Diario Rotativo de Querétaro
Historia uno
Aunque pedía a gritos que le permitieran tocarlo, Alma Minerva Chacón sólo pudo ver a su bebé recién nacido de lejos, en brazos de una enfermera, custodiada por varios policías.
Era noviembre. Chacón, una mexicana indocumentada detenida horas antes por no tener papeles migratorios, acababa de dar a luz esposada de pies y manos. Pese a que rogó, tampoco se le dio la oportunidad de contarle los dedos. Se le prohibió cargar a su hijo por considerar que podría intentar escapar en cualquier momento.
"Si nadie viene por su bebé en 72 horas tendrá que ser entregado a los servicios sociales", amenazó un alguacil de Maricopa, Arizona, considerado el condado más duro contra la migración indocumentada en Estados Unidos.
"Dio a luz esposada de pies y manos. ¡De pies y manos! Es una madre a la que no se le permitió cargar a su bebé. Eso es inhumano", recuerda mes y medio después su pastora, Magdalena Schwartz.
La activista narra que lo ocurrido ese día, a principios del mes pasado, conmocionó a la comunidad hispana de Phoenix, confrontada por la mano dura del sheriff local, Joe Arpaio, autodeclarado enemigo jurado de la migración ilegal.
"A Alma le pusieron grilletes, y aunque el equipo médico pidió que la liberaran, los alguaciles se negaron", dice Schwartz, cuya iglesia (evangélica) ha recopilado historias como la anterior, que muestran la realidad en la que viven miles de migrantes mexicanos y centroamericanos en Maricopa.
Pero Arpaio, sheriff desde hace casi 20 años, a quien nadie ha logrado derrotar en una elección, sostiene que el protocolo seguido con Chacón fue el adecuado, pues pudo haber utilizado algún instrumento médico para atacar a los oficiales o intentar escapar a la primera oportunidad.
"No es la primera vez que algo así pasa en Estados Unidos", asegura. "Esta mujer fue arrestada por un crimen grave y tuvo al bebé en el ala médica de la cárcel. Por razones de seguridad decidimos esposarla, es todo".
-Pero una mujer embarazada no va a correr, no va a tratar de escapar mientras da a luz.
-Uno nunca sabe lo que va a pasar en los hospitales de la cárcel. Asumo que hay equipo médico alrededor, y algo podía pasar con ese equipo, ya sabe. Es una decisión que se tomó en ese momento. No fue la primera vez que haya pasado en nuestra cárcel.
En la prisión en la que Chacón dio a luz hay un rótulo de al menos cinco metros de largo que fue colgado recientemente. "¡Ayudemos al sheriff a combatir la migración ilegal!", se lee.
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Historia dos
Verano de 2009: Cuando Leopoldo Arteaga por fin cayó al piso, empujado por dos alguaciles del sheriff de Maricopa, su nariz estalló en cuatro pedazos y el mundo se hizo negro.
"Me estaba ahogando con mi sangre", recuerda este ciudadano estadunidense de 65 años de edad, nacido en Michoacán, pero naturalizado hace más de dos décadas. ¿Su delito? Manejar a exceso de velocidad. Y parecer mexicano, asegura.
"Cuando iba a sacar mi cartera pensaron que iba a atacarlos con mi machete y me torcieron los brazos", narra. "Después me pusieron una zancadilla y caí con las narices en el pavimento". El asfalto, ardiendo en el verano desértico de Arizona, le quemó el rostro.
Arteaga insiste en que fue detenido por "parecer mexicano", una práctica que en Arizona es conocida como "perfilismo racial", supuestamente empleada por los alguaciles de Arpaio para medir con un rasero mucho más estricto a quienes son de origen latino.
Algunos en la clase política local concuerdan.
"Arpaio tiene bajo su bota a los hispanos", lamenta Ben Miranda, diputado estatal de origen mexicano y uno de los pocos hispanos que ha logrado penetrar en la política de Arizona, aún dominada por mayoría blanca.
Miranda, uno de los críticos más acérrimos del sheriff, aclara: "Es un racista. Como abogado, represento a dos personas que tienen quejas contra Arpaio. Uno duró 12 días en una de sus cárceles, pese a que tenía todos los permisos de trabajo. En mi opinión se utilizó perfilismo racial para encarcelar al individuo".
-Racismo en Arizona, en pleno siglo XXI, con un presidente negro en la Casa Blanca...
Lo que ocurre aquí no es raro. Ha pasado muchas veces. Si sales a las calles y tienes la piel como yo, si eres latino, corres el riesgo de que te vayan a detener si no puedes establecer que eres residente permanente.
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¿Por qué Maricopa es tan dura con los migrantes? La respuesta podría estar en la historia. Tanto en la distante como en la reciente.
Fundada por rancheros y mineros, ciudad de la Confederación y defensora del esclavismo en el siglo XIX, Maricopa fue lanzada al centro del debate sobre la migración hace una década con el cambio del flujo migratorio mexicano de California y Texas al desierto de Arizona.
Miles de mexicanos aprovecharon la infraestructura de Phoenix, enclavada en el centro del condado, para llegar desde ahí a otros puntos de Estados Unidos. Otros optaron por quedarse. Y el panorama racial de la entidad comenzó a cambiar.
En menos de 20 años el condado dejó de ser un reducto de blancos para volverse cada vez más mexicano. De 345 mil hispanos que residían en Maricopa a principios de los años 90, la cifra escaló a un millón 182 mil en 2007, un incremento de 120 por ciento, el cuarto más importante en Estados Unidos.
El cambio demográfico y étnico ha sido tal que en algunas escuelas la proporción de hispanos en relación con los blancos es de dos a uno. El censo estadunidense calcula que de mantenerse este ritmo migratorio, Arizona será en 2015 un estado en el que las minorías (mexicanos) serán mayoría, como ya sucede en California y Texas.
Es ahí donde entra Arpaio. Sus defensores, el campo antimigrante, dicen que sólo hace su trabajo y que enfrenta la crisis migratoria con el aplomo y las "tripas" que el gobierno federal de Washington no ha querido mostrar.
Retan: si quieren sacarlo, vénzanlo en las urnas. Pero eso parece prácticamente imposible. El sheriff ha ganado todas las elecciones desde 1992, las últimas tres (2000,2004 y 2008) con ventajas de dobles dígitos.
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Si bien la izquierda y los liberales lo detestan, los conservadores lo aplauden e identifican como símbolo de la cultura ranchera que moldeó Arizona durante los siglos XIX y XX.
Lo cierto es que ha polarizado la sociedad de ese estado y las pasiones en torno a las políticas raciales de Arpaio ya llegaron las calles. El pasado 30 de noviembre, en la Universidad de Phoenix, un centenar de personas acudió a exigir la renuncia del sheriff. Pero al mismo tiempo otro centenar acudió en su defensa.
En medio había un cordón de la policía para separar a un bando del otro. Hubo empujones e insultos. Algunas pancartas: "Criminal de guerra", "Los mexicanos también son humanos", "¿Arpaio, quién crees que cosecha tu comida?" Del otro lado: "¡Lárguense, ilegales!", "América para los americanos" y "El sheriff es mi sheriff".
Su base de simpatizantes es leal.
"Si nuestros gobernantes y los demás sheriffs en este estado hicieran su trabajo Arpaio no sería nadie. Pero nadie hace nada sobre los migrantes. No nos queda nadie más. Sólo él. Joe es nuestra última línea de defensa", dice Allen Becker, veterano de guerra.
Llevaba en las manos un cartel: "¡Lárguense, mexicanos!"
Víctor Hugo Michel / Arizona
