En numerosas ocasiones se ha repetido aquello de que la música amansa a las fieras. Repasando algunos estudios, John Jenkins, médico de la Royal Society of Medicine de Inglaterra, ha concluido que las sonatas de Mozart reducen los ataques epilépticos y mejoran la comprensión espacial. Jenkins ha señalado que habría que estudiar más a fondo en qué consiste el 'efecto Mozart'.
Redacción Ondasalud.com
Jenkins ha explicado que "escuchar música activaría las zonas del cerebro relacionadas con el razonamiento espacial. Pero en nuestra experiencia con epilépticos hemos descubierto un síntoma mucho más impresionante del efecto Mozart. De nuevo utilizamos la sonata K488 y vimos que los pacientes sometidos a esta investigación mostraban una reducción de su actividad epileptógena, la actividad que precede a los ataques epilépticos".
Los análisis por ordenador de la música de Mozart y Bach han demostrado que estas obras tienen un alto grado de periodicidad a largo plazo, y ondas que se repiten regularmente. Por el contrario, la música que no presenta estas características no tiene tanta influencia ni en el razonamiento espacial ni en los ataques epilépticos.
Por ello, Jenkins ha concluido que la música con un alto grado de periodicidad resuena a largo plazo en el cerebro, y es esa resonancia la que reduce la actividad epileptógena, al mismo tiempo que mejora el razonamiento espacio-temporal.
Estudios iniciales
En el estudio original realizado en 1993 se investigó el razonamiento espacial de varios voluntarios tras escuchar la sonata para dos pianos K488 de Mozart, música relajante o tras estar unos momentos en silencio. Los resultados de este estudio indicaban que sólo diez minutos de la música de Mozart hacían mejorar el rendimiento de los voluntarios en tareas como cortar y doblar papel.
Investigaciones posteriores han demostrado que las ratas salían con más facilidad de un laberinto tras escuchar la sonata que las que habían estado sometidas a un ruido blanco, al silencio o a la música minimalista. Otro análisis puso de manifiesto que los niños que habían tocado en un instrumento de tecla melodías sencillas durante seis meses, entre ellas algunas partituras de Mozart, sacaban más puntuación en tests espacio-temporales que los niños que se habían dedicado a trabajar con ordenadores.
Imágenes del cerebro o resonancias magnéticas han demostrado que el ritmo y el tono se procesan en el hemisferio izquierdo, mientras que el timbre y la melodía lo son en el hemisferio derecho.
También se ha visto que las partes del cerebro que se utilizan para las tareas espacio-temporales coinciden con las que procesan la música.
Objetivos específicos Identificar tempranamente el cuadro clínico del niño con autismo y describir su historia natural. Definir el plan de estudio y manejo terapéutico integral de acuerdo a las características individuales del paciente.
CONCEPTO Las personas con autismo son consideradas como pertenecientes a un grupo de trastornos del desarrollo de la función cerebral que presentan un amplio rango en severidad y trastornos del comportamiento que se les refiere en forma colectiva como a un "trastorno penetrante y difuso (pervasive) del desarrollo" según el DSM-IV de la Asociación Psiquiátrica Americana. Tres grandes categorías de alteraciones del comportamiento son comunes a todas las personas con autismo: 1.- un impedimento cualitativo en la interacción social; 2.- un impedimento cualitativo en el desarrollo del lenguaje y la comunicación; 3.- un rango restringido de actividades e intereses con patrones repetitivos y estereotipados. Dichas manifestaciones deberán iniciarse dentro de los primeros años de vida. De 1.3 a 2.6 por mil nacidos vivos tendrán autismo.
Las expectativas teóricas psicodinámicas iniciales del autismo, han sido reemplazadas por el concepto de que el autismo es la expresión clínica de una anormalidad de la función cerebral, que causa un desarrollo alterado de muchas áreas funcionales. En la última década ha emergido el concepto de un "espectro" de manifestaciones clínicas dentro del cual existe una continuidad de la expresión de síntomas, alteraciones de la función y manifestaciones asociadas que van, en un extremo desde el niño con las características "clásicas", pasando por otros casos menos severos (considerablemente más frecuentes que los clásicos) que continúan presentando la tríada de impedimentos mencionada pero con diferencias entre si, fundamentalmente en la intensidad y no así en la calidad de los síntomas, sin observarse límites precisos dentro de esta continuidad.
PERIODO PREPATOGENICO (Factores de riesgo) Agente.Aproximadamente el 10% de todos los casos de autismo se asocian o son atribuibles a alguna condición médica. Generalmente son patologías pre o posnatales, los factores perinatales tienen un papel etiológico pequeño en el autismo. Son agentes causales conocidos las infecciones intrauterinas como el citomegalovirus y particularmente la rubéola. En la etapa posnatal la encefalopatía pos-traumática y la encefalitis herpética.
Huésped. Existe evidencia que factores genéticos participan en el llamado autismo primario, que padecen la mayoría de los niños con autismo (autismo sin otra patología neurológica asociada) y explica el 3% a 8% de riesgo de recurrencia en familias con un niño afectado, así como la concordancia de un 90% entre gemelos monocigotos. Entre las patologías coexistentes tenemos: anomalías cromosómicas (síndrome del cromosoma X frágil, síndrome de Angelman y síndrome de Down); trastornos de migración neuronal y disgenesias cerebrales (esclerosis tuberosa, hipomelanosis de Ito); aminoacidopatías (fenilcetonuria, enfermedad de orina con olor a Jarabe de Arce); síndrome de Rett, síndrome de Cornelia de Lange, síndrome de West e hidrocefalia.
Ambiente. Las dificultades perinatales (encefalopatía hipóxico isquémica, etc.) tienen poca influencia causal.
PREVENCION PRIMARIA Promoción de la Salud. Incrementar la educación médica de la comunidad y promover el saneamiento ambiental.
Protección Específica. Va dirigida a algunos autismos con patologías comorbidas como sería la prevención de infecciones intrauterinas y en particular la vacunación de la madre contra la rubéola, el diagnóstico y manejo temprano de aminoacidopatías, la derivación ventrículo peritoneal en la hidrocefalia y el tratamiento temprano y agresivo del síndrome de West.
PERIODO PATOGENICO Etapa Subclínica. Cambios anatomo patológicos. Aproximadamente 35 cerebros de pacientes con autismo han sido estudiados neuropatologicamente, habiéndose observado alteraciones celulares (probablemente disgenéticas) en la corteza y nucleos cerebelosos y en la amigdala y el hipocampo del sistema límbico. Estudios morfométricos empleando la resonancia magnética han mostrado hipoplasia de partes del vermis cerebeloso, adelgazamiento del tallo cerebral y de la parte posterior del cuerpo calloso, algunos estudios han involucrado alteración en la acción de neurotransmisores y neuromoduladores (el sistema dopaminico, el opioide endogeno y la serotonina).
Etapa clínica. Síntomas y Signos. Las manifestaciones clínicas las podemos agrupar en: a).- Características de la interacción social: déficit en la expresión o sonrisa social, en el contacto visual, en el juego interactivo; tendencia a ignorar a otras personas, al aislamiento, al ensimismamiento, con indiferencia al ambiente; utiliza las personas como objetos; intolerancia a ciertos estímulos sensoriales (sonidos, sabores, texturas); atracción por objetos que giran. b).- Características de su comunicación verbal y no verbal: en los primeros años se pudiera comportar como si no oyera; si desarrolla lenguaje: ecolalía, palilalia (repetirse a si mismo), disgramático con tendencia a hablar en tercera persona, perseveración verbal, inadecuada aplicación del lenguaje (dispragmático), empleo de "cliches" verbales o vocabulario demasiado formal (pedante), déficit en la prosodia y en la expresión facial o mímica que acompañan el habla. c).- Características en la selección de actividades y comportamientos: movimientos repetitivos y estereotipados (aleteo de manos, vueltas sobre su eje corporal o alrededor de objetos, caminar de puntas, meceo del cuerpo, contorsión de los dedos de la mano, golpeteo con la cabeza, brincos y carreras repetitivas); gran resistencia al cambio de actividad; conductas compulsivas en el vestir, comer, jugar, etc., olfatear objetos; fijación exagerada a objetos y preocupación exagerada por partes de objetos, animales o personas.
Síntomas y signos asociados. a.- Subnormalidad mental. El 75% de las personas con autismo tienen retardo mental con habilidades no verbales generalmente superiores a las verbales. Un grupo pequeño presenta habilidades visuoespaciales, musical o en matemáticas sorprendentes. b).- Epilepsia. Del 25% al 30% de los pacientes con autismo tendrán crisis epilépticas, con un pico en la niñez entre 2 y 4 años y otro en la adolescencia. El 10% de los niños con autismo podrían tener solo anormalidades paroxísticas en el EEG. c).- Déficit en la atención con hiperactividad. Se manifiesta frecuentemente como un proceso coexistente, que puede dificultar el manejo del niño con autismo.
Historia Natural y Pronóstico. La aparición y evolución de las distintas manifestaciones clínicas es variable y fluctuante en calidad e intensidad, por lo que no debemos esperar que esten presentes todas ellas en un momento dado. La mayoría de los niños autistas muestran tendencia a mejorar en las áreas sociales y del lenguaje y disminuyen sus comportamientos estereotipados en el transcurso de la niñez. El diagnóstico de autismo es clínico, pues en este momento no existe ningún marcador biológico que nos ayude al diagnóstico. Procedimientos diagnósticos selectivos (estudios cromosómicos o de neuroimagen) pudieran ser útiles en presencia de patología coexistente. Potenciales evocados auditivos en niños pequeños son de utilidad para descartar un déficit auditivo asociado. El EEG es de utilidad para descartar la presencia de proceso paroxístico a nivel bioeléctrico sin aparente expresión clínica.
El indicador más confiable para emitir un pronóstico a largo plazo es la presencia o no de subnormalidad mental coexistente. En valoraciones tradicionales dos terceras partes de los casos tuvieron un pobre pronóstico en base a su adaptación social, habilidad para trabajar y para funcionar en forma independiente.
PREVENCION SECUNDARIA Diagnóstico precoz y tratamiento oportuno. Para el año y medio o dos años ya es evidente un déficit en el desarrollo del lenguaje, sonrisa y juego social, en el juego imitativo ("decir adios" "papas"), pobre contacto visual, rechazo al contacto corporal, pobre interés en el medio (prefiere estar solo) y rechazo a los alimentos sólidos. En una tercera parte de los casos se observa un desarrollo aparentemente normal hasta esta edad y luego una regresión del lenguaje, juego y socialización.
Diagnóstico Diferencial. Muchos niños con retraso mental severo muestran algunos de los comportamientos vistos en el autismo, como movimientos estereotipados y perseveración, labilidad emocional y autoagresión; otros trastornos a considerar serían: trastorno del lenguaje del desarrollo, déficit de la atención con impulsividad e hiperactividad, síndrome del hemisferio cerebral derecho y síndrome de Rett.
Medidas Terapéuticas. Es fundamental el diagnóstico precoz, pues permite la identificación de una patología subyacente potencialmente tratable, el reconocimiento de un desorden genético que requiera un consejo genético, ayuda a la familia a salir de un círculo vicioso, eliminando sentimientos de culpa y técnicas de manejo inapropiados o incompletas y favorece el iniciar manejo y educación apropiados. En circunstancias particulares puede haber tratamientos específicos (aminoacidopatías, hidrocefalia).
La farmacoterapia es en gran parte sintomática, para el control de déficit en la atención con hiperactividad (metilfenidato, fenfluramina); auto y heteroagresividad (propranolol, amantadina, sulpirida, haloperidol): manifestaciones obsesivo-compulsivas (clomipramina, fluoxetina); varios comportamientos, estereotipas motoras, socialización (naltrexona); y crisis epilépticas (ácido valproico, carbamazepina).
El empleo de principios básicos educativos, de educación especial y psicoterapia (frecuentemente para ayudar a la familia).
Limitación del Daño. El tratamiento precoz favorece una aceptación e integración familiar y social más adecuada, así como un mejor desarrollo del lenguaje.
PREVENCION TERCIARIA Rehabilitación. Esta se deberá efectuar teniendo como base el hogar, con un enfoque primordialmente educativo. Los tres programas educativos que han demostrado ser útiles, más difundidos en la actualidad son: el de Lovaas (California), Rutter (Inglaterra) y Schopler - TEACCH - (Carolina del Norte). La teoría de la mente y sus posibles aplicaciones en el tratamiento es un trabajo en proceso de definición.
NIVEL DE ATENCION Primario. El médico general sospechará o identificará el cuadro clínico y enviará los pacientes a servicios de diagnóstico y tratamiento especializado. Secundario. El pediatra realizará las mismas funciones, con un criterio más especializado y respaldará la atención del especialista aprovechando su influencia en la familia. Terciario. Para la confirmación precoz del diagnóstico y su manejo integral, incluyendo las manifestaciones asociadas y el establecimiento de la prevención secundaria y terciaria.
Referencias bibliográficas
American Psychiatric Association. Diagnostic and statistical manual of mental disorders 4th. ed. Washington, D.C: APA 1994.
Bauer S. Autism and the pervasive developmental disorders: Part 1. Ped Rev 1995; 16: 130-36.
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Calderón-González R, Calderón-Sepulveda A, Santillan-Flores A. Inventario perfil CENNA de conductas y lenguaje del niño autista. Neurología, Neurocirugía, Psiquiatría 1992; 32: 51-58.
Calderón-González R, Treviño-Welsh J, Calderón-Sepulveda A. Autismo en la esclerosis tuberosa. Gaceta Med Mex 1994; 130: 374-379.
Gillberg C, Coleman M. The biology of autistic syndromes 2nd,. ed. Clin Dev Med N° 126, Philadelphia; JB Lippincott 1992.
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Rapin I, Katzman R. Neurobiology of Autism. Ann Neurol 1988; 43: 7-14.
DEFICIT EN LA ATENCION CON HIPERACTIVIDAD
Dr. Raúl Calderón González
Objetivos Específicos Identificar precoz y correctamente el niño con déficit en la atención con hiperactividad y describir su historia natural. Definir el plan de estudio y manejo terapéutico integral de acuerdo a las características individuales.
CONCEPTO El déficit en la atención con hiperactividad (DAH) es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por tiempo de atención corto, fácil distractibilidad, conducta desorganizada, al que se asocia impulsividad y labilidad del afecto, y puede o no asociarse a hiperactividad motora; es uno de los trastornos neurobiológicos del comportamiento crónicos, más frecuentes (3% al 5% de la población escolar) en la niñez y adolescencia.
Los niños con déficit de atención presentan, como manifestaciones centrales: inatención, impulsividad e hiperactividad que son inapropiadas para su nivel de desarrollo y que interfiere con su funcionamiento óptimo. Puede observarse conductas antisociales en la adolescencia y persistir en remisión parcial en el adulto.
PERIODO PREPATOGENICO (Factores de riesgo) Agente. Los factores no genéticos constituyen sólo entre el 20% y 30% de las causas de DAH. Entre ellos se encuentran la exposición a niveles altos de plomo en los niños y el trauma craneoencefálico, particularmente con afectación de la corteza prefrontal. Contrario a la creencia popular, ni los factores dietéticos como la cantidad de azúcar que el niño ingiere, ni los métodos de crianza del niño tienen una influencia definida en el DAH.
Huésped. Es aproximadamente seis veces más frecuente en niños que en niñas. Del 70 al 80% de los casos son de origen genético. El DAH se considera un trastorno de origen poligenético, es decir, que más de un gene esta involucrado, particularmente aquellos que determinan la forma en que el cerebro utiliza la dopamina.
Ambiente. La prematurez, el empleo de tabaco o alcohol de parte de la madre son factores determinantes de DAH.
PREVENCION PRIMARIA Promoción de la salud.Incrementar la educación médica de la comunidad y promover el saneamiento ambiental.
Protección Específica. Es importante la información y educación prenatal para evitar el tabaquismo y la ingesta de bebidas alcohólicas durante el embarazo; la detección de ambientes con alto nivel de plomo para evitar la exposición de un niño en desarrollo, así como la difusión y promoción de medidas de seguridad para evitar el trauma craneoencefálico en el niño. Los hermanos de niños con DAH son entre cinco a siete veces más susceptibles a presentar DAH que, los niños de familias no afectadas; y los hijos de un padre afectado tienen hasta un 50% de posibilidad de presentarlo.
PERIODO PATOGENICO Etapa Subclínica. Cambios anatomo patológicos. Por medio de estudios de imagen se ha determinado la afectación de la corteza prefrontal derecha, del núcleo caudado y del globo palido, así como parte del cerebelo, manifestado por un tamaño significativamente menor de estas estructuras, posiblemente inducido por mutaciones de varios genes que normalmente son muy activos en estas estructuras.
Etapa Clínica. Síntomas y signos. Los criterios diagnósticos más ampliamente conocidos son los establecidos en el DSM-IV (1994) de la Asociación Americana de Psiquiatría, los cuales para ser considerados deberán causar un impedimento clínicamente significativo en el funcionamiento social, académico u ocupacional del afectado, ocurrir en dos o más ambientes (escuela, casa, trabajo), haberse iniciado antes de los 7 años de edad y estar presentes cuando menos por 6 meses a un grado incompatible e inadecuado para su nivel de desarrollo.
Inatención: 1.- Frecuentemente no presta atención a detalles o comete errores por descuido en sus tareas escolares, el trabajo u otras actividades, 2.- Frecuentemente no sigue instrucciones o no termina una tarea escolar, del hogar o deberes en su lugar de trabajo, 3.- Frecuentemente pierde las cosas necesarias para efectuar tareas o actividades, 4.- Frecuentemente tiene dificultad para mantener la atención en tareas o actividades de juego, 5.- Frecuentemente "da" la impresión que no esta escuchando cuando se le habla directamente, 6.- Frecuentemente evita, rechaza o se resiste a participar en actividades que requiere esfuerzo mental sostenido, 7.- Frecuentemente tiene dificultad para organizar tareas y actividades, 8.- Frecuentemente se distrae con facilidad con estímulos externos, 9.- Frecuentemente es olvidadizo en las tareas diarias. Seis o más de estas manifestaciones deberán estar presentes.
Hiperactividad. 1.- Frecuentemente corre y trepa excesivamente en situaciones inapropiadas (en adolescentes sensación subjetiva de inquietud), 2.- Frecuentemente le es difícil jugar o participar tranquilamente en actividades recreativas, 3.- Frecuentemente "anda a la carrera" o actúa como si "lo moviera un motor", 4.- Frecuentemente habla en forma excesiva, 5.- Frecuentemente se levanta de su asiento en el salón de clase o en otras situaciones en la que se espera permanezca sentado, 6.- Frecuentemente muestra inquietud de manos y pies o se retuerce en su asiento.
Impulsividad. 7.- Frecuentemente interrumpe o se entromete con los demás, 8.- Frecuentemente empieza a contestar una pregunta antes que esta se termine, 9.- Frecuentemente tiene dificultad para esperar su turno.
Seis o más de estas manifestaciones deberán estar presentes. Con estos criterios se pueden reconocer tres subtipos: predominantemente inatento; predominantemente hiperactivo-impulsivo y el combinado.
Síntomas y signos asociados. El DAH se puede asociar (manifestaciones coexistentes) con retardo en la adquisición y desarrollo del lenguaje (disfasia del desarrollo), con trastornos del aprendizaje, depresión, ansiedad, desorden de negativismo desafiante, desorden de conducta y agresividad, síndrome de Tourette (enfermedad de los tics), autismo, retraso mental, parálisis cerebral, disfunción familiar y epilepsia particularmente, si hay ingesta de antiepilépticos como el fenobarbital o la primidona.
Historia Natural y Pronóstico. Para la niñez tardía y pre-adolescencia el cuadro clínico se complica con conflictos familiares, académicos y sociales, agregándose conductas antisociales. Aproximadamente el 50% de los niños con DAH continúan teniendo dificultades de distinta índole en la edad adulta, o sea que este trastorno de la niñez a menudo persiste hasta la adolescencia y la adultez, aunque sus síntomas característicos se modifican en función de la edad, el ambiente familiar y social en que se desenvuelva. Se consideran como factores que influyen en el pronóstico a largo plazo: el diagnóstico y tratamiento precoz y correcto con fármacos y/o técnicas de modificación de conducta. Se consideran como indicadores positivos una buena inteligencia y salud del niño, estabilidad familiar y la salud mental de sus miembros, lo opuesto serían indicadores negativos.
PREVENCION SECUNDARIA Diagnóstico precoz y tratamiento oportuno. Los síntomas y signos de DAH no suelen detectarse y diagnosticarse antes de los 4-5 años. No obstante hay un grupo de manifestaciones por debajo de los 3 años que son precursores del cuadro clínico típico y son de utilidad para el diagnóstico y el inicio temprano de estrategias de intervención, como lo son el llanto excesivo, dificultades con sueño, problemas de alimentación, agitación motora o variaciones en la respuesta a los estímulos. Durante la etapa preescolar (3-4 años) las manifestaciones que predominan se relacionan con hiperactividad e impulsividad.
Diagnóstico Diferencial. El retraso mental y el autismo frecuentemente presentan en forma coexistente DAH y por un tiempo ser esta la manifestación más evidente, diagnosticándose erróneamente sólo como DAH. Una diferenciación a veces más difícil es con el trastorno de negativismo desafiante y el trastorno de conducta también requiere diagnóstico. La hiperactividad y agresividad observada en síndromes postraumáticos, posencefaliticos o poshipóxicos. Pudiera no ser fácil diferenciar con cuadros primarios de depresión y ansiedad de la niñez.
Medidas Terapéuticas. Los objetivos del tratamiento deberán ir dirigidos a: 1.- Promover el desarrollo normal del niño y adolescente; 2.- Eliminar comportamientos inadecuados; 3.- Tratar los problemas asociados. Para la promoción del desarrollo normal, deberemos informar y educar a pacientes, familiares, maestros y compañeros en relación con DAH y condiciones relacionadas; desarrollar la autoestima del paciente y ayudar a normalizar la interacción adultos-paciente y compañeros-paciente. Para eliminar comportamientos inadecuados empleamos: a).- Procedimientos farmacológicos. Los estimulantes son los fármacos de elección, particularmente el metilfenidato (Ritalin) a dosis de 0.3 a 0.7 mg/kg/toma, generalmente se recomienda una toma por la mañana y otra después del mediodía. Con el que se obtiene el resultado de mejor calidad, en general es bien tolerado y no causa adicción o psicopatías como lo han sugerido algunos medios de comunicación mal informados. Los antidepresores triciclicos particularmente la imipramina (0.5 a 3 mg/kg/día) repartida en 2 o 3 tomas y otros como clonidina (0.1 a 0.3 mg/kg/día) repartida en 2 tomas, tloridazina y carbonato de Litio; b).- Procedimientos no farmacológicos. Entrenamiento personal en la solución de problemas y autocontrol de frustración y coraje; educación a la familia y personal escolar; entrenamiento en modificación de conducta para padres, familia y maestros; y terapia psicoeducativa. Tratar los problemas asociados. Estrategias específicas farmacológicas y no farmacológicas para el trastorno del lenguaje y/o aprendizaje, depresión, ansiedad, desorden de negativismo desafiante, desorden de conducta y agresividad, autismo, retraso mental y disfunción familiar.
Limitación del daño. La corrección precoz disminuiría el riesgo de un trastorno afectivo-emocional, de inadaptación escolar y social, y/o trastorno de aprendizaje.
PREVENCION TERCIARIA Rehabilitación. La intervención temprana se deberá iniciar por personal especializado en cuanto se establece el diagnóstico. Procedimientos que promueven el auto-control como el programa de "Detente y Piensa" son de utilidad en niños con inicio de la escolarización en adelante.
NIVEL DE ATENCION Primario. El médico general sospechará ó identificará el cuadro clínico y enviara al paciente a servicios de diagnóstico y tratamiento especializado. Secundario. El pediatra realizará las mismas funciones con un criterio más especializado y respaldará la atención del especialista aprovechando su influencia en la familia. Terciario. Para la confirmación precoz de diagnóstico y su manejo integral, incluyendo las manifestaciones asociadas y el establecimiento de prevención secundaria y terciaria.
Referencias bibliográficas
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Barkley RA. Attention deficit-hyperactivity disorder. A handbook for diagnosis and treatment. New York: Guilford Press 1990.
Calderón-González R. Spectrum of attention deficit disorders. neurological and neuropsychological bases. Int Pediat 1993; 8: 189-198.
Calderón-González R. El Niño con disfunción cerebral. México; Ed. Limusa, 1998 149-173.
Culbert TP, Banez GA, Reiff ML. Children who have attentional disorders: Interventions. Ped Rev 1994; 15: 5-15.
Reiff ML, Banez GA, Culbert TP. Children who have attentional disorders: Diagnosis and evaluation. Ped Rev 1993; 14: 455-465.
ESTRATEGIAS NEUROREHABILITATORIAS PARA NIÑOS CON PARALISIS CEREBRAL
Dr. Raúl Calderón González
Los intentos para facilitar la recuperación de la función motora son de los enfoques principales en los programas de neurorehabilitación. Los siguientes son unos conceptos en relación a estos enfoques.
Plasticidad en Sistemas Motores.- Desde hace muchos años se ha reconocido la importancia de la plasticidad neuronal durante el desarrollo del sistema nervioso central. El término "plasticidad neuronal" se ha acuñado para describir cambios funcionales y estructurales de la red neural y neuronal en respuesta a estímulos del ambiente, la práctica de tareas mentales o físicas y la lesión del sistema nervioso.
El conocimiento de que el aprendizaje motor en animales normales involucra el entrenamiento de grupos de neuronas motoras atraves de la "práctica repetida de tareas con función" ha influido los conceptos modernos de la terapia física. La sobreposición y la naturaleza dinámica de los agrupamientos corticales neuronales pueden también explicar parcialmente la recuperación motora que ocurre después de una lesión. Cuando una área de la corteza motora primaria se lesiona, las áreas adyacentes pueden ser capaces de restaurar nueva función, simplemente porque ellas estaban participando en esta función antes de la lesión (1). El término general de "desenmascaramiento" se ha utilizado en algunas ocasiones para describir este fenómeno.
Estrategias Tradicionales Para Incrementar la Recuperación Motora.- Los procedimientos que más ampliamente se practican para mejorar la función motora son programas de terapia física. Muchas de las técnicas actualmente utilizadas se basaron en conceptos desarrollados en los años 50's y los 60´s de Bobath. Aunque las distintas filosofías de terapia se basaron principalmente en la experiencia clínica de sus proponentes, una base teórica fue propuesta para cada uno de ellos; fundamentada en los conceptos fisiológicos y del desarrollo de su época. Todos los métodos iniciales han sido clasificados como "neurofisiológicos" en el sentido de que claman que facilitan el control motor, en oposición a simplemente técnicas de enseñanza compensatoria (2). Un enfoque reciente es el catalogado como de aprendizaje o reaprendizaje motor (3). Esta filosofía enfatiza el aprendizaje y la práctica de habilidades motoras funcionales, las cuales deberán ser "específicas a tareas" por lo tanto, este enfoque va más deacuerdo con las teorias modernas del aprendizaje motor. En realidad, los terapeutas físicos modernos a menudo integran componentes de dos o más filosofias en sus regímenes de tratamiento.
Desafortunadamente, los principios subyacentes a la mayoría de las escuelas de terapia física adolecen de una prueba científica irrefutable. No existe evidencia que indique un enfoque sea superior a los otros. A pesar de la falta de prueba suficiente de su eficacia, los programas de terapia física generalmente son aceptados como útiles en la rehabilitación. El concepto de entrenamiento "específico a tareas" es consistente con los conceptos modernos del aprendizaje motor (3).
Nuevas Estrategias de Entrenamiento Motor.- " Terapia de movimiento por uso forzado " Concepto originado por Taub Wolf (4). La base de este enfoque se derivó de estudios hechos en monos con desaferentización de la extremidad superior unilateral. Cuando la extremidad superior de un lado de un mono es desaferentizada el animal no la utiliza en una situación libre. Si el movimiento de la extremidad normal es restringido por uno o dos días, el animal utilizarála extremidad desaferentizada, pero volverá a no utillizar la extremidad si se elimina la restricción. Sin embargo, si el brazo normal es restringido por una o dos semanas, la habilidad para utilizar la extremidad desaferentizada en las actividades generales se vuelve permanente (5). Varios estudios han aplicado este paradigma del " Uso forzado " para tratar a personas con accidente vascular cerebral (6,7). Taub y otros (8) en un grupo pequeño de pacientes con secuela de accidente vascular cerebral restringieron el movimiento de la extremidad normal, esta restricción se hizo poniendo un cabestrillo al cual se dejaba puesto durante las horas de vigilia durante dos semanas. El paciente practicó con la extremidad afectada por el accidente vascular cerebral durante una serie de 25 tareas las sesiones de tratamiento diario. Al final de las dos semanas, la ejecución mejoró significativamente en 19 de las 21 tareas. Se mejoró la velocidad y la calidad de movimiento, pero especialmente la cantidad de tiempo que la extremidad afectada era realmente utilizada en las actividades diarias de la vida después del tratamiento. Estos avances persistían todavía después de un año de seguimiento. Si la teoría del "no uso aprendido" es correcta, algunas técnicas de terapia tradicional que han favorecido la substitución del brazo no afectado en la ejecución de tareas previamente ejecutadas por el brazo débil, en realidad pudieran estar obstaculizando la recuperación motora.
Soporte parcial del peso corporal y entrenamiento en banda sin fin (BWSTT). Al paciente se le sostiene empleando un arnés y se le coloca en una banda sin fin, esa estrategia se utiliza para promover el entrenamiento de la marcha para pacientes con disparéis espástica o hemiparesia espástica(9). Dobkin y otros (10) creen que existian agrupamientos neuronas motores lumbosacros que "reconocen" la aferencia sensorial típica de la locomoción. Además, este sistema pudiera representar una forma de paradigma de "uso forzado" para la marcha o pudiera simplemente representar una forma de entrenamiento dirigido "específico a tareas".
Fortalecimiento muscular selectivo. Este procedimiento combinado con otros enfoques terapéuticos se ha considerado como otra estrategia que mejora la recuperación motora. La evidencia recientemente revisada por Giuliani (11) indica que el fortalecimiento muscular selectivo es de beneficio a problemas neurológicos. Varios estudios recientes (12,13) han demostrado que el fortalecimiento de los extensores de la rodilla (cuadriceps) mejora
significativamente la eficiencia de la marcha y las destrezas motoras gruesas en adolescentes con parálisis cerebral, mejorando la marcha a incrementar la longitud del paso y disminuir la marcha con las rodillas semiflexionadas en pacientes con diplejía espástica. Las investigaciones también revelan impacto del fortalecimiento muscular en la función y calidad de vida. Onley (14) recomienda el fortalecimiento de los músculos flexores de la cadera y de los flexores plantares del tobillo, que son músculos poderosos para la marcha, así como los extensores de la cadera que participan en la estabilidad mejorando la marcha. El fortalecimiento se puede incorporar en tales actividades funcionales como subir escaleras o en el cambio lento de sentado a parado. En general, este fortalecimiento muscular selectivo va dirigido a fortalecer los músculos antagonistas en la parálisis cerebral espástica, particularmente los dorsiflexores de tobillo, extensores de rodilla, abductores de cadera, extensores de codo, dorsiflexores de muñeca.
Facilitación rítmica de la marcha. Esta es una técnica que ha demostrado ser útil para mejorar la marcha (15) con entrenamiento empleando la estimulación auditiva rítmica.
Métodos Para el Manejo de la Espasticidad.- Los distintos procedimientos considerados como de terapia física (Bobath, Vojta, etc.) no han demostrado utilidad para el control de la espasticidad (16). Procedimientos útiles para reducir o controlar la espasticidad son la inyección muscular selectiva de toxina botulínica la bioretroalimentación con registro electromiográfico, la rizotomía dorsal selectiva y la aplicación de baclofen intrarectal empleando una bomba de aplicación subcutánea (16).
Bioretroalimentación empleando electromiografía.- La bioretroalimentación auditiva y/o visual, utilizando la actividad electromiográfica en relación con la posición de las articulaciones, puede guiar a los pacientes hacia patrones deseados de movimiento. O'Dwyer y otros (17) utilizaron la bioretroalimentación para reducir el reflejo de estiramiento tónico, con resultados estadísticamente significativos, en el 50% de los pacientes con parálisis cerebral.
Rizotomía dorsal selectiva.- Este prcedimiento elimina la espasticidad pero requieren de un programa intensivo de terapia física postoperatoria, para el fortalecimiento, y el desarrollo de patrones de movimiento más normales y para la mejoría de la función (18,19).
Baclofen intratecal.- La terapia física necesaria como complemento de la aplicación de baclofen intratectal no requiere ser tan intensiva, como la que se utiliza en la risotomía dorsal selectiva, debido a que la dosis de baclofen se puede ir aumentando lentamente para permitir al paciente a que se acomode gradualmente a su espasticidad disminuida (16).
Estimulación Eléctrica Selectiva.- Este término no es específico, se ha utilizado para una variedad de técnicas de tratamiento involucrando la estimulación de músculos y nervios. Se ha sugerido que este procedimiento mejora la función y la fuerza muscular en personas con debilidad (20). Clínicamente, los terapeutas aplican la estimulación eléctrica a niños con parálisis cerebral por varias razones:
para mantener o mejorar los arcos de movimiento, para facilitar el control muscular voluntario y para reducir la espasticidad. Hazlewood y otros (21) estimularon el tibial anterior en 10 pares de niños con parálisis cerebral hemiparética el grupo de tratamiento recibió la estimulación eléctrica sobre el tibial anterior para desencadenar dorsiflexión 1 hora diaria por 35 días consecutivos. El arco de movimiento de la dorsiflexión y la fuerza muscular mejoraron para el grupo con estimulación eléctrica, pero no así, para el grupo control, aunque esto no se reflejó en mejoría durante el análisis de marcha. Este es otro ejemplo del hecho de que una mejoría del impedimento, no necesariamente se traduce en mejoría de la función o cambios en la dishabilidad (16). Ellos sugieren que la estimulación eléctrica pudiera prevenir deterioro en los arcos de movimiento durante el crecimiento, en este momento la evidencia sobre la eficacia de la estimulación eléctrica funcional no es concluyente.
Tratamiento de Neurodesarrollo.- En los años 40´s Karel y Berta Bobath (22) iniciaron sus técnicas de tratamiento de neurodesarrollo, el cual, en la actualidad es uno de los métodos que más comúnmente utilizan los terapeutas que tratan niños con parálisis cerebral. A través de los años, los principios de ese tratamiento del neurodesarrollo, se han modificado y cambiado. Las bases del tratamiento del neurodesarrollo, son la inhibición del tono anormal y de los reflejos primitivos, y la facilitación del movimiento normal, primariamente a través de técnicas de posicionamiento y manipulación que permiten a los niños experimentar la sensación del movimiento normal. Inicialmente el tratamiento se centró en la secuencia del desarrollo normal, pero el énfasis en la actualidad, es sobre metas funcionales, como son el paso de la posición de sentado a la de parado. Los principios del tratamiento incluyen el soporte del peso corporal, el cambio de punto de apoyo del peso y la normalización del tono muscular. La certificación de terapeuta en neurodesarrollo para parálisis cerebral está disponible para terapeutas a través de un curso de 8 semanas, el cuál es controversial aún así, es considerado como una credencial respetada por los terapeutas pediatras (16). En vista de la evidencia que refuta las bases teóricas el tratamietno de Neurodesarrollo, los que respaldan esta técnica, ahora están intentando relacionar el tratamiento de neurodesarrollo con las corrientes científicas actuales (23). Un estudio aleatorio controlado encontró que el tratamiento de neurodesarrollo mejoraba el control postural de los infantes pero no tenía ningún efecto sobre el tono muscular o los reflejos primitivos, se ha visto que tampoco influye sobre los arcos de movimiento (24).
Ortosis.- Las metas primarias de los distintos procedimientos ortósicos son la prevención de la deformidad y mejoría de la función (25,26). En un intento por definir el tiempo de uso apropiado para la ortosis tobillo-pie, Tardieu y otros (27) encontraron que los niños normales tienen un estiramiento del tendón de Aquiles de aproximadamente 7 horas a lo largo de todas las actividades del día. Para niños con parálisis cerebral, el uso de una ortosis tobillo-pie 7 horas por día, fue efectiva para mantener el estiramiento del complejo gemelo/ soleo (27). Los estudios sugieren que la ortosis tobillo-pie y las férulas inhibitorias mejoran la longitud del paso y el equilibrio durante la marcha y que la ortosis tobillo-pie mantiene la longitud del músculo gemelo/soleo si se utilizan cuando menos 7 horas al día.
Intervención Temprana.- La intervención temprana incluye terapia física, ocupacional, de prelenguaje y lenguaje. Los programas de terapia física para infantes desarrollan en los padres habilidades de cómo manipularlos, promueven el establecimiento de metas realistas, y proveen al niño con experiencias sensorio-motores óptimas, que incluyen la alineación apropiada, el control postural y la simetría (28). Los infantes aprenden a través de la exploración del ambiente así que los terapeutas deberán promover la movilidad e identificar en una etapa precoz las necesidades de equipo adaptado. En los niños severamente afectados, las metas en la etapa de la infancia, como el mantenerlo cómodo, facilitar su cuidado y la prevención de deformidad, continuarán siendo validas por el resto de la vida (16).
Girolami y Campbell (24) en un estudio controlado y aleatorio compararon el tratamiento del neurodesarrollo de Bobath y la manipulación inespecífica de niños prematuros, y observaron que el tratamiento del neurodesarrollo mejoró el control postural, pero no se observó ningún efecto significativo sobre el tono muscular, su comportamiento, reflejos o regulación autonómica, este hecho respalda la declaración por consenso emitida en 1990 por la sección pediátrica de la Asociación Americana de Terapia Física que concluyó, que no había ninguna evidencia de que la terapia física disminuyera el tono muscular o los reflejos primitivos (29).
Otra terapia física utilizada como intervención temprana en parálisis cerebral es el método de Vojta, muy difundido en Europa. Se basa en la activación del desarrollo postural y las reacciones de equilibrio, para guiar el desarrollo normal. Los terapeutas desarrollan un plan de tratamiento basado en patrones locomotores reflejos, y aferencias propioseptivas, para luego enseñarlo a los padres. El terapeuta controla semanalmente el programa en los infantes, y mensualmente en los niños más grandecitos. El tratamiento es molesto y frecuentemente causa que los niños lloren, por lo cual mucho terapeutas no favorecen este método. Los niños con tratamiento precoz principian a caminar un promedio de 8 meses antes y con un patrón de marcha más estable. El método de Vojta es efectivo si se implementa en una etapa precoz debido a que los niños que desarrollan patrón de rastreo y gateo anormal persisten presentando patrones de movimiento anormales con la marcha (30).
En resumen, la investigación reciente de la intervención temprana, no muestra utilidad para prevenir parálisis cerebral o mejorar el desarrollo motor en niños con parálisis cerebral. El tratamiento de neurodesarrollo y el método de Vojta sólo mejoran el control postural (16,30).
Terapia para niños de edad escolar La terapia para niños de edad escolar enfatiza el aprendizaje, la comunicación, la movilidad independiente y la participación en el auto-cuidado, así como la prevención de deformidades. La movilidad independiente incluye la marcha y/o la movilidad en el piso con ayudas como sillas del ruedas o instrumentos motorizado según sea necesario (31).
Adolescencia y edad adulta Durante la adolescencia, los temas de intervención se centran en la independencia (32). Los adolescentes deberán jugar un papel muy importante en el desarrollo de sus propias metas, si el auto-cuidado no es posible, el aprender a dar indicaciones correctas a las personas que lo ayudan permitirá un grado de independencia. La movilidad continúa siendo importante, así como la comunicación, para los adolescentes que no tienen limitación en las habilidades cognitivas. La movilidad independiente en la comunidad, es una meta apropiada, ya sea aprendiendo a manejar o a utilizar el transporte público (31). La participación en las actividades recreativas también es importante. Durante la pubertad, la autoestima, la autoimagen, la sexualidad y el aumento de peso son preocupaciones significativas; la depresión es común en los adolescentes y en los adultos con parálisis cerebral (16). El adulto con parálisis cerebral se enfrenta a problemas como son la falta de integridad de articulaciones, contracturas, osteoporosis, debilidad y baja resistencia. El 76% de los adultos con parálisis cerebral en un estudio mostraron múltiples problemas músculo-esqueléticos la mayoría de ellos utilizaban ayudas complementarias y sistemas de asiento inapropiados (33). La alineación apropiada con ortosis y equipo adaptado pueden reducir los impedimentos secundarios al proteger las articulaciones, prevenir contracturas y promoverla mejor biomecánica para un movimiento mas eficiente.
El estar en buena condición física y de resistencia para el adolescente y el adulto con parálisis cerebral hace importante encontrar formas disfrutables de ejercicio. La natación, montar a caballo, pueden iniciarse en la edad temprana para promover buenos hábitos de condición física, el ejercitarse en un gimnasio puede ser apropiado y disfrutables por adolescentes y adultos. El tener una forma de comunicación, movilidad, empleo y de vida independiente puede ser mas importante para el adolescente y el adulto con parálisis cerebral que la capacidad para caminar unos cuantos metros con muletas.
La movilidad y la comunicación con ayuda debe ser considerado como parte importante de la intervención para lograr que los niños interactúen con su ambiente, aprendan, desarrollen su autoestima y reducir el sentido de "desesperanza aprendida" (16), la cual es frecuente en personas con dishabilidad.
La marcha puede ser una meta apropiada para algunos pacientes, pero la movilidad independiente con equipo automatizado puede ser de mucho mayor beneficio, que una movilidad limitada a un alto costo de energía. Además, se deberá considerar la prevención de dolor y deformidad. Una buena condición física y resistencia es otra preocupación que se debe tener por toda la vida. Así como las posibilidades de vivir en forma independiente y de un empleo remunerativo. Todos estos puntos contribuyen a una mejor calidad de vida, una consideración primaria para el médico.
Los médicos tienen la responsabilidad de estar familiarizados con la investigación actual y aplicar la evidencia científica en la vida diaria. La evidencia sugiere que los tratamientos de Neurodesarrollo y el método de Vojta mejoren el control postural. La intervención temprana parece que demuestra efectos positivo sobre la familia, la investigación actual se enfoca en los resultados relacionados con la familia. El involucramiento de los padres ha sido identificado como un componente importante de la intervención temprana.
Medición de los Resultados de los Procedimientos de Intervención Se requiere de mediciones validas y confiables en los resultados obtenidos con los distintos procedimientos de intervención. Mediciones cuantitativas de los beneficios obtenidos para mejorar la calidad de vida, promover el desarrollo de habilidades funcionales, prevenir el desarrollo de condiciones secundarias tales como contractura y deformidades, y mantener una condición física adecuada para la salud. Es importante, debido a que los niños con parálisis cerebral cambian no solamente con la intervención terapéutica, sino también como resultado de la maduración y experiencia, así que evaluaciones cuantitativas realizadas en experimentos cuidadosamente controlados se pueden utilizar para: a) Diferenciar entre las terapias que obtienen y las que no obtienen beneficios más allá de los que están relacionados con la maduración, b) Comparar las intervenciones estándars con nuevos enfoques para reducir la dishabilidad. c) Comparar los efectos relativos de tratamientos alternativos dirigidos al mismo problema.
De las estrategias tradicionales de terapia, las distintas filosofías de las mismas estaban basadas principalmente en la experiencia clínica de sus proponentes y la base teórica propuesta en los conceptos del desarrollo conocidos en su época. Todos los métodos pasados fueron clasificados como "Neurofisiológicos" en el sentido que suponían que facilitaban el control motor, en oposición a simplemente enseñar técnicas compensatorias (34). Un enfoque más reciente, el de reaprendizaje motor, fue diseñado por Carr y Shepherd, esta filosofía enfatiza el aprendizaje y la práctica de destrezas motoras funcionales, las cuales deberán ser "específicas a la tarea" (35). Por lo tanto, este enfoque es más consistente con las teorías modernas del aprendizaje motor. En realidad, las terapias físicas modernas a menudo integran componentes de dos o más filosofías en sus regímenes de tratamiento.
