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Juan Carlos Gómez Leyton (*)
Una vez más la tendencia más soterrada, oscura, denigrante, infame y permanente de la historia de Nuestra América se hace presente en Honduras para atacar a su pueblo y a las instituciones democráticas: el autoritarismo militar. En la madrugada del domingo 28 junio las fuerzas armadas hondureñas dieron un Golpe de Estado en contra del gobierno legítimo del Presidente Manuel Zelaya. Las elites de poder parapetadas en el Poder Legislativo y en la Corte Suprema llevaron acabo el secuestro, destitución y expulsión del Presidente Constitucional Manuel Zelaya, acción que venían preparando y urdiendo desde hace días, especialmente, desde cuando el Presidente destituyó al jefe de Estado Mayor del Ejército Romeo
Vásquez, por oponerse a cumplir un mandato del primer mandatario. Según las informaciones disponibles el presidente Zelaya había convocado a la ciudadanía hondureña ha participar en una consulta, justamente el domingo 28 de junio, en palabras de Zelaya se trataba de una “encuesta de opiniónâ€, relativa a conocer la opinión de los y las ciudadanas sobre una futura convocatoria a una Asamblea Constituyente para reformar o modificar sustantivamente el actual régimen político hondureño. Si la acción del poder militar, del poder político legislativo y judicial como de las clases dominantes hondureñas tiene como justificación oponerse a la posibilidad de que la ciudadanía hondureña pueda adherir masivamente a la convocatoria de una Asamblea Constituyente; vale la pena preguntarse que tiene de peligroso para las clases políticas y sociales dominantes la convocatoria de una Asamblea
Constituyente. Nada menos que perder el control del poder político del Estado. Efectivamente, desde hace más de una década en Nuestra América la estrategia política de las ciudadanías descontentas ha sido exigir, promover, convocar, instalar Asambleas Constituyentes con el objeto de promulgar nuevos textos constitucionales. Los cuales tengan la virtud de ser elaborados y aprobados a través de mecanismos esencialmente democráticos y participativos. Los procesos constituyentes convocados por el pueblo, para el pueblo y con el pueblo tienen su antecedente político en la convocatoria ciudadana colombiana a inicios de la década de los noventa, cuando más de 5.000.000 de colombianos y colombianas exigieron a través de una “séptima papeleta†la realización de una Asamblea Constituyente. Los poderes constituidos debieron en aquella oportunidad aceptar la demanda ciudadana convocando a dicha
instancia, y la ciudadanía colombiana elaboro una de las constituciones políticas más democrática de todas las producidas hasta esa fecha de Nuestra América. Esa estrategia ha sido implementada en Venezuela, en Bolivia y en Ecuador, los diversos movimientos sociales y políticos que se han desplegado en otros países de la región han levantado de manera persistente la demanda por una Asamblea Constituyente para impulsar e institucionalizar el cambio político en sus respectivas sociedades. El éxito político de las Asambleas Constituyentes en producir cambios significativos en la estructura jurídico-político institucional de los Estados es de tal envergadura que da inicio a procesos, eminentemente, revolucionarios. Sin lugar a dudas, que los casos boliviano, venezolano y ecuatoriano son ejemplos vivos de la importancia histórica y política del despliegue del poder constituyente ciudadano.
