fe, fortaleza y humildad. Todo lo que sufrimos…
forja nuestros caracteres, purifica nuestros corazones, expande nuestras
almas y nos hace más tiernos y caritativos…”
(Kenneth H. Beesley, “Cuál es el propósito del sufrimiento” New Era, abril de
1975, pág. 36)