ESTUDIOS
LA MINERÍA DEL CARBÓN EN MAGALLANES
ENTRE 1868 - 2003
MATEO MARTINIC B.*
* Centro de Estudios del Hombre Austral, Instituto de la Patagonia,
Universidad de Magallanes, Chile. Correo electrónico:
mateo.martinic@...
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La presencia de carbón mineral lignita era conocida en el territorio
de Magallanes desde el comienzo de la colonización chilena en la
región del Estrecho de Magallanes. Los primeros esfuerzos fracasaron
y lo mismo ocurrió en otros lugares de este vasto territorio, hasta
fines del siglo XIX. Solamente al comienzo del siglo XX sí que la
explotación carbonífera recuperó su vigor, con la inversión hecha por
el empresario chileno Agustín Ross en el río del Valle de las Minas,
cerca de Punta Arenas (mina Loreto). La actividad se extendió a otro
distrito magallánico, principalmente en la isla Riesco (mina Elena).
Y de este modo la minería del carbón alcanzó un período culminante
hacia 1943, especialmente estimulado por la exportación de carbón a
Argentina. Desde 1950 y durante los siguientes 30 años la actividad
carbonífera decayó hasta perder toda su importancia económica. Sin
embargo, desde 1984 una segunda época productiva se inició, con una
tecnología moderna y una fuerte inversión de capital, que permitió la
explotación del sitio Pecket (distrito norte de la península de
Brunswick) desde 1987, alcanzando un máximo de 1.262.847 toneladas.
Desde 1998 la producción anual excede una media de 300.000 toneladas,
y un renovado desarrollo carbonífero espera la iniciación de nuevos
sitios productivos en la isla Riesco a partir del año 2003.
Palabras clave: Patagonia, colonización, emigrantes, geografía.
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The presence of charcoal mineral-lignite -was known in the Magellan
territory since the beginning of the Chilean settlement in the
Magellan strait region. The fist efforts failed and the same happened
in other places of this vast territory, until the end of the XIX
century. Only starting with the XX century did the carboniferous
exploitation recover new strength, with the investment made by the
Chilean businessman Agustin Ross in the rio de las Minas valley, near
Punta Arenas (Loreto mine). The activity extended to other magellanic
district, mainly in Riesco Island (Elena mine). And so, the coal
mining reached a climax period toward 1943, specially helped by the
carbon exportation to the Argentina. From 1950 and during the next 30
years the coal activity decayed until loosing all its economic
importance. Nevertheless since 1984 a second productive epoch
started, with a modern technology and strong capital investment,
which aloud the exploitation of the Pecket site (north district of
Brunswick peninsula) from 1987, reaching a top of 1.262.847. Since
1998 the year production exceeds a mean of 300.000 tons and a renewed
coal development waits the initiation of new productive sites in
Riesco island starting in year 2003.
Key words: Patagonia, colonization, emigrants, geography.
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I. LA CUENCA CARBONÍFERA DE MAGALLANES.
GENERALIDADES
Geológicamente considerados, los depósitos carboníferos conocidos
para la región austral americana integran una gran cuenca que
tempranamente fue denominada "de Magallanes" por desarrollarse la
misma en su mayor parte en el territorio chileno de este nombre, en
la vertiente andina oriental del mismo.
Estos depósitos se encuentran asociados a rocas sedimentarias del
Terciario y en su disposición geográfica se ciñen a la conformación
propia del plegamiento tectónico registrado hace millones de años y
que hizo posible el surgimiento de la cordillera de los Andes
Patagónicos, que adoptó un rumbo general norte-sureste. Por
consecuencia la cuenca carbonífera de Magallanes se ha desarrollado a
lo largo de aproximadamente medio millar de kilómetros, desde las
estribaciones australes de la sierra Baguales por el norte, cruzando
por la sección oriental del distrito histórico de Última Esperanza
(incluyendo el borde sudoccidental de Santa Cruz en suelo argentino);
por el sector continental occidental de la Patagonia austral, por
debajo del mar de Skyring y la parte oriental de la isla Riesco, y
curvándose hacia el sureste, por el subsuelo del mar de Otway y la
parte norte de la península de Brunswick, continuando bajo el
estrecho de Magallanes para aparecer en la parte norte de la isla
grande de Tierra del Fuego, asumiendo la forma de una luna en cuarto
creciente, según puede apreciarse en la cartografía especializada.
La de Magallanes constituye conjuntamente con la del golfo de Arauco
las mayores cuencas carboníferas de Chile, y en el caso de la
primera, ella posee las reservas más grandes que se han estimado y
son del orden de 5.400.000.000 de toneladas1. La magnitud de estas
reservas otorgan a Magallanes un potencial ciertamente interesante en
Sudamérica.
De acuerdo con Pedrals (op. cit.), los recursos posibles de la cuenca
magallánica (en suelo chileno) se distribuirían en los siguientes
sectores o distritos:
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Rubens-Natales (Dorotea)
550.000 toneladas
Skyring (Río Verde)
150.000 toneladas
Isla Riesco
3.250.000 toneladas
Península de Brunswick
1.450.000 toneladas
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El mismo autor señala que dado el grado de inseguridad propio de la
información global disponible, puede estimarse la cantidad de
360.000.000 de toneladas como una reserva técnicamente explotable. La
cifra corresponde al 7% de las reservas posibles y corresponde a un
promedio a nivel mundial entre las reservas posibles y explotables,
según las publicaciones especializadas del género. No obstante ello,
para una validez real la cantidad mencionada requiere necesariamente
de trabajos de exploración y cubicación.
Por fin cabe señalar que en la Región Magallánica la profundidad
máxima del manto carbonífero se sitúa en los 500 metros, siendo de 2
metros el espesor mínimo del mismo.
Los carbones magallánicos son de tipo subbituminoso, de la clase
conocida como lignito, esto es, carbón de tipo liviano. Su poder
calorífico promedia entre 4.000 y 5.700 kilocalorías (Tabla I),
siendo el mismo más elevado en los carbones septentrionales (Dorotea
= 5.700) y progresivamente más bajo según se sube en latitud. Así el
de isla Riesco es de 5.000 kc y el correspondiente a los mantos de
Brunswick, 4.150 kc. En este distrito, los carbones de los mantos de
Peckett sobrepasan en calidad a los de Loreto.
TABLA I
Poder calorífico carbones de Magallanes
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Fecha
Autor ensayo o informante
Origen
Resultado
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1850
Ignacio Domeyko/Amado Pissis
Loreto
3.889 calorías
1893
H. Babinsky (París)
Marta
4.895 calorías
1894
Societé d'Études des Charbonnages de Magallanes
Loreto
5.160 calorías
1896
Paul Lemetayer (Santiago)
Nose Peak
4.633 calorías
1896
Wichmann (Valparaíso)
Nose Peak
4.852 calorías
1904
J. J. Kyle
Río del Oro
3.868 calorías
1906
The River Plate Gas Co. (Buenos Aires)
Nose Peak
5.715 calorías
1908
R. D. Wood & Co. (Nueva York)
Loreto
2.597 calorías
(10.300 BTU)
1984
Guillermo Noriega
Peckett
4.689 calorías
1984
Guillermo Noriega
Peckett
5.600 calorías
1984
Guillermo Noriega
I. Riesco
5.300 calorías
1984
Guillermo Noriega
Dorotea
7.010 calorías
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En el extendido desarrollo geográfico de que se da cuenta, según los
afloramientos conocidos desde hace más de un siglo, se cuentan cuatro
distritos productores: Última Esperanza, en particular el sector de
la sierra Dorotea; Río Verde, Isla Riesco y Península de Brunswick,
en los que a lo largo del tiempo se han realizado las explotaciones
de que se da cuenta en este trabajo.
II. ANTECEDENTES HISTÓRICOS
SOBRE EL HALLAZGO DELCARBÓN
Entre los días 20 y 21 de marzo de 1584 el capitán español Pedro
Sarmiento de Gamboa, empeñado por entonces en el establecimiento de
la colonización del litoral del estrecho de Magallanes y en la
defensa del mismo para impedir la navegación de los enemigos del
Imperio Hispano, encontrándose de paso en el paraje de la punta
Arenosa (costa oriental de la península de Brunswick), en ruta hacia
la zona aledaña a la punta de Santa Ana, donde deseaba fundar una
nueva población, al explorar la costa junto a la desembocadura del
río que llamó "de Juan Juárez", encontró gran cantidad de piedra
negra que, echada en el fuego, arde en el fuego como haceyte mucho
tiempo, mejor que carbón de piedra de Francia2, según lo consignaría
posteriormente en una de sus relaciones al rey Felipe II. Esta sería
la primera comprobación de la presencia de carbón fósil (lignito) en
el área, hallazgo que más tarde otros viajeros repetirían.
Entre otros, el que más interesa por sus consecuencias, fue el
realizado el 10 de octubre de 1843 por el naturalista Bernardo
Philippi y algunos marineros de la goleta nacional Ancud, embarcación
que como bien se sabe había sido la portadora de la expedición que
había iniciado la ocupación efectiva de los territorios de la
Patagonia y la Tierra del Fuego, a nombre de la República de Chile,
con la posesión efectiva realizada sobre la punta de Santa Ana
algunas semanas antes y con el establecimiento de un fortín en cuya
erección por entonces se trabajaba.
Al recorrer la costa, Philippi y compañeros encontraron una y otra
vez restos de carbón, descubrimiento que los maravilló, atendidas las
perspectivas que podían darse en la explotación del mineral para el
desenvolvimiento del establecimiento colonial que se deseaba llevar
adelante en el Estrecho. Contentísimo con el hallazgo, el naturalista
alemán se apresuró en dar cuenta del mismo al jefe de la expedición
capitán Juan Williams, como lo haría más tarde en informe dirigido al
Supremo Gobierno, pues esa inesperada riqueza bien podía resultar una
fuente de fomento para la colonización y de comercio con las naves
que usaban el Estrecho como vía de comunicación interoceánica, muchas
de las cuales eran vapores que podían utilizar el carbón como
combustible.
Ese descubrimiento había que confirmarlo con una excursión valle
adentro del río, cuyas aguas parecían ser las que habían acarreado
las muestras hasta la playa, que permitiera el hallazgo del depósito
mineral. Efectivamente, con ese propósito el mismo Philippi y gente
acompañante penetraron por el angosto y boscoso valle fluvial en plan
de exploración y búsqueda, consiguiendo avistar en una de las
barrancas, hacia el interior del río, algunas vetas minerales bien
notorias. Así entonces, ya con una evidencia indiscutible, pudo dar
cuenta al Intendente de Chiloé, Domingo Espiñeira, de tan importante
noticia.
Lo hizo al participar a esa autoridad el término de la construcción y
la inauguración del fortín erigido en la punta de Santa Ana para
expresar físicamente la jurisdicción chilena recién establecida.
Entonces, a renglón seguido, agregó el naturalista:
Poco faltaba que hubiese olvidado el más interesante [dato] para la
intención del Supremo Gobierno: que el estrecho tiene piedra carbón
de la cual el portador de ésta le lleva muestra. Habiendo acabado
nuestro trabajo aquí piensa dedicar D. Juan [Williams] un par de días
en que pudiera trazar mejor la posición de las minas para volver con
los exactos conocimientos de la más o menos grande facilidad de
explotarlos3.
Esta comisión específica la cumplió Philippi durante el curso del mes
de noviembre de 1843, pocos días antes del regreso de la goleta Ancud
a Chiloé. Así, ya en esta capital, el naturalista pudo informar a
Espiñeira: […] Las muestras de piedra carbón que han sido mandado a
US. habrán criado la esperanza que se pudiera remover este obstáculo
[la facilidad con que se consume la leña al quemarla.]. Efectivamente
tengo la gran satisfacción de comunicar a US. que he tenido la gran
felicidad de dar con tres vetas de un carbón abundante y fácil a
beneficiar del qual traigo conmigo las muestras4.
El intendente, a su turno, se apresuró a dar la buena nueva al
ministro del Interior, Ramón Luis Irarrázaval, despachándole al mismo
tiempo un cajoncito con muestras del carbón magallánico.
Con fecha 21 de diciembre el ministro ofició al Intendente de Chiloé
expresándole la gran complacencia del Gobierno por la forma en que se
había realizado la expedición al Estrecho, que había culminado con el
establecimiento formal y efectivo de la jurisdicción de la República
en las tierras australes del continente. Y en lo que interesa, le
manifestaba: No hai duda que es mui digno de preferencia el punto
elegido [para la ubicación del fuerte Bulnes] por la circunstancia de
encontrarse á sus inmediaciones el carbón de piedra, y por esto mismo
creo indispensable que se hagan tambien algunas diligencias para
[ilegible] este combustible en la parte en que se haya de elegir otro
puerto para la colonia. Las muestras que U.S. ha remitido del mineral
encontrado han sido examinadas y clasificadas como de mui buena
calidad; pero se necesita saber de que hondura fueron tomadas, porque
si lo han sido de la superficie de la tierra ó de las primeras capas
es mui probable que en mayor profundidad sea este combustible de
calidad tan superior, que no ceda en bondad al carbón ingles, del
cual se hace tan gran consumo en la navegación por vapor y en otros
varios usos. U. S. se procurará estos datos y tambien algunas
muestras mas del mismo carbon, sacadas de mayor hondura, para
examinarlas tambien y ver la probabilidad de esta conjetura5.
En verdad, el hallazgo carbonífero era un regalo del cielo para el
gobierno chileno que debía decidir por entonces la forma en que
habría de mantenerse en el futuro la presencia nacional en
Magallanes, toda vez que una de las bases previstas para su eventual
afirmación descansaba en el desarrollo que podía tomar la navegación
a vapor por el canal interoceánico, conociéndose en ese respecto,
como debían serlo, las primeras iniciativas para establecer por aquel
medio mecánico una vinculación más rápida entre la costa sudoriental
del Pacífico (Chile y Perú) y Europa6. Tener combustible a la mano,
en el paso de los barcos, era una oportunidad que no podía
desestimarse. De allí la satisfacción inicial del Gobierno y, por
consecuencia, las instrucciones del ministro en ese efecto.
Como pudo esperarse, las autoridades se interesaron en el asunto y en
un plan de mayor certidumbre y especialmente de mayor información
acerca de la magnitud del yacimiento, ordenaron una nueva inspección
del valle del río del Carbón, que así había comenzado a mencionarse
el paraje y su curso fluvial. El comisionado fue esta vez José Manuel
Corail, hombre de confianza del gobernador colonial Justo de la
Rivera, quien arribó al lugar el 26 de marzo de 1845. Su
reconocimiento permitió ubicar las vetas descubiertas por Philippi y
asimismo encontrar varias otras.