Por esa razón, actualmente la sola idea de convocar a una instancia de esa naturaleza aterra a las elites de poder y del poder. El poder constituyente ciudadano es peligroso. Y, esa es una poderosa razón que tienen las clases dirigentes constituidas para oponerse a él. Este poder tiene ciertas propiedades políticas que lo convierten en un práctico instrumento político democrático para producir un cambio jurídico-político institucional radical, o sea, revolucionario. Plantear y reclamar el poder constituyente es hablar de democracia. Pues, este no ha sido sólo considerado la fuente omnipotente y expansivo que produce las normas constitucionales de todo ordenamiento jurídico-político, sino también el sujeto de esta producción; una actividad igualmente omnipotente y expansiva: la política democrática. El poder constituyente como poder
ciudadano omnipotente es, en efecto, la manifestación misma de la revolución política. Pero, este no sólo es omnipotente, es también expansivo, su ilimitación no es sólo temporal sino también espacial. Es un poder subversivo que busca constituir todo de nuevo. De ahí de su radicalidad y potencia del acto constituyente. El orden político democrático no se sostiene en el poder constituido sino en el poder constituyente. El recurso a este poder por parte del movimiento social popular y ciudadano alternativo en la última década en Nuestra América ha significado la derrota permanente de las fuerzas antidemocráticas y autoritarias vinculadas con los poderes sociales, económicos y políticos tradicionales y capitalistas en Bolivia, Ecuador y Venezuela. Honduras como integrante del ALBA, bajo la conducción de Manuel Zelaya buscaba seguir el camino trazado por Evo Morales, Rafael Correa y Hugo
Chávez de impulsar la reforma constitucional a través de una Asamblea Constitucional. Contaba para ello con el apoyó de las organizaciones obreras, populares, estudiantiles y el partido de izquierda Unificación Democrática. Se manifestaron en contra la Iglesia Católica , la Corte Suprema , los dueños de los medios de comunicación y el Partido Liberal. Y, por cierto, las fuerzas armadas hondureñas. La fractura política que produjo la decisión de realizar la consulta popular polarizo a la sociedad de manera inmediata, pues ante la posibilidad de que el poder ciudadano se pronunciara a favor de la convocatoria de una Asamblea Constituyente, los poderes dominantes reaccionaron atentando en contra de la institucionalidad democrática. Este golpe de Estado no es sólo en contra del Gobierno del Presidente Manuel Zelaya es en contra la democracia, en contra de los ciudadanos y ciudadanas, en
contra del pueblo y su poder. Como he sostenido el poder constituyente es una de las armas más poderosa en el arsenal que dispone la democracia y especialmente, el constitucionalismo democrático y progresista. Por lo tanto, los ciudadanos democráticos radicales debemos avalar la legitimidad política que tiene su convocatoria por encima de cualquier otra acción política. Las acciones sociales y colectivas impulsadas en las sociedades latinoamericanas en los últimos años por los sectores populares, campesinos, indígenas, obreros y trabajadores, estudiantiles, anti-neoliberales y progresistas debieran llevar a las y los ciudadanos nacionales a reflexionar sobre la necesidad de cambiar el actual poder constituido por el poder constituyente ciudadano nacional. Transformar la justa electoral de diciembre próximo en la gran oportunidad política-electoral para pronunciarse a favor de la
convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente para hacer de la sociedad chilena una sociedad verdaderamente democrática. Recuperando de esa forma la potencia de la política democrática hoy en manos de los traficantes de la palabra y de las esperanzas, de los discursos vacíos e infértiles de la política espectáculo. Rechazamos abiertamente el Golpe de Estado en Honduras y avalamos, con mayor razón, la necesidad de convocar a una Asamblea Constituyente para recuperar y profundizar la democracia en la sociedad hondureña y, sobre todo, en Nuestra América.
