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#3831 De: Leopoldo Quezada <leopoldo.quezada@...>
Fecha: Jue, 26 de Nov, 2009 11:45 am
Asunto: Hace falta un “nuevo humanismo” contra la crisis económica
leopoldoquezada
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 http://www.zenit.org/article-33422?l=spanish  

Hace falta un “nuevo humanismo” contra la crisis económica


Dijo el cardenal Bertone en la Universidad Europea de Roma


ROMA, miércoles, 25 noviembre 2009 (ZENIT.org).- Caridad, verdad y justicia son las palabras clave para un nuevo humanismo también en el campo económico. Estas son las bases de la lección magistral dada este martes por el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado vaticano, en la inauguración del año académico de la Universidad Europea de Roma.

La última encíclica de Benedicto XVI Caritas in Veritate fue punto de referencia del discurso de Bertone. El purpurado hizo referencias de carácter histórico y alusivas al magisterio de la Iglesia, en cuanto a los temas económicos y la actual crisis financiera mundial.

La última encíclica “devuelve al hombre al centro de un nuevo humanismo, cuyos valores son la caridad y la verdad”, empezó diciendo el cardenal Bertone. Los dos conceptos recordados por el Papa han sido a menudo objeto de “sospecha” (verdad) o de “malentendidos” (caridad, sobre todo en su acepción de “amor”.

El Santo Padre, sin embargo, ha señalado claramente la caridad y la verdad como “dos realidades fundamentales”, que no son “extrínsecas al hombre ni mucho menos impuestas a él en nombre de una visión ideológica cualquiera”, sino con un “profundo arraigo en la persona misma”, subrayó Bertone.

En el campo económico, los comportamientos humanos “no se  inspiran por el subjetivismo encaminado al egoismo a través de un cálculo hedonista, sino por la solidaridad fundada en el bien común”. Esto determina un humanismo “que encuentra origen en la doctrina del tomismo y en la praxis económica en el capitalismo mercantil”.

Bertone situó el nacimiento de este humanismo económico a caballo entre los siglos XIV y XV, en el centro de un “amplio e impetuoso movimiento cultural europeo” en el que se “redescubre al hombre llevándolo de nuevo al centro del mundo, es decir al centro de todos los intereses morales y espirituales”.

Nos encontramos, en esta época tardomedieval, en un momento económico de “impetuoso impulso”, “la mayor revolución, tras la neolítica y antes de la industrial, de la que Europa fue teatro”. En esta época empieza a circular la moneda, los títulos de crédito y el comercio.

Entre los siglos XIV y XV, tuvo lugar una revolución en la que los “carismas espirituales”, y en especial cristianos, tuvieron un papel imprescindible.

“Europa –añadió el purpurado- no sería como hoy la conocemos, incluso bajo el perfil social y económico, sin el movimiento benedictino o el franciscano, a partir de los cuales tuvieron origen innovaciones fundamentales también para la que luego se convertiría en la economía de mercado”.

Tras el año Mil, la proliferación de las abadías benedictinas planteó el problema, afrontado también por san Bernardo de Claraval, de los “vínculos que es oportuno poner a la actuación económica de la abadía” y al “riesgo de una acumulación improductiva de terrenos y riquezas”.

En la Carta Caritatis de 1098, se delinean dos principios en respuesta a los problemas antes enumerados. “Por una parte –afirmó Bertone- se afirma que no es lícito ‘construir la propia abundancia obteniéndola del empobrecimiento ajeno’”.

Además, la misma Carta sustituye el término “limosna” con el de “beneficencia”. Según el principio de la “beneficencia”, “la necesidad de quien pide ayuda debe ser valorada con inteligencia”, es decir hay que “comprender las razones por las que un pobre es tal”; además “la beneficencia no debe incentivar la pereza en el necesitado”.

No menos influyente es la tradición franciscana en el nacimiento de “instrumentos financieros típicos de una moderna economía de mercado: la carta de crédito; la contabilidad de empresa (piénsese en el franciscano Luca Pacioli, que en 1494 sistematiza de modo definitivo la doble partida); las letras de cambio; el foro de los mercaderes; la bolsa; y sobre todo los Montes de Piedad”.

Tras la disgresión histórica, el cardenal Bertone actualizó los principios del humanismo histórico en el auspicio de un “segundo humanismo” que proporcione una respuesta fuerte a las deformaciones de la economía actual.

En una época marcada por “globalización, liberalización, financiarización, nuevas tecnologías, migraciones globales, desigualdades sociales, conflictos identitarios, riesgos ambientales” se ha llegado a una gran crisis financiera determinada por el olvido de la “dimensión ética” de las finanzas mismas.

Entre los factores de este cambio, el secretario de Estado vaticano señaló “la mutación  radical en la relación entre finanzas y producción de bienes y servicios” y la “difusión en la cultura popular del ‘ethos’ de la eficiencia como criterio último de juicio y justificación de la realidad económica”.

La riqueza, por tanto, de medio para llevar una “vida buena” se convierte en fin en sí misma. Todo ello en coherencia con la “lógica del capitalismo” que “por naturaleza es ilimitada”. Se debería decir, más propiamente, interminable. Y es la lógica de la interminabilidad la que está en la base de los desastres financieros”, observó Bertone.

Un antídoto a tal desastre económico y ético es “el retorno de la moral, que significa, sobre todo, responsabilidad de la persona, antes que de los gobiernos, hacia los otros y su dignidad”.

Por tanto, los desequilibrios provocados por la globalización pueden afrontarse por los gobiernos nacionales especialmente “donde se están demostrando mayores las distorsiones del mercado en cuanto a marginar áreas geográficas periféricas, clases sociales más débiles y economías menos competitivas”, añadió el cardenal.

No se debe descuidar, sin embargo, la ética de la empresa que, en la economía globalizada, “debe dirigirse cada vez más a la ética y menos al lucro”. En este sentido, el cardenal Bertone citó la Caritas in Veritate la cual, lejos de distinguir simplemente entre lucro y no lucro, describe “una nueva amplia realidad compleja, que implica lo privado y lo público, y que no excluye el lucro, pero lo considera instrumento para fines humanos y sociales”.

El secretario de Estado vaticano concluyó citando las palabras clarividentes del papa Pablo VI que, en los años 70, auspició una Iglesia del futuro “que todavía denunciará el materialismo de toda especie, propio de nuestro tiempo, pero no maldecirá la gigantesca y maravillosa civilización de la ciencia, la industria, la técnica, la vida internacionalizada de nuestra época”.

Por Luca Marcolivio, traducido del italiano por Nieves San Martín



--
Fraternalmente

Leopoldo Quezada Ruz


#3830 De: "PPluis" <jluis_aboytes@...>
Fecha: Lun, 23 de Nov, 2009 10:31 pm
Asunto: Eutanasia activa:¿matar por compasión?
jluis_aboytes
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Eutanasia activa:¿matar por compasión?

Fe y Razón

Luis Fernando Valdez

Periódico AM Querétaro, 22/nov/09

 

De nuevo la Asamblea Legislativa del Distrito Federal nos da pie para tratar temas de bioética. En días pasados, el Diputado local del PRI, Israel Betanzos, propuso la ampliación de la Ley de Voluntad anticipada, de manera que sea aprobada la "eutanasia activa". ¿Se trata de un derecho o de un homicidio?

Un causa importante de las polémicas de la eutanasia es la ambigüedad semántica. ¿Qué quiere decir "eutanasia activa"? Se refiere a adelantar la muerte del paciente terminal. Se trata de un suicidio, si es el paciente quien lo solicita, o de un homicidio si son sus parientes quienes lo piden.

Por eso, se comprende que el Secretario de Salud Pública del Distrito Federal, Armando Ahued, haya afirmado que, si se aprobara esa medida, él personalmente no la aplicaría a un paciente, pues se trataría de provocarle directamente la muerte. En términos similares se expresó el Manuel Mondragón, titular de Seguridad Pública del DF, que es médico de profesión: "nosotros, como médicos, estaríamos imposibilitados para hacerlo", afirmó.

De esta manera, llegamos a un punto central de las discusiones sobre la eutanasia. Se trata de la contraposición entre los argumentos médicos y las propuestas políticas. Para los primeros, la eutanasia activa se rechaza porque quita la vida. Para algunos políticos, en cambio, la eutanasia activa defendería un supuesto derecho de los pacientes o sus familiares, para decidir cuándo dejar de vivir.

Pero, ¿se trata de un verdadero derecho? No lo es, y por eso degrada al ser humano. Veamos: Betanzos afirmó que la propuesta no legaliza el asesinato (sic), sino evita que se prolongue la vida de alguien que está condenado a morir. Y añadió que el método para llevar a cabo la eutanasia activa sería la inyección. En ambas afirmaciones, el enfermo terminal es considerado como un "condenado a muerte". La propuesta legislativa consiste en matarlo "de una vez", y hacerlo con una inyección, como a los reos condenados a la pena capital. Ésta es una falsa compasión.

Además, Betanzos indicó que el objetivo de la propuesta es "acabar con el sufrimiento de los pacientes". Y para eso propone la inyección letal. Pero, como aseguró Ahued Ortega, es no es necesario, pues los pacientes que se acogen a la Ley de voluntad anticipada reciben cuidados paliativos que incluyen el control del dolor, apoyo psicológico y tanatológico al enfermo y su familia.

Por otra parte, algunos opinan que la eutanasia activa garantizaría la voluntad de los pacientes sobre la última etapa de su vida. De modo que, si alguno no quisiera quedar en estado vegetativo, o ser una carga económica para su familia, o simplemente no deseara vivir más, se respetaría esa decisión.

Pero esta postura también es incoherente: se argumenta que si una persona se quiere suicidar, y no lo puede hacer por sí misma, los médicos tienen la "obligación" de hacerlo por él, y con recursos del Estado. En tal caso, también tendrían la obligación de ayudar a quitarse la vida a quien pasara por un momento de profunda depresión y pidiera morir.

No es humano eliminar al que sufre. Lo verdaderamente humano es ayudarlo a sobrellevar el sufrimiento. Por eso, no se puede aceptar una ley que invite a desentenderse del enfermo. No existe un derecho a considerar al enfermo terminal como una carga inútil.

Correo: lfvaldes@...

Http://columnafeyrazon. blogspot.com

 

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Accion Catolica Diocesis de Queretaro
http://mx.geocities.com/acm_qromx o
http://accioncatolicaqueretaro.wordpress.com
accioncatolicaqueretaro@...

Adminstrador
Jose Luis Aboytes

 


#3829 De: "Instituto Social del Trabajo" <iso@...>
Fecha: Lun, 23 de Nov, 2009 1:49 pm
Asunto: Valencia (España): VIII Congreso Internacional de IDEA
jbggbo
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VIII Congreso Internacional de IDEA

 

Ética del desarrollo humano y justicia global

Instituciones y ciudadanos responsables ante el reto de la pobreza


Archivo 1 de 1


#3828 De: "PPluis" <jluis_aboytes@...>
Fecha: Dom, 22 de Nov, 2009 1:57 pm
Asunto: Iglesia y Política. Cristo Rey
jluis_aboytes
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Iglesia y Política. Cristo Rey

por José Luis Serrano

En la cercanía de la festividad de Cristo Rey que la Iglesia celebra para resaltar las consecuencias sociales de la Fe el autor se hace y trata de responder a algunas cuestiones: ¿En qué consiste el Reino de Cristo?, ¿Cuál debe ser la influencia política de la Iglesia?, ¿Cuál es la incumbencia de la Iglesia en las cuestiones que se llaman temporales?


Una primera respuesta posible nos la ofrecen quienes han pensado que este influjo cristiano sobre lo temporal no existe o, mejor, no debe existir, ya que Cristo dijo: "Mi reino no es de este mundo". Y también: "Dar al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios", como separando la religión de la política, lo espiritual de lo temporal. La Iglesia debería ser entonces rigurosamente espiritualista, conceptuándose como traición a la voluntad fundacional de Cristo, toda ingerencia suya en el orden temporal. El cristiano tendría, pués, un sentido espiritual e interior: Se ocuparía de la eternidad, del más allá, no del transitorio más acá. Esto sería competencia de otras fuerzas no religiosas.

Pero interpretación érronea. Se reconoce aquí la vieja idea del protestantismo liberal, con su teoría de los dos regímenes distintos y separados. Ciertos cristianos opinan lo mismo. Repiten así la pretensión de los viejos liberales que marginaban a la Iglesia en los templos y en el "santuario íntimo de la conciencia", apartándola de la realidad. Idea renovada también en el mundo Marxista, y en general por cuantos quieren anular la potencia histórica y social del cristianismo.

No es cierto que la política no tenga nada que ver con la religión, pués como el objeto de ambas es el mismo ser, el hombre, y todo concierne a una manera de concebir el mundo y la vida, es evidente que entre ambos poderes debe haber mutua armonía y no enfrentamiento o contraposición. El destino del hombre -su destino eterno- se juega en el corazón de la vida social y política de los pueblos, que encierra siempre graves problemas morales.

Antes de hacer una exposición sobre el verdadero significado de la cita Evangélica "Mi reino no es de éste mundo" citemos dos textos de Pío XII:

1º. "La Iglesia deberá hoy más que nunca vivir su propia misión; debe rechazar con mayor energía que nunca aquella falsa y estrecha concepción de su espiritualidad y de su vida interior que desearía confinarla, ciega y muda, en el retiro del santuario"

2º. "La Iglesia no puede, encerrándose inerte en el secreto de sus templos, desertar de su misión divinamente providencial de formar al hombre completo y así colaborar sin dencanso en la construcción del sólido fundamento de la sociedad. Esta misión es para ella esencial" (Pío XII, La elevatezza, BAC, doctrina política, pág. 927.)

Cristo es el Señor de la historia y el futuro juez de las naciones. El Verbo de Dios ha penetrado, por la Encarnación, en la totalidad de la existencia humana..

Cristo Rey.

Este principio que parece que se seculariza, que como hemos visto se aprovecha incluso por los maestros falsos del espíritu: El reino de Dios no es de este mundo o "Mi reino no es de este mundo". Ahora bién, si esta frase se intérpreta en su simplismo literal, si el reino de Dios no es de este mundo y, aún en el supuesto de que Dios exista, como no es de este mundo, como Dios es algo ajeno a este mundo, marginado, alejado del mundo, Dios debe quedarse como una pieza alejada de museo, mientras el vivir de la ciudad terrena discurre con autonomía por sus propios campos y sus propias directrices.

Para recordar que no sólo individualmente, sino que la sociedad como comunidad política también tiene unos deberes para con Dios, se instituyó por Pío XI la fiesta de Cristo Rey. Se hizo para que se reconozca y se proclame en sociedad la soberanía de Cristo, y los mismos gobernantes -que según el Papa, deben sentirse representantes de Aquél- den públicas muestras de veneración y obediencia al Señor (Encíclica "quas primas", 11 diciembre 1925).

Por ello se comprende y tiene sentido que diga el Papa en la citada encíclica:

"Cuando mayor es el indigno silencio con que se calla el dulce nombre de nuestro Redentor en las conferencias internacionales y en los Parlamentos, tanto más alta debe ser la proclamación de ese nombre por los fieles y la energía en la afirmación y defensa de los derechos de su real dignidad y poder"

Los ciudadanos y gobernantes cristianos no pueden actuar como si Cristo no estuviese presente o no fuese la clave de la Historia. Proceder así sería una apostasía pública, de la cual son formas actuales -además del ateísmo que niega a Dios, y del "laicismo" que intenta construir la sociedad prescindiendo de la religión (LG 36)- una secularización en la que se eclipsa toda referencia directa y operativa a Dios y a su Ley, la confesión del Señor se diluye vergonzosamente en vaguedades, y el supuesto "humanismo cristiano" de muchos elimina a Cristo degradándolo a mero símbolo de la autonomía del hombre.

Si, Jesucristo es rey. Rey universal... y, por tanto, rey de los reyes, rey de las naciones, rey de los pueblos, rey de las instituciones, rey de las sociedades, rey del orden político como del orden privado. Si Jesucristo es rey universal, ¿cómo podría esa realeza no ser también realeza sobre las instituciones, sobre el Estado: realeza social? ¿Cómo se la podrá llamar universal sin ella?

"Cristo es Dios, es hombre y es Rey".

Los Magos, que vinieron al pesebre bajo la luz insólita y desacostumbrada de una estrella, lo reconocieron y lo proclamaron así, asumiento la representación de la humanidad toda y ofreciéndole, como nos recuerda el evangelista San Mateo, "aurum, thus et myrrham" (II, 11), oro como Rey, incienso como Dios y mirra como hombre.

Y Cristo - la Palabra sin palabras durante la niñez desvalida- contestará más tarde -luego de transcurrir 33 años- con un triple "Sí" a ese triple ofrecimiento. A la pregunta de Caifás durante el proceso religioso, "¿eres Dios?", Cristo responde: "Tu dicis". A la pregunta de Pilato, durante el proceso civil, "¿eres Rey?", replica"Ego sum". A la pregunta, inquisitiva y escudriñadora, de los que le habían considerado como un fantasma, les dice entre los suspiros de la agonía: "consummatum est", dando con su muerte, el testimonio más inéquivoco de su perfecta humanidad.

Interesa destacar que el adelgazamiento operativo y la minimización progresiva de la fiesta que instiltuyó Pío XI al conmemorarse, en el año 1925, los 1600 años del Concilio de Nicea, se debe a que las causas que motivaron la institución de aquella festividad litúrgica, han producido consecuencias mucho más graves de las que, sin duda, el Pontífice autor de la Encíclica "Quas Primas", hubiera podido sospechar o predecir.

Hablaba, en efecto, el Pontífice, de la "fiesta del laicismo" como fundamento de una serie de males a los que la festividad de Cristo Rey, con las necesarias exigencias que la misma comportaba, pondría el deseado remedio. Naturalmente, que cuando el Papa hacía referencia al laicismo como proceso secularizador, tenía presente al ciudadano y a la sociedad civil, en los cuales "no maduró en un sólo día". Lo que el Papa no podía figurarse es que el proceso secularizador, estimulado por el laicismo, se desarrollase de tal modo que penetrara en el cristiano y en la sociedad religiosa, llegando a afirmarse que la Iglesia carece de autoridad para pedir a las comunidades políticas que acepten sus propias convicciones por ejemplo sobre la indisolubilidad del matrimonio, como si estas convicciones hubieran sido elaboradas en un círculo doctrinal, o pudieran ser sometidas a referéndum y no fueran -como lo son- un mandato de Cristo: "Lo que Dios ha unido que no lo separe el hombre".

El Papa imputaba al laicismo el hecho doloroso de que "la Religión cristiana había sido igualada a las demás religiones falsas y rebajada, indecorosamente, al nivel de estas".

¿Y qué el el laicismo, que de forma tan radical condenaba Pío XI?. Laicismo (acad.): doctrina que defiende la independencia del hombre o de la sociedad, y más particularmente del Estado de toda influencia religiosa.

Ciertamente que el Papa no condenó la autonomía del orden temporal, ni la dignidad y libertad del hombre, exaltada en el Concilio Vaticano II. En su interpretación correcta, aquella autonomía no es independencia de la ley divina, sino reconocimiento de que, al lado de la normativa eclesiástica, existe un juego de leyes que, desde un punto de vista ontológico (del ser), la Iglesia nada tiene que decir. Así sucede con el cálculo de la resistencia de los materiales o el trazado de una línea de ferrocarril. La dignidad y la libertad del hombre, por otra parte, nunca encontrará más ardorosa y tenaz defensa que en la Iglesia católica. Cuando en el Vaticano II en la Constitución "Gaudium et spes" (punto 36) nos habla de la legítima autonomía del orden temporal, precisa que: "Esta autonomía no significa que las cosas no dependan de Dios y que el hombre pueda usarlas sin referirlas a Dios."

Lo que sucede es que, retorciendo el significado de las expresiones (autonomía de lo temporal como independencia de lo Divino), el laicismo pretendía y pretende, manteniendo su identidad, romper el triángulo Dios-hombre-mundo aplastándolo y reduciéndolo a una línea horizontal en la que Dios, como vértice elevado, pero unido a los otros desaparece. El orden temporal, tiene, a lo sumo (como en la fórmula teilhardiana) un principio y un fin, un alfa y un omega, un punto de partida y un punto final. De este modo, el Dios providencia y el Cristo camino y vida para el camino, se diluyen y acaban perdiendo toda vigencia y todo significado. ¿Qué puede significar, para estas concepciones acomodaticias y residuales del cristianismo, la fiesta de Cristo Rey?

Por lo que respecta al hombre, como vértice de ese mismo triángulo, el laicismo se empeña en un trueque fraudulento, al poner el énfasis de la dignidad del hombre, no en su filiacion divina, sino en el dictamen individual de la conciencia, haciendo de la conciencia subjetiva de cada uno, la fuente de los criterios de moralidad, olvidando que si hay conciencia sicológica libre, que hace al hombre responsable, es decir, capaz de diálogo con Dios y de respuesta afirmativa o negativa a sus requerimientos, no existe conciencia moral libre. (Se nos dice con frecuencia: Cada uno obre según su conciencia; ¡ayá cada uno con su conciencia!; aborto, cuestión de conciencia. etc)

"La conciencia, -ha dicho Pablo VI en su alocución del 12 de febrero de 1969-, no es por sí misma árbitro del valor moral de las acciones, sino intérprete de una voz superior. No es fuente del bien y del mal, sino advertencia tan sólo", añadiendo la Constitución "Gaudium et spes" (número 16) que "la conciencia descubre una ley que no se dicta a sí misma y a la cual debe obedecer." Ahora bien, si la conciencia individual es -como se dice de contrario (es decir equivocadamente)- fuente de los criterios de moralidad sin apelación a unos baremos revelados y objetivos, la idea de Dios se difumina o se rechaza, el hombre busca en sí la razón de su dignidad, se autocentra e idolatra, se estima su propio salvador y se convierte en el demiurgo (creador) de su propio destino. ¿Qué puede significar, para estas concepciones propias de un cristianismo autosuficiente y orgulloso, la fiesta de Cristo Rey?.

En una época presidida e influenciada profunda e incisivamente por el ateísmo doctrinal o práctico (en la vida), en la época del eclipse de Dios, en un mundo caracterizado por la huída de lo divino, en un tiempo en que no ser ateos es ir contra corriente, en una ocasión como la actual en que no nos enfrentamos con herejías parciales, con amputaciones dogmáticas o con podas sacramentales, sino con la herejía completa, radical y absoluta de la negación de Dios, ha podido hablarse, en una atmósfera decadente y contaminada, de un cristianismo vaciado de Dios y de una teología de la muerte de Dios que, inexorablemente, conduce a una antropología hueca y careada, porque se queda sin el hombre al que, quizá queriendo ensalzarle, lo anega y hunde. (antropología: Ciencia que tiene por objeto el estudio del ser humano) ¿Y qué puede significar, para estas concepciones del cristianismo sin Dios, la fiesta de Cristo Rey?

Ahora bien, si Cristo da testimonio de la Verdad, y para eso vino al mundo, y Cristo aseguró en un instante solemne, "ego sum rex" ¿De qué y de quienes es rey?. Porque cabe admitir, por pura obediencia formal, la fiesta litúrgica de la realeza de Cristo, pero ¿a qué reinado hacemos referencia en la misma?

En esta hora de confusiones doctrinales conviene clarificar las ideas y hay dos direcciones, quizàs mantenidas y divulgadas de la mejor buena fé, en torno al reinado de Cristo, que son equivocadas porque distorsionan su contenido y su hacimiento. En un esquema simple, tales orientaciones equivocadas son las siguientes.

- En primer lugar, la que, de algún modo, aunque con un transporte del tiempo y de la circunstancia histórica, sigue calificando y queriendo al Cristo "Rex Israel" (Juan XIX, 13) de la dominica de ramos, hasta el punto que cuando este anhelo no se cumple, con sentido irónico, pondrá, en una tablilla, sobre su cadáver: "Iesus Nazarenum Rex Iudeorum" (I.N.R.I.) (Juan XIX, 19)

Bajo ropajes distintos, el "rex iudeorum" es un rey en el tiempo y para el tiempo, del mundo, según el mundo y para el mundo. Pero fue el propio Cristo el que afirmó: "Regnum meo no est de hoc mundo". Por eso Cristo contestó a Pilatos: "Si mi reino fuese de este mundo, mis gentes (mis súbditos) habrían combatido para que no cayera en manos de los judíos" (Juan19,36).

Entre los gritos desgarrados y los sarcasmos de los que pensaban en un reino de este mundo, y, por tanto, creían que la crucifixión de Jesús era el final de toda esperanza ("Si eres Rey, sálvate y sálvanos, baja de la Cruz"), uno de los crucificados descubre de pronto la admirable trascendencia del Reino de Cristo; increíblemente se convence de que el moribundo, muriendo, va a reinar: "Jesús acuérdate de mí cuando llegues a tu reino". El le dijo: "En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el Paraíso".

En 2º lugar, otra orientación equivocada, es la que atiende de un modo exclusivo (único), al "regnum caelorum", o sea, a un reinado que se situa mirando hacia arriba, o hacia el final. Hacia arriba, en una zona ausente, yuxtapuesta o, a lo sumo, tangencial al derrotero histórico, en la que distanciado, despreocupado o ajeno a nuestras cosas, Cristo, encarnación del "Deus absconditus" (escondido, desconocido), se introduce y arropa, luego de cumplir la misión que el Padre le encomendara. Hacia el final, en una perspectiva puramente escatológica (1) y, por ello, en un reinado ultimista y postrimero, que comenzará con la Parusía (2) cuando los hombres oigan las palabras de Cristo que recoge San Lucas: Para que comais y bebais "in regno meo". (Luc. XXII, 29)

Entre el "Rex Israel" y el "Regnum Caelorum" hay una posición ortodoxa (3) Su reino no es de este mundo, es decir, no proviene de este mundo, y, porque viene de arriba y no de abajo, ninguna mano terrestre podrá arrancarselo. Mi reino no es de este mundo, es decir no es como los reinos de la tierra, limitados en el tiempo y en el espacio; no depende de un prebiscito ni del sufragio universal. No es rey de este mundo porque los reyes de este mundo pueden engañar y ser engañados; se puede uno librar de ellos; se puede huir de su justicia. Nada de esto es posible a su respecto.

Tal es el sentido de la fórmula evangélica. Nada que indique que no se ejerza sobre este mundo, sino únicamente que no procede de él. De ningún modo resulta de estas palabras que Jesucristo no deba reinar socialmente, es decir, imponer sus leyes a los sobertanos y a las naciones.

Porque si el reino de Cristo no es de este mundo, es decir, según los criterios y los esquemas del mundo, tampoco es un Reino abstracto, quimérico, algo así como un arquetipo inalcanzable o situado en el más allá de una frontera escatológica. Rex. "cuius regnit nom erit finis", pero de un reino que tiene un principio y ese principio no está en la segunda venida del Señor, en la Parusía del Apocalipsis, sino en su primera visita, en el instante en que el Espíritu, al cubrir con su sombra a María, le engendró en sus entrañas virginales. El "fecit mihi magna qui potens est" no hace sólo relación a María, como madre de Jesús, sino a María como madre del Rey de Reyes y Señor de los Señores.

Si "Mi reino no es de este mundo" significara que la realeza de Nuestro Señor no sobrepasa el orden de la vida interior de las almas, sería necesario admitir que aquella otra frase de Jesús "TODO PODER ME HA SIDO DADO EN EL CIELO Y EN LA TIERRA" no es más que una amable jactancia. Sería preciso decir que otros muchos pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento son fórmulas huecas y sin valor. Habría que decir, sobre todo, que la Iglesia no ha cesado, desde hace 20 siglos, de equivocarse en este punto.

Porque es verdad que el reino de Dios no es de este mundo, según este mundo, pero se incoa, comienza, en este mundo, se prepara, empieza a construirse en este mundo. No es de este mundo el reino de Dios, sencillamente porque no tiene las características y las comnotaciones de los reinos temporales y, además, porque incoándose, preparándose, construyéndose en el mundo solamente en la eternidad adquiere su plenitud y su perfeccdión, pero es un reino también que se incoa en este mundo, porque fué Cristo el que dijo a Pilatos: "Yo soy Rey, tú lo has dicho". Es Cristo el que proclama públicamente, solemnemente, con las palabras que tienen más tensión cuando la muerte se aproxima, que el era Rey.

Cristo con su Buena Nueva, vino a predicar el Reino y suyas son las llamadas PARABOLAS DEL REINO -el grano de mostaza, la siembra, la lámpara sobre el celemín, la perla de gran valor, el dracma perdido, la pesca milagrosa-; Cristo dice que está cerca de los que escuchan su palabra, y, ciertamente, los que le escuchaban estaban en el mundo. El dice que busquemos el reino de Dios y su justicia y lo demás se nos dará por añadidura. El dice que el Reino de Dios padece violencia; cuando nos enseña a orar dice al Padre que se haga su voluntad así en el cielo como en la tierra, de tal manera que si la voluntad es un principio de soberanía que se impone y Cristo, maestro de la verdad, quiere que se haga su voluntad así en el cielo como en la tierra, queramos de una vez, proclamenos de una vez, que nosotros creemos en la soberanía de Dios, creemos en el gobierno de Jesucristo, en el reinado de Cristo sobre la tierra.

Y suyas son las llaves del Reino, que de manera simbólica, entrega a Pedro con toda la carga teológica y jurídica que dicha tradición supone.

