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Ecología y Nueva Sociedad   Lista de mensajes  
Responder Mensaje #629 de 4050 |
Ser sinarquista es ser críticos, saber discernir, tener espíritu
profundo...éste texto lo vuelvo a traer a debate por parecerme muy
interesante en cuanto que hablamos de cambios de
paradigmas...cambiar...se oye mucho...Fox nos repite hasta el
cansancio que es "el cambio"...pero, realmente hay un cambio respecto
a cómo nos vemos a nosotros mismos y a la naturaleza?

Ahí les va el texto:
*************







¿Qué significa ser y sentirse Tierra?
Leonardo BOFF

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----------

La Tierra se ha transformado actualmente en el grande y oscuro objeto
del amor humano. Nos damos cuenta de que podemos ser destruidos. No
por algún meteoro rasante ni por algún cataclismo natural de
proporciones fantásticas, sino por causa de una irresponsable
actividad humana. Se han construido dos máquinas de muerte, que
pueden destruir la biosfera: el peligro nuclear y la sistemática
agresión ecológica al sistema Tierra.


En razón de esta doble alarma, despertamos de un ancestral sopor.
Somos responsables de la vida o de la muerte de nuestro planeta vivo.
De nosotros depende el futuro común, nuestro y de nuestra querida
casa común, la Tierra. Como medio de salvación de la Tierra invocamos
hoy la ecología. No en el sentido palmario y técnico de
gestionamiento de los recursos naturales, sino como una visión del
mundo alternativa, como un nuevo paradigma de relación respetuosa y
sinergética para con la Tierra y para con todo lo que ella contiene.

Cada vez entendemos mejor que la ecología se ha convertido en el
contexto de todos los problemas: de la educación, del proceso
industrial, de la urbanización, del derecho y de la reflexión
filosófica y religiosa.

A partir de la ecología, se está elaborando e imponiendo un nuevo
estado de conciencia en la humanidad que se caracteriza por más
benevolencia, más compasión, más sensibilidad, más ternura, más
solidaridad, más cooperación, más responsabilidad entre los seres
humanos hacia la tierra y hacia la necesidad de su conservación.

En esta perspectiva alimentamos una perspectiva optimista. La Tierra
puede y debe ser salvada. Y será salvada. Ella ya pasó por más de 15
grandes devastaciones. Y siempre sobrevivió y puso a salvo el
principio de vida. Y llegará a superar también el actual impasse,
pero con una condición: que cambiemos de rumbo y de óptica. De esta
nueva óptica surgirá una nueva ética de responsabilidad compartida y
de sinergía para con la Tierra.

Tratemos de fundamentar este nuestro optimismo.



1. Somos Tierra que piensa, siente y ama

El ser humano, en las diversas culturas y fases históricas, reveló
una intuición segura: pertenecemos a la Tierra; somos hijos e hijas
de la Tierra; somos Tierra. De ahí que hombre venga de humus. Venimos
de la Tierra y volveremos a la Tierra. La Tierra no está frente a
nosotros como algo distinto de nosotros mismos. Tenemos la Tierra
dentro de nosotros. Somos la propia Tierra que en su evolución llegó
al estadio de sentimiento, de comprensión, de voluntad, de
responsabilidad y de veneración. En una palabra: somos la Tierra en
su momento de auto-realización y de autoconsciencia.

Inicialmente, pues, no hay distancia entre nosotros y la Tierra.
Formamos una misma realidad compleja, diversa y única.

Ha sido lo que han testimoniado los diversos astronautas, los
primeros en contemplar la Tierra desde fuera de la Tierra. Dijeron
enfáticamente: desde aquí, desde la Luna, a bordo de nuestras naves
espaciales, no notamos diferencia entre la Tierra y la humanidad,
entre negros y blancos, demócratas o socialistas, ricos y pobres.
Humanidad y Tierra forman una única realidad espléndida, reluciente,
frágil y llena de vigor. Esta percepción no es ilusoria, es
radicalmente verdadera.

Dicho en términos de moderna cosmología: estamos formados con las
mismas energías, con los mismos elementos físico-químicos dentro de
la misma red de relaciones de todo con todo, que actúan hace 15
billones de años, desde que el universo, dentro de una
inconmensurable inestabilidad (big bang - inflación y explosión),
emergió en la forma que hoy conocemos. Conociendo un poco esta
historia del Universo y de la Tierra estamos conociéndonos a nosotros
mismos y a nuestra ancestralidad.