De tanta importancia estimó ese mandatario la existencia de un
yacimiento carbonífero, que pensó en establecer un fortín en la punta
Arenosa para su resguardo, pensando que las circunstancias de
abandono en que aún se mantenían las costas del Estrecho y la
existencia de esa riqueza mineral podían tentar a extranjeros a
emprender una explotación indebida. Nada, sin embargo, ocurrió
entonces, pero tres años después, cuando el gobernador José de los
Santos Mardones había decidido el cambio del asentamiento colonial
desde la punta de Santa Ana (Fuerte Bulnes) a la punta Arenosa y río
del Carbón, la existencia del mineral hubo de ser una de las
consideraciones que pudo tener en mente al fundar en ese paraje el
nuevo asentamiento colonial.
Las muestras de carbón recogidas en el valle del río homónimo fueron
puestas a disposición de dos especialistas en mineralogía como eran
los eminentes sabios y profesores de la Universidad de Chile, Ignacio
Domeyko y Amado Pissis, para los efectos del correspondiente
análisis.
El informe con el resultado fue pasado al Gobierno por nota de fecha
10 de junio de 1850, y del mismo cabe transcribir algunos de sus
párrafos más interesantes:
Los infrascritos, comisionados por Us. para el exámen i análisis del
carbón fósil traído del Estrecho de Magallanes, han procedido al
desempeño de su encargo con toda la prolijidad i celo que la
importancia de un asunto tan grave para nuestra marina e industria ha
merecido […], dando cuenta de sus principales conclusiones:
[…] el carbón fósil del Estrecho de Magallanes, aunque algo inferior
en calidad al carbón fósil de Concepción, poco se diferencia de este
último i puede tener el mismo uso, ya sea empleado en el estado bruto
en hornos de reverbero, hornos de manga o fraguas ordinarias, ya
sometido a una carbonización previa para convertirle en cok, ya
destilado en cilindros cerrados para la fabricación de gas de
alumbrado.
[…] que para el transporte, el carbón del Estrecho parece llevar
alguna ventaja al de Concepción, siendo aquel mas resistente i ménos
sujeto a rasgarse i partirse de por sí que el segundo.
[…] que el carbón del Estrecho es poco homogéneo, i por esta razón
convendrá que para obtener datos mas seguros acerca de la naturaleza
de este combustible, el Gobernador de Magallanes se tome la pasión de
mandarnos muestras de las variedades principales de este carbon,
sobre todo de las partes sacadas a una cierta profundidad, porque es
probable que éstas sean mas ricas en materias bituminosas, i por lo
mismo de mejor calidad que las que se recojen en la superficie.
Debería tambien encargarse al mencionado Gobernador de mandar al
Ministerio una indicación, lo mas prolija posible, acerca de la
situación, el grueso i el arreglo de las capas de carbon fósil
conocidas hasta ahora, i muestras de las rocas i criaderos que las
acompañan7.
Y tras otros detalles técnicos descriptivos, terminaban expresando:
Comparado este resultado con los ensayos del mejor carbon de Colcura
i de la mejor hulla de Inglaterra, ensayos que uno de los
comisionados ha publicado en su Tratado de Ensayos de 1844, se ve que
el carbon del Estrecho es capaz de realizar en carbon las dos
terceras partes de lo que puede realizar la mejor hulla de
Inglaterra, i las cinco sestas de lo que le da la mejor lignita de
Concepción8.
Se desconoce si hubo otros ensayos posteriores, pero sí consta que el
entusiasmo inicial decayó un tanto, como lo refleja el comentario
hecho por el gobernador de Magallanes Jorge Schythe algunos años
después: Acerca de las minas de carbón de piedra parece que se ha
formado una idea mas lisonjera de lo que son en realidad. La sola
circunstancia de encontrarse este mineral a tres leguas de distancia,
tierra adentro, hará su beneficio mui embarazoso por falta de
trabajadores i vias de comunicación9. Así se explica suficientemente
la inacción gubernativa en la materia.
Corrió el tiempo con avatares que perturbaron gravemente el
desarrollo de Punta Arenas, de los que demoró en recuperarse, y
aunque había conciencia de la disponibilidad de la riqueza
carbonífera, nada se adelantó en su explotación porque no se daban
las circunstancias. Para este tiempo sí se sabe que los habitantes de
la colonia se aprovisionaban ocasionalmente de carbón para su uso
doméstico. Fue el gobernador Damián Briceño quien, hacia 1866, renovó
el interés oficial sobre la posibilidad de una explotación. Creyó
hacerlo llamando la atención en el extranjero sobre la existencia de
carbón mineral, a fin de despertar el interés de algún eventual
inversionista. Así, aprovechándose de la invitación que se hizo para
enviar algunos productos del territorio magallánico para su
exhibición en la Exposición Universal de París, Riobó despachó en el
vapor de guerra francés Lucifer algunos artículos elaborados por los
indios patagones, y algunos productos naturales, entre ellos un saco
de carbón. No obstante la buena intención, tal exhibición no arrojó
resultado alguno en el sentido que se quería.
III. ENSAYOS PIONEROS DE EXPLOTACIÓN (1869-1900)
a) Valle del río de las Minas (península de Brunswick)
De esa manera hubo de aguardarse hasta 1869, época en que se hallaba
a cargo de la gobernación colonial el capitán de corbeta de la Armada
de Chile Oscar Viel. Este era, y lo demostraría mejor durante los
siguientes años, un mandatario diligente y talentoso, visionario y
empeñado en el progreso de la colonia de Magallanes. Entre tantas
medidas estaba la de poner en explotación el yacimiento de lignito
situado valle adentro del río del Carbón, asunto que cobraba mayor
interés y actualidad luego del establecimiento de una línea regular
de navegación entre Europa y la costa sudoriental del Pacífico, por
cuenta de la Pacific Steam Navigation Company, con puerto de recalada
en Punta Arenas. Gestionó y obtuvo el interés del Supremo Gobierno
sobre la materia, consiguiendo que se llamara a licitación la
explotación del mineral carbonífero. Entre tanto así sucedía, Viel
dispuso la apertura de una senda expedita que permitieran acceder a
las vetas del mineral, iniciando con posterioridad la construcción de
un ferrocarril de sangre para facilitar la salida de la futura
producción.
Así las cosas, la casualidad hizo posible el hallazgo de oro en el
lecho del río del Carbón a fines de 1869 y desde entonces y por algún
tiempo muchos hombres de la colonia, fueran antiguos residentes o
recién llegados, se dedicaron a lavar arenas en procura del metal
dorado aunque con escasa suerte, no obstante hubo uno que otro
hallazgo de alguna pepa de tamaño excepcional, lo que a su vez
estimuló todavía más la faena. Esta circunstancia motivó la
redenominación del río, que pasó a llamarse "de las Minas" a contar
de entonces. La faena de lavado se prolongó con altibajos, y sin que
se dieran resultados espectaculares, por varios años, tanto, que
hasta promediar la década de 1880 aún se registraba la actividad de
algún porfiado buscador, pero siempre con escasa fortuna.
Y tornando al carbón en cuya explotación se veía una fuente segura de
prosperidad y no algo meramente aleatorio como era el lavado de
arenas auríferas, un empresario de Santiago, Ramón H. Rojas, había
obtenido la concesión del yacimiento, constituyendo posteriormente
para su operación la Sociedad Carbonífera de Magallanes.
Mientras estos trámites marchaban a su ritmo, al actividad en Punta
Arenas se mostraba promisoria, principalmente por el aumento de la
navegación de naves de ultramar, hecho auspicioso para la futura
actividad productiva y mercantil y para el arribo de inmigrantes
desde Europa, otro aspecto que mucho interesaba promover por cuanto
en ellos Viel veía un factor particular de adelanto para el porvenir.
Tanto movimiento marítimo requería necesariamente ser incentivado con
la provisión de combustible mineral, de allí que una vez más Viel
estuviera interesado en la pronta explotación del yacimiento.
Placentero me es poder anunciar a Ud. -escribió por entonces Viel a
don Miguel Luis Amunátegui, ilustre hombre público de la época- que
el Camino de fierro, que aunque de sangre por ahora, que se construye
para la explotación de las minas de carbón, se halla bastante
adelantado i creo que para fines de Diciembre podrá darse carbón a
los buques que lo necesitan. Si se realiza la contrata con los
vapores de la carrera que según el Señor Rojas es segura, la Colonia
de Magallanes mediante el peso que el Contratista paga por tonelada
al Estado, podrá costear sus gastos i dejará de ser una carga para el
Estado, como lo ha sido hasta aquí, i lo que es más sus habitantes
tendrán un trabajo que les proporcione el medio de ganar su
subsistencia. Empeñado como el que más en la realización de esta
empresas -le agregaba ufano- no solo por el bien que resultará a la
Colonia; sino también por haber sido yo su iniciador, he ayudado al
Señor Rojas en cuanto me ha sido posible, allanándole todas las
dificultades que se han presentado10.
Estas, por cierto, no eran pocas: unas provenían de la tacañería del
concesionario, y otras de las exigencias de los colonos que debían
hacer los suministros o participar en los trabajos. Por eso, Viel
dispuso que un grupo de confinados participara en las obras del
ferrocarril y en las de la habilitación de la mina, en tanto que tuvo
que empeñar su influencia y poder de convicción para poner de acuerdo
a los primeros.
Los trabajos concluyeron satisfactoriamente a fines de 1869, bajo la
dirección del ingeniero James Armett, contratado por Rojas para el
efecto, y pronto comenzó la extracción de carbón del manto
superficial.
No obstante el hallazgo aurífero ocurrido por aquel tiempo y que
tanto mantenía conmocionada a la población, Viel sabedor de lo
efímera que podía ser aquella riqueza, tenía su interés puesto en la
explotación del mineral carbonífero, persuadido de que allí radicaba
una fuente segura de prosperidad para la colonia.
Por consecuencia, pasó a seguir con interés las faenas, pudiendo
comprobar cómo, a medida que se profundizaba en la mina, el carbón
extraído parecía ser de mejor calidad. La oportunidad para constatar
la acogida que tendría el mineral entre los navegantes vino a darse
en enero de 1870, con el arribo de una flotilla peruana, compuesta
por los blindados Huáscar e Independencia, por la corbeta Unión y el
vapor Chalaco. Como este último buque venía al mando de su concuñado
y amigo, capitán Miguel Grau, no fue difícil obtener el asentimiento
de Manuel Ferreyros, comandante de la división naval, para comprar un
cargamento de carbón para las necesidades de los buques.
El mineral adquirido alcanzó a 1.093 toneladas, cantidad muy
importante tratándose de la primera venta que se hacía, lo que
representó para el Fisco un ingreso de otros tantos pesos, a razón de
uno por tonelada de carbón.
La satisfacción entonces hubo de ser mayor para Viel que para el
propio concesionario Rojas, pues la adquisición, amén de importante,
había sido hecha para alimentar las calderas de los monitores
peruanos, tenidos como los buques más modernos que había a flote en
este parte del Pacífico. Pero a aquel le importaba especialmente que
el rendimiento del combustible fuese también satisfactorio; de allí
que encareció a Ferreyros que, al arribar a Valparaíso, hiciera
publicar el correspondiente informe de los ingenieros, el que por
descontado consideraba favorable, con lo que finalmente se tendría
una apropiada difusión de la nueva ventaja que ofrecía la colonia de
Magallanes a la navegación.
No obstante que sus esperanzas quedaron en parte defraudadas, pues el
ensayo hecho con el lignito de Punta Arenas no fue tan satisfactorio
como lo esperaba el gobernador (debido a que la partida embarcada
correspondía a mineral del manto superficial), los sucesivos vapores
que en creciente cantidad tocaron en la colonia fueron adquiriendo a
modo de prueba pequeñas partidas, con lo que, a fines de 1870, se
habían vendido otras quinientas toneladas.
Optimista, Viel estaba convencido de que la calidad del carbón debía
mejorar: …cada día, a medida que se adelanta al corazón del cerro i
su progresión sigue como hasta aquí, no dudo que podrá adquirir una
buena reputación con la cual espero no solo que esta Colonia tenga
vida propia; sino que también deje de ser una carga para el Estado,
como lo ha sido hasta aquí, le aseguraba al ministro del Interior11.
Pero, sin embargo, de las esperanzas de Viel, del respaldo que como
autoridad brindaba al concesionario y de los trabajos e inversiones
que él mismo realizaba, la explotación carbonífera lejos de adelantar
durante el lapso 1871-74 más bien decayó. Contribuyó a ello la escasa
calidad del lignito extraído, que se estimó inferior porque
correspondía a mantos superficiales, hecho que tras algunas
adquisiciones en forma de ensayos por parte de diferentes naves
mercantes puso en evidencia que el mineral carecía de fuerza calórica
como combustible. Fue inevitable así que el interés por la compra de
mineral aflojara notoriamente. Era necesario hacer más trabajos,
invertir más para ver si las condiciones de la explotación se hacían
más interesantes y rentables.
De este como de otros aspectos se ocupó el sucesor de Viel, sargento
mayor Diego Dublé Almeida, empeñado en el mejoramiento de la economía
colonial. Buscó pues estimular y fomentar las actividades
productivas, entre ellas la carbonífera, en cuyo desarrollo este
mandatario también tenía esperanzas de progreso general.
Una de las muestras de adelanto era precisamente el ferrocarril
carbonero, cuyas obras estaban a cargo del ingeniero José Clemente
Castro y que, iniciadas en tiempos de Viel, quedaron concluidas en
enero de 1875. La vía, con una longitud aproximada de 11 a 12
kilómetros, unía la mina con el muellecito de la colonia. Por la
misma pronto hubo de correr la locomotora que arrastraba los carros
cargados de mineral, cuyos pitazos pasarían a hacerse familiares al
vecindario, anunciando en su ir y venir la marcha incesante del
progreso.
Este y otros trabajos emprendidos por la compañía concesionaria,
ahora dirigida por un minero experto, John G. Hamilton, han
contribuido por mucho al adelanto de este pueblo i al desarrollo del
comercio, siendo una poderosa palanca de progreso para territorio
magallánico, informó complacido Dublé al ministro de Colonización en
abril de 1875, añadiendo optimista: asegurado el consumo del carbón
de Magallanes esta colonia en gran parte tendrá asegurada su vida
propia12.
No obstante su optimismo, tanto esfuerzo resultaría finalmente
infructuoso. Los mantos en explotación eran superficiales por razón
de los precarios medios de trabajo de que se disponía y el lignito
extraído resultó ser de mala calidad, característica suficiente para
motivar el rechazo por parte de los capitanes mercantes. No habiendo
quien arriesgara más capital en la empresa, con el objeto de mejorar
las condiciones de la explotación, esta acabaría por ser paralizada
del todo en 1877, al cabo de ocho años de trabajo meritorio que
permitiría producir unas 8.000 toneladas de carbón, contribuyéndose
de variada manera a la evolución progresista de la colonia.