El reino de Cristo, que no es como los reinos de este mundo, está, sin embargo, aquí y, aquí, en el tiempo, se inicia y se constituye, galvanizando y vitalizando, trabando y uniendo sus piezas, que somos los hombres, por el misterio de la gracia, que limpia y edifica, en lucha constante con el misterio de la iniquidad, que mancha y corroe.

Por eso, porque el Reino ya está aquí, porque queremos, como Cristo quiere, que se edifique, al extenderse la gracia vivificadora que la Iglesia administra y distribuye, decimos con la gran oración que el Maestro nos enseñara: "Venga a nos tu Reino". Pero que venga ahora, como sin duda está viniendo en cada segundo, cada vez que un alma se convierte, o aumenta en santidad, cada vez que una familia se aprieta, más hondamente, con amor en el seno del Amor, cada vez que una sociedad deviene más justa y sus miembros se saben y se conducen como hermanos en la andadura y en el destino.

Cristo que se negó a que lo proclamaran rey luego de la multiplicación de los panes, no se negará al hosanna (bendito) que precede a su elevación en el trono de la Cruz y al "crucifique eum" que lo anticipa y ello porque al no ser su reino como los reinos de este mundo, la cruz, por contraste, será el paso doloroso para la victoria de la Vida, que muriendo, se desbordará, a torrentes, para darla al mundo. Así el "adveniat regnum tuum" es una impaciente solicitud a esa sangre martirial del reino para que nos transforme, de tal modo, que siendo sus súbditos, al participar de su sangre seamos también sus hermanos.

De esta manera, el Reino de Cristo no es un reino metafórico, (un reino en sentido figurado), sino un Reino, como dice la Encíclica "Quas Primas", "en sentido propio y estricto". Si Cristo afirma "Rex sun ego" (Jn 18,37), Yo soy Rey, lo es en su plenitud, del cielo y de la tierra, del "regnun coelorum" y de los "regna mundi". El Reino, pués, se consuma después de la muerte. Pero germina y crece antes de la misma. Jesús Resucitado no nos espera solamente al final de la Historia. Va con nosotros en nuestro camino intrahistórico: El mismo es nuestro camino. Es "la clave, el centro y el fin de la Historia humana" (GS. 10).

Cuando se proclaman, con deje de absolutividad, los derechos del hombre, se deja en la penumbra una idea básica y es la siguiente: que el hombre, en cuanto criatura, es, ante todo y con respecto a Dios, un sujeto de deberes. Por eso Dios manda al hombre en el Paraíso y en el Sinaí, y Cristo le dicta un mandamiento nuevo. Sólo manda el que tiene la autoridad para hacerlo, el que es Rey. De aquí, siendo verdad que el hombre tiene derechos, tales derechos le corresponden y puede enarbolarlos y esgrimirlos en función del cumplimiento de sus deberes. (4)

A este argumento, que apoya la realeza de Cristo, su facultad de mando y la obediencia del hombre, se añade, además, lo que llaman los teólogos el derecho de conquista, y conquista sagrada, puesto que Jesús, al derramar su sangre por todos, nos ha ganado para El, para su Reino y a El, moralmente, pertenecemos.

Sigamos con los argumentos.

Después de la pregunta de Pilatos: "¿de dónde eres tú?"..., dicho de otro modo: ¿Quién éres? Y ante el silencio de este singular prisionero, amenaza al Justo en nombre de lo que él cree su autoridad. "¿No me respondes? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y para crucificarte?", y Jesús responde: "No tendrías ningún poder sobre mí, si no te hubiera sido dado de lo alto".

"No tendrías..." tú Pilato... Es decir: tu hombre político cualquiera investido de una parcela de autoridad..., quienquiera que seas: simple funcionario, juez, diputado, ministro, gobernador, príncipe o rey..., no tendrías ningún poder si no lo hubieras recibido de la Alto, es decir: de Dios, es decir, de Mí.

El origen divino del poder prueba, sin posible discusión, que la realeza que Cristo reivindica, aunque no es de este mundo, se ejerce sobre él, sobre los individuos, como sobre las naciones. Este reinado es un hecho individual, en tanto en cuanto considerado en la obediencia que cada alma fiel presta a Nuestro Señor Jesucristo. Así pues, el alma de cada uno de nosotros es una parcela del campo de jurisdicción de Cristo Rey. El reinado de Cristo será un hecho social, si las sociedades humanas le prestasen obediencia. Por consiguiente, se puede decir que el Reino de Cristo se hace efectivo (realidad) en la Tierra, en un sentido individual y social, cuando los hombres en lo íntimo de su alma y en sus acciones, y las sociedades en sus instituciones, leyes, costumbres, manifestaciones culturales y artisticas, etc, se configuran según la Ley de Cristo.

Es también una realeza social; puesto que está en el origen mismo del poder de Pilato. Prueba cierta, pues, de que el poder civil no escapa de ningún modo a su imperio. Por eso se dice que la soberanía es atributo de Dios y que el principio según el cual la soberanía reside en los hombres es una herejía. Por eso cuando se profesa esta, entonces sólo tiene cabida en la ciudad terrena el puro capricho de los hombres, los votos de los hombres, el sufragio electoral sin ninguna limitación..

Cristo es Rey de los reyes de la tierra (1 Tim. 6, 15 y Apoc. 12, 14 y 19, 16) y opone su Reino en la ciudad terrena al reinado de Satanás, que en las tentaciones del desierto le ofrece - pués los considera propios- los reinos de este mundo (Mt. 4, 8 y Luc. 4, 5-7).

La última consecuencia de esta interpretación simplista y equívocada "El reino de Dios no es de este mundo" es la consigna clara de Marx y sus seguidores: Toda apelación a lo divino es alienante, todo lo que sea religioso aranca al hombre de su inquietud por construir la ciudad terrerna. La religión, en definitiva, no es más que el "opio del pueblo".

No se entiende como puede conciliarse ese impetú de la "consecratio mundi" (Lumen gentium núm. 34) y de la animación cristiana del orden temporal, con el enfriamiento de la devoción y el escamoteo de la doctrina de la realeza social de Cristo. Si la sociedad civil está compuesta por hombres, si la comunidad política busca el bien común, del que es fuerza clave la viabilidad de los medios que conducen a la salvación eterna de los hombres, parece lógico que la ley y la justicia se alimenten de los mandatos de Cristo y que los gobernantes, no sólo como individuos, sino como representantes y agentes del Estado, rindan culto público al Señor, tal como lo pedía Pío XI y como lo pide la Iglesia en el himno tantas veces recitado:

"Que te honren con culto público los Jefes de las naciones,
que te adoren los magistrados y los jueces, que las leyes y las
artes te ennoblezcan".

Quiero detenerme aquí para precisar los conceptos. De un lado, la Iglesia es el gran sacramento de la salvación, y es a la Iglesia a la que, por ministerio y misión, corresponde la tarea de evangelizar y santificar. De otro lado, la comunidad civil no puede confundirse con la Iglesia, ni convertirse, so pretexto del reino social de Cristo, en una teocracia, en la que el poder político se asume por la Iglesia, so pretexto de ser la continuadora de su divino Fundador y en nombre de éste. Pero la comunidad política, obra de Dios, creador del hombre como ser social, y al Estado que la rige, corresponde la tarea de asumir, de hacer suya la Verdad y la Voluntad divinas reveladas en los textos sagrados en orden a su propia constitución y al cumplimiento de los fines que le son propios, es decir, al origen del poder, a la noción del bien común y a los principios conjugadores de la autoridad y de la libertad.

Son los príncipes de este siglo, siguiendo a San Pablo (1 Cor. 2, 6-8) los que deben entender la sabiduría divina y no rechazarla, repudiando y expulsando esa sabiduría, encarnada en Cristo, de las comunidades políticas que le fueron encomendadas. Sus reinados (el de los "regna mundi") gozan de la autonomía de lo temporal y se regulan por sus propias leyes, como la de movilizar a los súbditos para su defensa, pero no se independizan, ni por razón de su origen ni de su cometido, de quien los quiere para el bien común que comprende el logro, sin obstáculos en la comunidad política, de su salvación eterna.

El Reino de Cristo, siendo escatológico y personal, debe ser, sin duda, un reinado social.

Esta conclusión, que, a mi juicio, es irrefutable, conlleva unas afirmaciones que a los oídos de la teología liberal estoy seguro que parecerán escandalosas, aunque en realidad son de una lógica ortodoxa convincente.

Si Cristo, en efecto, se autodefine como la Verdad (Juan 14, 6) y asegura que ha venido al mundo para dar testimonio de Ella (Juan 18, 37), esa Verdad no puede rehuir la contemplación de la ciudad terrena en que el hombre habita, y cuya ordenación influye notoria y decisivamente en su forma de ser y de comportarse, y, por ello, en su destino trascendente.

Más aún, si Cristo, según el pasaje antes aludido (Juan 18, 37), asegura que "todo el que permanece en la Verdad escucha su voz", la voz de Cristo, cuando nos enseña a orar pide al Padre que así como su voluntad se hace sin problemas en el cielo, se haga también, aunque haya que resolver los problemas del "status viatoris", en este mundo. Si el cristiano, pues, conoce por el testimonio de Cristo la voluntad del Padre y, por ello, la de que a El queden sometidas todas las cosas (Mt 18, 28), sin excluir la sociedad temporal, resulta evidente de toda evidencia que el Reino de Cristo, siendo escatológico, para después, cuando alcance su plenitud o realización perfecta (Luc. 21, 31), y personal "ad intra", en la intimidad de cada hombre, es igualmente un Reino social, en la "Civitas" terrena del tiempo presente.

Esta línea encadenada de ideas nos conduce, no ya a la legitimidad, sino a la exigencia de una "Civitas" terrena, no diabolizada, sino cristianizada (es decir, convertida), cristiana (es decir, estructurada conforme a la Voluntad y Verdad divinas) y cristianizante (es decir, comprometida en una tarea de servicio apostólico coadyuvante).

La Cristiandad es así una consecuencia -realidad o proyecto todavía no logrado- del Cristianismo, la manifestación temporal y social de éste, la revelación de que los "regna mundi", que Satanás tiene como suyos (Juan 4, 6), le han sido arrebatados, porque también para su remate fue derramada en la Cruz la sangre redentora del Mesías.

De tal forma se vinculan Cristianismo y Cristiandad -Cristianismo como hecho religioso y Cristiandad como fruto de la asunción por la comunidad política de la Verdad y voluntad reveladas sobre ella-, que en la medida en que la Cristiandad se debilita por la agresión externa o la descomposición interior, el Cristianismo retrocede y la sociedad se paganiza recuperándola y sometiéndola de nuevo el príncipe de este mundo a su dominio homicida.

Lo que satanás desea es que todas las cosas ("Ya comáis, ya bebais, hacerlo todo en nombre de Cristo") que hay sobre la Tierra - las instituciones, el poder, las modas, la enseñanza, los espectáculos, la prensa, la literatura, la radio, las ciencias, las artes, la atmósfera de la calle, el trabajo y el descanso, la comida y la bebida, (por ejemplo el pecado de la gula), el amor y el matrimonio, la religión - todo, en lugar de acercar al hombre a Dios lo alejen de El. En realidad lo que hacen los estados modernos, tanto las democracias liberales como los estados socialistas es invadir un terreno que no es el suyo, creando lo que podriamos llamar una especie de "poder espiritual laico" distinto e independiente y por lo tanto diferente su magisterio al de la Iglesia.

Con esta afirmación queda respondida la siguiente pregunta: ¿Hasta que punto los Estados actuales son lo estrictamente temporales para responder al espiritu de la distinción entre el poder espiritual y el temporal? Elaboran su idelogía, DETERMINAN SU MORAL. Estados modernos tendentes a ser su propio Pontífice. Crean su propio magisterio y en este sentido son en realidad espirituales tanto como temporales. Es decir "acaparadores" de lo espiritual. TOTALITARIOS POR ELLO MISMO. Crean su propio "magisterio, cuando sólo puede y debe haber un magisterio con el sucesor de Pedro a la cabeza. Vicario de Jesucristo, puesto al frente de la Iglesia Universal con potestad suma, como maestro de la doctrina, de la moral y de la fe. Caen en el error, que advertía y llamaba Pío XII de crear una "Teología Laica".

Cristo es el "Kyrios", el Rey, el Señor que, como dice San Cirilo de Alejandría, gobierna como soberano a todas las criaturas. El -dice la Encíclica Quas primas - es "la fuente no sólo del bien privado, sino del público".

De aquí la fiesta de Cristo Rey que ahora celebramos, de aquí la denuncia ministerial y profética a un tiempo de Pío XI, de los "Estados que prescinden de Dios" y la solemne afirmación de que "la regia dignidad (de Cristo) exige que la sociedad entera se ajuste a los mandamientos divinos y a los principios cristianos, ora al establecer las leyes, ora al administrar justicia, ora, finalmente, al formar las almas de los jóvenes en la sana doctrina y en la rectitud de costumbres"

La Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política -de la Congregación de la Doctrina de la Fe-, de 24 de noviembre de 2002, firmada por el cardenal Ratzinger y aprobada por Juan Pablo II, tres días antes, arranca con un párrafo bien orientador: "No todas las posibles concepciones de la vida tienen igual valor, pues hay una norma moral, ontológica y arraigada en la naturaleza misma del ser humano a cuyo juicio ha de someterse toda concepción del hombre, del bien común y del Estado"

Ya se que la hora no es fácil. Pero nosotros queremos ser fieles a Cristo Rey, al magisterio de la Iglesia que nos urge a "militar con infatigable esfuerzo" bajo su bandera y a los que murieron con tan bella advocación en los labios y en el alma.

Nosotros profesamos la lealtad a Cristo Rey. Nos inclinamos reverentes, ante su poder y ante su amor, y, con amor y con obediencia, queremos seguirles, como quería San Ignacio, en su meditación de las dos banderas.

"Ego sum veritas" Tenemos un Rey-Verdad, y los suyos, los que pertenecen al reino de la verdad, escuchan su voz, oyen sus mandamientos y los guardan. "¡Cristo vence! ¡Cristo reina! ¡Cristo Impera!. Nada puede acallar este júbilo interior en medio de la hecatombe. Queremos que Cristo reine. Nosotros no gritamos aquello de la multitud embriagada y envilecida: "¡No tenemos más rey que al César!", porque cuando no hay más Rey que un César -sea cualquiera el nombre con que se disfrace- cuando el César no reconoce a Dios, ni le teme, ni le ama, entonces ese César terrenal es un tirano, que, al no respetar a Dios, esclaviza al hombre con la más brutal y la más despreciable de las tiranías.

Vosotros, los que tanto habláis de amor a los hombres, no olvidéis que este amor a los hombres no es posible en la sociedad, si la sociedad, politicamente organizada, no admite de veras el Reinado de Cristo, que es un Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz.

De aquí la necesidad de instaurar todo en Cristo

Como dice Juan XXIII (Mater et Magistra), "Si el Señor no edificara la casa, en vano trabajan los que tratan de edificarla". Y Pío XII: "Es todo el mundo el que hay que rehacer desde los cimientos".

·- ·-· -··· ·· ·-··
José Luis Serrano

Notas

1.-Escatológico: Que pertenece o se refiere a lo que sucede después de la muerte, del destino final del hombre y del mundo.

2.- Parusía: La segunda venida de Jesús, para el Juicio Final o Universal y el fin del mundo (final de la Historia de la Salvación para la humanidad).

3. Ortodoxa: veraz; conforme al dogma católico en este caso.

4. Cristo no nos dice: todos tienen derecho a la vida o a la propiedad privada. De nada sirven estos derechos si no tienen otros la obligación de cumplirlos. Cristo dice, impone, deberes: No matarás, no robarás, etc.

 

Revista Arbil nº 76


#3827 De: Laureano <laureanobrac@...>
Fecha: Mié, 18 de Nov, 2009 2:00 am
Asunto: Argentina: Congreso Nacional de Doctrina Social en 2011
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Los obispos convocan a un Congreso Nacional de Doctrina Social
Buenos Aires, 17 Nov. 09 (AICA)


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La 98 Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina, resolvió convocar en el marco de las celebraciones del bicentenario patrio, a un Congreso Nacional de Doctrina Social de la Iglesia por realizarse en la arquidiócesis de Rosario en 2011, con el lema “Bicentenario 2010-2016: aportes para un proyecto de País con justicia y solidaridad”.

     El Congreso será preparado desde 2010 y organizado por la Comisión Episcopal de Pastoral Social, la Comisión Nacional Justicia y Paz y la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), y, en sintonía con la encíclica “Caritas in veritate”, de Benedicto XVI, se buscará entre otros objetivos, generar conciencia sobre la importancia del desarrollo humano integral.

    En los fundamentos de la convocatoria, los obispos señalan, citando a Pablo VI, que “toda acción social requiere una doctrina” y recuerdan el documento Navega Mar Adentro, expresando que “participar activamente en la construcción del bien común en nuestra patria es hoy una necesidad impostergable. Para caminar en esta dirección, se requiere el conocimiento y la difusión de la Doctrina Social de la Iglesia, como uno de los elementos constitutivos de la Nueva Evangelización”.

     Asimismo, hacen referencia a la Carta Pastoral con ocasión de la Misión Continental, señalando: “los obispos en  la Argentina hemos decidido también tener el Bicentenario (2010 – 2016) como meta y objetivo evangelizador. La Misión Continental en la Argentina no puede estar separada de este acontecimiento, teniendo en cuenta que su celebración se da en un espacio de tiempo de 6 años. Esto permite trabajar desde la Doctrina Social de la Iglesia en un camino formativo y de compromiso con la construcción de la sociedad.

     El Congreso se realizará en la arquidiócesis de Rosario, en la sede local de la Universidad Católica Argentina, y entre otras metodologías participativas, buscará vincular a diócesis y regiones a través de videoconferencias en sedes de la UCA y de otras Universidades Católicas del país. Asimismo, se buscará trabajar en conjunto con centros de formación y con otros espacios de difusión y aplicación concreta a la realidad de la Doctrina Social de la Iglesia.

     La convocatoria estará abierta a las distintas vocaciones de la Iglesia, agentes pastorales, laicos constructores del bien común, académicos y especialistas en DSI, ciudadanos de buena voluntad, entre otros.

Actividades previas
     Como preparación del Congreso, durante el año 2010 se realizarán misiones, semanas sociales, retiros, jornadas y congresos diocesanos y regionales de Doctrina Social de la Iglesia y encuentros formación con agentes pastorales, nuevos dirigentes, dirigentes políticos, sociales, sindicales, productivos, culturales, educativos, entre otros.

     Asimismo, durante el Congreso se propondrá una metodología de trabajo en red para que los participantes se transformen, con vistas al Bicentenario 2010-2016 en agentes multiplicadores de la Doctrina Social de la Iglesia como aporte para un proyecto de País con justicia y solidaridad.

Objetivos
     En el marco del Bicentenario 2010-2016 y con un espíritu participativo y federal, el objetivo del Congreso será “contribuir a un mejor conocimiento y a una mayor difusión de la doctrina social de la Iglesia, como uno de los elementos constitutivos de la nueva Evangelización, como aporte a ‘un proyecto de país’ con justicia y solidaridad”.

     Y como objetivos específicos se han definido, entre otros:

     - Contribuir a profundizar la relación entre dimensión social de la fe, nueva Evangelización y doctrina social de la Iglesia.
     - Promover el compromiso misionero hacia una sociedad justa y responsable, con vistas a revertir la carencia importante de participación de los cristianos, y la ciudadanía en general, como agentes de transformación de la vida social, económica y política del país.
     - Concientizar, desde los valores y principios de la DSI, a la ciudadanía y a la dirigencia sobre la urgente necesidad de contribuir a erradicar la pobreza y promover el desarrollo integral como prioridad Nacional del Bicentenario 2010-2016.
     - Contribuir a repensar la acción pastoral de la Iglesia con los constructores del bien común.
     - Contribuir a discernir, interpretar y abordar la nueva cuestión social del cambio de época.+




Fuente


#3826 De: "Instituto Social del Trabajo" <iso@...>
Fecha: Dom, 15 de Nov, 2009 10:10 pm
Asunto: Conclusiones del II Sinodo de Africa
jbggbo
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Se ha incluido en la página web del ISO por considerarlo de interés un documento con las conclusiones del segundo Sínodo de Obispos de Afríca que se ha clausurado recientemente : http://www.isotrabajo.org/index.php?option=com_docman&task=doc_details&gid=101&Itemid=69

 

Descripción: Como afirman los obispos africanos en estas conclusiones del segundo Sínodo de Africa: "África es rica en recursos humanos y naturales, pero muchos en nuestro pueblo se debaten en medio de la pobreza y la miseria, de guerras y conflictos, entre crisis y caos. Muy raramente todo esto es causado por desastres naturales. Se debe, más bien y en gran medida, a decisiones y acciones humanas de personas que no tienen ninguna consideración por el bien común, y esto, con frecuencia, debido a la trágica complicidad criminal entre responsables locales e intereses extranjeros".

#3825 De: "Instituto Social del Trabajo" <iso@...>
Fecha: Lun, 16 de Nov, 2009 9:19 pm
Asunto: Nuevo documento en la WEB del ISO
jbggbo
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En el discurso que el Santo Padre Benedicto XVI ha pronunciado, el 16 de noviembre de 2009, en la apertura de la reunión de la FAO ha dicho, entre otras cosas, "El hambre es el signo más cruel y concreto de la pobreza. No es posible continuar aceptando la opulencia y el derroche, cuando el drama del hambre adquiere cada vez mayores dimensiones."
El discurso completo puede verse en nuestra sección de documentos -> desarrollo de los pueblos


#3824 De: "PPluis" <jluis_aboytes@...>
Fecha: Dom, 15 de Nov, 2009 11:36 pm
Asunto: ¿Es mejor dar o recibir?
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¿Es mejor dar o recibir?

La Voz Del Papa

José Martínez Colin

Periódico AM Querétaro, 15/11/09

 

1) Para saber

Al tratar sobre el desarrollo de los pueblos, el Papa Benedicto XVI ha querido poner énfasis en que su logro no está sólo en soluciones “técnicas”, es decir, el problema no es sólo económico o político, sino que es más profundo, pues tiene relación con la vocación que tiene cada hombre para vivir el amor. Pero ese amor debe estar fundamentado en la verdad.

La humanidad ya tiene un modelo de ese amor: lo encuentra en Dios hecho hombre, en Jesús. De ahí que afirme el Papa que el anuncio de Cristo es el primero y principal factor de desarrollo, pues ese amor nos enseñará a dar y a darnos al prójimo. Jesucristo viene a comunicarnos ese amor para que, a su vez, podamos darlo nosotros también (Cfr. Caridad en la verdad, n. 8).

2) Para pensar

Un estudiante universitario salió un día a dar un paseo con un profesor, a quien los alumnos consideraban su amigo debido a su bondad para quienes seguían sus instrucciones.

Mientras caminaban, vieron junto a la vereda un par de zapatos viejos y supusieron que pertenecían a un anciano que trabajaba en el campo de al lado y que estaba por terminar sus labores diarias.

El alumno dijo al profesor: “Hagámosle una broma; escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre”.

“Mi querido amigo -le dijo el profesor-, nunca tenemos que divertirnos a expensas de los pobres. Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre. Mejor coloca una moneda en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre”.

Eso hizo y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos. El hombre pobre, terminó sus tareas, y cruzó el terreno en busca de sus zapatos y su abrigo. Al ponerse el abrigo deslizó el pie en el zapato, pero al sentir algo adentro, se agachó para ver qué era y encontró la moneda. Pasmado, se preguntó qué podía haber pasado. Miró la moneda, le dio vuelta y la volvió a mirar.

Luego miró a su alrededor, para todos lados, pero no se veía a nadie. La guardó en el bolsillo y se puso el otro zapato; su sorpresa fue doble al encontrar la otra moneda. Sus sentimientos lo sobrecogieron; cayó de rodillas y levantó la vista al cielo pronunciando un ferviente agradecimiento en voz alta, hablando de su esposa enferma y sin ayuda; de sus hijos que no tenían pan y que debido a una mano desconocida no morirían de hambre.

El estudiante quedó profundamente afectado y se le llenaron los ojos de lágrimas. “Ahora- dijo el profesor- ¿no estás más complacido que si le hubieras hecho una broma?”.

El joven respondió: “Usted me ha enseñado una lección queja-más olvidaré. Ahora entiendo algo que antes no entendía: es mejor dar que recibir”.

3) Para vivir

El motivo de la reciente encíclica fue el 40 aniversario de la publicación de la Encíclica de Pablo VI llamada “El desarrollo de los pueblos”. Después de ese documento, el mundo ha experimentado un cambio: el fenómeno de la “globalización”. El riesgo, dice el Papa, es que al olvidar el aspecto ético, no haya un verdadero crecimiento humano de todos los pueblos.

Sólo la fuerza del amor podrá vencer al mal con el bien y se podrán abrir las conciencias de los seres humanos a unas relaciones recíprocas de libertad y de responsabilidad que eliminen las injusticias (Cfr. Caridad en la verdad, n.9).

José Martínez Colín es sacerdote.

Ingeniero en Computación por la UNAM y Doctor en Filosofía por la Universidad de Navarra (e-mail: padrejosearticulos@...)

 

 

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#3823 De: "PPluis" <jluis_aboytes@...>
Fecha: Lun, 16 de Nov, 2009 12:09 am
Asunto: Matrimonio Gay ¿para qué?
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Matrimonio Gay ¿para qué?

Fe y Razón

Luis Fernando Valdés

 

 

 

Está en la agenda de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal la creación de una ley para equiparar las uniones homosexuales al matrimonio. El Diputado del PRD, David Razú, ha promovido esta reforma al Código civil local, y ha afirmado que antes de diciembre será aprobada la nueva legislación sobre "matrimonios homosexuales". ¿Qué implicaciones tendrá está ley?

Antes que nada, es importante mencionar que existe un "Programa de Derechos Humanos del Distrito Federal" (Prodehuma), que el Jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, calificó como "obligatorio". La encargada del comité coordinador del Prodehuma, Ja-cqueline L'Hoist afirmó que esta modificación al Código civil es la primera acción de este programa. De modo que se trata de una acción bien orquestada.

El miércoles 11 de noviembre pasado, representantes de 87 organizaciones de la sociedad civil exigieron conseguir la "igualdad de derechos" que las sociedades de convivencia, aprobadas en 2006, no lograron adquirir. "No queremos más leyes especiales, queremos todos los derechos" afirmaron. Además, sostuvieron que el reconocimiento legal les beneficia al tener acceso a la seguridad social, los derechos de tutela, de alimentación, entre otros, y que actualmente la Ley de Sociedades de Convivencia no garantiza, (www.jornada.unam.mx).

Sin embargo, estos planteamientos requieren una seria reflexión. En primer lugar, la finalidad del Derecho civil consiste en asegurar el recto desarrollo de la sociedad humana. Y como la sociedad debe su supervivencia a la familia fundada sobre el matrimonio, es necesario que la unión estable de un hombre y una mujer con el fin de la procreación, sea tutelada por las leyes. Si no se reconoce y se protege esta institución matrimonial, la sociedad misma se pone en riesgo.

Ahora bien, la unión entre personas del mismo sexo no juega ningún papel en la supervivencia de una sociedad, porque esas uniones nunca conllevan la fecundidad. De ahí que no sea necesario que la legislación deba tutelar una situación "de facto", como la relación sostenida por personas de tendencia homosexual.

Una cosa es reconocer el hecho de la homosexualidad, pero otra muy distinta equiparar las uniones homosexuales al matrimonio. La consecuencia inevitable del reconocimiento legal de tales uniones es la redefinición del matrimonio. Si se cambia la noción de matrimonio, terminarán por ser redefinidos los elementos ligados a él: la procreación y la educación. Y, en ese otro cambio, son los niños los que resultarán atropellados.

Además, las citadas organizaciones invocan el reconocimiento de un derecho y exigen eliminar la discriminación. Pero se comete una injusticia sólo cuando se le niega un reconocimiento legal o un servicio social a quien tiene derecho a ello. Por eso, no se lesiona la justicia cuando no atribuye el estatus social y jurídico de matrimonio a formas de vida que no son matrimoniales, ni lo pueden ser.

Por otra parte, tampoco tiene sentido afirmar que los convivientes homosexuales dejan de recibir los beneficios que la ley da a los cónyuges. Tales beneficios son otorgados por la ley precisamente para favorecer el cuidado de la prole, la cual está ausente en las uniones homosexuales.

No hace falta dar un estatuto jurídico a ese tipo de uniones, puesto que no reconocerlas no pone en peligro el bien común de la sociedad, ni se falta a la justicia. En cambio, legalizarlas distorsionará el sentido del matrimonio, lo cual tendrá duras consecuencias sociales.

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#3822 De: doctrinasocial@...
Fecha: Lun, 16 de Nov, 2009 3:56 am
Asunto: Recordatorio de aniversario
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Recordatorio de:   grupo Yahoo! doctrinasocial
 
Título:   Aniversario Grupo DSI
 
Fecha:   sábado 21 noviembre 2009
Hora:   Todo el día
Repeticiones:   Este evento se repite todos los años.
 