Bases Experimentales.- En base a los experimentos de Nudo y otros (36) efectuados en monos, existe un fundamento experimental para suponer que la rehabilitación orientada a tareas y repetida, en la extremidad afectada puede optimizar la reorganización de representaciones tanto en el cerebro ipsilateral como en el contralateral.
Espasticidad.- Uno de los avances prácticos más importantes en los últimos años, ha sido el empleo cada vez mayor de la toxina botulinica para el manejo de la espasticidad. No existe duda alguna, de que la toxina botulinica es un agente antiespástico efectivo y útil. Particularmente en niños con parálisis cerebral. Su aplicación precoz puede prevenir contracturas y hay un obvio efecto benéfico en la reducción de intervenciones quirúrgicas.
En el inicio de los años 90´s, el tratamiento físico (fisioterapia, férulas, estimulación eléctrica, transferencias de tendones, etc.), y los medicamentos antiespásticos orales, eran las únicas opciones terapéuticas para el manejo de la espasticidad. Los efectos, sin embargo, eran breves y no daban como consecuencia y pudieran resultar en un deterioro funcional causado por debilidad federizada, o no eran reversibles, como en el caso de las operaciones quirúrgicas. Desde entonces, la toxina botulinica se ha establecido como una nueva y prometedora alternativa para el manejo de la espasticidad. La meta principal es debilitar selectivamente los músculos responsables de la contracción espástica.
Se recomiendan el tratamiento precoz con toxina botulinica, preferentemente antes de los 6 años de edad, para evitar el desarrollo de contracturas fijas, prevenir luxación de cadera y posponer o eliminar las necesidad de procedimientos quirúrgicos.
Las dosis obviamente altas, necesarias en el tratamiento de la espasticidad, ha llevado a varios estudios para incrementar la efectividad de la toxina, como emplear volúmenes de dilusión más grandes por vial o la técnica de la inyección guiada por electromiografía. Sin embargo, el sitio de inyección, ya sea en el punto motor, o a lo largo del vientre del músculo, parece tener poco significado como lo mostró un estudio que se efectuó comparando los dos tipos de inyección, pues no se observó diferencia entre el inyectar en o cerca al punto motor, o a lo largo del vientre del músculo.
Parece probable que cada músculo tenga una respuesta a una dosis óptima y que las inyecciones de cantidades desproporcionalmente altas de toxina en un solo músculo son inadecuadas. En su lugar, la toxina deberá ser distribuida en varios músculos de acuerdo a su contribución en el cuadro clínico. Este es un estudio importante en la curva dosis-respuesta entre el incremento de las dosis de toxina y la paresía muscular medida por la amplitud de la onda M.
Los efectos secundarios de la toxina botulinica A reportados en el tratamiento de la espasticidad, son efectos secundarios menores, caracterizados por debilidad de músculos inyectados y no inyectados, Paresia transitoria de vejiga después del tratamiento de la espasticidad de aductoras de cadera. Se han reportado 2 pacientes que sufrieron de una síndrome generalizado tipo botulismo, con tetraparesia después de la inyección intramuscular de toxina botulinica, afortunadamente la paresia desapareció en un período de 4 semanas.
Principios Generales Se establecerán metas funcionales realistas, las cuales se actualizarán periódicamente. Dichas metas se fundamentarán en una evaluación detallada y experta con conocimiento de la historia natural del padecimiento y de su pronostico.
La meta es lograr el máximo potencial en todas las áreas del desarrollo y promover la independencia. Se debe reconocer plenamente la interdependencia de las distintas fasetas de los requerimientos del desarrollo, para que su manejo no se torne una serie de sesiones sin la participación activa de padres y familiares. El concentrarse sólo en la dishabilidad del niño, sin tomar en cuenta sus otras necesidades, pudiera ser en perjuicio del afectado, pues hay momentos en que deberán tener prioridad las necesidades emocionales de los padres ó recreativas de los niños.
Información y educación adecuada y oportuna; orientación, asesoría y respaldo precoz y sostenido para la familia, son trasendentales para el futuro del niño. Si los padres alimentan su pena en forma crónica, esto drenará su energía la de los familiares y profesionistas, repercutiendo en forma negativa en la buena integración del paciente. Los padres se aislarían del resto de la familia y la sociedad, poniendo en peligro la unión familiar, las relaciones maritales y el desarrollo de los otros hijos. Pues bloquean la información que se les provee, lo cual hace difícil asimilarla (37).
Es común que los padres no esten satisfechos con el diagnóstico emitido y no es raro que resientan ó hasta rechacen al profesionista que les define el diagnóstico. Los padres reaccionan manifestando incredulidad, negación, culpabilidad, frustración, coraje, resentimiento, azoramiento, vergüenza, etc.
El planteamiento inicial y todos los subsecuentes respecto al diagnóstico y pronóstico deberán presentarse con gran sensibilidad, delicadeza y tacto, documentando y explicando cada uno de ellos, partiendo de las observaciones más evidentes hechas por los mismos padres, para gradualmente integrarlas en el diagnóstico final. La información deberá ser honesta y real, hablando sólo de los conocido e indisputable. Desde el inicio, es importante subrayar la ausencia de culpa, que pudieran sentir los padres en base a suposiciones o fantacias, respecto al origen del problema. Los padres pudieran necesitar que se les defina una causa para la lesión de su hijo, puesto que la insertidumbre y el sentir que ser víctimas de la fatalidad, pudiera ser más angustiante, que una "causa" sin importanr que tan inadecuada sea esta (38). Hay que ser prudente y seleccionar cuidadosamente las palabras empleadas, no es juicioso ser dogmático o emitir pronósticos inciertos a largo plazo. Se deberá volver a platicar con los padres a corto plazo, para discutir nuevamente el diagnóstico y su significado, en un momento que los padres estén menos impactados por el diagnóstico, y tengan la oportunidad de hacer preguntas y ventilar sus dudas y sentimientos, de hecho, no es raro que gran parte de lo expresado cuando se planteó el diagnóstico inicial no fue captado por los padres, se olvidó ó malinterpretado, por lo que el médico deberá estar dispuesto a repertir detalladamente la información con paciencia, prudencia y comprensión. El proceso informativo, educativo, de guía y consejeria deberá ser continuo y estar disponible en todo momento.
Intervención temprana.- No hay suficiente evidencia que indique que los programas de intervención temprana mejoren el futuro de la función motora en niños con parálisis cerebral o en riesgo a presentarla (39,40). En la infancia las metas de la terapia serían ayudar a los padres, familiares y cuidadoras a interactuar y tratar al bebé en la forma más funcional posible. Las metas serián el aprender la mejor forma de cargarlo, sentarlo, vestirlo, alimentarlo, asearlo y comunicarse con él. Estas metas se deberán establecer y llevar a cabo en forma precoz y consistente, desde el momento en que se sospecha o establezca el diagnóstico.
Escolar y preadolescente.- Para tener una base en la cual sustentar programas para le desarrollo de la comunicación y el entrenamiento en actividades de la vida diaria, así como para obtener el máximo beneficio de la educación formal es necesario una valoración longitudinal social, del lenguaje y psicométrica. Conforme el niño crece, las prioridades cambian de lo motor al desarrollo psicológico, la comunicación y la educación; y posteriormente a las áreas prevocacionales, vocacionales y laborales (38).
Déficit de alimentación y oromotora.- Se manifiesta en muchos niños con parálisis cerebral, especialmente en aquellos con cuadriparesia asociada a parálisis pseudobulbar, hipotonia severa o subnormalidad mental significativa, pone en riesgo la nutrición del niño, lo expone a eventos de broncoaspiración y ocupa gran parte del tiempo y atención de la madre en esta sola actividad. Estos niños, frecuentemente requieren de una gastrostomia, en forma común asiciada a una fundoplicación (41), este procedimiento facilita la alimentación, por lo que mejora la nutrición, hay aumento de peso, disminuye la broncoaspiración y facilita la administración de medicametos.
La disfuncion oromotora causa babeo, esto puede ser un problema importante en la integración del niño. Para su manejo se han utilizado multiples enfoques, entrenamiento oromotor y conductual (42), así como procedimientos quirúrgicos (43). Farmacoterapia, particularmente el empleo de agentes anticolinergicos, tales como benztropina o clonidinatro de benzaexol y escopolamina transdermica (44,45). La combinación de enfoques conductuales y farmacológicos es el mejor enfoque inicial. El babeo puede mejorar con la edad.
Antiespásticos.- El dantrolene sódico inhibe la liberación de iones calcio del reticulum sarcoplásmico, lo cual disminuye la contracción muscular. Puede mejorar el rango de movimiento y disminuye el tono, los reflejos miotáticos y la tendencia a la tijera (46). Tiene como efectos secundarios debilidad, somnolencia, letargo, parestesias, nausea y diarrea (47). Tambien se ha reportado afectación hepática, la cual, generalmente es reversible al suspender el tratamiento (48).
Diazepan tiene un efecto antiespástico, al aumentar la acción presináptica del neurotransmisor inhibitorio GABA. Parte de su efecto es debido a su acción tranquilizante, lo cual lo hace también útil en la parálisis cerebral disquinética (49), puede causar sedación, debilidad, ataxia, alteración de memoria y dependencia después de su uso prolongado.
Baclofen es un análogo de GABA y se une al receptor B del ácido gama amino butrico. Inhibe la entrada de calcio a las terminales presinápticas y bloquea la liberación de neurotransmisores exitatorios. Se inhiben los reflejos mono y polisinapticos y disminuye la actividad gama eferente (49). Efectos secundarios incluye confusión, sedación, nausea, perestesias, hipotonia y ataxia. La suspención súbita puede causar convulsiones y alucinaciones (50). Baclofen intratecal
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Objetivos Específicos Describir y detectar los factores de riesgo. Identificar precozmente el cuadro clínico y delinear su historia natural y manifestaciones comorbidas. Definir el plan de estudio y manejo terapéutico integral de acuerdo a las características individuales de cada paciente.
CONCEPTO La Asociación Americana de Psiquiatría (1994) define el Retardo Mental (RM) como un trastorno del desarrollo caracterizado por: A.- Un funcionamiento intelectual general por debajo del rango considerado normal que corresponde a un cociente de inteligencia (CI) de 70 o menor en pruebas de CI administradas en forma individual. B.- Déficits o impedimentos en su capacidad de adaptación; por ejemplo, limitación personal del niño para alcanzar los niveles que se esperan para su edad y grupo cultural en cuando menos dos de las siguientes áreas: comunicación, independencia y responsabilidad personal, habilidad para resolver problemas cotidianos, capacidad social y de relaciones interpersonales, autosuficiencia, habilidades académicas funcionales, de trabajo, de empleo del tiempo libre, salud y seguridad. C.- Inicio antes de los 18 años. Se considera que del 1% al 3% de la población mundial esta afectado de subnormalidad; el 75% serían de intensidad leve y el 25% constituido por subnormalidad moderada, profunda y severa (Bueno M.).
PERIODO PREPATOGENICO (Factores de riesgo) Con un análisis cuidadoso se podría establecer la etiología en el 60% al 75% de los niños con RM severo y en el 38% al 55% de los niños con RM leve (Kinsbourne M.). Más niños con RM se originan de procesos prenatales que de perinatales y posnatales juntos.
Agente. Se consideran como agentes patogénicos, las infecciones intrauterinas (STORCH), exposición a agentes teratogénicos, problemas de funcionamiento feto/placentario, complicaciones obstetricas, sépsis / infecciones del SNC perinatales y en la niñez, trauma craneoencefálico y la intoxicación con plomo.
Huésped. Factores que influyen sobre la formación y desarrollo del cerebro: alteraciones genéticas, anomalías cromosómicas (en particular la trisomia 21 y el síndrome de cromosoma X frágil), trastornos innatos del metabolismo, trastornos de migración neuronal y disgenesias cerebrales. El riesgo de RM es mayor entre más bajo sea el peso al nacer.
Ambiente. Se reconoce como factores causales la desnutrición de la madre, ingesta de substancias tóxicas (alcohol, tabaquismo, drogas), infecciones, embarazo múltiple, ruptura prematura de membranas, implantación anormal de placenta y desprendimiento prematuro de la placenta, encefalopatía hipóxico-isquémica. Factores predisponentes serían: edad de los padres, particularmente de la madre (síndrome de Down) y consanguinidad de los padres (incrementa riesgo en caso de herencia recesiva autosómica). Deprivación severa de estímulos ambientales positivos aunado a factores ambientales negativos (bajo nivel socio-cultural, alcoholismo de los padres y/o adicción a otras drogas).
PREVENCION PRIMARIA Promoción de la salud. Elevar la educación médica de la comunidad y promover el saneamiento ambiental.
Protección específica. La prevención del RM es una obligación moral y social prioritaria. Las medidas deberán dirigirse a cuatro niveles: 1.- Prevención preconcepcional: edad ideal para la concepción (entre 20 y 30 años); planificación familiar (período de descanso entre cada nuevo embarazo); factores hereditarios deben ser detectados antes de la concepción; ingesta de ácido fólico (5 mg. diarios) para la prevención de disrafias. 2.- Prevención prenatal: evitar el uso de tabaco, alcohol, drogas y contacto con niños enfermos; diagnóstico de anomalías de origen genético (cromosomopatías, metabolopatías hereditarias); la vigilancia y control de diabetes mellitus, enfermedades sistémicas crónicas y toxemia gravídica. 3.- Prevención perinatal: cuidados del RN con la asitencia de unidades de cuidados intensivos neonatales para niños de peso bajo al nacer, distrés respiratorio neonatal, encefalopatía hipóxico-isquémica, ictericia neonatal e infección neonatal; programas de detección precoz de anomalías metabólicas (fenilcetonuria, hipotiroidismo congénito). 4.- Prevención posnatal: medidas dirigidas a evitar: desnutrición, infecciones, trauma craneoencefalico, deprivación psicoafectivo y de estimulación ambiental (social, educativa y juego).
PERIODO PATOGENICO Etapa Subclínica. Cambios anatomo patológicos. Dependerán del agente causal, la intensidad del insulto y de la etapa del desarrollo en que este ocurra, pudiéndose observar desde alteraciones macroscopicas gruesas, fácilmente detectables con resonancia magnética, como agenesia total o parcial del cuerpo calloso, hemi o megalencefalia, lisencefalia, paquigirias, micropoligirias o ectopias corticales y trastornos de mielinización; hasta insultos neuronales específicos detectados solo a la microscopía. En otras ocasiones no se detecta daño anatomo-patológico aparente.
Etapa Clínica. Reconociendo sus limitaciones la clasificación basada en la medición del cociente intelectual sigue siendo válida y en la actualidad es la más difundida. Se considera como rango normal un CI entre 70-75 y 130, y aquellas personas con un CI menor de 70-75 son consideradas como deficientes.
En base a este criterio el RM se puede clasificar como: 1.- RM leve (educable) con un CI entre 50-55 y 70-75 (2 a 3 desviaciones estándar por debajo de lo normal). Presentan un retraso mínimo en áreas motosensoriales, pero son educables dentro de ciertos límites, podrán adquirir habilidades de lecto-escritura funcionales y pudieran cursar con dificultades en la escuela primaria, desarrollar capacidades de comunicación y sociales, y con entrenamiento adecuado, de adultos pudieran trabajar y alcanzar una vida independiente. Desarrollan la mitad o tres cuartas partes de lo esperado en una persona normal. 2.- RM moderado (entrenable) con un CI entre 35-40 y 50-55 (3 a 4 desviaciones estándar por debajo de lo normal). Presentan un retraso en áreas motosensoriales más evidente, pero son capaces de aprender a cuidar de si mismos, podrán aprender a leer algunas palabras, difícilmente pasan el segundo año de primaria, pudiendo desarrollar capacidades sociales y comunicativas y trabajar en un ambiente protegido. Desarrollan de una tercera parte a la mitad de lo esperado en una persona normal, requerirán supervisión continua y respaldo económico. 3.- RM severo su CI se encuentra entre 20-25 y 35-40, presentan notables dificultades en la comunicación, en sus destrezas motoras y en funciones sensoriales. A pesar de esto pudieran no ser completamente dependientes de otras personas. Pueden aprender hábitos sanitarios elementales. En ocasiones presentan defectos físicos asociados. 4.- RM profundo son personas con un CI inferior a 20. Requieren de un cuidado especial constante y supervisión durante toda su vida. Presentan problema severo en la comunicación, en la actividad motora y en funciones sensoriales, habitualmente presentan graves defectos físicos asociados.
Los instrumentos psicométricos estandarizados más comúnmente utilizados para evaluar el RM son: Escalas de Bayley de desarrollo mental (2 meses a 2 años 6 meses), Escalas de McCarthy de Habilidades del Niño (2 años 6 meses a 8 años 6 meses), Escala de Inteligencia de Stanford-Binet (2 años a 23 años), Escalas de Conducta Adaptativa de Vineland (recién nacidos al adulto), Escala de Inteligencia de Wechsler para pre-escolares y escolares - WPPSI-R (3 años a 7 años 3 meses) y Escala de Inteligencia de Wechsler para Niños-III -WISC-III - (6 años a 16 años 11 meses).
El diagnóstico de RM se sospecha con una historia clínica caracterizada por el retardo con el que se logran los niveles de desarrollo motor y psicosocial, comparado con sus iguales. Esto se hace evidente durante los primeros dos años de vida. Los primeros signos pueden ser el retraso para sonreír, prestar atención, enlentecimiento en el desarrollo motor, dificultades en el aprendizaje, en su integración social y en destrezas motoras finas, todo esto se hace más evidente durante la pre y escolarización. Además se observa falta de interés y concentración en juegos o en actividades elementales escolares, o hiperactividad sin objetivo. Aunque una tercera parte de los niños con RM presentan epilepsia, solo algunos síndromes epilépticos incluyen el RM (Síndrome de West y de Lennox-Gastaut).
No existe una estrategia global para investigar la etiología del RM por lo que se deberá emplear una estrategia selectiva. No todos los niños con RM requieren estudios de neuroimagen, investigación neurometabólica o neurofisiológica exhaustiva, o análisis cromosómico. Si no, más bien, las características individuales de la historia clínica y/o del examen físico y neurológico deberán guiar la investigación pertinente.
La evaluación deberá incluir la investigación de otros déficits asociados, por ejemplo, del 10% al 20% de los niños con RM tienen déficits visuales o auditivos significativos; 20% al 30% trastornos motores incluyendo parálisis cerebral; 10% al 20% epilepsia (obvia o sutil); y 30% al 40% trastornos neuroconductuales o psiquiátricos. Los trastornos neuroconductuales van desde un leve déficit en la atención hasta una hiperactividad severa con o sin auto y heteroagresividad. Las manifestaciones psicóticas o esquizofrenia son hasta cinco veces más frecuentes que en la población general. La manía en el RM se manifiesta por euforia, hostilidad, irritabilidad, insomnio, verborrea, agitación y agresión. La depresión mayor es desproporcionalmente más alta en el Síndrome de Down. La sobrevida por arriba de los 20 años se logra en el 68% del RM profundo comparado con el 92% en el RM moderado o severo. La mortalidad más temprana va íntimamente ligada a patologías específicas (metabolopatías, malformaciones cerebrales severas) causantes de RM profundo.
PREVENCION SECUNDARIA Diagnóstico precoz y tratamiento oportuno. La detección de RM se basa en el reconocimiento precoz de retardo cognitivo, siendo el atraso en el lenguaje la manifestación inicial más frecuente observada, junto con déficit en el desarrollo de capacidades adaptativas y de solución de problemas. La mayoría de los niños con RM moderado, severo o profundo deberán detectarse para los 12 meses de edad. El RM leve que frecuentemente no se reconoce hasta la edad escolar, debería ser detectado para los 2 o 3 años de edad empleando una estrategia similar.
El diagnóstico de RM deberá incluir una investigación de su etiología (diagnóstico etiológico) y una definición cuidadosa de la intensidad y características del déficit cognitivo y de cualquier disfunción asociada (diagnóstico del desarrollo).
Los programas de intervención temprana al igual que el resto de los programas de terapia deberán basarse en una planeación individualizada, con objetivos específicos y bien definidos, fundamentados en un diagnóstico precoz y en las características funcionales particulares de cada niño. La intervención deberá incluir las siguientes áreas: 1.- Promoción de la competencia personal, 2.- Optimización de las funciones cognitivas, 3.- Maximización de la motivación intrínseca, 4.- Adecuación de la persona a su ambiente.
La integración del niño con RM a nivel pre-escolar y escolar a una escuela regular es una práctica que se esta generalizando, pero no es suficiente para que el niño se beneficie de la compañía de niños sin problemas, ni resulta en ganancia de aprendizaje o de mayor aceptación social por si misma, para ser de utilidad, la integración deberá acompañarse de programas educativos individualizados diseñados conjuntamente entre el maestro regular y el de educación especial. Los llamados programas de "enriquecimiento" no han demostrado ganancias duraderas, pero sí beneficios secundarios en motivación, autoestima, autoconfianza, autoimagen que los justifican, sobre todo en el RM leve. El empleo de fármacos esta justificado para el manejo sintomático de manifestaciones asociadas con antiepilépticos, antidepresores, antipsicóticos, ansiolíticos, estimulantes (déficit atención con hiperactividad), para comportamientos auto o heteroagresivos, etc.
Limitación del daño. Seguimiento periódico para evitar o detectar precozmente complicaciones, efectuar cambios al tratamiento o manejo, orientación y guía a la familia en las distintas etapas del desarrollo, etc.
PREVENCION TERCIARIA Rehabilitación. Dirigida fundamentalmente a promover su autoasistencia e independencia personal, gran parte con base en el hogar con asesoría y supervisión especializada para el desarrollo de competencia en actividades cotidianas, complementadas con asistencia a escuela de educación especial o talleres protegidos para el desarrollo laboral. También es importante la organización del tiempo libre y recreación.
NIVELES DE ATENCION Primario. El médico general identificará el cuadro clínico y enviará los pacientes a servicios de diagnóstico y tratamiento especializado. Secundario. El pediatra realizará las mismas funciones, con un criterio más especializado y respaldará la atención del especialista aprovechando su influencia en la familia. Terciario. Para la confirmación precoz del diagnóstico y su manejo integral, incluyendo las manifestaciones asociadas y el establecimiento de la prevención secundaria y terciaria.
Referencias bibliográficas Bueno M. Deficiencia Mental. En: Montilla-Bono J. Gómez MR, editores. Neurología y neuropsicología pediatrica. Diputación provincial de Jaén. Instituto de estudios Giennenses 1995: 1365-1395.
Calderón-González R. El niño con disfunción cerebral. México: Ed. Limusa, 1998, 201-212.
Kinsbourne M. Mental retardation. En: Berg BO editor. Principles of child neurology. New York, McGraw-Hill Comp. 1996: 371-381.
Schaefer GB. Bodensteiner JB. Evaluation of the child with idiopathic mental retardation. Pediatr Clin North Am 1992; 39: 929-943.
SINDROME DE RETT
Dr. Raúl Calderón González
Objetivos específicos Identificar precozmente el cuadro clínico de la niña con síndrome de Rett y describir su historia natural. Definir el plan de estudio y manejo terapéutico integral de acuerdo a las manifestaciones individuales.
CONCEPTO El síndrome de Rett (SR) es un trastorno neurodegenerativo que ocurre solo en niñas, la mayoría de los casos son esporádicos y aunque se desconoce su causa es geneticamente determinado. Se caracteriza por un desarrollo psicomotor aparentemente normal hasta el primero o segundo año de vida, cuando inicia una regresión de funciones cerebrales manifestada por un cuadro demencial, pérdida de destrezas motoras de las manos (dispraxia) asociada a estereotipias manuales, dispraxia de marcha y pérdida de las habilidades en la comunicación verbal y no verbal, y desaceleración del crecimiento craneal causando microcefalia. El SR es el trastorno demencial más frecuente (1:10,000) en la niñez. Los criterios diagnósticos del SR se establecieron en 1984.
PERIODO PREPATOGENICO (Factores de riesgo) Agente. DNA con mutaciones en sitio específico de los brazos cortos del cromosoma X. Huésped. El SR es un trastorno genéticamente determinado, todas las formas clásicas son mujeres, indicando una afectación del cromosoma X. La herencia no es clara, lo mas aceptado es de tipo dominante ligado al X, con letalidad en los hombres homocigotos, en base a esta hipótesis, todos los casos son mutaciones frescas ó de novo. Ambiente. No parece influir
PREVENCION PRIMARIA Promoción de la salud. Elevar la educación médica de la comunidad. Protección específica. El asesoramiento a la pareja, con una hija afectada, es de no repetición.
PERIODO PATOGENICO Etapa subclínica. Cambios anatomo patológicos. Estudios recientes indican una reducción en el tamaño de las neuronas corticales, aumento en la densidad por área y disminución en las arborizaciones dendriticas, lo que suguiere un déficit o detención del desarrollo neural, en una fase crítica de las elaboraciones sinápticas y de las arborizaciones dendríticas, en ausencia de cambios indicativos de proceso degenerativo.
Etapa clínica. Síntomas y signos. Los criterios diagnósticos del SR se han agrupado en: a).- Necesarios: Período pre y perinatal aparentemente normal; desarrollo aparentemente normal en los primeros 5 o 6 mees de edad; perímetro cefálico normal al nacimiento; desaceleración del crecimiento del cráneo causando microcefalia (entre los 3 meses y 3 años de edad); pérdida de habilidades adquiridas (entre los 3 meses y 3 años de edad), como lenguaje, comunicación y destrezas manuales; estereotipias motoras en las manos, con movimientos de lavado, frotado, palmoteo, exprimido y presionado, tendencia a llevarse las manos a la boca y estirarse la lengua: apraxia / dispraxia de marcha y ataxia de tronco. El diagnóstico deberá ser tentativo por debajo de los dos años. b).- Complementarios. Apnea episódica durante la vigilia con hiperventilación intermitente y expulsión forzada de aire o saliva; aerofagia con distensión abdominal; crisis epilépticas parciales y generalizadas; signos de espasticidad, atrofia muscular y distonía predominantemente en los miembros inferiores; trastornos vasomotores periféricos, escoliosis de tipo neurogénico y pies hipotróficos. c).- Criterios de exclusión. Organomegalia, retinopatía o atrofía óptica, microcefalia al nacimiento, trastorno neurológico adquirido, evidencia de retardo del crecimiento intrauterino o de daño cerebral adquirido perinatalmente.
Historia natural y pronóstico. Se han determinado cuatro estadios del desarrollo del SR: I.- De estancamiento, de inicio temprano entre los 6 a 18 meses; II.- De regresión rápida del desarrollo entre 1 a 4 años; III.- Período pseudoestacionario, se inicia al terminar la regresión del estadio II; IV.- Deterioro motor tardío cuando cesa la ambulación en el estadio III. Las características clínicas más distintivas se presentan entre los 5 a 10 años de edad. Aunque frecuentemente se pierde la habilidad para caminar en la juventud, algunos adultos deambulan.
En la edad adulta, la mujer con SR habitualmente se encuentra en una situación de invalidez motora, bien sea con una expresión rígido-distónica o como una forma hipotónico-atrófica, pero el deterioro mental previamente alcanzado queda estacionado, además tiende a mejorar la epilepsia y los trastornos respiratorios. Aunque frecuentemente se pierde la habilidad para caminar algunos adultos deambulan. Solo un 7% sobreviven arriba de los 40 años, aunque hay sobrevivientes de más de 60 años.
PREVENCION SECUNDARIA Diagnóstico Precoz y Tratamiento Oportuno. El diagnóstico es clínico, para el año y medio ó dos años y medio ya es evidente un déficit, y frecuentemente una regreción en el desarrollo del lenguaje y de las funciones motoras (dispraxia de manos), así como el inicio de estreotipias motoras. Los exámenes de laboratorio o gabinete no aportan al diagnóstico.
Diagnóstico Diferencial. Con el autismo infantil en las etapas iniciales, sobre todo en el autismo que presenta regresión del lenguaje y comportamiento entre los 18 meses y 2 años, lo mismo puede ocurrir en el SR pero se agrega regresión de funciones motoras; con las formas ataxicas de encefalopatía estática y con otras formas de enfermedad neurodegenerativa.
Medidas Terapéuticas. No existe tratamiento específico en este momento, su manejo es fundamentalmente sintomático. El empleo de antiepilépticos como la carbamazepina y el ácido valproico son de utilidad (ver tema de epilepsia). Se recomienda un incremento calórico en la dieta y programas intensivos de alimentación. Inductores del sueño cuando son necesarios.
Limitación del Daño. Cuando esta indicado, el empleo de antiepilépticos puede evitar caer en estado epiléptico o presentar crisis de repetición, con los riesgos que esto conlleva.
PREVENCION TERCIARIA Rehabilitación. Terapia física y ocupacional, prevención o alivio de deformidades en particular la escoliosis, para lo cual es importante mantener a la paciente plantigrada y ambulatoria. La distonía de músculos tibiales produce un pie aducto-varo que puede manejarse con toxina botulínica permitiendo esto mantener a la paciente plantigrada. El manejo quirúrgico de la escoliosis es una consideración importante. El fenómeno dispráxico que interfiere con la marcha puede responder a estrategias específicas.
Referencias bibliográficas
Calderón-González R, Calderón-Sepulveda RF, Treviño-Welsh J. Fenomenología clínica del síndrome de Rett. Gac Med Mex 1999; 135: 1-8.
Calderón-González R, Gramajo-Santizo O, Sevilla-Castillo R, Carrera-Sandoval JP, De la Peña-Saucedo F, Bolaños-Medina G. Síndrome de Rett: una causa frecuente, poco reconocida de retraso mental. Rev Mex Ped 1989; 56: 191-200.
Hagberg B. Clinical Criteria, Stages and Natural History. En: Hagberg B. Rett syndrome clinical and biological aspects. Clin Dev Med N° 127, Philadelphia; JB Lippincott 1992: 4-20.
Hagberg B, Aicardi J, Dias K, Ramos O. A progressive syndrome of autism, dementia, ataxia and loss of purpuseful hand use in girls: Rett's Syndrome; report of 35 cases. Ann Neurol 1983; 14: 471-479.
Hagberg B, Goutierres F, Hanefeld F, Rett A, Wilson J. Rett syndrome: Criteria for inclusion and exclusion. Brain and Develop 1985; 7: 372-373.
McKusick VA. On line mendelian inheritance in man (ONIN). The Johns Hopkins University. Press 1997. 312750.
TRASTORNOS DEL NEURODESARROLLO
Dr. Raúl Calderón González
Los trastornos del neurodesarrollo comprenden un grupo heterogéneo y diverso de anormalidades, cada uno de los cuales puede ser consecuencia de distintas etiologías. Para esta presentación nos enfocaremos a cuatro categorías: 1.- Trastornos motores: parálisis cerebral; 2.- Trastornos cognitivos y de lenguaje: trastorno en el lenguaje-aprendizaje y retraso mental; 3.- Trastornos neuroconductuales: déficit en la atención-hiperactividad; 4.- Trastorno del espectro autista: autismo y síndrome de Rett.
PARALISIS CEREBRAL
Objetivos Específicos Describir y detectar los factores de riesgo. Identificar tempranamente el cuadro clínico correspondiente a las distintas formas de parálisis cerebral y describir su historia natural. Definir el plan de estudio y manejo terapéutico integral de acuerdo a las características individuales.
CONCEPTO La parálisis cerebral (PC) no es una enfermedad, sino un desorden motor persistente que puede variar, que afecta el tono muscular, la postura y el movimiento, el cual es una manifestación de un déficit en el desarrollo del cerebro o de una lesión cerebral no progresiva que ocurre durante el período del crecimiento del cerebro, aceptándose como tal hasta los primeros 3 años de vida. La afectación de las áreas motoras frecuentemente se acompaña de otros déficits del SNC, los cuales pueden ser de carácter cognitivo, sensorial, neuroconductual, epiléptico, o de la comunicación. Debido a que la función motora es el proceso del desarrollo que más temprano puede ser evaluado, la PC generalmente es el trastorno del desarrollo que primero se identifica, por lo que es un indicador precoz de otros problemas que pueden coexistir pero que todavía no se hacen evidentes, aunque por definición las manifestaciones de la PC no son progresivas, estas pueden cambiar con la edad, reflejando en esta forma los efectos de la maduración cerebral y del crecimiento y desarrollo del niño. Por lo mismo, es necesario efectuar revaloraciones seriadas e iniciar su manejo precoz, con miras a la prevención de impedimentos secundarios que se pueden predecir de acuerdo a la variedad de PC y a la historia natural de la misma. El 90% llegan a la edad adulta, un 30 a 50% con subnormalidad y un 25% no podrá deambular (Miller G.)
PERIODO PREPATOGENICO (Factores de riesgo) Agente. En la gran mayoría de los RN a término que posteriormente desarrollan PC, ésta no se explica por trauma obstétrico o por eventos hipóxico-isquémicos durante el parto, como se penso por muchos años, pues en el 44% de los casos el origen es prenatal, solo el 19% es por complicaciones durante el trabajo de parto y alumbramiento, el 8% es de origen perinatal, en la niñez ocurre el 5% y en el 24% no se puede determinar la causa (Nelson K.B). De las causas mas frecuentes conocidas tenemos: exposición a agentes teratogénicos, infecciones intrauterinas (STORCH), problemas de funcionamiento feto/placentario, complicaciones obstétricas, sepsis/infecciones del SNC perinatales y en la niñez, trauma craneoencefálico y oclusión de arterias o venas cerebrales.
Huésped. Existen factores que influyen sobre el desarrollo del cerebro: alteraciones genéticas, anomalías cromosómicas, trastornos de migración neuronal y disgenesias cerebrales. El riesgo de PC es mayor entre más bajo sea el peso al nacer. Es de 3.4 por 1000 en RN de 2500 g o más, 13.9 por 1000 en RN de 1501 a 2500 g y de 90.4 por 1000 en RN de 1500 g o menos. En el 40% de los niños con PC hay antecedente de prematurez o de RN pequeño para su edad gestacional, la presencia de ambos factores esta presente en casi un 25% (Miller G.).
Ambiente. El ambiente materno es primordial, en particular la salud de la madre que puede estar alterada por toxemia gravídica, diabetes mellitus, cardiopatías, desnutrición, infecciones, ingesta de substancias tóxicas (alcohol, tabaquismo, drogas), embarazo múltiple, parto prolongado, parto distócico, atonía o hipertonía uterina, así como el microambiente manifestado por ruptura prematura de membranas, implantación anormal de la placenta y desprendimiento prematuro de la placenta. La PC asociada con asfixia intraparto se estima sea solo de un 10%.
PREVENCION PRIMARIA Promoción de la salud. Elevar la educación médica de la comunidad y mejorar el saneamiento ambiental.
Protección específica. Va dirigida a la atención prenatal, perinatal y posnatal. Una atención prenatal adecuada es indispensable para asegurar la nutrición/oxigenación básica del producto, esto depende en gran parte de campañas de información y educación, y de la disponibilidad de los servicios de salud. Con la inmunización para prevenir hiperbilirrubinemia por incompatibilidad de Rh y los avances en el manejo de la hiperbilirrubinemia con exanguineo transfusión y fototerapia se ha abatido significativamente la encefalopatía por kernicterus. Una puntuación de Apgar baja correlaciona pobremente con la aparición de PC. En niños de término con puntuaciones de Apgar de 0-3 al minuto y cinco minutos el 95% no desarrollan PC, de aquellos con puntuaciones de 0-3 a los diez minutos, el 84% no desarrolla PC. Sin embargo, una puntuación de Apgar de 0-3 a los veinte minutos tiene una correlación con PC de casi un 60%. A la inversa, aproximadamente el 75% de los pacientes con PC tuvieron un Apgar a los 5 minutos entre 7 y 10 (Nelson K.B.). A pesar de un monitoreo fetal sofisticado y de un incremento en la frecuencia de las cesáreas, ha habido poco cambio en la frecuencia de la parálisis cerebral, aunque la mortalidad perinatal sí ha disminuido significativamente.
PERIODO PATOGENICO Etapa subclínica. Cambios anatomo patológicos. Los trastornos de migración neuronal y las disgenesias cerebrales se manifiestan como PC hemiparética y más frecuentemente cuadriparética de origen prenatal, con una alta incidencia de epilepsia y retraso mental. Los estudios de imagen, particularmente la resonancia magnética, pueden demostrar ectopias corticales, lisencefalia, paquigirias, micropoligirias, agenesia total o parcial del cuerpo calloso, entre otras.
La encefalopatía hipóxico-isquémica puede producir distintos tipos de alteraciones anatomo-patológicas: a).- Leucomalacia periventricular, la cual se observa en el 5% al 15% de los niños de bajo peso. Se puede detectar con estudios de neuroimagen siendo un buen predictor de la aparición de PC generalmente de la variedad diparética espástica; b).- Necrosis neuronal selectiva, la cual se manifiesta por atrofia cerebral difusa y cursa con PC cuadriparética espástica, epilepsia y subnormalidad mental; c).- Status marmoratus, lesiones en los ganglios basales y en el tálamo, ocurre en niños de término y se manifiesta por PC disquinética; d).- Lesión cerebral parasagital en los límites de los territorios vasculares de la arteria cerebral anterior y media, ocurre en niños de término como PC diparética o hemiparética; e).- Lesiones isquémicas focales o multifocales, con distribución vascular: porencefalia manifestada como PC hemiparética o encefalopatía multiquística manifestada por PC cuadriparética espástica, epilepsia y subnormalidad mental.
Etapa clínica. La clasificación clínica de la PC es la más aceptada y difundida en la actualidad, se basa en el tipo de disfunción: espástica, disquinética (predominantemente atetósica o predominantemente distónica), atáxica (diparesia atáxica y ataxia simple) y mixta, y en el sitio de disfunción: hemiparética, afectación de las extremidades de un lado del cuerpo, la superior generalmente más involucrada; diparética, afectación de las cuatro extremidades con las superiores solo involucradas en forma mínima; el término paraparesia o paraplejía se reserva para disfunciones de la médula espinal o de la neurona motora inferior; cuadriparética, afectación de las cuatro extremidades con involucramiento importante de las superiores. Hemiparesia doble o bilateral, afectación de las cuatro extremidades pero las superiores más involucradas que las inferiores. Monoparética y triparética son formas frustradas o combinaciones de hemiparesia y cuadriparesia.
a).- PC espástica. Es la forma más frecuente de PC (60% a 75%), se manifiesta por un síndrome piramidal caracterizado por aumento constante del tono muscular (con signo de la navaja de barbero presente) que no desaparece con el sueño, reflejos miotáticos exaltados, frecuentemente se asocia clonus, reflejo plantar en extensión y movilidad espontánea disminuida. b).- PC hemiparética espástica. Es más frecuente en niños que niñas y más común del lado derecho, constituye el 36% de las PC. Predomina en el miembro superior. c).- PC diparética espástica. Es la forma más frecuente en el prematuro, constituye el 33% de las PC. El niño al intentar pararse o caminar adquiere una posición equina de los pies con tendencia a las piernas cruzadas en posición de tijera; muestra gran dificultad para mantenerse sentado con las rodillas extendidas con tendencia a caer hacia atrás. d).- PC cuadriparética espástica. Constituye del 3% al 19% de las PC. Presenta movilidad escasa de las cuatro extremidades con hipertonía espástica generalizada, y tendencia a la retracción de cabeza y hombros. Muchos niños presentan signos pseudo-bulbares con dificultad para la deglución. e).- PC disquinética. Se caracteriza por movimientos involuntarios y posturas anormales axiales y apendiculares. Su frecuencia es relativamente baja (9% al 12%), generalmente durante el reposo o el sueño el niño esta hipotónico pero al manipularlo o activarse pasa a una hipertonía con posturas distónicas características (variedad distónica) o presenta movimientos anormales generalmente bilaterales, predominando en cabeza y miembros superiores (variedad atetósica). f).- PC atáxica. Es la variedad menos frecuente (1% al 13%) de las PC, se caracteriza por hipotonía, trastorno de la coordinación y trastorno del equilibrio. En la variedad diparesia ataxica hay asociación de síntomas cerebelosos a una diparesia espástica.
Síntomas y signos asociados.- a).- Subnormalidad mental.- Aproximadamente el 50% de los niños con PC tienen retraso mental. El número de extremidades afectadas esta directamente relacionado con el riesgo de retraso mental sobre todo en la variedad espástica. En general las formas disquinéticas tienen un nivel intelectual más alto que las espásticas. En niños con hemiparesia espástica la inteligencia es normal en el 65%; en cambio en los cuadriparéticos espásticos solo el 20% al 30% tienen inteligencia normal. b).- Epilepsia.- Las crisis epilépticas se observan en el 30% de los niños con PC. Es más frecuente en la hemiparética espástica (40% a 50%) y menos común en la disquinética (23%). Las crisis parciales simples y complejas con o sin generalización secundaria son las más comunes. En la cuadriplejía espástica severa se pueden presentar crisis atónicas, mioclónicas y tónicas generalizadas especialmente rebeldes al tratamiento. c).- Trastornos de la visión y movimientos oculares.- El 71% pueden tener disminución de la agudeza visual. Déficit visual por atrofia óptica o ceguera cortical se observa en la cuadriparesia espástica o en las formas mixtas distónico-espásticas. El estrabismo esta presente en el 50%. Del 20% al 30% de niños con la forma hemiparética presentan hemianopsia homónima. También son frecuentes los errores de refracción, ambliopía y nistagmo. d).- Trastornos en la comunicación.- Pueden ser secundarios a un déficit auditivo (10% a 15% en las PC severas), disfunción del procesamiento central (trastorno del lenguaje) o a disfunción oromotora (disartria). Frecuentemente no ocurren en forma aislada y pueden coexistir en un mismo niño. La articulación esta muy comprometida en la PC disquinética y el procesamiento central del lenguaje en la PC cuadriparética espástica. e).- Parálisis Pseudobulbar.- Es más frecuente en la cuadriparesia espástica, se manifiesta por déficit en el mecanismo succión-deglución, déficit en la masticación, protrusión de lengua, sialorrea que es secundaria a una deglución disminuida, tendencia a la broncoaspiración con eventos bronconeumonicos de repetición. f).- Reflujo Gastroesofágico.- Es frecuente en la cuadriparesia espástica, sus efectos se magnifican por su asociación a déficit en la deglución que favorecen se complique con broncoaspiración. g).- Trastornos Sensitivos.- Puede estar presente en la hemiparesia espástica en la forma de estereoagnosia o somatoagnosia. h).- Trastornos Tróficos.- En la PC hemiparética se puede observar disminución del volumen y talla de los miembros paréticos, pueden observarse también trastornos vasomotores (frialdad y cianosis). i).- Trastornos del Sueño.- Los niños con PC severo pueden tener sueño fragmentado ya sea por apnea de tipo obstructivo, dificultad para cambiar de posición o la presencia de actividad epiléptica nocturna. j).- Trastornos de conducta.- Niños con PC y funcionamiento intelectual alto pueden presentar impulsividad y déficit de atención, así como labilidad emocional, depresión, baja autoestima y dependencia de los padres. Los niños con retraso mental severo pueden presentar comportamientos estereotipados de autoestimulación y autodestructivos. k).- Trastornos Urinarios.- Más del 35% de los niños con PC presentan problemas de incontinencia y urgencia urinaria. La falta de movilidad del niño y el retraso mental contribuyen a la incontinencia.
Pronóstico.- Más del 90% de los niños con PC llegan a ser adultos. En los niños completamente inmóviles con retraso mental severo, que requieren alimentación por sonda, frecuentemente la sobrevida es menor de 5 años. En general, si un niño no ha caminado para los 6 años es improbable que lo haga en forma independiente en el futuro. La retención de reflejos primitivos en forma obligatoria a los 18 meses hace poco probable una marcha independiente. Los niños que caminan para los 2 años es más probable que tengan un CI normal. La mayoría de los niños que se sientan entre 3 y 4 años de edad caminaran solo con ayudas u ortosis, o tendrán limitada la marcha funcional. Practicamente todos los niños con hemiparesia caminaran, así como muchos de los niños con PC disquinética o atáxica. Los logros individuales dependen de muchos factores como la inteligencia, la función motora, la habilidad para comunicarse, características de la personalidad, el apoyo y participación de la familia y la disponibilidad de atención médica especializada.
