José trabajaba en una empresa desde hacía años. Siempre fue muy serio, dedicado y cumplidor de sus obligaciones. Llegaba puntual y estaba orgulloso porque nunca recibió una amonestación. Cierto día buscó al Gerente para hacerle un reclamo:
-Señor, trabajo en la empresa con bastante esmero, usted nunca me pilló "haciendo tiempo", pero siento que he sido postergado. Mire, Fernando ingresó a un puesto igual al mío hace sólo 6 meses y ya ha sido promovido a Supervisor. Yo puedo hacer lo mismo que él y mejor aún, llevo más tiempo aquí.
-¡Uhmm! -mostrando preocupación, le dice el gerente:
-Mientras resolvemos ésto, quisiera pedirte que me ayudes a resolver un problema. Quiero dar fruta al personal para la sobremesa del almuerzo de hoy. En la bodega de la esquina venden fruta. Por favor, averigua si tienen naranjas.
José se esmeró en cumplir con el encargo y en 5 minutos estaba de vuelta.
-Bueno José, ¿qué averiguaste?
-Señor, tienen naranjas para la venta.
-¿Y cuánto cuestan?
-¡Ah!.... No pregunté por éso.
-Ok, ¿pero viste si tenían suficientes naranjas para todo el personal?
-Tampoco pregunté por éso señor.
-¿Hay alguna fruta que pueda sustituir las naranjas ?
-No sé señor, pero creo...
-Bueno, siéntate un momento.
El Gerente tomó el teléfono y mandó llamar a Fernando. Cuando se presentó, le dio las mismas instrucciones que le diera a José y en 10 minutos estaba de vuelta.
Cuando regresó le preguntó:
-Bien Fernando, qué noticias me tienes?
-Señor, tienen naranjas, las suficientes para atender a todo el personal, y si prefiere también tienen manzanas, kiwis, melón y uvas. La naranja está a 1,5 pesos el kilo, el kiwi a 2,2, las uvas a 0,9 el kilo, la manzana y el melón a 2,8 pesos el kilo. Me dicen que si la compra es por cantidad, nos darán un descuento del 8%. He dejado separadas las naranjas pero si usted escoge otra fruta debo regresar para confirmar el pedido.
-Muchas gracias Fernando, pero espera un momento..
Se dirige a José, que aún seguía esperando estupefacto y le dice:
-José, qué me decías?
-Nada señor, éso es todo, muchísimas gracias, con su permiso..
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Los 10 mandamientos para la educación de los hijos
1. No decidas por ellos. 2. No hagas lo que ellos puedan haer. 3. Da ejemplo de lo que pregonas. 4. Pon límites de acuerdo a cada uno. 5. Dialoga, siempre dialoga. 6. Pregunta, no respondas. 7. Vive con ellos y no sobre ellos. 8. No sólo les des las cosas. 9. Integra y vencerás. 10. Evita preferencias y prejuicios.
Enviado por Lic. Graciela E. Prepelitchi [gra.prepelitchi@...]
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Comience por dar todo lo que pida. así se criara con la idea de que el mundo le debe todo.
Cuando diga mala palabras. celébreselo, eso le hará pensar que es muy gracioso.
Nunca le de enseñanzas espirituales.espere a que cumpla los 21 años y el decida por su libre Albedrío.
Recójale todo lo que deje tirado. libros, zapatos, ropa, juguete, no le permita valerse por si mismo así se acostumbrará a echarle la culpa a los demás.
Riña a menudo con su pareja en presencia del niño. así no le impresionara demasiado cuando el hogar se deshaga.
Déle de niño todo el dinero que pida. nunca le permita que el se lo gane por si mismo porque dejar que pase por los trabajos que nosotros pasamos?
Satisfaga todos sus caprichos en cuanto a comida, bebida y comodidades ya que la privacidad de todo esto podría causarle un "trauma".
Apóyelos en cualquier discusión que tenga con los vecinos, amigo, maestros, compañeros." es que todos le tienen envida al niño.
"Cuando su hijo crezca y se encuentre en serios problemas. discúlpalo diciendo:" ah nunca pude controlar a ese muchacho".
Si usted actúa de esta manera prepárese para tener una vida llena de pesares ya que lo mas probable es que usted mismo lo forjó de esta manera.
Enviado por Graciela E. Prepelitchi
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Que el viento siempre esté detrás de ti y la lluvia caiga suave sobre tus campos; y hasta que nos volvamos a encontrar que Dios te sostenga con el puño de su mano. Que vivas por el tiempo que tú quieras y que nunca quieras vivir tanto como vives. Recuerda siempre olvidar las cosas que te entristecieron, nunca te olvides de recordar las cosas que te alegraron. Recuerda siempre olvidar a los amigos que resultaron falsos. Pero nunca olvides recordar a aquellos que permanecieron contigo.
Recuerda siempre olvidar los problemas que ya pasaron. Nunca olvides recordar las bendiciones de cada día. Que tus bolsillos estén pesados y tu corazón ligero. Que la buena suerte te persiga y, cada día y cada noche tengas muros contra el viento, y un techo para la lluvia, bebidas junto a la fogata, risas para consolarte y a los que amas cerca de ti, y todo lo que tu corazón desee. Que Dios esté contigo y te bendiga, que veas a los hijos de tus hijos, que el infortunio sea pobre y seas rico en bendiciones, que no conozcas nada más que la felicidad desde este día en adelante. Que Dios te conceda muchos años de vida, de seguro Él sabe que la tierra no tiene suficientes ángeles.
Enviado por De: Martha Ochoa
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Un día, un becerro atravesó un bosque virgen para volver a su pastura. Como era un animal y no podía darse cuenta, abrió un sendero tortuoso, lleno de curvas, subiendo y bajando colinas para llegar donde quería. Al día siguiente, un perro usó ese mismo sendero para atravesar el bosque.
Después fue el turno de un carnero, jefe de un rebaño, que viendo el camino marcado hizo a sus compañeros seguir por allí. Más tarde, los hombres comenzaron a usar ese sendero: entraban y salían, giraban a la derecha y a la izquierda, descendían, se desviaban de obstáculos, quejándose y maldiciendo, con toda razón. Pero no hacían nada para crear una nueva alternativa. Después de tanto uso, el sendero acabó convertido en un amplio camino donde los pobres animales se cansaban bajo pesadas cargas, obligados a recorrer en tres horas una distancia que podría haber sido vencida en treinta minutos, si no hubieran seguido el sendero abierto por el becerro.
Pasaron muchos años y el camino se convirtió en la calle principal del poblado y, finalmente, en la avenida principal de la ciudad. Todos se quejaban del trayecto porque peor no podía ser.
Mientras tanto, el sabio bosque se reía, al ver que los humanos tienen la tendencia a seguir ciegamente los caminos que ya han sido abiertos, sin cuestionarse nunca si esa es la mejor elección.
Pablo Cohelo
Enviado por Lic. Graciela E. Prepelitchi [gra.prepelitchi@...]
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El alma no crece en los árboles, sin embargo se nutre de nuestro entorno, como el cuerpo de la comida.
El alma necesita ser alimentada con visiones hermosas, palabras que llenen... o por quien sabe besar el alma.
Besar el alma es saber tener paciencia, comprensión, y nunca juzgar a nadie, simplemente aceptar las personas como son...
Besar el alma es abrazarse cuando hay soledad, cuando se está triste... sin decir nada, solo sostenerse con ese abrazo de apoyo.
Besar el alma, es sentarse juntos cuando no hay necesidad de hablar, cuando solo hace falta el silencio, al no hacer preguntas...
Besar el alma, es sentir otras manos que dan apoyo fortaleciendo esa esperanza de vida y de compañía. Besar el alma, es decir un te quiero con la mirada...
Besar el alma... es fácil, solo basta que decidamos bajar del pedestal del orgullo que muchas veces nos rodea y nos consume.
Besar el alma... ¿cuántos de nosotros necesitamos de ese beso en el alma que nunca llega? ¡!
Autor: Desconocido
Enviado por Asun Carretero [asuncarretero@...]
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Escrito en un mural de la Universidad Nacional de la Plata
Enviado por Asun Carretero [asuncarretero@...]
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Hace mucho tiempo, una joven China llamada Li se casó y fue a vivir con el marido y la suegra. Después de algunos días, no se entendía con ella. Sus personalidades eran muy diferentes y Li fue irritándose con los hábitos de la suegra, que frecuentemente la criticaba. Los meses pasaron y Li y su suegra cada vez discutían más y peleaban.