Cinco grandes actos estructuran el teatro universal del que somos co-
actores:

El primero es el cósmico: irrumpió el universo todavía en proceso de
expansión; y en la medida en que se expande se auto-crea y se
diversifica. Nosotros estábamos allí en las posibilidades contenidas
de ese proceso.

El segundo es el químico: en el seno de las grandes estrellas rojas
(los primeros cuerpos que se densificaron se formaron hace por lo
menos 10 billones de años) se formaron todos los elementos pesados
que hoy constituyen cada uno de los seres, como el oxígeno, el
carbono, el silicio, el nitrógeno, etc. Con la explosión de las
grandes estrellas (se volvieron super nuevas) tales elementos se
desparramaron por todo el espacio: constituyeron las galaxias, las
estrellas, la Tierra, los planetas y los satélites de la actual fase
del universo. Aquellos elementos químicos circulan por todo nuestro
cuerpo, sangre y cerebro.

El tercer acto es el biológico: de la materia que se complejifica y
se enrolla sobre sí misma, en un proceso llamado de autopoiese
(autocreación y auto-organización), irrumpió, hace 3'8 billones de
años, la vida en todas sus formas; atravesó profundas diezmaciones
pero siempre subsistió y llegó hasta nosotros en su inconmensurable
diversidad...

El cuarto es lo humano, subcapítulo de la historia de la vida. El
principio de complejidad y de auto-creación encuentra en los seres
humanos inmensas posibilidades de expansión. La vida humana floreció,
cerca de 10 millones de años atrás. Surgió en África. A partir de
allí, se difundió por todos los continentes hasta conquistar los
confines más remotos de la Tierra. Lo humano mostró gran
flexibilidad; se adaptó a todos los ecosistemas, a los más gélidos de
los polos, a los más tórridos de los trópicos, en el suelo, en el
subsuelo, en el aire y fuera de nuestro planeta, en las naves
espaciales y en la Luna. Sometió a las demás especies, menos a la
mayoría de los virus y de las bacterias. Es el triunfo peligroso de
la especie horno sapiens y demens.

Por fin, el quinto acto, es planetario: la humanidad, que estaba
dispersa, está volviendo a la casa común, al planeta Tierra. Se
descubre como humanidad, con el mismo origen y el mismo destino de
todos los demás seres de la Tierra. Siéntese como la meta consciente
de la Tierra, un sujeto colectivo, por encima de las culturas
singulares y de los estados-naciones. A través de los medios de
comunicación globales, de interdependencia de todos con todos, está
inaugurando una nueva fase de su evolución, la fase planetaria. A
partir de ahora, la historia será la historia de la especie homo, de
la humanidad unificada e interconectada con todo y con todos.

Sólo podemos entender el ser humano-Tierra si lo conectamos con todo
ese proceso universal; los elementos materiales y las energías
sutiles conspiraron para que lentamente se fuese gestando y,
finalmente, pudiese nacer.



2. ¿Qué es la dimensión-Tierra en nosotros?

¿Pero qué significa concretamente, más allá de nuestra ancestralidad,
nuestra dimensión-Tierra? Significa, en primer lugar, que somos parte
y parcela de la Tierra. Vivimos de ella. Somos producto de su
actividad evolucionaría. Tenemos en el cuerpo, en la sangre, en el
corazón, en la mente y en el espíritu elementos-Tierra. De esta
constatación resulta la conciencia de profunda unidad e
identificación con la Tierra y con su inmensa diversidad. No podemos
caer en la ilusión racionalista y objetivista de que nos situamos
ante la Tierra como delante de un objeto extraño. En el primer
momento se impone una relación sin distancia, sin bis-a-bis, sin
separación. Somos uno con ella.

En un segundo momento, podemos pensar la Tierra. Y entonces, sí, nos
distanciamos de ella para poder verla mejor. Ese distanciamiento no
rompe nuestro cordón umbilical con ella. Por tanto, este segundo
momento no invalida el primero. Tener olvidada nuestra unión con la
Tierra fue el equívoco del racionalismo en todas sus formas de
expresión. Él generó la ruptura con la Madre. Dio origen al
antropocentrismo, en la ilusión de que, por el hecho de pensar la
Tierra, podemos colocarnos sobre ella para dominarla y para disponer
de ella con placer suyo incluido.