PREVENCION SECUNDARIA Diganóstico precoz y tratamiento oportuno.- El diagnóstico temprano puede ser difícil. Las siguientes pueden ser características útiles para el diagnóstico temprano: persistencia o asimetría de reflejos primitivos, hipotonía fuera de proporción a la fuerza muscular, hiperreflexia y clonus, función oromotor anormal, retardo en las reacciones posturales, anormalidades oculomotoras y comportamiento anormal. Aunque la lesión de la PC no es progresiva, los signos clínicos no son estáticos y se modifican con el tiempo. Los patrones anormales pueden emerger conforme el SNC dañado madura. Un diagnóstico definitivo de PC se pudiera tener que posponer en el bebé, particularmente en RN de pretérmino, requiriendose evaluaciones seriadas. La evidencia de espasticidad pudiera no observarse sino hasta los 6 a 9 meses. Los patrones disquinéticos generalmente no son evidentes sino hasta los 18 meses en adelante. La ataxia puede no hacerse evidente hasta en un período aún más tardío. Los signos motores tempranos incluyen: pobre control de la cabeza con tono normal o aumentado en las extremidades, prensión palmar forzada persistente y/o asimétrica, desarrollo motor grueso y fino no solo rezagado sino que frecuentemente con cualidades anormales. El indicador más temprano de déficit motor significativo puede ser un rezago en la desaparición de los reflejos primitivos o la presencia de uno en un grado anormal. Un reflejo primitivo obligatorio es anormal a cualquier edad.
Diagnóstico diferencial. La PC se debe distinguir de enfermedades neurodegenerativas cerebrales, errores del metabolismo, lesiones de la médula espinal y enfermedades neuromusculares. El diagnóstico de PC es clínico y por exclusión. El TAC, la RM y estudios neurometabólicos en casos específicos son útiles para excluir padecimientos que pudieran simular una PC.
Limitación del daño. Las crisis epilépticas y en particular el estado epiléptico pudiera incrementar el daño original, por lo que es imperativo el control estricto de las crisis y el manejo intensivo de cualquier crisis en el estadio de pre-estado convulsivo para evitar este. La aplicación de parche ocular oclusivo precozmente en presencia de estrabismo previene la ambliopía. La prevención y/o manejo de la contractura de los músculos aductores de cadera evita la luxación de cadera y la escoliosis secundaria a esta, sobre todo cuando es unilateral, estas, entre otras, son algunas acciones significativas que se deben tomar. El seguimiento periódico es necesario, para prevenir o modificar su evolución natural o efectuar cambios en su tratamiento.
PREVENCION TERCIARIA Rehabilitación. La intervención temprana deberá iniciarse por personal especializado en cuanto se hace el diagnóstico del niño que se encuentra en riesgo de tener PC. En este modelo los padres son instruidos en actividades diseñadas para promover el desarrollo motor grueso y fino, alimentación, pre-lenguaje, lenguaje y socialización. Las prioridades en el manejo del niño con PC son: mejorar la función motora, aumentar la movilidad, obtener la máxima independencia en actividades de la vida diaria; alcanzar mayor capacidad de comunicación y desarrollo socio-emocional, máxima educación posible y una apariencia tan cercana a la normal como sea posible. Como podemos ver, lo anterior va dirigido a aliviar los déficits del paciente pero no a curarlos.
El paradigma impedimento-dishabilidad-discapacidad recomendado por los OMS (1998) es un esquema práctico y útil en el establecimiento y medición de procedimientos neurorehabilitatorios. Es muy común la aplicación imprecisa, confusa y en ocasiones erronea de estos términos. El impedimento (consecuencias fisiológicas) es la pérdida de la función resultado directo del daño ocurrido en el cerebro. Ej. diparesia espástica, se pueden hacer intentos para restaurar el déficit, aunque esto habitualmente no es posible y entonces los esfuerzos se dirigen a la dishabilidad (consecuencia funcionales). Ej. limitación de la marcha, para habilitar al paciente diparético a funcionar a pesar de su impedimento. La discapacidad (consecuencias sociales). Ej. desventaja social con limitación en su estilo de vida: sin embargo, ésta frecuentemente causa la mayor pérdida en el paciente. La mayoría de los métodos neurorehabilitatorios van dirigidos a reducir la dishabilidad, la cual generalmente se mide en términos de independencia en las actividades diarias de la vida y como consecuencia disminución de la discapacidad.
En los últimos 50 años se han desarrollado distintos métodos de tratamiento físico: Fay, Kabat, Rood, Knott, Bobath, Vojta, Portage y Pëto. Su eficacia es todavía dudosa y controvertida. Sin embargo, el uso de algunos de los principios de estos tratamientos debe ser seriamente considerado. Creo que es fundamental un enfoque "holístico" con integración unitaria (incluyendo terapia física, ocupacional, lenguaje, habla, socialización, juego, pre y escolarización), individualizado de acuerdo a las necesidades específicas, empleando diferentes técnicas para pacientes con diferentes problemas.
La espasticidad y sus complicaciones se pueden manejar con uno o varios de los siguientes procedimientos: terapia física, férulas de estiramiento inhibitorio, ortosis, medicamentos orales o inyectados (antiespásticos, blaclofen intratecal, toxina botulínica intramuscular) y cirugía (rizotomía posterior selectiva).
NIVEL DE ATENCION Primario. El médico general detectará los factores de riesgo y diseñará planes para la prevención primaria. Identificará el cuadro clínico y enviará a los pacientes a servicios de diagnóstico y tratamiento especializado. Secundario. El pediatra realizará las mismas funciones, con un criterio más especializado y coordinará la atención con otros especialistas (neurólogo, neurorehabilitador, cirujano pediatra, etc). Terciario. Para la confirmación temprana del diagnóstico y su manejo, así como el de las manifestaciones asociadas y el establecimiento de la prevención secundaria y/o terciaria.
Referencias bibliográficas
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TRASTORNOS DEL LENGUAJE / APRENDIZAJE DEL DESARROLLO
Dr. Raúl Calderón González
Objetivos Específicos Identificar precozmente el cuadro clínico del niño con trastorno del lenguaje/aprendizaje del desarrollo y describir su historia natural. Definir el plan de estudio y manejo terapéutico integral de acuerdo a las características individuales del niño.
CONCEPTO Lenguaje es un sistema de reglas que capacita a una persona para comunicarse con los demás y resulta de transformar información sensorial en símbolos con significado. Habla es la forma más frecuentemente empleada para la expresión del lenguaje verbal y es el resultado de la planeación y ejecución de movimientos orales adquiridos para la articulación. Lingüística es el estudio científico del lenguaje. Los principales niveles de organización lingüística son: a) Fonológico: Se ocupa de la generación de los sonidos individuales y de las sílabas del lenguaje del que habla y de la discriminación e identificación de esos sonidos con el propósito de reconocer las palabras compuestas por ellos. b) Semántico: Se ocupa del significado de las palabras. c) Sintáctico: Se ocupa del ordenamiento de las palabras y la construcción entre si con el fin de generar oraciones con significado. d) Pragmático: Se ocupa de la habilidad para aplicar el lenguaje para comunicarse de acuerdo con las distintas situaciones en que se encuentre. Hay que diferenciar los trastornos de la voz (disfonías) y del habla (dislalias, disartrias y disfluencias) de los trastornos del lenguaje, los cuales pudieran ser adquiridos (afasias): deterioro del lenguaje ya presente, secundario a una lesión cerebral adquirida o trastornos del lenguaje del desarrollo (disfasia del desarrollo): No existe una definición universalmente aceptada, los niños con este trastorno forman un grupo heterogeneo caracterizado por un impedimento selectivo en la adquisición y desarrollo de la expresión verbal y/o comprensión del lenguaje, siempre y cuando éste no sea debido a déficit auditivo, déficit motor, retardo mental, daño cerebral, trastorno emocional o exposición inadecuada al lenguaje, se estima que del 5 al 10% de los niños preescolares presentan este impedimento, con predominio en varones 3:1.
Fracaso escolar es un "Rendimiento escolar del estudiante insuficiente para sus aptitudes" una de cuyas causas pueda ser un trastorno del aprendizaje especifico o del desarrollo; el National Joint Committee For Learning Disabilities (1981) definió este impedimento en la siguiente forma: "Trastorno del Aprendizaje es un término genérico que se refiere a un grupo heterogéneo de trastornos manifestado por dificultades especificas en la adquisición y uso de escuchar, hablar, leer, escribir, razonar, o de habilidades matemáticas. Estos trastornos son intrínsecos al individuo y aparentemente son debidos a una disfunción del SNC, y no es el resultado directo de otras condiciones incapacitantes, como déficit sensoriales, retardo mental, social o trastorno emocional o influencias ambientales, como diferencias culturales, instrucción insuficiente o inapropiada, o factores psicogénicos".
Dislexia del desarrollo es una dificultad especifica para identificar, comprender y reproducir los símbolos escritos que trae como consecuencia un desorden importante en el aprendizaje de la lectura y la escritura a pesar de una instrucción convencional, adecuada inteligencia y ausencia de déficit sensorial. Su frecuencia es de un 5% en la población escolar con predominio en varones 2-4 a 1.
PERIODO PREPATOGENICO (Factores de riesgo) Los trastornos del lenguaje del desarrollo (TLD) desde un punto de vista etiológico se pueden dividir en primarios, específicos, o del desarrollo, cuando no está presente ningún factor aparente que lo explique, y secundarios, cuando se asocian a una causa evidente (sordera, retraso mental, parálisis cerebral).
Agente.- Son factores de riesgo, las infecciones intrauterinas (STORCH), exposición a agentes teratogénicos, problemas del funcionamiento feto / placentario, sepsis / infecciones del SNC prenatales. En la niñez no existe consenso respecto a la influencia de la otitis media de repetición y el desarrollo del lenguaje.
Huésped.-Un peso al nacer menor de 1500 gramos aumenta el riesgo de un trastorno del lenguaje secundario. Aunque en la mayoría de los casos la etiología permanece desconocida, existe evidencia que factores genéticos participan en los trastornos del lenguaje / aprendizaje del desarrollo, es posible que el hemisferio cerebral izquierdo sea particularmente sensible y su maduración enlentecida por un efecto hormonal, como se ha observado en anormalidades del cromosoma sexual (XXX y XXXY), se considera que existe un aparente efecto negativo de la testosterona en el desarrollo del lenguaje y en la maduración del hemisferio cerebral izquierdo, por la mayor frecuencia de TLD y autismo en varones. Factor de riesgo importante es el antecedente familiar de desorden del lenguaje/aprendizaje del desarrollo, si el trastorno del lenguaje/aprendizaje es transmitido por la madre, es mas probable que los hijos sean varones y presenten una alteración de lenguaje/aprendizaje, la transmisión paterna no predispone a una descendencia de varones y los hijos tienen posibilidad 50:50 de presentar trastorno de lenguaje/aprendizaje. Al igual que con otros trastornos del desarrollo, las mujeres requieren de una carga genética mayor para manifestar el problema.
Ambiente.- Los factores psicopatológicos, pedagógicos y socioculturales, deberán tomarse en cuenta para el diagnóstico correcto.
Las siguientes no son causas de TLD: bilingüismo, frenillo corto o flojera del niño para hablar; si un padre o hermano le adivina lo que quiere decir o habla por él, esto es el resultado y no la causa del retardo del lenguaje; los últimos en nacer en una familia o los gemelos normales no son más tardíos en hablar que los primeros en nacer o los niños normales productos únicos de un embarazo.
PREVENCION PRIMARIA Promoción de la salud. Elevar la educación médica de la comunidad.
Protección específica. En la gran mayoría de los casos su etiología se desconoce, por lo que nos enfocamos a programas de detección precoz del TLD y del aprendizaje. Entre los 18 y 20 meses de edad un niño deberá estar utilizando un mínimo de 20 palabras; un niño de 24 meses tiene un vocabulario mínimo de 50 palabras e inicia frases de dos palabras. Para los 30 meses el vocabulario fluctuará entre 150 a 200 palabras. Entre los 24 y 30 meses el niño desarrolla un lenguaje "telegráfico" con emisiones de 3 a 5 palabras empleando sujeto y predicado. Para los 36 meses el niño normal será capaz de emitir oraciones gramaticalmente correctas en el tiempo presente. A los 2 años de edad, la mitad del habla de un niño normal será inteligible, para los 3 años las tres cuartas partes de su habla serán comprensibles y para los 4 años de edad prácticamente toda su habla será clara. No hay que olvidar que un TLD pudiera estar anunciando el desarrollo posterior de una dificultad del lenguaje lecto-escrito y por lo tanto del aprendizaje escolar. Cuando la causa es secundaria habrá que combatirla, para mejorar en lo que cabe el TLD.
PERIODO PATOGENICO Etapa Subclínica. Cambios anatomo patológicos. En niños con antecedente de TLD y posteriormente dislexia del desarrollo con trastornos de aprendizaje se ha reportado la presencia de polimicrogiria en el área del lenguaje temporal izquierda, así como displasias corticales en el cingulum, ínsula y áreas de asociación del hemisferio izquierdo, estudios volumétricos de resonancia magnética han revelado anormalidades sutiles en la corteza perisilviana de niños con TLD.
Etapa Clínica. Síntomas y signos. Es esencial el estudio analítico de las características lingüísticas del lenguaje receptivo y expresivo del niño afectado. Aunque no existe una clasificación universalmente aceptada, se está de acuerdo en la existencia de varios tipos de TLD. Rapin y Allen los agrupan en los siguientes síndromes: 1.- Agnosia auditivo verbal (sordera de palabras); es la incapacidad para la decodificación fonológica, los niños no entienden o entienden poco de lo que oyen, como resultado presentan mutismo o pocas emisiones de habla. 2.- Síndrome de déficit mixto expresivo-receptivo (fonológico-sintáctico); es la variedad más frecuente que se presenta. La comprensión siempre es mejor que la expresión. Hay retardo en la iniciación del habla con múltiples errores fonológicos (omisiones, sustituciones y distorsiones con neologismos); la sintaxis es rudimentaria con disgramatismo y emisiones "telegráficas". 3.- Síndrome de dispraxia verbal. Se caracteriza por expresión verbal muy deficiente, disfluente y difícil de entender con emisiones limitadas a una o dos palabras, la comprensión esta conservada. 4.- Síndrome de déficit en la programación fonológica; son niños con lenguaje fluido pero difícil de entender y con adecuada estructuración sintáctica. Su comprensión es buena. 5.- Síndrome de déficit léxico-sintáctico. Hay retraso en la iniciación del lenguaje expresivo, es disfluente, muestra muchos titubeos e interrupciones, disnomia y articulación adecuada. La sintaxis y su aplicación pragmática son de un niño más pequeño. 6.- Síndrome de déficit semántico-pragmático. Estos niños muestran un lenguaje fluido y frecuentemente verborreico. La sintaxis y el componente fonológico están intactos, aunque a menudo hablan en tercera persona; muestran déficit grave en el empleo conversacional del lenguaje; su vocabulario puede ser extenso y demasiado formal, repiten insistentemente frases hechas o comerciales del T.V; hay disprosodia y déficit en la comprensión de mensajes verbales. Se observa en niños con autismo, hidrocefalia y síndrome de Williams. La dislexia del desarrollo (trastorno de aprendizaje) también esta constituido por un grupo heterogéneo de manifestaciones que integran varios síndromes (Mattis y Denckla): a.- Síndrome de trastorno del lenguaje hablado (dislexia disfásica).- También llamado de "alteración primaria del lenguaje". Es la forma más frecuente de dislexia. Todos los niños tienen antecedente de TLD, tienen déficit para adquirir la correspondencia grafema-fonema y para la fusión de fonemas en palabras, por lo que la lectura y deletreo son deficientes. b.- Síndrome de discoordinación articulatoria-grafomotora. Se presenta apraxia oromotora y dificultad en la decodificación fonémica debido a déficit en la fusión de sonidos. c.- Síndrome de déficit en las secuencias. Incapacidad para manejar las secuencias en orden y para la fusión de sonidos, altera el orden de los fonemas y grafemas tanto al leer como al escribir. d.- Síndrome perceptual visuoespacial. Es mucho menos frecuente y se asocia a deficiencias en la percepción y memoria visuoespacial. Tienen dificultad para aprender a asociar la figura de la letra con el sonido.
Síntomas y signos asociados. a.- Déficit en la atención con hiperactividad.- En niños con trastorno de aprendizaje está presente en un 25% a 80%, en cambio niños con déficit de atención con hiperactividad presentan trastorno de aprendizaje en solo un 10% a 43%. b.- Autismo.- Una característica en el diagnóstico de autismo es la presencia de TLD. c.- Trastornos afectivo-emocionales.- Se puede observar baja autoestima, depresión, trastornos de conducta reactiva, ansiedad, rechazo escolar, etc. d.- Trastornos paroxísticos bioeléctricos cerebrales. Se manifiesta por la presencia de crisis epilépticas subclínicas manifestadas como una agnosia auditivo verbal (síndrome de Landau-Kleffner) o la presencia de un estado epiléptico bioeléctrico del sueño lento. e.- Déficits en habilidades sociales. Se observan en niños con trastorno del aprendizaje no verbal con disfunción primaria del hemisferio cerebral derecho.
Historia Natural y Pronóstico. La mayoría de los niños con TLD tendrán un lenguaje adecuado para el nivel de preprimaria o primer año de primaria, pero en muchos de ellos, sin embargo, la dificultad en la adquisición del lenguaje hablado será sustituida por una dificultad similar en el lenguaje lecto-escrito (dislexia del desarrollo) y como consecuencia en el aprendizaje escolar. El desenlace final del niño con trastorno de aprendizaje dependerá de las características de su problema, su intensidad, los déficits asociados, su capacidad intelectual, el respaldo familiar, escolar y social, y lo oportuno, adecuado y consistencia de las estrategias remediales.
PREVENCION SECUNDARIA Diagnóstico precoz y tratamiento oportuno. La mejor prueba para detectar problemas del lenguaje/aprendizaje es una historia clínica completa y detallada, que incluya lenguaje auditivo receptivo y expresivo, así como lenguaje visual, función oromotora, destrezas motoras gruesas y finas, conducta adaptativa social, personal y juego. Una vez detectado un retraso en la adquisición y desarrollo del lenguaje se recomienda una evaluación especializada de la audición, el habla y el lenguaje. Idealmente se deberá practicar una evaluación neuropsicológica que incluya: inteligencia, atención/concentración, memoria, lenguaje verbal y no verbal tanto expresivo como receptivo, habilidades visuo-perceptuales y espaciales, praxia, destrezas motoras gruesas y finas, conducta adaptativo-social, respuesta afectivo/emocional, función ejecutiva, razonamiento y planeación, lecto-escritura y matemáticas.
Medidas Terapéuticas. Se enfocan principalmente a estrategias de terapia correctiva del lenguaje/aprendizaje, cubriendo los siguientes requisitos generales: 1.- Definir los requerimientos de lenguaje / aprendizaje del niño. El programa de terapia de cada niño se deberá diseñar de acuerdo a las características individuales, por lo tanto, se evitará incrustar al niño a programas pre-establecidos; deberá ser dinámico y moldeable de acuerdo a la respuesta obtenida a las estrategias que se van utilizando. 2.- Definir y satisfacer las necesidades colaterales existentes. Adaptación del ambiente familiar y escolar. Farmacoterapia cuando este indicada (déficit de atención con hiperactividad, depresión, ansiedad, epilepsia, etc.). Psicoterapia y/o asesoría familiar cuando este indicada. 3.- Proveer terapia correctiva en base a principios didácticos y motivacionales. y4.- Evitar métodos especulativos de controversia.
Limitación del daño. La corrección precoz de las habilidades básicas en déficit para el desarrollo del lenguaje hablado, disminuirían el riesgo y la intensidad del problema del aprendizaje al ingresar a la escuela.
PREVENCION TERCIARIA Rehabilitación. En vista de que estamos en presencia de un grupo heterogéneo de trastornos del lenguaje / aprendizaje, no existe "el método" o "programa" terapéutico que resuelva todos los problemas que presentan los niños con TLD o del aprendizaje, por lo que se deberá ser muy cauteloso en la selección de los profesionistas encargados de la terapia correctiva e investigar en detalle que es lo que se le ofrece a cada niño en particular.
NIVEL DE ATENCION Primario. El médico general sospechará o identificará el cuadro clínico y enviará a los pacientes a servicios de diagnóstico y tratamiento especializado. Secundario. El pediatra realizará las mismas funciones con un criterio más especializado y respaldará la atención del especialista aprovechando su influencia en la familia. Terciario. Para la confirmación precoz de diagnóstico, su manejo integral y el establecimiento de prevención secundaria y terciaria.
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USO FORZADO DE LA MANO EN LA REHABILITACION DE LA PARALISIS CEREBRAL HEMIPARETICA EN LOS PRIMEROS 5 AÑOS DE VIDA
Introducción.- Un grupo de investigaciones muestran evidencia que sugiere que el no uso de una extremidad desaferentizada en el mono es un fenómeno aprendido, denominado "no uso aprendido" (Learned nonuse) que involucra una supresión del movimiento (1). La inmovilización de la extremidad no afectada y técnicas de entrenamiento parecen ser efectivas, porque superan con éxito el no uso aprendido. Se ha considerado que el no uso o uso limitado de una extremidad superior afectada en humanos, después de un accidente vascular cerebral pudiera, en algunos casos, ser debido a un fenómeno de supresión similar (2). Wolf y otros (3,4) reportaron en pacientes con accidente vascular crónico y lesión cerebral traumática mejoría con la inmovilización de la extremidad superior no afectada.
Hipótesis.- Un proceso similar al llamado "no uso aprendido" (Learned nonuse) observado en una extremidad desaferentizada pudiera estar participando en la menor utilización de la que es capaz la extremidad superior de un paciente con parálisis cerebral hemiparética, debido a un fenómeno de supresión aprendido.
Objetivo.- Investigar la utilidad del uso forzado y programado de una extremidad superior parética para incrementar su participación espontánea y automática durante las actividades diarias en niños con parálisis cerebral hemiparética.
Pacientes y Métodos.- Se efectúo un estudio prospectivo de tres fases: línea de base, tratamiento y post-tratamiento, con un grupo control ciego. Las primeras 4 semanas fueron la línea de base, las siguientes 8 semanas la fase de tratamiento y las siguientes 4 semanas la fase post-tratamiento.
Se incluyeron en el estudio 9 niños con parálisis cerebral hemiparética espástica (5 derechos y 4 izquierdos) entre 2 y 5 años de edad, con una media de 40 meses. Se emplearon como controles 4 niños de 2 a 5 años de edad (2 derechos y 2 izquierdos) con parálisis cerebral hemiparética espástica, cuyos padres no aceptaron esta estrategia de manejo.
Los criterios de inclusión al estudio fueron los siguientes: 1.- parálisis cerebral espástica afectando solo la mitad del cuerpo (hemiparética); 2.- ser de origen pre o perinatal; 3.- ausencia de déficit cognitivos severos; 4.- ausencia de déficit sensorial detectable sobre el hemicuerpo afectado; 5.- ausencia de déficit detectable del hemicampo visual del lado afectado; 6.- ausencia de problemas médicos serios no controlados; 7.- Ausencia de epilepsia de difícil control y 8.- ausencia de efectos secundarios por antiepilépticos u otros fármacos.
Se utilizó la Prueba de la Función Motora Bimanual CENNA (Tabla I) para determinar la frecuencia (puntuación mínima 0, puntuación máxima 39) con que utilizaban en forma espontánea y automática la extremidad superior parética para efectuar actividades específicas durante épocas de 15 minutos, aproximadamente a la misma hora del día, dos veces por semana (lunes y viernes) tanto durante la fase de línea de base como de post-tratamiento. Además, se utilizó un Inventario de la Función Motora Bimanual durante las actividades diarias de la vida (Tabla II), basándose en la observación natural de parte de los padres, del empleo espontáneo de la mano parética, en forma independiente o como acompañante de la no parética (puntuación mínima 0, puntuación máxima 42), dos días por semana (sábados y domingos) tanto durante la fase de línea de base como de post-tratamiento.
En la fase de tratamiento se inmovilizó por una hora, diariamente, la extremidad superior no afectada, empleando un inmovilizador de hombro de fácil aplicación por debajo de la ropa del niño. Durante esta hora se practicaron actividades funcionales con la extremidad superior parética (Ej. comer usando cuchara o tenedor, coger un vaso, aventar y atrapar una pelota, coger y soltar cubos, empleo de lápiz, etc). El mismo programa de actividades y por el mismo período de tiempo se llevo a cabo en los niños del grupo control. Los programas de rehabilitación previamente establecidos no se modificaron durante todo el período de estudio. Para el análisis estadístico se empleo la Mann-Whitey U Test.
Resultados.- Tanto en la Prueba de la Función Motora Bimanual CENNA como en el Inventario de la Función Motora Bimanual durante las actividades diarias de la vida (Tabla III) se observo una marcada mejoría estadísticamente significativa (p<0.001) de la participación espontánea y automática de la extremidad superior parética comparado con el grupo control, y entre la fase de pre-tratamiento y la de post-tratamiento, además se observó una evidente mejoría en la calidad del movimiento y en su habilidad funcional. La mejoría se ha mantenido e incrementado durante los más de 6 meses de observación después de la fase de post-tratamiento, pero se ha continuado la inmovilización de la extremidad no parética siguiendo el mismo método. Todos los niños toleraron bien la inmovilización de la extremidad superior no parética y participaran agradablemente en las actividades señaladas durante su uso.
Discusión.- Taub y otros (2, 5) presentaron evidencia convincente de la eficacia del uso forzado de la extremidad superior parética, pues al inmovilizar en un cabestrillo la extremidad superior no afectada en pacientes con accidente vascular cerebral y entrenar la extremidad superior parética durante 6 horas diarias, se observó una mejoría significativa en la extremidad afectada, la cual se conservo por los siguientes 2 años después de un solo período de 2 semanas de inmovilización, la mejoría no se observó en los pacientes del grupo control.
Aunque nuestro grupo investigado fue pequeño, se observo una marcada mejoría estadísticamente significativa comparado con el grupo control. La mejoría de los niveles de pre-tratamiento para el grupo experimental fue significativa para las dos pruebas de habilidades motoras, en cambio el grupo control no mejoro en ninguna de las dos. Estos hallazgos sugieren que los niños con parálisis cerebral hemiparética tienen disponible una habilidad motora mucho mayor que la que ordinariamente muestran durante las actividades diarias de la vida y que la supresión de esta capacidad motora adicional se establece y pudiera empeorarse por el fracaso repetido en el empleo de la extremidad superior parética y el incremento de la habilidad en la mano sana para lidiar con sus necesidades conforme crecen, pues no es raro observar niños pre-adolescentes y adolescentes que pudiendo emplear su extremidad superior parética en actividades diarias de la vida, cada vez lo hace menos en forma espontánea y automática y solo cuando se les recuerda o insiste lo hacen.
Conclusión.- La inmovilización programada de la extremidad superior no parética, junto con la práctica de movimientos funcionales con la extremidad superior parética, demostró ser un procedimiento efectivo para incrementar su participación espontánea y automática durante la función motora requerida en las actividades diarias de la vida de niños con impedimento motor crónico, secundario a parálisis cerebral hemiparética durante los primeros 5 años de vida.
Referencias
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RESUMEN
USO FORZADO DE LA MANO EN LA REHABILITACION DE LA PARALISIS CEREBRAL HEMIPARETICA EN LOS PRIMEROS 5 AÑOS DE VIDA
Hipótesis.- Un proceso similar al llamado "no uso aprendido" (Learned nonuse) observado en una extremidad desaferentizada pudiera estar participando en la menor utilización de la que es capaz la extremidad superior de un paciente con parálisis cerebral hemiparética, debido a un fenómeno de supresión aprendido. Objetivo.- Investigar la utilidad del uso forzado y programado de una extremidad superior parética para incrementar su participación espontánea y automática durante las actividades diarias en niños con parálisis cerebral hemiparética. Pacientes y Métodos.- Estudio prospectivo con grupo control ciego. Las primeras 4 semanas fueron la línea de base, las siguientes 8 semanas la fase de tratamiento y las siguientes 4 semanas la fase post-tratamiento. Se estudiaron 9 niños con parálisis cerebral hemiparética espástica y 4 niños controles entre 2 y 5 años de edad que cumplieran los criterios de inclusión. Se utilizó la Prueba de la Función Motora Bimanual CENNA y un Inventario de la Función Motora Bimanual durante las actividades diarias de la vida para determinar la frecuencia con que utilizaban en forma espontánea y automática la extremidad superior parética. Resultados.- En ambas pruebas practicadas se observo una marcada mejoría estadísticamente significativa (p<0.001) de la participación espontanea y automática de la extremidad superior parética. Discusión.- Estos hallazgos sugieren que los niños con parálisis cerebral hemiparética tienen disponible una habilidad motora mayor que la que ordinariamente muestran durante las actividades diarias de la vida.. Conclusión.- La inmovilización programada de la extremidad superior no parética, junto con la práctica de la extremidad superior parética demostró ser un procedimiento efectivo para incrementar su participación espontánea y automática durante las actividades diarias de la vida en niños con parálisis cerebral hemiparética.
Neuropediatra. Unitat de Neuropediatria. Hospital de Sabadell. CSPT. Sabadell (Barcelona). España. E-Mail: med003743@...
Abstract
The aim of the present paper is to synthesize the more relevant aspects of autism. Concept of autistic spectrum and diagnostic criteria are reviewed. The more relevant clinical features are described emphasizing linguistical questions. Pragmatic disorder of language is described as the most typical communication disorder among slighter forms of the autistic disorders. Cognitive theories that allow to explain the apparent lack of coherence in the autistic behavior are mentioned. Relationship between autism and epilepsy as an additional pathology in some cases is discussed. Finally the relationship between autism and some behavioral phenotypes is also mentioned.
Resumen
El presente artículo, pretende ofrecer una síntesis de los aspectos más relevantes sobre el autismo. Se revisa el concepto de espectro autista y los criterios que permiten establecer el diagnóstico de autismo. Se describen las manifestaciones clínicas más relevantes, haciendo especial énfasis en los aspectos lingüísticos. Se explica más detalladamente el trastorno pragmático del lenguaje, como aspecto más típico de la alteración de la comunicación en las formas más leves de trastornos autísticos. Se mencionan las teorías cognitivas que permiten comprender la aparente falta de coherencia en la conducta del autista. Se discuten las relaciones entre el autismo y la epilepsia, como patología en ocasiones acompañante. Por último se refieren las relaciones entre autismo y algunos fenotipos conductuales.
1. El concepto de espectro autista
Cuando nos referimos a espectro autista estamos hablando de un conjunto de trastornos en el que coexisten tres grupos de manifestaciones:
1. Trastorno de la relación social.
2. Trastorno de la comunicación, incluyendo comprensión del lenguaje y capacidad de expresión.
3. Falta de flexibilidad mental, que condiciona un espectro restringido de conductas y una limitación en las actividades que requieren cierto grado de imaginación.
Tanto los criterios del DSM IV (Tabla I) como los del ICD 10 para el trastorno autístico se sustentan en esta concepción del autismo.
Si bien en las primeras descripciones de autismo que hizo Kanner en 1943 , ya se hacia énfasis en estos tres aspectos; las ideas sobre el autismo han recorrido un largo y tortuoso camino hasta alcanzar los conceptos actuales. Otra brillante intuición de Kanner fue considerar que estos niños tenían algún defecto innato que era responsable de su conducta. Así mismo, también afirmó Kanner, que el autismo era un síndrome distinto de las otras enfermedades psiquiátricas de la época. Sin embargo, en tiempos de euforia psicoanalítica, hacia finales de la década de los 40, Kanner lanzó la idea de que el autismo era una forma de esquizofrenia y cuyo origen debía buscarse en la influencia de padres fríos, incapaces de proporcionar el afecto necesario. Estas teorías no estaban sustentadas por ningún trabajo de investigación. Tampoco se tomó en consideración la posibilidad alternativa de que la prevalencia de padres fríos podía representar un dato relacionado con la transmisión genética del trastorno. La idea de padres culpables, fue tomando fuerza durante los años 50 y 60. Se intentaba descifrar el enigma psicogenético que en cada situación había trastornado la mente hasta el punto de recluirla en un cosmos impenetrable. Se fue también extendiendo la denominación de autismo como psicosis infantil, sobre la base de la supuesta relación con la esquizofrenia.
Actualmente no se puede aceptar la base psicológica del autismo, ante la sólida evidencia de su base orgánica, proporcionada por los estudios genéticos , neurofisiológicos , neuropatológicos neurorradiológicos y bioquímicos .
El autismo descrito por Kanner, al cual podríamos denominar forma clásica, no cubre en modo alguno, las amplias variaciones patológicas que se pueden observar en pacientes afectados de trastornos más o menos cercanos al patrón autista puro. Por esta razón el DSM III-R y DSM IV por un lado; y el ICD 9 y ICD 10 por otro, establecieron una categoría denominada "Pervasive Developmental Disorders" (PDD), mal traducida como trastorno generalizado del desarrollo. Dentro de los PDD se incluyen los citados en la Tabla II. El nexo común entre estos trastornos es su conformidad con las tres características citadas al principio. Sin embargo, el trastorno de Rett (Tabla III), por sus peculiaridades clínicas y evolutivas, se aparta bastante del resto de trastornos.
El trastorno desintegrativo infantil, tiene como característica determinante la existencia de un periodo de desarrollo normal que alcanza por lo menos hasta los dos años. Sin embargo, en ocasiones se puede solapar con el trastorno autístico, concretamente con aquellos casos en los que existe una regresión después de un período de normalidad, cuyo inicio es difícil de precisar.
Para el trastorno de Asperger (Tabla IV), también resulta difícil marcar los límites que lo separan del trastorno autístico. En los criterios del DSM IV, la diferencia viene determinada por las habilidades lingüísticas, mejor desarrolladas en trastorno de Asperger que en el trastorno autístico. Sin embargo, otros autores han definido criterios para el de trastorno Asperger, según los cuales la alteración del lenguaje es una condición obligada (Tabla V). En el mismo sentido se orientan los criterios de Szatmarti y de Gillberg . En algunos casos es difícil, sino imposible, marcar el límite entre un trastorno de Asperger y un trastorno autístico de funcionalismo elevado.
Si bien el trastorno autístico y el trastorno de Asperger tienen unos criterios diagnósticos definidos, no ocurre lo mismo con la categoría trastorno generalizado del desarrollo no especificado en otro lugar (TGD-NE). Este grupo aparece como residual, y en principio debería reunir algunos pocos casos excepcionales que se apartan de los patrones típicos. Esta categoría no está definida por criterios positivos, sino que se limita a dar cabida a los trastornos que comportan una alteración severa en la interacción social y en la comunicación verbal y no verbal, pero que no cumplen todos los criterios de trastorno autístico, trastorno de Asperger o trastorno desintegrativo.
A pesar del carácter marginal y pobremente definido, los TGD-NE tienen un gran interés por diversos motivos. En primer lugar, es la categoría más frecuente, puesto que permite ubicar a gran cantidad de pacientes que sin cumplir los criterios de trastorno autístico o trastorno de Asperger, muestran algunas alteraciones propias del espectro autista. Diversos autores han destacado la importancia de los TGD-NE, por cuyo motivo han intentado definir criterios positivos que avalen dicho diagnóstico de forma más precisa . En otro sentido, se ha puesto el énfasis en los TGD-NE para ofrecer una visión del espectro autista más comprensiva y ajustada de la realidad clínica .
2. Autismo y déficits cognitivos.
Hasta los años 70 prevalecía la idea de que no se podían realizar tests psicométricos a los niños autistas. Sin embargo, cuando se utilizaron pruebas apropiadas, en manos de psicólogos habituados a tratar niños autistas, se vio que era posible realizar una valoración cognitiva precisa en la mayoría de autistas. Se pudo comprobar que los resultados eran tan estables a lo largo del tiempo como en otros grupos de pacientes. Se demostró que los déficits cognitivos de los autistas no se podían explicar como una consecuencia de la falta de interacción social, tal como se pensaba inicialmente. Se supo que las disfunciones cognitivas del autista tenían unas características propias, que permitían entender muchas de sus conductas. También se vio que los resultados del cociente intelectual (CI) y el perfil cognitivo eran factores pronósticos determinantes .
Los estudios psicométricos en autistas permitieron evidenciar que tres cuartas partes tienen un CI inferior a 70 . Sin embargo, si en lugar de tomar en consideración únicamente el trastorno autista puro, se valora el espectro de trastornos autísticos, incluyendo el trastorno de Asperger y los TGD-NE; entonces la prevalencia de retraso mental (RM), se reduce a un 20 %. Visto de este modo, la mayoría de niños con trastorno autista en sentido amplio, no tienen RM.
Aunque la coincidencia de autismo y RM está ampliamente reconocida, se le ha prestado relativamente poca atención. Quizás si se conociera la razón de esta asociación se podría comprender mejor la base del autismo. No se puede admitir que el RM, por si mismo, sea un factor de riesgo de autismo; por la razón de que algunos trastornos que cursan con RM como el síndrome de Down o la parálisis cerebral no se asocian a autismo con la frecuencia que se esperaría si el RM fuera factor causal de autismo. Por el contrario, la relación entre RM y autismo es muy fuerte en otros trastornos como la esclerosis tuberosa y el síndrome del cromosoma X frágil. Además, como otro argumento en contra de una relación directa entre autismo y RM, se ha visto que aunque mejore la interacción social por efecto de la maduración biológica o la intervención terapéutica, el CI tiende a mantenerse estable.
Otra línea de trabajo se ha centrado en hallar una explicación cognitiva para el autismo, partiendo de la hipótesis de la existencia de una disfunción básica como núcleo explicativo de los complejos y variados síntomas.
Los primeros estudios psicométricos dieron como resultado el conocimiento de que los autistas mostraban déficits en capacidad de secuenciación y abstracción . Estos hallazgos podrían explicar el retraso y la alteración en el lenguaje, pero difícilmente justificaban los trastornos socio-cognitivos propios del autismo.
Estudios posteriores han podido demostrar en el autista una dificultad para establecer una atención compartida . La falta de reciprocidad del niño autista en los años preescolares, le conduce a prescindir de la acción de señalar un objeto con el fin de atraer el interés de otra persona hacia algo que a él le llama la atención. Estas observaciones han conducido a proponer la falta de Teoría de la Mente (TM) como núcleo cognitivo del autismo.
La TM es un constructo teórico que define la capacidad que desarrolla el ser humano para atribuir pensamientos a las otras personas. Esta percepción permite modular la conducta social. El estudio ampliamente citado de Wimmer y Perner puso en evidencia la TM como parámetro del desarrollo . El experimento basado en la historia de Sally y Anne ilustra el concepto de la TM. Sally tiene una cesta, Anne tiene una caja. Sally posee una bola que guarda en su cesta. Cuando Sally abandona la habitación, tras haber dejado su cesta con la bola dentro, Anne se la quita y la coloca en su caja. Al regresar, Sally quiere tener su bola. La cuestión crítica es: ¿dónde irá a buscar Sally su bola ?, ¿en la cesta, o en la caja?. Para dar una respuesta correcta, el sujeto examinado, que conoce la ubicación real de la bola en la caja, deberá disociar su pensamiento del pensamiento de Sally, que por lógica debe pensar que va a encontrar la bola en la cesta, tal como la había dejado antes de salir. Wimmer y Perner observaron que la mayoría de niños de 4 a 5 años respondían incorrectamente, al ser incapaces de comprender el pensamiento lógico de Sally. Sin embargo, la mayoría de niños de 6 a 9 años eran capaces de adivinar la falsa creencia de Sally, al ir a buscar su bola en la cesta. Por lo tanto habían adquirido una TM en el intervalo entre los 4 y 9 años.
Leslie, en 1987 , definió las "representaciones de primer orden", como las representaciones que la gente tiene sobre los objetos en el mundo. Un nivel superior son las "representaciones de segundo orden", definidas como las representaciones mentales sobre las representaciones de primer orden, ya sean propias o de las otras personas; o dicho de otra forma, pensar sobre el pensamiento: "yo pienso, que él piensa". El experimento de Sally y Anne es un claro ejemplo de representaciones de segundo orden. La capacidad de efectuar estas, o representaciones más complejas, también se denomina capacidad metarrepresentacional. Sobre este esquema se pueden efectuar experimentos basados en representaciones de orden más elevado, y puede observarse como se requiere que el niño tenga cierta edad para ofrecer respuestas correctas.
El paradigma de la TM ha sido muy productivo, para ofrecer una explicación coherente a la mayoría de síntomas del autista. Baron-Cohen, Leslie y Frith replicaron el experimento de Sally y Anne comparando niños autistas con niños con síndrome de Down de nivel intelectual similar. El resultado fue que los autistas obtenían resultados más bajos que el grupo control, evidenciando la dificultad para efectuar metarrepresentaciones.
Aunque todavía está por demostrar si la TM ofrece una respuesta definitiva para todo el complejo sintomático del autismo, ofrece una coherencia teórica para la mayoría de manifestaciones.
Los pacientes con lesiones del lóbulo frontal muestran alteraciones en algunos aspectos similares a las de los autistas. Esta apreciación orientó hacia la hipótesis de que el autismo fuera debido a una alteración de las funciones ejecutivas, ubicadas en el lóbulo frontal. Las funciones ejecutivas que se relacionan con el autismo se muestran en la Tabla VI. Diversos estudios revisados por Ozonoff, han puesto en evidencia que los autistas tienen dificultades en las citadas funciones ejecutivas .
Otro modelo cognitivo destaca la alteración en la llamada coherencia central como aspecto nuclear del autismo . La hipótesis de la falta de coherencia central como base del autismo, propone que en condiciones normales el individuo tiende a interpretar los estímulos de forma global, teniendo en cuenta el contexto. De esta forma la información adquiere un significado. Esto permite adquirir un recuerdo integrado de lo esencial en lugar de los detalles. El constante esfuerzo que se suele realizar en busca de un sentido y un significado a los acontecimientos, no está presente en el autista. Por esta razón se ve abocado a tener que procesar la información pedazo a pedazo, sin una idea de globalidad.
La falta de TM, la alteración en las funciones ejecutivas y la falta de coherencia central, no han de ser hipótesis excluyentes, sino que pueden ser modelos complementarios que contribuyen a la comprensión de la disfunción cognitiva del autismo. Sin embargo, queda abierta la cuestión de cual es el déficit primario.
Aunque, como se ha dicho, no es una condición necesaria para el autismo. Sin embargo su severidad está muy relacionada con la presencia de RM. El RM parece pues ser una manifestación intrínseca del autismo más que una simple asociación. En general, los niños con RM suelen tener, junto a una puntuación baja de CI verbal y manipulativo, un perfil de subtest bastante homogéneo. Por el contrario en el autista existe una sorprendente discrepancia entre las distintas puntuaciones típicas. Otra característica de la inteligencia de bastantes autistas con RM, es la integridad, o incluso superioridad, en alguna actividad académica. En casos más raros se puede observar un capacidad excepcional para alguna función aislada. A estos individuos se les ha dado el nombre de "idiot savant". Existen diversos casos referidos en la literatura, pero quizás el más conocido es el personaje popularizado por Dustin Hoffman en la película "Rayman". Los "idiots savants", pueden tener un talento excepcional para la memoria, el cálculo, la música o el dibujo. El fenómeno "savant" no es exclusivo de autistas, porqué puede darse en retrasados mentales sin autismo e incluso en individuos normales. Sin embargo, la mayoría son autistas.
De las teorías cognitivas de autismo citadas, la que mejor explica estos fenómenos paradójicos es la de la falta de coherencia central. Según esta teoría, el procesamiento parcial de la información, prescindiendo de la globalidad, permite alcanzar altas cotas de rendimiento en una actividad concreta.