De acuerdo con una antigua tradición china, la nuera tiene que cuidar a la suegra y obedecerla en todo. Li, no soportando más vivir con la suegra, decidió tomar una decisión y visitar a un amigo de su padre. Después de oírla, él tomó un paquete de hierbas y le dijo: "No deberás usarlas de una sola vez para liberarte de tu suegra, porque ello causaría sospechas. Debes darle varias hierbas que irán lentamente envenenando a tu suegra. Cada dos días pondrás un poco de estas hierbas en su comida. Ahora, para tener certeza de que cuando ella muera nadie sospechará de ti, deberás tener mucho cuidado y actuar de manera muy amigable. No discutas, ayúdala a resolver sus problemas. Recuerda: Tienes que escucharme y seguir todas mis instrucciones". Li respondió: "Si, Sr. Huang, haré todo lo que me pide". Li quedó muy contenta, agradeció al Sr. Huang, y volvió muy apurada para comenzar el proyecto de asesinar a su suegra. Pasaron las semanas y cada dos días, Li servía una comida especialmente tratada a su suegra.
Siempre recordaba lo que el Sr. Huang le había recomendado sobre evitar sospechas, y así controló su temperamento, obedecía a la suegra y la trataba como si fuese su propia madre. Después de seis meses, la casa entera estaba completamente cambiada. Li había controlado su temperamento y casi nunca aborrecía a su suegra.
En esos meses, no había tenido ni una discusión con ella, que ahora parecía mucho más amable y más fácil de lidiar con ella. Las actitudes de la suegra también cambiaron y ambas pasaron a tratarse como madre e hija.
Un día Li fue nuevamente en procura del Sr. Huang, para pedirle ayuda y le dijo: "Querido Sr. Huang, por favor ayúdeme a evitar que el veneno mate a mi suegra. Ella se ha transformado en una mujer agradable y la amo como si fuese mi madre. No quiero que ella muera por causa del veneno que le di". El Sr. Huang sonrió y señaló con la cabeza: "Sra. Li, no tiene por qué preocuparse. Su suegra no ha cambiado, la que cambió fue usted. Las hierbas que le di, eran vitaminas para mejorar su salud. El veneno estaba en su mente, en su actitud, pero fue echado fuera y sustituido por el amor que pasaste a darle a ella". En la China existe un adagio que dice: "La persona que ama a los otros, también será amada". La mayor parte de las veces recibiremos de las otras personas lo que les damos y por eso ten cuidado!!! Acuérdate siempre: "El plantar es opcional, pero la cosecha es obligatoria, por eso ten cuidado con lo que plantas"
Enviado por Mauricio Katanella
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Dos Angeles viajeros se pararon para pasar la noche en el hogar de una familia muy adinerada.
La familia era ruda y no quiso permitirle a los Angeles que se quedaran en la habitación de huéspedes de la mansión. En vez de ser así, a los Angeles le dieron un espacio pequeño en el frío sótano de la casa. A medida que ellos preparaban sus camas en el duro piso, el Angel más viejo vio un hueco en la pared y lo reparó. Cuando el Angel más joven preguntó ¿por qué?, el Angel más viejo le respondió, "Las Cosas no siempre son lo que parecen."
La siguiente noche, el par de Angeles vino a descansar en la casa de un señor y una señora, muy pobres, pero el señor y su esposa eran muy hospitalarios. Después de compartir la poca comida que la familia pobre tenía, la pareja le permitió a los Angeles que durmieran en su cama donde ellos podrían tener una buena noche de descanso.
Cuando amaneció, al siguiente día, los Angeles encontraron bañados en lágrimas al Señor y a su Esposa. La única vaca que tenían, cuya leche había sido su única entrada de dinero, yacía muerta en el campo. El Angel más joven estaba furioso y preguntó al Angel más viejo, ¿cómo pudiste permitir que esto hubiera pasado? El primer hombre lo tenía todo, sin embargo tú lo ayudaste; El Angel más joven le acusaba.
La segunda familia tenía muy poco, pero estaba dispuesta a compartirlo todo, y tú permitiste que la vaca muriera.
"Las Cosas no siempre son lo que parecen," le replicó el Angel más viejo. "Cuando estábamos en aquel sótano de la inmensa mansión, yo noté que había oro almacenado en aquel hueco de la pared. Debido a que el propietario estaba tan obsesionado con avaricia y no dispuesto a compartir su buena fortuna, yo sellé el hueco, de manera tal que nunca lo encontraría."
"Luego, anoche mientras dormíamos en la cama de la familia pobre, el ángel de la muerte vino en busca de la esposa del agricultor. Y yo le di a la vaca en su lugar. "Las Cosas no siempre son lo que parecen."
Enviado por Asun. Carretero
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12 pasos del programa de la recuperación para adictos de Web
1. - Tomaré una taza de café por la mañana y leeré mi periódico, antes de ir a la Web.
2. - Comeré desayuno con un cuchillo y tenedor y no con una mano para mecanografiar con la otra.
3. - Me vestiré antes del mediodía.
4. - Haré un intento de limpiar la casa, lavar ropa y planear la cena antes de usar la computadora.
5. - Escribiré una carta a esos amigos desafortunados y familia que son carentes de Web.
6. - Llamaré a alguien en el teléfono con el que no puedo contactarme vía Web.
7. - Leeré un libro.... si es que puedo todavía recordar cómo.
8. - Escucharé las necesidad de otros y dejaré de decirles que bajen la TV así yo podre escuchar la música.
9. - No estaré tentado a buscar el correo durante comerciales de la TV.
10. - Trataré de salir de la casa por lo menos una vez a la semana.
11. - Recordaré que el banco no perdona si me olvido de cuadrar mi chequera.
12. - Por último, aunque no por ello menos importante, recordaré que debo ir a la cama algún día.... que la Web estará ahí mañana y siempre.
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Estoy aprendiendo a aceptar a las personas, aun cuando ellas me decepcionan, cuando huyen del ideal que tengo para ellas, cuando me hieren con palabras ásperas o acciones impensadas.
Es difícil aceptar las personas como ellas son, sin que sean como deseamos que ellas sean. Es difícil, muy difícil, pero estoy aprendiendo.
Estoy aprendiendo a amar. Estoy aprendiendo a escuchar. Escuchar con los ojos y oídos. A escuchar con el alma y con todos los sentidos. Escuchar lo que dice el corazón, lo que dicen los hombros caídos, los ojos, las manos inquietas. Escuchar el mensaje que se esconde por entre las palabras vanas, superficiales. Descubrir la angustia disfrazada, La inseguridad mascarada, la soledad encubierta.
Penetrar la sonrisa fingida,la alegría simulada, la vanagloria exagerada. Descubrir el dolor de cada corazón. Poco a poco, estoy aprendiendo a amar. Estoy aprendiendo a perdonar. Pues el amor perdona, quita los rencores, y cura las heridas que la incomprensión e insensibilidad lo lastimaron.
El amor no alimenta resentimientos con pensamientos dolorosos. No cultiva ofensas con lástimas y autoconmiseración. El amor perdona, olvida, extingue todos los esquicios de dolor en el corazón.
Poco a poco... Estoy aprendiendo a perdonar. Estoy aprendiendo a descubrir el valor que se encuentra dentro de cada vida, de todas las vidas. Valor soterrado por el rechazo, por la falta de comprensión. Cariño y aceptación, por las experiencias desagradables vividas a lo largo de los años. Estoy aprendiendo a ver,en las personas su alma, y las posibilidades que Dios les dio.
Estoy aprendiendo, ¡Pero cómo es de lento el aprendizaje!, ¡Cómo es difícil amar, amar como Cristo amó! Todavía, tropezando, errando, estoy aprendiendo... Aprendiendo a no ver solamente ...mis propios dolores, mis intereses, mi ambición, mi orgullo, cuando estos impiden el bienestar y la felicidad de alguien !
¡¡Cómo es difícil amar, pero estoy aprendiendo!!.
(tomado de la Web)
Enviado por Asun Carretero
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Hace algún tiempo, una pequeña tortuga se encontraba retozando en un riachuelo disfrutando de una soleada mañana, sin ninguna preocupación, al poco tiempo escucho que una voz la llamaba desde una de las orillas del río -Tortuga, tortuguita, ven por favor-, como todos sabemos, las tortugas de río son básicamente animalillos de buen corazón, así que sin dudarlo un segundo la tortuga se acerco confiadamente a la voz que la llamaba.
