La lectura nos acerca a diversas mentalidades, sentimientos y experiencias; nos pone en contacto con la manera particular en que cada autor organiza la información, selecciona las palabras y estructura su argumentación. Es interesante ver cómo se expresa el escritor, lo que intenta transmitir a sus lectores y el propósito de lo que escribe. No podemos experimentar todo en la vida. La lectura nos ayuda a reflexionar sobre lo dicho por otros, y a formular ideas que nunca antes habíamos concebido. Pero también la lectura afianza nuestros conocimientos sobre la lengua, provoca la imaginacion, posibilita el disfrute de las ideas.
La habilidad para comprender lo que se lee está ligada a la correspondiente habilidad para expresar de forma hablada o escrita lo que se piensa o siente. Una buena lectura depende del adecuado entrenamiento en técnicas y estrategias para el mejor aprovechamiento de la información. Pero, también, un buen lector, más que extraer información es quien busca, ávido de conocimiento, el disfrute constante de las ideas.
Nuestro país está necesitado no sólo de lectores, sino de buenos lectores. Lectores que no se conformen con gozar repasando las páginas de una novela; o con emplear los fundamentos teórico-prácticos de su oficio o profesión expuestos en un libro de texto o en un informe ejecutivo. Necesita lectores capaces de interpretar lo que ocurre en derredor suyo tanto como lo que afecta su intimidad. Lectores con tanta ansia de vivir otras vidas como de explicar los sucesos cotidianos. Lectores de libros, de diarios, de cartas, de miradas y sonrisas. Personas aficionadas a leer de todo, dispuestas a meditar sobre el hombre, su ser y sus obras. Trabajadores habituados a leer de todo. Eso requiere México. He aquí la relevancia de la lectura. Por eso estás tú, ahora, aquí, experimentándola.
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