3. Manifestaciones clínicas del autismo.
El autismo es un trastorno del desarrollo; y como tal, está ubicado en el DSM IV y en el ICD 10. Su inicio es precoz, y se considera como criterio diagnóstico, que al menos una de sus manifestaciones se haya iniciado antes de los tres años. Su prevalencia es elevada y se sitúa entre el 1 y el 2.6 por 1000 . Evidentemente, la prevalencia varía mucho en función de si se toman en consideranción únicamente formas puras de autismo, o bien se aceptan como autistas niños, que sin cumplir estrictamente todos los criterios, cumplen solo algunos de ellos; pero suficientes para considerar que estamos ante un trastorno de tipo autista.
Las manifestaciones clínicas se centran en torno a las tres características nucleares del autismo citadas al inicio: (a) Trastorno de la relación social., (b) Trastorno de la comunicación. y (c) Espectro restringido de conductas e intereses.
a. Trastorno de la relación social
El síntoma más típico del autismo es la falta de reciprocidad en la relación social. Las claves de la empatía están ausentes o son rudimentarias. El autista observa el mundo físico, ha veces con una profundidad y intensidad no habitual. La realidad audible y visible es el mundo que él entiende y que quizás le resulta coherente. Esta realidad puede ser para el autista placentera o ingrata, pero no puede compartir las sensaciones que experimenta con sus semejantes. Por ello, en ocasiones resultan crípticos su alegría o su enfado. El juego interactivo, es suplantado por una actividad dirigida por su peculiar percepción del entorno. El autista suele prescindir del movimiento anticipatorio de brazos que suelen hacer los niños cuando detectan que los van a coger. En ocasiones evitan las caricias y el contacto corporal; aunque a veces, por el contrario, lo buscan y desean ardientemente, como si esta fuera su forma de comunicación con las personas que siente como seres extraños. No es raro que las personas sean contempladas como objetos, y como tales tratadas. El autista utiliza el adulto como un medio mecánico que le satisfaga sus deseos.
La disociación del mundo social que experimenta el autista, es frecuentemente referida por padres y educadores con frases como: "va a su aire", "vive en su mundo". En el colegio, e incluso antes, en la guardería, el autista se evade de la interacción social que establecen los niños entre sí. Su conducta es "distinta". No comparte los intereses de la mayoría, sus acciones no parecen tener objetivo, o este es constantemente cambiante.
El niño autista tolera muy mal la frustración. Le resulta difícil encontrar una cierta contingencia a una prohibición, o negativa a concederle algo. Se rebela ante la contrariedad, pues esta carece en su mundo de sentido. Fácilmente aprende conductas manipuladoras, regidas por la regla de "deseo tal cosa; por lo tanto, para conseguirla me comporto de este modo". La imposición de una normas, es extraordinariamente frustrante y mal entendida. Ello genera un alto grado de ansiedad, elemento potenciador de la conducta hiperactiva.
La mirada del autista suele recorrer el espacio, prescindiendo de la mirada de las otras personas. En ocasiones, la vista queda fijada en un reflejo, un objeto en movimiento o un color; como si el autista se sintiera fascinado por un espectáculo sensorial que no podemos compartir. El contacto visual con el es fugaz, tiende a prescindir de las otras personas; como si la reciprocidad de la mirada careciera de contenido comunicativo. Otras veces la mirada es fría, desprovista de valor emocional. Sin embargo, es preciso desechar la idea de que el autista nunca mira a los ojos. Hay niños autistas que tienen desarrollada la capacidad de compartir la mirada con el interlocutor; sin embargo su conducta relacional no está vinculada a su forma de mirar. Una forma peculiar de mirar es la que poseen los niños con el síndrome del cromosoma X frágil. En estos casos, la dirección de la mirada es tangencial, es como si rozara la nuestra, sin atreverse a penetrar en ella. Esta forma de mirar, es un elemento de su fenotipo conductual. La forma de mirar del autista es uno de los elementos que contribuye a dotar a su cara de un aspecto inexpresivo o críptico. Ni su conducta, ni su expresión nos dan demasiadas pistas sobre lo que ocurre en su interior.
Quizás nos sentimos ante el autista de la misma forma que el autista se siente ante nosotros. Ni nosotros podemos compartir o siquiera entender su mundo, ni él puede entender el nuestro. Temple Grandin, una autista de funcionamiento elevado, refería que se sentía como una antropóloga en Marte, indicando que pretendía comprender un entorno en el cual todos los seres eran extraños y su conducta se regía por unas normas difíciles, no solo de asimilar, sino de encontrarles un sentido .
No es raro que el autista no muestre interés en aprender. El aprende de acuerdo con sus percepciones y sus intereses, pero le es difícil compartir nuestro modelo pedagógico, basado en la introyección de unas motivaciones y intereses en adquirir habilidades cognitivas y conocimientos. La capacidad intelectual del autista puede ser buena, incluso alta, pero su direccionalidad y utilización no necesariamente sigue el curso que se impone en el entorno escolar. Una característica muy común es la ignorancia del peligro. El niño normal aprende que se puede hacer daño porque se lo enseñan sus padres; le explican lo que no debe hacer, para evitar lesionarse. Pero el autista, puede ser que no adquiera más que una noción muy simple del sentido de protección.
b. Trastorno de la comunicación
Si bien la alteración en el lenguaje de los niños autistas, ya fue identificada en las descripciones iniciales de Kanner, ha existido un amplio debate sobre su significado. Sin embargo, cuando se han analizado los trastornos del lenguaje en los niños autistas, se ha evidenciado que en general no difieren de los que pueden presentar los niños no autistas, por lo menos en sus aspectos formales.
El motivo más frecuente de consulta de un niño autista es el retraso en la adquisición del lenguaje. Es preciso, por tanto, tener un elevado grado de sospecha y profundizar en la valoración de la conducta social si a los 2 años no se ha iniciado el lenguaje. Tuchman et al. reportaron que en más de la mitad de niños autistas de edad preescolar el principal motivo de preocupación de los padres era la ausencia de lenguaje . En ocasiones a ello se une la sensación de que no comprende el significado del lenguaje.
No es infrecuente observar, en niños de 2 a 4 años, la presencia de una jerga, en ocasiones muy elaborada, que sustituye el lenguaje. Puede parecer una imitación del lenguaje de los adultos, pero evidentemente desprovisto de contenido semántico. De forma intercalada a la jerga, suele aparecer alguna palabra o frase, en ocasiones sorprendentemente sofisticada, pero absolutamente descontextualizada. Otro fenómeno, peculiar en niños autistas es la ecolalia, a veces inmediata, y otras veces retardada. Si bien la primera puede ser fisiológica durante un cierto periodo, la segunda debe motivar una elevada sospecha de autismo. También es típica la ausencia de interlocutor durante los largos discursos que pueden acompañar los juegos infantiles. Llama la atención en este discurso, vacío de contenido, la cuidada entonación, como si imitara una charla perfectamente elaborada. Pueden aparecer entremezclados anuncios televisivos y frases hechas.
Otra característica peculiar, de carácter precoz en el lenguaje del autista, es la falta de gesticulación o expresión facial, como medio para suplir o compensar sus déficits lingüísticos, cuando intenta comunicar algo. La gesticulación del autista está disociada de la comunicación. Por el contrario, puede utilizar el gesto o el movimiento para dirigir al adulto hacia su fin, pero como si el adulto fuera un objeto más, utilizado mecánicamente para satisfacer sus deseos.
Un fenómeno lingüístico, prácticamente patognomónico de niños autistas es el uso del "tu" o el "él" en sustitución del "yo". Esta peculiaridad podría ser una forma de ecolalia . También es posible que este fenómeno tenga alguna relación con los déficits cognitivos sociales, propios del autista, como se verá más adelante.
Además de la capacidad expresiva, suele estar afectada la comprensión, si bien este aspecto puede ser más difícil de reconocer. En ocasiones, puede plantear la duda sobre la existencia de una sordera.
Cuando se intenta categorizar los trastornos del lenguaje del niño autista, puede hacerse desde dos planteamientos conceptuales distintos, aunque no necesariamente contradictorios. Por un lado desde el punto de vista de Bishop, todos los trastornos del lenguaje encajan en el concepto unificador de trastornos específicos de lenguaje, independientemente de que este afectada la capacidad receptiva, la expresiva o ambas. En realidad el déficit expresivo, siempre va asociado a un déficit de comprensión, si bien con las técnicas convencionales puede ser difícil de poner en evidencia . Rapin prefiere mantener distintas categorías, puesto que de esta forma queda mejor definido el tipo de problema lingüístico. Según este criterio, Rapin define en el autista 4 síndromes de déficit lingüístico, que no difieren esencialmente de los descritos en el niño no autista . La Tabla VII enumera los trastornos del lenguaje descritos en autistas.
Agnosia auditiva verbal.
Descrito por Rapin et al, 1977 . En estos casos existe una incapacidad para descodificar el lenguaje recibido por vía auditiva. En los niños autistas con este nivel de afectación, no se observan, a diferencia del niño puramente disfásico, esfuerzos para comunicarse mediante medios no verbales: dibujos, gestos. Por el contrario, el niño simplemente utiliza al adulto como un objeto manipulado para satisfacer sus deseos. Es típico constatar como el niño toma de la mano a su madre, dirigiéndola a su objetivo, sin mediar ninguna mirada, ni cualquier otra interrelación comunicativa. Los autistas con esta disfunción lingüística suelen ser los más graves. Se añade habitualmente un retardo mental, que acentúa el trastorno.
Este trastorno es el que con mayor frecuencia se asocia a epilepsia y/o alteraciones paroxísticas en el EEG. Ello plantea interesantes cuestiones sobre la relación entre estos cuadros de autismo, severamente disfásicos, y la afasia epiléptica adquirida de Landau-Kleffner.
Síndrome fonológico-sintáctico
Es el trastorno específico del lenguaje más habitual, tanto entre autistas, como no autistas. A veces, difícil de diferenciar, en casos leves del retardo simple del lenguaje. Se expresa por una pobreza semántica y gramatical, acompañada de una vocalización deficiente, lo cual condiciona un lenguaje poco inteligible sobre todo para los adultos no familiarizados con su forma de hablar. Si bien la comprensión está más o menos alterada, se manifiesta especialmente como un déficit expresivo.
Síndrome léxico-sintáctico
En estos casos la afectación reside principalmente en la capacidad para evocar la palabra adecuada al concepto o a la idea. A pesar de que la producción verbal es fluente, a poco que se analice, se aprecia una pobreza expresiva. Debido a que se añaden dificultades pragmáticas, es difícil establecer los límites de este trastorno, tanto con respecto al síndrome semántico-pragmático, como con el fonológico-sintáctico.
Mutismo selectivo
Los niños que padecen este trastorno tienen capacidad para hablar normalmente; pero en determinadas situaciones, especialmente en el colegio, o con desconocidos, no utilizan prácticamente ningún lenguaje. Muchos aspectos del mutismo selectivo son similares a los hallados en los autistas de funcionamiento elevado y síndrome de Asperger. Por ello se ha propuesto que posiblemente exista una relación entre estos trastornos
Trastornos de la prosodia
La prosodia incluye los aspectos del habla no relacionados directamente con la descodificación de grafema a fonema. Por tanto se refiere a la entonación y al ritmo que se aplica al lenguaje. En niños autistas de funcionamiento alto y en el síndrome de Asperger no es raro observar trastornos de este tipo, que pueden añadirse a otros problemas lingüísticos. En ocasiones el tono de voz que utiliza el niño puede generar una sensación de pedantería. En otros casos se expresa con una entonación excesivamente aguda, o con formas de voz muy peculiares, que acentúan la extravagancia del lenguaje. Entre los criterios diagnósticos de Gillberg figura, como una de las posibles disfunciones del lenguaje y del habla, la alteración prosódica 10.
Síndrome semántico-pragmático
El autista, no solo presenta trastornos referidos a aspectos formales del lenguaje (sintaxis, léxico, fonología, prosodia), sino que el uso social o comunicativo del mismo también suele estar alterado. Sensibles a este problema, Rapin y Allen describieron en 1983 el llamado síndrome semántico-pragmático . Más tarde, a partir de la descripción inicial, Bishop y Rosenbloom (1987) propusieron modificar la denominación por la de trastorno semántico-pragmático, al considerar que más que un síndrome específico, se trataba de un problema muy ligado al autismo. Estos autores, hicieron notar que muchos niños con alteración semántico-pragmática, a los cuales de ningún modo se les habría considerado autistas en una valoración superficial, sometidos a un análisis minucioso, evidenciaban problemas de relación social que los podían aproximar al síndrome de Asperger o al TGD-NE.
Los aspectos pragmáticos del lenguaje se sustentan en las habilidades lingüísticas, pero también dependen de las habilidades cognitivo-sociales del individuo. De aquí que este trastorno sea especialmente interesante en los autistas, puesto que en el autismo se conjuga la alteración lingüística con la alteración en la relación social, sustentada en una dificultad para interpretar el pensamiento del interlocutor. Teniendo en cuenta estas variables, Bishop empezó a difundir la idea de que los trastornos específicos del lenguaje y trastornos autísticos no son términos excluyentes, sino que por el contrario se ubican en un continuo. Los niños con recursos comunicativos relativamente buenos, pero con falta de habilidades sociales se aproximarían al síndrome de Asperger; los niños con relativamente buena relación social, pero con mayor trastorno del lenguaje estarían ubicados en el trastorno semántico pragmático y por ultimo los niños con alteración en los dos sentidos, social y lingüístico, constituirían los autistas clásicos. Quizás el aspecto más interesante de este modelo está en reconocer que lo que predomina son las formas intermedias, ubicadas en cualquier punto de este continuo. En un trabajo más reciente, Shields et al. comparan niños con trastorno semántico-pragmático con niños autistas de funcionamiento elevado. Valoran los resultados en baterías de test neuropsicológicos y de cognición social, y encuentran similitudes entre ambos grupos. En los dos grupos los resultados indican disfunción de hemisferio derecho y disfunción cognitiva social. En una revisión de Gagnon et al. , al comparar autistas de funcionamiento alto y niños diagnosticados de síndrome semántico pragmático, se concluye que no se pueden establecer diferencias sintomáticas que marquen una frontera entre unos y otros.
A continuación, detallamos los aspectos pragmáticos del lenguaje que pueden estar alterados en los trastornos autistas.
Turno de la palabra
Cuando se mantiene una conversación es preciso que mientras uno habla, el otro escuche, y viceversa. Sin esta reciprocidad, la comunicación queda muy limitada. Para que funcione correctamente la alternancia, el que está escuchando debe monitorizar el discurso de su interlocutor, con el fin de predecir cuando va a terminar su turno y poder entonces efectuar su intervención. Por tanto, es preciso un conocimiento de la estructura sintáctica de las frases y una interpretación de las claves prosódicas, aspectos que permiten predecir el final de un turno. En niños con trastorno especifico del lenguaje, estas cualidades interpretativas pueden estar afectadas, y por tanto condicionar dificultades en mantener un turno de palabra correcto durante la conversación . También es preciso, considerar en la reciprocidad del turno de palabra, aspectos independientes de la capacidad lingüística. Existen aspectos no lingüísticos del autismo que se han podido relacionar con dificultades para identificar marcadores conversacionales. Se ha observado que los autistas tienen dificultades en pasar sucesivamente del rol de "el que habla" a "el que escucha", tienden por tanto, a mantenerse indefinidamente el rol de hablador . También los autistas tienen dificultad en utilizar el contacto visual como clave para identificar su turno. Baron-Cohen atribuye este problema directamente al déficit de TM .
Inicios de conversación
Es evidente, que para introducir un tópico en la conversación, se requieren habilidades lingüísticas. Es preciso saber que se quiere decir y como se puede decir. Cuando falla este mecanismo, el sujeto tiende a adoptar una actitud pasiva, que le exime de esta dificultad. La capacidad de iniciar una conversación, o cambiar de tema, también depende de habilidades cognitivo-sociales. El factor más decisivo en este sentido, es saber identificar en que momento la atención del interlocutor está en disposición de permitir una actitud receptiva. La detección atencional, también se rige por ciertos códigos, difíciles de reconocer por parte de los autistas. Pero además, es preciso utilizar claves no verbales que indiquen al interlocutor un inicio de conversación. Estos indicadores pueden ser: un contacto ocular, una entonación significativa o un marcador verbal. También es preciso que los inicios sean contextualmente adecuados, pues de lo contrario la conversación queda absolutamente dispersa. No es preciso insistir en el hecho de que todos estos aspectos pueden ser explicados como habilidades relacionadas con la TM; y que por tanto, los niños autistas tienen dificultades en los inicios y cambios de conversación. Dentro de esta alteración pragmática, se puede incluir la tendencia de los autistas a reiterar la misma pregunta, independientemente de la respuesta .
Lenguaje figurado
También en este caso están involucradas habilidades lingüísticas y habilidades sociales. A poco que se analice el lenguaje corriente, se pone de manifiesto el uso habitual de formas lingüísticas figuradas: metáforas, dobles sentidos, significados implícitos y formas de cortesía. En el aspecto lingüístico, es preciso una comprensión de los giros gramaticales y formas sintácticas que regulan el uso social del lenguaje. Al faltar un referente lógico claro y transparente, el niño con trastorno especifico del lenguaje, se encuentra con dificultades para entender un lenguaje que puede convertirse en críptico; y por tanto, desconectar de la coherencia conversacional requerida. Evidentemente, en el autista, este problema se acentúa mucho más, por el hecho de requerir una interpretación más allá de las puras palabras, una interpretación no de lo que se dice, sino de lo que se quiere decir. De nuevo, es preciso enfrentarse a la necesidad de comprender la mente del otro, para participar en el intercambio, ya no solo de ideas, sino de sentimientos y afectos. En este terreno, el autista se encuentra totalmente desbordado, de aquí que su lenguaje pierda el rumbo con facilidad.
Clarificaciones
En una conversación, es preciso ajustar el discurso a la comprensión del interlocutor. Hace falta repetir frases con distintos giros, repetir ideas de forma distinta, reiterar conceptos complicados, asegurarse constantemente que el mensaje es recibido en el sentido deseado por el emisor. Nuevamente hay que contemplar la doble vertiente semántica y socio-cognitiva. Para manejarse con unas habilidades lingüísticas, que hagan el lenguaje comprensible en toda su profundidad, es necesario disponer de capacidades expresivas puramente lingüísticas; pero también hace falta detectar cuando el mensaje es captado de forma correcta, o puede quedar perdido entre un constante fluir de palabras e ideas desestructuradas. Está claro, que al autista le representaría un gran esfuerzo, tener que interpretar constantemente si su discurso ha sido bien recibido. En los casos que falla esta habilidad, parece como si uno hablara para sí mismo.
Recíprocamente, este mismo mecanismo conversacional, implica que cuando el receptor no entiende algo, solicita una aclaración para recuperar un concepto recibido ambiguamente, erróneamente o simplemente no recibido, a pesar de las palabras. Pero el autista o el niño con trastorno del lenguaje, pueden interpretar que la conversación del adulto siempre es correcta y que el problema reside únicamente en su capacidad de comprensión. Ello puede conducir a adoptar el hábito de no preguntar o pedir aclaraciones.
Hiperlexia
La hiperlexia es un trastorno de la lectura, que aunque no sea exclusivo, se da especialmente en niños autistas. En cierta forma es la versión literaria del trastorno pragmático del lenguaje.
Los niños hiperléxicos son capaces de leer con una perfección formal impropia de su edad cronológica, pero con una capacidad de comprensión muy limitada. Es decir, leen muy bien, pero no entienden nada. Pennington et al. , explican este trastorno en base a la disociación que existe entre la destreza para aprender a leer y la comprensión semántica del material escrito. Esta falta de comprensión estaría en relación a los déficits lingüísticos que presenta el autista, sin que ello interfiriera las habilidades lectoras. La tendencia del autista a centrar la atención en aspectos formales del lenguaje, en este caso se orientaría hacia los signos de escritura y las reglas fonéticas que los rigen. Es evidente que esta dificultad en la comprensión de la lectura, conduce a un fracaso escolar global y solo a partir de su identificación se podrá ofrecer la ayuda estratégica adecuada. Este trastorno es más propio de los autistas de funcionalismo elevado o en el trastorno de Asperger
c. Patrones de conducta, interés o actividad restrictivos, repetidos y estereotipados
El autista suele mostrar un interés, a veces desmesurado por determinados objetos o actividades. De esta forma su conducta adquiere un carácter obsesivo, o incluso ritualista.
El autista puede sentir un gran apego a determinado objeto, sin dotarle de ninguna otra función que la constituirse en algo que le pertenece. Los objetos son escogidos de acuerdo con ciertas cualidades físicas que pueden llegar a fascinar al autista. Puede ser una textura, un color, un movimiento, un olor. No es extraño que el autista, toque, palpe, huela los objetos buscando y explorando cualidades alternativas a las funcionales. El contenido simbólico o funcional de un juguete es sustituido por características formales del mismo.
A veces el autista puede sentirse cautivado por el movimiento de giro de una lavadora, por el brillo o colores de un cuadro, o por la sensación táctil de un tejido de seda. Si alguien intenta privarle de su experiencia, se enfada.
Otras veces ocurre que no acepta un cambio de rutina. No puede tolerar un cambio de recorrido en un camino que se hace a diario, por ejemplo el trayecto para ir al colegio. Es mal aceptado un cambio de lugar en un mueble, un nuevo profesor o estrenar una prenda de vestido. En ocasiones el problema surge cuando se intenta introducir una comida nueva o sabor no habitual. Parece como si el autista se sintiera seguro cuando existe un orden donde los acontecimientos son predecibles, lo inesperado o distinto aparece como amenazante.
Esta obsesión por el orden conduce a conductas ritualistas, patrones comportamentales repetitivos, que se aproximan mucho a la conducta del trastorno obsesivo-compulsivo. La diferencia entre un trastorno obsesivo-compulsivo y un trastorno de Asperger puede resultar en ocasiones difícil, si no imposible. Las manifestaciones comórbidas del síndrome de Gilles de la Tourette pueden entrar plenamente en este espectro autista-obsesivo-compulsivo.
Las estereotipias se ubican dentro de un continuo conductual con las conductas obsesivas. En el caso de determinadas estereotipias simples, propias del autista, como el andar de puntas, es problemático decidir si se trata de una conducta obsesiva o una estereotipia. Otras veces las estereotipias tienen un componente rítmico, como puede ser el balanceo, dar golpes repetidos, girar reiteradamente sobre si mismo, recorrer una y otra vez un mismo espacio, abrir y cerrar una puerta. Por supuesto no faltan las estereotipias manuales o manipulativas como el aleteo de manos, o coger los objetos mediante un patrón peculiar de movimiento.
Una interpretación sobre la tendencia a restringir el espectro de actividades y intereses del autista, puede ser que debido a su dificultad para comunicarse y comprender las razones que guían las actividades de los demás, se refugie en actividades imitativas o descubiertas al azar que quedan incorporadas dentro de su repertorio, puesto que no tiene la capacidad para seleccionar otras más funcionales apropiadas al contexto y a la ocasión,
4. Autismo y fenotipos conductuales
El termino fenotipo conductual (FC) fue introducido por Nyhan en 1972 , para referirse a determinados aspectos de la conducta que eran muy característicos de determinado síndrome genético, de tal modo que la presencia ciertos rasgos conductuales podían, por si mismos, sugerir la presencia de un síndrome especifico. Un FC es una conducta genéticamente determinada, por tanto poco dependiente del ambiente y aprendizaje. El estudio de las conductas en múltiples enfermedades genéticas que afectan al sistema nervioso central, ha dado como fruto la definición de diversos FC, los cuales tienen un enorme interés para sospechar el diagnóstico. A su vez el FC es útil para comprender la conducta de muchos niños afectados de síndromes genéticos y de este modo disponer de una importante ayuda para su manejo.
Las conductas que integran el contexto autista han sido incluidos en diversas enfermedades genéticas, como parte del FC.
Los niños con el síndrome de Angelman distan mucho de poder ser considerados como autistas, si bien muestran en ciertos aspectos patrones de conducta rígidos y poco flexibles. Esto se expresa en la fascinación que pueden sentir por el agua y por la música. En ocasiones se sienten sumamente atraídos por la contemplación de espejos o reflejos luminosos. Son propias del Síndrome de Angelman estereotipias de aleteo de manos, especialmente cuando están excitados. Sin embargo, a pesar de estas conductas, sería muy aventurado afirmar que los niños con síndrome de Angelman son autistas puesto que suelen ser extraordinariamente sociables y afectuosos.
Uno de los síndromes cuyo fenotipo conductual ha sido más estudiado y resulta sumamente util para el diagnostico, es el síndrome del cromosoma X frágil (Fra X). El primer rasgo que se suele detectar es la evitación de la mirada. Esta evitación es distinta de la que presentan los niños autistas, puesto que el Fra X, no prescinde de la mirada del interlocutor como hace el autista, sino que simplemente la desvía o esconde, como si sintiera vergüenza. El lenguaje tiende a mostrar alteraciones semántico-pragmáticas, ecolalias y palilalias, a veces con alteraciones articulatorias. Se añade a esto un trastorno de atención, generalmente con hiperactividad, que puede ser severo. También es frecuente en el Fra X la conducta perseverativa, con ideas fijas y resistencia al cambio. Otra característica relacionada con el autismo es el aleteo de manos. Sin embargo, solo un minoría de niños afectos de Fra X, pueden ser considerados globalmente como autistas.
El síndrome de Rett, claramente distinto de los otros trastornos autísticos incluidos en el grupo de PDD, del DSM IV; cumple, sin embargo, las tres características básicas del autismo, especificadas en los criterios diagnósticos. La Tabla III muestra los criterios del DSM IV para el síndrome de Rett.
La esclerosis tuberosa muestra una fuerte asociación con el autismo. Sin embargo, sorprendentemente hasta fechas recientes no se ha insistido en este hecho, que ya había sido observado en 1932 por Critchley . Recientemente, en 1994 Gillberg reporta una prevalencia de trastorno autístico del 61 % en pacientes con esclerosis tuberosa de edad inferior a 20 años . Basado en este mismo estudio los autores predicen que el 9 % de niños con autismo tienen esclerosis tuberosa. Otras características conductuales que se añaden al trastorno autista de la esclerosis tuberosa son los "temper tantrums", los trastornos del sueño y la hiperactividad.
Además de los citados, pueden tener un cuadro autista plenamente desarrollado los siguientes síndromes: Cornelia de Lange, hipomelanosis de Ito y síndrome de Moebius.
5. Epilepsia y trastornos autistas
La prevalencia de epilepsia entre autistas es mucho más alta que entre la población normal, aunque su estimación varia entre el 4 % - 32 % . El primer autista descrito por Kanner era epiléptico . Estos datos sugieren una relación entre ambos procesos.
La epilepsia, en niños con trastorno autista (TA), tiende a manifestarse en dos picos de edad. Dichos periodos son: la época de lactante y la adolescencia. En el primer caso el tipo de epilepsia es el síndrome de West; en la adolescencia suelen aparecer crisis parciales complejas.
La epilepsia en los TA va ligada al daño cerebral. En un estudio de Tuchman y Rapin hallaron que el 42 % de los autistas con RM severo y trastorno motor tenían epilepsia. Si solo existía RM severo, la proporción descendía al 25 %. Cuando únicamente había trastorno motor la cifra bajaba al 10 %. Por último, en el caso de que el TA no estuviera asociado a otra patología neurológica, tan solo el 7 % desarrollaba epilepsia .
No es raro que los padres de los niños autistas relaten, que su hijo ha presentado durante cierto periodo una regresión en los aspectos típicos del autismo: relación social, comunicación e intereses. Esto ocurre en una tercera parte de los casos. Unas veces, no había constancia previa de trastorno; otras, ya se habían detectado síntomas autistas, aunque de carácter leve. En estos niños la evolución es mucho peor de lo que se sospechó inicialmente. Ante esta situación se suele sospechar un trastorno metabólico del SNC, pero las pruebas de laboratorio contradicen tal hipótesis. Además, pasado un periodo de tiempo, el proceso queda estabilizado. No está claro el papel de la epilepsia en esta evolución, si bien en casos puntuales se ha podido demostrar una relación causal. Deonna reportó dos casos de niños diagnosticados de esclerosis tuberosa, con lesiones límbicas, que tras un periodo de normalidad de 13 y 22 meses respectivamente, desarrollaron, coincidiendo con la aparición de crisis, un cuadro regresivo de tipo autista. En uno de ellos, al mejorar la epilepsia, mejoró la sintomatología autística. En otras publicaciones, aunque no se refiere paralelismo entre inicio de crisis y regresión, se reporta mejoría del autismo al mejorar la epilepsia con tratamiento médico o quirúrgico. En otro caso sin crisis, mejoró el autismo al inducir una mejoría del EEG con antiepilépticos. Estos datos, aunque puntuales, justifican la práctica de un EEG, con trazado de sueño; y un ensayo terapéutico, en caso de haber alteraciones bioeléctricas de carácter paroxístico. Es posible la existencia de casos, que sin manifestar una respuesta tan espectacular como las publicadas, mejoren de forma más sutil y difícil de cuantificar.
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TABLAS
TABLA I: CRITERIOS DIAGNOSTICOS DSM-IV DEL TRASTORNO AUTISTA
A. Para darse un diagnóstico de autismo deben cumplirse seis o más manifestaciones de del conjunto de trastornos (1) de la relación, (2) de la comunicación y (3) de la flexibilidad. Cumpliéndose como mínimo dos elementos de (1), uno de (2) y uno de (3).
(1) Trastorno cualitativo de la relación, expresado como mínimo en dos de las siguientes manifestaciones:
(a) Trastorno importante en muchas conductas de relación no verbal, como la mirada a los ojos, la expresión facial, las posturas corporales y los gestos para regular la interacción social. (b) Incapacidad para desarrollar relaciones con iguales adecuadas al nivel evolutivo. (c) Ausencia de conductas espontáneas encaminadas a compartir placeres, intereses o logros con otras personas (por ejemplo, de conductas de señalar o mostrar objetos de interés). (d) Falta de reciprocidad social o emocional.
(2) Trastornos cualitativos de la comunicación, expresados como mínimo en una de las siguientes manifestaciones:
(a) Retraso o ausencia completa de desarrollo del lenguaje oral (que no se intenta compensar con medios alternativos de comunicación, como los gestos o mímica). (b) En personas con habla adecuada, trastorno importante en la capacidad de iniciar o mantener conversaciones. (c) Empleo estereotipado o repetitivo del lenguaje, o uso de un lenguaje idiosincrático. (d) Falta de juego de ficción espontáneo y variado, o de juego de imitación social adecuado al nivel evolutivo.
(3) Patrones de conducta, interés o actividad restrictivos, repetidos y estereotipados, expresados como mínimo en una de las siguientes manifestaciones:
(a) Preocupación excesiva por un foco de interés (o varios) restringido y estereotipado, anormal por su intensidad o contenido. (b) Adhesión aparentemente inflexible a rutinas o rituales específicos y no funcionales. (c) Estereotipias motoras repetitivas (por ejemplo, sacudidas de manos, retorcer los dedos, movimientos complejos de todo el cuerpo, etc.). (d) Preocupación persistente por partes de objetos.
B. Antes de los tres años, deben producirse retrasos o alteraciones en una de estas tres áreas: (1) Interacción social, (2) Empleo comunicativo del lenguaje. o (3) Juego simbólico.
C. El trastorno no se explica mejor por un Síndrome de Rett o trastorno desintegrativo de la niñez.
Tabla II. TRASTORNOS GENERALIZADOS DEL DESARROLLO (DSM-IV)
-Trastorno autístico -Trastorno de Rett -Trastorno desintegrativo infantil -Trastorno de Asperger -Trastorno generalizado del desarrollo no especificado en otro lugar
Tabla III: SINTOMAS DEL TRASTORNO DE RETT (DSM-IV)
A. Tienen que darse todas estas características:
1. Desarrollo prenatal y perinatal aparentemente normales. 2. Desarrollo psicomotor aparentemente normal en los 5 primeros meses de vida. 3. Perímetro cefálico normal en el nacimiento.
B. Aparición de las características siguientes tras un primer desarrollo normal:
1. Desaceleración del crecimiento cefálico de los 5 a los 48 meses. 2. Pérdida, entre los 5 y los 30 meses, de acciones propositivas adquiridas previamente con desarrollo subsiguiente de estereotipias (lavado o retorcimiento de manos). 3. Pérdida de relación social al principio del trastorno (aunque luego pueden desarrollarse algunas capacidades de relación). 4. Aparición de movimientos poco coordinados de tronco o deambulación. 5. Deficiencia grave del lenguaje expresivo y receptivo y retraso psicomotor grave.
Tabla IV. CRITERIOS DE DIAGNÓSTICO DEL DSM PARA EL TRASTORNO DE ASPERGER
A. Trastorno cualitativo de la relación, expresado como mínimo en dos de las siguientes manifestaciones:
(1) Trastorno importante en muchas conductas de relación no verbal, como la mirada a los ojos, la expresión facial, las posturas corporales y los gestos para regular la interacción social. (2) Incapacidad para desarrollar relaciones con iguales adecuadas al nivel evolutivo. (3) Ausencia de conductas espontáneas encaminadas a compartir placeres, intereses o logros con otras personas (por ejemplo, de conductas de señalar o mostrar objetos de interés). (4) Falta de reciprocidad social o emocional.
B. Patrones de conducta, interés o actividad restrictivos, repetidos y estereotipados, expresados como mínimo en una de las siguientes manifestaciones:
(1) Preocupación excesiva por un foco de interés (o varios) restringido y estereotipado, anormal por su intensidad o contenido. (2) Adhesión aparentemente inflexible a rutinas o rituales específicos y no funcionales. (3) Estereotipias motoras repetitivas (por ejemplo, sacudidas de manos, retorcer los dedos, movimientos complejos de todo el cuerpo, etc.). (4) Preocupación persistente por partes de objetos.
C. El trastorno causa una discapacidad clínicamente significativa en el área social, ocupacional y en otras áreas importantes del desarrollo.
D. No existe un retraso clínicamente significativo en el lenguaje (pe: palabras sueltas a la edad de 2 años, frases comunicativas a los 3 años).
E. No existe un retraso clínicamente significativo para su edad cronológica, en el desarrollo cognitivo, de habilidades de auto-ayuda y comportamiento adaptativo (salvo en la interacción social), o de curiosidad por el entorno.
F. No se cumplen los criterios de otro trastorno generalizado del desarrollo, o de esquizofrenia.
Tabla V: DEFINICION SINTETICA DEL SINDROME DE ASPERGER. SEGUN A RIVIERE
1. Trastorno cualitativo de la relación: Incapacidad de relacionarse con iguales. Falta de sensibilidad a las señales sociales. Alteraciones de las pautas de relación expresiva no verbal. Falta de reciprocidad emocional. Limitación importante en la capacidad de adaptar las conductas sociales a los contextos de relación. Dificultades para comprender intenciones ajenas y especialmente "dobles intenciones".
2. Inflexibilidad mental y comportamental: Interés absorbente y excesivo por ciertos contenidos. Rituales. Actitudes perfeccionistas extremas que dan lugar a gran lentitud en la ejecución de tareas. Preocupación por "partes" de objetos, acciones, situaciones o tareas, con dificultad para detectar las totalidades coherentes.
3. Problemas de habla y lenguaje: Retraso en la adquisición del lenguaje, con anomalías en la forma de adquirirlo. Empleo de lenguaje pedante, formalmente excesivo, inexpresivo, con alteraciones prosódicas y características extrañas del tono, ritmo, modulación, etc. Dificultades para interpretar enunciados literales o con doble sentido. Problemas para saber "de qué conversar" con otras personas. Dificultades para producir emisiones relevantes a las situaciones y los estados mentales de los interlocutores.
4. Alteraciones de la expresión emocional y motora: Limitaciones y anomalías en el uso de gestos. Falta de correspondencia entre gestos expresivos y sus referentes. Expresión corporal desmañada. Torpeza motora en exámenes neuropsicológicos.
5 Capacidad normal de "inteligencia impersonal". Frecuentemente, habilidades especiales en áreas restringidas.
Tabla VI. FUNCIONES EJECUTIVAS RELACIONADAS CON EL AUTISMO
Capacidad para prescindir del contexto exterior
Inhibición de respuestas no apropiadas
Planificación y generación de secuencias orientadas hacia una finalidad
Monitorización de las acciones y utilización de un "feedback"
Flexibilidad atencional
Mantenimiento de un patrón cognitivo para permanecer en una actividad
Tabla VII. TRASTORNOS DEL LENGUAJE EN NIÑOS AUTISTAS
Agnosia auditiva verbal
Síndrome fonológico-sintáctico
Síndrome léxico-sintáctico
Trastorno semántico-pragmático del lenguaje
Turno de la palabra Inicios de conversación Lenguaje figurado Clarificaciones Hiperlexia
Dentro de esta página podrás encontrar una introducción al Autismo. En los siguientes apartados se intentará dar a conocer algo más de este trastorno grave del desarrollo.
Hace más de 50 años el Dr. Leo Kanner, un psiquiatra de la universidad John Hopkins, escribió la primera ponencia aplicando el término autismo a un grupo de niños que estaban "ensimismados" y con severos problemas de índole social, de comportamiento y de comunicación. En realidad nadie sabe del todo lo que es el autismo o al menos sus causas, en lo que se está de acuerdo es considerar el autismo como un trastorno grave del desarrollo que tipicamente aparece durante los 3 primeros años de vida del niño.
Es el resultado de un desorden neurológico que afecta al funcionamiento del cerebro. Aproximadamente afecta a 4-5 niños de cada 10.000 y es cuatro veces más común en el sexo masculino. El autismo daña el normal desarrollo en áreas de interacción social y capacidades comunicativas. Niños y adultos con autismo tienen dificultades en comunicación, tanto verbal como no verbal, en relaciones sociales y en actividades de juego. Este desorden les hace difícil comunicarse con los otros y relacionarse con el "mundo exterior". Suelen exhibir movimientos repetitivos, respuestas raras ante las personas, ataduras a los objetos y reaccionan con dificultad ante cualquier cambio en sus rutinas diarias. En algunos casos puede estar presente conducta agresiva y/o autolesiva.
La estadística más citada es la que dice que el autismo ocurre en 4-5 de cada 10.000 niños nacidos. Esto se basa en estudios de gran escala llevados a cabo en Estados Unidos y en Inglaterra. Además de esto se calcula que los niños que muestran conductas parecidas a la de los autistas se sitúan entre 15 y 20 casos por 10.000. Curiosamente los cálculos de la prevalencia del autismo varían considerablemente dependiendo del país, variando de 2 por 10.000 en Alemania hasta 16 por 10.000 en Japón. Las posibles razones de la discrepancia en el índice de prevalencia se pueden deber a distintos criterios diagnósticos, factores genéticos, y/o influencias ambientales.
Es más probable que el autismo afecte a los hombres que a las mujeres, la relación es 1 mujer por cada 4 varones afectados. Esta diferencia de sexo no es única para el autismo dado que muchas incapacidades del desarrollo tienen una mayor proporción para los hombres que para las mujeres.
Aunque no se conocen exactamente sus causas lo que sí se conoce son los "síntomas" de la alteración, sus manifestaciones visibles "desde fuera". Vamos a referirnos a ellas.
Estas manifestaciones o síntomas comienzan siempre antes de los tres años de edad y, en ocasiones, desde el nacimiento, aunque en el primer año suelen ser poco claras, haciendo difícil el diagnóstico de autismo en esta época de la vida. Hay algunos niños en que el autismo se manifiesta después de un período de desarrollo aparentemente normal. En cualquier caso, los primeros síntomas del autismo suelen ser "insidiosos" y poco claros y es frecuente que provoquen, en los padres y familiares de los afectados, un vago sentimiento de intranquilidad y temor más que una actitud eficaz de búsqueda de ayuda profesional.
Muchas veces, lo primero que se observa es una gran pasividad en el niño, tiende a permanecer ajeno al medio, absorto, poco sensible a las personas y a las cosas que hay a su alrededor. En otras ocasiones, el niño se muestra, por el contrario, muy excitable y llora casi constantemente sin ninguna razón aparente. Frecuentemente, el primer temor que tienen los padres es el de que el niño pueda ser sordo, debido a su falta de interés por las personas y el lenguaje. Pero la "sordera aparente" se acompaña de otros síntomas: muchas veces las acciones del niño se limitan cada vez más, convirtiéndose en "estereotipias", que son movimientos "extraños" y repetidos con las manos, los ojos, la cabeza o todo el cuerpo (por ejemplo, balanceándose una y otra vez). Al mismo tiempo, las conductas más "positivas" (sus juegos, imitaciones, gestos comunicativos) no llegan a desarrollarse o se pierden progresivamente. Casi siempre, estos primeros "síntomas" se acompañan de otras alteraciones muy perturbadoras para las personas que rodean al niño autista, como los problemas persistentes de alimentación, falta de sueño, excitabilidad difícilmente controlable, miedo anormal a personas y sitios extraños, tendencia a no mirar a las personas y a evitar o permanecer indiferente a sus abrazos y mimos, etc.
Es frecuente que, desde muy pronto, el niño autista muestre una gran resistencia a los cambios de ambientes y rutinas habituales, reaccionando a ellos con fuertes rabietas y tratando de evitar cualquier clase de cambios. Es como si pretendiera mantener el medio siempre constante. Este síntoma es el más característico, junto con el aislamiento, la evitación de las personas o indiferencia hacia ellas. Muchas veces se describe al niño como "encerrado en una campana de cristal", una especie de muralla invisible que le separa de las personas. La "comunicación intencionada", activa y espontánea, que suele desarrollar el niño normal desde los 8-9 meses, a través de sus gestos y vocalizaciones prelingüísticas, se ve muy perturbada o limitada en los niños autistas. La falta de sonrisa social, mirada a las personas, gestos y vocalizaciones comunicativas, la falta de "apego", en una palabra, es la característica más evidente de su conducta.
Lenguaje
Las dificultades se manifiestan con más claridad aún, a partir del año y medio o los dos años, edad en que los niños normales hacen progresos muy rápidos en la adquisición del lenguaje. Algunos niños autistas tienen un desarrollo normal que llega incluso, a la adquisición de un lenguaje funcional y "correcto", que luego se perderá o alterará seriamente con el desarrollo de la enfermedad. En otros muchos, el momento del lenguaje marca ya claramente el paso de las preocupaciones más inconcretas de la etapa anterior -por parte de los padres- a un temor más definido, que suele llevarles a buscar el consejo y la ayuda de los especialistas. Con frecuencia ocurre que, en esta edad de desarrollo del lenguaje, el niño se muestra aún más claramente aislado, excitado, encerrado en estereotipias o conductas rituales, falto de juego, incomunicado y no desarrolla el lenguaje o bien adquiere un lenguaje muy perturbado. En ocasiones llega a decir palabras repetitivas y sin sentido, en otras permanece "mudo", en algunas adquiere con extraordinaria lentitud un lenguaje más funcional. Además no parece interesarse por el lenguaje de los demás y, muy frecuentemente, no comprende más que órdenes muy simples o rutinas muy repetidas. A veces, no parece comprender nada. Es importante recordar que las alteraciones y deficiencias del lenguaje se dan, de un modo o de otro, en todos los niños autistas. Es decir, constituyen uno de los criterios para diagnosticar la enfermedad.
El período que se extiende entre los 18 meses y los 4 ó 5 años es extraordinariamente importante para el niño normal: en él desarrolla su lenguaje, se integra activamente en el ámbito social de la familia y la escuela, asegura sus recursos efectivos y emocionales, adquiere conceptos y progresa en sus habilidades de pensamiento, memoria, etc. Sin embargo esta suele ser la etapa más difícil y alterada de los niños autistas. Es frecuente que, a las deficiencias de su lenguaje, capacidad de emplear símbolos, comunicación y acción, se añadan nuevos problemas de conducta o se acentúen los que existían previamente. Pueden aumentar las "estereotipias", dificultades de alimentación y sueño, rabietas y resistencias a los cambios, muestras de excitación y ansiedad inexplicables. El niño puede permanecer largas horas ajeno a las personas y a otros estímulos del medio, realizando unas mismas acciones repetitivas, sin juego ni conductas de exploración. Además puede mostrar claras dificultades para aprender a través de la imitación y de la observación de la conducta de los demás.