Al llegar a la orilla del río, la tortuga se llevo un gran susto al advertir que el dueño de la voz que la llamaba era un escorpión negro, como todos sabemos esos animales son extremadamente peligrosos por lo que la tortuga (ingenua al fin y al cabo) le pregunto sin acercarse a la orilla:
-Que quieres de mi escorpión?- a lo que el otro respondió .
-Pequeña tortuga, tengo una urgencia y debo cruzar hacia el otro lado del río, serias tan amable de ayudarme a cruzar llevándome sobre tu lomo?-
La tortuga solo tardo un instante en pensar que ahí había gato encerrado y rápidamente le contestó:
-No te llevo, por que eres un escorpión y en cuanto me acerque a ti, me vas a picar y me vas a matar-
Al escuchar estas palabras el escorpión rompió a llorar a mares y usando un tono lastimero le dijo a la tortuga:
-En verdad necesito cruzar al otro lado y no tengo tiempo para dar un rodeo, es una pena que no me quieras ayudar solo por que soy un escorpión, yo no tengo la culpa de ser lo que soy-
La pobre tortuga, que era de buen corazón, estuvo a punto de ayudarle al escuchar el llanto del que pedia su ayuda, pero recordó los escorpiones son animales que son capaces de picar a otro y matarlo solo por placer, así que comenzó a alejarse y le dijo al escorpión:
-Lo siento mucho, pero no debo de ayudarte, por que me matarías-
El escorpión desesperado le dijo:
-Tortuguita, por favor espera, te propongo lo siguiente; Tu sabes que yo no se nadar verdad?- -Si- Contesto la tortuga un poco intrigada. -Y sabes también, que lo único que a mi me interesa es cruzar al otro lado verdad?- -Si- Dijo una vez mas la tortuga. -Pues entonces que te parece si solo te acercas a la orilla lo suficiente para que yo pueda llegar a tu lomo mediante un salto, de ese modo estarás segura de que no te puedo picar cuando te me acerques, también estarás segura de que no te puedo picar cuando me estés llevando, por que si te hundes tu, pues yo también me hundiría y moriría junto contigo, además al llegar a la otra orilla me dejas a la distancia justa de un brinco y si desperdicio mis fuerzas en tratar de picarte, pues no voy a llegar a la orilla y me voy a ahogar- Dijo el escorpión y por último agregó -Por favor tortuga, por favor hazme ese gran servicio, sabes que si te pico pierdo yo tanto o más que tu-
La pobre tortuguita no sabia que hacer y repaso mentalmente el plan del escorpión y peso para sus adentros "Debe estar muy desesperado para pasar al otro lado ya que esta poniendo su vida en mis manos" y sin mas, se decidió. -Esta Bien- Dijo -Súbete, te llevo-.
El escorpión muy agradecido salto a lomos de la tortuga y esta inicio su recorrido silbando una alegre melodía, sin embargo al llegar a la mitad exacta del río la tortuga sintió el terrible piquete del escorpión en la base de su cuello, atónita al tiempo que sentía como su cuerpo se entumecía y comenzaba a hundirse solo pudo voltear a ver al escorpión y preguntarle -Que paso?- a lo que el escorpión respondió antes de ahogarse -No lo pude evitar, es mi naturaleza...-
Moraleja: Lo único a lo que nadie puede traicionar, es a su propia naturaleza.
Enviado por Asun. Carretero
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Maestro y discípulo conversaban en una esquina, cuando una anciana los abordó: -¡Apártense de delante de mi escaparate!gritó, -¡Están estorbando a mis clientes! El maestro pidió disculpas, y cambió de acera. Continuaban la conversación, cuando se les acercó un policía. -Necesitamos que se aparte de esta acera! dijo el policía. -El conde va a pasar por aquí dentro de poco. -Que el conde pase por el otro lado de la calle, respondió el maestro, sin moverse de su sitio.
Después se giró a su discípulo: -No lo olvides: no seas nunca arrogante, con los humildes, ni humilde con los arrogantes.
La arrogancia de la santidad
El monje zen había pasado diez años meditando en su cueva, intentado descubrir el camino de la Verdad. Una tarde, mientras oraba, se le acercó un mono. El monje intentó concentrarse. El mono, sin embargo, se le acercó despacito y le quitó la sandalia. -¡Maldito mono. dijo el monje. -¿por qué has venido a perturbar mis oraciones? -Tengo hambre. dijo el mono. -¡Largo de aquí!¡Estorbas mi comunicación con Dios! -¿Cómo quieres hablar con Dios, si no eres capaz de comunicarte con los más humildes, como yo? - dijo el mono.
Y el monje, avergonzado, le pidió disculpas.
La arrogancia de la fuerza
La aldea estaba amenazada por una tribu de bárbaros. Los habitantes fueron abandonando sus casas, y huyeron hacia un lugar más seguro. Al final del año, todos habían partido, excepto un grupo de jesuitas. El ejército bárbaro entró en la ciudad sin encontrar resistencia e hizo una gran fiesta para celebrar la victoria. En mitad de la comida, apareció un padre jesuita. -Habéis entrado aquí y habéis echado fuera la paz. Os pido por favor que os vayáis sin demora. -¿Por qué no has huido todavía?, gritó el jefe bárbaro. -¿No ves que puedo atravesarte con mi espada sin siquiera pestañear? -El padre respondió con calma: -¿No ves que yo puedo ser atravesado por una espada sin siquiera pestañear?
Sorprendido por tan gran serenidad ante la muerte, el jefe bárbaro y su tribu abandonaron el lugar al día siguiente.
La arrogancia de la envidia
En el desierto de Siria, decía Satanás a sus discípulos: -el ser humano, siempre está más preocupado, por desear el mal, a los otros que en hacerse el bien a sí mismo. Y para probar lo que decía, decidió tentar a dos hombres que descansaban allí cerca. -He venido para hacer realidad tus deseos, le dijo a uno de ellos. Puedes pedir lo que quieras, que te será dado. Tu amigo recibirá lo mismo que tú, pero el doble. El hombre permaneció largo tiempo en silencio. Finalmente, dijo: -Mi amigo está contento, porque obtendrá el doble que yo, sea cual sea mi deseo. Pero he conseguido prepararle una trampa: mi deseo es que me dejes ciego de un ojo.
Enviado con inmenso cariño por : SILVANA
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La vida es demasiado corta para que nos dejemos arruinar por la depresión y el desánimo. Los siguientes principios han producido excelentes resultados en la vida de quienes los han aplicado.
* Básteles a cada día su afán. Si a la carga del presente le sumamos los problemas del pasado y del futuro, lo que vamos a cosechar es un sentimiento de ansiedad y de impotencia ante la vida. En la medida de lo posible, concentrémonos únicamente en las necesidades del día.
* Aprovechar lo que ya tenemos. En lugar de estar siempre ansioso por tener más dinero, más amigos, más autoridad, más cosas o más prestigio, analicemos lo que ya tenemos para ver si lo estamos utilizando a plenitud. Busquemos la manera de mejorar las circunstancias y las relaciones personales.
* El sentido del humor. Siempre tendremos problemas en la vida, mas no todos serán tragedias. Viéndolo bien, muchas de nuestras dificultades tienen un aspecto humorístico que podemos utilizar en nuestras anécdotas para ayudarles a otros a aprender lecciones.
* Establecer un orden de prioridades. Es importante que dediquemos tiempo a Dios, a la familia, a nosotros mismos y a la diversión. Si organizamos estas actividades, no nos sentiremos culpables de no estar trabajando en todo momento.
* Hacer un cambio y perseverar en él. Asumamos el control de nuestra vida. Establezcamos un programa para hacer ejercicio, para perder peso, para dejar de fumar... y perseveremos en él. Cuando uno logra vencer un mal hábito, le da un impulso positivo a la vida.
* Perdonar y olvidar. No sigamos rumiando los errores del pasado. No revivamos frustraciones. Dejemos que el ayer se trague sus tristezas. Los pensamientos negativos sobre la falta de aprecio del jefe, de los compañeros de trabajo, del cónyuge o de la familia apagan los sentimientos optimistas que podamos tener.
* Estar conscientes de las bendiciones. Cuando me despierto por la mañana, avivo el pensamiento con este versículo de las Escrituras: "Este es el día que hizo el Eterno; nos gozaremos y alegraremos en él" (Salmo 118:24).