Copyright © 2009  Yahoo! de México S.A. de C.V.. Todos los derechos reservados | Condiciones del servicio | Política de privacidad

#3821 De: "PPluis" <jluis_aboytes@...>
Fecha: Vie, 13 de Nov, 2009 4:48 pm
Asunto: Sobre la personalidad de un defensor de la vida
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Conferencia de la doctora Jutta Burggraf

 pronunciada el 6 de noviembre de 2009 en el IV Congreso Internacional Provida 
celebrado en Zaragoza (España) 
y que ha contado con la presencia de más
de 1.000 congresistas de treinta países.
*

 

 

 

SOBRE LA PERSONALIDAD DE UN «DEFENSOR DE LA VIDA»

¿Cómo ayudar a quienes parecen despreciar la vida? ¿Cómo orientar a las personas que, frente a situaciones límite, han elegido una salida que supone una tragedia: han optado por el aborto o la eutanasia

REFLEXIONES INTRODUCTORIAS

 Recuerdo a una escritora alemana, Karin Struck. Fuimos amigas en la última época de su vida. Si ella no hubiera sufrido una muerte prematura (2006), seguramente estaría hoy entre nosotros, en este gran Congreso por la vida.

Durante muchos años, Karin fue una novelista famosa. En sus tiempos de universitaria, militó en el partido comunista; después, propagó el amor libre y la homosexualidad. Decidió vivir sola con sus cuatro hijos, sin marido ni novios.

Un día abortó a su quinto hijo. Aunque no practicaba ninguna religión y vivía ajena a los tradicionales códigos éticos, quedó profundamente asustada del acto que había cometido. Con su sensibilidad de artista, expresó su angustia en un libro titulado “Ich seh mein Kind im Traum” (“Veo a mi hijo en los sueños”, 1992).

A raíz de la publicación de ese libro, su vida cambió radicalmente. Las grandes editoriales le cerraron las puertas, y también las revistas importantes, la radio y la televisión rechazaron sus colaboraciones habituales. Karin quedó completamente marginada, eliminada de la mirada del gran público. Y tomó conciencia, cada vez más profunda, del grado de enfermedad de nuestras sociedades.

Fue una mujer radical y valiente. Cuando se dio cuenta de que estaba financiando –indirectamente– miles de abortos, por el mero hecho de pagar la seguridad social, se dio de baja en ella, junto con sus cuatro hijos. Pero pocas semanas más tarde, tuvo un accidente gravísimo con su hijo pequeño en el coche: tanto ella como el niño quedaron en coma, precisaban de varias intervenciones quirúrgicas y de largos períodos en el hospital. Desde el punto de vista de su situación económica, esto significaba que Karin había caído en la indigencia.

Sin embargo, ella no estaba sola. Los grupos pro vida –de Alemania, Suiza y Austria– y muchas personas singulares que la habían conocido a través de su libro contra el aborto formaron una red de ayuda para Karin. Le socorrieron tanto material, como espiritualmente; le dieron fuerza para replantear su vida desde los cimientos, y ánimo para salir adelante. En una de sus últimas cartas, Karin me contó: “Ahora limpio las casas de otras familias y, en algún momento, espero terminar mis estudios. Ya no soy famosa, ni quiero serlo. Por fin, estoy en paz”. 

 Me gustaría que mirásemos juntos a estas personas que ayudaron a Karin. Le dieron la ayuda económica, tan necesaria en una situación precaria. Pero le regalaron mucho más: le transmitieron una nueva alegría, una nueva esperanza en su situación dolorosa. Se puede decir que despertaban y defendían su vida de un modo integral.

 En lo que sigue, no me refiero, por tanto, a lo que digan los “defensores de la vida” –que somos todos nosotros– a los grupos de presión o a algunos políticos. Tampoco me refiero a los panfletos que escriben, ni a las manifestaciones que organizan. Sólo quiero reflexionar con ustedes sobre nuestro comportamiento diario frente a personas concretas “del otro bando”: personas que han abortado o quieren hacerlo, que han pedido la eutanasia o quieren hacerlo.

Algunos de los “defensores” están organizados en asociaciones, otros no. Ordinariamente, no hace falta pertenecer a un grupo para defender la vida, aunque muchas veces sea oportuno. Sin embargo, no debemos olvidar que la potencia de un grupo depende de la personalidad de cada uno de sus miembros. Por eso, es tan importante empezar por nosotros mismos, si queremos defender la vida con eficacia.

  
I. ALGUNAS ACTITUDES CONVENIENTES

 Todos somos muy distintos los unos de los otros, y también las circunstancias en las que nos encontramos. Es bueno, además, que las diferentes personas tengamos diferentes maneras de actuar. Sin embargo, podemos destacar algunos rasgos comunes que, de un modo u otro, debería desarrollar cada “defensor”.

............1. Fortaleza

 Hace falta una buena dosis de valentía y de fortaleza para trabajar a favor de la vida en nuestra era de las dictaduras ocultas o manifiestas. Les voy a contar unos hechos que lo muestran con toda claridad.

Cuando cayó el Muro de Berlín, Alemania Oriental fue, de repente, un Estado libre, en el que regían nuevas leyes. Entonces, se abrieron los archivos de la policía secreta, y se descubrieron –entre miles de otros asuntos vergonzosos– algunos hechos especialmente considerables, que apenas fueron dados a conocer a los ciudadanos. La policía secreta de la Alemania comunista había estado muy pendiente de la destrucción de la moral pública y privada en Alemania Occidental. Empleó métodos muy precisos para frenar la defensa de la dignidad humana, del matrimonio y de la familia. Así, por ejemplo, cada vez que alguien se pronunciaba a favor de la vida –en la televisión, en la radio o en algún periódico–, recibía severas críticas en casi todos los medios. Era llamado “fascista”, intolerante y arrogante; fue despreciado, ridiculizado y –finalmente– callado. Muchas de las críticas llegaron con un nombre falso de Alemania comunista.

Si estamos dispuestos a trabajar a favor de la vida, necesitamos un corazón libre y fuerte. Tenemos que llegar a ser cada vez más independientes de los juicios de los otros. Un auténtico “defensor” acepta serenamente ser tomado por loco. En realidad, es más sano que una persona considerada “normal” en razón de su buena adaptación en nuestra sociedad, porque no renuncia a su capacidad de pensar por cuenta propia, ni a su espontaneidad; sigue, a pesar de los obstáculos, su propia luz interior, y se opone a todo lo que empequeñece al hombre, le masifica o cosifica, le manipula y engaña.

Antes de la despenalización de la eutanasia en los Países Bajos (1-IV-2002), ya era costumbre, en muchos hospitales, “hacer desaparecer” a los enfermos terminales clandestinamente, cuando a alguien le parecía oportuno. En esos tiempos, la madre de Piet, un conocido mío, estaba muriendo de una enfermedad dolorosa. En sus últimos días sufría enormemente y, estando toda la familia reunida en su habitación, el médico jefe entró, miró a la gente, llamó a Piet y le dijo en el pasillo: “Mira, yo daría ahora una inyección a tu madre, para provocarle una buena muerte. Pero sé que tú tienes otras convicciones. Por eso, necesito tu consentimiento; no quiero tener líos”. Piet no dio el permiso, y el médico no pudo aplicar la eutanasia. La madre sufrió una larga agonía. “Fue traumático –me comentó Piet después–. Ves morir a tu madre y no puedes ayudarla. Y, por encima de eso, toda la familia te echa la culpa por sus sufrimientos, y te reprocha la dureza de tu corazón”.

Realmente, hay situaciones sumamente duras. Existe el peligro de tambalearse, y es posible que caigamos, si no tenemos convicciones fuertes, muy personalizadas y arraigadas en una visión completa de la existencia.

2. Humildad

 El “defensor de la vida” está dispuesto a oponerse –contra viento y marea– al mal en nuestro mundo. Por esta causa, vale la pena perder el prestigio social y gastar hasta las últimas energías.

Sin embargo, tenemos que reconocer que todos somos débiles y podemos cansarnos. Todos participamos en el mal. Durante la II Guerra Mundial, el escritor trapense Thomas Merton afirmó con contrición, desde América: “Que cada uno reconozca su propia gran culpa, ya que todos somos, de algún modo, culpables de esta guerra... Nosotros somos un árbol del cual Hitler es uno de sus frutos, y todos le alimentamos”.

Según uno de sus biógrafos, Merton sabía muy bien “que el pecado, el mal y la violencia que veía en el mundo, era el mismo pecado, el mismo mal y la misma violencia que había descubierto en su propio corazón… La impureza del mundo era un espejo de la impureza en su propio interior”. En la soledad y en el silencio, Merton tomó conciencia de que en él vivía la humanidad entera, con toda su miseria, pero también con su anhelo de amor: encontró el mundo en su propio territorio.

Estas experiencias nos invitan a mirar hondamente la condición humana, y a hacer menos radicales nuestros juicios sobre situaciones complejas. No hay sólo dos colores, el blanco y el negro: el mundo no está lleno de pecadores, por una parte, y de mártires que mueren cantando, por otra.

Este hecho lo ilustró Juan Pablo II en su visita al campo de concentración, en Auschwitz. Cuando el papa entró en ese lugar de espanto, donde habían muerto muchos de sus amigos y compañeros de la infancia, no dio ningún sermón, ninguna amonestación. Comenzó a rezar la oración del “Yo confieso” pidiendo perdón a Dios por sus propios pecados.

Todos estamos profunda y personalmente involucrados en los acontecimientos de nuestro mundo. Si aceptamos humildemente este hecho y miramos al centro más íntimo de nuestro ser, podemos mejorar, al menos, una pequeña porción de la sociedad, de la que formamos parte. Y entonces podemos ver, con ojos más limpios, que, aparte de todos los errores, hay mucho bueno y bello en los demás.

Se cuenta que el general Robert Lee habló, en alguna reunión, en los términos más elogiosos sobre algún oficial bajo su mando. Otro militar que estaba presente quedó atónito: General –le dijo– ¿no sabe que el hombre del que habla con tanta admiración es uno de sus peores enemigos, que no pierde ocasión de denigrarle? Sí –respondió el general Lee–. Pero me pidieron mi opinión de él, no la opinión que él tiene de mí”.

Sólo cuando luchamos por ser sinceramente humildes, existe la posibilidad de que otra persona nos abra su corazón. A veces conviene hablar primero de nuestras propias faltas, de los propios errores. El sabio chino Laotse dijo hace 25 siglos: “La razón por la cual los ríos y los mares reciben el homenaje de cien torrentes de la montaña es que se mantienen por debajo de ellos. Así son capaces de reinar sobre todos los torrentes de la montaña”. De modo parecido tendría que actuar quien quiere transmitir una verdad: debe colocarse debajo de los hombres. Así, los otros no sienten su peso, y no toman sus palabras como insulto.

Aparte de ello, cada hombre es, realmente, superior a nosotros en varios aspectos. En este sentido, podemos aprender de todos.

3. Saber escuchar

 Una de las consecuencias inmediatas de la humildad es la capacidad de acoger y escuchar al otro. A veces, se necesita mucho carácter y dominio de sí mismo para no exasperarse inmediatamente. Sin embargo, el enfado y los reproches son inútiles, porque ponen a la otra persona a la defensiva y, por lo común, hacen que trate de justificarse. Herir al otro con críticas punzantes, no sólo no corrige, sino que agrava la situación. Las heridas pueden crear resentimientos que, a veces, perduran décadas y siguen ardiendo hasta la muerte.

Cuando alguien se equivoca, quizá lo admita para sus adentros. Y si le sabemos llevar, con suavidad y con tacto, quizá lo admita también ante nosotros. Pero no ocurre así cuando tratamos de convencerle a toda costa de que no tiene razón.

El secreto para actuar con tranquilidad consiste en no identificar a la persona con su obra. Todo ser humano es más grande que su culpa. Un ejemplo elocuente nos da Albert Camus, que se dirige en una carta pública a los nazis, y habla de los crímenes cometidos en Francia: “Y a pesar de ustedes, les seguiré llamando hombres… Nos esforzamos en respetar en ustedes lo que ustedes no respetaban en los demás”. Cada persona está por encima de sus peores errores.

Casi todos hablamos demasiado, cuando tratamos de atraer a los demás a nuestro modo de pensar. Primero tiene que hablar la otra persona. Ella sabe más que nosotros acerca de sus problemas, de sus luchas y sus sufrimientos. Es preciso crear un clima en el que puede hablar sin medir sus palabras, puede mostrar sus debilidades sin temor alguno a que se le censure.

Estamos llamados a empeñarnos en el difícil arte de ir al fondo con los demás, de no quedarnos en lo que dicen, sino llegar a lo que quieren decir, de no oír solamente palabras, sino mensajes. Con frecuencia, conviene asumir la función de papelera o de cubo de basura. Tal vez la escasez de estos “oyentes papelera” sea la causa de una soledad angustiosa de tantas personas: están llenas de sentimientos destructivos y de experiencias horribles, que no pueden compartir con nadie.

Si nos vemos en desacuerdo con la persona que habla, podemos estar de interrumpirla. Pero es mejor no hacerlo; así no la ayudamos. Ella no nos prestará atención, mientras tenga todavía una cantidad de ideas y vivencias propias que reclaman expresión. Lo primero no es dar consejos, sino estar al lado del otro.

Tenemos que escuchar, tranquilamente, hasta el final. La palabra que se queda dentro de una persona puede ser la decisiva. Y justamente esta palabra tiene que salir. Por eso –advierte Guardini–, hemos de ejercitarnos para “ver, escuchar, sentir cómo, detrás de un sentimiento que se muestra, detrás de un pensamiento que se expresa, hay mucho más que permanece oculto; y cuando lo que ha estado oculto es finalmente conocido, puede ser que detrás de ello exista todavía más”.

Los mejores conversadores no son los que hablan bien, sino las personas que se interesan por lo que dicen los demás. 

4. Comprensión

 Recuerdo a una adolescente desesperada que se había quedado embarazada y sufría fuertes presiones para abortar. Durante varias semanas, había buscado ayuda, pero no sabía a quién dirigirse. Cuando hablé con ella, le pregunté por qué no había dicho nada a su amiga que colaboraba fervorosamente en una asociación pro vida. “Imposible –me respondió–. No puedo hablar con ella sobre estos temas. Sería un escándalo para ella. Nuestra amistad acabaría”. Pero, cuando alguien ha caído en las profundidades del dolor, ¿no es precisamente el amigo, la amiga, quien debe luchar por él y con él? “Sé solidario con los otros, sobre todo cuando sean culpables”, reza un proverbio francés.

En un momento de desaliento, de fracaso o de angustia, es tremendamente importante encontrar a una persona que comprenda, que no riña, que no clasifique fríamente, sino que sea capaz de compartir los sentimientos –tantas veces contradictorios–, que se encuentran en el corazón humano. Hay momentos en los que cada hombre –incluso el más cruel asesino– necesita consuelo y alivio. El criminal americano Crowley, condenado a la silla eléctrica por matar a mucha gente, escribió poco antes de su muerte: “Tengo bajo la ropa un corazón fatigado, un corazón bueno: un corazón que a nadie haría daño”.

¿Sabemos lo que ese hombre ha vivido? ¿Conocemos las manipulaciones y presiones a las que estaba expuesto desde su infancia, su vacío interior, su aburrimiento? ¿Qué ha provocado su desesperación y su odio? Hay una razón oculta por la que cada persona piensa y procede como lo hace. Si descubrimos esa razón, tendremos la llave de sus acciones, y quizá la de su personalidad.

En medio de un mundo lleno de situaciones terribles, estamos llamados a descubrir la posibilidad de una compasión. El gran escritor británico Graham Greene afirma: “Si conociéramos las cosas hasta el fondo, tendríamos compasión hasta con las estrellas”.

No me refiero, por supuesto, al ejercicio de la justicia pública; no se trata de saldar un castigo. Hablo sencillamente de la actitud de una persona concreta frente a otra, que se ha hecho culpable. En la vida diaria, no nos compete condenar a otros, ni juzgar sobre sus intenciones. Cuando estos actos se realizan “en la calle”, a menudo no están exentos de una gran dosis de morbo farisaico. Además, inician un nuevo ciclo de violencia y de opresión. La única liberación verdadera es aquella que toca el corazón y mueve a cambiarlo, con la gracia de Dios.

Un comentario mordaz o cínico no ayuda nada, sino que hunde al otro todavía más en la miseria. En cambio, si éste nota un verdadero interés, una auténtica preocupación por su persona y situación, puede ser que reaccione favorablemente. La comprensión tiene un efecto sanante.

Es preciso comprender que cada uno necesita más amor del que “merece”; cada uno es más vulnerable de lo que parece. Y hasta la persona más violenta puede arrepentirse de sus faltas, puede cambiar y crecer mientras viva. “No hay pecador sin futuro, ni santo sin pasado”, dice la sabiduría popular.

Comprender es tener la firme convicción de que cada persona, independientemente de todo el mal que haya hecho, es un ser humano capaz de hacer el bien. Nadie está totalmente corrompido; en cada uno brilla una luz. Al comprender, decimos a alguien: “No, tú no eres así. ¡Sé quien eres! En realidad eres mucho mejor”. Queremos todo el bien posible para el otro, su pleno desarrollo, su dicha profunda, y nos esforzamos por quererlo desde el fondo del corazón, con gran sinceridad.

Existen, realmente, estas personas que saben dar cariño y esperanza a los demás. Su presencia engendra una sensación de bienestar. Los otros saben que están en buenas manos, cuando están con ellas; saben que son estimados y queridos, a pesar de todos sus fallos. Pueden dejar sus cargas, descansar y descubrir valores que, quizá, nunca hayan conocido.

  II. SER CAPAZ PARA LA AMISTAD

 Si deseamos que otro se desprenda, realmente, del error, de la equivocación, de la fealdad o de la maldad, y que se abra a nuevos conocimientos, es preciso entrar en una relación amistosa con él. Se acepta un consejo cuando hay confianza. Se sigue a un amigo y a nadie más.

La amistad proporciona un nuevo brillo a nuestra existencia y hace más amable nuestra vida. Goethe lo expresa de un modo poético: “Nuestro mundo parece muy vacío –afirma–, si lo imaginamos sólo lleno de montañas, ríos y ciudades. Pero sabemos que aquí o allá hay alguien que está en sintonía con nosotros, alguien con quien seguimos viviendo, aunque sea en silencio. Esto, y solamente esto, hace que la tierra sea un jardín habitable”.

Precisamente ante la masificación y el anonimato, tan característicos de nuestra época, necesitamos lugares cálidos, espacios en los que podamos sentirnos como en casa. Donde hay amigos, surge la experiencia de la confianza, la experiencia del hogar. Para muchos contemporáneos, la amistad es su hogar y su patria en medio de una tierra sin patria y sin hogar.

Quien tiene amigos de otros partidos políticos, otras profesiones, religiones y nacionalidades, es una persona dichosa. Se le abre un mar sin orillas. Tratando y queriendo a la gente más variada, se amplía su mente y se ensancha su corazón. Recibe mucho y entrega mucho. Es quien mejor puede orientar a los que parecen estar en una situación sin salida.

Por supuesto, la amistad no se puede forzar. Es un don de lo alto. Pero podemos capacitarnos para recibir este don. 

1. Una condición imprescindible

 Para aventurarme en la vida del otro, debo estar en paz conmigo mismo. Debo llevarme bien conmigo mismo y llegar a ser, de alguna manera, “mi propio amigo”.

Conozco a una mujer que ha abortado varias veces y –después de un espectacular cambio de mente– trabajaba agresivamente a favor de la vida. En una ocasión, ella me confesó: “Francamente, me odio. Y odio a todas las mujeres que abortan. Si una persona ha realizado este crimen, sólo le quedan dos caminos: luchar vehemente en pro o en contra de la vida, para callar la voz de su conciencia”.

Sin embargo, no defendemos la vida, en primer lugar, para solucionar problemas personales, sino para ayudar a los demás. No podremos hacerlo con eficacia, si no transmitimos nada más que nuestro caos interior, ahogando a los otros con nuestros sentimientos amargos y nocivos. Huirán de nosotros para protegerse.

Si no estoy a gusto conmigo mismo, no estoy a gusto en ningún lugar. Si no me he encontrado a mí, no puedo realizar un verdadero encuentro con ninguna otra persona. Si no estoy en armonía conmigo, no puedo sembrar paz a mi alrededor.

Cabe también una tercera posibilidad para los que han experimentado el aborto: pueden defender la vida serenamente, si han llegado a ser “su propio amigo”. Pero, ¿cómo es posible esto? La amistad reclama una actitud de profunda sinceridad. No se puede construir sobre una mentira. Así, para ser “mi amigo”, necesito comportarme con rectitud interior. No debo reprimir las grandes cuestiones que se plantean, con mayor o menor frecuencia, en mi interior. Tengo que ordenar mi propia alma, dirigirla hacia el bien y buscar el sentido completo de mi existencia.

Si una persona se ha reconciliado con Dios y con ella misma, tiene la oportunidad de dar al mundo su propio testimonio con especial convicción. Es una tarea hermosa, una ocasión para desagraviar y, por supuesto, también es un tratamiento para curar las propias heridas cada vez más hondamente.   

2. El valor de la amabilidad

 Hay dos formas de mostrar nuestra fuerza en una conversación: podemos empujar al otro hacia abajo, o tirarle hacia arriba; podemos actuar de un modo destructivo o de un modo constructivo.

Un lenguaje ofensivo, unas palabras sarcásticas, cierta arrogancia, brusquedad, prepotencia y reproches son ejemplos para una conversación destructiva; producen resistencias y, en ocasiones, rebeliones abiertas.

No hacen falta habilidades para pisar al otro. Cualquiera puede hacerlo. Se hiere, a veces, todavía más con la frialdad que con el enfado. Pero el precio es alto. Si discutimos, nos enfrentamos y contradecimos, creamos distancias. Si nos dejamos llevar por la agitación interior, terminamos ofendiendo. Alguna vez, podremos lograr algún triunfo. Pero será una victoria vacía. Una persona forzada contra su voluntad no cambia de opinión. No sale del círculo vicioso en el que se encuentra y, con frecuencia, tiende a sabotear los esfuerzos de quien la frustra.

Es verdad, la coacción puede evitar, en ocasiones, un mal. Puede evitar, por ejemplo, la muerte de inocentes. Pero no es un medio adecuado para conducir a una persona hacia el bien. Un cambio violento, normalmente, no es profundo ni duradero. No se puede forzar a nadie a ser bueno.

Los chinos dicen: “Quien pisa con suavidad, va lejos”. Lo mismo expresa la famosa fábula del sol y del viento. Ambos discutieron acerca de cuál era más fuerte, y el viento dijo: “¿Ves aquel chico envuelto en una capa? Te apuesto a que le haré quitar la capa más rápido que tú”. Comenzó a soplar, con una fuerza enorme, hasta ser casi un ciclón. Pero cuanto más soplaba, tanto más el chico se envolvía en su capa. Por fin, el viento se calmó y se declaró vencido. Entonces salió el sol y sonrió benignamente sobre el chico. No pasó mucho tiempo hasta que éste, acalorado, se quitó la capa.

Realmente, la suavidad es más poderosa que la furia. Sólo a través del corazón podemos llegar a la razón de otra persona. Si ella nos rechaza, no podemos hacer nada. Pero si nota que la queremos de verdad, que es especial e importante para nosotros, y que deseamos que sea plenamente feliz, entonces se abre la posibilidad de una relación amistosa, en la que –como ya hemos visto– cada uno escucha al otro y cada uno aprende del otro.

La amistad surge y se acrecienta cuando rompemos las imágenes que nos hemos hecho de otra persona. Es una experiencia muy íntima, que necesita tiempo, calma y mucha sensibilidad.

El que ama, da algo de sí mismo, de su propia vida, de lo que está vivo en él. Comparte sus alegrías y sus penas, sus ilusiones y desilusiones, sus experiencias y proyectos, sus reflexiones y, no en último lugar, la verdad que ha encontrado; en una palabra: se da a sí mismo. En este ambiente no es difícil hablar de todo, también de las propias faltas, aunque sean muy graves.

3. Transmitir la verdad

 Para elevar al otro hacia una comunicación constructiva, conviene que profundicemos en la relación positiva que ya existe entre nosotros. Es importante ver lo bueno en el otro, porque todos tendemos a comportarnos según las expectativas de los demás. En este sentido, aconseja la sabiduría popular: “Si quieres que los otros sean buenos, trátales como si ya lo fuesen”.

Tendríamos que hablar siempre con un sello personal. Cuando los otros escuchan frases trilladas, hay quien deja de escuchar. No deberíamos olvidar que las palabras –y hasta los mejores ejemplos– se desgastan con el uso excesivo. Dado que los argumentos a favor de la vida se utilizan con frecuencia y en tantos contextos, puede ser que dejen de causar impresión. Necesitamos una fidelidad creativa a principios comunes.

Quien quiere al otro de verdad, no palia ni encubre el mal que éste haya hecho. Intentará transmitir las exigencias éticas con toda claridad, adaptadas a las circunstancias de cada caso. No buscará compromisos falsos, porque sabe que ellos no pueden llevar a nadie a una paz estable. “No es honesto eludir principios éticos elementales –afirman Natalia Horstmann y Enrique Sueiro–. Hay cosas buenas y cosas malas, y su bondad o maldad es independiente de consensos. El tabaco no mata porque lo diga la cajetilla…; ni la violencia machista es aberrante porque la condene el Gobierno. Son realidades dañinas en sí mismas, lo diga quien lo diga o aunque no lo diga nadie”.

El otro tiene derecho a conocer toda la verdad, aun allí donde a primera vista puede resultarle amarga. Por esto, tenemos la obligación grave de hacerle partícipe de la luz que tenemos, probablemente por la generosidad de otros.

Asimismo, para ganar en sinceridad en cualquier relación humana, es conveniente y necesario dar a conocer la propia identidad. El otro quiere saber quién soy yo, tal como yo quiero saber quién es él. Si reprimimos las diferencias y nos acostumbramos a callarlo todo, tal vez podamos gozar durante algún tiempo de una armonía aparente. Pero en el fondo, no nos aceptaríamos mutuamente tal como somos en realidad, y nuestra relación se tornaría cada vez más superficial, más decepcionante, hasta que, antes o después, se rompería.

Si creamos un ambiente de confusión, no ayudamos a nadie. Por esto es preciso exponer la verdad tan clara e íntegramente como sea posible. Cuando actuamos de esta manera, no obstaculizamos la amistad sino, muy al contrario, la fomentamos, si guardamos la delicadeza y el respeto. “No aceptéis como verdad nada que carezca de amor. Y no aceptéis como amor nada que carezca de verdad. El uno sin lo otro se convierte en una mentira destructora”. Estas palabras, inspiradas en la filósofa Edith Stein, me parecen especialmente aptas para la defensa de la vida. Toda verdad mezclada con veneno se vuelve, sin más, falsa.

 

4. Ayudar a salir de las dificultades

 Según Sócrates, no conviene enseñar nada a nadie. El gran maestro conducía a sus contemporáneos sabiamente a verdades que ellos mismos encontraban. Su método refleja un conocimiento hondo del corazón humano. Muchas veces, realmente, estamos más convencidos de las verdades que hemos descubierto por cuenta propia, que de aquellas que otros nos sirven en bandeja de plata.

En la psicología se habla –análogamente– de la “intención robada”: si quiero hacer algo –incluso con mucho afán–, y otra persona me dice que debo hacer justamente esto, puede ser que disminuyan mis ganas. Me siento un mandado, no el protagonista de la obra. A nadie le agrada recibir órdenes sobre cosas que ha decidido hacer.

Así, conviene apelar a los motivos más nobles del otro y ayudarle a que él mismo quiera realizar el bien o arrepentirse del mal. Él mismo puede y debe decidirse a salir del pozo en el que ha caído. En la proximidad de un amigo, esto es posible. Junto al amigo, una persona puede entrar en relación con su auténtico yo; puede percibir lo sincero y lo verdadero en su propio corazón. Puede sentirse como envuelto en el aire de la montaña, gracias al cual puede respirar de forma diferente a como lo hace normalmente; y ese aire le lleva a entrar en contacto con lo más sublime y elevado que hay en él.

Nuestra tarea consiste, sobre todo, en poner al otro en relación con sus sentimientos más íntimos y auténticos, y en incitarle a expresar los silenciosos impulsos de su corazón. Podemos asegurarle nuestra cercanía, echarle una mano y transmitir la creencia firme de que el camino hacia la salvación es viable.

Un buen amigo da ánimo, luz y esperanza, aunque la noche sea oscura. Ayuda al otro a salir de una depresión, después de una gran caída. Le da valor para levantarse, y fuerza para asumir la propia culpa –con todas sus consecuencias–. Y, no en último lugar, le despierta la ilusión de decidirse, nuevamente, por la vida. Un proverbio japonés afirma: “Con un amigo a mi lado no hay ningún camino que sea demasiado largo”.

 

 NOTA FINAL

 El amor a la vida se expresa, muchas veces, en la valentía, en la fortaleza y en la justicia. Y se muestra, al mismo tiempo, en la humildad, en la escucha y en la compasión. Siempre defiende la verdad y, en el mejor de los casos, llega a construir una auténtica amistad.

Queremos dar la vida a todos, tanto a los que están en peligro material de perderla, como a los que están en peligro espiritual de robarla. Todos necesitan nuestra solicitud, y no debemos olvidar que aquel que hace el mal se daña aún más que aquel que lo sufre.