Resulta difícil explicar con palabras la importancia y amplitud de las alteraciones de los niños autistas en esta etapa. Nos podemos imaginar a un niño encerrado en sí mismo, indiferente a los demás, ajeno a los estímulos, repitiendo una y otra vez unas mismas acciones sin sentido aparente. Pueden aparecer "autoagresiones", es decir, conductas consistentes en golpearse a sí mismo. A veces, algunos niños autistas permanecen durante horas mirándose las manos o balanceándose, poniendo los dedos o manos en posiciones extrañas. También podemos observar extrañas respuestas a los estímulos del medio: niños que parecen sordos pero se extasian con ligeros ruiditos o con música, o que hacen girar objetos y se estimulan con cosas sin significado, ignorando a las personas, evitando su contacto, ajenos a sus palabras y expresiones emocionales... en realidad el niño parece estar "solo", aunque los demás estén con él, y su dificultad para usar y comprender gestos y lenguaje acentúan esta impresión. Al observador ajeno le desconciertan estas alteraciones en un niño que, por otra parte, suele tener una apariencia sana y normal y, frecuentemente, una expresión inteligente.
Cuando el niño autista tiene esta edad (entre 2 y 5 años) es cuando la familia suele encontrar alguna ayuda profesional, después de muchas consultas a diversos especialistas. Se considera generalmente que el diagnóstico precoz es un factor importante para ayudar eficazmente a los niños autistas, sin embargo es raro que los cuadros de autismo sean diagnosticados antes de los 18 meses.
Criterios Diagnósticos
Pinchando aquí puedes acceder a una tabla con los criterios diagnósticos para el autismo usados en el DSM-IV. Para los que no lo conozcan diré que es un manual de diagnóstico, de los trastornos mentales, basado en criterios estadísticos.
Subgrupos y trastornos relacionados
No existe ningún adjetivo que se pueda utilizar para describir a cada tipo de persona con autismo porque existen muchas formas de este trastorno. Por ejemplo, algunos individuos son antisociales, algunos son retraídos, y otros son sociables. Algunos son agresivos para con sí mismos y/o agresivos para con otros. Aproximadamente la mitad de ellos habla poco o no puede hablar, algunos repiten o hacen eco de palabras y/o frases, y otros pueden tener capacidades normales de lenguaje. Dado que actualmente no existen pruebas fisiológicas para determinar si una persona tiene autismo, la diagnosis de éste se da cuando un individuo demuestra una variedad de características de conducta.
En los cinco últimos años, los estudios han demostrado que muchos individuos que demuestran conducta autista tienen trastornos relacionados pero distintos. Estos incluyen: el Síndrome de Asperger, el Síndrome del X Frágil, el Síndrome Landau-Kleffner, el Trastorno de Rett, y el Síndrome de Williams.
El Síndrome de Asperger se caracteriza por el pensamiento concreto y literal, obsesión con ciertos temas, excelente memoria, y comportamiento algo excéntrico. Se considera que estos individuos pueden funcionar a alto nivel, ser capaces de mantener un trabajo y de vivir independientemente.
El Síndrome del X Frágil es una forma de retraso mental en la cual el cromosoma X está "afectado". Aproximadamente el 15% de los individuos con el Síndrome del X Frágil exhiben comportamientos autistas. Estas reacciones incluyen: retraso en el lenguaje y el habla, hiperactividad, mal contacto ocular y pobre gesticulación. La mayoría de estos individuos funcionan desde un nivel poco severo hasta un nivel moderado. Al envejecer su fisonomía particular puede llegar a ser más destacada (ej. la cara y las orejas alargadas), y pueden desarrollarse problemas cardíacos.
Las personas con el Síndrome Landau-Kleffner también muestran muchas conductas autistas, tales como el retiro social, la insistencia en la uniformidad, y problemas de lenguaje. Con frecuencia se considera que estos individuos tienen autismo "regresivo" porque parecen ser normales hasta los 3-7 años de edad. Con frecuencia hablan bien desde muy niños pero paulatinamente pierden esta capacidad. También tienen ondas cerebrales anormales las cuales se pueden diagnosticar analizando las ondas del electroencefalograma mientras el sujeto está durmiendo.
El Síndrome Rett es un trastorno degenerativo que afecta principalmente a las mujeres y por lo general se desarrolla entre los 6 y 18 meses de edad. Algunas de sus conductas características incluyen: la pérdida del habla, torcerse violentamente y de forma repetida las manos, mecerse el cuerpo, y el retiro social. Aquellos individuos que sufren de este trastorno pueden tener distintos grados de retraso mental.
El Síndrome Williams se caracteriza por varias conductas autistas incluyendo: demoras del desarrollo y del lenguaje, hipersensibilidad al sonido, trastornos de atención, y problemas de índole social. También suelen padecer problemas cardiacos. En contraste a muchos individuos autistas, aquellos con el Síndrome Williams son bastante sociables.
Causas
Hay un acuerdo actual en que la causa del autismo no es única sino que puede estar causado por una múltiple variedad de problemas. La mayoría de los investigadores están convencidos de que la causa es más biológica que psicológica. A continuación encontrarás algunas de las hipótesis que se barajan como causa del autismo.
Dentro de las malformaciones cerebrales encontramos el estudio realizado por Courchesne y sus colaboradores. Estos investigadores usando las IRM (imágenes de resonancia magnética) encontraron una malformación inusual de una pequeña parte del cerebelo en un gran número de personas autistas con retraso mental y sin él.
Los investigadores han encontrado varias anormalidades cerebrales en los individuos que tienen autismo, sin embargo no se conocen las causas de estas anormalidades ni se conoce la influencia que tienen sobre la conducta. Existen dos clasificaciones de estas anormalidades: disfunciones en la estructura neural del cerebro y una bioquímica anormal del cerebro.
Respecto a la estructura cerebral, los doctores Bauman y Kemper examinaron cerebros post mortem de varios individuos autistas y localizaron dos zonas en el sistema límbico que estaban subdesarrolladas: la amígdala y el hipocampo. Estas dos zonas son responsables de las emociones, la agresión, y el aprendizaje. En un estudio, ya citado en esta página, el Dr. Courchesne utilizando la imagen de resonancia magnética, encontró dos zonas en el cerebelo que eran significativamente más pequeñas de lo normal en los individuos autistas. Se cree que una o ambas zonas del cerebelo son responsables por la concentración.
Respecto a la bioquímica, muchos individuos autistas tienen niveles elevados de serotonina en su sangre y su líquido cerebroespinal, cuando otros tienen relativamente bajos niveles de serotonina. Se debe mencionar que otros trastornos como el síndrome de Down, trastornos de atención/hiperactividad, y la depresión unipolar también se asocian con niveles anormales de serotonina. También existen pruebas de que algunos individuos autistas tienen niveles elevados de beta-endorfinas, una sustancia endógena parecida a los opiáceos en el cuerpo. Se cree que aquellos individuos que tienen una mayor tolerancia al dolor tienen niveles más altos de beta-endorfinas.
Mediante estudios psicofisiológicos Angela James y James Barry encontraron que comparando niños autistas retrasados con otros niños igual de retrasados, las medidas psicofisiológicas de los primeros estaban retrasadas. Estas medidas del sistema autónomo fueron: respuestas respiratorias, tasa cardiaca, conductancia de la piel, y medidas electroencefalográficas, en conjunto indicaron la existencia de inmadurez severa del desarrollo.
Dentro de las teorías neurológicas explicativas del autismo, la más aceptada es la de Damasio y Maurer. Estos investigadores se plantearon la posibilidad de que estuviera dañado el sistema dopaminérgico del cerebro. Basaron su teoría en la analogía entre los síntomas comportamentales autistas y los de los adultos con lesiones cerebrales o animales lesionados. Estos síntomas neurológicos fueron: forma de andar extraña, pobre control de la voz, rostros aparentemente inexpresivos, movimientos de aleteo con las manos, acciones repetitivas, falta de espontaneidad y deficiencia social.
Existe algun estudio de la influencia genética en el autismo. Por ejemplo, hay una mayor probabilidad de que dos gemelos monocigóticos (gemelos idénticos) tengan el autismo que dos gemelos dicigóticos. En un estudio llevado a cabo en Utah, los investigadores identificaron a 11 familias en las cuales el padre tenía autismo. En las 11 familias había un total de 44 hijos, 25 de los cuales fueron diagnosticados de autistas.
Muchos investigadores hablan de infecciones víricas, existen pruebas de que un virus puede causar el autismo. Hay mayor riesgo de tener un hijo autista despues de haber sido expuesta a la rubeola durante el primer trimestre del embarazo. Por otra parte se especula que los virus asociados con las vacunaciones como la vacuna de la rubéola también pueden causar el autismo.
Aunque no existen pruebas científicas, actualmente hay una preocupación creciente de que las toxinas y la contaminación ambiental pueden influir en el autismo. Existe una gran frecuencia de autismo en una aldea de Leomenster, Massachusetts, donde está situada una fábrica dedicada a la fabricación de lentes de sol. Dentro del pueblo la proporción más alta de casos de autismo se encuentra entre las familias cuyas casas están ubicadas a favor del viento de las chimineas de la fábrica.
Como habrás podido observar existe gran confusión y número de teorías explicativas en cuanto a la causa del autismo. Como resumen podríamos hablar de un defecto (genes, toxinas, virus, etc.) que produce un destrozo en el desarrollo nervioso y debido a éste puede producirse un daño en el desarrollo de sistemas cerebrales específicos relacionados con los procesos mentales superiores, sólo entonces se produce el autismo.
Cognición
En este apartado resulta imprescindible citar a Simon Baron-Cohen y su Teoría de la Mente (Theory of Mind). Esta se refiere a la capacidad de uno de darse cuenta de que otros individuos tienen sus propios y únicos puntos de vista acerca del mundo. En los niños no autistas se suele adquirir alrededor de los 4 años de edad. Los niños autistas parecen no adquirirla correctamente, muchos individuos autistas no se dan cuenta de que las otras personas pueden tener diferentes pensamientos, planes, y perspectivas que los suyos. Por ejemplo, se le podría pedir a un niño que le enseñara a otro niño una fotografía de un animal. En lugar de darle vuelta a la foto para que la vea el otro niño, el niño autista podría, en su lugar, enseñarle el reverso de la fotografía. En este ejemplo, el niño autista puede ver la foto pero no se da cuenta de que el otro niño tiene una diferente perspectiva o punto de vista.
El 10% de individuos autistas tienen destrezas "sabias". Con frecuencia estas destrezas son especiales por su naturaleza, tal como los talentos especiales para la música y el arte. Otra destreza común de los "sabios" es la capacidad matemática, algunos individuos autistas pueden multiplicar cifras grandes mentalmente en un breve espacio de tiempo; otros pueden determinar el dia de la semana al darles una fecha específica de la historia o pueden memorizar horarios completos de trenes o aviones.
Muchas personas autistas tienen la atención o concentración muy selectiva, a esto se le ha puesto el término de "stimulus overselectivity" (sobreselectividad de estímulo). Basicamente, su concentración se enfoca a un solo aspecto no pertinente del objeto. Por ejemplo podrían centrarse en el color de un utensilio y hacer caso omiso de otros aspectos como podrían ser su forma, su tamaño, etc. En este caso podría ser difícil que un niño distinguiera un tenedor de una cuchara si él o ella solo presta atención al color. Puesto que la concentración es la primera etapa al procesar información, el dejar de prestar atención a los aspectos pertinentes de un objeto o de una persona, podría limitar la capacidad de uno a aprender acerca de los objetos y las personas en su propio ambiente.
Tratamientos
Al igual que en las causas aquí también hay multiplicidad, en este caso de tratamientos. A través de los años las familias han probado varias clases de tratamientos tradicionales y no tradicionales para reducir las conductas autistas y para incrementar las conductas apropiadas. Aunque a algunos individuos les dan medicaciones para mejorar su bienestar general, no existe ninguna droga principal que haya demostrado ser consistentemente eficaz para tratar los síntomas del autismo. La medicación más ampliamente recetada para los niños autistas es Ritalin, un estimulante que se usa para tratar los trastornos de la atención y de la hiperactividad.
Los dos tratamientos que han recibido más apoyo empírico son la modificación de conducta y el uso de la vitamina B6 con suplementos de magnesio. La modificación de conducta tiene que ver con una variedad de estrategias como por ejemplo el reforzamiento positivo y el "time out" (o sea, quitarle al niño la oportunidad de que se le refuerce) con el objetivo de incrementar las conductas apropiadas como la comunicación y conducta social, y para reducir las conductas inapropiadas como la conducta autoestimulante y autolesiva.
Se ha demostrado que la vitamina B6 tomada con magnesio aumenta el bienestar general, el conocimiento, y la concentración en aproximadamente el 45% de los niños autistas. También existen varios informes recientes que tratan de los beneficios de otro suplemento alimenticio, el Dimethylglycine (DMG). El DMG también parece ayudar al bienestar general de la persona, existen muchos informes sobre el incremento en capacidades de comunicación.
Algunas personas con autismo tienen cantidades excesivas de una clase de levadura llamada "candida albicans" en su tracto intestinal. Se cree que altos niveles de "candida albicans" pueden ser un factor contribuyente a muchos de sus problemas de conducta. Una hipótesis es que cuando un niño contrae una infección en el oído medio, los antibióticos que ayudan a combatir la infección pueden destruir los microbios que regulan la cantidad de levadura en el tracto intestinal. Como resultado de ello, la levadura crece rapidamente y contamina la sangre con toxinas y estas toxinas pueden influir en el funcionamiento del cerebro. En las muestras de defecación se puede observar la presencia de esta levadura y así poderla disminuir con una medicación suave como el Nystatin. Las alergias a determinados tipos de comida están comenzando a recibir mucha atención como un posible factor contribuyente de conductas autistas. Muchas familias han observado cambios bastante dramáticos despues de quitar ciertos alimentos de las dietas de sus hijos. Los investigadores ultimamente han detectado la presencia de péptidos anormales en la orina de individuos autistas. Se opina que estos péptidos pueden deberse a la incapacidad del cuerpo de descomponer ciertas proteínas en aminoácidos; estas proteínas son el gluten (ej. trigo, cebada y avena) y la caseína (encontrada en la leche de humanos y de vacas.) Muchos padres han quitado estas sustancias de las dietas de sus hijos y en muchos casos han observado cambios positivos en la salud física y la conducta.
Como fue antes citado, muchos individuos autistas tienen deterioros sensoriales. Se utilizan con frecuencia las técnicas de integración sensorial para tratar el sentido táctil, vestibular y propioceptivo. Algunas de las técnicas incluyen columpiar al niño en varias formas para ayudar a normalizar el sentido vestibular y frotar diferentes texturas en la piel para normalizar el sentido táctil. Además de esto una mujer autista, la Dra. Temple Grandin, desarrolló una caja para apretar o abrazar que proporcionaba al individuo una sensación de intensa presión que parecía tener un efecto tranquilizador para éste.
Muchos individuos autistas son sensibles a los sonidos de su ambiente. Tal vez oigan sonidos más alla de la gama normal y/o ciertos sonidos que pueden ser percibidos como dolorosos. Existe entrenamiento en integración auditiva para reducir tal sensibilidad. La instrucción visual es otra intervención sensorial destinada a normalizar la visión. Hay varios métodos diferentes de instrucción visual, un programa popular desarrollado por el Dr. Melvin Kaplan, hace uso de lentes de prisma para hacer ejercicios de movimiento ocular los cuales parecen reorganizar y normalizar el sistema visual.
Otros ejemplos de tratamientos serían la vitaminoterapia, la cirugía estereotáctica (reduce la conducta agresiva), la terapia sistémica de familia, etc. Como ves hay bastantes intentos de disminuir la conducta autista aunque casi ninguno se considera definitivo.
Dentro de los últimos y más novedosos tratamientos del autismo encontraríamos la Realidad Virtual. Mediante un casco de visión estereoscópica y un guante sensorizado conectados a un ordenador, se "introduce" al autista en un mundo virtual. Dentro de ese mundo se podrá mover, coger y manipular objetos, interactuar con personajes animados, etc. El objetivo es favorecer y desarrollar la imaginación y tratar aspectos de habilidades sociales dentro de un entorno controlado por el terapeuta.
Conclusiones
El autismo es un trastorno muy complejo y las necesidades de estos individuos varían mucho. Después de 50 años de investigaciones, los planteamientos tradicionales y contemporáneos nos capacitan para comprender y dar tratamiento a estos indiviudos. También es importante mencionar que los padres y los profesionales están comenzando a darse cuenta de que los síntomas del autismo son curables, existen muchas intervenciones que pueden efectuar una diferencia significativa.
Si todo lo leído te parece demasiada información, pinchando aquí accederás a una tabla resumen de lo tratado en esta página.
Las demostraciones de afecto son de vital importancia para lograr el mejor desarrollo de los niños afectados por autismo
El valor de un abrazo
Juan tiene 22 años y es el menor de cinco hermanos. Cuando nació pesó más de cuatro kilos y parecía un niño sano y fuerte, aunque su madre sufrió de rubéola durante el embarazo. El desarrollo del niño fue un poco más lento que el de sus otros hermanos, pero su mamá atribuía el retraimiento del niño a que había tenido que usar un aparato ortopédico a los seis meses tras haberle detectado una sub-luxación en la cadera. Fue cuando el niño tenía cinco años y luego de consultar a varios médicos, que el doctor Cristóbal Martínez en La Habana, Cuba, les dijo que el problema de Juan era autismo en grado profundo.
Fue la psicóloga de la guardería de Juan, cuando este tenía dos años, quien detectó que algo no estaba bien y pidió a los padres del niño que lo llevaran a una clínica de salud mental para una evaluación. Tras una serie de exámenes, el primer diagnóstico, sin pruebas de laboratorio fue: retraso mental o espina bífida. A los cinco años, Juan había aprendido a controlar esfínteres, pero carecía de lenguaje oral; las cosas que quería, las obtenía tomando de la mano a su hermano como si éste fuera una extensión de él mismo. Mostraba gran habilidad para dibujar todo lo que veía sin perder detalle, ni perspectiva.
Ya se le administraban medicamentos para mantenerlo tranquilo y controlar sus episodios de berrinches. Era muy esquemático para todas sus cosas: comía siempre lo mismo, al ir a algún lugar, tenía que seguir el mismo camino, andar en la banqueta del mismo lado, etcétera.
Más varones que mujeres
Por cada diez mil infantes que nacen en el mundo, dieciséis son autistas y son los varones los más afectados, pues de cada cuatro autistas, una es del sexo femenino.
Los niños autistas carecen de lenguaje pronominal. Los pocos que desarrollan un lenguaje oral, hablando de ellos en tercera persona, como "Juan tiene hambre" en vez de "tengo hambre". No hablan nunca en primera persona y no miran a los ojos. Permanecen inmutables frente a la existencia o emociones de quienes le rodean. Pierden contacto con la realidad y se repliegan en su propio mundo, sin lograr manifestar lo que sienten ni con ademanes ni frases coherentes.
Los síntomas son muy variados, y se clasifican en tres categorías: alteraciones sociales, trastornos de comunicación y comportamientos repetitivos. El autista profundo no establece contacto visual y cuando es cargado por la madre no estira los brazos: los deja caer como si no tuviera control sobre ellos. No permite que lo toquen y repele cualquier caricia como si le dañara, lanzando gritos angustiosos.
Científicos y médicos no se ponen de acuerdo sobre las causas de autismo, aunque se habla de una predisposición genética, desencadenada por un evento que ellos pueden interpretar como abandono de la madre.
En el caso de Juan, los padres vivían una situación difícil como pareja y la madre estuvo internada una semana, antes de que el bebé cumpliera un año y recuerda que cuando amamantaba al niño, en lugar de hablarle, lloraba porque estaba deprimida.
Aunque la trasmisión del autismo es poco clara, existen estudios que indican que en una familia en la que ya existe un autista, hay entre tres a ocho por ciento más de posibilidades de que un hermano también lo padezca. Entre gemelos y de acuerdo a estudios realizados al respecto, si uno de los hermanos es autista, el riesgo de que el otro lo sea es muy alto: alrededor de sesenta por ciento.
También se sabe que el riesgo está relacionado con la vida intrauterina del niño. Factores como la rubéola en la madre, la ingesta de alcohol, así como la administración de talidomina, droga ya suspendida desde hace decenios por sus efectos de malformaciones infantiles, durante el embarazo.
Otra teoría bastante aceptada es que el autismo se produce entre los 20 y 30 días después de la concepción. En ese momento se han formado pocas neuronas en el cerebro basal de los fetos y de éstas, la mayor parte corresponden a aquellas que constituirán los nervios que controlan los músculos de las orejas, la cara, los ojos, la mandíbula y la lengua. Es decir, se afectan los nervios craneanos. Lo que coincide con las anormalidades que presentan los autistas que carecen de expresión facial.
Aún los autistas que ya han superado gran parte de sus síntomas, tienen grandes dificultades para socializar. A Juan, por ejemplo, le gusta que vaya su abuela a visitarlo, pero luego saludo, no vuelve a acercarse a ella; le gusta escuchar música y permanecer cerca del resto de la familia, pero pone su distancia y hay días en que no quiere que le hablen o lo toquen, en tanto en otros, él mismo busca el contacto físico con sus seres queridos. Es selectivo para aceptar nuevas personas en su círculo inmediato y cuando llega alguien de visita hay que poner en antecedentes al chico para que no se altere.
Frances Tustin, médico especialista quién ha atendido cientos de chicos con esta patología y autor de Autismo y Psicosis Infantil, escribió en 1977: "el niño autista no es capaz de mantener un adecuado vínculo afectivo, ni siquiera en el mínimo grado biológicamente necesario, lo cual le imposibilita no solo aprender si no incluso responder a los estímulos del ambiente; en consecuencia, vive en un nivel infrahumano, al grado que a menudo no llega a desarrollar ninguna forma de lenguaje, y apenas dispone de los mecanismo primarios para subsistir. Son seres que esconden en su interior heridas permanentes e intensamente dolorosas y sensibles, se acorazan con una armadura que les permite escudarse del intolerable, hostil e intrusivo mundo de los estímulos".
Por fortuna, para las nuevas generaciones de chicos autistas existen nuevas investigaciones que demuestran que sí es posible sacar al niño del autismo, si no de manera completa, si se logra romper muchas de las barreras que ellos ponen. Esto requiere de mucha paciencia de parte de la familia, especialmente la madre que es quien está mas cerca del chico.
Con paciencia, dedicación y apoyo de parte de un equipo multidisciplinario que ayude a la familia a manejar la situación se logran verdaderos triunfos. Es difícil que el chico alcance una cura total, pero se logra que socialice, sea autosuficiente en funciones primordiales como asearse, alimentarse e incluso salir a la calle en zonas que le son familiares.
Terapia entre brazos
Una de las nuevas terapias que han demostrado ayudar a romper la coraza de estos chicos es la Abrazoterapia. Cuando Juan era pequeño ni siquiera se hablaba de ella, pero el psicólogo que lo atendía sugirió a la madre inducir una regresión en el chico cuando Juan ya tenía seis o siete años y se alimentaba con vaso y cucharas, al momento cuando todavía tomaba biberón y acunarlo como si fuera bebé. El especialista pidió a la madre que se bañara con él y que lo colocara sobre ella en la tina, para que el chico tuviera contacto piel a piel, las primeras sesiones no fueron fáciles. Juan gritaba, pataleaba y se resistía a permanecer en los brazos de la madre, pero poco a poco fue rompiendo su resistencia, hasta que permitió cada vez más el contacto físico.
"Esta terapia se realiza hoy de manera más organizada", señala Margarita Guerra Paredes de Desarrollo Psicológico Integral quien aprendió al lado de Enrique Sarabia un psicólogo que se ha especializado en tratar el autismo. "Es una terapia muy fuerte, pero que reporta excelentes resultados. Se pide a la madre que abrace al niño, aun contra su voluntad, y le hable lo más tranquila que pueda".
Quienes han tenido o tienen un autista en casa saben lo difícil que es esto: los chicos chillan, patalean y rechazan el contacto físico y la madre debe mantener la calma. Es una manera de unir lazos entre ambos, y la mamá tiene que abrazar al niño por espacio de 20 a treinta minutos sin soltarlo. Es importante que sea la madre para que el niño empiece a entender quién es su mamá, y que esta no ceda hasta que el pequeño deja de llorar y se tranquilice.
La mamá tiene que estar con toda la disposición, y hablar tranquilamente con el niño aunque esté alterado, "las madres cargan muchos sentimientos de culpa, con razón o sin ella", dice la especialista, y cuando la madre pide perdón al niño, por el daño que pudo causarle, ella se siente mejor, y empieza a hacer cosas, ya no para enmendar su culpa, sino para restaurar la relación.
Es vital que la madre esté en perfectas condiciones afectivas y psicológicas, porque es difícil abrazar a alguien que te está rechazando. La primera vez "apoyé a la madre de unos gemelos, ambos autistas; la madre abrazaba primero a uno y luego al otro, fue un entrenamiento de una semana, luego ellos regresaron a su lugar de origen a seguir trabajando lo aprendido".
Al principio debe ser la madre la que brinde esta terapia de abrazos y cuando ha logrado que el niño acepte el contacto sin rechazo, hay que incorporar al padre, primero junto con la madre y después en sesiones de quince minutos cada uno. Cuando este contacto se ha establecido se incorporan los hermanos o la familia más cercana del autista. Este proceso puede llevar meses y es necesario que la madre se prepare psicológicamente y sea ella misma quien escoja el momento del día en que está más dispuesta.
No se debe realizar ninguna otra tarea, y ahí la función del padre es importante para que si tienen otros hijos los distraiga mientras la madre está con el chiquito. Es conveniente acunarlo, cantarle estribillos infantiles, hablarle suave y cariñosamente, que el niño se sienta amado y aceptado. Finalmente, y de acuerdo a información de la Academia Americana de Neurología, es importante estar atentos a los síntomas descritos anteriormente, pues a una detección más pronta del problema, se pueden lograr más y mejores avances para el tratamiento del niño autista.
Alicia Yolanda Reyes
Terapia especial
Es importante que el niño se mantenga ocupado, puede ingresar a alguna escuela de educación especial, o llevarlo a practicar algún deporte como la natación. Algunos autores han reportado grandes avances en la delfinoterapia, es decir el contacto de estos niños con delfines.
La musicoterapia es otra opción a los autistas por lo general les agrada la música, además de que los calma y relaja
Alguna otra actividad como la pintura, el baile, las actividades manuales, también se recomiendan
Poner al niño a gatear, no importa su edad, es otra manera de estimularlo, además de que ayuda a su coordinación motriz y maduración neurológica,
Integrarlo con el resto de la familia en algunas actividades como días de campo, paseo, la playa, recordando que estos chicos se cansan más fácilmente, y tal vez deseen regresar más pronto que el resto de la familia.
Un niño especial en casa contribuye a que los hermanos sean seres más generosos y solidarios, el colaborar en el cuidado del hermano con necesidades distintas les ayuda a madurar.
Nunca hable del chico autista como algo de lo que hay que avergonzarse; por el contrario resalte todos sus logros, y anímelo a mostrar sus habilidades.
No lo trate como un inválido ni le quiera resolver todo; permítale aprender solo aunque sea más lento que los hermanos para realizar pequeñas tareas
Ayuda en la ciudad
Centro Interdisciplinario para Trato e Investigación del Autismo (CITIA)
Andrés Terán No 1823
T/ 853-6617
Clínica de la Conducta
Doctor Jesús Gómez Plascencia
T/ 819-0886
Clínica de autismo del Hospital de Pediatría del Centro Médico de Occidente
T/617-0060
Instituto De Rehabilitación y Aprendizaje Guadalajara
Santa Elena 2180
T/853-4330
Desarrollo Psicológico Integral
Pavo 440
T/613-9661
Lecturas recomendadas
El Niño Autista
O. Ivar Lobas
Editorial Debate
Autismo. Guía Práctica para padres y profesionales
Medicina afectiva: frutas y verduras contra crisis emocionales
Lechuga contra el "mal de amores", sandía para superar una frustración o aguacate para conseguir la felicidad, son nuevos "fármacos" recomendados por especialistas en "medicina afectiva", una disciplina que atribuye a frutas y verduras, además de su poder alimenticio, propiedades para curar crisis afectivas o emocionales.
Y, aunque muchos puedan tomarlo a broma o a prácticas propias de la charlatanería, lo cierto es que cada día son más los estudiosos de la "medicina afectiva" que consideran que ciertas frutas -sandía, plátano, papaya o aguacate- son el antídoto de etapas en las que los sentimientos atormentan y afectan a las relaciones personales y laborales.
La periodista catalana Tareixa Enríquez, directora de "Dietética y Salud", ha estudiado estas cuestiones y asegura que los vegetales tienen propiedades preventivas o curativas no sólo en los casos de carencias vitamínicas, sino también en las crisis emocionales.
Considerada un analgésico natural, la lechuga, por ejemplo, tiene propiedades sedantes e hipnóticas y es, dicen los especialistas, un remedio para las mujeres abandonadas por su pareja, mientras que el plátano, el fruto preferido por los niños, funciona muy bien contra la inseguridad.
Se sabe que los neurotransmisores del cerebro que regulan el comportamiento dependen de lo que comemos y algunas investigaciones han demostrado que los nutrientes pueden influir profundamente en la bioquímica de la actividad cerebral.
La escarola, un estupendo reequilibrante Muchos nutricionistas están convencidos de que la dieta de los países industrializados -carente de muchos micronutrientes- es la principal culpable de estados depresivos. Cuando hay tendencias depresivas, además de seguir los dictados del médico, conviene incluir en la dieta algunos nutrientes.
Si en la dieta falta ácido fólico, vitamina B6, riboflavina, tiamina, vitamina C, calcio, hierro, magnesio o potasio, lo fácil y cómodo es comer espinacas, brécol, col, pimientos, ajo, perejil, hojas de diente de león y zanahorias.
Los especialistas de esta nueva medicina recomiendan la escarola como buen reequilibrante, cuando hay sentimientos contradictorios de amor y odio; achicoria para los indecisos y alcachofas como remedio para los corazones desengañados, en los que se ha apagado la llama del amor.
La sandía es la mejor fruta para los frustrados o los que siempre encuentran obstáculos; la papaya para los que se sienten perdedores y se vuelven coléricos, y el aguacate va bien para los que no son felices porque no se aceptan como son y piensan en lo que podrían ser.
Gracias a su riqueza en vitamina C, los cítricos son un "poderoso remedio" para usar en los momentos de debilidad y bajadas de ánimo, de modo que resultan de gran ayuda para curar "heridas afectivas", periodos de luto, abandonos y pérdidas.
Tomates, patatas y berenjenas contra la soledad Higos y caquis son ideales para los adolescentes que se debaten en la búsqueda de la propia autonomía; los rábanos contribuyen a subir el ánimo; la col cura los estados de melancolía -atenúa los remordimientos y el sentimiento de culpa- y el nabo se aconseja para las épocas en que se está perdiendo el rumbo.
Cuando el problema es el estrés, se gasta más ácido pantoténico, vitamina C, cinc, magnesio y cromo, lo que se compensará con la inclusión en la dieta alimenticia de col, cítricos, pimientos rojos, cardo, zanahorias y perejil.
Para resolver todos los problemas emocionales, los seguidores de la "medicina afectiva" son partidarios de tres hortalizas "tan humildes como poderosas": los tomates, las patatas y las berenjenas, que "ayudan a soportar la pesadez de la vida" y a superar la soledad después de una ruptura amorosa.
Y como hay gustos diversos, teorías para muchos problemas y remedios para casi todo, los expertos en cromoterapia -otra disciplina en auge- también le otorgan propiedades especiales a las frutas y verduras según su color.
El amarillo (melón) da seguridad y aumenta la creatividad; el rojo (tomate), el color de la fuerza, se recomienda contra la apatía y la depresión; el verde (puerro) calma estados de agitación, y el blanco (ajo y cebolla), que representa la suma de todos los colores, es la panacea de múltiples males.
Fresas, piña y kiwi, poderosos anticelulíticos Pero las frutas y verduras no sólo curan las crisis afectivas, también se les atribuyen otras propiedades estéticas o de belleza. Fresas, piñas, kiwis, alcachofas y espárragos son, a la vez, las reinas de la dieta anticelulítica: aportan pocas calorías y aceleran la pérdida de líquidos.
Y sobre los problemas de la celulitis, conviene recordar que no está causada sólo por un exceso de grasa, sino también por una inflamación de los tejidos. Por tanto, para combatirla no es suficiente con reducir las calorías, sino que también hay que escoger los alimentos justos. Los más útiles son las frutas y las verduras ricas en potasio y que combaten la retención de líquidos.
En consecuencia, el menú anticelulítico debe ser rico en líquidos: conviene beber al menos dos litros de agua al día, utilizar muy poca sal en las comidas y eliminar los alimentos muy salados (embutidos, conservas, salamis…).
Además, cada una de las comidas debe incluir algún alimento proteínico, un lácteo (yogur, leche o queso), carne (magra o de ave) o pescado (azul y blanco). También se recomienda evitar los fritos y rebozados y optar por alimentos cocinados a la plancha o al vapor.
Y de entre los principales alimentos anticelulíticos, conviene recordar que la piña contiene bromelina, una enzima que facilita la digestión de las proteínas, posee agua y fibra y sólo 51 calorías por cada 100 gramos.
Las cerezas -40 calorías los 100 gramos- tienen propiedades diuréticas y desintoxicantes, mucha vitamina A y una discreta cantidad de E, y estimulan la producción de colágeno, mientras que el calabacín es una de las verduras más ricas en potasio y pobres en sodio, por lo que es un excelente aliado contra la celulitis ya que tiene un gran efecto diurético.
Y los espárragos, en fin, son una buena fuente de vitaminas C y E, betacaroteno y ácido fólico, de gran efecto diurético y ligeramente laxante y con una potente acción drenante muy útil en los casos de celulitis.
Desde que Leo Kanner describió el autismo como un trastorno emocional, lo que posibilitó la interpretación errónea del autismo como una alteración producida por factores emocionales o afectivos inadecuados en la relación del niño con las figuras de crianza (lo que a su vez hizo que se culpabilizara -de forma totalmente equivocada- a los padres del trastorno que afectaba a sus hijos), hasta la época actual, en la que se ha demostrado la asociación del autismo con trastornos neurobiológicos, la comprensión del autismo ha avanzado enormemente.
Actualmente, se considera que el autismo es un trastorno del desarrollo que no se adquiere, se nace con él, y que su origen es biológico, asociado a múltiples etiologías (desde alteraciones genéticas a procesos infecciosos). Como digo, los avances en la comprensión del autismo ha posibilitado tanto un mejor conocimiento y comprensión del desarrollo de estas personas, y también del desarrollo evolutivo normal, como una mejora en los recursos tanto educativos como terapéuticos.
No obstante, todos, tanto profesionales como familiares, nos preguntamos ¿es suficiente?. El autismo es un estado permanente, la persona con autismo lo es todos los días durante toda su vida. Esto exige que su entorno inmediato ha de estar capacitado y adaptado para responder a sus necesidades reales. Pero, y aquí esta la clave, cuando digo persona con autismo, me refiero no sólo a la patología, sino también a la persona. Considerar a las personas como tales, además de cómo a personas con autismo, debería hacernos reflexionar sobre nuestras actuaciones. ¿Cuál ha de ser el objetivo último de nuestra intervención?. Obviamente, la mejora de la calidad de vida de estas personas. Pero no se trata de cómo percibimos nosotros esa calidad de vida, sino de cómo la perciben ellos, las personas con autismo.
De igual forma que cuando yo siento frío no debo interpretar que las personas que me rodean también sienten la misma falta de calor y, en consecuencia, no debería poner la calefacción al máximo sin antes asegurarme que eso provocaría en los demás el mismo estado de confort; de la misma forma, digo, no debo interpretar que mis criterios de calidad de vida se ajustan a personas que perciben el mundo desde otra orilla diferente a la que yo me sitúo (o mi entorno me sitúa...).
Otra consideración necesaria debe hacerse en torno a interpretar todas las conductas de una persona con autismo como fruto de su discapacidad. También manifiesta conductas como consecuencia de su persona. Por eso, deberíamos preguntarnos ¿cómo es esa persona, independientemente de su autismo?, de forma que la calidad de vida que le proporcionemos se ajuste, no sólo a sus necesidades como persona con autismo, sino también a sus necesidades como persona. Que sea parte activa de su propia vida, de las decisiones, de las elecciones... que se hagan respecto a su existencia es algo que todos debemos proporcionar a estas personas.
Es importante tener en cuenta que debemos ajustar las reacciones de estas personas a nuestras propias acciones, pero también nosotros debemos ajustar nuestras reacciones a sus acciones, como forma de darle sentido y calidad a su capacidad de regular el entorno. Igualmente, es necesario que consideremos que cualquier acción es, por sí misma, educativa, desde ir al supermercado, a ver la televisión, comer, "jugar" (aunque sea de forma estereotipada), ir al parque o incluso no hacer nada. La vida de una persona está llena de un tiempo de ocio al cual estas personas también tienen derecho. Entender este tiempo de ocio como un tiempo de no-aprendizaje, es un equívoco fruto de no "mirarnos hacia dentro" y darnos cuenta de aquellos aprendizajes que nosotros mismos hemos adquirido en contextos no educativos. La calidad de vida pasa por establecer unas rutinas en las que todo es válido para aprender, pero también es válido para descansar, hacer lo que me gusta, entretenerme con esa película que tanto me gusta, corretear un poco, echarme una siesta, escuchar mi canción favorita.... y si tengo posibilidades de elegir... ¡miel sobre hojuelas!. También aprendo así, y además, me siento más feliz en un mundo con orden, accesible para mi comprensión, donde también aprendo, donde no se me exige porque el mero hecho de elegir ese tiempo de ocio y disfrutarlo permite regular mi capacidad de disfrutar de la vida y permite que aprenda a ser persona en un mundo de personas. ¿No es acaso el ocio la forma más natural de aprender a manejar situaciones?, lo interesante, entonces, es educar a estas personas para que puedan vivir su ocio de forma autónoma. Enseñar a estas personas a que tengan intereses propios, tener confianza en ellos, darles responsabilidad y posibilitarles un contexto facilitador, propicio para esos aprendizajes, en la que el grado de "libertad" y autonomía sean justos y comprensibles, tanto para la persona con autismo como para aquellos que le rodean.
Conocer las cualidades y el desarrollo de las personas con autismo, y concretamente de esa persona con autismo que tengo a mi lado, permite sacar el máximo rendimiento en su educación y aumentar el grado de adaptación en su entorno. El criterio de validación de cualquier actuación ha de ser la satisfacción, pero no nuestra (o no únicamente nuestra) sino también la satisfacción de esa persona.
El respeto a la individualidad pasa por conocer en profundidad esa individualidad ¿cómo es?, ¿qué quiere?, ¿cómo disfruta?, ¿cuáles son sus deseos?, ¿qué es aquello que no desea?... y ¿cómo ajustar nuestras individualidades para convivir?, ¿cómo compartir y acceder a la calidad de vida más adecuada para cada uno?. Mi propia calidad de vida mejora ostensiblemente en la medida que aumenta mi capacidad de auto-dirigirme y, por lo tanto, en la medida en que tengo libertad para ejercer aquello que redunda en mi progreso personal y social. Esta capacidad de auto-decisión es la que debemos proporcionar a las personas con autismo, desde nuestra experiencia diaria como personas sociales, y por lo tanto, respetando sus propias necesidades, que como cualquier persona, han de ser también independientes de su patología.
Debemos partir de una implicación que supone, no únicamente aplicar las metodologías al uso, sino también una actitud de búsqueda y comprensión constante. La actitud de humildad es, desde luego, la que más ayuda a mejorar la calidad de vida de estas personas, pero también la calidad de vida propia. La reflexión constante, incluso con "vuelta a empezar" o "aún no sé lo suficiente" o "¿esto es apropiado para esta persona o para mí?", es el mejor de los caminos en un recorrido tan desafiante como enriquecedor. Como dice A. Rivière: "lo primero, no desesperarnos, sino acumular autenticidad, reflexión y fuerza"
Ana González Carbajal es licenciada en psicología y master en psicología infantil Actualmente compatibiliza su trabajo como Estimuladora en el Cento base de Minusválidos de la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha con su actividad como asesora técnica de la Asociación de niños autistas de Valencia APNAV
¿Tienen los autistas diferentes formas de aprender? Francisco Tortosa Nicolás
Parece aceptado por todos que los procesos de aprendizaje y el desarrollo evolutivo están alterados, que no retrasados, en todos los Trastornos Generalizados del Desarrollo. Por otra parte sabemos que dentro del perfil del Espectro Autista, las personas con autismo y otros tgd,s (en adelante tgd), son muy diferentes entre sí, encontrando diferentes subtipos y sintomatología. Es por esto, que podemos afirmar, que si ya es difícil encontrar un ser humano igual a otro, en el caso de personas con tgd, esto es aún más difícil, aunque sí parece que existen algunos hechos constatados en cuanto a los procesos psicológicos que influyen en el aprendizaje para estas poblaciones.
Dentro de la diversidad de los tgd, podríamos diferenciar entre los llamados Autistas de alto nivel, que algunos autores identifican con los Asperger, y los tgd con retraso mental asociado, que son la mayoría y que son los que están escolarizados en los centros de educación especial. Del primer rango, los llamados inteligentes, tenemos la suerte de contar con sus propios testimonios, así autores como Temple Grandin, Jim Sinclair y los clásicos Jules Temporad, Donna Williams, nos han contado como sienten su diferencia, e incluso como aprenden y en qué se diferencian del resto de personas, las llamadas mentalistas.
Es mucho más difícil inferir como es el pensamiento y cómo procesan la información los autistas de menor nivel aunque, como hemos dicho antes, siguiendo a autores como Utah Frith (basándose en su teoría del déficit de la coherencia central), sí parece que existen hechos constatados:
Las personas con autismo tienen serias dificultades para entender informaciones nuevas, así como para incorporarlas y relacionarlas con otros conocimientos, y se limitan a reproducirlas de forma mecánica. Igualmente, centran su atención en aspectos y detalles poco significativos y anecdóticos obviando los más relevantes.
Las personas con tgd prestan más atención a los elementos específicos de los patrones estimulares que a las estructuras globales de los mismos. Son buenos en tareas de clasificación, pero fallan en la generalización de los aprendizajes
Presentan mejores rendimientos en pruebas que suponen "independencia de campo", como los ejercicios de figura-fondo y formación de estructuras espaciales a partir de fragmentos; esta facilidad para lo fragmentado sería otra consecuencia motivada por su déficit de cohesión central. Algunos desarrollan gran interés por aspectos muy fragmentados de la realidad, y otros son muy capaces para discriminar detalles auditivos y/o visuales muy minuciosos.
Las personas con tgd desarrollan con facilidad sus propios intereses idiosincráticos, no son seguidores de modas, gustos y mayorías. Tienden a las estereotipias y rutinas más o menos elaboradas
De todo ello se desprende que una respuesta educativa ajustada a las potencialidades y necesidades de las personas con tgd que incida de manera eficaz en sus procesos de aprendizaje tendrá que tener en cuenta:
Procurar ambientes muy estructurados, predecibles y fijos, evitando los contextos poco definidos y caóticos, para facilitar sus posibilidades de anticipación. Un ambiente estructurado es aquél donde el niño-a sabe y conoce las pautas básicas de comportamiento, tiene seguridad de lo que se espera de ellos, el adulto dirige y organiza las diferentes situaciones, siendo bastante rutinario y así predecible. Así las condiciones estimulares tendrán una disposición cuidadosa, prestando atención a los aspectos relevantes de las tareas, evitando la sobreestimulación (sobre todo la verbal), y controlando la frecuencia de presentación de estímulos.
Conviene utilizar el aprendizaje sin error. La utilización de éste consiste en no atender a los errores, adaptar los objetivos al nivel evolutivo del niño-a, asegurar la adquisición previa de los objetivos de conducta que se pretenden enseñar, descomponer al máximo los objetivos educativos, controlar la presentación clara de los estímulos discriminativos y neutralizar los irrelevantes, evitar factores de distracción y ambigüedad en la situación educativa, usar códigos sencillos y mantener motivado-a al niño-a mediante el empleo de reforzadores suficientemente poderosos.