AUTOR: autor desconocido
Ennviado con amor por : SILVANA
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La vida es demasiado corta para que nos dejemos arruinar por la depresión y el desánimo. Los siguientes principios han producido excelentes resultados en la vida de quienes los han aplicado.
* Básteles a cada día su afán. Si a la carga del presente le sumamos los problemas del pasado y del futuro, lo que vamos a cosechar es un sentimiento de ansiedad y de impotencia ante la vida. En la medida de lo posible, concentrémonos únicamente en las necesidades del día.
* Aprovechar lo que ya tenemos. En lugar de estar siempre ansioso por tener más dinero, más amigos, más autoridad, más cosas o más prestigio, analicemos lo que ya tenemos para ver si lo estamos utilizando a plenitud. Busquemos la manera de mejorar las circunstancias y las relaciones personales.
* El sentido del humor. Siempre tendremos problemas en la vida, mas no todos serán tragedias. Viéndolo bien, muchas de nuestras dificultades tienen un aspecto humorístico que podemos utilizar en nuestras anécdotas para ayudarles a otros a aprender lecciones.
* Establecer un orden de prioridades. Es importante que dediquemos tiempo a Dios, a la familia, a nosotros mismos y a la diversión. Si organizamos estas actividades, no nos sentiremos culpables de no estar trabajando en todo momento.
* Hacer un cambio y perseverar en él. Asumamos el control de nuestra vida. Establezcamos un programa para hacer ejercicio, para perder peso, para dejar de fumar... y perseveremos en él. Cuando uno logra vencer un mal hábito, le da un impulso positivo a la vida.
* Perdonar y olvidar. No sigamos rumiando los errores del pasado. No revivamos frustraciones. Dejemos que el ayer se trague sus tristezas. Los pensamientos negativos sobre la falta de aprecio del jefe, de los compañeros de trabajo, del cónyuge o de la familia apagan los sentimientos optimistas que podamos tener.
* Estar conscientes de las bendiciones. Cuando me despierto por la mañana, avivo el pensamiento con este versículo de las Escrituras: "Este es el día que hizo el Eterno; nos gozaremos y alegraremos en él" (Salmo 118:24).
AUTOR: autor desconocido
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Siempre se olvidaba de todo: dónde había guardado el azúcar, cuándo vencían las cuentas y a qué hora debía estar lista para que la llevaran de compras a la tienda.
-¿Qué le pasa a la abuela? -preguntó-.
Era una señora tan ordenada... Ahora parece triste, perdida, y no recuerda las cosas.
-La abuela está envejeciendo- contestó mamá. En estos momentos necesita mucho amor, querida.
-¿Qué quiere decir envejecer?- preguntó Eleanor-.
¿Todo el mundo se olvida de las cosas? ¿Me pasará a mí?
-No, Eleanor, no todo el mundo cuando envejece se olvida de las cosas. Creemos que la abuela tiene la enfermedad de Alzheimer y eso la hace más olvidadiza.
Tal vez tengamos que ponerla en un hogar especial donde puedan darle los cuidados que necesita.
-Oh, mamá, qué horrible! Va a extrañar mucho su casita, ¿no es cierto?
Tal vez, pero no hay otra solución. Estará bien atendida y allí encontrará nuevas amigas.
Eleanor parecía apesadumbrada. La idea no le gustaba en absoluto.
-¿Podremos ir a verla con frecuencia?- preguntó-.
La voy a extrañar, aunque se olvide de las cosas.
-Podremos ir los fines de semana -contestó mamá-. Y llevarle regalos.
-¿Un helado, por ejemplo? A la abuela le gusta el helado de fresas- sonrió Eleanor.
La primera vez que visitaron a la abuela en el hogar para ancianos, Eleanor estuvo a punto de llorar.
-Mamá, casi toda esta gente está en silla de ruedas- observó.
-La necesitan; de lo contrario se caerían- explicó mamá-.
Ahora, cuando veas a la abuela, sonríe y dile que se la ve muy bien.
La abuela estaba sentada, muy sola, en un rincón de lo que llamaban la sala del sol. Tenía la mirada perdida entre los árboles de afuera.
Eleanor abrazó a la abuela.
-Mira- le dijo-, te trajimos un regalo: helado de fresas, el que más te gusta.
La abuela tomó el vaso de papel y la cucharita y empezó a comer sin decir palabra.
-Estoy segura de que lo está disfrutando, querida- le aseguró la madre.
Pero parece no conocernos- dijo Eleanor, desilusionada.
-Tienes que darle tiempo -explicó mamá. Está en un nuevo ambiente y debe adaptarse.
Pero la próxima vez que visitaron a la abuela sucedió lo mismo. Comió el helado y sonrió a ambas, pero no dijo palabra.
-Abuela, ¿sabes quién soy? -preguntó Eleanor.
-Eres la chica que me trae helado- dijo la abuela.
-Sí, pero también soy Eleanor, tu nieta. ¿No te acuerdas de mí? -preguntó, rodeando con sus brazos a la anciana.
La abuela sonrió levemente. -¿Si recuerdo? Claro que recuerdo. Eres la niña que me trae helado.
De pronto, Eleanor se dio cuenta de que la abuela nunca la recordaría.
Estaba viviendo en su propio mundo, rodeada de recuerdos difusos y de soledad.
-¡Siento mucho amor por ti, abuela! exclamó-.
En ese momento vio rodar una lágrima por la mejilla de su abuela.
-Amor -dijo-. Recuerdo el amor.
-¿Ves, querida? Eso es todo lo que desea -intervinó mamá-. Amor.
-Entonces le traeré helado todos los fines de semana y la abrazaré aunque no me recuerde- resolvió Eleanor.
Después de todo, recordar el amor era mucho más importante que recordar un nombre.
Marion Schoeberlein
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Trabajo en Equipo - Desarrollo Personal - Creatividad
Una tortuga y una liebre siempre discutían sobre quién era más rápida. Para dirimir el argumento, decidieron correr una carrera. Eligieron una ruta y comenzaron la competencia. La liebre largó a toda velocidad y corrió enérgicamente durante algún tiempo. Luego, al ver que llevaba mucha ventaja, decidió sentarse bajo un árbol para descansar un rato, recuperar fuerzas y luego continuar su marcha. Pero pronto se durmió. La tortuga, que andaba con paso lento, la alcanzó, la superó y terminó primera, declarándose vencedora indiscutible.
Moraleja: Los lentos y estables ganan la carrera.
Pero la historia no termina aquí... La liebre, decepcionada tras haber perdido, hizo un examen de conciencia y reconoció sus errores. Descubrió que había perdido la carrera por ser presumida y descuidada. Si no hubiera dado tantas cosas por supuestas, nunca la hubiesen vencido. Entonces, desafió a la tortuga a una nueva competencia. Esta vez, la liebre corrió de principio a fin y su triunfo fue evidente.
Moraleja: Los rápidos y tenaces vencen a los lentos y estables.
Pero la historia tampoco termina aquí... Tras ser derrotada, la tortuga reflexionó detenidamente y llegó a la conclusión de que no había forma de ganarle a la liebre en velocidad. Como estaba planteada la carrera, ella siempre perdería. Por eso, desafió nuevamente a la liebre, pero propuso correr sobre una ruta ligeramente diferente. La liebre aceptó y corrió a toda velocidad, hasta que se encontró en su camino con un ancho río. Mientras la liebre, que no sabía nadar, se preguntaba "¿qué hago ahora?", la tortuga nadó hasta la otra orilla, continuó a su paso y terminó en primer lugar.
Moraleja: Quienes identifican su ventaja competitiva (saber nadar) y cambian el entorno para aprovecharla, llegan primeros.
Pero la historia tampoco termina aquí... El tiempo pasó y tanto compartieron la liebre y la tortuga, que terminaron haciéndose buenas amigas. Ambas reconocieron que eran buenas competidoras y decidieron repetir la última carrera, pero esta vez corriendo en equipo. En la primera parte, la liebre cargó a la tortuga hasta llegar al río. Allí, la tortuga atravesó el río con la liebre sobre su caparazón y, sobre la orilla de enfrente, la liebre cargó nuevamente a la tortuga hasta la meta. Como alcanzaron la línea de llegada en un tiempo récord, sintieron una mayor satisfacción de aquella que habían experimentado en sus logros individuales.
Moraleja: Es bueno ser individualmente brillante y tener fuertes capacidades personales.