Concluiría de tal suerte la primera etapa histórica en la minería de
Punta Arenas y de la península de Brunswick.
b) Costa del mar de Skyring (Río Verde)
En una fecha no precisada de mediados de la década de 1870 el
baqueano Santiago Zamora, uno de esos andariegos aventureros
característicos de los territorios de frontera colonizadora, durante
una de sus incursiones por la comarca litoral oriental del mar de
Skyring, en un sector que poco después sería conocido genéricamente
como "Río Verde", descubrió un afloramiento carbonífero, hallazgo que
participó al gobernador de la colonia de Magallanes, Óscar Viel. Cabe
señalar que el mismo Zamora descubrió por esa misma época evidencias
de mantos superficiales en la comarca situada a las espaldas de Punta
Arenas, en la vertiente de Brunswick que cae al mar de Otway, y que
el propio baqueano bautizó con el nombre de "Mina Rica".
Tiempo después, hacia 1877, Julius Haase, un animoso y emprendedor
inmigrante alemán radicado en Punta Arenas desde años antes, enterado
al parecer de aquel descubrimiento, exploró el lugar y encontró la
manifestación carbonífera. Interesado en su explotación, Haase
consiguió de Viel el traspaso de la pertenencia minera que al parecer
él mismo había constituido previamente, y denominó "Mina Marta" al
yacimiento mineral. Sobre la marcha decidió invertir capital en la
habilitación de la mina con la construcción de las instalaciones y la
apertura de varios piques o galerías, iniciando luego la explotación
del manto carbonífero. Pronto, sin embargo, se echó de ver que se
requería de más recursos para poner la mina en producción en debida
forma y, careciendo de ellos, Haase abandonó temporalmente la
explotación.
El capitán de fragata Juan José Latorre, de la Armada de Chile, que
conoció el lugar a fines de 1878 durante la estadía de la corbeta
Magallanes en plan de operaciones hidrográficas, dejó una buena
descripción del establecimiento minero:
Los edificios que constituyen el caserío están situados en medio de
dos ribazos que caracterizan desde cerca los límites de la rada. Las
casas son cinco, construidas para la residencia del administrador,
los peones i para bodegas de depósito. Los edificios están
construidos con madera del lugar, labradas por medio de una pequeña
máquina de aserrar; aquellos están techados con zinc acanalado,
hallándose todas las construcciones perfectamente al socaire de los
vientos reinantes por medio del espeso arbolado que respalda al
caserío.
[…] Sobre el ribazo que forma la extremidad O. de la rada, se hallan
los diversos piques que se han abierto, en número de seis, i que
estaban llenos de agua cuando se visitaron. El mayor de ellos era el
mejor trabajado i quedaba cubierto por la mayor de las construcciones
erigidas en aquel terreno, quedándole vecino un espacioso galpón
destinado a guardar el combustible que se extrajera. La boca del
pique se hallaba enmaderada, i a su lado tenia dos bombas de mano
para desaguarlo, i al parecer de fuerza suficiente para arrojar hasta
25 litros por minuto. Por el lado del mar se deja ver en el ribazo el
manto carbonífero, dirijiéndose una parte de él hacia el interior i
otra hácia el mar.
[…] El establecimiento de las minas posee un muelle que se halla un
poco resguardado de la marejada por la punta que forma la parte
occidental de la rada. Tiene 50 metros de longitud i arranca de las
cercanías del desagüe del riacho. Es de madera i apoyado sobre
machones del mismo material, rellenos con piedras, i parece que ha
tenido la intención de prolongarlo, pues se ven en la playa otros
machones en estado de ser colocados.
[…] Quien quiera que vea la serie de trabajos mencionados, que pueden
reputarse grandes por haber sido llevados a cabo en parajes tan
apartados, no podrá ménos de rendir su tributo de respeto al
infatigable empresario, señor Haase, quien venciendo infinitas
contrariedades i molestias ha planteado una industria en el corto
tiempo de seis meses.
Las dificultades que ofrece el lugar como embarcadero por una parte i
por otra la poca o ninguna salida que tendrá el carbón hasta dentro
de algunos años, no compensarán los fuertes desembolsos que será
menester llevar a cabo para alcanzar el lucro que se pretende.
La calidad del carbón de las minas Marta, aunque tomado del manto
superficial, parece a primera vista superior al de Punta Arenas,
notándose desde luego que a pesar del tiempo que se encontraba en
contacto con el aire, no ha sufrido aparentemente i que no se había
desgregado en menudos fragmentos, como ocurre con aquel horas después
de estraido el mineral. Embarcamos algunos toneladas del carbón que
habia en el galpón para ensayarlo abordo practicamente13.
Haase, entre tanto, no habiendo podido conseguir más capital en la
colonia de Punta Arenas para proseguir la explotación, se dirigió a
Buenos Aires, donde tenía relaciones, y allí consiguió interesar al
Dr. Miguel Estévez Seguí, a Daniel Miró y a Lucio Somoza, con quienes
constituyó en abril de 1880 una sociedad en comandita para aquel
objeto, que pasó a girar bajo el nombre de Somoza, Miró y Cía.
Así se dio comienzo al fin de aquel mismo año a la actividad minera,
la primera tarea colonizadora importante en el sector centro-
occidental del territorio, realizándose importantes inversiones
complementarias en equipo y maquinarias, y del mismo modo se contrató
un grupo de artesanos europeos para trabajar en el establecimiento.
Para el transporte de carbón entre la mina y Punta Arenas la sociedad
adquirió o arrendó primeramente el vaporcito Santos, de bandera
brasileña, que se varó en diciembre del año indicado en el canal Fitz
Roy. Esta embarcación fue de inmediato reemplazada por otro buque, el
vapor de ruedas Los Amigos, de matrícula y bandera uruguayas, y que
tampoco tuvo mucha suerte, pues el 28 de marzo de 1881, encontrándose
fondeado a la salida norte del mencionado canal, un fuerte viento lo
hizo garrear e irse a la costa, perdiéndose del todo. Con ese
siniestro la sociedad explotadora entró en crisis económica
anticipadamente a lo que de todos modos habría de ocurrir a breve
plazo, pues, no obstante los esfuerzos para recuperar las inversiones
o, a lo menos, para salvar los costos de producción, se pretendió
vender el carbón a un precio que fue considerado excesivo por los
eventuales compradores, máxime si se trataba, como era, de un mineral
de calidad deficiente, con lo que el negocio fracasaría finalmente.
El mismo esquema se repetiría otras veces en el porvenir con otras
explotaciones carboníferas. A fines de diciembre de 1881 arribó al
lugar el yate británico Wanderer, cuyo propietario, el inglés Charles
Lambert, hombre entendido en la faena minera, pues tenía fuertes
intereses de esa especie en la zona norte de Chile, dejó una
descripción del establecimiento con sabor a réquiem para una
actividad extractiva efímera:
A las 5 P. M: anclamos en la rada de la mina de las aguas de Skyring
y después de cenar fuimos a tierra para conocerla, siendo amablemente
recibidos por el administrador, un caballero de Buenos Aires. Fuimos
al foso en la pendiente de la veta desde la superficie hasta una
profundidad de catorce yardas, que es lo más que se puede llegar;
desde aquí se extiende una galería a través de la que se extrae el
carbón. La veta, como lo esperábamos tan cerca de la superficie, es
muy quebradiza, y lo mejor de ella es un lignito pobre; en la
superficie hay algunas buenas casas de madera, donde reside el
administrador y su equipo. Sin embargo de haberse invertido una buena
cantidad de dinero en el emprendimiento, el mismo se halla situado en
un lugar tan excéntrico y la calidad del carbón es tan indiferente,
que abrigo el temor de que habrá de producirse un rápido colapso14.
Efectivamente así ocurrió antes de mucho tiempo, quedando abandonadas
las instalaciones y maquinarias de Mina Marta, que el tiempo cubriría
de herrumbre y líquenes, dejando para memoria de la posteridad su
nombre como topónimo para la comarca. La cantidad de carbón que pudo
extraerse en las dos etapas de producción se desconoce, pero quizá no
haya pasado del millar de toneladas en total.
El ingeniero de minas francés H. Babinsky visitó el lugar en 1893 y
recogió algunas muestras de lignito, que analizaría posteriormente, y
entregó después un informe a la Gobernación de Magallanes, en parte
del cual se expresaba:
Mina Marta, situada en la ribera norte del mar de Skyring, frente al
yacimiento Magdalena, del que probablemente es continuación,
comprende tres mantos: el primero de 1.50 metros; el segundo de 2
metros; i el tercero, el mas bajo, es de potencia desconocida. Las
labores de la mina han llegado a una profundidad como de 60 metros,
algunos de los cuales están bajo el nivel del mar de Skyring. El
método de explotación era igual al de la mina de Punta Arenas, el de
pilares abandonados.
En el día la mina se halla anegada i no he podido penetrar, pero he
tomado en el propio sitio, bajo un cobertizo que ha quedado en pie,
de un montón de unas doscientas toneladas dejadas ahí, después de
abandonada la obra, una muestra de combustible que se asemeja
bastante, en su aspecto, al de la concesión Magdalena15.
Tras el segundo intento de Haase, nadie, que se sepa, volvió a
interesarse en la explotación del yacimiento carbonífero de Mina
Marta.
c) Costa norte de la isla Riesco
La zona norcentral de Magallanes, fronteriza como era del ecumene
territorial, atrajo desde los años de 1880 a numerosos aventureros
que la exploraron en plan de eventuales explotaciones económicas
pecuarias, forestales y mineras. Uno de tantos, el francés Jorge
Meric, antiguo residente de Punta Arenas como que había inmigrado en
1873, cobró especial afición por esos parajes tan atractivos como
distantes en la época. En sus correrías fue el primer hombre blanco
conocido en llegar a la isla Riesco, entonces conocida con el casi
mítico nombre de Tierra del Rey Guillermo IV16, en cuya costa
septentrional descubrió en 1889 un afloramiento carbonífero que
enfrentaba, mar de Skyring de por medio, al de Mina Marta.
Luego de obtener la pertenencia minera y desarrollar algunas faenas
iniciales para constatar la potencialidad del manto y poner en marcha
su explotación, Meric se dirigió a su patria para interesar a algunos
capitalistas en el negocio minero. No encontró allí la acogida que
esperaba, pero sí consiguió que en su viaje de regreso lo acompañara
el ingeniero Babinsky, ya mencionado, para que verificara la calidad
del lignito de Magdalena y sus posibilidades de realizar una
explotación económica.
El resultado del estudio de Babinsky reveló que la potencialidad del
yacimiento era satisfactoria, pero que su calidad era apenas regular
no obstante que el poder calorífico de las muestras analizadas
permitió saber que las mismas eran de mejor calidad que las del
carbón del antiguo yacimiento del río de las Minas.
Con todo, eso bastó para contentar a Meric y animarlo para llevar
adelante el negocio de explotación. En la búsqueda de algún socio
capitalista entre la gente de Punta Arenas, acabó por encontrarlo en
los importantes empresarios Mauricio Braun y Juan Blanchard, que
operaban a través de la prestigiosa firma mercantil, naviera e
industrial Braun & Blanchard (1897). Ese mismo año principió la
explotación carbonífera consiguiéndose extraer varios cientos de
toneladas. La primera partida fue llevada a Punta Arenas en el vapor
Torino -que dicho sea de paso, realizó un satisfactorio ensayo con el
combustible durante el trayecto-, vendiéndose el mineral fácilmente
para el consumo domiciliario.
La actividad se mantuvo así por algunos años, hasta que se hizo
evidente que era antieconómica, suspendiéndose la extracción en 1900.
Algo decepcionado, Meric retornó a Francia y se radicó en París, e
incansable como era se mantuvo empeñado por largos años en la
formación de una gran compañía para la explotación del yacimiento de
Magdalena, de cuya potencia y calidad se había convencido. Su sueño
empresarial, la Societé Carbonifére de Magellan, no llegó a
constituirse en forma y hasta sus fieles antiguos asociados Mauricio
Braun y Juan Blanchard acabaron por desentenderse del asunto pasado
1910.
d) Costa centro-occidental de Tierra del Fuego
Durante 1895 un antiguo cateador de minerales en la isla grande de
Tierra del Fuego, el griego Cosme Spiro, zarpó con otros aventureros
en una embarcación desde el puerto de Punta Arenas y descubrió
evidencias de mantos carboníferos en los faldeos de Nose Peak, sobre
la costa del fiordo del Almirantazgo. Comprobada científicamente
tiempo después la calidad del mineral, los descubridores
constituyeron pertenencias sobre un total de 500 hectáreas y echaron
las bases de la Sociedad Carbonífera de Tierra del Fuego, en la que
formaron como socios, además de Spiro, los vecinos de Punta Arenas
Romualdo Romualdi y Luis Díaz, y los inmigrantes italianos Luis
Guazzoni, Serafín Minotti, Francisco Rossi, Silvio Lugaro y Luis
Lafranconi. El yacimiento al que se denominó "Mina Arturo Prat",
quedaba junto a un excelente puerto natural, que llamaron "Puerto
Sofía" (actual Puerto Cóndor), fue puesto en explotación en 1897,
enviándose el mineral en pequeñas goletas hasta Punta Arenas. Los
socios de la flamante compañía pretendieron ilusionados dar
envergadura a la empresa y utilizando como intermediario y mandatario
al Dr. Lautaro Navarro Avaria procuraron interesar a capitalistas del
centro de Chile, pensando en una explotación que sirviera para el
aprovisionamiento de las naves de ultramar que hacían la carrera del
estrecho de Magallanes. La gestión en definitiva resultó infructuosa
atendida la escasa potencia de los mantos y la baja calidad del
mineral. Años después, en 1906, se pensó por algunos empresarios
instalar en Punta Arenas un servicio de alumbrado a base del gas,
utilizándose para el efecto el lignito de Nose Peak, pero en
definitiva el emprendimiento no llegó a hacerse efectivo.
Una consecuencia favorable de ese inútil cuanto efímero esfuerzo
minero estuvo en el reconocimiento que hizo posible de los terrenos
litorales ricos en bosques maderables, mediante cuyo aprovechamiento
cobraría desarrollo una importante actividad del género a contar de
los años de 1920.
e) Sector noroccidental fueguino
Algunas exploraciones realizadas en la zona noroccidental de la
Tierra del Fuego, distrito eminentemente aurífero, permitieron el
hallazgo casual de afloramientos de carbón en la desembocadura del
río Santa María (bahía Inútil) y en parajes indeterminados de los
cursos de los ríos Óscar y del Oro, en la vertiente opuesta.