Otra técnica metodológica fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje a seguir, es el Encadenamiento hacia atrás, que consiste en descomponer la secuencia de un determinado aprendizaje en objetivos de conducta muy delimitados, proporcionar total ayuda para la realización de la conducta completa, e ir desvaneciendo las ayudas desde el final hacia adelante, de modo que el niño-a realizará la conducta con cada vez menos ayuda; lo último que realizará por sí solo, será el primer paso de la secuencia.
Utilizar en ocasiones el entrenamiento o la enseñanza incidental, es decir, cuando los episodios de enseñanza son iniciados por el niño-a en lugar y contenido. El adulto ha de estar alerta a estas iniciativas adaptándose a las nuevas circunstancias, reforzando de forma natural las respuestas adecuadas.
Es fundamental responder consistentemente ante conductas comunicativas verbales o gestuales (miradas, coger al adulto de la mano, acercarse a un objeto y mirarlo) y aunque estas conductas no sean intencionales, debemos hacerlas funcionales dándoles ese sentido.
Para favorecer la ocurrencia de la función comunicativa de petición es necesario manipular algunos aspectos o situaciones que eliciten con mayor probabilidad estas conductas: colocar los objetos que le gusten fuera de su alcance y esperar a que realice algún acercamiento o tipo de petición, preguntarle, acercarle el objeto y cuando extendiera el brazo, dárselo y reforzarle el intento.
Evitar hacer preguntas indefinidas, evitar modismos, dobles significados, sarcasmos, bromas. Ser "concretos" en todas las interacciones, ser "claros". ¿Qué queremos? ¿Qué esperamos de él?
Y todo ello en un marco de respeto a la persona y con el fin último de la mejora de su calidad de vida. Creatividad, flexibilidad, constancia, optimismo, ilusión son nuestras mejores herramientas.
Evidentemente esta relación de orientaciones educativas está dirigida a personas en edad de estar escolarizadas en centros educativos. Cuando son mayores son necesarias otras consideraciones físicas y emocionales relacionadas con la edad; el trastorno básico continúa, pero en gran medida se han producido ajustes en un doble sentido, por un lado la persona con tgd ha flexibilizado sus conductas y ha llegado a una cierta aceptación, más que comprensión, de su mundo más próximo; y del otro lado, ese entorno de familiares y profesionales allegados han asumido sus formas de ser y así se les acepta. Hace poco leía en el Tablón de la web de Autismo - España a una madre de una persona con autismo decir que para ella ser autista era una forma de ser, y que ser madre de esa persona, una forma de vivir. Mi mayor reconocimiento a estas personas que saben exprimir la felicidad en esas formas diferentes de vivir y sentir.
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Basado en el artículo "Guía para interactuar con una persona con autismo", publicado en la revista Autismo en Sociedad, N° 7, 1997. Visítela en la sección de Artículos en Español de la página Autismo- España, http://aut.tsai.es
Ya que las personas autistas tienen dificultades para comprender el lenguaje:
Sea claro y sencillo en su expresión. Use lenguaje adecuado; palabras simple y oraciones cortas. Use gestos naturales cuando hable como indicar o mostrar lo que quiere significar.
Ya que la comunicación es un área difícil para toda persona autista:
Reconozca los intentos comunicativos. Aliente los intentos comunicativos por la vía de apreciar sus intentos y suministrando nuevas oportunidades para mejorar sus habilidades de comunicación.
Ya que las personas con autismo tienen a veces comportamientos inapropiados a causa de su dificultad para comunicarse:
Considere las posibles razones de los comportamientos, puede estar indicando frustración, aburrimiento, cansancio, hambre, miedo, etc. Cuando sea pertinente, muéstrele la mejor manera para expresar sus sentimientos.
Ya que a las personas con autismo frecuentemente se les dice lo que no deben hacer:
Dígales lo que sí debiera hacer.
Ya que todos aprendemos a través de retro - alimentación:
Hágale saber a la persona autista cuando está haciendo algo bien; aunque sean actitudes básicas para nosotros como el permanecer sentado hasta terminar una actividad, o usar un juguete de manera apropiada.
Ya que las personas autistas tienen preferencias a veces poco usuales:
Sepa lo que es gratificante para ella y úselo para ayudarle, por ejemplo, para una persona autista que le disgusta ser tocada, el darle un abrazo o una palmadita en el hombro no será considerado por ésta, como un aliento.
Ya que toda persona tiene su propia personalidad:
Recuerde que, a pesar de sus limitaciones, no dejan de ser niños, jóvenes o adultos, por eso, a un adolescente autista no hay necesidad de hablarle como si fuera un pre escolar, es posible emplear un vocabulario sencillo con oraciones bien estructuradas y simples. Así mismo, trate de comprometer a la persona en actividades propias de la edad.
Ya que la persona con autismo, como cualquier otra persona, tiene sentimientos: No hable acerca de la persona autista enfrente de ella como si no estuviese
Ya que las personas autistas tienen problemas para entender lo que sucede alrededor de ellas:
Prepárela para los cambios de actividades y rutinas; ayúdele a planificar la secuencia de eventos para que vaya sabiendo lo que más tarde sucederá.
NO LE IGNORE, AUNQUE PAREZCA QUE NO HA REPARADO EN USTED.
HÁBLELE, AUNQUE PAREZCA NO ESCUCHARLO
NO LE NIEGUE SU COMPAÑÍA, AUNQUE PAREZCA QUE QUIERE ESTAR SOLO
NO LE NIEGUE SU MANO,CUANDO ÉL LO NECESITE, QUIZÁS SIN SABERLO, USTED PODRÍA AYUDARLO A CRUZAR EL PUENTE IMAGINARIO QUE SEPARA NUESTROS MUNDOS....
Los artistas de la Edad de la Piedra pintaban porque no hablaban
Las manifestaciones artísticas de una niña autista, han inspirado una nueva teoría para explicarse los dibujos hechos durante la edad de piedra.
Las manifestaciones artísticas de una niña autista, han inspirado una nueva teoría para explicarse los dibujos hechos durante la edad de piedra, encontrados en numerosas cavernas de Europa. De acuerdo a la nueva teoría, en lugar de interpretar éstos como las primeras manifestaciones de la mente creativa del hombre, un psicólogo las interpreta como que fueron hechas por mentes subdesarrolladas.
Por décadas los arqueólogos han asumido que los artistas de las cavernas eran inteligentes y comunicativos. Estas ideas se confirmaban después de los hallazgos de pinturas hechas en las cavernas de Chauvet en el sudeste de Francia, que de acuerdo a los estudios de radioisótopos, tenían más de 31.000 años. La fluidez y realismo de las figuras animales parecían comprobar que el hombre de aquella época ya había desarrollado el lenguaje y otras habilidades necesarias para desarrollar esta sofisticada técnica.
Pero Nicholas Humphrey del New School for Social Research en Nueva York, no está convencido de esto. Siguiendo las habilidades artísticas de un niño autista, concluye que las pinturas de las cavernas no representan a los primeros artistas de la edad del simbolismo, sino que por el contrario eran "los últimos inocentes" (Cambridge Arcchaeological Jounal, vol. 8, pág. 165,1998).
Humphrey encuentra muchas similitudes entre las pinturas de las cavernas de Chauvet y Lascaux y las pinturas hechas por una niña autista, llamada Nadia, que nació en Nottingham en el año 1967. Nadia, desde la edad de tres años, dibujaba con un sorprendente realismo.
En la década del 70, Lorna Selfe, psicóloga inglesa, escribió un libro acerca de Nadia. Allí se reproducen sus dibujos de caballos, vacas y elefantes, que son muy parecidos a los caballos, bisones y mammoths pintados por los artistas de las cavernas. "Ambos eran de un sorprendente realismo y perspectiva", afirma Selfe. Ambos también capturan a los animales en movimiento con todas las formas que ello involucra. Casualmente, como Nadia, los artistas de las cavernas, pintaban a los animales unos encima de otros.
Humphrey cree que el talento artístico en ambos casos, nace no a pesar de la deficiencia mental, sino por causa de ella. Los dibujos, Nadia, los realizó entre los tres y seis años, cuando no conocía nada del lenguaje y parecía ciega a la ligazón conceptual de los objetos. Selfe cree a su vez que Nadia, lejos de saber los nombres y conceptualizar los objetos, los tenía sólo en su memoria. Ella tenía sólo una impresión visual de ellos.
Nadia, a la edad de doce años, ha adquirido un vocabulario funcional, y junto con ello ha perdido sus habilidades creativas. Humphrey piensa que algo similar debe haberle ocurrido a los artistas de las cavernas. El sugiere que hace 20.000 años, el hombre desarrolló la capacidad de hablar acerca de otras personas, pero no acerca de los animales, plantas o herramientas. Cuando el lenguaje progresó hasta incluir estos objetos, el arte se vio menoscabado.
En todo caso la nueva teoría es tan controversial, que la revista se vio obligada a publicar el trabajo junto con una serie de críticas de muchos expertos. Según Steven Mithen, arqueólogo de la Universidad de Reading, dice que las capacidades mentales, incluyendo el lenguaje, comenzaron a evolucionar hace 100.000 años. El duda que una mente sin las capacidades conceptuales modernas, pueda dibujar formas complejas geométricas y otras imágenes abstractas que se han visto a menudo en dibujos de la Edad de Piedra.
Pero Uta Frith, psicóloga de la University College of London, se manifiesta de acuerdo con Humphrey y cree que es un error creer que las manifestaciones pictóricas de las cavernas sean una prueba de que esos artistas tuvieron un cerebro desarrollado como el nuestro. Pero también duda de que no hayan sido capaces de hablar y comunicarse en aquella época. En todo caso ella afirma que a muchos niños les falta el lenguaje, pero muy pocos son capaces de dibujar como lo hizo Nadia.
AUTISMO, SINDROME DE ASPERGER Y TRASTORNO SEMANTICO-PRAGMATICO: ¿DONDE ESTAN LOS LIMITES?
Autor: D.V.M. Bishop
Departamento de Psicología, Universidad de Manchester
Bristish Journal o Disorders of Communication 24, 107-121 (1989)
Obtenido de Internet: http://www.jaymugs.demon.co.uk/bishop-htm
Traducción: Cristina Fanlo
RESUMEN
Los criterios de diagnóstico del autismo se han matizado y hecho más objetivos desde que Kanner describiera el síndrome por vez primera, por lo cual existe hoy en día una consistencia razonable en el modo en que este diagnóstico se aplica. Sin embargo, mucho niños no cumplen estos criterios, pero muestran algunos de los rasgos del autismo. Cuando existe un problema en el desarrollo del lenguaje, estos niños tienden a clasificarse como casos de disfasia de desarrollo (o de una determinada deficiencia específica del lenguaje), mientras que los que aprenden a hablar a una edad normal pueden ser diagnosticados con el síndrome de Asperger. Se argumenta que, en vez de pensar en categorías diagnósticas rígidas, deberíamos reconocer que el síndrome nuclear del autismo se difumina en otra formas más suaves del trastorno en las cuales el lenguaje o en comportamiento no verbal pueden estar desproporcionadamente deteriorados.
Christopher, de 4 años de edad, ha sido remitido a un centro multidisciplinario de desarrollo infantil, debido a una preocupación por su fracaso en desarrollar un lenguaje y un comportamiento social normales. Le han reconocido un neurólogo infantil, un psiquiatra infantil, una terapeuta del lenguaje y un psicólogo. En la reunión conjunta sobre el caso, el neurólogo infantil sugiere que el niño tiene una disfasia de desarrollo, basándose en que su comprensión lingüística es pobre y su lenguaje expresivo fuera de la normalidad, pero la audición es normal, la habilidad para realizar tareas no verbales, tales como copiar o hacer puzzles, es correcta y no existe ningún signo neurológico. Sin embargo, el psicólogo piensa que el niño es autista, ya que, junto con su problema de lenguaje, su comportamiento social se ha desarrollado de forma limitada: no juega bien con otros niños y es poco afectuoso con sus padres. El psiquiatra infantil comenta que las dificultades de lenguaje y sociales del niño no son lo suficientemente severas como para poder diagnosticar al niño con autismo infantil: inicia comunicación con otros, establece contacto ocular y le gustan el juego turbulento y las volteretas, pero tiende a ser rechazado por los demás niños, ya que quiere que éstos participen en sus actividades repetitivas y no es sensible a las necesidades de los otros niños. Christopher puede hacer frases largas y complicadas, pero sus respuestas a preguntas que le hacen son a menudo poco apropiadas, y con frecuencia hace él mismo preguntas de otros, mientras ignora las respuestas que recibe. El psiquiatra sugiere un diagnóstico de síndrome de Asperger. La terapeuta del lenguaje dice que un análisis del lenguaje de Christopher muestra que éste es normal desde el punto de vista fonológico y gramatical, pero que existen muchas anomalías en la forma de usar el lenguaje, y la comprensión en un contexto conversacional es pobre. Ella sugiere que se trata de un caso de trastorno semántico-pragmático. El psicólogo responde que el trastorno semántico-pragmático es simplemente otro nombre para el autismo. Se le pide a un pediatra americano que está de visita que comente el caso. Examina a Christopher cuidadosamente y sugiere que es un caso de PDDNOS (trastorno generalizado del desarrollo no especificado en otra parte).
Este escenario es ficticio, pero ilustra la confusión que rodea el uso de la terminología de diagnóstico en un área en la cual la neurología, la psicología y la terapia de lenguaje convergen. Este artículo pretende examinar las distintas etiquetas de diagnóstico existentes en la actualidad, para analizar hasta qué punto se usan con consistencia y si realmente la terminología existente es adecuada para describir el rango de los trastornos que se encuentran.
LA NATURALEZA Y EL PROPOSITO DEL DIAGNOSTICO
Llegado a este punto, el lector puede preguntarse por qué son importantes estas cuestiones. ¿Importa realmente qué etiqueta le ponemos a un niño? Con toda seguridad, lo importante es identificar los problemas y trabajar para solucionarlos. Antes de analizar varias categorías diagnósticas, es necesario responder a estas preguntas y dar alguna justificación del porqué usar etiquetas. Ha habido muchas críticas sobre el "modelo médico" de aproximación a los trastornos del desarrollo, considerándolo inútil en el mejor de los casos y contraproducente en el peor. Una vez que le ponemos una etiqueta a un niño, tendremos probablemente expectativas preestablecidas y podemos olvidar su individualidad. Además, podemos considerar que la etiqueta es una explicación. Una vez que hemos decidido que la etiqueta de "autista" se aplica a Christopher porque tiene problemas al relacionarse con los demás, nos encontramos a nosotros mismos diciendo: "Christopher no se puede relacionar con los demás porque es autista". Aunque estos inconvenientes sean reales, el abandono de las etiquetas diagnósticas supondría una serie de peligros. Sin ellas, no podemos generalizar a partir de la experiencia pasada para planificar un tratamiento o dar un pronóstico. Esto se ilustra bien en un relato presentado en Hansard hace pocos años. Un Miembro del Parlamento, que intentaba presionar para obtener más ayuda especial para los niños con dificultades de lectura, preguntó a los poderes relacionados con este tema cuántos niños eran disléxicos en su región. "No creemos en las etiquetas para los niños, por lo tanto no registramos estos datos" fue la respuesta que obtuvo. Las categorías diagnósticas proporcionan asimismo una estructura para reunir información en un entorno clínico y son vitales si queremos investigar las causas probables y los medios apropiados para tratar los distintos trastornos. Esto no quiere decir que debamos adoptar una aproximación no crítica a las etiquetas que actualmente se usan. Debemos considerarlos como un modo útil de resumir información, pero tenemos que estar alerta frente a la posibilidad de mejorarlos. Argumentaré que en el caso de trastornos como el autismo, puede que sea necesario alejarse de una aproximación estrictamente categórica basada en el síndrome. Por último, debemos estar en guardia frente a los diagnósticos como concreción de los trastornos y no tratarlos como conceptos explicatorios.
DESARROLLO DEL CONCEPTO DE AUTISMO
Descripción del síndrome por Kanner
En su primera descripción del síndrome (1943), Kanner afirmó que la condición que describía "era substancialmente diferente y única frente a lo que se había descrito hasta el momento". En este artículo, no intentaba especificar criterios de diagnóstico estrictamente definidos, sino que presentaba historias detalladas sobre los casos de ocho niños y tres niñas, anotando las siguientes características:
1. Incapacidad para relacionarse con la gente, incluyendo miembros de la propia familia del niño, desde su nacimiento.
2. Fracaso para desarrollar el lenguaje, o bien uso del lenguaje anormal, no comunicativo en su mayor parte. Se observaba la inversión pronominal en todos los niños que podían hablar (ocho casos) y ecolalia, preguntas obsesivas y uso ritualista del lenguaje en algunos de ellos.
3. Respuestas anormales frente a objetos y acontecimientos ambientales, tales como comida, ruidos altos y objetos móviles. Kanner consideraba que el comportamiento del niño estaba gobernado por un deseo obsesivo y ansioso por mantener la invarianza del ambiente, lo que implicaba una limitación en la variedad de la actividad espontánea.
4. Buen potencial cognitivo con una memoria mecánica excelente y resultados normales en el test no verbal de Seguin.
5. Normales desde el punto de vista físico. Algunos niños eran un poco patosos al andar, pero todos tenían una coordinación muscular fina buena.
Muchos psiquiatras descubrieron que la imagen clínica descrita por Kanner encajaba con casos asombrosos que habían visto en sus propias clínicas, pero no se produjo un progreso continuado en la documentación y comprensión del autismo. Kanner (1965) se quejó de la existencia de dos corrientes relacionadas en la psiquiatría infantil. Algunos psiquiatras infantiles no aceptaban que el autismo era un síndrome distinto y sugerían que era inútil trazar límites afinados entre el autismo y otros tipos de desarrollo atípico. Otros aceptaban que el autismo era un síndrome, pero aplicaban este diagnóstico de moda de forma demasiado amplia. "... se convirtió en un hábito el diluir el concepto original de autismo infantil diagnosticando como tal múltiples condiciones dispares que muestran uno u otro síntoma aislado como parte integrante del síndrome en su conjunto. Casi de un día para otro, parecía que el país estaba poblado por una multitud de niños autistas". Wing (1976) observó que otros profesionales interpretaban el resumen de Kanner sobre las características de su síndrome de un modo demasiado restringido, de tal modo que no se diagnosticaba autismo a menos que el niño no mostrara ningún signo de conciencia de la existencia de otras personas, a pesar de que ninguno de los casos de Kanner estaba tan severamente afectado. Para añadir confusión, había una discusión continua sobre si el autismo era una forma temprana de esquizofrenia, un debate que al que no ayudaba nada el hecho de que no hubiera consenso sobre la naturaleza y el diagnóstico de la propia esquizofrenia.
Especificación de los criterios diagnósticos
Rutter (1978a) documentó el caos que reinó durante varios años después del primer trabajo de Kanner, en los cuales una gran cantidad de terminología (por ejemplo, autismo infantil, psicosis infantil, esquizofrenia infantil) se aplicaba de forma poco consistente a los niños que mostraban algunas o todas las características clínicas de los primeros casos de Kanner. Rutter abordó la cuestión de hasta qué punto se podía considerar que el autismo era un síndrome y cómo se relacionaba con otros trastornos. Concluyó que, aunque había aún muchas cuestiones sin resolver, los investigadores deberían, para evitar ambigüedades, adoptar los siguientes criterios en relación con el comportamiento antes de los 5 años de edad para definir el autismo:
1. Aparición antes de los 30 meses de edad.
2. Desarrollo social deteriorado, con una serie de características especiales y desacoplado con el desarrollo intelectual del niño.
3. Retraso y desviaciones en el desarrollo del lenguaje, que también posee algunas características definidas y que está desacoplado con el nivel intelectual del niño.
4. Insistencia en la invarianza, como se muestra por medio de patrones de juego estereotipados o resistencia al cambio.
A diferencia de Kanner, que hizo una clara distinción entre retraso intelectual y autismo, Rutter argumentó que ambos diagnósticos no se excluían mutuamente. Mediante tests convencionales de medición del CI para clasificar a los niños, se observó que la mayoría de los niños que cumplían los criterios de autismo tenían también retraso mental. Aunque esto parecía estar en contradicción con el artículo original de Kanner, hay que recordar que éste basó su observación sobre el buen potencial intelectual de los niños en el hecho de que éstos tenían buena memoria mecánica y habilidad para hacer puzzles. Estudios posteriores mostraron que muchos niños autistas tenían estas habilidades, a la vez que eran muy limitados en otras áreas de funcionamiento. La extensión del retraso mental asociado con el autismo afectará a la terapia y el pronóstico, pero el nivel del CI no es el la actualidad un factor que decida si el niño debe ser diagnosticado o no con autismo.
Rutter advirtió que estos criterios diagnósticos pueden dejar muchos temas sin solucionar, en particular el tema de si existían o no diversos subtipos de autismo y cómo clasificar a los niños que mostraban algunas pero no todas las características del autismo. No obstante, como base para revisar la investigación, hizo mucho hincapié en apoyar los criterios propuestos como los mejores disponibles para definir el síndrome del autismo de un modo válido y con contenido. Aunque sus criterios diagnósticos también ha sufrido críticas (Waterhouse, Fein, Nath & Snyder, 1987), han sido ampliamente adoptados y han constituido la base para la tercera edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-III ) publicado por la American Psychiatric Association en 1980 y revisado en 1987 (DSM-III-R). En su ultima revisión, el término de "trastorno autista" remplazó el de "autismo infantil", reconociendo tanto el hecho de que muchos trastornos autistas aparecen por primera vez en la niñez, como que el término de "autismo infantil" no resulta apropiado para los individuos autistas que maduran y se convierten en adultos.
Variabilidad en la interpretación de los criterios diagnósticos
Esta clarificación de los criterios diagnósticos fue ampliamente bienvenida como un paso para que los investigadores pudieran seleccionar niños con características comunes y comunicarse entre ellos teniendo claro que hablaban del mismo síndrome. Sin embargo, subsistían puntos difíciles cuando se trataba de aplicar estos criterios.
El primero de ellos es que el lenguaje utilizado para describir los síntomas necesita de una interpretación subjetiva. Considere la siguiente descripción de una discapacidad cualitativa en la relación social recíproca:
"En la infancia, estas deficiencias se manifestaron por una falta de caricias, falta de contacto ocular y respuesta facial, así como por indiferencia o aversión hacia el afecto y el contacto físico.... Los adultos pueden ser tratados como intercambiables, o bien el niño puede agarrarse mecánicamente a una persona específica (DSM-III-R)".
¿Significa esto que un niño no es autista si se aproxima a otra gente, parecen gustarle las caricias o establece contacto ocular? Varios autores han mostrado que hay muchos niños que presentan un deterioro sostenido en sus relaciones sociales, pero que no muestran aversión al contacto físico con la gente y pueden, por ejemplo, responder positivamente cuando se les hace cosquillas (Rutter, 1978a; Mundy, Sigman, Ungerer & Sherman, 1986; Volkmar, Cohen & Paul, 1986). Para obtener una mayor consistencia en el diagnóstico, es crucial que distingamos entre anomalías que tienen que estar necesariamente presentes para establecer un diagnóstico de autismo y comportamientos que son característicos, pero no aspectos invariables del autismo. En el DSM-III-R, los criterios para el autismo se han especificado de tal modo que la presencia de uno o dos comportamientos sociales más normales o comunicativos, tales como el contacto ocular o disfrutar con las caricias, no descarta el diagnóstico si otros aspectos de la interacción social recíproca (por ejemplo, imitación, juego social o habilidad para establecer relaciones con sus iguales) son claramente anormales.
Cambios en el cuadro clínico con la edad
Aparte de los problemas para decidir qué comportamientos constituyen características diagnósticas necesarias y suficientes, pueden darse desacuerdos cuando no se consigue apreciar cómo puede cambiar el cuadro clínico con la edad. Rutter (1978a) afirmó explícitamente que el diagnóstico debería estar basado en el comportamiento antes de los 5 años de edad, y la descripción del DSM-III-R anterior menciona específicamente que ésta es la manera en que la discapacidad social se manifiesta en la infancia. En su estudio original, Kanner (1943) describió cómo cambian los niños autistas cuando se hacen mayores:
"Entre los 5 y los 6 años, abandonan gradualmente la ecolalia y aprenden de modo espontáneo a usar los pronombres personales adecuadamente. El lenguaje se vuelve más comunicativo, al principio como un ejercicio de pregunta-respuesta y más adelante, con mayor espontaneidad en la construcción de frases. La comida se acepta sin dificultad. Los ruidos y los movimientos se toleran mejor que antes. Las rabietas de pánico disminuyen. La tendencia a la repetición adquiere la forma de preocupaciones obsesivas. Se establece contacto con un número limitado de personas, de dos formas: las personas se incluyen en la vida del niño en el mismo grado en el que satisfacen sus deseos, contestan a sus preguntas obsesivas, le enseñan a leer y a hacer cosas."
Este cambio en el cuadro clínico puede ser sorprendente para el profesional al que se le ha enseñado que el niño autista tiene un profundo deterioro en sus relaciones sociales y problemas de lenguaje, y tiene delante a un niño de 10 años que, aunque resulta social y lingüísticamente "raro", intenta hacer amigos, busca a los demás e inicia de buen grado una conversación con ellos. En el DSM-III-R se hace énfasis en el cuadro clínico cambiante, dando más ejemplos de comportamientos anómalos característicos de niños de más edad.
La falta de una perspectiva ontogenética puede producir gran confusión, tanto a padres como a profesionales. Una madre a la que se le ha dicho que su niño de 3 años tiene autismo y que este trastorno es incurable, puede malinterpretar esto en el sentido de que no puede esperar ningún cambio en absoluto en las habilidades o en el comportamiento de su hijo. La gente con estas ideas es probable que se conviertan en seguidores de tratamientos no convencionales, cuyos patrocinadores explotan el hecho de que los padres no esperan ningún cambio, y por lo tanto están dispuestos a atribuir cualquier cambio que ocurra al tratamiento.
LAS ZONAS LIMITROFES DEL AUTISMO
Se han considerado tres razones para el desacuerdo en relación con el diagnóstico del autismo: utilización de distintos criterios de diagnóstico, subjetividad de los síntomas utilizados como criterios de diagnóstico y cambios en el cuadro clínico con la edad. El reconocimiento de estas dificultades y los intentos para superarlas has conducido sin duda alguna a un consenso mucho mayor en lo que se refiere a cómo se aplica la etiqueta de diagnóstico. Sin embargo, a pesar de que la especificación de criterios de diagnóstico bien definidos ha facilitado el que diferentes observadores se pongan de acuerdo sobre qué niños son autistas, seguimos todavía con el problema de cómo clasificar al niño que es claramente no normal, tiene algunas características autistas, pero no cumple los criterios de autismo o de cualquier otro trastorno. No hay duda de que dichos niños existen. Virtualmente todo síntoma característico del autismo puede ser observado en niños que no encajan en esta categoría de diagnóstico. Rutter (1966) investigó en los archivos del hospital Maudsley correspondientes a un periodo de más de 9 años, para localizar a todos aquellos niños preadolescentes a los cuales se les había dado un diagnóstico inequívoco de psicosis infantil, síndrome de esquizofrenia infantil o autismo infantil, y comparó las anotaciones de este grupo "psicótico" con las de un grupo de control clínicamente heterogéneo, formado por niños no psicóticos que eran atendidos en el mismo departamento, acoplados por edad y por coeficiente de inteligencia. Se comparó la frecuencia de los distintos síntomas para los dos grupos y, tal y como se esperaba, la frecuencia de las anomalías en las relaciones interpersonales, en el lenguaje y en los fenómenos ritualistas y compulsivos era mayor en el grupo psicótico que en el no psicótico. No obstante, todos los tipos de comportamientos anómalos observados en el grupo psicótico se encontraron también en los niños no psicóticos, por ejemplo ecolalia en 29 de los 63 niños psicóticos y en 19 de los 63 niños no psicóticos; inversión pronominal en 19 de los niños psicóticos y 8 de los no psicóticos; relaciones anormales en 26 de los niños psicóticos y 12 de los no psicóticos. Rutter concluyó que las diferencias entre ambos grupos residían fundamentalmente en la forma de los síntomas y hasta cierto punto en su severidad. En un estudio epidemiológico, Gillberg (1984) descubrió que, mientras que los casos de autismo se detectaban con facilidad utilizando los criterios de Rutter, se identificaron a muchos otros niños con "rasgos autistas".
Subtipos de los Trastornos Generalizados (o Profundos) del Desarrollo
La Asociación Americana de Psiquiatría (1980) reconoció la existencia de casos que se parecen al autismo, pero que no cumplen los criterios de diagnóstico para este trastorno. Se tuvieron en cuenta las preocupaciones existentes al abordar estos casos en la revisión del DSM-III realizada en 1987. En el DSM-III-R, los "trastornos generalizados del desarrollo" incluyen todos aquellos trastornos en los cuales existe un deterioro cualitativo en el desarrollo de (1) la interacción social recíproca, (2) la comunicación (verbal y no verbal) y (3) la actividad imaginativa. El trastorno autista es un tipo de trastorno generalizado del desarrollo severo, que aparece en la temprana infancia o en la infancia, en el cual una serie de discapacidades sociales y comunicativas severas se asocian con un repertorio marcadamente restringido de actividades e intereses. Sin embargo, se reconoce que puede darse un trastorno generalizado del desarrollo de una forma menos severa y prototípica, en cuyo caso se aplica la etiqueta de "trastorno generalizado del desarrollo no especificado en otra parte" (PDDNOS).
Síndrome de Asperger
En el Reino Unido, no se usa de modo generalizado el diagnóstico de trastorno generalizado del desarrollo, habiéndose hecho muy popular el diagnóstico de "síndrome de Asperger" para referirse a individuos con algunos rasgos autistas, pero que no encajan en todos los criterios del autismo (Tantam, 1988). La descripción de este síndrome por parte de Asperger fue realizada un año después que la publicación original de Kanner, pero era mucho menos conocida. Los niños descritos por Asperger se caracterizaban por ser pedantes, patosos, con intereses obsesivos y un comportamiento social deficiente. Wing popularizó su trabajo en un artículo publicado en 1981, y observó que existían muchas similitudes entre el síndrome de Asperger y el de Kanner, lo cual dificultaba el saber si estaban describiendo el mismo síndrome con diferentes grados de severidad o trastornos distintos. El punto de vista más popular parece el de que el "síndrome de Asperger" es un sinónimo del autismo de un tipo menos severo (Schopler, 1985). Sin embargo, parece que hay algunas ventajas en mantener este término. En primer lugar, todavía existe un debate de hasta qué punto se solapa el síndrome de Asperger con el autismo (Nagy & Szatmari, 1986; Szatmari, Bartolucci, Finalyson & Krames, 1986; Rutter & Schopler, 1987). En segundo lugar, el pronóstico para el síndrome de Asperger es considerablemente mejor que para el autismo clásico. Por este motivo, varios especialistas (por ejemplo, Wing, 1981; Howlin, 1987) han abogado en favor de usar el término de "síndrome de Asperger", aunque aceptando que las diferencias entre éste y el autismo pudieran ser simplemente una cuestión de grado. Tantam (1988) argumentó que, sin esta categoría, se dejaba a estos niños en un limbo diagnóstico, y en consecuencia, sus problemas no eran reconocidos ni se les proporcionaban cuidados para ellos, ya que sus déficits no eran lo suficientemente severos o extendidos como para ser considerados con el términos "autista". El número de niños afectados no es despreciable: Gillberg y Gillberg (1989) encontraron que el síndrome de Asperger era cinco veces más frecuente que el autismo. Otra razón práctica para conservar el término de "síndrome de Asperger" es que puede ser un diagnóstico más aceptable para padres y profesionales, muchos de los cuales tienen una visión estereotipada del autismo, basada en el cuadro clínico de niños pequeños (Wing, 1986).
Relación entre el Autismo y el Trastorno de Desarrollo de Lenguaje
Las anomalías del lenguaje constituyen un síntoma central del autismo. Esto plantea la cuestión de cuál es la diferencia entre el autismo y el trastorno de desarrollo del lenguaje. Churchill (1972) propuso que no existía una diferencia cualitativa entre la "afasia de desarrollo" y el autismo, y que su única diferencia era el grado. Wing (1976) observó que, mientras que es bastante fácil reconocer a los niños que tienen el síndrome clásico descrito por Kanner y diferenciarlos de los casos igualmente clásicos de trastorno de desarrollo del lenguaje receptivo, las zonas límite de estas condiciones no son claras.
"Si los niños con estos problemas pudieran ordenarse por series regulares, empezando por los niños más autistas en un extremo y extendiéndose hasta el niño que más claramente tuviera sólo un trastorno del desarrollo del lenguaje receptivo, el decir dónde estaba la línea divisoria necesitaría del juicio de Salomón".
Este tema se planteó en una serie de estudios realizados por Bartak y sus colaboradores (Bartak, Rutter & Cox, 1975, 1977). Empezaron recogiendo, a partir de un cierto rango de colegios especiales y unidades hospitalarias, una muestra de niños con problemas severos de comprensión del lenguaje hablado, excluyendo a aquéllos que tenían problemas auditivos significativos o una inteligencia no verbal baja. Estos niños se dividieron a su vez, en base a los criterios de Rutter, en 19 que cumplían la definición de autismo infantil y 23 que claramente no la cumplían y a los cuales se refirieron como el grupo con "afasia receptiva de desarrollo". El estudio confirmó que es posible tener un trastorno severo del lenguaje receptivo sin ser necesariamente autista, indicando así que los problemas sociales y de comportamiento de los niños autistas no pueden explicarse de manera simple como consecuencia secundaria de los problemas para comprender el lenguaje hablado. Este estudio relató también la amplia naturaleza de los problemas comunicativos de los niños autistas, que se extendían de la comunicación no verbal a la comunicación verbal también. Este estudio no confirmó el punto de vista de Kanner de que los niños autistas tenían una competencia adecuada en el lenguaje, mientras que los niños afásicos no la tenían. Por el contrario, los niños autistas tenían problemas de comunicación más severos y más extensos que los niños afásicos. Mientras que los niños "afásicos" se caracterizaban por un lenguaje inmaduro, era mucho más probable que los niños autistas mostraran rasgos desviados, tales como ecolalia, inversión pronominal, expresiones estereotipadas y lenguaje metafórico. Sin embargo, aunque las características del lenguaje pudieran diferenciar al grupo autista del grupo afásico, había algunos niños que no podían clasificarse en ninguno de los dos grupos, ya que su comportamiento y su lenguaje se situaban entre estas dos categorías.
Revisando estos estudios, Rutter (1978b) que, a la vez que existían diferencias importantes entre la afasia receptiva de desarrollo y el autismo infantil en cuanto a severidad, rango y naturaleza de los problemas de lenguaje, así como en términos comportamentales, la existencia de casos que eran intermedios entre las dos condiciones reforzaba la dificultad de trazar un límite definido. Observó asimismo que, tanto en el grupo disfásico como el grupo autista, cuanto más "autista" era el lenguaje, más "autista" era el comportamiento, lo que indicaba que se puede hablar de grados de autismo en niños que no tienen el síndrome en su totalidad. Además, Rutter apuntó que el autismo y las dificultades del lenguaje tienden a aparecer en las mismas familias, concluyendo que "existen importantes relaciones funcionales entre el autismo y por lo menos algunos casos de disfasia".
Esta última cita ofrece cierta claridad en el hecho de que la disfasia de desarrollo puede no ser una condición unitaria. El diagnóstico de "disfasia de desarrollo" se ha realizado tradicionalmente por exclusión: en efecto, es una categoría por defecto, que se aplica a los niños cuyas dificultades de lenguaje no pueden ser incluidas en otra categoría diagnóstica. Según Bishop y Rosenbloom (1987), el término de "afasia de desarrollo" es equívoco, en el sentido de que parece que existe una condición unitaria con una única etiología, y sería mejor hablar de modo más neutro de "trastornos de desarrollo del lenguaje específicos" e intentar desarrollar una subclasificación de dichos trastornos en base a una lingüística positiva y a otras características. Es ampliamente reconocido que hay muchos niños con trastornos de lenguaje específicos que son sociables y amistosos, y no presentan el comportamiento obsesivo y ritualista característico del autismo. Sin embargo, Bishop y Rosenbloom describieron una forma de un trastorno de desarrollo del lenguaje específico, llamado "trastorno semántico-pragmático", que parecía ser una excepción a la regla general. En este trastorno, existe un retraso en el desarrollo temprano del lenguaje, pero el niño desarrolla después un habla fluida y compleja con una articulación clara. Aunque el cuadro clínico del niño cuando es pequeño puede estar dominado por algunas dificultades receptivas, que le llevan a un diagnóstico de "afasia receptiva de desarrollo", al crecer estos niños pueden mejorar considerablemente y tener buenas puntuaciones en los tests de comprensión de elección múltiple. Sin embargo, los problemas de comprensión siguen siendo evidentes en situaciones menos estructuradas, cuando los niños tienden a dar respuestas hiper-literales o tangenciales. A diferencia de otros niños con deficiencias del lenguaje, los que presentan este perfil de lenguaje solían presentar rasgos autistas suaves, pero la poca severidad o la escasa extensión de estos rasgos hacía que no fueran suficientes para tener un diagnóstico de autismo.
Estas observaciones clínicas fueron en cierto modo apoyadas por un informe preliminar de Rapin (1987), que estudió a niños de 3 a 5 años que tenían un diagnóstico de autismo o de trastornos del desarrollo del lenguaje. En este estudio, se clasificaba el trastorno de cada niño, primero en función de la deficiencia de lenguaje observada, y en segundo lugar, en base a si cumplían o no los criterios diagnósticos del autismo. De este modo, el trastorno de desarrollo del lenguaje y el autismo no se consideraban como mutuamente excluyentes, y se podía atribuir a un niño ambas condiciones a la vez. Los trastornos de lenguaje de los niños de este estudio se clasificaron en base al marco nosológico de Rapin y Allen (1983), que incluye una categoría de "síndrome semántico-pragmático". Este se solapa substancialmente con el "trastorno semántico-pragmático" de Bishop y Rosenbloom. (En efecto, nosotros hemos utilizado la terminología de Rapin y Allen para evitar el uso de términos alternativos que describen condiciones similares, aunque nos resistíamos a utilizar la palabra "síndrome" que sugiere un diagnóstico con límites claramente definidos). Rapin observó que el síndrome semántico-pragmático estaba normalmente asociado con el autismo, aunque los trastornos de lenguaje en los niños autistas no se limitaban a este tipo de trastornos. No obstante, 7 de los 35 casos clasificados con síndrome semántico-pragmático no cumplían los criterios de diagnóstico del autismo, lo que confirmaba que se puede tener este tipo de trastorno del lenguaje sin las extensas anomalías sociales y de comportamiento necesarias para tener un diagnóstico de autismo. ¿Qué podemos concluir acerca de la relación entre el autismo y el trastorno de desarrollo del lenguaje? Mientras se consideraba que la "disfasia de desarrollo" era una condición unitaria diagnosticada por exclusión, la imagen era confusa, con algunos que sugerían similitudes con el autismo y otros que encontraban diferencias acusadas. El reconocimiento de la naturaleza diversificada de los trastornos de desarrollo del lenguaje abre una vía a seguir, En general, no ayuda el tratar un trastorno específico de desarrollo del lenguaje y el autismo como puntos de un espectro continuo: la mayor parte de los niños que tienen trastornos de desarrollo del lenguaje tienen problemas de comunicación más restringidos que los de los niños autistas, y que no están asociados con ninguna anomalía del comportamiento o sociabilidad. Sin embargo, aparecen algunos niños que, a la vez que no encajan en los criterios de autismo, muestran algunos rasgos autistas en conjunción con las dificultades de lenguaje, y son normalmente aquéllos que presentan un cuadro clínico de trastorno semántico-pragmático. Debido al hecho de que la "afasia de desarrollo" es un diagnóstico que se realiza fundamentalmente por defecto, estos niños se han clasificado tradicionalmente bajo esta categoría, pero está en cuestión el que esto sea apropiado, ya que lleva al uso de una única etiqueta para incluir numerosos tipos de dificultades distintas.
LA NOCION DE UN CONTINUO AUTISTA
Cuantos más estudios se realizan en cuestiones de diagnóstico, más fuerte es la impresión de que las dificultades para reconocer las fronteras del autismo no son meramente una consecuencia de la naturaleza subjetiva y elusiva de los síntomas. Más bien, parece que estamos tratando con un trastorno que no tiene fronteras claras. Wing (1988) ha sugerido que más que pensar rígidamente en términos de un síndrome discreto de autismo, deberíamos ser conscientes de que existe un continuo de trastornos autistas. Ella considera que el síntoma nuclear de este trastorno es la deficiencia social. Los niños con esta deficiencia social se caracterizan por una triada de déficits en reconocimiento social, comunicación social y comprensión social. En cada uno de estos campos, se reconoce un amplio rango de severidad de la deficiencia. En la esfera de la comunicación social, por ejemplo, el niño más severamente afectado puede no hacer ningún esfuerzo en absoluto para iniciar un tipo de comunicación; los niños más moderadamente afectados pueden utilizar el lenguaje para alcanzar algún fin, tal como el conseguir un objeto; la forma más suave de deficiencia corresponde a dificultades sutiles para reconocer las necesidades de los interlocutores en una conversación. Wing consideraría que un niño está en el continuo autista si muestra esta triada de deficiencias sociales, con independencia de la existencia o no de otros síntomas. Sin embargo, observó que de hecho tienden a darse deficiencias en otras áreas, que coexisten con la triada social, en concreto actividades repetitivas y estereotipadas, coordinación motora pobre y respuestas anormales a estímulos sensoriales. En lo que se refiere al lenguaje, el niño que presenta la triada de deficiencias sociales tendrá por definición problemas en el aspecto pragmático del lenguaje. Además, pueden darse problemas con los aspectos más formales del lenguaje (gramática, fonología), asociados con las deficiencias sociales, pero hay muchos casos en que no se dan.
Al hablar de un continuo autista, damos por hecho la existencia de una sola dimensión, en la cual una condición tal como el síndrome de Asperger constituye una forma más suave del mismo trastorno subyacente que se da en el autismo. Sin embargo, las anotaciones clínicas sugieren que las condiciones semejantes al autismo no solamente difieren en términos de severidad, sino también el patrón de síntomas. Así, la etiqueta de síndrome de Asperger se aplica de forma característica a niños patosos con intereses restringidos, cuyo desarrollo temprano del lenguaje no presenta retraso y que pueden tener un CI verbal por encima del CI de rendimiento (Wing, 1981). Como contraste, los niños con deficiencias en el lenguaje que encajan dentro del trastorno semántico-pragmático presentan de forma característica y en primer lugar un retraso en el desarrollo del lenguaje y problemas de comprensión evidentes, y su CI muestra una clara discrepancia en favor del CI de rendimiento. Para representar esta situación de forma adecuada, necesitamos no una, sino dos dimensiones, tal y como se muestra en la Figura 1.
INTERESES normal
Y
RELACIONES
SOCIALES
anómalo
anómalo normal
COMUNICACION VERBAL SIGNIFICATIVA
Figura 1. Modelo bi-dimensional del continuo autista
La validez de pensar en términos de un continuo bi-dimensional del trastorno es que permite retener la terminología y las definiciones que pertenecen al síndrome nuclear, a la vez que apreciamos las relaciones con otro tipo de trastornos más suaves (Wing, 1986). Nos ayuda también a desarrollar una aproximación cuantitativa para evaluar los síntomas. Por ejemplo, en vez de anotar simplemente que las relaciones sociales son anómalas, nos movemos en el sentido de evaluar la severidad de la deficiencia en las distintas áreas de funcionamiento. De hecho, el objetivo va desde tratar de encontrar procedimientos más efectivos para distinguir a los niños autistas de los que no lo son, hasta idear medios objetivos para medir las estructuras representadas en los ejes de la Figura 1. Esta tarea se complica por el hecho de que el cuadro clínico puede cambiar de forma muy espectacular con la edad. Sin embargo, es posible que merezca la pena trabajar hacia una aproximación cuantitativa, ya que esta aproximación es probablemente más válida para el pronóstico que la confianza en etiquetas diagnósticas que engloban un amplio rango de severidad.