Pero, a menos que seamos capaces de trabajar con otras personas y potenciar recíprocamente las habilidades de cada uno, no seremos completamente efectivos. Siempre existirán situaciones para las cuales no estamos preparados y que otras personas pueden enfrentar mejor. Es importante advertir que, ni la liebre ni la tortuga, abandonaron la carrera. La liebre evaluó su desempeño, reconoció sus errores y decidió poner más empeño después de su fracaso. Por su parte la tortuga, al ver que la velocidad era su debilidad, decidió cambiar su estrategia y aprovechar su fortaleza como nadadora en un nuevo recorrido. Después de varias contiendas, la tortuga y la liebre descubrieron que unidas lograban mejores resultados.
Cuando afrontamos un desafío, hay veces que es mejor tomarse las cosas con calma y confiar en uno mismo. Otras, conviene esforzarse más allá de los propios límites. Otras, es más efectivo cambiar la estrategia e intentar algo diferente. Y, también, hay veces donde lo más apropiado es unirse con otras personas.
La liebre y la tortuga también aprendieron otra lección vital: cuando dejamos de competir contra un rival y comenzamos a competir contra una situación, complementamos capacidades, compensamos defectos, potenciamos nuestros recursos... y obtenemos mejores resultados! Todos tenemos carreras por delante.
Y hay muchas maneras de "ganarlas"... Hay muchas liebres, muchas tortugas... y muchas metas que alcanzar!
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Mariana se puso toda feliz por haber ganado de regalo un juego de té de color azul.
Al día siguiente, Julia, su amiguita, vino bien temprano a invitarla a jugar. Mariana no podía pues saldría con su madre aquella mañana.
Julia entonces pidió a Mariana que le prestara su juego de té para que ella pudiera jugar sola en el jardín del edificio en que vivían.
Ella no quería prestar su flamante regalo pero ante la insistencia de la amiga decidió, hacer hincapié en el cuidado de aquel juguete tan especial.
Al volver del paseo, Mariana se quedó pasmada al ver su juego de té tirado al suelo. Faltaban algunas tazas y la bandeja estaba rota.
Llorando y muy molesta Mariana se desahogó con su mamá ¿ves mamá lo que hizo Julia conmigo? Le presté mi juguete y ella lo descuidó todo y lo dejó tirado en el suelo.
Totalmente descontrolada Mariana quería ir a la casa de Julia a pedir explicaciones, pero su madre cariñosamente le dijo:
- Hijita, ¿te acuerdas de aquel día cuando saliste con tu vestido nuevo todo blanco y un coche que pasaba te salpicó de lodo tu ropa?
Al llegar a casa querías lavar inmediatamente el vestido pero tu abuelita no te dejó ¿ Recuerdas lo que dijo tu abuela?
-Ella dijo que había que dejar que el barro se secara, porque después sería más fácil de quitar.
- Así es hijita, con la ira es lo mismo, deja la ira secarse primero, después es mucho más fácil resolver todo.-
Mariana no entendía todo muy bien, pero decidió seguir el consejo de su madre y fue a ver el televisor.
Un rato después sonó el timbre de la puerta. Era Julia, con una caja en las manos y sin mas preámbulo ella dijo:
Mariana, ¿recuerdas al niño malcriado de la otra calle, el que a menudo nos molesta?. Él vino para jugar conmigo y no lo dejé porque creí que no cuidaría tu juego de té pero el se enojó y destruyó el regalo que me habías prestado.
Cuando le conté a mi madre ella preocupada me llevó a comprar otro igualito, para ti.
¡Espero que no estés enojada conmigo. No fue mi culpa.!
¡ No hay problema!, dijo Mariana, ¡mi ira ya secó!.
Y dando un fuerte abrazo en su amiga, la tomó de la mano y la llevó a su cuarto para contarle la historia del vestido nuevo que se había ensuciado de lodo.
"Nunca reacciones mientras sientas ira. La ira nos ciega e impide que veamos las cosas como ellas realmente son. Así evitarás cometer injusticias y ganarás el respeto de los demás por tu posición ponderada y correcta delante de una situación difícil."
Acuérdate siempre: Deja la ira secar!!!
Con cariño:
SILVANA
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Cuenta tu jardín por las flores No por las hojas caídas.
Cuenta tus días por las horas doradas, Y olvida las penas habidas.
Cuenta tus noches por las estrellas, No por las sombras.
Cuenta tu vida por las sonrisas, No por lágrimas.
Y para tu gozo en esta vida, Cuenta tu edad por amigos no por años.
Johann Paul Ricker
Enviado con cariño por :SILVANA
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Hay quienes se pasan la vida ideando proyectos que jamás realizan: imaginan grandes negocios, planean construir una casa, sueñan conquistar una mujer. Transcurridos los días, los meses y los años, no hicieron ni el negocio, ni la casa, ni el hogar; todo se les fue en soñar.
Es infinito el número de personas que proceden de la manera descrita: temen actuar, encuentran más cómodo y menos riesgoso soñar, dejan transcurrir su vida en forma inactiva, sin darse cuenta de que vivir es actuar y el no hacer equivale a permanecer en un estado letárgico, muy parecido a la muerte.
El saber hacer no es difícil; ponerlo en práctica es lo que pesa; pero escabroso o no, debes llevar a cabo lo que te propongas, sin temor al fracaso, pues si éste llega a sobrevivir, te fortalecerá.
Quien aspira a algo y trabaja para conseguirlo, tarde o temprano lo alcanza, sobre todo si pone en su consecución los cinco sentidos y su total esfuerzo, sin dejarse vencer por las circunstancias ni buscar pretextos para dejar de actuar.
Nada es imposible a los hombres que actúan, a condición de que su meta sea factible: los sueños desproporcionados, irreales, claro que son inalcanzables; pero las metas reales siempre se logran si nos lo proponemos.
Debemos actuar; accción es vida.
Octavio Colmenares V.
Enviado por Brenda Rodriguez
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Era una vez un granjero sabio y bueno que gustaba de cuidar a las aves, subir a la montaña y contemplar el vuelo de las águilas.
Un día, al bajar de la montaña, llegó a unas gigantescas rocas. De pronto, a un lado del camino, encontró el huevo de un águila. Lo levantó con cuidado y sintió que el cascarón estaba por romperse.
Buscó durante horas a la madre águila o al nido, hasta que llegó la noche, sin encontrar dónde dejar el huevo.
No podía abandonarlo, pues existía el riesgo de que se lo comieran los otros animales, él amaba a las águilas; al pensar en ese ser que se formaba dentro del huevo, recordó con amor que su hijo pequeño deseaba acariciar y conocer a un aguilucho. Casi corriendo, llevó el huevo al corral de su granja, para pedir a las aves que salvaran a ese ser que estaba por nacer.
Despertó a las aves del corral y al ver el huevo se alborotaron. Unas lo recibieron con alegría y otras, como eran envidiosas, se pelearon por ser ellas las que lo empollaran.
Después de mucho luchar, apareció un ave jefe que detuvo la pelea y se apoderó del huevo. Lo llevó a un espacio especial, se sentó arriba y dándole calor logró salvarlo.
Una mañana, al salir el sol, nació un lindo aguilucho con todas las facultades para volar alto, dominar las alturas, los vientos y las tormentas.
Sorprendidas, las aves veían que el aguilucho era diferente, tenía las alas bañadas de luz, algunas consideraron que estaba deforme, otras que alguien se las había pintado y pocas pensaron que era un don o una cualidad que lo hacía especial, misterioso y hasta mágico.
Y el aguilucho con alas de luz empezó a crecer. De algunas aves recibía cariño, pero otras no lo querían; se dispersaban, se burlaban y lo perseguían.
Al pasar el tiempo y sin desearlo, se volvió igual a las demás aves; comía, pensaba, hacía lo mismo y se dormía a la misma hora; se convirtió en una ave de corral.
Al aguilucho le parecía aburrido estar sin hacer nada. Salía a jugar y saltar muy contento, tenía mucha fuerza y energía, pero sin él desearlo, esto molestaba a las otras aves, que no entendían su alegría y actividad.
Cuando el granjero vio al aguilucho correr y brincar, invitó a su hijo para que jugaran juntos; y compartieran esos momentos de alegría.
El niño iba todos los días al corral y jugaba con el aguilucho. Un día, lo vio subir al techo del corral, y se dio cuenta de que lloraba, entonces supo que el aguilucho sufría mucho.
Una tarde cuando el niño se dirigía a jugar, preguntó a su papá:
-¿Por qué llora el aguilucho todas las noches?