La información disponible es muy escasa y de ella solo da cuenta
Navarro Avaria en su obra citada. Por él se sabe además de un ensayo
hecho hacia 1904 a base de una muestra extraída en la ribera del
último río nombrado y que resultó ser de bajo poder calorífico, bajo
las 4.000 calorías (Tabla I). Es posible que su ubicación
correspondiera a la misma de la más tarde llamada Mina "Santa Clara".
Inclusive hubo alguna extracción artesanal para probar el rendimiento
del mineral como combustible para el funcionamiento de una draga
aurífera, de varias que por entonces habían comenzado a instalarse en
el distrito, y su resultado habría sido satisfactorio.
Iv. DESARROLLO CARBONÍFERO (1900-1980)
1. Período de auge productivo (1900-1950)
a) Distrito península de Brunswick
a.1. Mina "Loreto"
Con la llegada del siglo XX Magallanes, y Punta Arenas en particular,
iniciaron un lapso prolongado de bonanza económica y de progreso
general que se extendería con esplendor por los siguientes tres
lustros. Para entonces había culminado virtualmente la empresa
esforzada de la colonización protagonizada por los pioneros desde
treinta años antes y que de modo particular había permitido el
establecimiento de la crianza ovina extensiva, de manera tan exitosa
que la misma era hacia 1900 la estructura productiva que vertebraba
el movimiento económico del territorio. En su evolución la misma
había involucrado y condicionado el desarrollo de la navegación
intrarregional, del comercio general (exportación, importación y
distribución), de la industria y los servicios generales.
En ese contexto económico productivo tan relevante, solo la minería
aparecía como una actividad postergada, de tercer orden, apenas con
alguna significación en lo referido al lavado de arenas auríferas en
la Tierra del Fuego. Ello no deja de sorprender en tanto que había
otras manifestaciones minerales conocidas como era el caso del carbón
cuya eventual explotación podía resultar de interés para satisfacer
las necesidades de combustible que un desarrollo económico tan
variado no tardaría en exigir. Hasta entonces el empleo del mineral
había estado y estaba referido exclusivamente a su utilización en la
navegación a vapor, para lo que el abastecimiento se hacía importando
carbón desde Cardiff, en Inglaterra, de modo de mantener stocks
disponibles para el suministro a los barcos.
El primero que pareció advertir la posibilidad de reintentar la
explotación de carbón en Magallanes -bajo bases técnicas y económicas
diferentes a las de antaño- y satisfacer de tal modo una necesidad de
combustible fósil que se iba manifestando según se multiplicaban las
actividades productivas, fue el capitalista chileno Agustín Ross, de
notoria fama entonces por sus emprendimientos exitosos en la minería
del Norte Chico y en la industria. Es posible que para ese tiempo
Ross conociera a James Armett, antiguo ingeniero en los trabajos
iniciales de la mina situada al interior de Punta Arenas. Así pudo
enterarse sobre las características del yacimiento y tener un interés
inicial en su explotación.
Este interés habría sido coincidente con el de otras personas, pues
ya en octubre de 1896 se constituyeron varias pertenencias mineras
sobre la antigua concesión de la Sociedad Carbonífera de Magallanes.
Como haya sido, el hecho es que al poco tiempo Agustín Ross reunió en
sus manos los correspondientes derechos, quedando como tenedor
exclusivo y por tanto concesionario único de las pertenencias, a las
que dio el nombre común de "Loreto". A comienzos del año siguiente,
James Armett, que al parecer había regresado a Magallanes por encargo
del propio Ross para considerar la posibilidad de una explotación
renovada, solicitó a su turno, conjuntamente con Alberto Campuzano,
pertenencias en terrenos contiguos, las que posteriormente fueron
traspasadas a Ross.
Sobre esa base el empresario y capitalista inició los trabajos para
poner en explotación el yacimiento de lignito allí existente, al que
como correspondía se le dio el nombre de Mina Loreto. En fecha
reciente se ha conocido una fotografía que muestra la faena de una
sonda con torre de madera que podría corresponder a los trabajos de
prospección en la búsqueda de nuevos mantos carboníferos17.
Al decidir la inversión Agustín Ross pasaba a ser para la historia
económica de Magallanes una excepción calificada, como el principal
inversionista chileno en el territorio, virtualmente el único entre
tantos empresarios de origen europeo como eran los que desde hacía
años venían impulsando con su empuje, creatividad y recursos
financieros el desarrollo de la Patagonia austral y la Tierra del
Fuego.
Las inversiones fueron cuantiosas y comprendieron de partida la
habilitación de la mina con la búsqueda de nuevos mantos productivos
más profundos y de mejor calidad calorífera, incluyendo la apertura
de caminos de acceso y de galerías; además la construcción de una
estación de carguío del carbón (shooter), de la casa de Fuerza, de
oficinas, talleres, bodegas y viviendas. La bocamina quedó situada en
la ladera norte del río de las Minas. A cargo de todas estas faenas
estuvo el ingeniero Mariano Edwards, contratado para el efecto en
Santiago, quien así dio comienzo a una prolongada residencia en
Magallanes durante la que se ocuparía en diferentes emprendimientos
económicos.
Para el transporte del mineral desde el yacimiento al puerto de Punta
Arenas Ross planeó la instalación de un ferrocarril. Una ley
promulgada el 18 de diciembre de 1900 le concedió la autorización
para construir y explotar una vía de un metro de trocha y nueve
kilómetros de largo. Las obras correspondientes se iniciaron todavía
antes, en octubre, y quedaron concluidas el 29 de enero de 1902. Para
el servicio ferroviario se compraron a The Baldwin Locomotive Works
de Inglaterra, dos locomotoras del tipo 0-4-2, con un peso de 28.000
libras y una capacidad de arrastre de 80 toneladas cada una, que
fueron bautizadas con los nombres de "Loreto" y "Punta Arenas". La
primera máquina arribó a Magallanes en enero de 1902 justamente
cuando finalizaban los trabajos de construcción de la vía férrea. El
tren incluía un coche de pasajeros y vagones de carga18.
La obra comprendió asimismo la edificación de una estación principal
y depósitos para el carbón, además de galpones para las locomotoras y
carros en los extramuros de Punta Arenas, aproximadamente a unos
siete kilómetros de la mina. La vía finalizaba en la playa del puerto
y allí Ross decidió construir un muelle de carga de 240 metros de
largo, incluido un malecón, para el embarque del mineral
(Muelle "Loreto"), cuya autorización de construcción y explotación le
fue concedida por decreto supremo de 10 de junio de 1903.
Por fin y habida cuenta de las características físicas del mineral,
en especial su condición quebradiza que disminuía su calidad, y para
hacer más atractivo y rendidor el producto, el empresario decidió
fabricar briquetas mezclando el mineral extraído con alquitrán y
carbón inglés. Las máquinas se importaron desde Europa y ya para
mediados de 1900 la planta se hallaba en producción. La misma quedó
instalada junto a la estación principal del ferrocarril, del mismo
modo que un aserradero para la producción de madera de construcción,
lo que daba al conjunto un carácter de pequeño complejo minero-
industrial.
La producción de carbón iniciada hacia 1899 había ido aumentando poco
a poco, estimándosela en alrededor de 12.000 toneladas anuales para
1906, cantidad que se mantendría estable como promedio durante los
años siguientes llegando a ser de 14.200 toneladas durante 1913.
Consumidores principales de la misma eran los vapores de la flota
mercante regional, algunas industrias (frigoríficos, maestranzas y
usina eléctrica de Punta Arenas) y la población de la ciudad para uso
doméstico, y en menor grado para el consumo de establecimientos
rurales (estancias ganaderas).
En 1906 el total de las faenas de que se ha dado cuenta daba
ocupación a 50 hombres. La pertenencia minera cubría 500 hectáreas y
se habían adquirido también algunas propiedades urbanas y suburbanas
para el funcionamiento de las diferentes actividades, y obtenido
asimismo una concesión para la explotación forestal destinada
esencialmente a la fabricación de postes para el enmaderado de las
galerías. Todo un complejo productivo en verdad, representativo de
una inversión ciertamente cuantiosa.
Hacia 1914 se interesó por el yacimiento carbonífero Loreto el
poderoso empresario magallánico José Menéndez, quien de ese modo tras
un acuerdo con Agustín Ross adquirió sus derechos, instalaciones,
maquinarias y demás, los que fueron puestos a nombre de la Sociedad
Anónima Ganadera y Comercial Menéndez Behety.
Bajo su dominio y administración se hicieron nuevas inversiones en
instalaciones, material ferroviario (se adquirieron otras dos
locomotoras Baldwin y más carros de diversa clase19), y se incrementó
la producción, tanto que para 1923-24 superaba las 30.000 toneladas
anuales de carbón, parte importante de la cual era exportada a la
República Argentina.
Las instalaciones en el sector de bocamina tenían por entonces el
aspecto de una aldea, escuela primaria particular incluida, y hasta
el lugar era costumbre entre el vecindario puntarenense de esos
tiempos hacer visitas de conocimiento y agrado durante los días
festivos, viajando en el ferrocarril carbonero, disfrutando del
paisaje ribereño del río de las Minas, entonces densamente arbolado.
Aunque a contar de los años de 1920 se incorporaron a la producción
carbonífera otras minas, tanto en Brunswick como en la isla Riesco,
Loreto siguió siendo la más importante, enterando aproximadamente el
cincuenta por ciento de la producción regional hasta 1939, que entre
tanto había crecido hasta superar en 1937 las 65.000 toneladas.
El año indicado la Mina Loreto produjo 30.905 toneladas, pero a
contar de 1940 la producción fue decayendo notoriamente con lo que la
Sociedad Menéndez Behety no pudo cumplir con la obligación asumida en
1937 al renovar la concesión carbonífera, en cuanto a producir un
mínimo de 20.000 toneladas anuales. Contribuyeron a ello dos
circunstancias imprevistas: la ocurrencia de algunos desastres
naturales (crecidas del río de las Minas) que afectaron a puentes y
terraplenes y por tanto impidieron el tráfico normal del ferrocarril,
y la vigencia de la Segunda Guerra Mundial que tornó imposible la
adquisición de repuestos y la renovación del material rodante. Para
remate, la Municipalidad de Punta Arenas exigió a la compañía
levantar la vía en el sector que la misma atravesaba una parte de la
ciudad (otro tramo hasta el puerto ya había sido levantado con
anterioridad), lo que se cumplió en febrero de 1948.
Antes todavía, en 1946, el directorio de la Sociedad había
considerado que la explotación era francamente antieconómica y acordó
suspenderla definitivamente. Determinó entonces arrendar la mina a
terceros, prefiriéndose en primera instancia al Sindicato
Industrial "Mina Loreto", esto es, a los mismos trabajadores del
mineral.
El arrendamiento se hizo en condiciones muy favorables para estos,
incluyendo préstamos de dinero y sin garantía alguna.
Entendemos que este es el único caso ocurrido en Chile en que se haya
entregado la explotación de una Mina en pleno funcionamiento, con
todas sus instalaciones, elementos de trabajo y transporte, bodegas y
maestranzas, a un Sindicato Obrero Industrial, sin estar amparado por
fianzas ni cauciones de ninguna índole, expondría más tarde la
gerencia general de la Sociedad Menéndez Behety en nota dirigida al
Intendente de Magallanes, general Enrique Calvo20.
La experiencia de explotación resultó un fracaso completo, y en 1948
la mina volvió a manos de la concesionaria. Entonces, otra vez se
decidió arrendar a un tercero, en el caso al empresario Máximo
Álvarez.
La época dorada de la explotación de la Mina Loreto había llegado a
su término a la vuelta de medio siglo de actividad.
TABLA II
Producción de la Mina "Loreto" (1901-1946*)
----------------------------------------------------------------------
----------
1901-1905
Sin datos
1906
12.000
Toneladas
1907-1912
Sin datos
1913
14.200
Toneladas
1914-1915
11.462
Toneladas
1916
13.070
Toneladas
1917
18.506
Toneladas
1918
22.886
Toneladas
1919
22.128
Toneladas
1920
29.134
Toneladas
1921
21.588
Toneladas
1922
11.309
Toneladas
1923
17.423
Toneladas
1924
27.748
Toneladas
1925
32.451
Toneladas
1926
34.542
Toneladas
1927
36.008
Toneladas
1928
36.344
Toneladas
1929-1938
Sin datos
1939
30.905
Toneladas
----------------------------------------------------------------------
----------
*Fuentes: Propias del autor y Memorias S.A.G.C. Menéndez Behety.
a.2) Otras minas de Brunswick
Entrada la tercera década del siglo la explotación del carbón parecía
ser un negocio convincente para algunos empresarios y así fue como
durante los años que siguieron a 1920 surgieron varias minas
independientes tanto en el distrito de la península de Brunswick como
en la isla Riesco y Última Esperanza.
El primero sobre el que se posee información es el correspondiente a
la Mina "Soledad", cuya explotación fue impulsada primeramente por
Juan Cañón, José y Evaristo Andía, todos pequeños empresarios
españoles radicados en Punta Arenas, para lo cual obtuvieron nueve
concesiones mineras valle adentro del río de las Minas, al oeste de
la Mina Loreto, sobre ambos flancos de la formación carbonífera de
ese nombre (1919). Decidieron realizar una explotación conjunta que
llamaron Mina "Soledad".
Tras una explotación preliminar en pequeña escala y contando con una
satisfactoria prueba de rendimiento realizada en una nave de la
Armada Nacional, los empresarios mencionados consiguieron interesar a
otros vecinos de Punta Arenas, Nicanor Molinare, Luis Cevallos y
Florencio Gómez Olivares, con los que constituyeron la
Comunidad "Chile-España", con el propósito de explotar la mina en
gran escala. Así entonces, se empeñaron en reunir el capital
suficiente para el emprendimiento sin que se haya sabido del
resultado de la gestión, que ha de suponerse fallida pues no hemos
encontrado otra referencia sobre esta mina. Podría conjeturarse que
entre las razones que impidieron la explotación estuviera también la
de la escasa simpatía que pudo tener la iniciativa entre los
directivos de la casa Menéndez Behety, toda vez que amén de eventual
competidora la nueva mina, toda la circulación hacia y desde la
misma, así como la salida de la producción habría debido hacerse por
terrenos y con el posible uso de los medios de transporte de la Mina
Loreto.
Años después se constituyeron nuevas pertenencias carboníferas en el
flanco sur de Loreto que dieron origen a dos nuevas explotaciones
conocidas como Mina "El Chino" y Mina "Chinita". La primera fue el
fruto de una iniciativa de un hombre con idesmentible afición por el
negocio minero, el industrial Cardenio Rivas Durán, quien había
participado años atrás en la fallida explotación cuprífera de Mina La
Serena (Puerto Bahamóndez, canal Gajardo). Rivas obtuvo en 1929 una
concesión carbonífera que denominó "El Chino" (50 hectáreas) ubicada
en una hijuela de su propiedad en el sector del chorrillo Lynch, zona
sudoeste de Punta Arenas. Para su explotación Rivas se asoció con un
empresario croata, Gregorio Martic, constituyéndose en agosto del
mismo año la Sociedad Comercial Colectiva Rivas y Martic.