La dimensión llamada "comunicación verbal" significa la competencia en aquellos aspectos del lenguaje relacionados con el significado y la utilización.. Si se añadiera otra dimensión que correspondiera al dominio de la forma del lenguaje (gramática y fonología), entonces podrían representarse en el mismo diagrama otros tipos de trastorno del lenguaje. Se postula que se encontraría un grupo de niños con déficits acusados en la forma del lenguaje, pero con una capacidad de comunicación y habilidades no verbales relativamente normales, correspondientes a la categoría tradicional de "afasia expresiva de desarrollo" y que, por lo menos en los niños más mayores, este subconjunto estaría claramente separado del trastorno semántico-pragmático. Los niños con autismo serían variables en esta dimensión.
Este modelo es simplemente un instrumento teórico para describir el rango de los trastornos que han sido descritos clínicamente y las relaciones entre ellos, y su validez está por demostrar. Está implícito en este modelo que las categorías tradicionales tales como el autismo y el síndrome de Asperger no son trastornos distintos, de ahí el representarlas como solapadas. Una forma de poner a prueba este modelo es el adoptar la aproximación de investigación que utilizaron Bartak et al. (1975), en la cual se comparan los niños que han sido diagnosticados con varias categorías diferentes, para ver hasta qué punto pueden distinguirse claramente entre ellos. Sin embargo, es importante reconocer que nuestra habilidad para detectar diferencias cualitativas entre los grupos dependerá de las variables que midamos, y que semejanzas superficiales entre los trastornos pueden conducir a malentendidos. Por ejemplo, Gillberg (1988) observó que el síndrome de Rett, que tiene una evolución y un cuadro clínico diferente, no se reconoció durante muchos años como diferente del autismo, debido a que muchos de los síntomas de comportamiento son similares. En el área del lenguaje, existen algunos trastornos neurológicos que están asociados con anomalías verbales que son muy parecidas al trastorno semántico-pragmático, por ejemplo el síndrome de Williams (Udwin, Yule & Martin, 1987) y la hidrocefalia (Swisher & Pinsker, 1971). Sin embargo, el presentimiento del autor es que, cuando se analizan en detalle, los perfiles de lenguaje pueden ser parecidos solamente en el hecho de que impliquen un habla fluida y compleja. Debemos probablemente esperar el desarrollo de técnicas de evaluación más sofisticadas antes de que podamos resolver esta cuestión.
Por lo tanto, los progresos que se realizan en la clasificación siguen un camino tortuoso, en el cual aparecen nuevos desarrollos que confirman tanto el reconocimiento de la continuidad entre condiciones que previamente se consideraban diferentes, como el descubrimiento de distinciones claras entre categorías preexistentes. Dadas las incertidumbres existentes, ¿cómo podríamos reaccionar al dilema diagnóstico planteado al principio de este artículo? Aunque podemos poner en cuestión hasta qué punto las etiquetas diagnósticas de la Figura 1 se corresponden con síndromes distintos, , son sin embargo útiles para hacer descripciones taquigráficas. Para mayor claridad en la comunicación, sería aconsejable el evitar el uso del diagnóstico de autismo, salvo para niños que cumplan con los criterios diagnósticos convencionales (Rutter, 1978a; American Psychiatric Association, 1987), pero es importante tener en cuenta que el diagnóstico no puede ser excluido sin tomar en consideración la historia temprana del niño, y no se descarta simplemente porque el niño muestre interés en los adultos o establezca contacto ocular. Cuando un niño no cumple los criterios de diagnóstico del autismo y desarrolla un habla gramatical a una edad normal, pero presenta la triada de anomalías descritas por Wing (1988), de una forma entre suave y moderada, parece que el diagnóstico más apropiado es el de síndrome de Asperger. Algunos psiquiatras utilizan el síndrome de Asperger de un modo más amplio, incluyendo a cualquier niño con una inteligencia en los límites de la normalidad y con rasgos autistas que no cumpla los criterios de autismo, incluso si existe una discapacidad en el lenguaje. De hecho, el síndrome de Asperger se transforma entonces en un sinónimo de la categoría americana de "trastorno generalizado del desarrollo no especificado en otra parte (PDDNOS)". La desventaja de usar esta etiqueta de esta manera es que engloba un amplio rango de niños cuyas necesidades educativas serán muy variables.
El autor recomendaría utilizar el término de "trastorno específico semántico-pragmático" para niños que no son autistas pero que inicialmente presentan un cuadro de retraso en el lenguaje y deficiencia en el lenguaje receptivo, y que después aprenden a hablar claramente y con frases complejas, con anomalías semántico-pragmáticas que se van haciendo cada vez más obvias a medida que su competencia verbal crece. Aunque al principio pueda ser difícil diferenciar a estos niños de otros con otros tipos de trastornos del lenguaje, el patrón de los déficits verbales se va distinguiendo cada vez más a medida que crecen.
¿Qué se puede decir acerca de la acusación de que el "trastorno semántico-pragmático" es simplemente otro término para designar el autismo? Este tema se ha rodeado de gran confusión y controversia, en gran parte también porque el que estas dos categorías sean sinónimas puede interpretarse de dos maneras.
La interpretación más extrema es que todos los niños que se han diagnosticado con el trastorno semántico-pragmático cumplen de hecho con los criterios de diagnóstico del autismo. Es indudable que el diagnóstico de autismo no se hace siempre cuando procede hacerlo, ya sea por una renuencia a utilizar esta etiqueta negativa, o bien por falta de conocimiento de cómo cambia el autismo con la edad. No obstante, los datos preliminares del estudio de Rapin (1987) confirmaron que un niño puede tener un trastorno de lenguaje semántico-pragmático y no cumplir necesariamente los criterios del autismo.
Todo este tema se complica todavía más por el hecho de que, así como Bishop y Rosenbloom (1987) restringieron el uso de "trastorno semántico-pragmático" a los niños con un trastorno específico del lenguaje que no eran autistas, Rapin (1987) no consideraba ambos diagnósticos como excluyentes entre sí. Se podría decir que, de hecho, utilizó el término de "síndrome semántico-pragmático" para describir anomalías en el eje horizontal de la Figura 1, por lo que este síndrome podía encontrarse con o sin las anomalías sociales no verbales características del autismo. Desde el punto de vista lógico, esta es una posición defendible, pero se producirán malentendidos si algunas personas usan este término como diagnóstico alternativo del autismo, mientras otras consideran que las dos etiquetas son compatibles. Es de esperar que la designación de "trastorno específico semántico-pragmático" para niños no autistas con este perfil de lenguaje podrá disipar algo de esta confusión.
Existe una interpretación alternativa de la reivindicación de que el autismo y el trastorno semántico-pragmático son la misma cosa: esta afirmación puede tomarse simplemente en el sentido de que los dos trastornos están en un continuo y no son cualitativamente distintos. Desde este punto de vista, cualquier trastorno que caiga en el dominio mostrado en la Figura 1 puede ser considerado como "autista". A la vez que puede ser útil enfocar la atención sobre los aspectos comunes existentes entre los trastornos, el extender de este modo la terminología puede causar más malentendidos que clarificaciones.
Por último, deberíamos tener cuidado con el abreviar el trastorno semántico-pragmático con las siglas SPD (en inglés), ya que estas iniciales se utilizan por los psiquiatras para referirse al "trastorno de personalidad esquizoide" (en inglés, schizotypal personality disorder, SPD), una clasificación cuya relación con el autismo es altamente controvertida (Nagy & Szatmari, 1986).
IMPLICACIONES EN LA TERAPIA DE HABLA Y LENGUAJE
Debido a que los conceptos sobre la naturaleza del autismo han cambiado, también han cambiado las ideas sobre la naturaleza de la deficiencia de lenguaje en el autismo. Kanner (1943) hizo unas descripciones detalladas sobre las anomalías en el uso del lenguaje en los niños autistas, pero consideró que la falta de habilidad para establecer
relaciones sociales era el problema primario, del cual se derivaban las dificultades de lenguaje como síntoma. Muchos psiquiatras adoptaron el punto de vista de que, aunque el niño autista fracasaba en la comunicación, la capacidad subyacente del lenguaje estaba intacta. Rutter (1978b) ha revisado los trabajos que ponen en cuestión esta postura, y ha concluido que, aunque la deficiencia del lenguaje no puede explicar todos los demás síntomas, los déficits sociales y de comportamiento se acompañan de discapacidades genuinas del lenguaje y de la función comunicativa. Al haber cambiado el concepto de los déficits de lenguaje en autismo, también han cambiado las actitudes sobre el papel del terapeuta del lenguaje. Cuando el autismo se consideraba como un trastorno puramente afectivo, la terapia de lenguaje era claramente irrelevante. Una vez que se constató la auténtica severidad de los déficits de lenguaje en los niños autistas, esta postura cambió espectacularmente, y se produjo un impulso masivo hacia el aprendizaje del lenguaje, con la esperanza de que si se superaban las dificultades verbales, se resolverían a su vez otros problemas. Actualmente, se ha alcanzado una postura más equilibrada. Se reconoce que los niños autistas tienen unas dificultades del lenguaje que constituyen un foco válido para su remedio, pero es claro que las aproximaciones tradicionales que hacen énfasis en el dominio de las propiedades formales del lenguaje no son en absoluto apropiadas: el entrenar a los niños para hablar no va a implicar una transformación de su conducta. El niño autista no necesita tanto aprender a hablar como aprender a usar socialmente el lenguaje para comunicarse. Todavía se encuentran personas que consideran que la terapia de lenguaje no es apropiada para niños diagnosticados con autismo, pero esta actitud proviene generalmente de la falsa creencia de que los terapeutas de lenguaje se preocupan únicamente de la articulación y de los ejercicios gramaticales. Rutter (1985) ha observado que el asumir que el único lugar para educar a un niño que ha sido diagnosticado con autismo es una unidad especial para niños autistas constituye una postura rígida que no ayuda en absoluto. Argumenta que hay que considerar el nivel y el patrón de los handicaps al decidir en qué lugar se va a educar al niño: algunos niños pueden progresar bien en una unidad para niños con deficiencias del lenguaje o con discapacidades mentales, o bien pueden asistir a un colegio normal, con el apoyo adecuado. Este tratamiento flexible es especialmente adecuado, sobre todo si empezamos a considerar el espectro de problemas autistas en su sentido más amplio y encontramos cada vez a más niños con deficiencias sociales y de lenguaje de una severidad desproporcionada.
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El desorden de Asperger es el término usado para un tipo específico de desorden que abarca el desarrollo completo y se caracteriza por problemas en el desarrollo de las destrezas sociales y del comportamiento. En el pasado, muchos niños con el desorden de Asperger han sido diagnosticados como si padecieran de autismo, otro de los desórdenes que abarcan el desarrollo, o de otros desórdenes. Mientras que el autismo y el Asperger tienen ciertas similitudes, también tienen diferencias importantes. Por dicha razón, los niños que se sospecha tienen estas condiciones requieren una evaluación cuidadosa.
En general, un niño con el desorden de Asperger funciona a un nivel más alto que el típico niño con autismo. Por ejemplo, muchos niños con el desorden de Asperger tienen inteligencia normal. Mientras la mayoría de los niños con autismo fallan o se atrasan en el desarrollo del lenguaje, los niños con el desorden de Asperger usualmente articulan palabras a la edad de dos años, aunque sus patrones del habla pueden ser algo raros.
La mayoría de los niños con el desorden de Asperger tienen dificultad en la interacción con sus pares. Ellos tienden a ser solitarios y pueden demostrar comportamientos excéntricos. Un niño con Asperger, por ejemplo, puede estar por horas cada día preocupado contando los carros que pasan por la calle o mirando sólo el canal del tiempo en la televisión. Las dificultades con la coordinación son también comunes en personas con este desorden. Estos niños a menudo tienen necesidades educativas especiales.
Aunque la causa del desorden de Asperger todavía no se conoce, las investigaciones que se están llevando a cabo actualmente sugieren que una tendencia hacia esa condición puede correr en familias. Los niños con el desorden de Asperger corren el riesgo también de enfermarse de otros desórdenes psiquiátricos incluyendo la depresión, el desorden de déficit de atención, la esquizofrenia y el desorden de obsesión compulsiva.
Los psiquiatras de niños y adolescentes tienen el entrenamiento y la destreza para evaluar los desórdenes que abarcan el desarrollo completo tales como el autismo y el desorden de Asperger. Ellos también pueden trabajar con las familias para diseñar programas de tratamiento apropiados y efectivos. Actualmente, el tratamiento más efectivo envuelve una combinación de psicoterapia, educación especial, modificación del comportamiento y apoyo para las familias. Algunos niños con el desorden de Asperger también se beneficiarán con medicamentos.
El resultado para los niños con el desorden de Asperger es generalmente más prometedor que para aquéllos con autismo. Debido al alto nivel de funcionamiento intelectual, muchos de estos niños terminan la escuela superior y asisten a la universidad. Aunque los problemas con la interacción social y la percepción persisten, ellos pueden también desasrrollar relaciones duraderas con la familia y los amigos.
Biotecnología Encuentran un ADN misterioso en la soja
Es en la variedad de Monsanto
NUEVA YORK (The New York Times).- El cultivo modificado genéticamente que más ampliamente se cultiva en el mundo contiene ADN inesperado al lado de su gen injertado, lo que echa una sombra de duda sobre las afirmaciones de la industria biotecnológica de que la tecnología es precisa y predecible.
El ADN misterioso fue encontrado en semillas de soja Roundup Ready, de Monsanto, por científicos del gobierno y la universidad belgas, que describieron sus hallazgos en un trabajo publicado ayer por el periódico European Food Research and Technology. Greenpeace pidió ayer a los países que revisen sus regulaciones, alegando que Monsanto no sabe todo lo que debería sobre su producto. El ADN desconocido podría afectar la inocuidad de la soja, dijo el grupo.
"Yo no creo que se pueda decir que no es segura -dijo la doctora Janet Cotter-Howells, científica de la filial británica de la organización-. Sólo se puede decir que no se sabe si es segura o no."
Monsanto aceptó que el ADN se encontraba allí, pero dijo que no tenía efecto sobre la planta. El doctor Jerry J. Hjelle, vicepresidente de la compañía, dijo que el ADN había estado en la semilla desde el comienzo, cuando pasó por todas las pruebas que controlaron su inocuidad.
Un dato incómodo
Los productos hechos de la soja Roundup Ready han sido ingeridos por personas y animales desde hace cinco años sin registros de que hayan causado problemas de salud de ningún tipo. Sin embargo, el hallazgo podría causarles alguna incomodidad a Monsanto y a la industria agrobiotecnológica porque inspira dudas acerca de qué tan bien se conocen los productos.
La soja Roundup Ready contiene un gen de una bacteria que permite a las plantas soportar el herbicida de Monsanto, Roundup. De ese modo, los agricultores pueden rociar sus campos a lo largo de la temporada de crecimiento para matar las hierbas sin dañar el cultivo. Más de la mitad de la soja que se cultiva en los Estados Unidos pertenece a esta variedad. En Europa y Japón, los porotos están aprobados para su uso, pero no para el cultivo.
El año último, los científicos belgas y Monsanto, trabajando independientemente, descubrieron que los porotos de soja contenían no sólo una copia completa del gen bacterial, como se suponía, sino dos. Monsanto informó a las autoridades regulatorias de todo el mundo ofreciendo datos que muestran que los fragmentos no eran genes activos y no tenían efectos sobre la planta.
El trabajo que se publica ahora tiene otra revelación. Adyacente a uno de esos fragmentos de gen hay otra cadena de ADN que Monsanto, en su informe del año último, había considerado que pertenecía al ADN nativo.
Pero los científicos belgas, liderados por el doctor Marc De Loose, del Centro de Investigación Agrícola de Melle, dijeron que no pudieron encontrar este segmento de ADN en la soja que no había sido creada por ingeniería genética.
Ellos sugirieron que este ADN desconocido probablemente pertenece a la planta, pero fue reordenado, o mezclado, en el momento de insertar el gen bacterial. Otra posibilidad, dijeron, es que una porción del ADN de la planta se había borrado, dejando otro en esa posición.
Autismo es un síndrome de la niñez que se caracteriza por falta de relaciones sociales, carencia de habilidades para el intercambio afectivo, reiteración de rituales compulsivos y una resistencia manifiesta al cambio. El niño autista, no se relaciona con las personas que se encuentran a su alrededor, y en cambio prefiere, jugar de forma repetitiva con un objeto que puede ser un juguete o no, o bien con su propio cuerpo. El lenguaje, si existe, tiene profundos desajustes, aún cuando el niño se halla consciente del medio que lo rodea. Este síndrome comienza habitualmente en la infancia, algunas veces desde el nacimiento, pero se hace evidente durante los primeros tres años de vida. Se identifica a este síndrome de varias maneras:
La observación de Kanner
Síndrome de Kanner, Autismo Infantil Precoz, Autismo Anormal Primario, Autismo Encapsulado Secundario, Esquizofrenia de tipo Autista, Desarrollo Atípico de la Niñez con Rasgos Autistas, y Retraso Mental asociado con Autismo. Dado el oscuro origen que lo rodea genera una gran controversia sobre su diagnóstico y a su probable etiología. Fue en 1943, cuando Leo Kanner comunicó el caso de 11 niños, que mostraban la particularidad de un extraño aislamiento a edad tan temprana como era el primer año de vida. Descubrió varios rasgos distintivos y entre ellos: la falta de relación de estos niños con las personas que se hallaban a su alrededor desde la más temprana infancia. Debido al aislamiento autoimpuesto, el síndrome fue denominado Autismo Infantil Precoz. Otros investigadores informaron que ya se habían visto casos parecidos a los niños autistas o que parecían serlo, pero no fue hasta el estudio de Kanner que el autismo comenzó a constituirse como una entidad diagnóstica concreta. El más famoso de estos primeros casos de autismo probable, pero no catalogado como tal fue el de Víctor un niño abandonado nacido en Aveyron, Francia. Cuando Kanner describió el Autismo Infantil Temprano, mencionó además de la soledad autista extrema, varias de las características del síndrome, entre las cuales se incluía el deseo obsesivo de mantenerse igual, sin cambios; la falta de actitudes anticipatorias para ser levantado en brazos, la falta de un lenguaje comunicativo y, en lugar de éste, un lenguaje que se repetía como el de un loro, fenómeno que se denominó "Ecolalia". Kanner encontró también ciertas habilidades poco comunes en su grupo de niños autistas, como buena habilidad motora fina, apariencia de inteligencia y una extraordinaria capacidad de memorización.
La investigación
A partir de los años 60, se comenzó con los trabajos de investigación y en la última década del siglo pasado se produjeron muchos más. Poder diferenciar al autismo de otras condiciones, puede resultar una tarea muy difícil, puesto que existen problemas en varias áreas. Es muy dificultoso poder dilucidar en verdad, si el autismo es una entidad clínica específica, o tal vez una forma de esquizofrenia o de retraso mental. Además, es muy difícil evaluar si el paciente es autista o padece otro trastorno. Por ello, los especialistas aconsejan dividir el diagnóstico en primer lugar desde el punto de vista teórico y desde el punto de vista interdisciplinario.
Diagnóstico:
1. Alteración cualitativa de la interacción social: Manifestada al menos por dos de las siguientes características: a. Importante alteración del uso de múltiples comportamientos no verbales, como son contacto ocular, expresión facial, posturas corporales y gestos reguladores de la interacción social. b. Incapacidad para desarrollar relaciones con compañeros adecuadas al nivel de desarrollo. c. Carencia de la tendencia espontánea para compartir con otras personas disfrutes, intereses y objetivos (p ej: No señalar, traer o mostrar elementos de interés). d. Ausencia de intercambio afectivo. 2. Alteración Cualitativa del Desarrollo del Lenguaje: a. Retraso o ausencia total del lenguaje. b. En individuos con lenguaje adecuado, importante alteración para iniciar o mantener la conversación con otros. c. Uso estereotipado y repetitivo del lenguaje. d. Ausencia de juego imitativo social propio del nivel de desarrollo. 3. Patrones de comportamiento inherente a intereses y actividades disminuidos. a. Preocupación absorbente por uno o más patrones estereotipados. b. Mostrarse inflexible a una tarea sumamente rutinaria. c. Mantenimiento de conductas motoras estereotipadas y repetidas (p ej: aleteo, sacudir o girar las manos o dedos, balanceo hacia ambos lados, (rolling) o movimientos complejos de todo el cuerpo d. Empleo de algún objeto (juguete) como parte de una actividad lúdica inexistente.
Equipo multidisciplinario
Debido a que el paciente autista presenta alteraciones en varias áreas, resulta muy útil emplear el concurso de varias especialidades a fin de emitir el diagnóstico y poder evaluar el funcionamiento del niño.
Audiología:
Evaluar a un niño autista por parte del fonoaudiólogo es una tarea muy frecuente, dado que es siempre necesario descartar una pérdida de audición como probable causa de la ausencia de respuestas del niño. Los niños con sordera congénita suelen expresar pocas respuestas y evidenciar un retraso del desarrollo del lenguaje, que suele confundirse fácilmente con niños autistas o con retrasados mentales. Aún si ya se conoce que el paciente es autista, puede existir una pérdida de la audición periférica además del autismo, por lo cual es importante evaluar una probable pérdida parcial de la audición. Los métodos tradicionales para medir la capacidad auditiva rara vez tienen éxito con los niños autistas. Es bastante improbable que el paciente autista dado los trastornos conductuales, sea tan cooperativo para permitir la medición de su capacidad auditiva con estos métodos. Por lo tanto, se aconsejan las técnicas de Potenciales Evocados Auditivos, de corta, mediana y larga latencia, que ponen en evidencia la integridad de las vías auditivas. Otros métodos incluyen la asociación de un sonido con un objeto atractivo para la vista, como así aquellos consistentes en administrar reforzadores comestibles (p ej: caramelos) mediante una máquina, cuando el niño presiona un botón en respuesta a un sonido, esto se conoce con el nombre de audiometría de condicionamiento operante con reforzamiento tangible (ACORT). La información que se obtiene puede influir en el enfoque empleado para el tratamiento del paciente, y además tratar de solucionar los trastornos secundarios que pueden aparecer si existe pérdida auditiva.
Asistencia Social:
El trabajador social, dentro de un equipo interdisciplinario que trabaja para un niño autista, tendrá que realizar intervenciones que servirán para estabilizar el ambiente hogareño, aumentar las habilidades y fortalecer las relaciones entre el hogar y los recursos existentes en la comunidad.
Habla y Lenguaje:
El rol de un especialista en Neurolinguística es esencial en el diagnóstico y tratamiento del niño autista. Los aspectos más importantes a tener en cuenta dentro de los trastornos de comunicación son los siguientes: a. Conducta b. Aprendizaje c. Lenguaje Expresivo d. Lenguaje Receptivo.
Conducta: Evaluar la conducta de un niño autista es una tarea muy difícil, se los separa de sus padres, se les ordena que ejecuten tareas nuevas, las cuales a menudo les resultan difíciles. El paciente autista, que no tolera la estimulación, a menudo se halla en desventaja con respecto al resto. Es importante observar sus conductas no verbales, como las gestuales y el lenguaje corporal. Aprendizaje: Antes de que el niño comience a hablar y a entender el significado del lenguaje, debe poseer lenguaje interno, la adquisición de este lenguaje se lleva a cabo a través de dos procesos: La capacidad para adquirir conceptos y la habilidad para codificarlos, de forma que puedan extraerlos en forma eficaz de su memoria. El niño autista muestra serias dificultades para adquirir nuevas habilidades, extraídas de su mundo. Una forma importante de evaluación conductual es observar al enfermo mientras desarrolla su actividad lúdica, esto es mientras juega libremente. En general parece que el juego con juguetes efectuado por el paciente es solamente manipulativo, no simbólico, y tanto durante el juego como en otros momentos el niño no ejerce una interrelación con el examinador. Lenguaje Expresivo: Cerca del 25 a 50% de los pacientes autistas son mudos, otros niños muestran cierta comunicación verbal, que van desde unos cuantos ruidos hasta algunas frases estructuradas. La producción verbal total suele estar despojada de cualquier palabra con sonidos normales, y es bastante común que este lenguaje se acompañe de entonaciones musicales o rítmicas. Lejos de expresar necesidades básicas de manera inapropiada, el uso del lenguaje autista es limitado en extensión y en variedad. El paciente autista tiene un sistema de comunicación personal repleto de neologismos (palabras inventadas por él) y vocablos familiares muy personales. La historia del desarrollo de estos enfermos muestran muy pocos juegos de sonidos agradables, imitaciones vocales poco frecuentes y falta de imitación de los gestos faciales y de otro tipo. Lenguaje Receptivo: Normalmente el paciente autista se muestra indiferente a todo, es muy resistente y parece impermeable a las personas y a la comunicación. Es incapaz de aprender a hablar a partir de modelos y no los busca por sí mismo, ni les pone atención ni anticipa su valor como comodidad, aprobación, ayuda o juego. El diagnóstico diferencial del autismo con otros disturbios es a veces difícil. El autismo, la lesión cerebral, el retraso mental, la esquizofrenia infantil, la afasia infantil grave, la sordera congénita y los retrasos cognoscitivos revelan similitudes importantes en lo que concierne al habla y al lenguaje. El factor decisivo para diferenciar el autismo de otras enfermedades y de los síndromes comunes del daño cerebral suele ser la ausencia de una condición prenatal, paranatal o posnatal, la cual podría ser el resultado de daño cerebral, así como la ausencia de cualquier descubrimiento neurológico objetivo y la diferencia entre la comunicación interpersonal. Para evaluar a un niño autista, no debe basarse solamente en del lenguaje del niño, sino que debe considerarse también aspectos de ejecución de las habilidades cognitivas, motoras, afectivas y de la comunicación. Pediatría: Generalmente es el pediatra el primer especialista que tiene contacto con el paciente autista, siendo importante su opinión para una posterior interconsulta.
Psicología: Para establecer un diagnóstico es muy importante efectuar una historia clínica y otra social adecuadas. Dado que el autismo es una condición cuyos comienzos se manifiestan en épocas muy tempranas de la vida del niño, es importante establecer las condiciones básicas del desarrollo, así como tener un cuadro de las contribuciones básicas del desarrollo y de contribuciones tempranas que el niño indujo en el clima emocional familiar. Psiquiatría: La evaluación psiquiátrica de los enfermos autistas se basa en tres aspectos que difieren entre sí: a) la historia del niño tal como la cuentan sus padres, b) la observación directa del niño, y c) la interacción personal con él. A veces, el autismo infantil se puede confundir con otras perturbaciones, pero se tiene en cuenta el trastorno inicial por el cual se envía al niño a un tratamiento psiquiátrico, es la carencia de desarrollo lingüístico y el diagnóstico diferencial deberá incluir: El retraso mental, pérdida de la audición, privación psicosocial, mutismo electivo y diferentes tipos de psicosis.
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AUTISMO Y LESIONES ESTRUCTURALES DEL LOBULO TEMPORAL: PRESENTACION DE SEIS CASOS. Martín Murcia, F. M1 García Peñas, J.J 2 Motos Alarcos, A3 RESUMEN El autismo es un trastorno psicopatológico de la infancia caracterizado por severos déficits conductuales y cognitivos, así como por la presencia de un exceso de conductas extravagantes no adaptativas que comprometen su desarrollo. Se asocia a diferentes alteraciones del Sistema Nervioso Central, destacando la alta incidencia de epilepsia y, en algunos casos, la presencia de alteraciones estructurales en los lóbulos temporales y/o en el cerebelo. Describimos las características clínicas, electroencefalográficas y de neuroimagen en seis sujetos con la asociación autismo-epilepsia-lesiones temporales. En todos los casos, se analizan: edad de presentación, debut de las crisis y semiología de la epilepsia, datos EEG y hallazgos de neuroimagen. En todos los casos, se realizaron: estudios metabólicos, cariotipo, EEG, TC e IRM craneales. En tres casos se realizó SPECT cerebral. En la evaluación psiquiátrica se emplearon las escalas ERC III, ABC checklist y CARS, siendo utilizados los criterios de autismo del DSM IV. La evaluación psicométrica se realizó con los tests WISC-R y/o Brunet-Lèzine. Todos los pacientes presentaron crisis convulsivas con debut en los dos primeros años de vida, desarrollaron condición autista entre el segundo y el tercer año, evolucionando hacia una epilepsia con crisis parciales motoras y complejas y signos de disfunción focal del lóbulo temporal en el EEG. Los hallazgos estructurales patológicos incluían: dos esclerosis mesiales temporales, dos quistes aracnoideos de fosa media , una esclerosis tuberosa y una atrofia focal secundaria a encefalitis herpética. En tres casos, el locus lesional era izquierdo, en uno derecho y en los otros dos bilateral. En los pacientes que se presentan, la asociación evolutiva de crisis tempranas, epilepsia parcial temporal refractaria y condición autista , sugiere una disfunción adquirida del Sistema Límbico. PALABRAS CLAVE : Autismo, Epilepsia, Sistema Límbico, Esclerosis Mesial Temporal INTRODUCCION El autismo es un trastorno generalizado del desarrollo en el que existe un deterioro cualitativo en la interacción social recíproca y en la comunicación verbal y no verbal, así como una notable alteración en la actividad imaginativa y un repertorio notablemente restringido de actividades e intereses, con presencia de estereotipias, rituales, vinculación excesiva a ciertos objetos e insistencia en la invariabilidad del entorno (1). La mayoría de los casos presentan grados variables de retraso mental . Se han descrito diversas enfermedades congénitas o adquiridas del sistema nervioso central (SNC), anomalías cromosómicas y metabólicas (2,3), así como una alta frecuencia de epilepsia entre la población autista (4,5,6). A pesar del considerable esfuerzo de investigación sobrevenido 1 Psicólogo Clínico. Sanatorio Virgen del Mar; Plaza Virgen del Mar, 1; 04001-ALMERÍA (ESPAÑA) 2 Neuropediatra. Hospital Niño Jesús. MADRID. (ESPAÑA) 3 Psicóloga Clínica. Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil. CHT. ALMERÍA (ESPAÑA) Rev. Psiquiatr. Psicol. Niño y Adolesc; 2001, 2 (1): 61-67
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en los últimos años, las causas del autismo son desconocidas. No obstante, la alta incidencia de hallazgos neurobiológicos asociados al autismo (Tabla I) sugieren un origen multifactorial que implica factores neuroanatómicos, neurobioquímicos y genéticos. Algunos autores han formulado hipótesis acerca del autismo como disfunciones de una variedad de estructuras corticales y subcorticales. Así, Ornitz (8) y Courchesne y colaboradores (9) lo relacionan con el cerebelo, troncoencéfalo, tálamo y estriado. Alternativamente, DeLong (10) y Heltzer y Griffin (11) proponen una disfunción de las estructuras temporales mediales., trazando paralelismos entre los síndromes amnésicos y de Klüver-Bucy y el autismo. La hipótesis de Damasio y Maurer (12) gira en torno a una disfunción de las estructuras diana de las proyecciones mesencefálicas dopaminérgicas, es decir, córtex mesolímbico mesial frontal y temporal, neoestriado y los núcleos anterior y medial del tálamo. Por otro lado, Deonna y colaboradores (13) presentan algunos casos de regresión autista asociada a patología del lóbulo temporal. Finalmente, las anormalidades funcionales reveladas recientemente en estudios metabólicos en las áreas de asociación, han llevado a Minshew (14,15) a observar el autismo como un trastorno del procesamiento de la información. En este sentido, destaca el artículo de Shultz (16) sobre las alteraciones de la actividad del córtex temporal ventral en las tareas de discriminación de caras en sujetos con autismo. TABLA I ANOMALÍA AUTOR AÑO Rutter 1983 Retraso mental Ollson y cols. 1988 Epilepsia Riikonen y Amnell 1981 Espasmos infantiles Wahlstrom 1986 Anom. cromosómica X(q27) Gillberg y Wahltrom 1985 Otras anom. cromosomicas Lotter 1974 Esclerosis Tuberosa Gillberg y Akefeld 1990 Hipomelanosis de Ito Lowe y cols. 1980 Fenilcetonuria Lowe y cols. 1980 Fenilcetonuria Coleman y Blass 1985 Acidósis láctica Coleman y cols. 1976 Transtorno de la Purina Chess y cols. 1971 Infección rubeólica Gillberg 1986 intrauterina Witt-Engerström 1987 Infección herpética postnatal Perry 1991 Sindr. de Rett Fernell y cols. 1990 " Gillberg & Steffenburg 1989 Hidrocefalia Komoto 1984 Sind. de Moebius Reiss y cols. 1985 Distrofia muscular de Duchenne Page y Coleman 2000 Sindr. de Williams Metabolismo purínico Presentamos 6 pacientes con la asociación autismo-epilepsia-lesión estructural del lóbulo temporal, en los que los hallazgos clínicos y de neuroimagen sugieren el desarrollo de una disfunción adquirida de estructuras del sistema límbico. OBJETIVO El objetivo se centra en la descripción del espectro de anomalías clínicas, de EEG y neuroimagen (TC, IRM, SPECT cerebrales) en 6 pacientes con la asociación autismo-epilepsia-
lesión estructural del lóbulo temporal, apoyando la hipótesis ya propuesta en la literatura de la posible implicación de las estructuras límbicas en, por lo menos, algunos síndromes autistas. MATERIAL Y METODOS: Se revisan de forma retrospectiva las historias clínicas de 6 pacientes, 4 niños y 2 niñas, con síndrome autista, diagnosticados según los criterios del DSM IV. Todos los pacientes Rev. Psiquiatr. Psicol. Niño y Adolesc; 2001, 2 (1): 61-67
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desarrollaron una epilepsia parcial refractaria en su evolución y presentaban una lesión estructural focal a nivel del lóbulo temporal en la IRM craneal. En cada caso, se analizan: antecedentes familiares (autismo, epilepsia, retraso mental y enfermedades neuropsiquiátricas), antecedentes personales (embarazo, parto, periodo neonatal , desarrollo psicomotor y enfermedades previas), debut clínico (edad y síntomas de presentación), semiología autista, tipo de crisis epilépticas y de anomalías concomitantes en el EEG, signos neurológicos asociados, evolución clínica y del EEG y hallazgos de neuroimagen. En todos los pacientes se realizaron los siguientes estudios: TC e IRM craneales, EEG (vigilia y sueño), fondo de ojo, PEAT, cariotipo, estudio de fragilidad del cromosoma X, despistaje de metabolopatías (ácidos láctico y pirúvico en suero, amoniemia, aminoácidos y ácidos orgánicos en plasma y orina de 24 horas, uricemia y uricosuria, cetonemia, cetonuria y detección de cuerpos reductores en orina, valoración neuropsiquiátrica (criterios del DSM IV, escalas ERC III, ABC checklist y CARS) y estudios psicométricos (Brunet-Lèzine y/o WISC-R, según la edad y el nivel de desarrollo). En 3 de los 6 pacientes se realizó además un SPECT cerebral. CASOS CLINICOS: 1) CASO-1: Varón de 17 años y 6 meses, diestro, sin antecedentes familiares ni personales de interés, que debutó a los 10 meses de edad con un status convulsivo coincidente con fiebre, de tipo tónico-clónico generalizado, de 45 minutos de duración. Posteriormente, presentó otras 7 convulsiones coincidentes con fiebre (2 de ellas como status convulsivos) en los 3 primeros años de vida. Desarrollo psicomotor (DPM) normal previo al debut de las crisis. Semiología autista evidente a los 28 meses de edad. Desde los 3 años, desarrolló crisis epilépticas con semiología parcial (motoras simples, parciales complejas y secundariamente generalizadas) y generalizada (tónico-clónicas generalizadas); y con mala respuesta a la terapia anticomicial. EEG iniciales (vigilia y sueño) normales, con posterior desarrollo de anomalías focales a nivel de lóbulo temporal izquierdo desde los 4 años. TC craneales (3 estudios evolutivos, sin y con contraste) normales. En la IRM craneal, realizada a los 16 años, se objetivó una hiperseñal focal en secuencias potenciadas en T2 a nivel de la región mesial del lóbulo temporal izquierdo, asi como dilatación focal del asta temporal homolateral, todo ello sugerente de esclerosis mesial del lóbulo temporal izquierdo. En el SPECT cerebral, realizado a los 16 años, se objetivó un área de hipoperfusión focal localizada sobre el lóbulo temporal izquierdo. En su evolución, ha desarrollado un síndrome autista con retraso mental moderado y una epilepsia parcial refractaria, siguiendo tratamiento actualmente con politerapia. 2) CASO-2: Varón de 11 años y 8 meses, diestro, con antecedentes familiares de epilepsia (un hermano de 21 años con crisis epilépticas tónico-clónicas generalizadas y una hermana de 8 años con ausencias mioclónicas y retraso mental moderado). Debuta a los 19 meses de edad con un status convulsivo coincidente con fiebre, de tipo tónico generalizado, de 30 minutos de duración. Posteriormente, presentó otras 10 crisis convulsivas coincidentes con fiebre (4 de ellas como status convulsivos) hasta los 4 años de vida. DPM dentro de límites normales previo al debut de las crisis, aunque existían signos de alarma de trastorno generalizado del desarrollo desde el segundo semestre de vida. Semiología autista evidente a los 24 meses de edad. Desarrolló crisis epilépticas con semiología parcial (motoras simples, complejas y secundariamente generalizadas) desde los 4 años, con mala respuesta a la terapia anticomicial. Los EEG iniciales (vigilia y sueño) no mostraban anomalías. Desde los 4 años, se objetivan puntas fronto-temporales bilaterales, de predominio izquierdo, en el EEG. Los TC craneales realizados de forma evolutiva (3 controles, sin y con contraste) no mostraban alteraciones. Una IRM craneal, realizada a los 9 años, puso de manifiesto la presencia de un área de hiperseñal focal en secuencias potenciadas en T2 a nivel de la región mesial de ambos lóbulos temporales, sobre todo en el lado izquierdo, asociada a dilatación de ambas astas temporales, todo ello compatible con esclerosis mesial temporal bilateral. En su evolución, ha cursado con un síndrome autista con retraso mental severo, conductas auto y hetero-agresivas, y epilepsia parcial refractaria, requiriendo en la actualidad politerapia con 3 fármacos anticomiciales. 3) CASO-3: Varón de 6 años y 2 meses, diestro, sin antecedentes familiares ni personales de interés, que debutó a las 24 horas de vida con crisis clónicas multifocales. Las convulsiones cedieron bien con fenobarbital, permaneciendo asintomático durante 2 meses, reiniciando posteriormente crisis con semiología hemiclónica izquierda. Desde los 8 meses se asociaron además crisis parciales complejas. Retraso psicomotor (RPM) evidente desde los 6 meses de Rev. Psiquiatr. Psicol. Niño y Adolesc; 2001, 2 (1): 61-67
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edad. Semiología autista establecida a los 18 meses. Los EEG iniciales no mostraban anomalías específicas, pero desde los 2 meses se apreciaron signos de disfunción focal temporal bilateral. En la TC craneal se apreciaron lesiones extra-axiales hipodensas en ambas fosas temporales, siendo de mayor tamaño la del lado derecho. Una IRM craneal, realizada a los 2 meses de edad, mostró lesiones compatibles con quistes aracnoideos sobre ambas fosas temporales, así como hipogenesia del lóbulo temporal derecho. En su evolución, ha desarrollado un síndrome autista con RPM severo y una epilepsia parcial refractaria que requiere politerapia anticomicial con 3 fármacos. 4) CASO-4: Mujer de 6 años y 2 meses, diestra, sin antecedentes familiares de interés. Nacida tras un embarazo de 35 semanas, con un peso al nacer de 2.000 gr. Debutó a los 15 meses de edad con un status convulsivo coincidente con fiebre, de tipo hemiclónico izquierdo, de 35 minutos de duración. En los siguientes 5 dias desarrolló crisis focales izquierdas repetidas, signos de hemiparesia izquierda y alteración del nivel de conciencia. Los hallazgos de LCR, neuroimagen (TC e IRM craneales) y estudios serológicos, permitieron realizar el diagnóstico de encefalitis herpética. El EEG mostraba una lentificación difusa del trazado con actividad pseudoperiódica localizada a nivel de la región parieto-temporal derecha. DPM normal previo a la encefalitis. Semiología autista evidente a los 20 meses. Desde los 24 meses presentó crisis focales motoras simples y parciales complejas, refractarias a la terapia anticomicial. Los EEG evolutivos mostraron anomalías focales sobre áreas temporales derechas. Los estudios sucesivos de neuroimagen (TC e IRM craneales) pusieron de manifiesto el desarrollo de una atrofia focal parieto-temporal derecha. Un SPECT cerebral, realizado a los 6 años de edad, objetivó una hipoperfusión focal a nivel del lóbulo temporal derecho. En su evolución, ha presentado un síndrome autista con retraso psicomotor (RPM) moderado, hemiparesia izquierda y una epilepsia refractaria que ha derivado hacia un síndrome de epilepsia parcial continua, que requiere politerapia anticomicial con 3 fármacos. 5) CASO-5: Mujer de 7 años y 7 meses, zurda, con antecedentes familiares de esclerosis tuberosa con epilepsia parcial y RPM en un hermano de 14 años. Debutó a los 8 meses de vida con crisis focales hemiclónicas derechas, con disfunción focal temporal izquierda en el EEG, con buena respuesta terapeútica a la monoterapia con ácido valproico. A los 11 meses de edad, desarrolló un síndrome de West, con hipsarritmia asimétrica (de predominio izquierdo), requiriendo tratamiento con ACTH, con buena respuesta terapeútica. Desde los 2 años, ha presentado crisis parciales motoras simples y parciales complejas, mostrando un foco temporal izquierdo en los EEG evolutivos. DPM normal previ o al desarrollo del síndrome de West. Semiología autista evidente a los 30 meses. Se diagnosticó de esclerosis tuberosa a los 12 meses de edad, momento en el cual se objetivan manchas acrómicas cutáneas y calcificaciones periventriculares subependimarias en la TC craneal. Otra TC craneal realizada a los 2 años de edad, mostró además la presencia de una lesión hipodensa focal temporal izquierda. Las IRM craneales, realizadas desde los 12 meses, han puesto de manifiesto el desarrollo de una lesión focal hiperintensa en secuencias potenciadas en T2 a nivel del lóbulo temporal izquierdo, compatible con hamartoma, y que no ha mostrado cambios evolutivos. Una SPECT cerebral, practicada a los 7 años de vida, mostró una hipoperfusión focal a nivel del lóbulo temporal izquierdo. En su evolución clínica, ha presentado un síndrome autista con RPM moderado y epilepsia parcial refractaria. A los 6 años de edad, se realizó exéresis de la lesión temporal izquierda, evidenciándose en los estudios anatomo-patológicos hallagos compatibles con lesión hamartomatosa con displasia cortical de células gigantes. 6) CASO-6: Varón de 8 años y 9 meses, zurdo, sin antecedentes familiares ni personales de interés. Debutó a los 18 meses de edad con una crisis coincidente con fiebre, de tipo parcial motor derecho, de 10 minutos de duración. Presentó 3 nuevas crisis focales motoras derechas coincidentes con fiebre hasta los 3 años de vida. DPM normal previo a las crisis. Semiología autista evidente a los 24 meses. Ha evolucionado con crisis epilépticas desde los 3 años de edad, de tipo parcial motor simple, parciales complejas y secundariamente generalizadas. Los EEG iniciales (vigilia y sueño) no mostraron anomalías, pero desde los 4 años se apreciaron puntas localizadas a nivel temporal izquierdo. En las TC craneales se observaba la presencia de una imagen hipodensa extra-axial a nivel de la fosa temporal izquierda. Una IRM craneal, realizada a los 3 años de edad, confirmó que se trataba de un quiste aracnoideo localizado a nivel de fosa temporal izquierda y asociado a hipogenesia del lóbulo temporal homolateral. En la evolución clínica de este paciente, se constata un síndrome autista con RPM leve, hemiparesia derecha y epilepsia parcial refractaria. Rev. Psiquiatr. Psicol. Niño y Adolesc; 2001, 2 (1): 61-67
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DISCUSIÓN La epilepsia es la patología cerebral más frecuentemente asociada al síndrome autista, manifestándose en alrededor del 30% de los niños que presentan este patrón de comportamiento (5, 17). En la mayoría de los casos, las crisis comienzan de forma precoz (antes de los dos años de vida) , con otro pico máximo de frecuencia en la adolescencia (18,19). Algunos autores encuentran un predominio de las crisis parciales complejas, con anomalías EEG a nivel del lóbulo temporal (3), incluyendo enlentecimiento focal, puntas y puntas-onda (16). Esta asociación sugiere la existencia de una alteración estructural o funcional de las áreas temporales del cerebro, aunque no siempre es posible objetivarla con las técnicas diagnósticas habituales. Deonna y cols. proponen incluso que, en algunos casos, la epilepsia podría representar un papel directo en el desarrollo del comportamiento autista en determinados subgrupos etiológicos, principalmente esclerosis tuberosa (13). Por otro lado, recientes hallazgos anatomopatológicos, neurofisiológicos y de neuroimagen, así como estudios funcionales y de experimentación animal, sugieren la implicación de las estructuras mediales temporales en la etiología del síndrome autista (20,21,22). Estas estructuras, en especial la amígdala y áreas adyacentes, parecen estar relacionadas con el patrón disfuncional de procesamiento cognitivo y con la constelación de alteraciones conductuales presentes en el síndrome autista. En los trabajos de Thompson, al practicar una amigdalotomía bilateral en monos rhesus jóvenes de dos meses de edad, éstos no desarrollaron anomalías conductuales hasta los 8 meses. A esta edad, se objetivó un llamativo déficit de interacciones sociales e hiperactividad en comparación con los controles (23). Se piensa que el complejo amígdalino tiene un rol específico en la memoria episódica, reconocimiento de caras y asociaciones sensorio-afectivas (24,25). Algunos autores sugieren que la disfunción de los procesos de memoria heteromodal de reconocimiento y las anomalías de la conducta social en los sujetos autistas podrían resultar de alteraciones en el funcionamiento de las estructuras del lóbulo temporal, que incluiría amigdala, hipocampo y córtex límbico (25). No obstante, la aparente ausencia de trastornos cognitivos y sociales en niños con agenesia del lóbulo temporal, sugiere que existe un período crítico en el cual la posible consecuencia de este defecto pueda ser completamente compensada (26, 27). Así, podríamos considerar que el síndrome autista supondría un trastorno global de base orgánica que podría estar relacionado con una alteración en el funcionamiento de las estructuras temporales y en cuya explicación cabría incluir factores como vulnerabilidad genética (recordemos la mayor proporción de autistas varones), actividad comicial, momento del desarrollo en el que inciden las lesiones cerebrales, lugar y extensión del locus patológico y alteraciones de la funcionalidad en áreas adyacentes. Destacamos en nuestra serie la presencia de epilepsia previa al desarrollo de la semiología autista, lo que podría apoyar la hipótesis del subgrupo autista de Deonna (28) y querríamos señalar la posibilidad de que, la evolución refractaria de la actividad comicial, contribuyera a modular las anomalías estructurales encontradas en nuestros pacientes. El corolario de la descripción de estos casos, es insistir en la necesidad de realizar estudios completos (neurológicos, neuroimagen, neurobioquímicos, neuropsiquiátricos y neuropsicológicos) y de forma evolutiva , ya que el hecho de no encontrar hallazgos en fases iniciales, no descarta en absoluto la posibilidad de encontrarnos ante patologías progresivas subyacentes. Por ejemplo el hallazgo de una mayor frecuencia de anticuerpos cerebrales contra la proteina de base de la mielina, podría sugerir una respuesta autoinmune (29). Esta respuesta autoinmune o la presencia de virus lentos, podrían alterar específicamente la función o la estructura cerebral. Finalmente, creemos que el estudio riguroso de casos y la compartimentación de subgrupos dentro del espectro autista, probablemente arrojará luz en un futuro próximo sobre los procesos etiopatogénicos de los síndromes autistas. BIBLIOGRAFIA Rev. Psiquiatr. Psicol. Niño y Adolesc; 2001, 2 (1): 61-67
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Cuando nos referimos a espectro autista estamos hablando de un conjunto de trastornos en el que coexisten tres grupos de manifestaciones:
Trastorno de la relación social.