-Porqué él es diferente -contestó el granjero- no nació para ser ave de corral, no quiere ser como ellas ¡y no debe ser como ellas!, él es un ser que tiene algo importante qué hacer, fue escogido para dar amor al mundo.
-¿Y por qué no vuela y se va? -preguntó el niño.
-Es que está confundido porque nació entre seres que sólo pierden el tiempo, haciendo cosas sin importancia. Aún no comprende que no es igual a ellos, que él es un águila y que nació para volar, volar muy alto y amar.
-¡Ayúdalo papá! -dijo el niño.
-¿No importa que se vaya? -preguntó el granjero.
-¡No!, no importa, lo quiero mucho, pero él tiene que aprender a vivir y a usar sus alas de luz.
-Lo ayudaremos -contestó el granjero-; ahora, ¡vete a jugar!
Un día cuando jugaban, el niño preguntó al aguilucho:
-¿Por qué no vuelas?
Y el aguilucho contestó:
-No vuelo porque está prohibido, sólo uso mis alas a escondidas, vuelo a lo alto del corral en donde duermen las aves jefes, pero cuando se dan cuenta, me atacan y tengo que regresar a dormir en el suelo.
Siguieron jugando, fue cuando el aguilucho le dijo casi al oído:
-No deben saberlo, pero también vuelo hasta el techo del corral en las noches tranquilas, para contemplar y gozar las estrellas y la luna.
Empezó a llover. El niño corrió para su casa y el aguilucho se refugió en el corral.
Después de la gran tormenta, vino la calma y voló al techo. Había una luna grandiosa, que bañaba el cuerpo y la cara del aguilucho, y sus alas de luz brillaban como nunca.
Abrió sus enormes alas y para su sorpresa vio su figura reflejada en un charco de agua. Se contempló a sí mismo. Por primera vez se conoció, se dio cuenta de que era diferente.
Moviendo y abriendo sus grandes alas se preguntó:
"¿Para qué tengo estas alas tan grandes y tan pesadas? ¿Para qué necesito estas garras y este pico?"
En su mente confundida pensaba que era una ave deforme y que le deberían cortar esas enormes alas, porque en ese corral sólo le estorbaban, además no le permitían usarlas.
Esa noche comprendió que no era igual a las otras aves del corral. Él quería pensar, jugar, soñar en ser grande, vivir alegre y volar hasta el otro lado de la montaña,
Comenzó a no estar de acuerdo con los juegos aburridos y la manera de vivir de las otras aves. Y comenzaron los pleitos, las aves de corral no aceptaban que fuera diferente, y las aves jefes enviaban a sus servidores a que le quitaran las plumas y no pudiera volar.
El aguilucho sufría mucho. Al principio lo tomó como un juego, pero cuando lo golpearon y le quitaron algunas plumas atacándolo tan fuerte hasta herirlo se asustó; se defendió y como era más fuerte les quitó muchas plumas.
Al llevar la comida el granjero vio plumas en diferentes lugares del corral. Descubrió al aguilucho escondido, lleno de miedo y herido.
Lo tomó con cariño entre sus manos, y recargándolo en su pecho se lo llevó a su casa para ayudarlo y curarlo.
El niño, al ver a su amigo herido, lloró de tristeza y lo cuidó con mucho amor.
El aguilucho tardó en recuperarse, sobre todo para que le volvieran a salir las plumas en sus bellas alas de luz.
Cuanto estuvo listo, con una mirada de solicitud preguntó al granjero:
-Dime, ¿quién soy?, y ¿por qué nací en este corral?
El granjero lo miró a los ojos, lo tomó ente sus manos y lo invitó a encontrar por sí mismo las respuestas a estas preguntas. Después lo arrojó lentamente al aire diciéndole:
-¡Águila, vuela! ¡Vuela, águila!
El aguilucho, que había volado muy poco, aún tenía tiesas y torpes sus alas, intentó volar pero cayó al suelo pesadamente.
Después de recuperarse del golpe, preguntó al granjero:
-¿Qué intentas, hermano granjero? ¿Qué es lo que intentas?
El granjero, con amor, le dijo:
-Intento decirte que ¡tú eres un águila! Naciste con cualidades únicas que hacen que seas valiosa, y además ¡el Creador te dio una misión importante que hacer! Mientras vivas.
-¿Un águila? -preguntó sorprendido el aguilucho.
-¡Sí! -contestó el granjero-, naciste con facultades que permiten que vueles hasta las grandes montañas. ¡Tu corazón está lleno de amor y de voluntad! El ambiente en el que naciste no es donde nacen las águilas. ¡Tú no eres una ave de corral!
Y con entusiasmo y amor, el granjero terminó diciéndole:
-¡Despierta a un mundo que espera mucho de un ser como tú, que seas feliz y te comprometas! Y recuerda, ¡tú naciste para ser libre y volar alto!, la montaña tiene un secreto ¡descúbrelo!
El aguilucho escuchó sorprendido las palabras sabias del granjero, era algo que no se imaginaba. Sentía que le decía algo que no le gustaba y que no entendía; ¿por qué afirmaba que el corral no era su lugar? ¿dónde estaba entonces su casa?, y ¿quiénes eran sus padres? ¿Por qué le decía el granjero que él era distinto?, aún no entendía, estaba confundido.
Pero cuando escuchó la campana que anunciaba la hora de comer, corrió como siempre al corral a buscar su comida. El granjero lo dejó entrar a comer, seguro de que ya había entendido cuál era la razón de que volara hacia la montaña.
Esa noche, el aguilucho subió al techo del corral. Cerró sus ojos y se vio volando, encima de las montañas, fue como si se encontrara dentro de un gran sueño.
Gozaba de las alturas, el viento y sus alas se deslizaban ligeras. Sintió la brisa que bañaba su cuerpo. Así, con gran emoción y alegría logró pararse en la cima de una gran montaña. Ahí encontró a un águila sabia; el aguilucho le preguntó:
-¿Cuál es el secreto de la montaña?
El águila sabia le contestó con otra pregunta:
-¿Ves esa otra montaña que está a lo lejos, más alta que esta donde estamos?
-¡Sí! -contestó el aguilucho-, ¡sí la veo!
¡Pues ese es el secreto!
-El secreto es que solamente volando alto conoces más el mundo en que vives y descubres que siempre hay nuevas montañas por conquistar.
Al despertar de ese sueño comprendió por fin que su lugar no era en el corral sino en las montañas, que eso era lo que le decía el granjero, no se pudo contener y lloró, lloró mucho.
En la madrugada se preguntaba:
"¿Qué tengo que hacer? ¿cómo volar, si no sé hacerlo?"
Escuchó su voz interior que le dijo:
"Todavía puedes superarlo, hay muchos que pierden su libertad, no piensan ni estudian y se dejan llevar por los demás; se vuelven flojos, peleoneros, egoístas, viven aburridos y enojados. ¡Tú no puedes quedarte aquí! Estarías en contra de ti mismo. ¡Sal de este corral! Usa tu valor y tus alas y vuela alto".
Al escuchar eso, el aguilucho adquirió valor y desde lo alto del techo del corral, abrió sus alas bañadas de luz e intentó volar; por instinto empezó a descender moviendo rápidamente sus alas, se mantuvo un momento en el aire pero no lo logró porque la primera corriente fuerte lo arrojó hasta el suelo.
Al reponerse del golpe lo volvió a intentar varias veces. Cuando salió el sol, el aguilucho se veía cansado, pero seguía en su intento de volar.
Cuando estaba a punto de darse por vencido por el cansancio y los golpes, escuchó otra vez a su voz interior que con firmeza le dijo:
"¡Águila, inténtalo! Tú puedes llegar a la cima de la montaña".
Al ver que el aguilucho no respondía, su voz interior le preguntó:
"¿Tus alas te pesan, verdad?
El aguilucho contestó:
-Mucho, están tiesas, pesadas y no sostienen mi cuerpo.
Su voz interior le contestó:
"¿Sabes por qué no tienen fuerza para volar?"
-¡No!, no lo sé -contestó el aguilucho.
Su voz interior le respondió:
"Porque en tu corazón no has colocado la esperanza, el valor y la confianza en ti; llénate de amor, abre tu corazón. ¡No olvides que tienes las alas de luz! ¡Águila, inténtalo otra vez! Por favor inténtalo, no debes quedarte aquí".