La actividad se planeó en debida forma y para el efecto la firma
alemana Vorwerck y Cía. de Valparaíso ofreció e importó desde
Alemania para la sociedad mencionada, un andarivel sistema Bleichert,
tipo monocable, para el transporte por gravedad de carbón y madera, a
fin de aprovechar la diferencia de altura entre la bocamina y la
estación de carguío prevista para el mineral. El pedido incluía las
estructuras de las torres metálicas de soporte, cables, vagonetas y
demás. Todo ello por un valor de 2.600 libras esterlinas.
Los equipos llegaron a Punta Arenas a comienzos de 1930 y las obras
de construcción de fundaciones y de instalación del equipo tomaron
algunos meses. Al quedar terminadas quedó a punto de servicio el
primer y único andarivel para uso minero que se ha conocido en
Magallanes, con una longitud de poco más de cuatro kilómetros en un
desnivel de 280 metros, con capacidad para transportar seis toneladas
de carbón por hora, a una velocidad moderada. Era, sin duda, una
solución técnica inteligente que resolvía en condiciones muy
económicas el problema del transporte de mineral, toda vez que los
caminos de acceso al área de la mina propiamente tal o eran malísimos
o bien no existían.
En el curso de ese año se incorporó como nuevo socio capitalista el
empresario de origen croata Santiago Pesutic, con lo que la entidad
pasó a denominarse Sociedad Rivas, Martic y Cía., teniendo en la
misma el primero la condición de socio industrial responsable de la
producción carbonera, y los otros la de socios capitalistas
administradores. En 1932 se incorporó otro croata, Simón Cvitanic,
también como socio capitalista, pasando la sociedad a girar bajo el
nombre de Rivas, Cvitanic y Cía. Esta entidad se disolvió a su vez en
1936, retirándose los socios originales, haciéndose cargo Pesutic y
Cvitanic del activo y pasivo sociales. Estos a su vez formaron la
Sociedad Carbonífera Mina "El Chino", nueva entidad que adquirió la
antigua propiedad minera, constituyendo de paso otras dos
pertenencias nombradas "Dos Amigos" 1 y 2.
En el transcurso de los cambios sociales se había avanzado lentamente
en la habilitación de la mina, que quedó lista hacia fines de la
década. La estación de carguío estaba situada a unos dos kilómetros
de Punta Arenas, camino del monte Fenton, desde donde se movilizaba
el carbón para su distribución en la ciudad. De su producción se
poseen datos para los años 1939 y 1940, que fue de 2.342 y 2.892
toneladas respectivamente, toda para consumo domiciliario de la
población puntarenense.
Entre tanto en 1941 la sociedad acordó incorporar como nuevo
asociado, en un tercio de los derechos, al industrial Ramón Pedrero,
quien asumió la responsabilidad de llevar adelante la explotación
minera. Sensiblemente, a poco andar, un incendio destruyó las
instalaciones principales en bocamina y la actividad productiva se
paralizó definitivamente. Años después, en 1946, ya retirado Simón
Cvitanic de la compañía, los socios Pesutic y Pedrero determinaron
arrendar la Mina "El Chino" a José Apablaza, de quien se ignora si
intentó su explotación.
En buenas cuentas, de este caso bien puede afirmarse que hubo mucho
papeleo y escasa producción de carbón, resultado en el que
confluyeron al parecer las desinteligencias entre los asociados y un
lamentable siniestro.
En el mismo sector sur del río de las Minas -zona del chorrillo Lynch-
el empresario Francisco Cekalovic, que tenía a cuestas una
experiencia minera en la isla Riesco, constituyó pertenencias que
llamó "Chinita" 1, 2 y 3. La única producción que hemos podido
registrar para la misma fue de 1.271 toneladas para el año 1943. Lo
poco que se conoce sobre esta mina sugiere que se trató de una
explotación más bien modesta, que sin embargo se mantuvo por unas dos
décadas.
En el flanco norte de Loreto se abrieron otras dos minas. Una, en
1939, denominada "Punta Arenas", por cuenta del empresario de origen
español Avelino Fernández; y otra, que se llamó "Servidora", por el
mismo tiempo gestionada por el croata Pedro Draguisevic. La primera
parece haber sido más importante que la segunda, a juzgar por las
cifras de producción que han podido compulsarse. Así, mientras "Punta
Arenas", produjo 2.157 toneladas en 1940 y 2.585 en 1943, para la
otra tenemos las cantidades de 236, 605 y 240 toneladas de carbón
para los años de 1939, 1940 y 1943, respectivamente. Años después,
1946, el comerciante de origen palestino Vicente Félix Serán abrió la
Mina "Estela", de cuya explotación y producción se carece de
antecedentes21.
Todas estas minas menores tenían en común tanto la estacionalidad de
la producción (primavera, verano y parte del otoño), por la
dificultad para acceder a ellas durante la época invernal, habiendo
como había caminos harto precarios o simples huellas para carretas;
cuanto la precariedad del sistema de extracción, apenas artesanal. El
mineral extraído era por lo común de baja calidad, con mucho residuo
al ser quemado (escoria), por tanto únicamente utilizable para el
consumo doméstico menos exigente.
Hacia el noroeste de la formación Loreto, ya en la vertiente de
Brunswick que cae al mar de Otway, en el sector conocido desde
antiguo como Mina Rica estuvieron en funcionamiento varias
explotaciones, a partir de mediados de los años de 1930 y por
diferentes períodos.
La más antigua fue la mina abierta en el sector de Tres Puentes por
la Sociedad Ganadera Bitsch Hermanos, propietaria de los terrenos,
que tras su descubrimiento en 1936 y una vez obtenida la
correspondiente concesión minera, la puso en explotación en el curso
del año siguiente. A poco andar se hizo notar como una actividad
extractiva de alguna importancia, aunque no comparable a la de la
antigua Mina Loreto. Hacia 1938 la Mina "Tres Puentes" fue arrendada
por cinco años por un consorcio formado por el empresario Hermann
Henkes y el ingeniero de minas Jorge Pacheco. A ellos se incorporó
Alberto Harambour, un joven empresario que había servido como
transportista de carbón para Bitsch Hermanos, conjuntamente con su
hermano Marcos, quien lo hizo en calidad de socio industrial y como
tal asumió la responsabilidad operativa.
La producción fue creciendo paulatinamente, desde 7.223 toneladas en
1939 hasta alcanzar la cantidad récord de 33.731 toneladas en 1943,
aumento que se explica en el último caso por la demanda de carbón
para la exportación a la República Argentina, circunstancia que
exigió una operación extractiva en tres turnos de trabajo durante las
veinticuatro horas, pues los embarques se avisaban con pocos días de
anticipación y era necesario satisfacer los pedidos con la mayor
rapidez. Sin embargo, el principal cliente de la mina fue por estos
años la usina eléctrica de Punta Arenas, que requería el mineral en
forma de carboncillo. Pasado 1943 la explotación se vio afectada por
la crisis que se cernía sobre la minería carbonífera magallánica, lo
que se advirtió en el descenso notorio de la producción, situación
que culminaría después de 1950 con la paralización y cierre de la
mina, obligada además por el agotamiento del manto en explotación.
Terminado en 1943 el arrendamiento a que se ha hecho mención, Henkes
determinó retirarse, mientras que Pacheco y Harambour decidieron
seguir trabajando a medias. Para ello arrendaron al abogado Miguel
Brzovic la concesión minera que poseía sobre la mina que fue
llamada "Vulcano".
Empleando elementos mecanizados, que incluyeron una gran pala a vapor
para la extracción del mineral, los empresarios consiguieron elevar
la producción que había sido de solo 930 toneladas en 1939 y de 1.876
al año siguiente, a 11.897 en 1943, cantidad que se mantuvo
relativamente pareja durante los años siguientes. El cliente
principal fue desde entonces la usina eléctrica de Punta Arenas de la
que "Vulcano" pasó a ser el principal abastecedor en vez de la
Mina "Tres Puentes". La sociedad de facto entre Pacheco y Harambour
terminó hacia 1945 con el retiro del primero, que fue enviado por la
CORFO, para la que trabajaba, a perfeccionarse en los Estados
Unidos22, asumiendo por consecuencia el segundo la exclusividad de la
responsabilidad productiva.
En el mismo sector de que se trata estuvo en producción hacia 1930-40
la Mina "Fernández Rocuant", operada por la sociedad comercial del
mismo nombre. Era una explotación pequeña, de carácter artesanal, que
entregó 214 toneladas de carbón en 1939 y otras 564 en 1940, tiempo
hacia el que al parecer se paralizó la producción.
Por fin, más al norte, ya en la costa occidental de la península de
Brunswick, la Sociedad Ganadera y Comercial Sara Braun, propietaria
de los campos del sector (estancia "Peckett Harbour"), puso en
explotación a fines de la década de 1930 unos mantos descubiertos
tiempo antes. Fue la Mina "Peckett", denominación tomada de la de
aquel establecimiento, cuyo carbón ganaría rápida fama entre los de
Brunswick por su mejor calidad. En su explotación se utilizó un
sistema extractivo más moderno que el empleado en otras minas del
distrito de que se trata. La primera cifra de producción conocida fue
de 400 toneladas en 1939, que tres años después se había más que
cuadruplicado llegando a 1.793 toneladas de excelente mineral.
Ese era en síntesis el cuadro productivo carbonífero en la península
de Brunswick hacia la mitad del siglo XX23.
b) Isla Norte (Tekenika)
En el curso de 1901, durante una visita realizada por el crucero
Presidente Errázuriz de la Armada de Chile a la estación misionera
evangélica ubicada en la bahía de Tekenika, isla Hoste, archipiélago
austral de la Tierra del Fuego, el comandante de la nave, capitán de
fragata Luis Gómez Carreño, dispuso que se efectuara el relevamiento
hidrográfico de aquel accidente. En el curso de esa operación se
descubrió una veta carbonífera en una barranca litoral, sin que por
entonces el asunto pasara más allá del hallazgo, para contentamiento
de los misioneros que temían una avalancha de mineros, como
aconteciera años antes durante la época aurífera con serio riesgo
moral y físico para la población indígena yámana del lugar y su
entorno. Al respecto, no deja de sorprender la ubicación de un manto
carbonífero en una posición geográfica muy alejada de la cuenca
magallánica, según se la ha descrito en un comienzo.
Pasó el tiempo y algunos años después, en diciembre de 1904, en el
contexto de la fiebre aurífera que sacudió el ambiente mercantil
puntarenense, se constituyó en el escritorio del abogado Santiago
Edwards la Tekenika Coal Mining Company, para explotar los mantos de
carbón descubiertos en la bahía misionera y su vecindad. Al parecer
no se pasó de eso, quizá una movida especulativa como fue común en el
tiempo, y nunca se intentó la explotación del yacimiento; el caso es
que jamás, que se sepa, volvería a mentarse el carbón de Tekenika.
c) Isla Riesco
En 1918 y tal vez sin que durante el lapso que había mediado desde
fines del siglo XIX hubieran dejado de realizarse algunas preciarias
y primitivas extracciones de carbón en los yacimiento conocidos de la
costa norte de la isla Riesco, el ingeniero noruego Ove Gude,
radicado desde tiempo antes en Magallanes, descubrió nuevos mantos
carboníferos con mineral de mejor calidad en el sector de la Mina
Magdalena, cuya explotación emprendió de inmediato, obteniendo una
regular producción. La marcha promisoria de la explotación llevó a
Gude a asociarse con un connacional, el armador de Punta Arenas Hans
Samsing, naciendo así en 1922 la Comunidad Minas de Carbón de Río
Verde, entidad que pudo impulsar en mejor forma la actividad al grado
de situarla, para la época, en el segundo lugar entre las
explotaciones carboníferas regionales. Sus instalaciones iniciales
incluían el uso de un guinche y bomba de vapor para el servicio de la
mina, un aserradero a vapor para elaborar las maderas necesarias para
los edificios e instalaciones y el maderamen de las galerías, y un
muelle de longitud suficiente como para permitir su uso por barcos de
hasta doce pies de calado, el que más tarde sería ampliado hasta
tener 25 pies de agua en baja marea. Para el embarque de carbón se
instaló una línea Decauville con carros y elementos suficientes para
una entrega de veinte toneladas por hora. Por fin, un gran depósito
capaz de contener hasta 1.000 toneladas de carbón, pudiéndose así
embarcar hasta 500 toneladas por día. El campamento minero
correspondiente, con viviendas, talleres, cocina y otros servicios,
reunía 66 habitantes en 1920. Durante 1922 se extrajeron de la mina,
denominada "Elena", 3.500 toneladas de carbón, parte del cual fue
vendido para consumo en la ciudad de Punta Arenas y otra parte
destinada a la exportación a la República Argentina que comenzaba a
abrirse como un interesante mercado. El curso favorable del negocio
condujo a los comuneros a incorporar algunos socios capitalistas, con
los que se constituyó una sociedad en comandita que se denominó
Compañía de Minas de Carbón Río Verde.
Además de la Mina "Elena", otros dos yacimientos de la isla Riesco
fueron puestos en trabajo durante la década de 1920. Uno de ellos fue
denominado Mina "Chilenita", explotado a partir de 1924 por la
comunidad formada por Jorge Ihnen y Francisco Cekalovic. Se trataba
de un establecimiento más bien pequeño, aunque dotado de un buen
campamento para sus trabajadores y con un muelle para el carguío del
carbón que era embarcado y despachado a Punta Arenas, su principal
centro consumidor. No se poseen cifras precisas sobre su producción,
pero dada la actividad que tuvo a lo largo de una década de vigencia
puede estimársela en varios miles de toneladas. La mina paralizó su
producción a fines de los años de 1930 o a principios de los 40. La
otra mina puesta en actividad fue la nombrada "Tres Hermanos",
ubicada en el mismo paraje de la antigua "Magdalena" de Jorge Meric y
cuyo laboreo regular se inició por cuenta de la firma Vicente &
Antonio Kusanovic de Punta Arenas, arrendataria de los campos
fiscales en donde aquella se encontraba. Su período de actividad fue
breve, desarrollándose una producción modesta a juzgar por las
cantidades que se conocen para los años 1940 y 1943, que fue de 765 y
647 toneladas, respectivamente. Hacia esta última época la mina pasó
a manos de la Sociedad Carbonífera Josefina, en la que tenía una
participación mayoritaria la Sociedad Ganadera José Montes, de Punta
Arenas, que puso en actividad una nueva explotación que se llamó
Mina "Josefina", cuya producción fue destinada principalmente al
mercado argentino de la Patagonia. En 1940 su producción alcanzó a
3.118 toneladas, subiendo a 11.062 tres años después.