Por esto, hemos puesto nuestra mirada en las víctimas quizá todavía más destrozadas que los niños que no nacerán, o los ancianos que mueren antes de tiempo. Queremos dar vida también a los responsables del aborto y de la eutanasia. Queremos ofrecerles nuestra ayuda para salir de su error y revisar sus actitudes. Con ello, tenemos muy claro que “la verdad no se impone sino por la fuerza de la misma verdad”.

Si un defensor se acostumbra a descubrir el núcleo bueno de todos los hombres, y a realizar un encuentro con quien ha actuado mal, entonces aumentará incluso su propia vida. En el trato sincero con los demás crece su vitalidad. Se le ocurren más ideas, relucen más valores. El “defensor” se hace, sobre todo, cada vez más capaz de amar, más apto para orientar. Adquirirá, en medio de un mundo caótico, sabiduría para comprender, paciencia para luchar, y una alegría inexpresable, que es fruto del empeño de conducir a otros desde la oscuridad a la luz. Su estilo de vida se resume en el famoso lema de Antonio Machado: “Pensar alto, sentir hondo, hablar claro”.

 

Jutta Burggraf

Profesora de Teología Dogmática y de Ecumenismo

Facultad de Teología. Universidad de Navarra

 

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Agradecemos a la autora la publicación de esta conferencia en www.arvo.net

 RELACIONADOS:

http://www.youtube.com/watch?v=Ztn8iST0NWw&feature=player_embedded

http://www.heraldo.es/noticias/detalle/provida_anima_denunciar_los_que_apoyen_megagenocidio_del_aborto.html


#3820 De: "PPluis" <jluis_aboytes@...>
Fecha: Vie, 13 de Nov, 2009 3:23 pm
Asunto: Esclavitud y Aborto
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Esclavitud y aborto

Autor: Eduardo Martínez Abascal
Profesor del IESE
Universidad de Navarra

Fecha: 21 de octubre de 2009
Fuente: Expansión (Madrid)

www.arvo.net

En pleno siglo XIX y en países tan desarrollados como Estados Unidos, la esclavitud se justificaba desde varios puntos de vista y con argumentos bastante moderados. La esclavitud –se decía– era esencial para el funcionamiento de la economía.

Había que elegir entre dos bienes contrapuestos: el sostenimiento económico de la mayoría de familias agricultoras del país y el bien de los esclavos. Por otra parte, la esclavitud había existido siempre y no había creado problemas hasta que los abolicionistas aparecieron. Además, los esclavos recibían en muchísimos casos una educación y unos estándares de vida que no tenían en su país de origen, etc. En definitiva, no era una situación ideal, pero era un mal menor. Para los más radicales, la esclavitud se justificaba porque los esclavos “no eran personas”, o “eran personas, pero menos”.

Por el contrario, los oponentes a la esclavitud parecían “fundamentalistas”: no había alternativa posible, “había que abolir la esclavitud”. Se basaban en un solo hecho: la esclavitud era radicalmente incompatible con la dignidad de la persona humana, y como este es un valor esencial, era innegociable, fueran cuales fueran los costes de la abolición. Al final, la realidad de la dignidad de la persona humana se impuso y la esclavitud fue abolida a finales del siglo XIX.

Pienso que los mismos argumentos se pueden aplicar hoy a la realidad del aborto. Se presenta como un mal necesario ante la elección del bien del niño y el bien de la madre. Todos los argumentos son de conveniencia, ante casos extremos (sufrimiento o muerte de la madre, malformación del niño, etc.). Los defensores del aborto parecen ‘moderados’ y los oponentes ‘talibanes’. ¿Por qué? Porque para unos, el tema del aborto es un asunto de conveniencia, y para otros es un componente esencial de la dignidad de la persona humana, como es el derecho a la vida.

Al igual que a lo largo de los siglos se fue avanzando en el concepto de la dignidad de la persona humana, incompatible con la esclavitud, hoy se ha avanzado mucho en el conocimiento del ser humano desde su concepción. La ciencia es clara al respecto: en el útero hay un ser vivo, y ese ser vivo sólo puede ser un ser humano, cuya custodia (no propiedad) es de la madre.

Pues bien, si hay un ser humano, no se le puede matar. Esto, que es tan claro hoy en día (no lo era hace siglos, ni incluso hace años), lleva a los ‘pro vida’ a ser ‘fundamentalistas’ (“no hay negociación posible”) como lo fueron los abolicionistas. Al final, no hay otra solución que la ‘abolición’ del aborto, compatible con resolver los problemas que llevan a la madre a abortar.

 


#3819 De: "PPluis" <jluis_aboytes@...>
Fecha: Jue, 12 de Nov, 2009 4:55 am
Asunto: Violencia multifactorial
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Violencia multifactorial

 

 

VER

Estamos reunidos en asamblea plenaria 117 obispos del país, para evaluar los trabajos de las instancias de la Conferencia Episcopal durante el trienio que concluye, y elegir a los responsables para el siguiente. Considerando el deterioro social que han desencadenado el narcotráfico, la violencia y la inseguridad, dedicamos dos días a analizar este fenómeno, pues no podemos desentendernos de lo que angustia a nuestro pueblo.

 

Es verdad que la pobreza generalizada y el desempleo son caldo de cultivo para el secuestro, el consumo y tráfico de drogas, la extorsión, los asesinatos, los asaltos y la criminalidad callejera. Sin embargo, hay raíces más profundas: la destrucción progresiva de la familia, el menosprecio a los valores tradicionales, una educación sin formación ética, la publicidad del placer en los medios de comunicación, la poca incidencia de nuestra evangelización en los criterios y actitudes de muchos bautizados. El problema no es sólo responsabilidad del gobierno, sino de toda la sociedad. Nosotros también debemos revisar nuestra pastoral, pues muchos delincuentes se declaran católicos.

 

Hemos advertido el riesgo de que grupos o personas aisladas alteren la paz social. Lo percibimos en el ambiente nacional, no sólo en nuestra región. Ya ha habido acciones terroristas aisladas en otras partes del país. Advertir lo que pueda suceder, no es apoyarlo, ni alentarlo. Todo lo contrario. Hay quienes a fuerza nos quieren ligar a esa línea, y para ello distorsionan nuestras palabras y acciones. El pueblo que nos conoce, califica de calumniadores a quienes difunden esas falsedades. Nuestra pastoral se esfuerza por construir procesos de paz, de unidad y reconciliación, siempre en base a la verdad y la justicia. Estamos en contra de acciones violentas y rechazamos, como Cristo, el recurso a las armas como método para cambiar una situación.

 

JUZGAR

Dice el Papa Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in veritate: “La dignidad de la persona y las exigencias de la justicia requieren, sobre todo hoy, que las opciones económicas no hagan aumentar de manera excesiva y moralmente inaceptable las desigualdades y que se siga buscando como prioridad el objetivo del acceso al trabajo por parte de todos, o lo mantengan. El aumento sistémico de las desigualdades entre grupos sociales dentro de un mismo país y entre las poblaciones de los diferentes países, es decir, el aumento masivo de la pobreza relativa, no sólo tiende a erosionar la cohesión social y, de este modo, poner en peligro la democracia, sino que tiene también un impacto negativo en el plano económico por el progresivo desgaste del «capital social», es decir, del conjunto de relaciones de confianza, fiabilidad y respeto de las normas, que son indispensables en toda convivencia civil” (32). “La construcción de la paz necesita una red constante de contactos, intercambios, encuentros, acuerdos, compromisos compartidos, para alejar las amenazas de tipo bélico o cortar de raíz las continuas tentaciones terroristas” (72).

 

ACTUAR

Ante la inconformidad social, la solución no es represión sistemática, investigación obsesiva y distorsionada, acusaciones sin fundamento, sino escuchar las necesidades de los pueblos y atender sus justas demandas. Hemos de unirnos para combatir la pobreza y la injusticia, sin tantas desconfianzas hacia quienes lo hacen por caminos alternos y pacíficos. Nosotros tenemos una alternativa válida: Jesucristo. El es el único camino, sólido y profundo, para convertir los corazones hacia la justicia y la paz.

 

Hay que recimentar la familia, para que no haya tantos hijos fuera de matrimonio, que crecen sin puntos claros de referencia y se exponen a tentaciones de violencia. Que las televisoras no alienten la ambición del dinero fácil, el consumismo irracional, la agresividad, la competencia desleal, el libertinaje sexual, la homosexualidad, pues se generan comportamientos antisociales.

 

Renovemos nuestra tarea evangelizadora, con la ayuda de laicos bien formados, para una sociedad justa, pacífica y fraterna. ¡Hay esperanza!

 

 

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de las Casas

 

 

 

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Jose Luis Aboytes

 

 


#3818 De: "PPluis" <jluis_aboytes@...>
Fecha: Mié, 11 de Nov, 2009 5:41 pm
Asunto: DE LA RERUM NOVARUM A LA CENTESIMUS ANNUS
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DE LA RERUM NOVARUM A LA CENTESIMUS ANNUS

SINTESIS DE LOS 12 PRINCIPALES DOCUMENTOS DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

Soy consciente de que el cometido que se me pide es inversamente proporcional al tiempo de que dispongo—el de una conferencia—y al espacio que se me brinda—el de un artículo-. Entro, pues, directamente en materia.

I.- DE LA CUESTION OBRERA A LA CUESTION MUNDIAL

1.- RERUM NOVARUM, LEON XIII, 1891

Situémonos cien años atrás. El gran tema social del momento es la entonces llamada “cuestión obrera”. León XIII expone su génesis en la introducción de la Rerum Novarum y la resume lapidariamente al afirmar que un pequeño número de opulentos y adinerados ha impuesto un yugo casi de esclavitud a una infinita multitud de proletarios. Sociológicamente, se trata de un problema; ético-teológicamente, de un mal. El primero exige solución; el segundo, remedio. ¿Cuál es la solución-remedio? El Papa se define.

No el intento socialista, consistente en la supresión de la propiedad privada, como resultado de una lucha de clases, y en la instauración de una propiedad colectiva, en manos del Municipio o del Estado. Este pretendido remedio resulta, por un lado, inadecuado (peor que la enfermedad) y, por otro, injusto. Es inadecuado en la misma medida en que contradice el fin de quien trabaja (finis operantis), consistente en ganarse la vida mediante la obtención de unos beneficios (sobre algo ya propio) o de un salario (a partir de un contrato laboral estipulado sobre bienes de producción ajenos).

Es injusto en cuanto contradice las dimensiones personal, familiar y social del ser humano.

a)  Personal: ya que el hombre, dotado de instinto, como los animales, pero superior a ellos por su razón y su libertad, no se aquieta con el mero uso inmediato, sino que sólo descansa ontológicamente cuando señorea el origen del uso, en su doble perspectiva de presente y de futuro. A esta dimensión de dominio, basada en la razón y la libertad, hay que añadir, de nuevo, la del trabajo (visto ahora desde el finis operis); en efecto, mediante éste, la persona imprime el sello de su ser sobre la materia elaborada, convirtiéndola, de este modo, en legítimamente suya.

b)  Familiar: Si, en su evolución normal, el hombre y la mujer pasan a ser padre y madre de familia, añaden un nuevo título de propiedad al anterior, ya que, por el mismo hecho, devienen responsables de la vida y educación de un ser o de unos seres confiados primordialmente a sus cuidados (y, por consiguiente, de la adquisición y administración de aquellos medios que son necesarios para satisfacer sus necesidades, también de presente y de futuro). Ambas dimensiones—la personal individual y la personal familiar—pertenecen a lo más radical de la condición humana y son, por naturaleza, anteriores al Estado, el cual carece de título sea para usurparlas, sea para delegarlas.

c)  Social: Ello nos lleva a la tercera perspectiva enunciada, la social. Ligando con lo anterior, y desde un nuevo ángulo de visión, hay que intuir que una sociedad que se (des)organizara hasta el punto de institucionalizar colectivamente la violencia usurpadora o delegante, se trastocaría en sus mismos fundamentos y se transformaría en antihumana y, por ende, injusta.

Sólo si se reconoce y respeta en todos los seres humanos (no meramente en algunos) su estructura de señorío en relación con el cosmos (“Creced, multiplicaos, dominad la tierra”: Génesis), y la consiguiente potestad sobre unos concretos bienes económicos en tanto que fuente de sustentación y espacio de libertad, se parte de una base correcta para solucionar-remediar la cuestión obrera. “Cuando se plantea el problema de mejorar la condición de las clases inferiores, se ha de tener como fundamental el principio de que la propiedad privada ha de conservarse inviolable”, sentencia Rerum Novarum al final de esta primera sección.

Desechado, pues, el socialismo violento y colectivizante, hay que buscar la solución de la otra violencia—la originante, la del capitalismo liberal, denunciada, aunque no así nombrada por la encíclica—a partir de tres agentes simultáneos: la Iglesia, el Estado, y los propios Interesados, es decir, los patronos y los obreros.

La Iglesia, en primer lugar y principalmente, dado que aporta, tomadas del Evangelio, una decisiva doctrina y una concreta acción. Su doctrina exige simultáneamente la justicia en los contratos salariales, la amistad en la comunión-comunicación de bienes y la fraternidad en la vivencia de la condición creatural y redentora; exige, sencillamente, que todos seamos justos, amigos y fraternos.- Su acción, ya desde los tiempos fundacionales, se flecha constantemente a formar en la virtudes y a acentuar la dimensión comunicativo-distributiva de todo tipo de bienes, incluidos específicamente los económico-sociales. Son muestra de ello la comunidad de Jerusalén, las colectas paulinas, la paulatina formación del patrimonio de los pobres que llega, desde las aportaciones a pie de altar en la celebraciones eucarísticas, hasta los movimientos e instituciones de todo tipo organizados en función de las omnímodas y crecientes necesidades humanas (el tema de la acción de los seglares en el mundo no se trata todavía, teológicamente, en la encíclica, aunque sí se hable de su acción práctica en la última parte, como veremos en seguida).

En segundo lugar, decíamos, el Estado. Este contribuye a la solución de la cuestión obrera de dos modos, global, uno; específico, otro. Desde el punto de vista global, por el mero hecho de realizar adecuadamente su cometido de agente de la prosperidad general, crea las mejores condiciones posibles para la liberación y promoción de la clase proletaria. Ahora bien, dado que, en su desviación liberal se caracteriza por una acción unilateral, directa o indirecta, en favor de la clase burguesa, un Estado ética y políticamente justo debe no sólo abrirse, sino también dedicarse de manera principal a la clase inferior, puesto que la alta goza ya de sus propios medios de defensa, mientras que ella, la baja, desde su precariedad, tiene específico derecho a ser ayudada de modo preferente por la autoridad de la comunidad política.

¿En qué se traduce concretamente lo dicho?. En tres tipos simultáneos de acción de los poderes públicos. El primero se centra en la protección de la propiedad privada y la evitación, ya en sus mismas fuentes, de la huelga. El segundo brinda la garantía eficaz de unas condiciones humanas de trabajo que afectan a las dimensiones espiritual y corporal del obrero, en cuanto a edad, sexo, salud, horario, descanso y posibilidad de cumplimiento religioso. El tercero se flecha, por un lado, hacia la justicia del contrato laboral, justicia que exige una remuneración que sea suficiente para el sustento del obrero; y, por otro, hacia una concreta intervención de las leyes: aquella que viabiliza de hecho una universal obtención de la propiedad. Este último objetivo sólo puede realizarse por medio de un salario que posibilite el sustento familiar y un ahorro suficiente.

Finalmente, y en tercer lugar, la acción de los mismos Interesados, patronos y obreros. Después de enumerar fácticamente diversas instituciones de ayuda y cooperación (mutualidades, entidades de previsión, patronatos, asociaciones obreras) y de mostrar su gozo por la extensión creciente de éstas últimas, sean de solos obreros, sean mixtas; León XIII enuncia su conveniencia, pleno derecho y cometido.

a)  La conveniencia de estas instituciones radica en la misma estructura comunitaria de los seres humanos: por un lado, necesitados de mutua ayuda y, por otro, tendentes a una recíproca promoción (la encíclica subraya sobre todo el primer aspecto).

b)  La plena facultad de formar estas asociaciones es reivindicada a continuación: constituir sociedades privadas ha sido concedido al hombre por derecho de naturaleza. El Estado debe, por consiguiente, garantizar este derecho y sólo puede intervenir en el ámbito asociacional en función del bien común. Ante los ojos del Papa se hacen presentes, en ese momento, tres tipos de uniones: las congregaciones religiosas, que elogia y defiende; las asociaciones dirigidas por agitadores, que obviamente rechaza; y las agrupaciones católicas, cuyos incremento augura y cuya protección, sin intromisión, por parte de la autoridad, reclama.

c)  Pasando al cometido, después de dar unas pistas prudentes sobre la reglamentación de las asociaciones, León XIII acentúa ante todo la dimensión religiosa de éstas (búsqueda prioritaria del Reino de Dios, instrucción religiosa, costumbres cristianas), para pasar luego al tema de su funcionamiento con vistas al bienestar institucional y personal. Evidentemente, uno de los objetivos que requiere mayor atención es el de procurar abundancia de trabajo a todos los miembros.

La anterior trilogía pone en evidencia la importancia de la acción de los seglares a la que aludí más arriba. No quiero terminar esta síntesis sin referirme al sentido alegato en pro de una gran efusión de la caridad cristiana con que el Papa clausura su decisiva enseñanza.

2.- QUADRAGESIMO ANNO, PIO XI, 1931

Cuarenta años después de la Rerum Novarum, Pío XI ofreció a la Iglesia la segunda gran encíclica social, enfocada, ahora, no ya a la solución-remedio de la cuestión obrera (el conflicto capital-trabajo característico del siglo XIX), sino a la restauración del orden social y su perfeccionamiento según la ley evangélica. Al pasar del desorden sectorial de las relaciones de producción, en pleno corazón de la era industrial, al desorden global de la sociedad occidental, a inicios de los años treinta, el Papa de la Acción Católica abrió nuevos horizontes a la que denominó Doctrina social católica, Doctrina social cristiana, Filosofía social cristiana, Doctrina leoniana (refiriéndose a su predecesor), Doctrina de la Iglesia, Doctrina evangélica etc. Con Pío XI se pasó de la cuestión obrera a la cuestión social.

La primera parte de Quadragesimo Anno evoca históricamente tanto la enseñanza como los beneficios de la Rerum Novarum en el triple aspecto—Iglesia, Estado, Interesados—que acabamos de considerar. Al obrar de este modo, Pío XI inició una de las futuras constantes de la citada Doctrina social, la de su momento de continuidad, persistencia, relectura, constituyendo de este modo una sub-tradición específica dentro de la gran tradición comunitario-social de los veinte siglos de Catolicismo.

La segunda parte defiende y desarrolla la Rerum Novarum, con lo que origina asimismo otra dimensión permanente del Magisterio social,la de profundización de las enseñanzas anteriores con sus variantes de discernimiento, aclaración, acomodación, etc. Una vez afirmado el derecho y el deber pontificios de juzgar con autoridad suprema en materia económico-social desde la vertiente moral—misión que, a la luz del ministerio apostólico, había ya reivindicado León XIII--, Pío XI profundiza en el doble orden de las personas y de las instituciones. En el primero—personas—subraya la dimensión social de la propiedad; ahonda en las relaciones capital- trabajo a partir de su complementariedad; y reinvindica como debido por justicia el salario familiar. En el segundo—instituciones--, destaca la función subsidiaria del Estado; delinea un tejido interprofesional que presenta como alternativa, en clave de libre y ordenada cooperación, a la tensión y al enfrentamiento que es propio del contrato de salario capitalista-liberal, enmarcado en la lucha de clases; e inculca que el principio rector de la economía radica en el binomio justicia-caridad.

La tercera parte se adentra en los horizontes de las nuevas realidades que ofrece el ámbito económico-social de su tiempo. De este modo, Quadragesimo Anno, abre, a su vez, un tercer aspecto, el de la innovación, novedad, renovación, que caracterizará también todos los grandes documentos subsiguientes. (Entre paréntesis: observemos que la trilogía “continuidad-profundización-novedad” puede reducirse al binomio “continuidad-renovación”, que sintetiza y expresa ulteriormente la tensión bipolar que distinguirá a la Doctrina social de la Iglesia). ¿Cuáles son estos horizontes?: los que muestra la evolución protagonizada tanto por la Economía liberal como por el Movimiento socialista de aquella época.

Respecto a la primera, Quadragesimo Anno la describe en sus tres momentos de autofagotización competitiva (el fuerte se come al débil, con lo que se origina una red de potentes monopolios); de proyección política nacional (desde el poder económico se pretende y se logra el control del poder político, en el ámbito intraestatal); y de expansión internacional (se crea un entramado económico-político con intención de dominio mundial). Mediante este crescendo la Economía de signo liberal- capitalista muestra su faz horrenda, cruel, atroz. Recuérdense, entre otros datos, las causas y las consecuencias de la espectacular caída de la bolsa de Nueva York, a finales de los veinte.

En lo que atañe al Movimiento socialista, Pío XI toma buena nota de su escisión en dos ramas: la marxista-leninista-stalinista, cuyo comunismo ateo obliga a un rechazo teológico-moral absoluto; y la socialdemocrática, cuyas suavizaciones en materia de propiedad y de lucha de clases llevan al planteamiento de una posible cooperación católico-socialista. Este planteamiento, contra lo que a primera vista es tentador afirmar, no puede resolverse mediante una respuesta positiva: Pío XI considera que el Socialismo atenuado de su tiempo, tanto económico como educador, continúa siendo incompatible con la conciencia y la opción católicas.

Abandonados, pues, los errores tanto del Capitalismo como del Socialismo, todo miembro fiel de la Iglesia debe avanzar por el único camino de solución posible: el que se empeña en la renovación cristiana de la sociedad; dado que es en su profunda descristianización donde enraízan los males que padece y que hay que remediar a toda costa por imperativo evangélico. Dicha renovación requiere que las actividades humanas imiten y reproduzcan el plan divino (implicador de la templanza cristiana) y que se dé la primacía a la ley de la caridad, la cual, desde luego, no es ningún sucedáneo de la justicia. De este doble espíritu de templanza y amor surgirá la restauración de la sociedad humana en Cristo, cuyos agentes—Papa, Obispos, clérigos y laicos—han de entregarse esforzadamente al trabajo. Pío XI señala los frutos incipientes de restauración social que se dan en su tiempo; da la consigna de que los primeros e inmediatos apóstoles de los obreros sean los propios obreros y los del mundo industrial y comercial los que pertenecen a sus respectivos grupos; exhorta a Obispos y sacerdotes a ejercer fielmente su cometido; y aboga por una Iglesia firme, conmovida por los males y que todo lo intenta, a partir de la conciencia de su responsabilidad.- Como vemos, también aquí se da un ulterior profundización de la doctrina leoniana.

3.- LA SOLENNITA, PIO XII, 1941

Tras los inicios de la segunda guerra mundial, este radiomensaje de Pío XII, que no encíclica, se concentra sobre tres temas: el uso de los bienes materiales, el trabajo, la familia.

Sobre el primer punto, la Solennità da un paso importantísimo con vistas a captar el sentido radical de una propiedad que sea verdaderamente digna de la persona. ¿Cuál? El que se concreta en el derecho de todo ser humano a aquella parte de los bienes terrestres que necesita para su efectiva realización. Pío XII lo elucida trenzando las siguientes afirmaciones: a) Todo hombre, en cuanto viviente dotado de razón, posee por naturaleza el derecho fundamental de usar los bienes materiales de la tierra. b) Este derecho individual no puede ser suprimido de ninguna manera, ni siquiera por parte de otros derechos ciertos y pacíficos sobre los bienes materiales. c) Se sigue de ello que tanto la propiedad privada como el libre comercio deben subordinarse a dicho derecho primario y fundamental. d) Sólo así se logrará que la propiedad y el uso de los bienes, en su cristalización jerárquica, aporten profunda paz y vital consistencia a la sociedad. e) El citado derecho originario ofrece una base material segura para que el hombre se eleve al cumplimiento de sus deberes morales. f) Si todo esto se verifica, se logrará lo que el mismo Papa había escrito en su anterior encíclica (Sertum Laetitiae): que los bienes, creados por Dios para todos los hombres, afluyan equitativamente a todos ellos según los principios de justicia y de caridad.

Paso brevemente a los otros dos puntos, trabajo y familia. El Papa subraya que el derecho y el deber de organizar el trabajo del pueblo pertenece ante todo a los inmediatamente interesados, es decir, a los empresarios y trabajadores: el Estado tiene el deber subsidiario de intervenir si, agotados todos los medios, aquéllos no logran llevar a buen término el cometido que prioritariamente les corresponde.- Respecto a la familia, nuestro radiomensaje acentúa la importancia que la propiedad-tierra (“un terreno”) tiene para la vivencia eficaz del derecho a la posesión privada de bienes que es propio de todo padre de familia.

Al publicarse con motivo del quincuagésimo aniversario de la Rerum Novarum, la Solennità presenta, desde luego, todos los caracteres de “continuidad-renovación” arriba resumidos. La continuidad se subraya en un clima de gratitud, que alaba a Dios: de recuerdo, que enumera los beneficios de la encíclica; de profundización, que bucea en algunos de sus puntos básicos. La renovación se explicita al ofrecer ulteriores principios directivos morales en base a la trilogía que he sintetizado. Por otra parte, desde la convocación de “los hijos del universo entero” a una especie de breve reunión católica (con plena conciencia de que la postguerra comportará un nuevo orden mundial), la línea de progresiva ampliación de la cuestión social se hace patente en este radiomensaje.

4.- MATER ET MAGISTRA, JUAN XXIII, 1961

La citada ampliación inicia su etapa culminante en la Mater et Magistra de Juan XXIII, publicada con motivo del septuagésimo aniversario de Rerum Novarum. En efecto, la nueva situación histórica obliga a captar y a afirmar—lo veremos en seguida—que el problema mayor de la época es, quizá, el del desequilibrio, en el plano mundial, entre los países desarrollados y los subdesarrollados. La cuestión social tiene ya como principales protagonistas a los pueblos—unos ricos, otros pobres—de la tierra. De ahora en adelante, éste será el marco primordial de referencia de los sucesivos textos magisteriales, marco cuyo plural contenido se irá explicitando a medida que lo reclamen las diversas exigencias de la realidad.

Es de esperar, por un lado, y de temer, por otro, que dentro de un tiempo --¿siglo XXI?--, la cuestión social habrá adquirido connotaciones metaplanetarias, si no todavía interplanetarias. El creciente dominio del espacio, más allá del hábitat normal de la Tierra, comporta ya inicialmente—lo sabemos todos—aspectos positivos (vg., en el ámbito de las comunicaciones) y negativos (vg., la denominada guerra de las galaxias). ¿Qué ocurrirá cuando se establezcan y se consoliden las primeras generaciones de colonias espaciales?. Retomaré brevemente el tema en el epílogo.

Habida cuenta del esquema bipolar que nos guía, podemos constatar que las dos primeras partes de Mater et Magistra se centran en la dimensión de continuidad y, las dos siguientes, en la de renovación.

Respecto al momento de continuidad, con su aspecto predominante de constancia, la encíclica traza, en el primer capítulo, una síntesis histórica que abarca Rerum Novarum (características, principios, eficacia, importancia decisiva como “carta magna” dentro de la Doctrina social de la Iglesia); Quadragesimo Anno (que reafirma el derecho y el deber de intervención, corrobora y aclara Rerum Novarum, aplica la Doctrina social a una nueva época, y se fundamenta, por una parte, en el binomio justicia-caridad y, por otra, en la postulación de una sociedad renovada jurídica, nacional e internacionalmente); y La Solennità (que reafirma el derecho de intervención y profundiza en la trilogía bienes, familia, propiedad).

Esta misma continuidad, en su aspecto de profundización, da pie, en el segundo capítulo, a una acentuación y aclaramiento de las enseñanzas de los predecesores. Veámoslo en los cinco puntos siguientes. Primero: iniciativa privada y poder público deben equilibrarse, desde su mutuo requerimiento, en beneficio de una creciente realización de la persona humana. Segundo: la socialización a la que se asiste en aquellos años, caracterizada por una incesante multiplicación de las relaciones de convivencia, puede y debe repercutir en bien del hombre y del ciudadano, a condición de que sea rectamente conducida. Tercero: progreso social y desarrollo económico han de avanzar, juntas las manos, en bien, por un lado, del mundo del trabajo y, por otro, de la empresa, que tiene derecho a sus justos beneficios. Cuarto: los trabajadores, a su vez, tiene derecho a una eficaz presencia en las estructuras económicas y en los niveles políticos donde se deciden las grandes líneas de la vida económico-social. Quinto: la propiedad privada, si bien múltiplemente modulada con el correr de los tiempos, conserva su profundo valor de humanización, teniendo siempre en cuenta, por supuesto, la constitutiva dimensión social que la caracteriza.

Pasemos al otro polo, el de la innovación. Mater et Magistra expone el pensamiento de la Iglesia sobre los nuevos y más importantes problemas del momento en dos secciones. La inicial describe un triple desequilibrio. a) Empieza por el que se da intrasectorialmente dentro del ámbito de la Economía (entre agricultura industria y servicios); Juan XXIII redacta, al respecto, un vigoroso alegato en favor del sector más deprimido, la agricultura. b) Sigue con el que tiene lugar entre las diversas zonas o regiones de un mismo Estado; la encíclica postula las consiguientes reformas equitativas. c) Culmina con el que se sufre a nivel planetario y que atañe a una doble desproporción, la existente, por una parte, entre países, y la que surge, por otra, entre incremento demográfico y desarrollo económico.