El aguilucho decidió intentarlo otra vez, estaba ilusionado, quería volar hacia la montaña más alta. Antes de hacerlo recordó las palabras del granjero que le había dicho que tenía el don de ayudar y dar amor, y para eso el Creador le había entregado sus alas de luz.
Por un momento reprimió su deseo de volar, al ver que el granjero y su hijo volvían. El niño lo quería como a un hermano. También lo admiraba porque había recibido de él mucho amor. El niño cargó al aguilucho cariñosamente y salieron del corral camino a la montaña.
Con brillo en sus ojos el aguilucho agradecía las caricias y el calor del corazón de sus amigos. Confiaba en que ellos le ayudarían a volar.
El niño preguntó:
-¿Papá, tú crees que ya esté listo para volar solo?
-¡Sí! -contestó el granjero-. Estoy seguro de que aceptó que es un águila, comprendió que tiene las cualidades que Dios le dio para volar alto y dar amor a todos los seres.
Y el niño volvió a preguntar:
-¿Y crees, papá, que llegará a la cima de la montaña?
-Estoy seguro -contestó-. ¡Creo en él!
-No sabrá qué tan alto puede volar hasta que use sus alas. En sus ojos veo que ya entendió, que sólo su valor y sus alas lo llevarán hasta la cima de la montaña. Y que cuando aprenda a gozar de su vuelo, y entrenar sus alas, tendrá la fuerza para luchar contra los vientos y las corrientes en lo alto de las montañas.
Llegaron a la cima de una pequeña montaña. Al filo de un risco, el granjero tomó al aguilucho con delicadeza entre sus manos y le puso la cara frente al sol. Después, se escuchó como un mandato la voz fuerte del granjero que lleno de entusiasmo gritó:
-¡Cumple con tus destino! ¡Vuela, vuela!
Y con amor lo arrojó al vacío.
El aguilucho comprendió su momento; majestuoso y digno abrió sus bellas alas de luz y emprendió lentamente su vuelo hacia la cima de la montaña más alta. Iniciando su gran aventura, vivir comprometido con su existencia para dar amor.
¡Era su momento! ¡Ahora era una verdadera águila de luz! ¡Llenaría de amor al planeta!
Alfonso Lara Castilla
Enviado por Graciela E. Prepelitchi
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¿Qué cuántos años tengo?, ¡que importa eso!. Tengo la edad que quiero y siento...
La edad en que puedo: gritar sin miedo lo que pienso... Hacer lo que deseo, sin miedo al fracaso, o lo desconocido... Pues tengo la experiencia de los años vividos y la fuerza de la convicción de mis deseos...
¡Qué importa cuántos años tengo! No quiero pensar en ello... Pues unos dicen que ya soy vieja y otros que estoy en el apegeo... Pero no es la edad que tengo, ni lo que la gente dice, sino lo que mi corazón siente y mi cerebro dicte...
Tengo los años necesarios para gritar lo que pienso, para hacer lo que quiero, para reconocer yerros viejos, rectificar caminos y atesorar éxitos...
Ahora no tienen porque decir: Eres muy joven no lo lograrás...Eres muy vieja, ya no podrás...
Tengo la edad en que: las cosas se miran con más calma, pero con el interés de seguir creciendo...
Tengo los años en que los sueños, se empiezan a acariciar con los dedos, las ilusiones, se convierten en esperanza...
Tengo los años en que el amor, a veces es una loca llamarada, ansiosa de consumirse en el fuego de una pasión deseada... Y otras un remanso de paz, como el atardecer en la playa...
¿Qué cuántos años tengo? No necesito con un número marcar... Pues mis anhelos alcanzados, mis triunfos obtenidos, lás lágrimas que por el camino derramé al ver mis ilusiones rotas... Valen mucho más que eso... ¡Qué importa si cumplo veinte o cuarenta!... Pues lo que importa: es la edad que siento... Tengo los años que necesito para vivir libre y sin miedos... Para seguir sin temor por el sendero, pues llevo conmigo la experiencia adquirida y la fuerza de mis anhelos...
¿Qué cuantos años tengo?...
¡Eso a quién le importa!...
Tengo los años necesarios para perder el miedo y hacer lo que quiero y siento...
Enviado por Asun
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Mañana en la mañana abriré tu corazón le explicaba el cirujano a un niño. Y el niño interrumpió:
-¿Usted encontrará a Jesús allí?
El cirujano se quedó mirándolo, y continuó:
-Cortaré una pared de tu corazón para ver el daño completo.
-Pero cuando abra mi corazón, ¿encontrará a Jesús ahí?, volvió a Interrumpir el niño.
El cirujano se volvió hacia los padres, quienes estaban sentados tranquilamente.
-Cuando haya visto todo el daño allí, planearemos lo que sigue, ya con tu corazón abierto.
-Pero, ¿usted encontrará a Jesús en mi corazón?
La Biblia bien claro dice que Él vive allí. Las alabanzas todas dicen que Él vive allí.... ¡Entonces usted lo encontrará en mi corazón!
El cirujano pensó que era suficiente y le explicó:
-Te diré que encontraré en tu corazón. Encontraré músculo dañado, baja respuesta de glóbulos rojos, y debilidad en las paredes y vasos. Y aparte me daré cuenta si te podamos ayudar o no.
- ¿Pero encontrará a Jesús allí también? Es su hogar, Él vive allí, siempre está conmigo.
El cirujano no toleró más los insistentes comentarios y se fue. Enseguida se sentó en su oficina y procedió a grabar sus estudios previos a la cirugía: - aorta dañada, vena pulmonar deteriorada, degeneración muscular cardiaca masiva. Sin posibilidades de trasplante, difícilmente curable.
- Terapia: analgésicos y reposo absoluto. - Pronóstico: tomó una pausa y en tono triste dijo: - muerte dentro del primer año. Entonces detuvo la grabadora
-Pero, tengo algo más que decir: - ¿Por qué? pregunto en voz alta -¿Por qué hiciste esto a él? Tú lo pusiste aquí, tú lo pusiste en este dolor y lo has sentenciado a una muerte temprana. ¿Por qué?
De pronto, Dios, nuestro Señor le contestó:
-El niño, mi oveja, ya no pertenecerá a tu rebaño porque él es parte del mío y conmigo estará toda la eternidad. Aquí en el cielo, en mi rebaño sagrado, ya no tendrá ningún dolor, será confortado de una manera inimaginable para ti o para cualquiera. Sus padres un día se unirán con él, conocerán la paz y la armonía juntos, en mi reino y mi rebaño sagrado continuará creciendo.
El cirujano empezó a llorar terriblemente, pero sintió aun más rencor, no entendía las razones.
Y replicó: - Tú creaste a este muchacho, y también su corazón ¿Para qué? ¿Para que muera dentro de unos meses?
El Señor le respondió:
-Porque es tiempo de que regrese a su rebaño, su tarea en la tierra ya la cumplió. Hace unos años envié una oveja mía con dones de doctor para que ayudara a sus hermanos, pero con tanta ciencia se olvidó de su Creador. Así que envié a mi otra oveja, el niño enfermo, no para perderlo sino para que regresara a mí aquella oveja perdida hace tanto tiempo.
El cirujano lloró y lloró inconsolablemente. Días después, luego de practicar la cirugía, el doctor se sentó a un lado de la cama del niño; mientras que sus padres lo hicieron frente al médico.
El niño despertó y murmurando rápidamente preguntó:
-¿Abrió mi corazón?
-Si - dijo el cirujano-
-¿Qué encontró? - preguntó el niño -
-Tenías razón, encontré allí a Jesús
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Un día, cuando era estudiante de secundaria, vi a un compañero de mí clase caminando de regreso a su casa.
Se llamaba Kyle. Iba cargando todos sus libros y pensé: "¿Por que se estará llevando a su casa todos los libros el viernes? ¡Debe ser un "nerd! "
Yo ya tenia planes para todo el fin de semana: fiestas y un partido de fútbol con mis amigos el sábado por la tarde, así que me encogí de hombros y seguí mi camino.
Mientras caminaba, vi a un montón de chicos corriendo hacia él, cuando lo alcanzaron, le tiraron todos sus libros y le hicieron una zancadilla que lo tiró al suelo.
Ví que sus anteojos volaron y cayeron en el pasto como a tres metros de él.
Miró hacia arriba y pude ver una tremenda tristeza en sus ojos.
Mi corazón se estremeció, así que corrí hacia él mientras gateaba buscando sus anteojos.