Pero fue la Mina "Elena" el establecimiento productor de carbón que
alcanzó un mayor desarrollo y proporciones, tipificando la vida
económica del distrito de Río Verde por un par de décadas, la de los
años de 1930 y 1940. Allí se formó un importante establecimiento, con
empleo de elementos mecanizados y el uso inicial de la fuerza del
vapor, que en 1940 agregó el de la energía eléctrica, siendo así el
primer establecimiento rural de Magallanes en adoptar esa expresión
de modernidad productiva. Contaba con un gran shooter para el carguío
de mineral e instalaciones complementarias tales como depósito,
bodegas, maestranza y talleres, pulpería, escuela y demás
requerimientos para una población que llegó a superar los cuatro
centenares de almas pasado 1940. En rigor histórico, el poblado de
Mina Elena fue el único con características singulares en el
acontecer minero carbonífero de Magallanes. Para entonces, importa
mencionarlo, la Sociedad Ganadera José Montes había adquirido la
propiedad accionaria de la Compañía Minas de Carbón Río Verde.
De ese modo, entre los años de 1925 y 1953 la minería de carbón en la
isla Riesco vivió su época de oro, alcanzándose una producción récord
de 100.000 toneladas en 1943, esto es, dos tercios del total
regional, que estuvo destinada toda ella o la mayor parte a la
exportación hacia Buenos Aires y otros mercados argentinos. Entonces
la Mina "Elena" contribuyó a ese total con una producción que llegó a
81.026 toneladas, vale decir, más que duplicó la mejor cifra conocida
con anterioridad para la Mina "Loreto", y con un carbón de indudable
mejor calidad calorífica, lo que explica su gran aceptación. Durante
esos años, especialmente en los correspondientes al primer tercio de
la década de 1940, los vapores de las distintas compañías regionales,
así como naves de bandera extranjera iban y venían entre las
minas "Elena" y "Josefina" y Punta Arenas, y también navegaban hacia
y desde puertos argentinos, animando un tráfico permanente y
expresando una actividad de gran importancia para Magallanes.
d) Última Esperanza
El inicio histórico de la explotación carbonífera en la zona norte de
Magallanes, en el distrito histórico de Última Esperanza, debe
remontarse hacia 1925, época en que Enrique Rothenburg, un empresario
de Punta Arenas, intentó aprovechar los mantos carboníferos
descubiertos en la sierra Baguales. Aunque la explotación se hizo
efectiva, el esfuerzo debió paralizarse por lo antieconómico que
resultó el transporte del mineral extraído hasta Puerto Bories y
Puerto Natales que eran los principales centros de consumo previstos,
situados a centenar y medio de kilómetros de distancia. Esta
circunstancia, unida a la precariedad de los caminos y a la reducida
capacidad de carga de los automotores de la época, condujo a
Rothenburg a pensar en la posibilidad de construir un ferrocarril
para tal objeto, pero pronto la idea debió desecharse y la actividad
extractiva se paralizó. La explotación intentó ser reactivada más
tarde por otros empresarios puntarenenses, Ernesto Pisano y Carlos
Fischer, pero resultó ser igualmente infructuosa y una vez más se
abandonó la extracción mineral.
El próximo intento de que hay memoria estuvo a cargo de la Sociedad
Carbonífera Montero, constituida por 23 vecinos de Puerto Natales,
entre otros Alfredo Traut, Kenneth Morrison, Lino Montecinos,
Constantino Gafo, Venancio Fanjul, Floridor Sobarzo y Rafael
Imperatore. El propósito era el de explotar los mantos descubiertos
en la parte alta de la sierra Dorotea, en la proximidad de la
frontera con la República Argentina. La concesión minera fue
concedida a nombre de Traut en 1935 y se sabe que dos años después se
había iniciado la producción de carbón, de buena calidad, que estuvo
destinada principalmente al abastecimiento de los frigoríficos de
Puerto Natales y Puerto Bories, de la población de Puerto Natales. De
esta mina, nombrada "Natales", se conocen los siguientes datos de
producción:
----------------------------------------------------------------------
----------
1939
1.500 toneladas
1940
564 toneladas
1941
743 toneladas
1942
3.782 toneladas (hasta octubre)
1943
5.792 toneladas
----------------------------------------------------------------------
----------
Como sucedió por entonces con otros yacimientos carboníferos en
explotación en Magallanes, alcanzando el peak productivo en 1943, la
actividad entró en una fase menguante de la que no se recuperaría.
Se sabe también de otra actividad del género, aunque no pasó de una
fase inicial o tentativa, ahora referida a otro yacimiento ubicado en
el sector septentrional de la Sierra Dorotea, zona del valle del río
Tres Pasos, unos 40 kilómetros al norte de Puerto Natales.
Allí en época indeterminada, que debe situarse hacia fines de los
años de 1930 o comienzos de la década siguiente, Floridor Sobarzo, ya
mencionado, Juan B. Díaz y Lorenzo Mella, igualmente vecinos de la
ciudad mencionada, descubrieron un afloramiento carbonífero que
denominaron mina "Tres Pasos", cuya explotación pareció interesante.
El análisis de las muestras extraídas hecho en el Laboratorio Químico
Municipal de Punta Arenas, dio un poder calorífico de 5.480 calorías
para el mineral. Con ese antecedente y no disponiendo de capital para
llevar adelante la empresa, en 1943 los descubridores, que habían
constituido la pertenencia minera a sus nombres, optaron por ofrecer
su transferencia a Finn Samsing, empresario de Punta Arenas. Sin
embargo de su interés inicial ni el negocio ni la explotación
llegaron a concretarse por razones que se desconocen.
2. Relevancia de la minería carbonífera magallánica al promediar el
siglo XX
En la historia económica de Magallanes durante la primera mitad del
siglo XX, en particular en la parte final de la misma, la información
disponible es más bien escasa y mucho más todavía en lo tocante a la
minería carbonífera, sin embargo de la importancia evidente que para
la época revistió la última. Afortunadamente, para el caso, se
dispone de una memoria preparada por alumnos del antiguo Instituto
Comercial de Punta Arenas24, y a la misma nos remitimos, usando de
sus datos, para considerar la relevancia de la actividad por esos
años.
De partida la producción carbonífera que en 1940 había superado por
vez primera las 100.000 toneladas anuales (108.678), prosiguió
creciendo de modo sostenido llegando a ser de 173.569 toneladas en
1943, cantidad que por años sería el peak histórico de la misma
(Tabla III).
Razón directa de ese aumento era la demanda de carbón para la
exportación a la República Argentina, desde que con el comienzo de la
Segunda Guerra Mundial ese país se había visto privado del
abastecimiento de carbón de Polonia, producto del que consumía gran
cantidad para satisfacer los requerimientos de energía y fuerza de su
industria, lo que movió a los importadores argentinos a recurrir a un
antiguo proveedor como era Chile y, en lo que interesa, a Magallanes,
que desde fines de los años de 1910 abastecía en escala menor a
mercados locales de la Patagonia oriental. Así entonces, la demanda
subió de punto y parte importante del mayor esfuerzo productivo
regional se destinó a la exportación a Argentina y, ocasionalmente,
también a Uruguay y Brasil.
Las minas con mayor producción eran entonces "Elena" y "Josefina", de
la isla Riesco, y "Tres Puentes", "Loreto" y "Vulcano", de la
península de Brunswick, cuya producción conjunta representó el 93%
del total regional que incluía a otras seis minas.
El destino de la producción en porcentaje, sobre la base de los
antecedentes disponibles para 1943, era el siguiente:
----------------------------------------------------------------------
----------
Exportación
40%
Consumo domiciliario Punta Arenas y Porvenir
25%
Marina mercante y Armada de Chile (consumo de naves)
23%
Usina eléctrica de Punta Arenas
8%
Industria regional
4%
----------------------------------------------------------------------
----------
Ahora bien, en la época no se llevaban las cuentas regionales como se
hace en el presente y por tanto es imposible saber cómo concurría la
producción carbonífera a la formación del producto geográfico
regional, pero, sin embargo de ello, puede afirmarse que la misma
debió haberse situado en segundo lugar, tras la gravitante primera
importancia de la producción ganadera y sus derivados industriales
propia del tiempo histórico que se considera. De igual modo, como
fuente de ocupación de mano de obra la minería del carbón
representaba una actividad interesante. En el año indicado y
considerando solamente siete minas, para el mes de junio, esto es, el
período del año con la menor ocupación por razones estacionales (muy
marcadas en la época), esos establecimientos daban trabajo a 692
personas, cantidad que razonablemente pudo ser bastante mayor en la
estación veraniega y, como tal, no irrelevante en el conjunto de la
población masculina activa de la Región. De ese total, solo las
minas "Elena" y "Josefina" concentraban el 69% del empleo, lo que
destaca otra vez su importancia relativa. Por fin, para concluir el
parágrafo, debe mencionarse que la producción carbonífera máxima
precedentemente señalada representó entonces el 7,7% del total
nacional en ese rubro mineral.
3. Decadencia de la producción carbonífera (1951-1980)
La vuelta del siglo trajo consigo la declinación progresiva de la
actividad extractiva durante los siguientes treinta años, con lo que
tendría término el extenso lapso durante el cual tuvo desarrollo la
que denominamos minería carbonífera histórica.
Así como el principio de la segunda conflagración mundial había sido
la razón indirecta suficiente para estimular el desarrollo productivo
del carbón, su término en 1945 significó la baja notoria de las
exportaciones con la normalización en el comercio mundial que trajo
consigo la paz, las que virtualmente cayeron a cero al cabo de un
lustro. Ello se advierte mejor con la comparación del promedio de
producción registrado para el período 1941-1945, que fue de 143.045
toneladas anuales, en tanto que en el segundo alcanzó a 78.608
toneladas, o sea una caída cercana al 50%.
Si de suyo las mismas habían representado desde varios años antes a
lo menos un tercio de la producción, esta no se estabilizó sino que
continuó descendiendo aunque con más lentitud durante los años de
1950 y los que siguieron hasta 1980. Los promedios para las tres
décadas fueron:
----------------------------------------------------------------------
----------
1951-1960
64.987
toneladas anuales
1961-1970
47.724
toneladas anuales
1971-1980
14.900
toneladas anuales
----------------------------------------------------------------------
----------
Aunque se trata de promedios, la verdad es que durante la última
década la caída fue vertiginosa a contar del lustro 1976-80, tanto
que la producción de carbón descendió prácticamente a cero,
señalándose así la paralización virtual de la actividad.
Responsables de ese descenso, además de la pérdida del mercado
externo, fueron las circunstancias propias de la crisis que se abatió
sobre la economía magallánica desde el comienzo de la postguerra
hasta 195325. En síntesis, con la paz mundial sobrevino la caída en
la demanda de carnes y ello determinó en pocos años el cierre de tres
de los grandes frigoríficos que producían carne de reses ovinas para
la exportación a Europa, a Gran Bretaña particularmente, y de todas
las graserías que elaboraban sebo para uso industrial, unos y otras
consumidores de carbón; añádase el impacto indirecto de ello en
industrias subsidiarias y en servicios para entender una baja
adicional y, por fin, el colapso de la navegación mercante regional
al cabo de sesenta años de actividad, con repercusión notoria en la
pérdida de consumo.
Pero hay más, la postguerra expandió por el mundo con inusitada
rapidez el reemplazo de la fuerza motriz generada por el vapor -que
requería del carbón como combustible-, por el consumo del petróleo
diésel, con lo que se agregó una nueva y significativa baja en la
demanda industrial. Y antes que la actividad extractiva de carbón se
volviera a estabilizar en baja, se hizo notar paulatinamente la
consecuencia de la sustitución de dicho combustible en el uso
hogareño por el consumo de gas licuado, y natural posteriormente. Con
este golpe de gracia la producción histórica no demoró en caer al
nivel absolutamente mínimo, de ninguna significación.
Considerada la situación por distritos carboníferos, el primero que
resintió el embate de la baja fue la isla Riesco, que principalmente
producía mineral para la exportación. El mismo fue de tal fuerza que
para 1952-53 las dos minas que quedaban, "Elena" y "Josefina", esta
antes que aquella, paralizaron su actividad y comenzaron a ser
desmanteladas.
En el distrito de Brunswick la situación fue un tanto diferente. En
efecto, en lo referido al sector Loreto, la mina homónima prosiguió
después de 1950 su producción a manos de un arrendatario, aunque
siempre en descenso resentida por la escasa demanda y pasado 1960
acabó por paralizar toda actividad. Otro tanto ocurrió con las
minas "Punta Arenas", "Estela" y "Servidora" que lo hicieron en
diferentes momentos del período. También se sabe de otras minas, como
la nombrada "Arauco", explotada por un tal Ramón Sigonier; "Soledad",
que lo era por Juvenal Sepúlveda, caso en el que no podría
descartarse que se tratara de la anterior mina homónima; y "El
Bosque", de Leandro Fernández. Todas ellas eran explotaciones menores
que parecen haber estado en manos de arrendatarios de los titulares
de las correspondientes pertenencias. De ellas se desconoce tanto la
producción que en todo caso hubo de ser muy baja y el período en que
se mantuvieron en actividad. En el flanco sur, el sector Lynch, la
Mina "Chinita" que venía en baja sostenida fue vendida en 1955 por su
concesionario Francisco Cekalovic a un connacional, Santiago Florio,
empeñoso pequeño empresario que había trabajado con anterioridad en
servicios de transporte para la Mina "Elena". No tuvo suerte Florio y
debió abandonar al cabo de un tiempo la mina, cuyas galerías se
inundaron e inutilizaron completamente a raíz de las grandes
nevazones del invierno de 1958. Incansable, se esforzó en conseguir
una nueva concesión carbonífera en el sector, que obtuvo al cabo de
dos años y la llamó Mina "Santa Rosa", poniéndola en producción en
1960. Se trató en todo caso de una explotación algo más que
rudimentaria y que con tenacidad increíble mantuvo hasta los años de
1980, con una producción bajísima, no superior a unas 2.000 toneladas
anuales, que todavía se redujo más pues en la realidad ya no había
compradores para el mineral. Santiago Florio por su empuje y porfía
devino una suerte de pionero tardío y final para una actividad minera
que en 1980 no brindaba perspectiva de futuro.
En el sector de Mina Rica (Tres Puentes), al agotarse la mina de este
nombre, la sociedad concesionaria, Bitsch Hnos, que había recuperado
su explotación, tras ubicarse un nuevo manto productivo, se preparó
para dejarla en estado de producir. Cuando así parecía que iba a
suceder, un incendio intencional consumió totalmente las
instalaciones, dando al traste con los planes empresariales y la
iniciativa se abandonó definitivamente antes de 1960.