Es al hablar de la primera desproporción cuando Juan XXIII afirma—como avancé metodológicamente—que el desequilibrio entre países desarrollados y en vías de desarrollo constituye, tal vez, el problema mayor de nuestros días. Una vez detectada esta gigantesca tensión, el Papa propone unas pistas de solución-remedio sobre el quíntuple fundamento de la solidaridad, la cooperación, la experiencia, el respeto y la salvaguardia del sentido moral de los pueblos.

El otro problema, que atañe al desnivel entre población y medios de subsistencia, exige objetividad (no hipertrofiar indebidamente la cuestión) y reclama simultáneamente un desarrollo económico-social justo al par que el debido respeto no sólo a la dignidad humana, sino también a las leyes por las que se transmite y consolida la vida. Unicamente una colaboración mundial que, partiendo de la interdependencia de los Estados, establezca un buen entendimiento entre ellos, posibilitará—añade Mater et Magistra—la superación del vigente clima de desconfianza, que conduce al mutuo terror y a la consiguiente carrera de armamentos.

La segunda sección aboga de manera global por una profunda reconstrucción de las relaciones de convivencia que se base en la perenne eficacia de la Doctrina social de la Iglesia, cuyo primer principio es el hombre (sociable por naturaleza y elevado a la condición divina), fundamento, causa y fin de todas las instituticiones sociales. Sólo de este modo se pueden superar las intrínsecas deficiencias de tantas ideologías, a saber, la parcialidad, el naturalismo y la arreligiosidad. Esta Doctrina social de la Iglesia comporta un doble momento de instrucción y educación que pasa a coronarse con la acción, un acción plasmada en la caridad (que intraune) y en la pluralidad que (héteroenriquece); una acción de la que los seglares—competentes y comprometidos—son principalmente responsables y que, bajo determinadas condiciones, deben ejercer en colaboración con otros hombres que poseen un distinta concepción de la vida. Así Juan XXIII profundiza ulteriormente en la línea de la presencia y acción de los laicos dentro de la Doctrina social de la Iglesia.

5.- PACEM IN TERRIS, JUAN XXIII, 1963

El planteamiento de la cuestión social a nivel planetario, efectuado por Juan XXIII, se completa con su otra encíclica sobre la paz en la tierra, dada a luz en 1963. En un principio, la Pacem in Terris no se vió como encíclica social, sino política; pero Juan Pablo II, en la Laborem Exercens, la insertó conscientemente dentro del cuerpo de la Doctrina social de la Iglesia, razonando su decisión a partir del binomio conciliar Justicia y Paz. El genio de la Iglesia, vino a decir, consiste en luchar por la justicia con las armas de la paz y con la pretensión de una victoria cuyo contenido es asimismo la paz. Entremos, pues, también en la captación sintética de este nuevo documento, que tuvo no sólo una vasta resonancia mundial, sino también una fuerte repercusión política en el Estado español, situado entonces bajo el signo del “Movimiento nacional”, cuyos fundamentos contribuyó a conmocionar seriamente.

El problema-mal que aborda Pacem in Terris consiste en el desorden de las relaciones humanas de convivencia. Estas emergen extrañamente aberrantes en un mundo cuyo ordenamiento sub-racional, sincrónicamente considerado, sigue unas leyes concretas. La encíclica se subdivide en cinco partes, reductibles a tres secciones. La primera sección (y primera parte) aborda las relaciones sociales. Su principio fundamental es: todo hombre es persona. ¿Y qué es ser persona? Es ser una naturaleza inteligente y libre, sujeto de derechos y de deberes que son, a la vez, universales, inviolables e inalienables; naturaleza que ha sido elevada al orden sobrenatural: en y por Cristo el hombre es hijo de Dios, Padre. La encíclica enumera con sobria abundancia una serie de derechos que fluyen de la personas, los cuales implican a su vez un recíproco conjunto de deberes. La convivencia humana es genuina y estable cuando estriba al mismo tiempo en la exigencia constante y coherente de los derechos y en la práctica permanente y consecuente de los respectivos deberes. Cuando el ser humano se comporta de este modo, se abre a la verdad, la justicia, el amor y la libertad y, por consiguiente, a Dios, fundamento tanto de los valores que enriquecen a la persona como de la persona que origina los valores.

La segunda sección realiza el paso del ámbito social al político, del orden a la ordenación, en tres momentos—intraestatal, interestatal y planetario—que se corresponden con las partes segunda, tercera y cuarta de la encíclica.

Intraestatalmente, son objeto de exposición: a) la autoridad, que vertebra vincularmente un ordenamiento concreto, entre varios posibles, del polivalente orden convivencial humano; lo hace con vistas a que la sociedad sea ordenada y fecunda en bienes; b) el bien común, fin primordial de la autoridad, que facilita positivamente la realización de la persona y de los grupos intermedios, en función del reconocimiento, promoción y armonización de los derechos humanos; c) y la ordenación jurídico-política de la sociedad, cristalizada en una triple división de funciones, facilitadora de la participación y sujeta a periódica renovación.

Interestatalmente, el texto urge unas relaciones entre las comunidades políticas de tal temple que: a) al estribar en la verdad, evitan la discriminación racial y se construyen sobre la plataforma de la igualdad en dignidad, el derecho a la buena fama y la veracidad en la información. b) Al regularse por la justicia, llevan a un recíproco comportamiento según derecho-deber y, más en concreto, a una solución correcta del problema de las minorías étnicas, reconociendo y promoviendo su lengua, cultura, tradiciones, recursos e iniciativas económicas, al par que facilitándoles su participación—que el Papa urge—en el bien común estatal. c) Al incrementarse por la solidaridad, facilitan la comunicación interciudadana e intergrupal; luchan por superar las desproporciones y articular una eficaz cooperación; acogen a los exiliados políticos injustamente tratados; hacen disminuir y, en su caso, cesar la carrera de armamentos y/o se prestan a reducción simultánea de los mismos, llegando hasta el desarme de las conciencias; y establecen, finalmente, un equilibrio basado en la mutua confianza. d) Al ordenarse según la libertad, facilitan la promoción de los pueblos en vías de desarrollo, a partir de su prioritario protagonismo y evitando toda especie de neocolonialismo.

Planetariamente hablando, Pacem in Terris, avanzándose en muchos decenios a la marcha de la historia, postula el surgimiento de un autoridad mundial (originada por libre y mutuo acuerdo de los Estados y orientada hacia una actuación subsidiaria) como medio hoy únicamente eficaz de conseguir el bien común universal. La sola acción político-diplomática interestatal es insuficiente para promoverlo.

La tercera sección—que se identifica con la quinta parte—traza unas normas para la acción temporal del cristiano. Se resumen en una doble consigna: de participación (que no se inhibe), por un lado; y de colaboración (que crea activamente), por otro. Esta colaboración ha de abrirse, por parte de los católicos, a los cristianos separados y a todos los hombres de buena voluntad, incluidos los que yerran, dado que hay que distinguir siempre entre errante y error, al igual que hay que discernir entre las ideologías y las corrientes históricas—partidos, sindicatos, etc.—por ellas originadas. Con la bandera de la evolución en la mano, los cristianos son llamados al establecimiento de unas relaciones sociales que sean verdaderamente humanas, bajo la égida—recordemos nuevamente la famosa cuatrilogía—de la verdad, justicia, caridad y libertad.

II.- LAS POLIVALENTES CONFIGURACIONES DE LA CUESTION MUNDIAL

6.- GAUDIUM ET SPES, CONCILIO VATICANO II, 1965

Si hasta ahora hemos resumido y secundado la enseñanza social de cuatro Encíclicas más un Radiomensaje, en estos momentos damos un salto cualitativo a fin de enriquecernos con los principios y las directrices de una Constitución Pastoral—la Gaudium et Spes—de calibre conciliar. La voy a sintetizar también, teniendo siempre ante los ojos su carácter englobante: con ello quiero significar que abarca no sólo las anteriores dimensiones, sino también otras nuevas hasta ahora no tratadas ex professo por los documentos ya analizados.

Después de un proemio que precisa los conceptos básicos de Iglesia, por un lado, y de Mundo, por otro, el capítulo introductorio describe la situación del hombre en el mundo actual a la luz de cuatro categorías: cambios (científico-técnicos, sociales, sociológicos, morales y religiosos); tensiones (personales,familiares, raciales, sociales, internacionales); aspiraciones (de dominio del cosmos; de un nuevo orden político, económico y social; y, sobre todo, de vida plena, de dignidad, de comunión); e interrogantes (nacidos de la condición creatural y pecaminosa del hombre y centrados en las preguntas decisivas de la existencia: ¿qué es el hombre? ¿cuál es su origen y destino?).

La primera parte de la Constitución, preferentemente doctrinal, se construye sobre la tríada Persona-Sociedad-Actividad humana, vista desde un alto nivel de reflexión—trinitaria, cristológica y eclesiológica--, sin descuidar el enfoque antropológico-filosófico. Me centraré sólo en el segundo componente. Al tratar de la sociedad o comunidad, Gaudium et Spes se circunscribe voluntariamente a recordar algunas verdades fundamentales y a subrayar coherentemente ciertas consecuencias que de ellas derivan.

Son verdades básicas las concernientes a: a) la índole comunitaria de la vocación humana según el Plan de Dios, índole que se explicita a través de las realidades de familia universal (con Dios como Padre); mandamiento del amor (a Dios y el prójimo); y referencia trinitaria (unión de las tres divinas personas ). b) La interdependencia existente entre la persona y la sociedad, a tenor de la cual toma relieve la absoluta necesidad de vida social que tiene el ser humano, necesidad que cristaliza en la familia y en la comunidad política y que se explicita, además, libremente, en las muchas asociaciones en que se trenza la existencia de los hombres (hoy, por cierto, con tal intensidad, que vivimos—recuerda el Concilio, siguiendo las huellas de la Mater et Magistra—en una época de intensa socialización). c) La promoción del bien común, en función de los derechos y del bien de la persona, íntegramente reconocida y servida. El orden real debe someterse al orden personal.

Respecto a las consecuencias, Gaudium et Spes da lógicamente un realce significativo al total respeto a la persona humana, incluidos los adversarios (sin que ello suponga indiferencia ante la verdad y el bien); a la igualdad esencial entre los hombres (que comporta el ejercicio de la justicia social y de la equidad); a la superación de la ética individualista (concretando pistas para su logro); y finalmente, al fomento eficaz de la responsabilidad y la participación.

Cristo, el Verbo encarnado, es el modelo y el agente fundamental de la genuina solidaridad humana. La Iglesia, sacramento de la unión de los hombres con Dios y entre si, al ejercer su cometido propio, que es constitutivamente religioso, origina funciones, luces y energías que pueden servir, y sirven decisivamente, para establecer y consolidar la comunidad humana según la ley divina (cfr. nº 42).

Respecto a la familia, el texto, después de enumerar una serie de aspectos positivos y negativos que hoy presenta y de afirmar la voluntad conciliar de iluminar y fortalecer a los cristianos y a los hombres de buena voluntad que promueven la dignidad y el valor del estado matrimonial, subraya, por un lado, el carácter sagrado del matrimonio y de la familia y se detiene, por otro, en la consideración del amor y de la fidelidad conyugales.

Sobre el primer punto ahonda tres aspectos decisivos: a) Institucional (el consentimiento como fundamento de la comunidad conyugal [matrimonio in fieri]; el vínculo conyugal como realidad garantizada por la voluntad divina [matrimonio in facto esse]; la ordenación natural del matrimonio a la procreación y educación de la prole; y la fidelidad i indisolubilidad que sellan la íntima unión entre marido y mujer). b) Sacramental (desde la acción de Dios, por Cristo, en la Iglesia); espiritual (la perfección y consiguiente glorificación de Dios a que estan llamados todos los miembros de la familia) y apostólica-testimonial (en medio dl mundo y para bien del mundo).

Sobre el segundo punto, GS pone de relieve: a) La riqueza axiológica (valores) del amor conyugal y la gran virtud que éste supone y fomenta; b) la ordenación natural del matrimonio a la procreación y educación de la prole, ordenación que comporta la responsabilidad humana y cristiana de los cónyuges, responsabilidad que requiere un recto juicio sobre los datos y correlatos de la transmisión de la vida, juicio que pone simultáneamente en juego la conciencia (de los esposos), la ley (de Dios) y el magisterio (de la Iglesia). c) Se sigue de ello que elamor conyugal és compatible con el respecto de la vida humana: ante el problema de la natalidad, el texto por un lado apela a criterios objetivos y, por otro, remite ciertas cuestiones que necesitan una investigación más detenida a una comisión tras cuyo estudio el Papa dirá la última palabra. d) El capítulo acaba invitando a una promoción universal del matrimonio y de la familia.

en torno al concepto de desarrollo—ya planteado y explanado, como vimos, por la Mater et Magistra--. Este ha de tener como fin y como causa el hombre integral, lo que comporta lógicamente la progresiva eliminación de las enormes desigualdades económico-sociales hoy existentes. Desde dicha base y con el citado telón de fondo, nuestro texto acentúa los cinco puntos siguientes: a) la superioridad del trabajo sobre los restantes elementos de la vida económica, que tienen mero carácter instrumental. b) La participación de todos los miembros de la empresa en su gestión, ya que ellos—propietarios, administradores, técnicos, trabajadores—son personas; en cuanto a estos últimos, los trabajadores, se subraya tanto su presencia en la organización general de la economía como su derecho fundamental de libre creación (y actuación en y desde ellas) de asociaciones que les representen con autenticidad. c) El destino universal de los bienes, que es urgido con particular claridad y contundencia: los bienes creados deben llegar a todos de forma equitativa bajo la égida de la justicia y con la compañía de la caridad. d) Unas inversiones orientadas a asegurar trabajo y beneficios a las generaciones presentes y futuras. e) Un acceso generalizado de individuos y comunidades a la propiedad privada o a un cierto dominio de los bienes externos.

En función del Reino de Dios, mediante la obediencia a Cristo, se encuentra un amor más fuerte y puro para concretar la ayuda fraterna y realizar la justicia bajo la inspiración de la caridad.

Dada la integración de lo político en la Doctrina social de la Iglesia—no sólo sectorialmente, sino también globalmente (Pacem in Terris), según vimos en el quinto apartado--, es obligatorio hacer, como mínimo, una brevísima referencia a los capítulos cuarto y quinto de esta segunda parte de la Gaudium et Spes. Del cuarto, centrado sobre la vida política, es importante subrayar el número 75, que especifica la colaboración que todos los ciudadanos deben aportar a la vida pública. En función de esta colaboración, que ante todo es actividad libre, ha de establecerse un orden jurídico positivo dotado de una adecuada división de funciones de la autoridad y capaz de proteger los derechos humanos de modo eficaz. En este marco, el ciudadano cristiano está llamado a poner en acto su vocación particular y propia dentro de la comunidad política, vocación cuyo genio es la síntesis realista de libertad y autoridad, de iniciativa y solidaridad, de diversidad y unidad.- En el ámbito de lo interestatal, el capítulo quinto aboga por el fomento de la paz y la promoción de los pueblos. Más adelante veremos la importancia que tiene el enmarcamiento de la vida económico-social dentro de un orden político (estatal e interestatal) concebido y organizado en función de los derechos humanos.

7.- POPULORUM PROGRESSIO, PABLO VI, 1967

Hablaba del carácter englobante de la Gaudium et Spes. A partir del mismo, después de explanar el segundo componente de la tríada “Persona-Sociedad-Actividad humana”, me he detenido en la línea económico-social, subrayando el desarrollo como su eje vertebrador y presentando brevemente la línea política (estatal e interestatal), dada su dimensión organizativo-vinculante, línea que será posteriormente destacada. Tiempo y espacio me han obligado a no considerar los ámbitos familiar y cultural, a pesar de su importancia en nuestro tema.

Pues bien, Populorum Progressio, fiel al binomio “continuidad-renovación”, evoca (continuidad) los anteriores documentos y se conecta de modo especial con Gaudium et Spes a fin de profundizar la cuestión del desarrollo y abrir en ella nuevas perspectivas (renovación). El enfoque mundial del problema social en que estamos se enriquece así con el buceamiento en un filón específico, ya detectado, como vimos, por la Mater et Magistra. La encíclica se despliega en dos grandes partes, la primera dedicada al desarrollo integral del hombre y la segunda al desarrollo solidario de la humanidad.

Respecto a la primera, el texto postula un comportamiento que sintetizaré con la trilogía criterios-características-dimensiones.

a)  Los criterios suponen y precisan ulteriormente el principio del destino universal de los bienes, al que deben subordinarse los demás derechos, comprendidos los de propiedad y libre comercio. De aquí la exigencia eventual de determinadas expropiaciones y el deber de actualizar el aspecto social de la renta disponible; de aquí también la necesidad de llevar adelante una industrialización verdaderamente humana que se desvincule de un capitalismo desenfrenado y se fundamente en un trabajo genuinamente personal que, a su vez, supere la ambivalencia—egoísmo, revuelta, por un lado; conciencia profesional, sentido del deber, amor al prójimo, por otro—que con tanta frecuencia le afecta, en beneficio del segundo miembro del binomio.

b)  La obra que hay que realizar se caracteriza por su urgencia (evidente); por su metodología (pacífica: el eventual uso de la violencia debe ser siempre un último recurso); su talante reformista (audaz e innovador); y su cristalización (inteligentemente planificadora).

c)  Esta programación ha de abarcar las dimensiones básicas del hombre; debe, pues estar a su servicio; y tiene que incluir la alfabetización, la atención a la familia, el recto enfoque del problema demográfico, la debida atención al pluralismo de las organizaciones profesionales, la promoción cultural y el sentido trascendente de la persona. Todo, en función de un humanismo pleno, trascendental. Es así como puede lograrse un desarrollo integral de todo el hombre y de todos los hombres.

A su vez, el desarrollo de la humanidad se abre a un triple horizonte: a) de solidaridad entre los pueblos (y, a este respecto, el Papa urge la creación de un fondo común mundial, alimentado con una parte de los gastos militares y administrado por los propios países, donantes y receptores); b) de justicia en las relaciones comerciales (la cual requiere que, más allá de un liberalismo que se niega a regular el libre cambio, éste se someta, mediante adecuadas convenciones de carácter internacional, a unas reglas que incidan eficazmente en los ámbitos del precio y de la producción); c) de caridad, en fin (a través de un vital movimiento de recepción, que acoge hospitalariamente a los ciudadanos de los pueblos pobres; y de aportación, que traslada hacia éstos los pertinentes recursos humanos y materiales de los pueblos ricos). Este desarrollo—solidario, justo y fraterno—es el nuevo nombre de la paz.

Pienso que éste es el momento metodológicamente adecuado para efectuar una precisión en torno al tema de la dimensión planetaria de la cuestión social. Pablo VI, en la introducción de Populorum Progressio, afirmaba: “Lo que hoy importa en máximo grado es que todos tengan la certeza y el sentimiento de que la cuestión social, ahora, afecta decisivamente a la universal unión de los hombres entre si, cosa que nuestro predecesor de feliz memoria Juan XXIII afirmó sin ambages y el Concilio confirmó en la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo contemporáneo. Dado el gravísimo peso e importancia de estas enseñanzas, es absolutamente necesario llevarlas urgentemente a efecto”. Esta cita muestra con evidencia que Juan XXIII inició el paso a la citada dimensión universal: “lo afirmó sin ambages”.

Ahora bien, a los veinte años de la publicación de Populorum Progressio, Juan Pablo II quiso homenajearla con otra Encíclica: Sollicitudo Rei Socialis. En ella, enumeró tres títulos de novedad de Populorum Progressio: el hecho mismo del documento, la amplitud de horizontes que abrió a la cuestión social y la afirmación de que desarrollo equivale a paz.

Ciñéndose al segundo título, Sollicitudo Rei Socialis precisa que Mater et Magistra “ya había asumido este dilatado horizonte de realidades” y que el Concilio, en la Gaudium et Spes respondió a ellas a modo de eco. Pero añade, en ulterior precisión, que fue cosa propia de Pablo VI, en la Populorum Progressio: a) “afirmar con claridad que la cuestión social, ahora, afectaba decisivamente a la universal unión de los hombres entre si”; b) “haber hecho de dicha afirmación y de su análisis, al que estimula, una ‘orientación’”. Más adelante, Juan Pablo II concreta ulteriormente su interpretación de la Populorum Progressio al escribir: “(...) la novedad de la Carta Encíclica Populorum Progressio no consiste en que se afirma de manera histórica la índole universal de la cuestión social, sino más bien en que se añade la valoración moral de la citada condición”.

De hecho, esta valoración moral se encuentra ya también, a su manera, en la Mater et Magistra por vía de una doble aproximación. La primera subraya: la obligación de la naciones con abundancia de ayudar a las más pobres por razón de solidaridad y de interdependencia; el hecho de que todos somos responsables de las naciones subalimentadas; la urgencia de despertar la conciencia de la grave obligación citada, especialmente en los económicamente poderosos; el deber singularmente grave de los católicos en esta materia, debido a su condición de miembros del Cuerpo del Cristo y dado el hecho de que la Iglesia pertenece por derecho divino a todas las naciones. La segunda, tiene lugar en torno al tema: “hacia el futuro entendimiento y la mutua ayuda entre los pueblos” y a sus correspondientes vías de realización, que exigen avanzar por los caminos de la verdad y de la justicia.

¿Qué decir, pues?. Que, según la hermenéutica de Sollicitudo Rei Socialis, Pablo VI reformuló con decisivo vigor y condujo a ulteriores consecuencias, en lo concerniente a universalidad y a la consiguiente instancia ética de la cuestión social, lo que ya Juan XXIII había afirmado sin lugar a dudas y había urgido con evangélica firmeza.

8.- OCTOGESIMA ADVENIENS, PABLO VI, 1971

Entramos en una nueva configuración de este enfoque planetario, la que atañe al pluralismo político y a las instancias científicas y utópicas que caracterizan hoy al género humano. Todo ello provoca y exige, a partir de la Fe, una análoga pluralidad de compromisos por parte de los cristianos.

Tras el polo de la continuidad que campea en los primeros números (1-7) de esta Carta apostólica—no es una encíclica--; Pablo VI despliega ante los ojos del lector las novedades que caracterizan su tiempo. a) En un primer momento, y de modo genérico, toma buena nota de la gran diversidad de situaciones en que se encuentran encarnados los miembros de la Iglesia; y, consciente de que no es ni su propósito ni su misión pronunciar una palabra única ante tal multiplicidad, recuerda a las comunidades cristianas que es a ellas a las que corresponde deducir principios de reflexión, normas de juicio y directrices de acción, a tenor de las enseñanzas sociales de la Iglesia. Ellas, las comunidades, han de discernir, en condiciones precisas, las opciones y los compromisos convenientes con vistas a la transformación de la sociedad. b) En una segundo momento, y ya de modo concreto, pasa a enumerar una serie de problemas sociales urgentes que afectan a los jóvenes, la mujer, los nuevos pobres, los discriminados de todo tipo, los emigrantes (vertiente de las personas); y a la urbanización, la demografía, los medios de comunicación social y el medio ambiente (vertiente de los hechos). Hacia ellos han de volcarse los cristianos a fin de hacerse responsables de un destino—el de todos los hombres—ya común.

Estos cristianos se hallan hoy—prosigue el Papa y lo destaco en segundo lugar—dentro del cauce de unas aspiraciones fundamentales y ante una serie de corrientes ideológicas. Las primeras se flechan hacia la igualdad y la participación, y cristalizan en diversos (sincrónicamente) y sucesivos (diacrónicamente) modelos de sociedad democrática. Pues bien, los cristianos han de participar doblemente en este ámbito; primero, buscando tipos de convivencia democrática que encarnen cada vez más ambos ideales; segundo, asumiendo concretas responsabilidades en la organización y la vida políticas. Todo lo dicho, desde un talante que—como vimos al compendiar Gaudium et Spes--, partiendo de la persona humana y de las agrupaciones particulares que ella crea, se abre a la comunidad política como cristalización englobante dirigida al logro del bien común.

Un tercer aspecto importante de la Carta es el que afecta a las corrientes ideológicas, entre las que especifica tres: el socialismo, el marxismo y el liberalismo. Retomando la distinción efectuada por Pacem in Terris entre ideologías y movimientos históricos, el Papa considera las posibilidades de una eventual acción de los cristianos en el ámbito de las citadas corrientes, poniendo en juego, a este fin, una serie de ricas y trabadas matizaciones. Helas aquí, muy sintetizadas:

a)  Respecto a las corrientes socialistas, hay que distinguir en ellas los valores a los que se van abriendo, la organización concreta que haga al caso y el lastre ideológico que aún perdure. Si y en cuanto el primer dato predomina sobre el tercero, puede darse un eventual compromiso de mayor o menor cooperación o acción en el nivel del segundo, a condición, evidentemente, de que no se renuncie en ningún caso a la especificidad cristiana.

b)  En cuanto a las corrientes marxistas, los niveles a distinguir son cuatro: lucha de clases, conquista del poder, materialismo histórico y método científico. El tercero es constitutivamente inasumible. Lo es también el cuarto, en la medida en que intrínsecamente lo implica. El primero y el segundo, desvinculados de los dos restantes, pueden dar pie a consideraciones de tipo económico-social y político que los redimensionan esencialmente. En esta misma proporción hay motivo para interrogarse desde el doble punto de vista de la reflexión y de la acción, sin olvidar jamás, eso es obvio, que el gravamen ideológico tiende a conectar de manera dificilísimamente separable los cuatro niveles citados. El destello verdeante para una eventual acción o cooperación obliga a mirar muy atentamente el semáforo.

c)  Las corrientes liberales, aparentemente más asumibles, requieren, asimismo, un atento discernimiento. Pues si bien el nivel económico-social y el nivel político presentan datos de positiva asunción de determinadas exigencias sociales, también aquí el lastre ideológico continúa pesando mucho: se trata de la querencia por las tablas de un individualismo siempre resurgente y continuamente tentador. El cristiano tiende a olvidarlo y no hará mal en vitaminar su memoria en aras de la verdad y el bien sociales.

Todas estas precisiones culminan una lenta y madurada reflexión del Magisterio, que partiendo de un tajante No inicial (Rerum Novarum), y pasando a otro No rotundo, pero ya con previas distinciones (Quadragesimo Anno), se abre paulatinamente a un progresivo discernimiento especulativo y práctico (Mater et Magistra, Pacem in Terris), para llegar finalmente a un eventual Sí—la Carta que ahora comentamos--, preñado de exigencias testimoniales y prácticas. Desde luego, este eventual y matizado Sí en el campo de las corrientes históricas presupone la persistencia de una clara incompatibilidad en lo concerniente al ámbito doctrinal de las ideologías.

En cuarto lugar, es importante presencializar la última sección de nuestro texto, que enfoca de modo global—no ya diferenciadamente, como hasta ahora—la posición de los cristianos ante los nuevos problemas sociales y políticos. La Enseñanza social de la Iglesia, se dice en un primer momento, acompaña a los hombres en la búsqueda de las correspondientes soluciones. Este acompañamiento no pretende confirmar con su autoridad concretas determinaciones estructurales, pero sí tiene como finalidad recordar principios, contactar situaciones, servir con desinterés, atender a los más pobres y asumir las innovaciones requeridas por las circunstancias de cada tiempo y lugar.

A continuación, Octogésima Adveniens concreta que, en el ámbito económico, debe lograrse una mayor justicia distributiva y una concreta liberación que implica cambio simultáneo de corazones y de estructuras. Ahora bien, autónomo, pero no independiente, este ámbito ha de integrarse a su vez dentro del aspecto político—a este momento aludía más arriba--; espacio que debe ser genuino, esto es, volcado hacia el bien común, conjunto de condiciones que posibilita el respeto y la promoción de las familias y los grupos sociales en función del bien de cada ser humano. Ulteriormente, lo político tiene que ser asumido por los cristianos habida cuenta de los límites que lo definen, es decir, debe ser evangélicamente trascendido. Por consiguiente, lejos de ser absolutizado, ha de abrirse al legítimo pluralismo que comporta; lejos de ser absorbente, ha de facilitar una verdadera participación en las responsabilidades; lejos de ser estático, ha de dinamizarse hacia una continua invención de nuevas formas de democracia.

La citada gradación (economía, política, inspiración evangélica) posibilita la vivencia de la plena antropología humana, que es pascual. Muerto y resucitado con Cristo, el cristiano coopera incansablemente en la creación de o en la reconducción hacia un ordenamiento político que respete, garantice y promueva la justicia y la caridad en las relaciones económicas.

9.- LA JUSTICIA EN EL MUNDO, SINODO DE 1971

Nos encontramos ante un nuevo aspecto del enfoque planetario con que es abordada la cuestión social, desde la Mater et Magistra, por el Magisterio de la Iglesia. El título es totalmente expresivo al respecto: no se trata sólo de la justicia sin más, sino de la justicia en el mundo, a inicios de los setenta. La sociedad mundial se caracteriza, según el documento, por cuatro notas: sufre múltiples contradicciones, posee una voluntad de promoción, padece enormes injusticias y se encuentra necesitada de diálogo o, si se quiere, de una incansable tarea de mediación.