Por sentirnos hijos e hijas de la Tierra, por ser la propia Tierra
pensante y amante, la vivimos como Madre. Ella es un principio
generativo. Representa a lo femenino que concibe, gesta y da a luz.
Emerge así el arquetipo de la Tierra como Gran Madre, Pacha Mama y
Nana. De la misma manera que todo genera y entrega la vida, ella
también acoge todo y todo lo recoge en su seno. Al morir volvemos a
la Madre Tierra, regresamos a su útero generoso y fecundo. El Feng-
Shui, la filosofía ecológica china, representa un grandioso sentido
de la muerte como unión con Tao y con los ritmos de la naturaleza, de
donde todos los seres vienen y adonde todos vuelven. Conservar la
naturaleza es condición también para que puedan nacer nuevos seres
humanos y hagan su recorrido en el tiempo.

Sentir que somos Tierra nos hace tener los pies en el suelo. Nos hace
percibir todo de la Tierra, su frío y calor, su fuerza que amenaza
tanto como su belleza que encanta. Sentir la lluvia en la piel, la
brisa que refresca, el huracán que avasalla. Sentir la respiración
que nos entra, los olores que nos embriagan o nos repelen. Sentir la
Tierra es sentir sus nichos ecológicos, captar el espíritu de cada
lugar, inserirse en un determinado lugar. Ser Tierra es sentirse
habitante de cierta porción de tierra. Habitando, nos hacemos en
cierta manera prisioneros de un lugar, de una geografía, de un tipo
de clima, del régimen de lluvias y vientos, de una manera de morar y
de trabajar y de hacer historia. Ser Tierra es ser concreto
concretísimo. Configura nuestro límite. Pero también significa
nuestra base firme, nuestro sitio de contemplación de todo, nuestra
plataforma para poder alzar vuelo por encima de este paisaje y de
este pedazo de Tierra, rumbo al Todo infinito.

Por fin, sentirse Tierra es percibirse dentro de una compleja
humanidad de otros hijos e hijas de la Tierra. La Tierra no nos
produce tan sólo a nosotros, los seres humanos. Produce la miríada de
microorganismos que componen 90 % de toda la red de la vida, los
insectos que constituyen la biomasa más importante de la
biodiversidad. Produce las aguas, la capa verde con la infinita
diversidad de plantas, flores y frutos. Produce la diversidad
incontable de seres vivos, animales, pájaros y peces, nuestros
compañeros dentro de la unidad sagrada de la vida, porque en todos
están presentes los 20 aminoácidos que entran en la composición de la
vida. Para todos produce las condiciones de subsistencia, de
evolución y de alimentación, en el suelo, en el subsuelo y en el
aire. Tierra es sumergirse en la comunidad terrenal, en el mundo de
los hermanos 6.000 años antes de nuestra era, cuando era todavía una
tierra verde, rica y fértil pasando por toda la cuenca del
Mediterráneo, por la India y por la China, donde predominaban las
divinidades femeninas, la Gran Madre Negra y la Madre-Reina. La
espiritualidad era de una profunda unión cósmica y de una conexión
orgánica con todos los elementos como expresión del Todo.

Al lado de una espiritualidad surgió, en segundo lugar, una política:
las instituciones matriarcales. Las mujeres formaban los ejes
organizadores de la sociedad y de la cultura. Surgieron sociedades
sagradas, penetradas de reverencia, de ternura y de protección a la
vida. Hasta hoy arrastramos la memoria de esta experiencia de la
Tierra-Madre, en la forma de arquetipos y de una insaciable nostalgia
por la integración, inscrita en nuestros propios genes. Los
arquetipos continúan a irradiar en nuestra vida porque rememoran un
pasado histórico real que quiere ser rescatado y obtener todavía
vigencia en la vida actual. El ser humano precisa rehacer esta
experiencia espiritual de fusión orgánica con la Tierra, a fin de
recuperar sus raíces y experimentar su propia identidad radical.
Precisa también resucitar la memoria política del feminismo para que
la dimensión de anima entre en la elaboración de políticas con más
equidad entre los sexos y con mayor capacidad de integración.

Esta nueva óptica podrá producir una nueva ética, orientada la
firmación y el cuidado por todo lo que vive. En el nuevo paradigma
emergente la Tierra y los hijos y las hijas de la Tierra serán la
gran centralidad, el nuevo sueño del siglo XXI.





Este texto recoge reflexiones contenidas en los libros:
"Saber cuidar: ética de lo humano y compasión por la Tierra"
y "Dignidad de la Tierra", Trotta, Madrid 2000,
y fue publicado por la revisa Exodo 53 (abril 2000) 30-32.
Tradujo del portugués Benjamín Forcano










Jue, 24 de Oct, 2002 10:07 pm

itzasofi
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Mensaje #629 de 4050 |
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Ser sinarquista es ser críticos, saber discernir, tener espíritu profundo...éste texto lo vuelvo a traer a debate por parecerme muy interesante en cuanto...
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