A su tiempo otro porfiado empresario carbonero como era Alberto
Harambour mantuvo la producción de la Mina "Vulcano", aunque en baja,
hasta 1957, año en que decidió cerrar la mina. Para entonces contaba,
desde el año anterior, con una nueva concesión, ahora algo más al
norte, en el sector de Peckett. Allí abrió una explotación que llamó
Mina "Salvadora", que solo alcanzó a mantener en producción a baja
escala por un año, hasta 1958, pues debió enfrentar el hostigamiento
de la Sociedad Ganadera y Comercial Sara Braun, propietaria minera
del yacimiento Peckett. Aunque Harambour ganó el pleito judicial que
aquella le entabló por la legitimidad de la pertenencia carbonífera,
acabó desilusionado y decidió paralizar del todo la actividad.
Quedó así como única productora de alguna importancia en Brunswick la
Mina "Peckett", que fue explotada por su concesionaria con algún
grado de modernidad tecnológica. Su producción favorecida por la
extracción de un carbón de buena calidad, se elevó y mantuvo
promediando las 30.000 toneladas anuales por alrededor de una década,
pero al fin, afectada como otras minas anteriores por las
circunstancias conocidas y la nula demanda de carbón, la misma se
redujo notoriamente y acabó por paralizarse la explotación pasado
1970.
Tocante al distrito de Última Esperanza, sector de la antigua
Mina "Natales", que había pasado a ser conocida como Mina "Chilena"
para diferenciarla de la contigua argentina "Mina Uno", del gran
yacimiento de Río Turbio, su producción había sufrido los mismos
avatares que los establecimientos del género de más al sur de la
Región: cada vez menos demanda y consecuencialmente menores ventas y
una explotación progresivamente antieconómica. En su gestión se
sucedieron varios esforzados empresarios, entre los que cabe recordar
a Manuel Tolosa, Marcos Harambour, Mario Rodríguez y el ya conocido
Santiago Florio (entre 1960 y 1963), sin que se consiguiera levantar
la producción, en baja constante. La mina se cerró en 1968 tras
paralizar la actividad su único consumidor importante, el frigorífico
Bories.
Cuando la explotación carbonífera en el sector parecía cosa olvidada,
años después, en 1975, el ente estatal argentino Yacimientos
Carboníferos Fiscales, que operaba en la cuenca del Turbio, planteó
por la vía diplomática su interés por explotar la parte del manto de
carbón situada en suelo chileno y que era la continuación natural del
yacimiento en producción desde 1948. Poco más se supo de ello por
entonces, y todo lleva a suponer que la idea no recibió en Chile la
acogida esperada. La misma volvería a plantearse en el curso de la
siguiente década.
Con la excepción ya consignada de la pequeña Mina "Santa Rosa" que,
se reitera, carecía de toda relevancia, para 1980 llegada a término
una etapa productiva iniciada en las postrimerías del siglo XIX. Al
cabo de la misma se había extraído del subsuelo magallánico, en los
diferentes distritos, una producción histórica acumulada superior a
3.400.000 de toneladas brutas de carbón. En dicho esfuerzo
participaron muchos empresarios individuales y varias compañías,
parte importante de los cuales eran inmigrantes europeos que se
habían establecido en Magallanes y con su proverbial empuje habían
contribuido en este caso, como en otros, a dar forma y relieve a la
economía productiva de la Región, principalmente entre el cuarto
final del siglo XIX y la primera mitad del XX.
V. EXPLOTACIÓN RECIENTE O MODERNA (1983 EN ADELANTE)
En tanto que para la gente común de Magallanes, e inclusive para
cuantos podían pasar por informados sobre aspectos de su desarrollo,
la explotación del carbón era ya decididamente cosa del pasado, en
Santiago, y sin que se le hubiera dado mayor difusión, la Corporación
de Fomento de la Producción había creado en 1976 el Comité de
Carbones con el objetivo de realizar estudios que permitieran
desarrollar nuevos yacimientos de carbón en el territorio nacional.
Tal responsabilidad pasó en 1979 a la Comisión Nacional de Energía.
Conocidos como eran los antecedentes que daban cuenta de la magnitud
de las reservas carboníferas de que disponía la Región de Magallanes,
su estudio particularizado fue una de las tareas que se realizaron
con prioridad en el contexto del plan general de actividades
prospectivas.
El estudio concluyó a fines de la década y se centró principalmente
en el sector de la Mina "Peckett" donde fueron identificados trece
mantos de carbón distintos, con una cubicación de sobre 100.000.000
de toneladas de mineral. Los mantos tienen un espesor variable de
entre 4 y 8 metros y por su ubicación con relación a la superficie
del suelo hacían posible una explotación a rajo abierto. El análisis
de las muestras ratificó la información anterior disponible sobre la
calidad del mineral, esto es, que se trata de un carbón subbituminoso
con un poder calorífico de referencia de 4.200 kcal/kg, equivalente a
5.500 kcal/kg en base seca. Las reservas medidas del gran yacimiento
fueron del orden de 50.000.000 de toneladas26.
a) Proyecto "Peckett"
Sobre esta base la Comisión Nacional de Energía en marzo de 1980
llamó a la precalificación de empresas interesadas en la licitación
del yacimiento Peckett. Se interesaron nueve entidades chilenas y
extranjeras, de las que la CNE seleccionó seis, pero al tiempo de la
apertura de las ofertas (abril de 1981), únicamente se presentó el
consorcio denominado Compañía de Carbones de Chile (COCAR), formado
por la Compañía de Petróleos de Chile (COPEC) y tres sociedades
inglesas, la Northern Strip Mining Ltd., la Davy McKee y la K.
Wardell and Partners, cuya propuesta fue aceptada al cabo de varios
meses de negociaciones. El 28 de octubre del mismo año se suscribió
entre la CORFO, propietaria minera, y COCAR el contrato para la
cesión de los derechos del yacimiento Peckett. En lo sustancial COCAR
se obligaba a pagar a CORFO la suma de US$ 3.500.000 por la
transferencia de la propiedad minera y se comprometía a producir un
mínimo de 300.000 toneladas anuales de carbón a contar del año 1985 y
500.000 desde el año 1987 y siguientes.
Con fecha 6 de marzo de 1982 se otorgó por decreto del Ministerio de
Minería la concesión para la explotación carbonífera por un plazo de
cincuenta años. Las condiciones básicas de producción eran las mismas
acordadas por la CORFO y se estableció que los trabajos de
instalación debían comenzar a más tardar en enero de 1983. Con los
títulos y autorización de explotación en la mano la entidad asumió
forma legal definitiva constituyéndose la Compañía de Carbones de
Magallanes Sociedad Anónima (COCAR S.A.), con la participación
accionaria mayoritaria de COPEC (45%), del Consorcio Naviero Ultramar
(ULTRATERRA) (36%), de International Finance Corporation (IFC) (10%)
y de la entidad británica Northern Strip Mining Ltd. (NSM) (9%).
Cumplido este trámite necesario, COCAR S. A. se dedicó de lleno a la
formulación del plan de trabajo para la habilitación de la mina que
incluía un complejo de instalaciones diversas, adquisición de
equipos, contratación de personal y, por cierto importante, a
gestionar un contrato de suministro de mineral para garantizar la
explotación económica de carbón.
En síntesis, el plan propuesto suponía la posibilidad de una
explotación a rajo abierto para extraer hasta 23.600.000 de
toneladas, de un total explotable mayor superior a 35.000.000. La
inversión prevista era de US$ 136.000.000, estimándose un tiempo de
duración para el proyecto de veinte años a contar de 1983. Se estimó
una ocupación de mano de obra de entre 200 y 300 personas, con una
producción estable de 1.200.000 toneladas de carbón al cuarto año de
operación de la mina.
Simultáneamente habían adelantado las gestiones para la colocación
del mineral a producir, formalizándose un contrato de suministro
entre COCAR S. A. y la Corporación Chilena del Cobre (CODELCO-Chile),
para la entrega de 880.000 toneladas al año, a partir de 1987 y por
un lapso de diez años. El mineral estaba destinado al funcionamiento
de la central termoeléctrica que CODELCO-Chile tenía en construcción
en el puerto de Tocopilla.
Con una inversión real que totalizó US$ 67.000.000 COCAR S. A. puso
en marcha el proyecto productivo que en lo esencial se refería a la
adquisición de equipos mineros (palas hidráulicas de diferente
capacidad, grandes bulldozers y motoniveladoras); a la construcción
de un puerto mecanizado en la costa del mar de Otway, junto al
yacimiento, con un muelle de 1.800 metros de longitud (el más largo
de Chile), suficiente para recibir naves de entre 130 y hasta 240
metros de eslora, con capacidad de carga de hasta 65.000 toneladas, y
la instalación del equipo de carguío (sistema de correas
transportadoras del mineral, brazo telescópico móvil y otros
elementos; y finalmente la edificación de la planta de chancado de
carbón, bodegas, talleres y servicios anexos, además de un edificio
para oficinas y otros para la debida instalación del campamento para
el personal (comedores y cocina, seguridad, salud y otros).
Simultáneamente se contrató con la Empresa Eléctrica de Magallanes la
construcción del sistema de alimentación eléctrico desde la central
de Punta Arenas hasta el yacimiento, se habilitaron o mejoraron los
caminos de acceso al mismo y para la vialidad interna, y se
realizaron otras obras complementarias menores.
El desarrollo de las obras someramente descritas representó un
despliegue de tecnología y de una actividad constructiva en la que
participaron diferentes empresas contratistas, ciertamente no común
en Magallanes, que hizo recordar a algunos el tiempo ya lejano del
comienzo de las actividades de exploración y explotación petroleras,
y, lo que es más, permitía fundar sobre lo que se veía y lo que
habría de hacerse a corto plazo, la ilusión de estar la Región en el
umbral de una nueva era de progreso económico y social.
Concluidas las obras de construcción, instalación y habilitación
mencionadas, la explotación carbonífera comenzó según se había
previsto y pasó a desarrollarse a contar de 1987 sin mayores
estridencias noticiosas, en una suerte de rutina productiva admirable
por su eficiencia tecnológica y financiera. Para quienes se
preocupaban de la realidad del presente y futuro de la Región era
evidente que tal actividad minera era la propia de un nuevo tiempo de
vanguardia, en nada comparable a lo ocurrido históricamente antes de
1980.
La producción real de carbón registrada para el lapso 1987-1997 fue
la siguiente:
----------------------------------------------------------------------
----------
1987
292.000
Toneladas
1988
940.000
Toneladas
1989
997.693
Toneladas
1990
1.131.869
Toneladas
1991
1.262.847
Toneladas
1992
974.888
Toneladas
1993
821.269
Toneladas
1994
1.033.417
Toneladas
1995
981.488
Toneladas
1996
1.067.054
Toneladas
1997
1.160.468
Toneladas
----------------------------------------------------------------------
----------
Vencido el contrato de suministro con CODELCO-Chile y no habiéndose
renovado el mismo, COCAR S.A. consideró cumplida su misión y puso
término a la actividad de explotación carbonífera. Decidió entonces
arrendar el yacimiento para su trabajo por terceros, interesándose
primeramente la firma constructora Ingeniería Civil Vicente S. A., y
posteriormente la empresa Ingeniería del Sur INGESUR, ligada al grupo
económico con intereses en el yacimiento carbonífero de Catamutún,
Valdivia, Región de Los Lagos.
En uno y otro caso se mantuvo la producción, notoriamente más baja
aunque siempre de importancia, para el suministro a compradores del
centro y norte de Chile, con una producción anual promedio para el
lapso 1998-2002 de sobre 250.000 toneladas de carbón, con un peak de
400.000 toneladas (Tabla III).
TABLA III
Producción carbonífera de Magallanes 1870-2002
----------------------------------------------------------------------
----------
1956
66.240
Toneladas
1870-1875
8.000
Toneladas
1957
65.490
Toneladas
1876-1900
¿2.000/3.000?
Toneladas
(a)
1958
58.160
Toneladas
1901-1905
¿25.000/30.000?
Toneladas
(b)
1959
49.000
Toneladas
1906
12.000
Toneladas
1960
54.000
Toneladas
1907-1912
S/datos
1961
60.370
Toneladas
1913
14.200
Toneladas
1962
54.840
Toneladas
1914-1915
11.462
Toneladas
1963
61.083
Toneladas
1916
11.462
Toneladas
1964
55.553
Toneladas
1917
18.506
Toneladas
1965
57.000
Toneladas
1918
22.886
Toneladas
1966
49.106
Toneladas
1919
22.128
Toneladas
1967
46.227
Toneladas
1920
29.314
Toneladas
1968
39.000
Toneladas
1921
21.588
Toneladas
1969
41.000
Toneladas
1922
14.809
Toneladas
1970
26.052
Toneladas
1923
17.423
Toneladas
(c)
1971
34.000
Toneladas
1924
27.748
Toneladas
(c)
1972
36.000
Toneladas
1925
40.943
Toneladas
1973
29.000
Toneladas
1926
34.542
Toneladas
(c)
1974
25.000
Toneladas
1927
36.008
Toneladas
(c)
1975
14.000
Toneladas
1928
36.344
Toneladas
(c)
1976
4.000
Toneladas
1929
S/datos
1977
3.000
Toneladas
1930
54.942
Toneladas
1978
2.000
Toneladas
1931
37.842
Toneladas
1979
¿1.000?
Toneladas
1932
47.582
Toneladas
1980
¿1.000?
Toneladas
1933
53.812
Toneladas
1981
S/datos
(d)
1934
58.682
Toneladas
1982
S/datos
(d)
1935
57.023
Toneladas
1983
43.000
Toneladas
1936
54.182
Toneladas
1984
41.613
Toneladas
1937
63.999
Toneladas
1985
S/datos
(d)
1938
58.927
Toneladas
1986
S/datos
(d)
1939
65.246
Toneladas
1987
292.000
Toneladas
1940
103.251
Toneladas
1988
940.000
Toneladas
1941
138.989
Toneladas
1989
997.693
Toneladas
1942
150.639
Toneladas
1990
1.131.869
Toneladas
1943
173.569
Toneladas
1991
1.262.847
Toneladas
1944
129.999
Toneladas
1992
974.888
Toneladas
1945
122.040
Toneladas
1994
1.033.417
Toneladas
1946
90.420
Toneladas
1995
981.488
Toneladas
1947
82.490
Toneladas
1996
1.067.054
Toneladas
1948
76.740
Toneladas
1997
1.160.468
Toneladas
1949
61.970
Toneladas
1998
180.428
Toneladas
1950
81.420
Toneladas
1999
340.291
Toneladas
1951
75.440
Toneladas
2000
260.777
Toneladas
1952
67.840
Toneladas
2001
419.517
Toneladas
1953
72.740
Toneladas
2002
321.685
Toneladas
1954
70.980
Toneladas
1955
69.630
Toneladas
----------------------------------------------------------------------
----------
Producción histórica acumulada 14.830.908 toneladas (e)
(a) Estimación mínima
(b) Estimación mínima
(c) Se ha considerado solamente la producción de la Mina "Loreto".