Santiago Centro, junio 2009
(*) Director Académico del Doctorado Procesos Sociales y Políticos en América Latina de la Universidad ARCIS - Chile
PUBLICADO POR CARLOS MOREIRA EN 11:28
MARTES 30 DE JUNIO DE 2009
por Jorge Alberto Amaya*
Estimados amigos y amigas:
Lamento dirigirme a ustedes en este momento tan terrible y trágico de la historia de mi país. Como ya todos ustedes están enterados, la madrugada de este fatídico domingo del 28 de junio del 2009 las Fuerzas Armadas de Honduras,
junto con el Congreso Nacional y la Corte Suprema de Justicia, en connivencia con larecalcitrante y traidora oligarquía del país perpetró un Golpe de Estado en contra del presidente constitucional de la República, el señor Manuel Zelaya Rosales, más conocido por nosotros como Mel Zelaya. La acción fue tomada de manera artera y cobarde, bajo el manto de la oscuridad de la madrugada tegucigalpense. El
presidente fue violentado y sacado abruptamente de su casa de habitación, cuando se aprestaba -amparado en la Ley de Participación Ciudadana- a consultar a la ciudadanía en una encuesta para determinar si la población estaba de acuerdo en que se instalaran en las próximas elecciones presidenciales de noviembre de este año una cuarta urna para expresar si estamos de acuerdo con la instalación de una Asamblea Nacional Constituyente. La medida venía precedida con la firma de más de 400,000 ciudadanos y ciudadanas de todas partes del país. Sin embargo, el ejército y la oligarquía ultramontana desbarataron toda posibilidad de dicha consulta popular. No quieren perder los privilegios y canonjías que gozan desde que nos independizamos de España en 1821. En Honduras convivimos 7 millones de catrachos en una sociedad multicultural, en donde los negros garífunas, los negros ingleses, así como los Pueblos indígenas como los Lencas, Maya chortís, Miskitos, Pech, Tolupanes, Tawahkas y millones de campesinos y obreros mestizos de las ciudades estamos excluidos de participar en una democracia directa. En efecto, en nuestro país, más del 70% de la población vive en lapobreza, de los cuales el 56% están en la extrema pobreza. La escasa participación política, los altos niveles de corrupción institucionalizada, la existencia de una legislación tendente a favorecer al capital transnacional y a los intereses de esos grupos oligárquicos han generado una espiral de violencia y sobre todo laexpulsión casi forzosa de 1 millón de hondureños hacia los Estados Unidos, equivalente al 15% del total de la población. Aún así, nuestro país no se ha ido al precipicio (por algo se llamará Honduras nuestra tierra?) debido a que esos mismos paisanos envían 2,500 millones de dólares al
año a sus familias!. Esto es lo que pretendía modificar el gobierno de Mel Zelaya, hoy en dìa blandiendo la espada de Morazán desde la trinchera de la democracia latinoamericana: la siempre hospitalaria Costa Rica. Las injusticias, la pobreza, la ausencia de democracia. Por esa razón, miles de hondureños -a pesar de no pertenecer a su partido- nos sumamos a su propuesta, la cual simboliza la puesta en marcha de un proyecto nacional en el país. El presidente Zelaya (y le llamo así, “Presidenteâ€, porque es único al que reconocemos la mayoría de catrachos y toda la comunidad internacional) ha librado una batalla en la que se define no solamente el destino de Honduras, sino que también de todos los países hermanos de Latinoamérica. En estos precisos momentos (la una de la mañana del lunes 29 de junio), la rabia, la tristeza y la indefensión es lo que abate a la mayoría de nosotros, empero, el Pueblo, desde el mismo momento del Golpe Militar se ha manifestado y miles de obreros, estudiantes, profesores y campesinos siguen en alerta en lasafueras de la Casa
Presidencial. A las ocho de la noche recién pasada, los soldados abrieron fuego para amedrentar a los manifestantes. Este simple acto de remitirles esta carta es considerado por la actual Constitución Política como traición a la patria. Aún así, tengo la convicción que los traidores a la patria son ellos, los “golpistasâ€, que amparados en los fusiles y cañones quieren silenciarnos la voz y la oportunidad de vivir en una democracia justa y participativa. Por todo lo anterior condenamos el Golpe Militar, y solicitamos a todos ustedes quenos hagan el favor de reenviar este correo a todos sus contactos para que el mundo, y en especial Latinoamérica se entere de que acá no solo se juega el destino de nuestra nación, sino el futuro de toda nuestra tierra bolivariana y morazánica.
Su amigo y compañero
Tegucigalpa, DC, Honduras CA.
(*) Docente-investigador de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán
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