Ante ella, los Padres sinodales se sienten estimulados a bucear de nuevo en la misión de la Iglesia a la luz del Evangelio. Estas profundización les cerciora de la relación intrínseca existente entre la justicia evangélica de Dios por Cristo y la tarea de justicia que requiere hoy el planeta; y les ofrece nuevas perspectivas para precisar en este campo las funciones de la Iglesia como totalidad y de la Jerarquía y los restantes fieles en su peculiaridad. Desde esta base teológica, el documento sinodal—de nuevo: no encíclica—traza unas pautas de acción en los ámbitos del testimonio, de la educación, de la colaboración y, finalmente, de la acción internacional.

El testimonio eclesial en pro de la justicia ha de abarcar las maneras de actuar, las posesiones y los estilos de vida.

a)  En cuanto a las maneras de actuar, el texto urge que, dentro de la Iglesia, se respeten los derechos humanos de todos sus miembros. Estos derechos conciernen, en el campo económico, al salario (equitativo), a la promoción (conveniente), a la gestión (de los bienes), a los seguros sociales, etc; en el campo jurídico, al conocimiento de los eventuales acusadores y a una conveniente defensa (en los litigios); en el campo femenino, a la responsabilidad y participación de las mujeres.

b)  Respecto a las posesiones, la consigna es que el uso de los bienes temporales no haga nunca ambiguo el testimonio que la Iglesia está obligada a ofrecer. A esta nitidez testimonial hay que subordinar las posiciones de privilegio. Los miembros de la Iglesia hemos de ser moderados en el uso de los bienes. La administración de éstos ha de adecuarse a las exigencias que comporta el anuncio del Evangelio a los pobres.

c)  En lo referente al estilo de vida, éste debe ser tal, en los países pobres, que las comunidades eclesiales no configuren una isla de bienestar; y, en los ricos, que sea ejemplo de aquella moderación en el consumo que es necesaria para alimentar a tantos millones de hambrientos en el mundo.

Pasando al campo de la educación para la justicia, nuestro texto ofrece orientaciones de precioso contenido en los ámbitos del método (que ha de conducir a una moral personal y social testimonialmente expresada); de los obstáculos (el individualismo, el “posesionismo”, el “talcualismo” adocenador); de las exigencias (renovación del corazón, modo de vivir humano, facultad crítica, etc.); del fruto (autoseñorío y responsabilidad, por un lado; construcción de comunidades verdaderamente humanas, por otro); de las características (permanente y práctica); de los medios (familia, instituciones eclesiales, escuelas, sindicatos, partidos); del mensaje (dignidad de la persona, unidad de la familia humana, divinización cristiana de todos los hombres); de las actitudes episcopales (exhortación, intervención, denuncia); de la liturgia (siendo, como es, el corazón de la vida de la Iglesia, puede servir de gran ayuda en esta educación para la justicia, desde sus dimensiones comunitaria, bíblica y sacramental).

En fin, las pistas de acción que el documento ofrece en lo referente a la colaboración—intraeclesial, ecuménica e interhumana—y a la actuación internacional—con indicaciones de gran realismo—conservan todavía hoy, al igual que las que he sintetizado en los campos testimonial y educativo, una candente actualidad, fruto de su viveza evangélica y de su inmersión en la realidad de los hechos. El Sínodo concluye su exposición expresando el deseo de que el examen a que ha procedido se encarne en todos los niveles de la vida de la Iglesia.

No me olvido del binomio “continuidad-renovación”. La continuidad en el tratamiento del tema de la justicia es obvia, tanto en su aspecto de constancia como en su vertiente de profundización. Esta última, sin marginar las clásica divisiones (conmutativa, distributiva, general o legal), delinea con creciente claridad y distinción el concepto de justicia social. Ahora bien, lo que campea en el presente documento sinodal es el dato innovador. Nunca, hasta ahora, se había ofrecido, en los textos magisteriales, una reflexión tan amplia, profunda—y autoexigente, eclesialmente hablando—sobre la justicia como en esta exposición, que honra a los padres sinodales congregados por Pablo VI en Roma el año 1971. ¡Ojalá su vigor evangélico nos ayude a vivir intraeclesialmente, con creciente intensidad, lo que, con todo derecho y consiguiente deber, predicamos al mundo en materia social!

10.- LABOREM EXERCENS, JUAN PABLO II, 1981

La primera encíclica social del actual Pontífice se ciñe al problema del trabajo humano. Henos aquí ante una aproximación indudablemente privilegiada a nuestro tema. En efecto, según Laborem Exercens, el trabajo del hombre es, en cierto modo, el factor determinante no sólo de la objetiva realidad económico-social, sino también del conjunto de los documentos que conforman la Doctrina de la Iglesia en dicho ámbito.

Después de realizar una aproximación histórico-evolutiva a los citados documentos poniendo en evidencia su continuidad y renovación con categorías orgánico-evangélicas, Juan Pablo II aborda tres dimensiones fundamentales del trabajo humano: bíblico-antropológica (en si y en su aplicación a nuestro tiempo), ético-jurídica y espiritual.

Desde el punto de vista bíblico-antropológico, el trabajo, a la luz de la revelación del hombre como creado a imagen de Dios y llamado a crecer, multiplicarse y señorear la tierra, aparece en su doble riqueza: objetiva ( se trata de su dimensión técnica, productiva, eficaz) y sujetiva (que pone de relieve su dimensión personal). Esta segunda perspectiva tiene primacía sobre la primera, ya que es precisamente en tanto que imagen de Dios que el hombre es persona y es exactamente en cuanto persona que es sujeto del trabajo. En esta sujetividad se basa la naturaleza ética del trabajo. No es el tipo de éste, sino su procedencia personal el fundamento determinante de su justa valoración. Ser “persona que trabaja” tiene prioridad sobre ser “persona que trabaja”.

El enfoque economicista, la civilización materialista invierten este orden; conceden importancia primaria a la dimensión objetiva sobre la subjetiva, marginan al sujeto, menosprecian (¡qué justo es aquí el verbo!) a la persona. De aquí la rectitud histórica de la reacción solidaria que protagonizó el trabajo preterido. Retomando la trilogía persona-familia-sociedad de la Rerum Novarum, nuestro texto corona esta reflexión abundando en la densidad decisiva de la dimensión personal, “sujetual” del trabajo.

Esta doctrina de valor permanente nos lleva a captar, a su vez, otra prioridad, la que el trabajo integral (sujetivo, ante todo; pero también objetivo) tiene respecto al capital y la propiedad: ello nos inmerge en el corazón de nuestro tiempo. Prevalencia sobre el capital, por cuanto éste pertenece al mero ámbito de la causalidad instrumental, mientras que el trabajo resplandece por su categoría de causalidad eficiente, lo cual exige que el capital se subordine al trabajo, sea éste empresarial, sea obrero. Y predomino sobre la propiedad (ante todo de los medios de producción), en la misma medida en que el sentido definitivo de ésta última—la propiedad—es que sirva al trabajo (a la persona que trabaja) y no viceversa.

La tragedia de nuestra época es que ha privilegiado unos modos de pensar y actuar que, respecto al primer punto, han separado, contrapuesto y, finalmente, invertido ambos miembros del primer binomio hasta el punto de estructurar un indebido señorío del capital sobre el trabajo; y, respecto al segundo conjunto, han subordinado de tal modo, contractualmente, el trabajo a la propiedad de los medios de producción que aquél han sido transformado en función aleatoria de ésta. Cuando, por lo contrario, la verdad reclama y la justicia exige que el único título legítimo de propiedad de los medios de producción sea que éstos—reiterémoslo—sirvan al trabajo y posibiliten, de esta manera, el destino universal de los bienes y, por consiguiente, su uso personal, habida cuenta de la constitutiva dimensión común que les caracteriza.

Desde el punto de vista ético-jurídico, los empresarios (tanto indirecto, esto es, el constituido por el conjunto de instituciones políticas, económicas, sociales, culturales, etc. que organizan y regulan el trabajo; como directo, es decir, la persona o institución que mediante contrato ad hoc ofrece y estipula trabajo) deben abrirse respectivamente a los derechos de los trabajadores: a tener trabajo y condiciones dignas de trabajo, en el primer caso; a obtener una justa remuneración, que posibilite una digna vida familiar, en el segundo.

Desde la tercera aproximación, la de la espiritualidad del trabajo, la cual, desde luego, nos sitúa en lo íntimo del ser de la Iglesia, Laborem Exercens pone ante nuestros ojos, tanto la dimensión protológica como la perspectiva cristológica del esfuerzo laboral humano. La consideración protológica profundiza sobre el hecho de que, bajo Dios y para su gloria, completamos, mediante el trabajo, la obra de la creación por El iniciada y sostenida; la cristológica nos asocia a Jesús quien, por un lado, predica con el ejemplo “el evangelio del trabajo” (vida oculta y laboriosa de Nazaret) y, por otro, nos invita a insertar lo penoso del trabajo en su muerte y lo fructífero del mismo en su resurrección, asociándonos de esta manera, simultáneamente, a la eficacia de su redención.

Desde luego, esta encíclica corona excelentemente todo el esfuerzo de reflexión operativa sobre el trabajo humano realizado por los textos anteriores del Magisterio social. Es, en si misma, un testimonio preclaro del desarrollo orgánico-evangélico que ella detecta y subraya en los mensajes que la preceden.

11.- SOLLICITUDO REI SOCIALIS, JUAN PABLO II, 1987

Al llegar al penúltimo de los documentos de esta segunda parte, es indicado efectuar una breve parada a fin de percibir comparativamente las grandes líneas de los mensajes ya ofrecidos y de los que restan por ofrecer. Puede ayudarnos a ello la siguiente esquematización:

ENFOQUES DE LA CUESTION SOCIAL COMO MUNDIAL

englobante

p u n t u a l e s

retrospectivo / proyectivo

GS

PP

OA

JM

LE

SRS

CA

en el marco de la relación Iglesia-Mundo

y desde la tríada Persona-Sociedad-Actividad humana, resitúa la VIDA ECONOMICO-SOCIAL

junto a los temas de la vida familiar, cultural, política e internacional.

asume el tema del DESARROLLO-vertebrador del de la vida económico-social de GS - y le confiere un realce decisivo, al considerarlo como el nuevo nombre de la paz.

orienta la PRESENCIA Y ACCION DE LOS CRISTIANOS en el seno de las aspiraciones y corrientes ideológicas, al par que ante las aportaciones de las ciencias sociales y las proyecciones utópicas de la época.

fundamenta teológicamente y encauza prácticamente la ACCION A FAVOR DE LA JUSTICIA, habida cuenta de las contradicciones e injusticias, a la vez que de la voluntad de promoción y necesidad de mediación que son propias de su tiempo.

aborda desde las perspectivas bíblica,antropológica, ética y espiritual el TRABAJO HUMANO, con-siderado como eje de la vida económico-social y de la Doctrina Social de la Iglesia.

retorna al tema del DESARROLLO

(ver PP) y lo profundiza ético-teológicamente, habida cuenta de los contrastes y tensiones Este-Oeste y Norte-Sur.

relee conmemorativamente la RN a un siglo de distancia, teniendo co-mo telón de fondo la caída del socialismo real y las negativas consecuencias de una libertad apartada de la verdad, al par que orienta cristianamente los ámbitos económico y político ante las puertas del tercer milenio.

temas ya considerados

temas por considerar

En las columnas centrales podemos contemplar, por un lado, tres temas que son decisivos en nuestra materia: el desarrollo—tratado dos veces—la justicia y el trabajo; por otro, una cuestión de tan intensa carga vivencial como es la de la presencia y acción de los cristianos ante la plural instancia de la sociedad moderna.

A la vez, en las columnas periféricas, y en contraste con la especificidad de las anteriores, percibimos el carácter englobado (por la relación Iglesia-Mundo) de un argumento que es, él mismo, globalizador (vida económico-social); y el enfoque análogamente general de Centesimus Annus, que, fiel al texto, denomino “retrospectivo-proyectivo” y que de modo expreso dejo sin formulación intratemática.

Hechas estas reflexiones metodológico-pedagógicas, paso a sintetizar el mensaje de Sollicitudo Rei Socialis, cuya finalidad explícita es confirmar la continuidad y renovación de la Doctrina social de la Iglesia y proclamar la alabanza de Populorum Progressio, a la vez que dar testimonio de la autoridad de su doctrina. El binomio “continudad-renovación” se explana sobre todo en torno a la conexión de Populorum Progressio con Gaudium et Spes (continuidad) y a la carga ética, universalizadora e irénica que da al concepto de desarrollo (renovación).

En un amplio “Ver”, Juan Pablo II pasa acto seguido a analizar tanto los aspectos negativos (el retraso de tantos pueblos en el proceso del desarrollo y las causas del mismo) como los positivos del mundo contemporáneo.

El “Juzgar” de esta macrorrevisión de vida se expone en dos momentos: a) En qué consiste el verdadero desarrollo: no es de tipo iluminista ni de talante economicista, sino que, a la luz de la vida cristiana, tiene como protagonista al hombre en tanto que: (1) creado a imagen de Dios e inserto en Su plan cristocéntrico y cristofinalizador; (2) sujeto de derechos y deberes; (3) consciente de su hábitat—ecología--. b) Qué lectura teológica puede y debe hacerse de los problemas modernos. Se trata de una lectura que, por una parte, diagnostica el mal a través de un análisis de orden religioso que muestra un mundo sometido al pecado y a estructuras de pecado, un mundo hambriento a toda costa de poder y de dinero; y, por otra, indica el camino a seguir para superar el mal diagnosticado, a saber, el del cambio ético y de la conversión. Esta conversión asume conscientemente el hecho de la interdependencia actual de los pueblos y se eleva decididamente a la vivencia de la solidaridad, vista en último término como virtud cristiana, animada por la caridad e inspirada en el modelo trinitario: las relaciones intradivinas son su fuente y su término definitivos.

El “Actuar” consiguiente, tras unas consideraciones de principio sobre la Doctrina social de la Iglesia—cuya enseñanza y difusión forman parte de la misión evangelizadora de la misma Iglesia--, concreta cómo aquella—la Doctrina social--: a) ha de abrirse a la perspectiva internacional mediante una lúcida opción preferente por los pobres (Tercero y Cuarto Mundo); b) postula reformas, dado el desequilibrio internacional, en lo concerniente al sistema comercial, monetario y financiero, a las transferencias tecnológicas, a las organizaciones mundiales: c) y convoca a la colaboración de todos, en el marco de una solidaridad universal.

Hecho el adecuado discernimiento, la Teologia de la liberación constituye una valiosa aportación a este “Actuar”, cuyas exigencias deben afrontarse positivamente a partir de la promesa divina y de la bondad fundamental del hombre.

12.- CENTESIMUS ANNUS, JUAN PABLO II, 1991

Henos llegados a nuestro documento terminal. Fiel al binomio tantas veces reiterado, Juan Pablo II afirma que Centesimus Annus conmemora, relee el pasado; pero sobre todo se abre al futuro. Como he señalado hace poco, esta encíclica no pertenece al grupo de las “puntuales”, sino que tiene un carácter general, retrospectivo, por un lado, y prospectivo, por otro: entre ambos polos debe añadirse un tercero, mediacional y al propio tiempo autónomo: el circumspectivo o presencial. De este modo, la encíclica: a) ofrece una estructura bimembre (la primera sección, retrospectivo-presencial, comprende los tres primeros capítulos; la segunda sección, presencial-prospectiva, abarca los tres restantes); b) se muestra globalizadora, análogamente a como lo es Gaudium et Spes: análogamente, no unívocamente, porque fin y medios son diferentes.

Sus tres primeras partes, de enfoque reasuntivo-histórico al par que circunspectivo, destacan las principales características de Rerum Novarum (capítulo I); analizan el tránsito desde aquel entonces a “las cosas nuevas” de hoy (capítulo II); y se detienen, con múltiple riqueza de datos, en el año 1989, el de la caída del muro de Berlín (capítulo III). Resumámoslas brevemente.

El capítulo primero subraya tres tomas de posición de la Rerum Novarum, a saber: a) afrontó el conflicto capital-trabajo de su tiempo, estableciendo un paradigma permanente para la Iglesia (su decisiva intervención en el conflicto social moderno) y confiriéndole de este modo una especie de “carta de ciudadanía” ante las cambiantes realidades de la vida pública. b) Defendió los derechos fundamentales de los trabajadores (de propiedad, asociación, condiciones humanas de trabajo, salario justo, libre cumplimiento de los deberes religiosos). c) Expuso las relaciones entre el Estado y los ciudadanos (subrayando el deber de los poderes públicos de actuar en bien de los más pobres y urgiendo, a la vez, el carácter limitado e instrumental de su intervención).

El capítulo segundo pone de relieve que León XIII: a) previó los efectos negativos del Socialismo, cuyo error fundamental es la eliminación del hombre como persona (error que halla en el ateísmo su causa fundamental) y cuyo medio de acción es la lucha de clases. b) Criticó asimismo el liberalismo, en cuanto dejaba la esfera económica fuera del campo de acción del Estado y, sobre todo, en cuanto—doctrinalmente hablando—afirma una libertad apartada de la verdad (éste es su profundo y típico error). Las trágicas consecuencias históricas de esta impostación se echan de ver en el ciclo de las guerras que van del año 1914 al año 1945 y en la situación de no-guerra subsiguiente a 1945, caracterizada por una creciente universalización de la belicosidad ante el peligro de la dictadura comunista y por un simultáneo y paradójico proceso de concienciación antibélica; hecho, éste, que no consigue marginar el dato mayormente visible, que es la extensión del totalitarismo comunista. Esta situación da pie a tres tipos de respuesta: la de las sociedades democráticas inspiradas en la justicia social, la de los sistemas de “seguridad nacional”, y la de la sociedad de bienestar o de consumo. Durante este mismo periodo tienen lugar dos fenómenos colaterales de gran importancia: un gigantesco proceso de descolonización y un creciente sentimiento no sólo de los derechos de los hombres y de las naciones, sino también de la necesidad de corregir los desequilibrios de ámbito mundial.

El capítulo tercero analiza los sucesos de los años 1980, que culminan con la caída del muro de Berlín (1989). Su eje lo constituye el hundimiento de la regímenes opresores. a) Son factores del mismo: la violación de los derechos de los trabajadores (y la consiguiente reacción de éstos, iniciada en Polonia, en nombre de la solidaridad); la ineficacia del sistema económico, al par que la violación de la cultura y de los derechos nacionales; particularmente, dentro del ámbito cultural, el vacío espiritual producido por el ateísmo. b) Y son consecuencias de dicha caída: el encuentro que ha tenido lugar, en algunos países, entre la Iglesia y el Movimiento obrero (ángulo religioso); el peligro de un nuevo despertar de odios y rencores en los pueblos de Europa (ángulo político); el deber de justicia de ayudar a las naciones excomunistas, sin frenar el auxilio prestado al Tercer Mundo (ángulo solidario); la necesidad de poner en juego una recta concepción del desarrollo, esto es, un desarrollo integral (ángulo ético-jurídico).

Uno de los mensajes resultantes de este primera sección de la encíclica viene a decir: desprendámonos definitivamente de las negatividades ideológicas del Socialismo y del Liberalismo, si queremos construir verdaderamente un mundo de libertad y solidaridad.

La segunda sección abarca los tres restantes capítulos, dedicados a la propiedad privada y al destino universal de los bienes; al Estado y la Cultura; a la Doctrina Social de la Iglesia. ¿Cuál es su enseñanza?

El primero (capítulo IV) trata dos grandes temas: el trabajo moderno como nuevo tipo de propiedad y el mercado libre.

a)  En síntesis, sobre el trabajo moderno se nos dice lo siguiente: el modo de relación trabajo-tierra como factor de propiedad ha cambiado con el paso de los tiempos; hoy el factor trabajo tiene prioridad sobre el factor fecundidad de la tierra. Ahora bien, dentro del factor trabajo como elemento determinante de la propiedad, emergen el conocimiento, la técnica y el saber, los cuales pasan a ser las fuentes principales de riqueza. Históricamente, pues, la tierra ha cedido su papel de factor decisivo de la producción al capital y éste, posteriormente, lo ha cedido al hombre.

Este dato nuevo presenta aspectos positivos junto a otros negativos. Entre los primeros cabe subrayar la valoración del propio hombre, el ejercicio de determinadas virtudes y el derecho a la libertad. Entre los segundos, hay que destacar el doble hecho de la marginación (respecto a los sistemas de empresa en los que el trabajo moderno ocupa un lugar central) y de la miseria y explotación (en los lugares donde continúa vigente un capitalismo salvaje) de enormes masas humanas. Se impone, pues, la conclusión de que hay que conseguir un acceso equitativo al mercado internacional—por parte de los marginados y explotados: personas y pueblos--, basado no en el principio unilateral de la explotación de los recursos naturales, sino sobre la universal valoración de los recursos humanos.

b)  Pasando al tema del mercado libre, después de mostrar cómo éste debe ser “etizado” (cumpliendo los deberos de justicia y equidad; otorgando, más allá de ellos, lo que es debido al hombre por el simple hecho de ser hombre; y percibiendo que, en el contexto del Tercer Mundo, los objetivos de Rerum Novarum conservan su validez), nuestro texto se detiene sobre cuatro puntos de particular relevancia: sindicatos, empresa, capitalismo y deuda exterior.

Los sindicatos, en el contexto tanto del Tercero como del Cuarto Mundo, deben proseguir su lucha contra el capitalismo liberal proponiendo como alternativa no el sistema socialista, sino una sociedad que se funda en el trabajo libre, la empresa y la participación y que requiere un oportuno control del mercado.- La empresa capitalista tiene derecho a sus beneficios en la medida en que se constituye no en una sociedad cuyo único

fin es maximizar el lucro, sino en una comunidad de personas con vistas a resolver sus necesidades y ofrecer bienes y servicios en provecho de la sociedad.- El Capitalismo real, una vez fracasado el socialismo homónimo, no es ni puede ser el único modelo de organización económica, dado que, por si solo, no asegura a todos—individuos y pueblos—las condiciones básicas de participación en el desarrollo. Se requiere una programación responsable de parte de toda la comunidad internacional, con la consiguiente apertura de las naciones más fuertes y la coherente inserción—que implica esfuerzo y sacrificio—de las débiles.- La deuda exterior, habida cuenta de la vigencia del principio de pago, requiere modalidades de reducción, dilación o extinción en la medida en que supone sacrificios insoportables que llevarían a poblaciones enteras al hambre y a la desesperación.

Acto seguido, el capitulo enfoca los problemas y amenazas que surgen en el seno de las economías más avanzadas. En una primera aproximación elabora las cuestiones del consumismo y la ecología, enmarcadas en una visión cristiana del sistema ético-cultural.

a)  El consumo de creciente cualidad es legítimo en la medida en que responde a una imagen integral del hombre, según la cual las dimensiones materiales e instintivas se subordinan a las espirituales. Su piedra de toque decisiva es la efectiva comunicación de bienes a quienes carecen de ellos, llegando, si el caso lo requiere, a la autoprivación de lo necesario. Mientras que el consumismo, dirigido a los instintos y marginador de la realidad personal, al primar el tener sobre el ser y/o al entregarse a desviaciones tan evidentes como la droga y la pornografía, es un fenómeno indudablemente negativo.

b)  Respecto al tema ecológico, Centesimus Annus distingue dos tipos de ambiente, natural al primero, humano el segundo. En la raíz de la destrucción insensata del ambiente natural subyace no sólo un error antropológico (consistente en el olvido del don original de la creación, en el uso arbitrario de la tierra, en la suplantación de Dios), sino también una mezquindad de espíritu.Pero es peor todavía la destrucción del ambiente humano, mediante la creación de estructuras inhumanas y pecaminosas de convivencia, que se refleja múltiplemente (problemas del hacinamiento urbano, de la explotación laboral, de los “barrios chinos”, de los suburbios depravados, de la disolución familiar, etc.). Hay que substituir estas estructuras por formas auténticas de convivencia.

En una segunda aproximación, nuestro texto reflexiona sobre la alienación y el capitalismo, desde una iluminación antropólogico-teológica de la economía.

a)  Más allá del enfoque marxista de la alienación, unilateralmente economicista y materialista, la visión de este fenómeno parte de su existencia (en los ámbitos del consumo y del trabajo) y profundiza en su causas. El hombre se aliena cuando se niega a la autodonación; la sociedad se aliena cuando se cierra a la solidaridad. En ambos casos, el hombre instrumentaliza al hombre.

b)  Conectando con lo dicho más arriba, el capitalismo debe ser objeto de discernimiento. Si por él se entiende un sistema económico que renoce el cuádruple papel de la empresa, el mercado, la propiedad privada (con la consiguiente responsabilidad sobre los medios de producción) y la libre creatividad humana, la respuesta es positiva. Pero si lo que está en juego es una ideología radical cuyos lastres y efectos son la marginación y la explotación (sobre todo en el Tercer Mundo) y la alienación hace un momento considerada (especialmente en los Países más avanzados), entonces no cabe otra salida que la denuncia y el rechazo.

No puedo detenerme sobre los capítulos V y VI. Brevísimamente: respecto al Estado, se trenzan unas reflexiones que, además de ser luminosas en si, son muy adecuadas para la circunstancia hispánica, tanto en lo referente a la democracia como en lo que atañe a la cultura (cfr. capítulo V). Respecto a la Doctrina social de la Iglesia, ésta es abordada desde un múltiple punto de vista con el resultado de cerciorarnos ulteriormente sobre su finalidad antropológica, su valor instrumental de evangelización, su fundamentación teológica y su eficacia testimonial-operativa, en función de una opción preferencial por los pobres que se concreta en la promoción de la justicia (cfr. capítulo VI)

EPILOGO

Es de esperar y temer, decía al tratar de la dimensión mundial de la cuestión social, inicialmente señalada por la Mater et Magistra, que dentro de un tiempo --¿siglo XXI?-- la cuestión social habrá adquirido connotaciones transplanetarias, si no todavía—o quizás sí, inicialmente—interplanetarias. El temor queda motivado por la dolorosa experiencia de la multiplicación de los males producidos por la mancha de la injusticia y del desamor, que cuenta con medios estructurales cada vez más egoístas: es ésta una de las causas fundamentales del “abismo creciente” entre los grupos humanos ricos y pobres.

La esperanza se flecha a los aspectos paradójicamente positivos de esta ulterior dimensión. Uno de ellos, el de hacer cada vez más evidente la urgencia de remediarla. Otro, el de implicarnos crecientemente a todos en su solución; implicación que posee una constitutiva dimensión moral. Escribe, en efecto, Juan Pablo II, en la Sollicitudo Rei Socialis—ya cité la primera parte del texto--: “(...) La novedad de la Carta Encíclica Populorum Progressio no consiste en que se afirma de manera histórica la índole universal de la misma cuestión social, sino más bien en que se añade la valoración moral de la citada condición. Por consiguiente, los responsables de la gestión pública, más aún, todos los ciudadanos de las naciones ricas, individualmente considerados, principalmente si son cristianos, se hallan sujetos al deber moral, cada uno según la magnitud de las propias obligaciones, de que, cuando se toman decisiones privadas y públicas de gobierno, esta naturaleza universal, esta relación recíproca entre sus costumbres de aquí y la miseria de tantos millares de hombres de allí sea cuidadosamente tomada en consideración”.

Esta concienciación ética y su traducción eficaz en la práctica hará cada vez más evidente que el “aquí” y el “allí” no son geográficos—intra o extraplanetariamente hablando--. Efectivamente, “Norte” y “Sur” (hoy) o “Colonia espacial Z” y “Zona todavía miserable del planeta” (mañana) son/serán ante todo lugares individuales y comunitarios de decisión que continuarán urgiendo el Mandamiento del Amor y proyectándose hacia el Juicio Universal, aquél cuya medida es y será: “Lo que hicísteis con uno de estos pequeños a Mí me lo hicisteis”.

Pienso que transcribir esta sentencia evangélica y aquel texto magisterial constituye una buena manera de terminar el artículo.

Antoni M. Oriol

Facultad de Teología de Catalunya

http://www.sedase.net/doctrina_social_de_la_iglesia.htm

 

 

 

 

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#3817 De: "PPluis" <jluis_aboytes@...>
Fecha: Mar, 10 de Nov, 2009 5:07 pm
Asunto: El Muro de Berlín, 20 años después
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El Muro de Berlín, 20 años después

Periódico AM Querétaro, 08/nov/09

 

El 9 de noviembre se cumplirán dos décadas de la caída del Muro de Berlín, que fue el emblema de los totalitarismos que dividieron a Europa y al Mundo. Durante la noche del 12 al 13 de agosto de 1961, las autoridades de la entonces República Democrática Alemana levantaron de un golpe los 45 km de pared, que aislaron física, moral y espiritualmente a los países de ideología comunista. Fueron duros años para los berlineses y para toda Europa oriental, pero corremos el riesgo de olvidar esta importante lección.

Veinte años no son pocos. Son suficientes para perder de la memoria histórica, y corremos el riesgo de olvidar las grandes lecciones de la Historia. El Muro era el símbolo de la división de la humanidad, tal como quedó el planeta al terminar la Segunda Guerra Mundial. Esa separación era de tipo intelectual y moral, antes que económica o política.

El comunismo, impuesto por la entonces Unión Soviética a sus países satélites, era una doctrina política basada en una antropología que negaba la dignidad de cada persona, su libertad de conciencia y que atropellaba el resto de las libertades, que quedaban sometidas a los planes del Partido Comunista. En este sistema ateo, la práctica religiosa era abiertamente combatida.