(d) Sin datos por no haberse registrado producción.
(e) Estimación mínima
Fuentes: O. Wenzel y E. González (1972), Secretaría Regional de
Minería de Magallanes y propias del autor
b) Otros proyectos conocidos
Mientras el Proyecto Peckett se encontraba en su etapa de
materialización, el gobierno regional de Magallanes consideraba la
posibilidad de impulsar una iniciativa parecida, aunque de menor
envergadura financiera y productiva, referida al yacimiento
carbonífero de Dorotea, en Última Esperanza. Para ello se encomendó a
la Secretaría Regional de Planificación la elaboración de un
anteproyecto técnico. El mismo, una vez entregado, contemplada la
posibilidad de explotación con una producción de 280 toneladas por
día y un total de hasta 84.000 toneladas de carbón extraído por año,
en una modalidad de trabajo mecanizado y con dos turnos laborales. Su
fundamento económico estaba en la capacidad de consumo eventual de
combustible de un orden inicial de sobre 11.000 toneladas al año,
destinadas a ser utilizadas en un 85% por consumidores de la zona
rural de Última Esperanza y el resto por usuarios de Puerto Natales.
Era una proyección más que hipotética, utópica, pues la tendencia
cultural de la población prefirió el empleo del gas natural extraído
del yacimiento de Tranquilo, cuyo uso no demoró en generalizarse en
Puerto Natales hasta tenerse una cobertura total, en tanto que los
consumidores rurales prefirieron el uso de gas licuado para la
satisfacción de sus necesidades domésticas o bien continuaron con el
consumo de leña combustible. Así el ante-proyecto, fundado en una
base tan endeble como irreal, acabó por ser olvidado.
Poco tiempo después, en 1986, comenzó a retomar vigencia la antigua
iniciativa argentina de explotación de los mantos carboníferos de
Dorotea por parte de YPF, ahora en una alternativa que suponía un
acuerdo con COCAR S.A. y, por consecuencia, una eventual operación
conjunta. Aunque efectivamente se sucedieron varias reuniones
informativas y técnicas, el asunto marchó con extrema lentitud por
tratarse de una materia que comprometía el interés de Chile y
Argentina. Al fin, conjeturamos, la iniciativa quizá pudo resultar
inviable y acabó por abandonarse. Si la conjetura no es válida, de
cualquier manera el curso del tiempo la haría irrealizable, visto lo
acontecido con la explotación del yacimiento de Río Turbio que
durante el curso de los años de 1990 entró en una franca crisis
productiva, agravada por problemas financieros que condujeron
finalmente a la privatización del ente estatal a cargo, y a una
drástica reducción en la producción debida principalmente, al
parecer, a una baja sostenida en la demanda.
En fecha reciente ha cobrado relevancia otro antiguo distrito
carbonífero de Magallanes, como es la isla Riesco. Allí, tras el
desarrollo de un plan se constató la existencia de reservas de gran
magnitud, con una potencia inferida del orden de 3.200.000.000 de
toneladas, mantos situados en el área de la estancia "Invierno",
hacia la zona oriental de dicha isla.
Tal evidencia despertó el interés de empresarios privados y así ha
sido como la Corporación de Fomento de la Producción, dueña de la
propiedad minera correspondiente, ha arrendado a comienzo de 2003 la
concesión correspondiente a la Estancia "Invierno" a la Sociedad
Inmobiliaria, Agrícola, Industrial y Comercial Vicente S. A.,
participando además en el proyecto INGESUR y otros empresarios
vinculados con el yacimiento de Catamatún.
De acuerdo con lo informado por algunos medios de prensa santiaguinos
(Estrategia, La Tercera), la empresa adjudicataria realizará durante
los primeros seis meses diversos estudios geológicos para confirmar
las reservas de mineral, que se estiman serían de unos 670.000.000 de
toneladas de carbón, 280.000.000 de las cuales corresponden a la
categoría de reservas probadas y el resto a la de probables. El
proyecto, de resultar satisfactoria aquella operación, contempla la
explotación del yacimiento con una producción y venta tentativas de
400.000 toneladas de mineral al año para el mercado nacional, con el
empleo de tecnología avanzada y la contratación de unos cincuenta
puestos de trabajo directo y una cifra superior de empleo indirecto.
Para ello, uno de los problemas que habrá que resolver previamente
será el de transporte del carbón extraído, para cuya solución se
consideran diferentes alternativas.
VI. CONCLUSIÓN
De la manera vista se brinda una información, tan completa como ha
sido posible, sobre lo acontecido con la explotación carbonífera en
Magallanes desde 1869 hasta el presente, en sus dos fases, la
histórica que en cierto modo culminó en 1980 y la más reciente y
moderna en actual desarrollo. En conjunto durante ambas se ha
acumulado una producción histórica de carbón superior a 15.000.000 de
toneladas, cuatro quintas partes de ella a contar de 1983.
La continuidad de la operación del yacimiento Peckett y el interés
constatado para el de estancia "Invierno" permiten suponer una
reactivación en el corto plazo para la producción carbonífera
magallánica. Pero, sin duda alguna, sus perspectivas de desarrollo
más espectacular para el porvenir están cifradas en el progreso de la
tecnología de modo tal que resulte económicamente viable el uso del
carbón, ya no como combustible, sino como materia prima para el
proceso industrial de hidrogenización, base a su vez para la
actividad productiva carboquímica.
Si así en efecto pudiera llegar a suceder, en el mineral descubierto
en las playas del Estrecho hace más de cuatro siglos y visto como
piedra negra que, echada al fuego, arde como haceyte… podría fundarse
uno de los pilares del progreso general de Magallanes durante el
transcurso del siglo XXI.
FUENTES DE CONSULTA
a) Fuentes inéditas
Cocar S. A. El proyecto de carbones de Peckett. Magallanes, Chile.
Santiago, sin fecha.
Secretaría Regional de Minería Estadísticas mineras y papeles varios.
Punta Arenas.
Wenzel, Osvaldo y Eduardo González P. Proyecto Prospección Carbones
de Magallanes. Empresa Nacional del Petróleo. Punta Arenas, 1972.
b) Impresas
Busolich, Francisco 2003 Rescate y difusión del patrimonio Histórico,
Cultural y Paisajístico de Última Esperanza. Punta Arenas.
Cerón, Marta y Otros 1944 Magallanes en su primer centenario. Punta
Arenas.
Lambert, Charles 1883 The voyage of the "Wanderer". MacMillan and Co.
London.
Latorre, Juan José 1878 Diario de la corbeta de la
República "Magallanes", llevado por su comandante, el capitán
graduado de fragata don … en octubre i noviembre de 1877. Anales de
la Universidad de Chile, tomo LIII, 481-577. Santiago.
Martinic B. Mateo 1972 Crónica de las tierras del sur del canal
Beagle. Editorial Francisco de Aguirre. Santiago-Buenos Aires.
Martinic B. Mateo 1980 La Tierra de los Fuegos. Municipalidad de
Porvenir. Punta Arenas.
Martinic B. Mateo 1985 Última Esperanza en el tiempo. Ediciones de la
Universidad de Magallanes. Punta Arenas.
Martinic B. Mateo 1988 Punta Arenas en su primer medio siglo 1848-
1898. Edición del autor. Punta Arenas.
Martinic B. Mateo 1992 Historia de la Región Magallánica. Edición del
autor. Santiago.
Martinic B. Mateo, Alfredo Prieto, Manuel Arroyo y Rodrigo Cárdenas
2002. Río Verde, su historia y su gente. Municipalidad de Río Verde.
Punta Arenas.
Navarro Avaria, Lautaro 1908 Censo Jeneral Del Territorio De
Magallanes, Tomo Ii.
Noriega, Guillermo 1984 Propiedades y características de los carbones
Chilenos. En Primer Seminario de Carbones Chilenos. Universidad de
Magallanes, Facultad de Ingeniería. Punta Arenas.
Pedrals, Juan 1990 Energía 1979-1990. Fundación BHC para el
Desarrollo. Santiago.
Swett, Ricardo 1924 Guía Marítima de Chile 1923-1924. Valparaíso.
Vivallo, Waldo P., Moyra Gardeweg, Andrés H. Tassara, Juan C. M.
Zanettini, Marcelo J. Márquez y Rafael A. González 1999 Mapa de
Recursos Minerales del área fronteriza argentino-chilena entre los 34
y 56°S. Servicio Nacional de Geología y Minería. Publicación
Geológica Multinacional N° 1. Santiago.
Zorrilla, Manuel 1925 Magallanes en 1925. Punta Arenas.
Diario "El Magallanes" Ediciones completas 1930-1955; Diario "La
Prensa Austral", Punta Arenas, ediciones varias años 1960 a 2003.
_______________
1 Juan Pedrals, Energía 1979-1990, Fundación BHC para el Desarrollo,
Santiago, 1990, 90 y 91.
2 Citado por Lautaro Navarro Avaria en Censo Jeneral del Territorio
de Magallanes, Punta Arenas, 1908, tomo II, 126.
3 Oficio de 30-X-1843. En Correspondencia Ministerio del
Interior "Intendencia de Chiloé 1841-1847". Archivo Nacional,
Santiago.
4 Nota de 13-XII-1843 (en copia), Legajo Documentos relativos a la
ocupación del Estrecho de Magallanes. Archivo de Documentos Inéditos,
Centro de Estudios del Hombre Austral, Instituto de la Patagonia,
Universidad de Magallanes. Punta Arenas.
5 Ibid.
6 Véase sobre el particular nuestra Historia del Estrecho de
Magallanes, Editorial Andrés Bello, Santiago, 1977, 154.
7 y 8 Citado por Lautaro Navarro Avaria en su obra Censo Jeneral del
Territorio de Magallanes Punta Arenas, 1908, 128-129.
9 Oficio de 2-IX-1853. En Correspondencia Colonización Gobernación de
Magallanes, Archivo Nacional.
10 Carta de 15-X-1869, Copiador de Cartas de Oscar Viel, Archivo del
autor.
11 Oficio 109 de 27-XII-1869. En Copiador… citado.
12 Memoría despachada con fecha 26 de abril de 1875. En
Correspondencia Colonización Gobernación de Magallanes 1874-75,
Archivo Ministerio de RR.EE.
13 "Diario de la corbeta de la República Magallanes, llevado por su
comandante, el capitán graduado de fragata don […] en octubre i
noviembre de 1877". Anales de la Universidad de Chile, tomo LIII,
Santiago, 510-511.
14 The voyage of the "Wanderer" MacMillan and Co., London, 1883, 110-
111.
15 Citado por Navarro Avaria en su obra mencionada, pág. 138.
16 Se creía que la misma era una prolongación oriental de la
península Muñoz Gamero y, como tal, parte de la Patagonia
continental. Su insularidad quedó demostrada en 1904 con el
descubrimiento de un largo y estrecho canal que separa a Riesco de
aquella península hecho en 1904 por el capitán de fragata Ismael
Gajardo, de la Armada de Chile, de quien tomó su nombre dicho
accidente.
17 Archivo Fotográfico Histórico Centro de Estudios del Hombre
Austral, Instituto de la Patagonia, Universidad de Magallanes, Punta
Arenas.
18 Al tiempo de su puesta en servicio este ferrocarril pasó a ser el
más austral del mundo.
19 Para 1924-25 el parque de transporte de la Mina Loreto incluía,
además de las cuatro locomotoras, diez carros para pasajeros y
cuarenta carros de carga con capacidad de transporte de seis
toneladas cada uno. Para el reparto urbano de carbón se disponía de
dos tractores y ocho carros tirados por caballos.
20 Diario El Magallanes de Punta Arenas, edición del día 31 de mayo
de 1950.
21 Vale este caso para señalar que la compulsa de antecedentes para
la elaboración de este trabajo ha resultado cosa ardua por la escasa
referencia en los diarios, que ha resultado ser la principal fuente
informativa a falta de estadísticas e informaciones oficiales. Es
común, inclusive, que los descendientes de los concesionarios
carezcan de toda información.
22 El ingeniero Jorge Pacheco era un calificado profesional de la
ingeniería que había llegado a Magallanes a fines de los años de 1930
como funcionario del antiguo Departamento de Minas y Petróleo del
Ministerio de Fomento, a cargo de las exploraciones petrolíferas, de
allí pasó a la Corporación de Fomento una vez que la misma asumió tal
responsabilidad. Tras su estadía de perfeccionamiento en los Estados
Unidos retornó a Magallanes donde permaneció por varios años,
alcanzando la calidad de Administrador de Magallanes, la máxima
responsabilidad jerárquica en lo referido a la explotación petrolera.
23 En el Registro del Conservador de Minas de Magallanes otras
inscripciones de pertenencias carboníferas de las que no se conoce
con precisión la ubicación geográfica, como tampoco se sabe si de las
mismas derivó alguna explotación en forma. Ellas son: "Francisca" de
Antonio Franulic; "Julio" de Óscar Tagle Montt y "Margarita" de Pedro
Cueto, todas del año 1915; "Isabel" de Francisco González
(1916); "Juana" de P. A. Pettersen (1917); "Mercedes" de Eloise Acuña
y "Nalona" 1-3 de Leovino Fernández; "Irmita" y "Raquelita" de Marco
Davison; "María" de Rafael Rusovic (tal vez la única que pudo estar
situada en Tierra del Fuego), "Robertina" y "Purísima" de Antonio
Cárcamo, y "Silvia" y "Zulema" de Julio Calderón, todas del año
1925; "Talcahuano" de Brasilio Gómez (1926) y "Loreto" I-29 del
abogado Jorge Lagos Rivera.
24 Marta Cerón y otros, Magallanes en su primer centenario, Punta
Arenas, 1944.
25 Para una debida información sobre la materia sugerimos consultar
nuestra obra Historia de la Región Magallánica, Santiago, 1992, tomo
II, capítulo "Decadencia y crisis. Colapso de un modelo de estructura
productiva", 1094-1110.
26 Puede conjeturarse que en la elección del sector Peckett pudo
concurrir no solo la información geológica previa que sugería la
posibilidad de un importante yacimiento, sino también su relativa
cercanía de Punta Arenas (30 km en línea recta), centro fundamental
para efectos de servicios, suministros y demás, y el hecho de la
vecindad del paraje con las costas del mar de Otway y del estrecho de
Magallanes para la posible instalación de un muelle para el embarque
de carbón.
Fecha de recepción: diciembre de 2003.
Fecha de publicación: junio de 2004.
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Chile
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