Ví lágrimas en sus ojos. Le acerque a sus manos sus anteojos y le dije,
"¡esos chicos son unos tarados, no deberían hacer esto!".
Me miro y me dijo: "¡Hola, gracias!"
Había una gran sonrisa en su cara; una de esas sonrisas que mostraban verdadera gratitud.
Lo ayude con sus libros. Vivía cerca de mi casa.
Le pregunté por que no lo había visto antes y me contó que se acababa de cambiar de una escuela privada.
Yo nunca había conocido a alguien que fuera a una escuela privada.
Caminamos hasta casa. Lo ayudé con sus libros; parecía un buen chico.
Le pregunté si quería jugar al fútbol el sábado, conmigo y mis amigos, y acepto.
Estuvimos juntos todo el fin de semana. Mientras más conocía a Kyle, mejor nos caía, tanto a mí como a mis amigos.
Llegó el lunes por la mañana y ahí estaba Kyle con aquella enorme pila de libros de nuevo.
Me pare y le dije: "Hola, vas a sacar buenos músculos si cargas todos esos libros todos los días".
Se rió y me dio la mitad para que le ayudara.
Durante los siguientes cuatro años, Kyle y yo nos convertimos en los mejores amigos.
Cuando ya estabamos por terminar la secundaria, Kyle decidió ir a la Universidad de Georgetown y yo iría a la de Duke.
Sabía que siempre seríamos amigos, que la distancia no sería un problema.
Él estudiaría medicina y yo administración, con una beca de fútbol.
Kyle fue el orador de nuestra generación. Yo lo cargaba todo el tiempo diciendo que era un "nerd".
Llegó el gran día de la Graduación. Él preparó el discurso.
Yo estaba feliz de no ser el que tenía que hablar. Kyle se veía realmente bien.
Era uno de esas personas que realmente se había encontrado a sí mismo durante la secundaria, había mejorado en todos los aspectos y se veía bien con sus anteojos.
¡Tenia mas citas con chicas que yo, y todas lo adoraban! ¡Caramba! Algunas veces hasta me sentía celoso... Hoy era uno de esos días.
Pude ver que él estaba nervioso por el discurso, así que, le di una palmadita en la espalda y le dije:
"Vas a ver que estarás genial, amigo". Me miro con una de esas miradas (realmente de agradecimiento) y me sonrió.
"Gracias" me dijo.
Limpio su garganta y comenzó su discurso:
"La Graduación es un buen momento para dar gracias a todos aquellos que nos han ayudado a través de estos años difíciles: tus padres, tus maestros, tus hermanos, quizá algún entrenador... pero principalmente a tus amigos. Yo estoy aquí para decirles a ustedes, que ser amigo de alguien es el mejor regalo que podemos dar y recibir, y a propósito, les voy a contar una historia.
Yo miraba a mi amigo incrédulo, cuando comenzó a contar la historia del primer día que nos conocimos.
Aquel fin de semana él tenía planeado suicidarse.
Hablo de como limpió su armario y por que llevaba todos sus libros con él, para que su mamá no tuviera que ir después a recogerlos a la escuela.
Me miraba fijamente y me sonreía.
"Afortunadamente fui salvado. Mi amigo me salvó de hacer algo irremediable".
Yo escuchaba con asombro como este apuesto y popular chico contaba a todos ese momento de debilidad.
Sus padres también me miraban y me sonreían con esa misma sonrisa de gratitud.
Recién en ese momento me di cuenta de lo profundo de sus palabras:
"Nunca subestimes el poder de tus acciones: con un pequeño gesto, puedes cambiar la vida de otra persona, para bien o para mal.
Dios nos pone a cada uno frente a la vida de otros, para impactarlos de alguna manera.
"Mira a Dios en los demás".
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Había dos hombres muy enfermos, ocupando la misma habitación en un hospital.
A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación.
El otro hombre tenía que estar todo el tiempo boca arriba. Los dos charlaban durante horas. Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, donde habían estado de vacaciones...
Cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana. El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas las actividades y colores del mundo exterior.
La ventana daba a un parque con un precioso lago, patos y cisnes jugaban en él. Tan pronto como lo consideró apropiado, despues del fallecimiento de su compañero de habitación, que tantos bellos relatos del mundo le hacía cada tarde, el otro hombre pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana. La enfermera le cambió encantada y, tras asegurarse de que estaba cómodo, salió de la habitación.
Lentamente, y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo, para lanzar su primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo él mismo. Se esforzó para girarse y mirar por la ventana al lado de la cama...y se encontró con una pared blanca.
El hombre preguntó a la enfermera que podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana. La enfermera le dijo que el hombre era ciego y que no habría podido ver ni la pared: "Quizás sólo quería animarle a usted".
El dolor compartido es la mitad de una pena, pero la felicidad, cuando se comparte, se multiplica.
Con todo cariño:
SILVANA
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Le pedí a Dios estar en primera fila ... Él me colocó en el último lugar para que conociera la paciencia y la humildad.
Le pedí ser el centro del mundo ... Él me enseñó que la vanidad me aparta del centro de cualquier cosa.
Le pedí Fama y gloria ... Pero Él me concedió sencillez y comprensión para que mi ego no fuera a herir a los demás.
Le pedí a Dios un auto que viajara veloz ... Él me concedió un paso firme por el sendero correcto para que no atropellara mis sentimientos.
Le pedí Tener una mansión pero ... Él me dio una pequeña casa llena de ternura y amor.
Le pedí poseer dinero para tener muchos amigos pero ... Él me concedió algo mejor: me ofreció Su amistad no a Cambio de mi dinero sino de mi sinceridad.
Le Pedí a Dios poseer mucha belleza y sin embargo ...Él me dio sensibilidad y belleza espiritual Para que no me sintiera más que los demás.
Le pedí a Dios ser siempre feliz, pero ... Él me hizo conocer la tristeza para que comprendiera que la vida no sólo esta compuesta de cosas bellas y para que tuviera compasión por el sufrimiento de los demás.
Le pedí un carácter fuerte pero ... Él me concedió un corazón blando y un carácter pasivo para que pudiera amar y ayudar a los demás.
Le pedí tener el mundo a mis pies pero ... Él me hizo comprender que es mejor tener amigos en el corazón.
Por todo eso Dios mío ... Nunca me concedas todo lo que te pido ... concedeme lo que hasta hoy he tenido la dicha de poseer.
Enviado por Silvana
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Hace algunos años un hacendado poseía tierras a lo largo del litoral del Sur Atlántico. Constantemente anunciaba estar precisando empleados. La mayoría de las personas estaban poco dispuestas a trabajar en campos a lo largo del Atlántico. Temían las horribles tempestades que barrían aquella región, haciendo estragos en las construcciones y las plantaciones.
Buscando nuevos empleados, el recibió muchos rechazos. Finalmente, un hombre bajo y delgado, de edad media se aproximó al hacendado.
- ¿Usted es un buen labrador? Le preguntó el hacendado.
- Bueno, yo puedo dormir cuando el viento sopla, le respondió el pequeño hombre.
Bastante confuso con la respuesta, el hacendado, desesperado por ayuda, lo empleó. Este pequeño hombre trabajó bien en todo el campo, manteniedose ocupado desde el amanecer hasta el anochecer. Y el hacendado estaba satisfecho con el trabajo del hombre.
Pero entonces, una noche, el viento sopló ruidosamente. El hacendado saltó de la cama, agarró una lámpara y corrió hasta el alojamiento del empleado. Sacudió al pequeño hombre y le gritó:
- ¿Levántate! Una tempestad está llegando! Amarra las cosas antes que sean arrastradas!
El hombre pequeño se dio vueta en la cama y le dijo firmemente,
- No señor. Yo ya le dije: "Yo puedo dormir cuando el viento sopla."
Enfurecido por la respuesta, el hacendado estuvo tentado a despedirlo inmediatamente. En vez de eso, se apresuró a salir y preparar el terreno para la tempestad. Del empleado se ocuparía después.
Pero, para su asombro, encontró que todas las parvas de heno habían sido cubiertas con lonas firmemente atadas al suelo. Las vacas estaban bien protegidas en el granero, los pollos en el gallinero, y todas las puertas muy bien trabadas. Las ventanas bien cerradas y aseguradas. Todo estaba amarrado. Nada podría ser arrastrado.
El hacendado entonces entendió lo que su empleado le había querido decir. Y retornó a su cama para también dormir cuando el viento soplaba.
Enviado por Graciela E. Prepelitchi
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