La apertura del Muro fue el símbolo de la caída del sistema comunista. Uno de los artífices de este cambio fue Juan Pablo II, que provenía de Polonia, país dominado por la Unión Soviética. El Papa Wojtyla supo canalizar las energías humanas y espirituales para crear un movimiento religioso y social, que desembocó en la rotura de esa cruel frontera.

Este gran Pontífice supo captar el problema de fondo del sistema comunista, y por eso pudo vencerlo. La crueldad de la Segunda Guerra Mundial y del posterior totalitarismo soviético procedían -en termino último- de haber olvidado a Dios, o peor, de haber buscado acabar con Él. Y, cuando Dios no está presente en las conciencias personales y en la vida de una nación, el ser humano se vuelve contra el propio hombre, atropellando sus libertades y sus aspiraciones.

Juan Pablo II explicaba que "la caída del muro así como el derrumbamiento de simulacros peligrosos y de una ideología opresora, han demostrado que las libertades fundamentales que dan significado a la vida humana no pueden ser reprimidas y sofocadas por mucho tiempo" (Discurso, 23.V.1990).

Y esas libertades fundamentales, que durante la llamada "Guerra fría" eran atropelladas abierta y violentamente, hoy también son asediadas, pero por enemigos invisibles de corte ideológico o económico, que intentan asfixiar la dimensión espiritual de las personas. Cuando se niega la posibilidad de conocer la verdad, cuando se reduce la conciencia moral al subjetivismo, cuando la libertad se exalta por encima de los derechos de los demás, cuando los criterios económicos son la guía principal del comercio y de las políticas laborales, entonces la dimensión espiritual de las personas se ve encadenada.

Cayó el Muro de Berlín, pero se han levantado nuevas barreras para limitar la libertad. Los escombros del Muro son la señal de la victoria: la sed de verdad y la libertad de conciencia para profesar la fe no pueden ser acalladas por una imposición violenta. Pero la nueva generación, que ni siquiera había nacido cuando desapareció la Unión Soviética, no está exenta de ser atrapada dentro de nuevas murallas invisibles: las ideologías ateas, el relativismo moral, el escepticismo. No podemos olvidar la lección de Berlín.

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#3816 De: doctrinasocial@...
Fecha: Sáb, 7 de Nov, 2009 3:57 am
Asunto: Recordatorio de aniversario
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Recordatorio de:   grupo Yahoo! doctrinasocial
 
Título:   Aniversario Grupo DSI
 
Fecha:   sábado 21 noviembre 2009
Hora:   Todo el día
Repeticiones:   Este evento se repite todos los años.
Próximo recordatorio:   El próximo recordatorio para este evento será enviado en 9 días, 3 minutos.
 
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#3815 De: "Instituto Social del Trabajo" <iso@...>
Fecha: Vie, 6 de Nov, 2009 12:49 pm
Asunto: Construyendo una Política Migratoria Regional
jbggbo
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Los dias 21 y 22 de septiembre de 2009 se celebró en Quito (Ecuador) la IX Confrencia Sudamericana de Migraciones sobre el tema : "Construyendo una Política Migratoria Regional".

En la página web del ISO : http://www.isotrabajo.org/index.php?option=com_content&task=view&id=67&Itemid=2  puede encontrarse la dirección web con el resumen de dicha conferencia y sus concluiones.


#3814 De: "PPluis" <jluis_aboytes@...>
Fecha: Jue, 5 de Nov, 2009 2:34 am
Asunto: El campo, en agonía
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El campo, en agonía

 

VER

Es doloroso ver abandonados tantos campos de cultivo. Hace años, cientos de hectáreas de bosques fueron taladas, para sembrar maíz y frijol, y para programas ganaderos. Hoy están abandonadas o erosionadas. Los campesinos nos dicen que no les es costeable producir lo que siempre habían sembrado, ni engordar ganado, pues les sale muy caro. Es más barato comprar alimentos en el extranjero, aunque sean transgénicos, que producirlos aquí. Algunos siguen trabajando sus tierras sólo para subsistir, para asegurar la comida, y por la fuerza de la tradición, que los hace apegados a la tierra, a la que consideran una madre que les da vida, de parte de Dios. Es poco lo que les queda para comercializar y la mayoría carece de recursos tecnológicos. No son flojos, aunque algunos dejan de trabajar por la dependencia que generan ciertos programas de gobierno, y por el alcoholismo que les engaña con un consuelo pasajero.

 

Es innegable que los gobiernos han hecho esfuerzos por salvar al campo; han generado programas y apoyado iniciativas; han estimulado productos alternos; sin embargo, ante los enormes subsidios que otros países dan a sus agricultores, es imposible competir, y casi subsistir. Por ello, la migración no se detiene y algunos llegan al suicidio, al no poder cubrir sus necesidades básicas, ni pagar sus deudas.

 

JUZGAR

Al respecto, el Papa Benedicto XVI dice en su Encíclica Caritas in veritate: “En muchos países pobres persiste, y amenaza con acentuarse, la extrema inseguridad de vida a causa de la falta de alimentación: el hambre causa todavía muchas víctimas. El hambre no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es de tipo institucional. El problema de la inseguridad alimentaria debe ser planteado en una perspectiva de largo plazo, eliminando las causas estructurales que lo provocan y promoviendo el desarrollo agrícola de los países más pobres mediante inversiones en infraestructuras rurales, sistemas de riego, transportes, organización de los mercados, formación y difusión de técnicas agrícolas apropiadas, capaces de utilizar del mejor modo los recursos humanos, naturales y socio-económicos, que se puedan obtener preferiblemente en el propio lugar, para asegurar así también su sostenibilidad a largo plazo. Todo eso ha de llevarse a cabo implicando a las comunidades locales en las opciones y decisiones referentes a la tierra de cultivo. En esta perspectiva, podría ser útil tener en cuenta las nuevas fronteras que se han abierto en el empleo correcto de las técnicas de producción agrícola tradicional, así como las más innovadoras, en el caso de que éstas hayan sido, tras una adecuada verificación, reconocidas convenientes, respetuosas del ambiente y atentas a las poblaciones más desfavorecidas. Al mismo tiempo, no se debería descuidar la cuestión de una reforma agraria ecuánime en los países en desarrollo” (27).

 

ACTUAR

Legisladores, gobernantes, economistas e inversionistas deben atacar el problema estructural, a nivel nacional e internacional; mientras tanto, sugerimos a los campesinos:

 

Amar la tierra y cuidarla. No quemar bosques, ni tirar árboles irracionalmente. Hacer terrazas en las parcelas en declive, para que no se vaya al río la tierra buena y se queden sólo las piedras, que con el tiempo generan desiertos. Evitar los insumos químicos y probar la eficacia y rentabilidad de los abonos orgánicos. Discernir qué programas de gobierno les pueden en verdad beneficiar, sin hacerse dependientes y esclavos. Estar abiertos para probar otras siembras y nuevos métodos, combinando la sabiduría de los mayores con los avances de la ciencia. Organizarse en cooperativas de productores y comerciantes, para unir fuerzas y enfrentarse al mercado globalizado, en el que los pequeños no caben. No dejarse atrapar por el consumismo al que induce la publicidad, y no querer presumir con las últimas modas en celulares, videos, ropa y diversiones. Amar y gozar la digna y noble austeridad, por decisión propia y convencida, sostenida por la Palabra de Dios.

 

 

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal

 


#3813 De: "PPluis" <jluis_aboytes@...>
Fecha: Mar, 3 de Nov, 2009 5:05 pm
Asunto: Nuestra violencia
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Nuestra violencia

Jean Meyer

www.eluniversal.com.mx 09/11/01

 

 

Debería llamarse “violencia latinoamericana” con un punto interrogativo, porque se trata de un fenómeno casi continental que no deja de ser impresionante y algo misterioso, por lo cual algunos invocan una idiosincrasia histórica, cultural y/o genética que nos empujaría al crimen.

No sé si las últimas noticias que voy a mencionar pueden consolarnos de nuestra triste situación hecha de inseguridad y matonería, pero ahí les va:

“La violencia desangra Caracas. Con más de 30 muertos a tiros cada fin de semana, la capital de Venezuela es la segunda ciudad más peligrosa del mundo, después de Ciudad Juárez” (El País, 6 de octubre). Y por delante de Bagdad, aunque ustedes no me lo crean. Pues sí, la guerra, porque es una guerra, dejó en 2008 unos 2 mil asesinatos y, como en ciertas ciudades nuestras, el gobierno ha desplegado las tropas en las calles de la capital. Sin éxito, algo que por desgracia nos suena a conocido. El gobierno venezolano dice que se trata de una guerra de los barrios, del hampa, entre bandas de jóvenes delincuentes.

“Ola de asesinatos en El Salvador. Cada día mueren de muerte violenta entre 15 y 20 personas, según datos oficiales. Las cifras de víctimas se aproximan a las de la guerra civil”, cuando los enfrentamientos entre el Ejército y la guerrilla desangraron el país con una cuota de 17 muertos al día. Asesinatos, secuestros y desapariciones… 3 mil 500 homicidios en 2008, cifra rebasada ya en lo que va del año presente en este pequeño país hermano. El gobierno les echa la culpa a las famosas maras, que por cierto operan en México y Estados Unidos; se enfrentan, igual que en Caracas, por el control del territorio, pero su actividad principal va contra la sociedad civil, que es víctima de sus secuestros, “impuestos” y “rentas”, es decir, venta de protección para evitar lo peor. En ciertos barrios, los maras cobran “renta” a las escuelas por cada maestro que da clase. Sin comentario.

En El Salvador, como en México, se puede invocar una gran exclusión social que empuja niños y muchachos a entrar en las pandillas, de modo que el crimen organizado tiene mano de obra de sobra; luego viene la ineficacia absoluta de la policía, en cuanto a investigación y seguimiento, y de la justicia, que multiplica las injusticias a la vez que deja al hampa en la impunidad casi absoluta. Añádale la corrupción y el narcotráfico y tendrá la ecuación difícil de resolver para cualquier gobierno.

¿Podrá el actual gobierno de izquierda, encabezado por Mauricio Funes, poner fin al desastre? Lo dudo, por la magnitud del problema, y además por su dimensión continental. Los mexicanos operan en Centroamérica y los maras desde Panamá hasta Estados Unidos; las bandas de traficantes de droga compiten con los contrabandistas y con los polleros que han descubierto que el tráfico de personas, desde el Extremo Oriente hasta América del Norte, es la nueva veta grande; tráfico y trata, puesto que el negocio incluye tanto a los ilegales como a las mujeres y niños secuestrados para la prostitución y la venta de órganos, con o sin asesinato.

En nuestros pobres países se ha generalizado, además de esta violencia criminal, un sadismo desenfrenado que no respeta nada, ni el sexo ni la edad ni la muerte: cadáveres mutilados y profanados se han vuelto algo demasiado común. No cabe duda, el diablo anda suelto.

Anda suelto también en Brasil, en Sao Paolo, Río, Recife y Bahía; esta última ciudad ha sido literalmente tomada por los narcos, que han contribuido a la mayoría de los mil 200 homicidios cometidos en lo que va del año. El gobernador del estado, miembro del partido del presidente Lula, ha pedido a Brasilia que mande tropas para restablecer la paz y el orden en la capital regional. Los narcos, dirigidos desde la cárcel (eso me suena a conocido, otra vez) por su poderoso capo Claudio Campanha, “han acorralado a la ciudad”, en palabras del senador Antonio Carlos Júnior. Secuestran a los camiones urbanos a las 12 del día y los incendian; imponen el toque de queda cuando les gusta, obligan a los negocios a cerrar y a la gente a refugiarse en su casa, en un año la violencia ha crecido 50%.

Argentina no se salva y América Latina en conjunto suma 42% de los homicidios del mundo. ¿Qué nos pasa? ¿Qué nos ha pasado? Puesto que es una vieja historia nuestra, independiente de los partidos y de los gobiernos en turno, ¿qué nos pasará? “Ciudad de Dios, por fin en paz”, encabeza un gran diario de Río, hablando de la favela más violenta de la urbe. Pocos días después el Ejército tuvo que pelear rudamente contra los narcos y sus simpatizantes en Río de Janeiro…

jean.meyer@...
Profesor investigador del CIDE

 

 

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#3812 De: doctrinasocial@...
Fecha: Dom, 1 de Nov, 2009 11:58 am
Asunto: Documento - Recuerdo.doc
doctrinasocial@...
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Documento   : Recuerdo.doc
Descripción : Recuerdo

#3811 De: "PPluis" <jluis_aboytes@...>
Fecha: Jue, 29 de Oct, 2009 11:11 pm
Asunto: Relatos indignantes
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Relatos indignantes
 

VER

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) acaba de publicar un librito titulado “Bienvenidos al infierno del secuestro”, que transcribe 25 testimonios de migrantes centroamericanos, secuestrados, extorsionados, torturados y asesinados; varias mujeres fueron violadas. Los relatos, gravados en julio de este año, refieren que esto les ha acontecido en su paso por varios Estados del país, sobre todo en el sur y el oriente, cuando tratan de llegar al Norte. Los secuestradores, ligados a cárteles de narcotraficantes, exigen números telefónicos de parientes, para que les depositen cantidades exorbitantes, como condición para soltarlos. Es la nueva industria de la extorsión. 

Cito: “De acuerdo con los testimonios, en muchos casos hay participación de servidores públicos, ya sean federales, estatales o municipales, y en la comisión de este delito están involucrados tanto mexicanos como extranjeros. Mientras algunas autoridades se empeñan en demostrar que el fenómeno del secuestro de migrantes no es de la magnitud denunciada, los secuestradores siguen operando, privando de la libertad a los migrantes…, y obteniendo ganancias ilícitas a costa del sufrimiento físico y psicológico de niñas, niños, mujeres y hombres migrantes” (págs. 11-12). 

Un migrante dijo: No les importa ver a un hombre llorar, sacarle los sesos. Cuando uno les habla de Dios, nomás se enojan. “Aquí no existe Dios”, me dicen; “aquí existimos nada más nosotros”… Cuando estás ahí, estás tocando el infierno con tus propias manos (p. 17-19). Otro relató: Cuando llegamos a la casa del secuestro nos amarraron, nos vendaron, nos pusieron esposas. Nos daban patadas, puñetazos, sin razón. Nos metían a un cuartito pequeño, pequeño, donde comenzaban a golpear, a golpear, a patear, a patear, y ahí te dejaban. De ahí metían a otro y lo golpeaban todo, todo, todo, y ahí lo dejaban a uno, amarrado, toda la noche, en el suelo” (p. 44). Uno más: Cuando llegamos a la casita, que viene un mexicano que traía una mochila de puras armas y un rifle bien grande. Sabe qué rifle sería, como un M-16, y que les dice: Agárralos y el que no pague, mátenlo”. Entonces a mí me dio mucho, mucho miedo. Yo pensé en regresarme ahí, pero nos venimos pa adelante… México antes era tan bonito… la gente era tan buena… Nosotros no sufríamos aquí. ¡Y ahora mírense! (p. 49-51).

JUZGAR

Dice el Papa Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in veritate: “El fenómeno de las migraciones impresiona por sus grandes dimensiones, por los problemas sociales, económicos, políticos, culturales y religiosos que suscita, y por los dramáticos desafíos que plantea. Estamos ante un fenómeno social que marca época, que requiere una fuerte y clarividente política de cooperación internacional para afrontarlo debidamente..., con vistas a salvaguardar las exigencias y los derechos de las personas y de las familias emigrantes, así como las de las sociedades de destino. Todos podemos ver el sufrimiento, el disgusto y las aspiraciones que conllevan los flujos migratorios... Todo emigrante es una persona humana que, en cuanto tal, posee derechos fundamentales inalienables que han de ser respetados por todos y en cualquier situación” (62).

ACTUAR

Todos debemos hacer algo, más de lo que se hace ya, para proteger a los migrantes. El Senado de la República aprobó unas leyes al respecto. Nosotros hemos impulsado albergues y acciones solidarias para atenderles humanitariamente. Las autoridades judiciales y el ejército han de cuidarlos y desmantelar redes de abusivos, evitando ser cooptados por la corrupción. Los dueños de capitales, que inviertan en generar empleos, para evitar la salida riesgosa en busca de trabajo. Los pobres, que se organicen en cooperativas, para enfrentar su marginación y no esperen que todo lo resuelva el gobierno. 

Promovamos una evangelización más kerigmática, pues “sin Dios el hombre no sabe dónde ir ni tampoco logra entender quién es. La cerrazón ideológica a Dios y el indiferentismo ateo, que olvida al Creador, corre el peligro de olvidar también los valores humanos” (Caritas in veritate 78).

 

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de las Casas


#3810 De: "Instituto Social del Trabajo" <iso@...>
Fecha: Jue, 29 de Oct, 2009 11:46 pm
Asunto: Migraciones y desarrollo Humano
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Migración y Desarrollo Humano     

 

El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha publicado el "Informe sobre el Desarrollo Humano 2009" en el que analiza las migraciones en el contexto de las tendencias y cambios demográficos, tanto en términos de crecimiento económico como de desigualdad. Consideramos de interés este documento que puede descargarse en español desde la web del PNUD. 

 

http://www.isotrabajo.org/index.php?option=com_content&task=view&id=66&Itemid=2


#3809 De: "PPluis" <jluis_aboytes@...>
Fecha: Mar, 27 de Oct, 2009 10:03 pm
Asunto: El narcotráfico en México
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El narcotráfico en México

Un llamado urgente a actuar

Mónica Santamarina de Robles

Revista “Acción Femenina” Num 936 oct 2009.

 

Durante los últimos años México ha sufrido el creciente embate de la delincuencia dedicada al narcotráfico que ha dejado sentir sus efectos nocivos, cada vez con mayor fuerza, en los jóvenes, las familias, la cultura, las estructuras políticas y de gobierno, las estructuras económicas y la sociedad en general.

El narcotráfico se empezó a desarrollar desde épocas lejanas. Sin embargo es hasta el desarrollo de las comunicaciones y de los adelantos tecnológicos cuando se incrementa en todo el mundo como una actividad que ofrece enormes ganancias a los narcotraficantes, mientras el consumo de drogas aumenta cada día, especialmente en las grandes ciudades. Poco a poco, casi sin darnos cuenta, se volvió un problema económico, político y social gravísimo, tanto para países productores como consumidores.

En efecto, los problemas que surgen del narcotráfico son muy serios. Por un lado tenemos el daño que los estupefacientes causan a los adictos, daño que, con frecuencia, conlleva la destrucción de su familia e incluso a su propia muerte. Por otro lado tenemos la seria afectación a la economía de los países que lo sufren y a sus instituciones. Los narcotraficantes utilizan su dinero y su poder para amenazar y corromper a las autoridades a todos los niveles, generando un gravísimo deterioro social. Finalmente, de la mano del narcotráfico se dan muchos otros delitos como son el tráfico de armas, el secuestro, la trata de blancas, los asesinatos, el lavado de dinero, el terrorismo, el robo de autos, etc.

DE COLOMBIA A MÉXICO

México ha representado desde hace mucho tiempo el paso obligado de los enervantes producidos en Centro y Sudamérica hacia Estados Unidos, país en donde se encuentra el mayor número de consumidores de sustancias tóxicas en el mundo. El problema lo hemos padecido por décadas. Sin embargo, en los últimos años se ha agudizado debido a diversas circunstancias: Por una parte los cambios que se dieron en Colombia (principal productor de cocaína en el mundo) en donde la lucha frontal contra el narcotráfico, apoyada por Estados Unidos, hizo que muchas de las redes de producción y distribución de cocaína se “mudaran” a México, haciendo de este último un productor y consumidor en potencia. Poco a poco se fue desarrollando en nuestro país el equipo y la organización para transformar la pasta de cocaína en polvo.

Por otra parte y ante la inactividad de muchas de las autoridades responsables, México fue transformándose de un país de paso a un país consumidor de drogas. El pago que recibían muchos de los narcotraficantes por llevar las drogas hasta Estados Unidos fue en “especie”, es decir, con parte de la droga transportada, lo que obligó a los diferentes cárteles a ir buscando cada vez más mercados de consumo en el país y a pelearse con mayor fuerza los territorios. Simultáneamente el mercado de las drogas fue cambiando; antes sólo dedicado al tráfico de mariguana, cocaína y opio, ahora se ha diversificado a la producción y distribución de estupefacientes sintéticos. Tal es el caso de las drogas elaboradas de manera clandestina en laboratorios mexicanos con la “efedrina” que entraba por el sur del país y las costas del Golfo disfrazada como importación de productos farmacéuticos.

CORRUPCIÓN GALOPANTE

El problema fue creciendo de manera alarmante, alimentado por:

Ø       el miedo o incapacidad de las autoridades para actuar con contundencia;

Ø       el gran número de familias en crisis que aumentan el número de niños y jóvenes desorientados, presa fácil para el narco;

Ø       una situación económica difícil, agravada por la reciente crisis, en la que muchos campesinos se han visto tentados a prestar sus tierras para sembradíos ilegales, y muchos otros mexicanos se han dejado convencer por la promesa del dinero fácil que el crimen organizado ofrece;

Ø       el terror propiciado por los propios cárteles de la droga (y alimentado muchas veces por la irresponsabilidad de algunos medios de comunicación) que con amenazas y una violencia desmedida tienen a gran parte de la sociedad paralizada;

Ø       una sociedad en la que los valores humanos y cristianos están cada vez más ausentes.

 

Pero lo que más ha alimentado el problema ha sido una corrupción galopante; una corrupción que ha permeado todas las estructuras de la sociedad, especialmente las instancias de gobierno y las estructuras económicas. Es tal la corrupción que aun tras las rejas los narcotraficantes continúan manejando sus cárteles e impartiendo órdenes.

Frente a este panorama, en el transcurso de su administración, el presidente de México, Felipe Calderón, ha lanzado un operativo masivo en contra del narcotráfico. Por un lado ha puesto en práctica gran cantidad de programas sociales orientados a la prevención del consumo, fundamentalmente en las escuelas, y ha incrementado considerablemente la vigilancia de los espacios en los que se ubica la población en riesgo, como niños y jóvenes. Por otro lado, ha capacitado y desplegado a miles de elementos del ejército y la policía federal para hacer frente a este grave mal. Ha buscado y promovido la colaboración entre las distintas instancias de los gobiernos federal, locales y municipales, ha promovido modificaciones a las leyes, ha favorecido y agilizado los procesos de extradición de delincuentes y ha identificado las formas de operar y las relaciones que se tejen entre los narcotraficantes y las autoridades, lo que ha llevado a decomisos de suma importancia así como a detenciones importantes, tanto de los capos y sus sicarios como de las autoridades coludidas con ellos.

Como reacción a todo ello los cárteles de la droga han desatado una violencia inusitada, matando a decenas de policías y soldados y a miles de sicarios rivales. Los territorios se pelean palmo a palmo, las “traiciones” se cobran con la sangre ¡nocente de familias enteras y los cárteles descabezados se reacomodan. Todos somos testigos de cómo la violencia del crimen organizado se ha expandido de manera desenfrenada durante los últimos meses. Nos basta con ver cualquier noticiario de televisión o con hojear cualquier periódico para conocer “a detalle” las ejecuciones del día.

¿QUÉ ESTAMOS HACIENDO YO, TÚ, NOSOTROS...?

Y ante todo esto, cuál debe ser nuestra actitud. Frente a esta dura realidad que nadie puede negar, qué pensamos y cómo actuamos tú y yo, mujeres católicas comprometidas con hacer de nuestro mundo un lugar en donde imperen el amor, la justicia y la paz. ¿Acaso hemos optado por cerrar los ojos y en cierto modo “acostumbrarnos” a ese panorama de miedo y de violencia cotidiana al que estamos expuestos día con día? ¿Hemos caído en el pesimismo y la desesperanza de los mediocres? ¿Nos conformamos con culpar a las autoridades sin asumir responsabilidad alguna por todo lo que está sucediendo frente a nuestros ojos?

Es evidente que este es un problema muy grave que en mucho nos rebasa y que no podemos resolver solas. Sin embargo, también es cierto que es mucho lo que podemos hacer para colaborar, especialmente en la prevención del consumo, en el cuidado de la población en riesgo y en la formación en los valores auténticamente cristianos y en una cultura de la paz. Sólo quienes tienen una formación sólida pueden resistir los embates de los delincuentes que engañan a miles y miles de jóvenes con promesas de dinero fácil, de poder o de la posibilidad de pasar un rato “muy agradable” bajo el efecto de las drogas, evadiendo cualquier tipo de problema, en lugar de enfrentarlo. Nadie les dice claramente a las víctimas el infierno en que sus vidas se convertirán una vez que han caído en las redes de la adicción y/o de las bandas de delincuentes que jamás los dejarán desertar.

 

Es mucho lo que nosotras, mujeres comprometidas con el futuro de nuestra patria, podemos y debemos hacer para ayudar a atacar fundamentalmente las causas de este fenómeno y, en cierta medida, sus efectos:

Ø       Lo primero es conocer el problema, particularmente cómo está afectando el narcotráfico a nuestra comunidad, para poder determinar los retos y las acciones a realizar.

Ø       Redoblar los esfuerzos en nuestra labor a favor de las familias y los valores que en ellas se aprenden. Cuando los niños y jóvenes provienen de familias sólidas y estables es mucho más difícil que se dejen embaucar por las mafias de la droga.

Ø       Solidarizarnos con aquellos que han caído en el vicio de las drogas y con sus familias haciendo lo que esté en nuestras manos por apoyarlos y estar preparadas para sugerirles las instancias de salud más indicadas.

Ø       Trabajar por suplir y superar las deficiencias del sistema educativo en México que durante mucho tiempo ha carecido de una auténtica formación ética y humanista.

Ø       A través de los instrumentos que la democracia ha puesto en nuestras manos, vigilar y exigir a las autoridades que cumplan con su misión de combatir de raíz al crimen organizado y castiguen la corrupción a todos sus niveles para terminar con la complicidad entre autoridades y traficantes.

Ø       Trabajar, cada uno desde nuestra situación personal, por superar la crisis económica en la que nos hemos visto envueltos y exigir a las autoridades, a sus distintos niveles, que cumplan con su responsabilidad de facilitar las condiciones para que la situación económica del país se estabilice y el desempleo disminuya lo más rápidamente posible.

Ø       Exigir a los medios de comunicación que cumplan con su responsabilidad de no fomentar la cultura de la violencia y del miedo que nos paraliza a todos, y que, por el contrario propicien una cultura de respeto a la persona humana y de búsqueda del bien común.

Ø       Unirnos a otros grupos y asociaciones de Iglesia o afines a nosotros que trabajen de una u otra forma para prevenir este terrible mal. La unión hace la fuerza y si somos capaces de coordinar nuestros esfuerzos lograremos mucho mejores resultados.

Ø       Finalmente, si el crimen organizado ha proliferado en nuestro país ha sido por una ausencia de Dios en la vida de las personas y en las estructuras sociales. Como lo señalan nuestros pastores: “Esta terrible realidad manifiesta la ausencia y el vacío de Dios, porque en la medida que excluimos su existencia y su autoridad, quedamos desprotegidos y a merced del mismo hombre... sólo el conocimiento del Dios verdadero proporciona al creyente la posibilidad de abandonar la idolatría y todas sus consecuencias, como pueden ser las actitudes criminales que se desarrollan y se vinculan a través de organizaciones ¡lícitas e ilegales”. Precisamente en este campo en donde nosotras, miembros de la UFCM, tenemos que trabajar más para volver a tener a Dios presente en la vida de nuestras familias y de nuestras comunidades.

 

No podemos caer en la tentación de creer que el problema es tan grande que nada podemos hacer. Eso únicamente  beneficia a los propios narcotraficantes que utilizan el “terror” y la “amenaza” para inmovilizar a toda una sociedad que no puede ni debe darse por vencida. México es mucho más grande que el narcotráfico. La lucha contra el narcotráfico es de toda la sociedad y no sólo del gobierno. Tal como lo señalan nuestros obispos: “La sociedad puede participar, a través de sus organizaciones, vigilando y verificando que las autoridades combatan de raíz al crimen organizado, atendiendo a las causas sociales, económicas, políticas y culturales. Sin la participación activa de la sociedad, los gobiernos no tienen la capacidad suficiente para abatir la violencia causada por los criminales que se organizan para hacer daño a la comunidad.”

Finalmente no olvidemos que la lucha contra el crimen organizado es un desafío que sobrepasa las fuerzas humanas y que apela al recurso de la esperanza cristiana. Con la certeza de que el mal no prevalecerá, los cristianos debemos cultivar una esperanza sólida que nos ayude a promover la justicia y la paz. Todos, como miembros de la Iglesia, debemos contribuir anunciando el Evangelio, denunciando los graves males que afligen a la comunidad y buscando, ante todo, la conversión espiritual que nos lleve a un cambio de vida individual y comunitaria.

Dejemos entrar a Dios en nuestras vidas, en la familia y en toda la sociedad. El encuentro con Él nos lleva a la conversión para erradicar la violencia y trabajar incansablemente por la paz.

