Están chantajeando a Pereira
Por Humberto Tobón y Tobón[1]
El Ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego, ha dicho con claridad y en tono
pausado que si el aeropuerto Matecaña no se entrega en concesión a un
particular, dentro de un paquete regional que está estructurando el gobierno
nacional, entonces no recibirá apoyo del presupuesto para mejorar sus
condiciones de operación y de seguridad.
Esto es un chantaje para una ciudad que tiene un aeropuerto propio, que lo
construyó con sus propias manos, que lo ha sostenido, que ha mejorado en
seguridad, que ha hecho inversiones en infraestructura y que concentra tres
cuartas partes del movimiento de pasajeros en la zona cafetera.
El Ministro considera que no debe hacer inversiones en una propiedad donde el
gobierno nacional no tiene acciones. Y por eso dice que Pereira no tendrá
recursos hasta que no se meta en una concesión regional, que no es viable bajo
ninguna circunstancia si no está el Matecaña, que seguirá siendo el Aeropuerto
preferido regionalmente por su cercanía geográfica con los usuarios.
El aeropuerto de Palestina se construirá. Para ello el gobierno nacional
invierte 45 millones de dólares. Sin duda será una terminal aérea de lujo.
Pero ni los pasajeros del norte del Valle (desde Cartago hasta Tuluá), ni los de
Risaralda, ni los del occidente de Caldas, irán hasta Palestina a tomar sus
vuelos y seguirán yendo a Pereira. Excepto que ocurra una cosa: que la
Aerocivil cierre el aeropuerto Matecaña por no cumplir con todas las normas de
seguridad aeronáutica, y esta posibilidad está abierta, lo que obliga al
gobierno municipal a definir inversiones urgentes para evitar que ello ocurra en
el mediano futuro, cuando los caldenses empiecen a presionar, afirmando que el
terminal pereirano es inseguro para operar. Y frente a este argumento, donde
está de por medio la vida de la gente, no habrá mucho qué hacer.
Pereira está en una situación de indefensión total en esta coyuntura, porque no
tiene 20 millones de dólares para modernizar su aeropuerto con todo lo que le
exige la Aerocivil, y desechó, por la oposición cerrera de algunos círculos
sociales, tener el manejo del aeropuerto de Cartago, con lo cual las condiciones
de negociación con el gobierno nacional serían hoy bien distintas.
Lo que sí es evidente, es que si Pereira de su propio presupuesto no mejora el
Aeropuerto, esté tendrá un futuro bastante incierto, y no quedarían sino dos
caminos: el primero, es acceder a las pretensiones del gobierno nacional y
concesionarlo al particular que ellos definan; o concesionarlo de manera directa
a un gran operador internacional, que gustoso se quedaría manejando un terminal
aéreo que tiene mercado y clientes fieles.
Pero a decir verdad, ni las autoridades locales, ni los gremios económicos, ni
la clase política, ni la opinión pública serán capaces de ganarle el pulso al
presidente Uribe Vélez, que hará valer todo su poder para reducir a su mínima
expresión las voces opositoras que se puedan levantar para defender el
patrimonio local. En Pereira a Uribe lo acatan, lo veneran, lo idolatran, lo
respetan y le obedecen. Imagínense, entonces, cuál será la decisión.
[1] Economista y Comunicador Social. Visite el blog
www.humbertotobon.blogspot.com
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