ANUNCIO, DENUNCIA

Y CONVERSIÓN O UNA

ESPERANZA SÓLIDA

 

 

 

 

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Accion Catolica Diocesis de Queretaro
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Adminstrador
Jose Luis Aboytes

 

 

 

 

 

 


#3808 De: "PPluis" <jluis_aboytes@...>
Fecha: Lun, 26 de Oct, 2009 11:39 pm
Asunto: SEXUALIDAD Y CIVILIZACION DEL AMOR
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SEXUALIDAD Y CIVILIZACION DEL AMOR
 

La verdad es que esta cultura hedonista castra a multitud de jóvenes para el amor, para una sensibilidad de fraternidad y comunión. La sexualidad es una riqueza de toda la persona -cuerpo, sentimiento y espíritu - y manifiesta su significado íntimo al llevar a la persona hacia el don de sí misma en el amor.. .Hasta un beso de dos novios esconde una apuesta política concreta y una vivencia espiritual determinada que puede traicionar o apostar por el Plan de Dios. El hombre no tiene límites para luchar por un mundo nuevo, pero también puede ser inmensamente demoníaco en su desprecio por la vida...
 

Por MªIsabel Rodríguez y Juan J. Medina.
Matrimonio militante del Movimiento Cultural Cristiano. Padres de 4 hijos.
http://www.solidaridad.net/vernoticia.asp?noticia=804


INTRODUCCIÓN


La sexualidad es un regalo del Señor que si arranca de una buena comprensión de la naturaleza del hombre y de la mujer les puede llevar a estos a una comunicación especialmente intensa, privilegiada, que hace del matrimonio algo grande y especialmente valioso en la apuesta arriesgada a favor de la vida.

Por tanto, la afectividad-sexualidad se puede convertir, en tanto constructores de una persona responsable, equilibrada, en una trinchera contra la cultura imperialista, de muerte y a favor de otra de vida, justicia, libertad y solidaridad (cuatro patas de una misma realidad).

Pero, des-graciadamente, este imperialismo de corazones e instituciones retorcidos ha transformado la sexualidad mayoritariamente en instrumento de dominación, agresión, alienación o mero objeto de evasión a través de una acción sistemática que esclaviza al hombre y a la mujer hasta dimensiones difíciles de cuantificar pero fácilmente visibles a través de multitud de formas de embrutecimiento.


AGRESIONES

La sexualidad como don para la comunión plena queda mediatizada por la instrumentalización del fuerte sobre el débil. Y esto cuantitativamente: grandes multitudes sometidas contra su voluntad por un control férreo de su fertilidad o su natalidad sin que importe su situación personal, familiar, cultural...; o cualitativamente a través de una sofisticada y chata cultura del hedonismo, de la distracción, la trampa y la vorágine que atenta básicamente contra el proyecto antropológico de una humanidad nueva.

Se trata de convertir en un fin algo que no es más que un medio. La erótica en sí puede ser una hermosa forma de expresión, pero cuando oculta tras de sí cualquier otro horizonte inconfesable se absolutiza y hace pivotar toda la cultura en su derredor.

Así pues, en este sentido, nos encontramos con un panorama ensordecedor que tanto entre los empobrecidos como entre los enriquecidos cobra formas distintas pero en un mismo sentido deshumanizador:

a) Reduccionismo antropológico. - Imposición acrítica de conductas y pautas morales a través de multitud de medios de manipulación. El gran problema no es que se elimine la moral, sino que ésta pierde otra referencia que no sea la voluntad del amo y se torna en algo impuesto. Voladura de toda referencia ética

Roles estereotipados esclavizantes (machismos-feminismos -nueva versión del corporativismo de género-), difuminando el contorno antropológico con la excusa de que la represión va
contra el ser del hombre. Todo ello deriva en la ambigüedad y la confusión en el terreno de la afectividad y la sexualidad. Una identidad sexual débil o desviada: ya no se tiene tan claro qué se es sexualmente hablando: detonante de todo un proceso imparable de trastorno psicológico progresivo.


b) Instrumento de agresión directa. - La dimensión social de la sexualidad, de la que se suele publicar demasiado poco, refleja un panorama desolador de los bajos fondos del ser humano, donde todos nos tornamos fácilmente Caín. Agresión, violaciones, incestos, acosos, esclavitud sexual, prostitución, infinidad de parafilias (desviaciones del deseo sexual), trata de blancas... violencia de todo tipo donde la imaginación se queda corta y donde la humanidad desciende a las cotas más bajas de su ser como camino a la Civilización del Amor.

Especial consideración nos merece cómo se ceba el imperio entre los empobrecidos: esclavitud sexual infantil y adulta, experimentación de nuevos anticonceptivos en poblaciones empobrecidas, todo un control de fertilidad a través de esterilizaciones a la fuerza (tanto masculinas como femeninas), y control de natalidad (abortos provocados) perfectamente planificado y legitimado detrás del mito de la ´superpoblación´ para que los pobres no sean una amenaza numérica.


c) Sexualidad versus Iglesia. - En teología a partir de la Humanae Vitae (1968) se suceden los pronunciamientos, interpretaciones o comentarios.

A menudo se quiere reflejar una división irreconciliable entre los planteamientos de ´máximos´ propuestos por el magisterio pontificio, el ´deber ser´, y por otra parte la realidad de la sexualidad concreta de los matrimonios.

Demasiado a menudo se quiere presentar éstas, el Magisterio y la realidad, como irreconciliables moralmente. ¿está claro, se conoce lo que propone el Magisterio de la Iglesia en este terreno? ¿se expresa éste con claridad? ¿se conocen sus ´porqués´, sus ´hacia dónde´ y sus ´cómo´? Hay mucha luz que echar sobre los importantes plantemientos que ya existen.

d) Saturación contra el amor. - Multitud de embarazos no deseados, miedos, esquizofrenias... envuelven a la juventud a través del desconocimiento o la desinformación por una parte y la incitación o promiscuidad creciente por otra. Donde la familia y la escuela están en la educación sexual sana, equilibrada e integral a años luz detrás de la cultura de la calle, que al fin y a la postre siempre impone su ley.

Caldo de cultivo que asegura al imperialismo su continuidad y la confirmación en su línea. Imposibilita así para el futuro la lucha por la justicia y la solidaridad. La verdad es que esta cultura hedonista castra a multitud de jóvenes para el amor, para una sensibilidad de fraternidad y comunión.

Muy a menudo este planteamiento se hace, también es cierto, desde perspectivas acarameladas, privadas, psicologizantes, con el único objetivo de ´formar parejas´, reduciendo la idea de fidelidad a un ´egoísmo compartido´. El noviazgo se presenta como algo delicado que es preciso cuidar, aislándolo del ambiente, del mundo para evitar el contagio ´del mundo´ y conseguir ser ´buenas personas´. Además de ser desentusiasmante en lo evangélico deriva cuando menos en una doble moral de ´tapo y hago´. Incluso gran parte de la formación prematrimonial de muchas diócesis funciona en esta clave.

e) Ignorancia provocada. - La doble moral burguesa deriva en un panorama de desconcierto, incluso entre insignes y abnegados católicos, con el consiguiente silencio; y lo peor de todo: la justificación y defensa de que también en sexualidad se debe aplicar el refrán de la disociación: ´cada uno en su casa y Dios en la de todos´.

En nuestra sociedad, ante la intocable ´vida privada´ y la mitificación consiguiente, las decisiones en esta materia son ´algo muy personal´: da igual: anticoncepción oral, DIUs, esterilizaciones, la abstinencia, coito interruptus... Normalmente con la coletilla irresponsable de ´que sea lo que Dios quiera´.

Silenciando la grave des-información y la contra-información en todo ello. Tener información, también en esto, puede ser peligroso para algunos, amen de que desciende notablemente los beneficios de ginecología y planificación familiar (que no son nada despreciables).

No nos quejemos pues de cargar con las contraindicaciones, alteraciones hormonales o graves consecuencias físicas y/o psicológicas, sin entrar en las derivaciones ético-morales que de por sí ya son importantes.


RESPUESTAS

Todo esto exige una respuesta distinguiendo los planos personal, ambiental e institucional. Globalizándolo desde una lectura de trasfondo socio-político. Hasta un beso de dos novios esconde una apuesta política concreta y una vivencia espiritual determinada que puede traicionar o apostar por el Plan de Dios.

Por esto la sexualidad, en su vertiente tanto genital como afectiva no es una mera parcelita más (que supuestamente, para muchos, se anula en los célibes, se reprime en los solteros y se tolera entre los casados), sino que muy al contrario ha de ser otra forma de comunión que arranca en las raíces de la naturaleza y problemática concreta de cada pareja, de cada persona, para elevarse a las alturas de la gratuidad-solidaridad-oblación plenas.

No nos vale el mero ´respeto a la vida´, es preciso, como afirma Juan Pablo II, luchar a brazo partido por la Civilización del Amor, por la Cultura de la Vida. Tampoco se trata de una práctica sexual diferente, sino de un nuevo ´estilo´ de vida global coherente con la opción de fe; que rompe la división privado-público y que responde a los cinco puntos anteriores:

a) Con una nueva antropología vivida desde el personalismo cristiano que respete la intimidad, la individualidad y la comunitariedad o dimensión social de todo hombre y mujer; donde el matrimonio se alce, no como sepultura de militancia, sino como una oportunidad para crecer como persona, para ser más libre, más solidario. No le dejemos todo el peso de nuestra santificación meramente a la Gracia.

b) Una denuncia del uso de la sexualidad como arma de opresión, embrutecimiento y muerte en el sur y en el norte. Manifestando las cientos de agresiones a las que estamos sometidos todos directa y diariamente. Estudiando los tipos de esclavitudes sexuales, su alcance y sus causas.

Junto a esa denuncia debe haber un compromiso también en el anuncio de formas de vida concretas que evidencien lo entusiasmante de apostar integral y asociadamente por una nueva cultura, donde la afectividad y la sexualidad no sólo no son despreciados sino estimados en positivo.

c) Una profundización teológica, ascético-mística y pastoral de la sexualidad, de la afectividad. Intentando aclarar el sentido del Magisterio y contrastar éste con la ciencia y la práctica concreta. Vivir la sexualidad como procreación y como relación amorosa es continuar la hermosa tarea del Señor. Eso, si se toma en serio, no va a ser bien visto por todos y por muchos será objeto de sus dardos.

d) Una seria educación afectivo-sexual que combine la información y la formación en todos estos temas, sin tapujos, moralina o imposiciones, educando para la responsabilidad en la libertad y la ´fidelidad´ auténticas. Incorporando claramente en su dimensión social las dos caras de la misma moneda en relación con la sexualidad: diálogo para la vida o agresión.

Para ello es preciso aclarar multitud de términos, evitando las trampas del lenguaje, también en este tema: castidad, abstinencia, relación sexual, etc.

e) El fin de construir la cultura de la vida es más importante que los métodos de regulación de la fertilidad, pero éstos deben necesariamente de ser coherentes con aquél. De nada sirven métodos o respuestas técnicas si éstos caen en manos de una mentalidad antinatalista. Pero ciertamente ante una apuesta por la vida no da igual cualquier forma de gestionar la propia fertilidad.

La propuesta de los métodos naturales deben ser vividos dinámicamente, como un proceso gradual de acercamiento al ideal. Estos implican básicamente conocer bien la naturaleza, y reconociendo el ciclo menstrual femenino detectar en éste con certeza los tiempos fértiles e infértiles de cada mujer y basar en ellos las relaciones sexuales. Es importante descubrir que la autogestión también es aplicable a la propia fertilidad.

CONCLUSIONES

Estos cinco puntos (y otros si hiciera falta) es preciso reconstruirlos con mayor profundidad, contraste y experiencia reflexionada en común. La visión de la sexualidad que propugnemos va a ser a su vez consecuencia de una concepción de matrimonio y de familia. Esta puede ser escuela de egoísmo sofisticado y justificado, incluso desde argumentos píos, o trampolín para la solidaridad. No olvidemos la declaración de guerra que, según el papa en Rio, pesa sobre la familia.

Para empezar a cobrar conciencia de la realidad de la sexualidad en nuestro mundo observemos cómo se ata la pobreza por el cordón de la sexualidad para someter y estrangular a la primera en la medida que siga estorbándonos. También estos asuntos y las respuestas que encontremos deben verse incorporando la perspectiva de los más pobres.

El hombre no tiene límites para luchar por un mundo nuevo, pero también puede ser inmensamente demoníaco en su desprecio por la vida. Tan absurdo es la mentalidad antinatalista como la meramente natalista irresponsable o la lucha contra el aborto, desinteresándonos de las causas del hambre. Construyamos una nueva sensibilidad, unos conocimientos serios y una lucha decidida en favor de la vida, como dice el Papa, de toda vida. Construyamos una cultura entusiasmante por la justicia, y la sexualidad cristiana encontrará su razón de ser.

Todo esto está en diálogo. No descartamos continuar en otra ocasión profundizando en las cinco vertientes que apuntábamos al inicio.




“La sexualidad es una riqueza de toda la persona -cuerpo, sentimiento y espíritu - y manifiesta su significado íntimo al llevar a la persona hacia el don de sí misma en el amor. ( Familiaris consortio,37)




Publicado en la Revista Id y Evangelizad

Autor: I y E - Isabela y Juan José Medina- Fecha: 2004-02-04

#3807 De: "PPluis" <jluis_aboytes@...>
Fecha: Lun, 26 de Oct, 2009 11:31 pm
Asunto: Carrera armamentista
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Carrera armamentista
Jean Meyer
25 de octubre de 2009


Por más que lo niegue cada uno de los gobiernos latinoamericanos concernidos, va muy bien la carrera armamentista en nuestro subcontinente y los mercaderes de cañones se frotan las manos en el mundo entero: ¡un nuevo mercado inesperado! Veamos los datos duros. Los gastos militares en la región alcanzan los 50 mil millones de dólares en 2009, lo que significa un alza de 40% en cinco años, y en 2010 las compras y las inversiones van a subir más aún.

Hace mucho que Francia no lograba firmar un contrato armamentista tan jugoso. Los presidentes Lula y Sarkozy acaban de declararse mutuamente “socios estratégicos”, lo que se concreta con la venta por parte de Francia de 36 aviones de combate Rafale, cuatro submarinos Scorpène, uno (¿dos?) submarino(s) nuclear(es), 50 helicópteros. Brasil es un gigante geográfico, económico (su economía representa la mitad de la del continente), demográfico y energético. Por lo mismo, tiene el rango de primera potencia militar de América Latina, con un presupuesto de 16 mil millones de dólares para su defensa. Los contratos que acaba de pasar con Francia rebasan las compras venezolanas de armamento y el total de los acuerdos de cooperación militar entre Colombia y Estados Unidos.

Para Brasil, la antigua y secular amenaza argentina ha dejado de existir. Argentina no ha comprado armas desde 1994 y dedica apenas 1% de su Producto Interno Bruto a la Defensa; lo que preocupa al gobierno brasileño es la seguridad de las Amazonas y el crecimiento del poder militar de Chávez; por eso quiere instalar una escuadra naval en los esteros del río Amazonas; por la misma razón aumenta su flota aérea, informada por los satélites puestos en órbita que permiten vigilar la inmensa frontera amazónica.

Chávez dice que necesita armarse hasta los dientes frente al “imperialismo yanqui y su lacayo Uribe”, que le da bases en Colombia que amenazan a Venezuela y a todo el continente. Bogotá contesta que necesita la ayuda de Estados Unidos para evitar que el discurso belicista de Chávez se transforme en actas más visibles aún. Venezuela tiene pretensiones territoriales sobre la Guajira colombiana y sobre gran parte del territorio de la Guayana. Las alianzas de Chávez con Bielorrusia, Rusia, Libia, Irán y sus espectaculares compras de armamento a Minsk, Moscú y Beijing han acelerado la carrera.

Venezuela ha duplicado su gasto militar en los últimos años. Compró a Rusia 24 aviones de combate Sukhoi, unos bombarderos, 50 helicópteros de combate, 100 mil rifles Kalashnikov, submarinos y tanques. Justifica el último pedido de 92 tanques rusos por el hecho de que cuando ordenó mandar sus blindados a la frontera colombiana, cuando Colombia bombardeó una base de las FARC en territorio ecuatoriano, pudo darse cuenta de que no funcionaban. Entrevistado sobre el tema, el presidente ruso Dmitri Medvedev contestó: “¿Tanques, por qué no? Tenemos buenos tanques”.

Hugo Chávez firmó también un pedido de misiles antiaéreos y consiguió un préstamo ruso de 2 mil 200 millones de dólares. Justifica la compra de misiles por la existencia de las siete bases que Colombia facilita a Estados Unidos “dizque para la lucha contra los narcos”.

“Con estas baterías de misiles será muy difícil para la aviación extranjera que venga a bombardearnos. Rusia y Venezuela son socios estratégicos y agradezco al primer ministro Putin su apoyo”. La futura Fuerza Aérea venezolana será capaz de alcanzar no sólo Bogotá, sino Miami, el canal de Panamá y Manaús en Brasil. Ningún país vecino dispone de una defensa a la altura de tal amenaza: el Sukhoi tiene un alcance de 3 mil kilómetros.

Colombia, que sigue enfrascada en la lucha con las FARC, dedica 4% de su Producto Interno Bruto a sus gastos militares. Chile no ha dejado de mantener y modernizar sus Fuerzas Armadas, pero no amenaza a nadie. Ecuador, como Chile, procede sólo a reponer su viejo material de defensa (habrá que ver si Correa en su próximo viaje a Moscú no compra algo), mientras que Bolivia entra en la carrera armamentista.

Morales jura que no, igual que Chávez: puramente defensivas las adquisiciones, a la vez que confirma la compra de aviones chinos de combate K-8. “Esto no es una carrera armamentista, no es para ninguna guerra, sino para combatir el narcotráfico”.

Uno entiende la protesta del pequeño Paraguay ante la Organización de los Estados Americanos y su denuncia de las políticas armamentistas en la región; le preocupa en especial la novedad boliviana de modernizar su Ejército, puesto que no olvida la guerra cruenta que enfrentó a los dos países en el siglo XX. Todo esto en nombre de una “preparación estratégica para poder defender su territorio y riquezas naturales”.

jean.meyer@...

Profesor investigador del CIDE


#3806 De: "PPluis" <jluis_aboytes@...>
Fecha: Vie, 23 de Oct, 2009 11:42 am
Asunto: Justicia y paz, nuestra opcion
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JUSTICIA Y PAZ, NUESTRA OPCIÓN


+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas

http://www.diocesisancristobal.com.mx

 

VER

A últimas fechas, se ha señalado en medios informativos a algunos catequistas, diáconos y sacerdotes de nuestra diócesis como generadores de violencia, incitadores a una revolución armada, aliados a movimientos antisistémicos, provocadores de planes de saqueos y destrozos públicos, con ocasión de los aniversarios, en el año 2010, de la independencia y de la revolución mexicanas.

 

A pesar de nuestra insistencia en que, como diócesis, no vamos por ese camino ni lo alentamos, y la prueba es nuestra propia vida y acción pastoral, hay personas e instancias que no nos creen. Se percibe una acuciosa investigación para involucrar a sacerdotes en la promoción de la violencia. Temo que intenten “sembrarles” pruebas falsas, para presentarlos como implicados en el tráfico de armas y de drogas, y así justificar su posible encarcelamiento. Cuando todo lo que digas o hagas se distorsiona y se malinterpreta, no hay lugar para defender la verdad y la inocencia.

 

Que hay inconformidad social, es un hecho que no se puede ocultar. La hay aquí y en muchas partes del país. La hay por el creciente empobrecimiento de la población, el desempleo, el hambre, el abandono del campo, la insuficiencia de las instituciones educativas y de salud, la migración, la corrupción, la inseguridad. La crisis globalizada del sistema económico genera descontento social. Y no faltan personas y grupos, no alentados ni apoyados por la diócesis, que siguen pensando que no hay otra alternativa más que un nuevo movimiento armado. La misma celebración que hace el gobierno para exaltar la independencia y la revolución pasadas, es una incitación a confirmarse en su tesis de que sólo por ese camino puede lograrse un cambio más profundo. Nosotros no generamos ni impulsamos esa alternativa. Y si algunos de los que así piensan viven entre nosotros, no somos nosotros quienes a ello los incitamos. ¿Por qué no nos creen?

 

JUZGAR

Nuestro punto de referencia fundamental es Jesucristo. El nunca alentó un levantamiento armado contra el sistema romano opresor. Cuando Pedro quiso usar su espada para defender a Jesús, éste lo reprendió. Más bien, promovió la conversión de las mentes y los corazones hacia la justicia y la paz, la misericordia y el amor, la reconciliación y la fraternidad, pues todos somos hermanos, hijos del mismo Padre Dios. El amor y la paz tienen siempre como base la justicia, aunque va más allá de la simple justicia. El amor de Cristo supera la justicia.

 

En esa misma línea, se expresa nuestro III Sínodo Diocesano: “La violencia armada desangra a muchísimas de nuestras comunidades… Para alcanzar esa paz que tanto anhelamos, debemos seguir fielmente el camino de la diócesis de ser instrumentos y constructores de la paz verdadera, que es don de Jesús. Hemos de continuar con nuestro compromiso diocesano, de ser promotores y mediadores de la paz y cumplir con el ministerio de la reconciliación que Dios nos dio para cambiar esta situación de guerra y de conflictos entre hermanos, evitando el pleito, el odio, el chisme y el rumor en nuestras comunidades” (págs. 53-56).

 

“Para llegar a la reconciliación, buscaremos soluciones pacíficas y respetuosas a los problemas, por medio del diálogo, sabiendo que actuamos desde la misión de la Iglesia como mediadores de la paz. Es necesario que los agentes de pastoral ayuden a lograr la reconciliación en las comunidades, hablando y animando con mensajes de paz, para que no se provoquen nuevos disturbios y conflictos” (Nos. 90 y 100).

 

ACTUAR

Discernir la información que transmiten los medios y que a veces confunden. Ser humildes y revisar si algunas de nuestras palabras o acciones han dado pie a que nos malinterpreten. Buscar la justicia y la verdad, como cimientos de la paz. Rechazar la violencia y optar siempre por los medios pacíficos para la transformación social. Si alguien va por otro camino, no es de los nuestros.

 

No perder la esperanza; más bien, renovar y fortalecer la opción evangélica de acompañar siempre al Pueblo de Dios, en particular a los pobres y a los que sufren. Orar unos por otros, también por quienes nos atacan.

 

 

+ Felipe Arizmendi Esquivel
Obispo de San Cristóbal de Las Casas

http://www.diocesisancristobal.com.mx


#3805 De: "PPluis" <jluis_aboytes@...>
Fecha: Vie, 23 de Oct, 2009 2:44 pm
Asunto: Fw: N.O. 1490: POBREZA GLOBAL: «RECUPERAR EL SER HUMANO QUE HABITA EN NOSOTROS»
jluis_aboytes
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N.O. 1490: POBREZA GLOBAL:
«RECUPERAR EL SER HUMANO QUE HABITA EN NOSOTROS»



«¿Hay mayor hecatombe que el hambre de más de mil millones de personas
y la muerte diaria de decenas de miles»

Por primera vez en la historia de la humanidad el número de personas que pasan hambre ha superado los mil millones. Su situación se ha agravado por la crisis financiera internacional y por el encarecimiento del precio de los alimentos. Las ayudas recibidas han sido el 39% de lo necesario. Estos son los datos proporcionados por Josette Sheeran, directora del Programa Mundial de Alimentos (PMA).


Cada vez más los expertos (sociólogos, filósofos, economistas críticos, teólogos...) nos avisan de algo terrible que está sucediendo, algo que también hemos denunciado en esta página de nuestra revista: nos hemos vuelto insensibles ante el dolor ajeno. Por citar sólo un ejemplo, recientemente un catedrático de filosofía afirmaba que «El problema sobreviene cuando la gente se emociona más ante los colores de su equipo que ante el sufrimiento ajeno. Y es aquí donde, por desgracia, parece que ya estamos»1.


La afirmación es dura, pero, ¿cómo no se ha producido ante el hambre de estos seres humanos una operación rescate parecida a la realizada con la banca? La directora del PMA recordó que con «menos del uno por ciento» del dinero utilizado para salvar a la banca se podría solucionar el problema del hambre de millones de personas. ¡Sólo el uno por ciento!


Es verdad que hay un sistema injusto, un sistema capitalista depredador de vidas humanas y de la naturaleza. Un sistema que, como un viejo dragón, exige sacrificios humanos, y que nos tiene tan cogidos que cuando lo vemos agonizar corremos a salvarlo aun sabiendo que va a seguir reclamando sacrificios humanos. Decimos que lo hacemos para salvar al mundo de la hecatombe, de un desplome universal. ¿Hay mayor hecatombe que el hambre de más de mil millones de personas y la muerte diaria de decenas de miles?


Es indecente, por decir algo suave, que la noticia más comentada sobre la reciente cumbre de la ONU y la reunión del G20, que deberían haber lanzado la operación rescate contra la pobreza, haya sido la foto de la familia Zapatero y el atuendo gótico de sus hijas.


Es inmoral que en plena crisis financiera, y con este desolador panorama del hambre en el mundo, un directivo del BBVA se jubile a los 55 años con una pensión de tres millones de euros anuales.


Cuando la conciencia humana no considera estos hechos como una verdadera hecatombe y se moviliza frente a ellos es que algo muy grave le está pasando a eso que llamamos «hombre». Algo muy grave nos está pasando a todos. La existencia de un sistema injusto no puede llevarnos a eludir la responsabilidad personal. Decía alguien, que el problema no es el número de capitalistas que hay, el problema es el número de aspirantes. Dicho de otra manera, el capitalismo y su injusticia se mantienen y reproducen porque los fundamentos de su funcionamiento han arraigado en nuestro corazón, se han convertido en el aire que nos gusta respirar, y han desterrado de nuestra conciencia la responsabilidad ante el dolor del otro.


A mediados de octubre la red Pobreza Cero nos convocó a manifestarnos y protestar contra esta lacra en las distintas ciudades de España. ¿Cuántos apoyamos esta convocatoria y protestamos con todas nuestras fuerzas? Pero no olvidemos que la lucha contra la pobreza continúa al día siguiente, y entre sus retos principales está recuperar el ser humano que habita en nosotros, el que nos reveló y vivió Jesucristo, vocacionado para el amor, el don y la gratuidad; y al que podemos acceder si dejamos que Él nos constituya. â– 



1. Manuel Cruz, El País, 26-09-09:



o Pobreza Cero: La Alianza Española contra la Pobreza convoca movilizaciones para impedir que las urgentes medidas contra el hambre en el mundo caigan en el olvido por la crisis


o Laboral: «Parados en movimiento», por José Luis Palacios.
A pesar del brutal volumen de parados de nuestro país, no hay a la vista ningún estallido social. Tal vez sea por la economía sumergida o por la falta de concienciación. Sin embargo, florecen asociaciones de parados, que sí están dispuestas a tomar las calles.



o Tema de la quincena: Paso atrás en las políticas inmigratorias: «La inmigración en retroceso», por Carlos Gómez Gil*


o Entrevista: Ana Isabel Lima, Colegio de Trabajo Social: «Los servicios sociales sufren presión asistencial hace años», por José Luis Palacios


o Experiencia: Arropando Esperanzas, «Ropa con valores añadidos», por José Luis Palacios.
Dar trabajo a quienes más dificultades tienen para ingresar en el mercado laboral y vender ropa accesible a personas con bajos recursos son los objetivos del proyecto «EnlaBrecha» (Arropando Esperanzas), apoyado por el Arciprestazgo de San Pablo, en el barrio madrileño de Vallecas.



* Carlos Gómez Gil (cgomezgil@...), es Doctor en Sociología, profesor de la Universidad de Alicante, donde dirige el Observatorio Permanente de la Inmigración de la Sede Universitaria de la UA.




 

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#3804 De: doctrinasocial@...
Fecha: Vie, 23 de Oct, 2009 4:05 am
Asunto: Recordatorio de aniversario
doctrinasocial@...
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Recordatorio de:   grupo Yahoo! doctrinasocial
 
Título:   Aniversario presentación del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia
 
Fecha:   domingo 25 octubre 2009
Hora:   Todo el día
Repeticiones:   Este evento se repite todos los años.
Notas:   El lunes 25 de octubre de 2004 fue presentado por el Cardenal RENATO RAFFAELE MARTINO, del Pontificio Consejo Justicia y paz el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.

http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/documents/rc_pc_justpeace_doc_20041025_compendio-dottrina-sociale_sp.html


 
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#3803 De: "Instituto Social del Trabajo" <iso@...>
Fecha: Jue, 22 de Oct, 2009 9:37 pm
Asunto: Artículos de prensa sobre la Encíclica Caritas in Veritate
jbggbo
En línea En línea
Enviar correo Enviar correo
 

La web del ISO recoge, en su sección de Documentos uno nuevo : "Comentarios de prensa a la encíclica Caritas in Veritate" con una recopilación de artículos de la prensa de internet de varios países en los días posteriores a la publicación de la encíclica "Caritas in Veritate".


#3802 De: doctrinasocial@...
Fecha: Jue, 15 de Oct, 2009 4:06 am
Asunto: Recordatorio de aniversario
doctrinasocial@...
Enviar correo Enviar correo
 
Recordatorio de:   grupo Yahoo! doctrinasocial
 
Título:   Aniversario presentación del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia
 
Fecha:   domingo 25 octubre 2009
Hora:   Todo el día
Repeticiones:   Este evento se repite todos los años.
Próximo recordatorio:   El próximo recordatorio para este evento será enviado en 7 días, 23 horas, 53 minutos.
Notas:   El lunes 25 de octubre de 2004 fue presentado por el Cardenal RENATO RAFFAELE MARTINO, del Pontificio Consejo Justicia y paz el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.

http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/documents/rc_pc_justpeace_doc_20041025_compendio-dottrina-sociale_sp.html


 
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