Trastorno de la comunicación, incluyendo comprensión del lenguaje y capacidad de expresión.
Falta de flexibilidad mental, que condiciona un espectro restringido de conductas y una limitación en las actividades que requieren cierto grado de imaginación.
Tanto los criterios del DSM IV (Tabla I) (American Psychiatric Association, 1994)como los del ICD 10 para el trastorno autístico se sustentan en esta concepción del autismo.
TABLA I:CRITERIOS DIAGNOSTICOS DSM-IV DEL TRASTORNO AUTISTA.
Para darse un diagnóstico de autismo deben cumplirse seis o más manifestaciones de del conjunto de trastornos (1) de la relación, (2) de la comunicación y (3) de la flexibilidad. Cumpliéndose como mínimo dos elementos de (1), uno de (2) y uno de (3).
Trastorno cualitativo de la relación, expresado como mínimo en dos de las siguientes manifestaciones:
Trastorno importante en muchas conductas de relación no verbal, como la mirada a los ojos, la expresión facial, las posturas corporales y los gestos para regular la interacción social.
Incapacidad para desarrollar relaciones con iguales adecuadas al nivel evolutivo.
Ausencia de conductas espontáneas encaminadas a compartir placeres, intereses o logros con otras personas (por ejemplo, de conductas de señalar o mostrar objetos de interés).
Falta de reciprocidad social o emocional.
Trastornos cualitativos de la comunicación, expresados como mínimo en una de las siguientes manifestaciones:
Retraso o ausencia completa de desarrollo del lenguaje oral (que no se intenta compensar con medios alternativos de comunicación, como los gestos o mímica).
En personas con habla adecuada, trastorno importante en la capacidad de iniciar o mantener conversaciones.
Empleo estereotipado o repetitivo del lenguaje, o uso de un lenguaje idiosincrático.
Falta de juego de ficción espontáneo y variado, o de juego de imitación social adecuado al nivel evolutivo.
Patrones de conducta, interés o actividad restrictivos, repetidos y estereotipados, expresados como mínimo en una de las siguientes manifestaciones:
Preocupación excesiva por un foco de interés (o varios) restringido y estereotipado, anormal por su intensidad o contenido.
Adhesión aparentemente inflexible a rutinas o rituales específicos y no funcionales.
Estereotipias motoras repetitivas (por ejemplo, sacudidas de manos, retorcer los dedos, movimientos complejos de todo el cuerpo, etc.).
Preocupación persistente por partes de objetos.
Antes de los tres años, deben producirse retrasos o alteraciones en una de estas tres áreas: (1) Interacción social, (2) Empleo comunicativo del lenguaje. o (3) Juego simbólico.
Antes de los tres años, deben producirse retrasos o alteraciones en una de estas tres áreas: (1) Interacción social, (2) Empleo comunicativo del lenguaje. o (3) Juego simbólico.
Si bien en las primeras descripciones de autismo que hizo Kanner en 1943 , ya se hacia énfasis en estos tres aspectos; las ideas sobre el autismo han recorrido un largo y tortuoso camino hasta alcanzar los conceptos actuales. Otra brillante intuición de Kanner fue considerar que estos niños tenían algún defecto innato que era responsable de su conducta. Así mismo, también afirmó Kanner, que el autismo era un síndrome distinto de las otras enfermedades psiquiátricas de la época. Sin embargo, en tiempos de euforia psicoanalítica, hacia finales de la década de los 40, Kanner lanzó la idea de que el autismo era una forma de esquizofrenia y cuyo origen debía buscarse en la influencia de padres fríos, incapaces de proporcionar el afecto necesario. Estas teorías no estaban sustentadas por ningún trabajo de investigación. Tampoco se tomó en consideración la posibilidad alternativa de que la prevalencia de padres fríos podía representar un dato relacionado con la transmisión genética del trastorno. La idea de padres culpables, fue tomando fuerza durante los años 50 y 60. Se intentaba descifrar el enigma psicogenético que en cada situación había trastornado la mente hasta el punto de recluirla en un cosmos impenetrable. Se fue también extendiendo la denominación de autismo como psicosis infantil, sobre la base de la supuesta relación con la esquizofrenia.
Actualmente no se puede aceptar la base psicológica del autismo, ante la sólida evidencia de su base orgánica, proporcionada por los estudios genéticos (Bolton P, Mc Donald H, Pickles A et al, 1994) (Le Couteur A, 1996) , neurofisiológicos (Plioplys AV, 1994), neuropatológicos (Courchesne E, Townsend J, Saitoh O, 1994) neurorradiológicos (Piven J, Arndt S, Bailey J et al, 1995) y bioquímicos (Cook EHJ, Courchesne R, Lord C, et al, 1997).
El autismo descrito por Kanner, al cual podríamos denominar forma clásica, no cubre en modo alguno, las amplias variaciones patológicas que se pueden observar en pacientes afectados de trastornos más o menos cercanos al patrón autista puro. Por esta razón el DSM III-R y DSM IV por un lado; y el ICD 9 y ICD 10 por otro, establecieron una categoría denominada "Pervasive Developmental Disorders" (PDD), mal traducida como trastorno generalizado del desarrollo. Dentro de los PDD se incluyen los citados en la Tabla II. El nexo común entre estos trastornos es su conformidad con las tres características citadas al principio. Sin embargo, el trastorno de Rett (Tabla III), por sus peculiaridades clínicas y evolutivas, se aparta bastante del resto de trastornos.
Tabla II. TRASTORNOS GENERALIZADOS DEL DESARROLLO (DSM-IV)
Trastorno autístico
Trastorno de Rett
Trastorno desintegrativo infantil
Trastorno de Asperger
Trastorno generalizado del desarrollo no especificado en otro lugar
Tabla III: SINTOMAS DEL TRASTORNO DE RETT (DSM-IV)
Tienen que darse todas estas características:
Desarrollo prenatal y perinatal aparentemente normales.
Desarrollo psicomotor aparentemente normal en los 5 primeros meses de vida.
Perímetro cefálico normal en el nacimiento.
Aparición de las características siguientes tras un primer desarrollo normal:
Desaceleración del crecimiento cefálico de los 5 a los 48 meses.
Pérdida, entre los 5 y los 30 meses, de acciones propositivas adquiridas previamente con desarrollo subsiguiente de estereotipias (lavado o retorcimiento de manos).
Pérdida de relación social al principio del trastorno (aunque luego pueden desarrollarse algunas capacidades de relación).
Aparición de movimientos poco coordinados de tronco o deambulación.
Deficiencia grave del lenguaje expresivo y receptivo y retraso psicomotor grave.
El trastorno desintegrativo infantil, tiene como característica determinante la existencia de un periodo de desarrollo normal que alcanza por lo menos hasta los dos años. Sin embargo, en ocasiones se puede solapar con el trastorno autístico, concretamente con aquellos casos en los que existe una regresión después de un período de normalidad, cuyo inicio es difícil de precisar.
Para el trastorno de Asperger (Tabla IV), también resulta difícil marcar los límites que lo separan del trastorno autístico. En los criterios del DSM IV, la diferencia viene determinada por las habilidades lingüísticas, mejor desarrolladas en trastorno de Asperger que en el trastorno autístico. Sin embargo, otros autores han definido criterios para el de trastorno Asperger, según los cuales la alteración del lenguaje es una condición obligada (Tabla V). En el mismo sentido se orientan los criterios de Szatmarti (Szatmari P, Brenner R, Nagy J, 1989) y de Gillberg (Gillberg C, Gillberg I C, 1989). En algunos casos es difícil, sino imposible, marcar el límite entre un trastorno de Asperger y un trastorno autístico de funcionalismo elevado.
Tabla IV. CRITERIOS DE DIAGNÓSTICO DEL DSM IV PARA EL TRASTORNO DE ASPERGER
Trastorno cualitativo de la relación, expresado como mínimo en dos de las siguientes manifestaciones:
Trastorno importante en muchas conductas de relación no verbal, como la mirada a los ojos, la expresión facial, las posturas corporales y los gestos para regular la interacción social.
Incapacidad para desarrollar relaciones con iguales adecuadas al nivel evolutivo.
Ausencia de conductas espontáneas encaminadas a compartir placeres, intereses o logros con otras personas (por ejemplo, de conductas de señalar o mostrar objetos de interés).
Falta de reciprocidad social o emocional.
Patrones de conducta, interés o actividad restrictivos, repetidos y estereotipados, expresados como mínimo en una de las siguientes manifestaciones:
Preocupación excesiva por un foco de interés (o varios) restringido y estereotipado, anormal por su intensidad o contenido.
Adhesión aparentemente inflexible a rutinas o rituales específicos y no funcionales.
Estereotipias motoras repetitivas (por ejemplo, sacudidas de manos, retorcer los dedos, movimientos complejos de todo el cuerpo, etc.).
Preocupación persistente por partes de objetos.
El trastorno causa una discapacidad clínicamente significativa en el área social, ocupacional y en otras áreas importantes del desarrollo.
No existe un retraso clínicamente significativo en el lenguaje (pe: palabras sueltas a la edad de 2 años, frases comunicativas a los 3 años).
No existe un retraso clínicamente significativo para su edad cronológica, en el desarrollo cognitivo, de habilidades de auto-ayuda y comportamiento adaptativo (salvo en la interacción social), o de curiosidad por el entorno.
No se cumplen los criterios de otro trastorno generalizado del desarrollo, o de esquizofrenia.
Tabla V: DEFINICION SINTETICA DEL SINDROME DE ASPERGER. SEGUN A RIVIERE
Trastorno cualitativo de la relación
: Incapacidad de relacionarse con iguales. Falta de sensibilidad a las señales sociales. Alteraciones de las pautas de relación expresiva no verbal. Falta de reciprocidad emocional. Limitación importante en la capacidad de adaptar las conductas sociales a los contextos de relación. Dificultades para comprender intenciones ajenas y especialmente "dobles intenciones".
Inflexibilidad mental y comportamental
: Interés absorbente y excesivo por ciertos contenidos. Rituales. Actitudes perfeccionistas extremas que dan lugar a gran lentitud en la ejecución de tareas. Preocupación por "partes" de objetos, acciones, situaciones o tareas, con dificultad para detectar las totalidades coherentes.
Problemas de habla y lenguaje
: Retraso en la adquisición del lenguaje, con anomalías en la forma de adquirirlo. Empleo de lenguaje pedante, formalmente excesivo, inexpresivo, con alteraciones prosódicas y características extrañas del tono, ritmo, modulación, etc. Dificultades para interpretar enunciados literales o con doble sentido. Problemas para saber "de qué conversar" con otras personas. Dificultades para producir emisiones relevantes a las situaciones y los estados mentales de los interlocutores.
Alteraciones de la expresión emocional y motora
: Limitaciones y anomalías en el uso de gestos. Falta de correspondencia entre gestos expresivos y sus referentes. Expresión corporal desmañada. Torpeza motora en exámenes neuropsicológicos.
Capacidad normal de "inteligencia impersonal"
: Frecuentemente, habilidades especiales en áreas restringidas.
Si bien el trastorno autístico y el trastorno de Asperger tienen unos criterios diagnósticos definidos, no ocurre lo mismo con la categoría trastorno generalizado del desarrollo no especificado en otro lugar (TGD-NE). Este grupo aparece como residual, y en principio debería reunir algunos pocos casos excepcionales que se apartan de los patrones típicos. Esta categoría no está definida por criterios positivos, sino que se limita a dar cabida a los trastornos que comportan una alteración severa en la interacción social y en la comunicación verbal y no verbal, pero que no cumplen todos los criterios de trastorno autístico, trastorno de Asperger o trastorno desintegrativo.
A pesar del carácter marginal y pobremente definido, los TGD-NE tienen un gran interés por diversos motivos. En primer lugar, es la categoría más frecuente, puesto que permite ubicar a gran cantidad de pacientes que sin cumplir los criterios de trastorno autístico o trastorno de Asperger, muestran algunas alteraciones propias del espectro autista. Diversos autores han destacado la importancia de los TGD-NE, por cuyo motivo han intentado definir criterios positivos que avalen dicho diagnóstico de forma más precisa (Buitelaar JK, van der Gaag RJ, 1998). En otro sentido, se ha puesto el énfasis en los TGD-NE para ofrecer una visión del espectro autista más comprensiva y ajustada de la realidad clínica (Bishop DVM, in press).
Autismo y déficits cognitivos.
Hasta los años 70 prevalecía la idea de que no se podían realizar tests psicométricos a los niños autistas. Sin embargo, cuando se utilizaron pruebas apropiadas, en manos de psicólogos habituados a tratar niños autistas, se vio que era posible realizar una valoración cognitiva precisa en la mayoría de autistas. Se pudo comprobar que los resultados eran tan estables a lo largo del tiempo como en otros grupos de pacientes. Se demostró que los déficits cognitivos de los autistas no se podían explicar como una consecuencia de la falta de interacción social, tal como se pensaba inicialmente. Se supo que las disfunciones cognitivas del autista tenían unas características propias, que permitían entender muchas de sus conductas. También se vio que los resultados del cociente intelectual (CI) y el perfil cognitivo eran factores pronósticos determinantes (Gillberg C, 1991).
Los estudios psicométricos en autistas permitieron evidenciar que tres cuartas partes tienen un CI inferior a 70 (Rutter M, 1979). Sin embargo, si en lugar de tomar en consideración únicamente el trastorno autista puro, se valora el espectro de trastornos autísticos, incluyendo el trastorno de Asperger y los TGD-NE; entonces la prevalencia de retraso mental (RM), se reduce a un 20 %. Visto de este modo, la mayoría de niños con trastorno autista en sentido amplio, no tienen RM.
Aunque la coincidencia de autismo y RM está ampliamente reconocida, se le ha prestado relativamente poca atención. Quizás si se conociera la razón de esta asociación se podría comprender mejor la base del autismo. No se puede admitir que el RM, por si mismo, sea un factor de riesgo de autismo; por la razón de que algunos trastornos que cursan con RM como el síndrome de Down o la parálisis cerebral no se asocian a autismo con la frecuencia que se esperaría si el RM fuera factor causal de autismo. Por el contrario, la relación entre RM y autismo es muy fuerte en otros trastornos como la esclerosis tuberosa y el síndrome del cromosoma X frágil. Además, como otro argumento en contra de una relación directa entre autismo y RM, se ha visto que aunque mejore la interacción social por efecto de la maduración biológica o la intervención terapéutica, el CI tiende a mantenerse estable.
Otra línea de trabajo se ha centrado en hallar una explicación cognitiva para el autismo, partiendo de la hipótesis de la existencia de una disfunción básica como núcleo explicativo de los complejos y variados síntomas.
Los primeros estudios psicométricos dieron como resultado el conocimiento de que los autistas mostraban déficits en capacidad de secuenciación y abstracción (Hermelin B, Connor N, 1970). Estos hallazgos podrían explicar el retraso y la alteración en el lenguaje, pero difícilmente justificaban los trastornos socio-cognitivos propios del autismo.
Estudios posteriores han podido demostrar en el autista una dificultad para establecer una atención compartida (Mundy P, Sigman M, Ungerer J, Sherman T, 1986). La falta de reciprocidad del niño autista en los años preescolares, le conduce a prescindir de la acción de señalar un objeto con el fin de atraer el interés de otra persona hacia algo que a él le llama la atención. Estas observaciones han conducido a proponer la falta de Teoría de la Mente (TM) como núcleo cognitivo del autismo.
La TM es un constructo teórico que define la capacidad que desarrolla el ser humano para atribuir pensamientos a las otras personas. Esta percepción permite modular la conducta social. El estudio ampliamente citado de Wimmer y Perner puso en evidencia la TM como parámetro del desarrollo (Wimmer H, Perner J, 1983). El experimento basado en la historia de Sally y Anne ilustra el concepto de la TM. Sally tiene una cesta, Anne tiene una caja. Sally posee una bola que guarda en su cesta. Cuando Sally abandona la habitación, tras haber dejado su cesta con la bola dentro, Anne se la quita y la coloca en su caja. Al regresar, Sally quiere tener su bola. La cuestión crítica es: ¿dónde irá a buscar Sally su bola ?, ¿en la cesta, o en la caja?. Para dar una respuesta correcta, el sujeto examinado, que conoce la ubicación real de la bola en la caja, deberá disociar su pensamiento del pensamiento de Sally, que por lógica debe pensar que va a encontrar la bola en la cesta, tal como la había dejado antes de salir. Wimmer y Perner observaron que la mayoría de niños de 4 a 5 años respondían incorrectamente, al ser incapaces de comprender el pensamiento lógico de Sally. Sin embargo, la mayoría de niños de 6 a 9 años eran capaces de adivinar la falsa creencia de Sally, al ir a buscar su bola en la cesta. Por lo tanto habían adquirido una TM en el intervalo entre los 4 y 9 años.
Leslie, en 1987 , definió las "representaciones de primer orden", como las representaciones que la gente tiene sobre los objetos en el mundo Un nivel superior son las "representaciones de segundo orden", definidas como las representaciones mentales sobre las representaciones de primer orden, ya sean propias o de las otras personas; o dicho de otra forma, pensar sobre el pensamiento: "yo pienso, que él piensa". El experimento de Sally y Anne es un claro ejemplo de representaciones de segundo orden. La capacidad de efectuar estas, o representaciones más complejas, también se denomina capacidad metarrepresentacional. Sobre este esquema se pueden efectuar experimentos basados en representaciones de orden más elevado, y puede observarse como se requiere que el niño tenga cierta edad para ofrecer respuestas correctas.
El paradigma de la TM ha sido muy productivo, para ofrecer una explicación coherente a la mayoría de síntomas del autista. Baron-Cohen, Leslie y Frith (1985) replicaron el experimento de Sally y Anne comparando niños autistas con niños con síndrome de Down de nivel intelectual similar. El resultado fue que los autistas obtenían resultados más bajos que el grupo control, evidenciando la dificultad para efectuar metarrepresentaciones.
Aunque todavía está por demostrar si la TM ofrece una respuesta definitiva para todo el complejo sintomático del autismo, ofrece una coherencia teórica para la mayoría de manifestaciones.
Los pacientes con lesiones del lóbulo frontal muestran alteraciones en algunos aspectos similares a las de los autistas. Esta apreciación orientó hacia la hipótesis de que el autismo fuera debido a una alteración de las funciones ejecutivas, ubicadas en el lóbulo frontal. Las funciones ejecutivas que se relacionan con el autismo se muestran en la Tabla VI. Diversos estudios revisados por Ozonoff, han puesto en evidencia que los autistas tienen dificultades en las citadas funciones ejecutivas (Ozonoff S, 1985).
Tabla VI. FUNCIONES EJECUTIVAS RELACIONADAS CON EL AUTISMO
Capacidad para prescindir del contexto exterior
Inhibición de respuestas no apropiadas
Planificación y generación de secuencias orientadas hacia una finalidad
Monitorización de las acciones y utilización de un "feedback"
Flexibilidad atencional
Mantenimiento de un patrón cognitivo para permanecer en una actividad
Otro modelo cognitivo destaca la alteración en la llamada coherencia central como aspecto nuclear del autismo (Frith U, 1992). La hipótesis de la falta de coherencia central como base del autismo, propone que en condiciones normales el individuo tiende a interpretar los estímulos de forma global, teniendo en cuenta el contexto. De esta forma la información adquiere un significado. Esto permite adquirir un recuerdo integrado de lo esencial en lugar de los detalles. El constante esfuerzo que se suele realizar en busca de un sentido y un significado a los acontecimientos, no está presente en el autista. Por esta razón se ve abocado a tener que procesar la información pedazo a pedazo, sin una idea de globalidad.
La falta de TM, la alteración en las funciones ejecutivas y la falta de coherencia central, no han de ser hipótesis excluyentes, sino que pueden ser modelos complementarios que contribuyen a la comprensión de la disfunción cognitiva del autismo. Sin embargo, queda abierta la cuestión de cual es el déficit primario.
Aunque, como se ha dicho, no es una condición necesaria para el autismo. Sin embargo su severidad está muy relacionada con la presencia de RM. El RM parece pues ser una manifestación intrínseca del autismo más que una simple asociación. En general, los niños con RM suelen tener, junto a una puntuación baja de CI verbal y manipulativo, un perfil de subtest bastante homogéneo. Por el contrario en el autista existe una sorprendente discrepancia entre las distintas puntuaciones típicas. Otra característica de la inteligencia de bastantes autistas con RM, es la integridad, o incluso superioridad, en alguna actividad académica. En casos más raros se puede observar un capacidad excepcional para alguna función aislada. A estos individuos se les ha dado el nombre de "idiot savant". Existen diversos casos referidos en la literatura, pero quizás el más conocido es el personaje popularizado por Dustin Hoffman en la película "Rayman". Los "idiots savants", pueden tener un talento excepcional para la memoria, el cálculo, la música o el dibujo. El fenómeno "savant" no es exclusivo de autistas, porqué puede darse en retrasados mentales sin autismo e incluso en individuos normales. Sin embargo, la mayoría son autistas.
De las teorías cognitivas de autismo citadas, la que mejor explica estos fenómenos paradójicos es la de la falta de coherencia central. Según esta teoría, el procesamiento parcial de la información, prescindiendo de la globalidad, permite alcanzar altas cotas de rendimiento en una actividad concreta.
Manifestaciones clínicas del autismo.
El autismo es un trastorno del desarrollo; y como tal, está ubicado en el DSM IV y en el ICD 10. Su inicio es precoz, y se considera como criterio diagnóstico, que al menos una de sus manifestaciones se haya iniciado antes de los tres años. Su prevalencia es elevada y se sitúa entre el 1 y el 2.6 por 1000 (Sugiyama T, Takei Y, Abe, 1992) (Brysib SE, Clark BS, Smith IM, 1988) (Gillberg C, Steffenburg S, Schaumann, 1991) (Frith U, 1991) . Evidentemente, la prevalencia varía mucho en función de si se toman en consideranción únicamente formas puras de autismo, o bien se aceptan como autistas niños, que sin cumplir estrictamente todos los criterios, cumplen solo algunos de ellos; pero suficientes para considerar que estamos ante un trastorno de tipo autista.
Las manifestaciones clínicas se centran en torno a las tres características nucleares del autismo citadas al inicio: (1) Trastorno de la relación social., (2) Trastorno de la comunicación. y (3) Espectro restringido de conductas e intereses.
Trastorno de la relación social
El síntoma más típico del autismo es la falta de reciprocidad en la relación social. Las claves de la empatía están ausentes o son rudimentarias. El autista observa el mundo físico, ha veces con una profundidad y intensidad no habitual. La realidad audible y visible es el mundo que él entiende y que quizás le resulta coherente. Esta realidad puede ser para el autista placentera o ingrata, pero no puede compartir las sensaciones que experimenta con sus semejantes. Por ello, en ocasiones resultan crípticos su alegría o su enfado. El juego interactivo, es suplantado por una actividad dirigida por su peculiar percepción del entorno. El autista suele prescindir del movimiento anticipatorio de brazos que suelen hacer los niños cuando detectan que los van a coger. En ocasiones evitan las caricias y el contacto corporal; aunque a veces, por el contrario, lo buscan y desean ardientemente, como si esta fuera su forma de comunicación con las personas que siente como seres extraños. No es raro que las personas sean contempladas como objetos, y como tales tratadas. El autista utiliza el adulto como un medio mecánico que le satisfaga sus deseos.
La disociación del mundo social que experimenta el autista, es frecuentemente referida por padres y educadores con frases como: "va a su aire", "vive en su mundo". En el colegio, e incluso antes, en la guardería, el autista se evade de la interacción social que establecen los niños entre sí. Su conducta es "distinta". No comparte los intereses de la mayoría, sus acciones no parecen tener objetivo, o este es constantemente cambiante.
El niño autista tolera muy mal la frustración. Le resulta difícil encontrar una cierta contingencia a una prohibición, o negativa a concederle algo. Se rebela ante la contrariedad, pues esta carece en su mundo de sentido. Fácilmente aprende conductas manipuladoras, regidas por la regla de "deseo tal cosa; por lo tanto, para conseguirla me comporto de este modo". La imposición de una normas, es extraordinariamente frustrante y mal entendida. Ello genera un alto grado de ansiedad, elemento potenciador de la conducta hiperactiva.
La mirada del autista suele recorrer el espacio, prescindiendo de la mirada de las otras personas. En ocasiones, la vista queda fijada en un reflejo, un objeto en movimiento o un color; como si el autista se sintiera fascinado por un espectáculo sensorial que no podemos compartir. El contacto visual con el es fugaz, tiende a prescindir de las otras personas; como si la reciprocidad de la mirada careciera de contenido comunicativo. Otras veces la mirada es fría, desprovista de valor emocional. Sin embargo, es preciso desechar la idea de que el autista nunca mira a los ojos. Hay niños autistas que tienen desarrollada la capacidad de compartir la mirada con el interlocutor; sin embargo su conducta relacional no está vinculada a su forma de mirar. Una forma peculiar de mirar es la que poseen los niños con el síndrome del cromosoma X frágil. En estos casos, la dirección de la mirada es tangencial, es como si rozara la nuestra, sin atreverse a penetrar en ella. Esta forma de mirar, es un elemento de su fenotipo conductual. La forma de mirar del autista es uno de los elementos que contribuye a dotar a su cara de un aspecto inexpresivo o críptico. Ni su conducta, ni su expresión nos dan demasiadas pistas sobre lo que ocurre en su interior.
Quizás nos sentimos ante el autista de la misma forma que el autista se siente ante nosotros. Ni nosotros podemos compartir o siquiera entender su mundo, ni él puede entender el nuestro. Temple Grandin, una autista de funcionamiento elevado, refería que se sentía como una antropóloga en Marte, indicando que pretendía comprender un entorno en el cual todos los seres eran extraños y su conducta se regía por unas normas difíciles, no solo de asimilar, sino de encontrarles un sentido (Grandin T, 1992).
No es raro que el autista no muestre interés en aprender. El aprende de acuerdo con sus percepciones y sus intereses, pero le es difícil compartir nuestro modelo pedagógico, basado en la introyección de unas motivaciones y intereses en adquirir habilidades cognitivas y conocimientos. La capacidad intelectual del autista puede ser buena, incluso alta, pero su direccionalidad y utilización no necesariamente sigue el curso que se impone en el entorno escolar. Una característica muy común es la ignorancia del peligro. El niño normal aprende que se puede hacer daño porque se lo enseñan sus padres; le explican lo que no debe hacer, para evitar lesionarse. Pero el autista, puede ser que no adquiera más que una noción muy simple del sentido de protección.
Trastorno de la comunicación
Si bien la alteración en el lenguaje de los niños autistas, ya fue identificada en las descripciones iniciales de Kanner, ha existido un amplio debate sobre su significado. Sin embargo, cuando se han analizado los trastornos del lenguaje en los niños autistas, se ha evidenciado que en general no difieren de los que pueden presentar los niños no autistas, por lo menos en sus aspectos formales.
El motivo más frecuente de consulta de un niño autista es el retraso en la adquisición del lenguaje. Es preciso, por tanto, tener un elevado grado de sospecha y profundizar en la valoración de la conducta social si a los 2 años no se ha iniciado el lenguaje. Tuchman et al. reportaron que en más de la mitad de niños autistas de edad preescolar el principal motivo de preocupación de los padres era la ausencia de lenguaje (Tuchman R, Rapin I, Shinnar S, 1991). En ocasiones a ello se une la sensación de que no comprende el significado del lenguaje.
No es infrecuente observar, en niños de 2 a 4 años, la presencia de una jerga, en ocasiones muy elaborada, que sustituye el lenguaje. Puede parecer una imitación del lenguaje de los adultos, pero evidentemente desprovisto de contenido semántico. De forma intercalada a la jerga, suele aparecer alguna palabra o frase, en ocasiones sorprendentemente sofisticada, pero absolutamente descontextualizada. Otro fenómeno, peculiar en niños autistas es la ecolalia, a veces inmediata, y otras veces retardada. Si bien la primera puede ser fisiológica durante un cierto periodo, la segunda debe motivar una elevada sospecha de autismo. También es típica la ausencia de interlocutor durante los largos discursos que pueden acompañar los juegos infantiles. Llama la atención en este discurso, vacío de contenido, la cuidada entonación, como si imitara una charla perfectamente elaborada. Pueden aparecer entremezclados anuncios televisivos y frases hechas.
Otra característica peculiar, de carácter precoz en el lenguaje del autista, es la falta de gesticulación o expresión facial, como medio para suplir o compensar sus déficits lingüísticos, cuando intenta comunicar algo. La gesticulación del autista está disociada de la comunicación. Por el contrario, puede utilizar el gesto o el movimiento para dirigir al adulto hacia su fin, pero como si el adulto fuera un objeto más, utilizado mecánicamente para satisfacer sus deseos.
Un fenómeno lingüístico, prácticamente patognomónico de niños autistas es el uso del "tu" o el "él" en sustitución del "yo". Esta peculiaridad podría ser una forma de ecolalia (Bartak K, Rutter M, 1974). También es posible que este fenómeno tenga alguna relación con los déficits cognitivos sociales, propios del autista, como se verá más adelante.
Además de la capacidad expresiva, suele estar afectada la comprensión, si bien este aspecto puede ser más difícil de reconocer. En ocasiones, puede plantear la duda sobre la existencia de una sordera.
Cuando se intenta categorizar los trastornos del lenguaje del niño autista, puede hacerse desde dos planteamientos conceptuales distintos, aunque no necesariamente contradictorios. Por un lado desde el punto de vista de Bishop, todos los trastornos del lenguaje encajan en el concepto unificador de trastornos específicos de lenguaje, independientemente de que este afectada la capacidad receptiva, la expresiva o ambas. En realidad el déficit expresivo, siempre va asociado a un déficit de comprensión, si bien con las técnicas convencionales puede ser difícil de poner en evidencia (Bishop DVM, 1979). Rapin prefiere mantener distintas categorías, puesto que de esta forma queda mejor definido el tipo de problema lingüístico. Según este criterio, Rapin define en el autista 4 síndromes de déficit lingüístico, que no difieren esencialmente de los descritos en el niño no autista (Rapin I, 1997). La Tabla VII enumera los trastornos del lenguaje descritos en autistas.
Tabla VII. TRASTORNOS DEL LENGUAJE EN NIÑOS AUTISTAS
Agnosia auditiva verbal
Síndrome fonológico-sintáctico
Síndrome léxico-sintáctico
Trastorno semántico-pragmático del lenguaje
Turno de la palabra
Inicios de conversación
Lenguaje figurado
Clarificaciones
Mutismo selectivo
Trastornos de la prosodia
Hiperlexia
Agnosia auditiva verbal.
Descrito por Rapin et al, 1977 . En estos casos existe una incapacidad para descodificar el lenguaje recibido por vía auditiva. En los niños autistas con este nivel de afectación, no se observan, a diferencia del niño puramente disfásico, esfuerzos para comunicarse mediante medios no verbales: dibujos, gestos. Por el contrario, el niño simplemente utiliza al adulto como un objeto manipulado para satisfacer sus deseos. Es típico constatar como el niño toma de la mano a su madre, dirigiéndola a su objetivo, sin mediar ninguna mirada, ni cualquier otra interrelación comunicativa. Los autistas con esta disfunción lingüística suelen ser los más graves. Se añade habitualmente un retardo mental, que acentúa el trastorno.
Este trastorno es el que con mayor frecuencia se asocia a epilepsia y/o alteraciones paroxísticas en el EEG. Ello plantea interesantes cuestiones sobre la relación entre estos cuadros de autismo, severamente disfásicos, y la afasia epiléptica adquirida de Landau-Kleffner.
Síndrome fonológico-sintáctico
Es el trastorno específico del lenguaje más habitual, tanto entre autistas, como no autistas. A veces, difícil de diferenciar, en casos leves del retardo simple del lenguaje. Se expresa por una pobreza semántica y gramatical, acompañada de una vocalización deficiente, lo cual condiciona un lenguaje poco inteligible sobre todo para los adultos no familiarizados con su forma de hablar. Si bien la comprensión está más o menos alterada, se manifiesta especialmente como un déficit expresivo.
Síndrome léxico-sintáctico
En estos casos la afectación reside principalmente en la capacidad para evocar la palabra adecuada al concepto o a la idea. A pesar de que la producción verbal es fluente, a poco que se analice, se aprecia una pobreza expresiva. Debido a que se añaden dificultades pragmáticas, es difícil establecer los límites de este trastorno, tanto con respecto al síndrome semántico-pragmático, como con el fonológico-sintáctico.
Síndrome semántico-pragmático
El autista, no solo presenta trastornos referidos a aspectos formales del lenguaje (sintaxis, léxico, fonología, prosodia), sino que el uso social o comunicativo del mismo también suele estar alterado. Sensibles a este problema, Rapin y Allen describieron en 1983 el llamado síndrome semántico-pragmático . Más tarde, a partir de la descripción inicial, Bishop y Rosenbloom (1987) propusieron modificar la denominación por la de trastorno semántico-pragmático, al considerar que más que un síndrome específico, se trataba de un problema muy ligado al autismo. Estos autores, hicieron notar que muchos niños con alteración semántico-pragmática, a los cuales de ningún modo se les habría considerado autistas en una valoración superficial, sometidos a un análisis minucioso, evidenciaban problemas de relación social que los podían aproximar al síndrome de Asperger o al TGD-NE.
Los aspectos pragmáticos del lenguaje se sustentan en las habilidades lingüísticas, pero también dependen de las habilidades cognitivo-sociales del individuo. De aquí que este trastorno sea especialmente interesante en los autistas, puesto que en el autismo se conjuga la alteración lingüística con la alteración en la relación social, sustentada en una dificultad para interpretar el pensamiento del interlocutor. Teniendo en cuenta estas variables, Bishop (1989) empezó a difundir la idea de que los trastornos específicos del lenguaje y trastornos autísticos no son términos excluyentes, sino que por el contrario se ubican en un continuo. Los niños con recursos comunicativos relativamente buenos, pero con falta de habilidades sociales se aproximarían al síndrome de Asperger; los niños con relativamente buena relación social, pero con mayor trastorno del lenguaje estarían ubicados en el trastorno semántico pragmático y por ultimo los niños con alteración en los dos sentidos, social y lingüístico, constituirían los autistas clásicos. Quizás el aspecto más interesante de este modelo está en reconocer que lo que predomina son las formas intermedias, ubicadas en cualquier punto de este continuo. En un trabajo más reciente, Shields et al. (1996) comparan niños con trastorno semántico-pragmático con niños autistas de funcionamiento elevado. Valoran los resultados en baterías de test neuropsicológicos y de cognición social, y encuentran similitudes entre ambos grupos. En los dos grupos los resultados indican disfunción de hemisferio derecho y disfunción cognitiva social. En una revisión de Gagnon et al. (1997) , al comparar autistas de funcionamiento alto y niños diagnosticados de síndrome semántico pragmático, se concluye que no se pueden establecer diferencias sintomáticas que marquen una frontera entre unos y otros.
A continuación, detallamos los aspectos pragmáticos del lenguaje que pueden estar alterados en los trastornos autistas.
Turno de la palabra
Cuando se mantiene una conversación es preciso que mientras uno habla, el otro escuche, y viceversa. Sin esta reciprocidad, la comunicación queda muy limitada. Para que funcione correctamente la alternancia, el que está escuchando debe monitorizar el discurso de su interlocutor, con el fin de predecir cuando va a terminar su turno y poder entonces efectuar su intervención. Por tanto, es preciso un conocimiento de la estructura sintáctica de las frases y una interpretación de las claves prosódicas, aspectos que permiten predecir el final de un turno. En niños con trastorno especifico del lenguaje, estas cualidades interpretativas pueden estar afectadas, y por tanto condicionar dificultades en mantener un turno de palabra correcto durante la conversación (Craig HK, Evans JL, 1989). También es preciso, considerar en la reciprocidad del turno de palabra, aspectos independientes de la capacidad lingüística. Existen aspectos no lingüísticos del autismo que se han podido relacionar con dificultades para identificar marcadores conversacionales. Se ha observado que los autistas tienen dificultades en pasar sucesivamente del rol de "el que habla" a "el que escucha", tienden por tanto, a mantenerse indefinidamente el rol de hablador (Baltaxe CA, Simmons JQ, 1977). También los autistas tienen dificultad en utilizar el contacto visual como clave para identificar su turno. Baron-Cohen atribuye este problema directamente al déficit de TM (Baron Cohen, 1988).
Inicios de conversación
Es evidente, que para introducir un tópico en la conversación, se requieren habilidades lingüísticas. Es preciso saber que se quiere decir y como se puede decir. Cuando falla este mecanismo, el sujeto tiende a adoptar una actitud pasiva, que le exime de esta dificultad. La capacidad de iniciar una conversación, o cambiar de tema, también depende de habilidades cognitivo-sociales. El factor más decisivo en este sentido, es saber identificar en que momento la atención del interlocutor está en disposición de permitir una actitud receptiva. La detección atencional, también se rige por ciertos códigos, difíciles de reconocer por parte de los autistas. Pero además, es preciso utilizar claves no verbales que indiquen al interlocutor un inicio de conversación. Estos indicadores pueden ser: un contacto ocular, una entonación significativa o un marcador verbal. También es preciso que los inicios sean contextualmente adecuados, pues de lo contrario la conversación queda absolutamente dispersa. No es preciso insistir en el hecho de que todos estos aspectos pueden ser explicados como habilidades relacionadas con la TM; y que por tanto, los niños autistas tienen dificultades en los inicios y cambios de conversación. Dentro de esta alteración pragmática, se puede incluir la tendencia de los autistas a reiterar la misma pregunta, independientemente de la respuesta (Hurtig R, Ensrud S, Tomblin JB, 1982)
Lenguaje figurado
También en este caso están involucradas habilidades lingüísticas y habilidades sociales. A poco que se analice el lenguaje corriente, se pone de manifiesto el uso habitual de formas lingüísticas figuradas: metáforas, dobles sentidos, significados implícitos y formas de cortesía. En el aspecto lingüístico, es preciso una comprensión de los giros gramaticales y formas sintácticas que regulan el uso social del lenguaje. Al faltar un referente lógico claro y transparente, el niño con trastorno especifico del lenguaje, se encuentra con dificultades para entender un lenguaje que puede convertirse en críptico; y por tanto, desconectar de la coherencia conversacional requerida. Evidentemente, en el autista, este problema se acentúa mucho más, por el hecho de requerir una interpretación más allá de las puras palabras, una interpretación no de lo que se dice, sino de lo que se quiere decir. De nuevo, es preciso enfrentarse a la necesidad de comprender la mente del otro, para participar en el intercambio, ya no solo de ideas, sino de sentimientos y afectos. En este terreno, el autista se encuentra totalmente desbordado, de aquí que su lenguaje pierda el rumbo con facilidad.
Clarificaciones
En una conversación, es preciso ajustar el discurso a la comprensión del interlocutor. Hace falta repetir frases con distintos giros, repetir ideas de forma distinta, reiterar conceptos complicados, asegurarse constantemente que el mensaje es recibido en el sentido deseado por el emisor. Nuevamente hay que contemplar la doble vertiente semántica y socio-cognitiva. Para manejarse con unas habilidades lingüísticas, que hagan el lenguaje comprensible en toda su profundidad, es necesario disponer de capacidades expresivas puramente lingüísticas; pero también hace falta detectar cuando el mensaje es captado de forma correcta, o puede quedar perdido entre un constante fluir de palabras e ideas desestructuradas. Está claro, que al autista le representaría un gran esfuerzo, tener que interpretar constantemente si su discurso ha sido bien recibido. En los casos que falla esta habilidad, parece como si uno hablara para sí mismo.
Recíprocamente, este mismo mecanismo conversacional, implica que cuando el receptor no entiende algo, solicita una aclaración para recuperar un concepto recibido ambiguamente, erróneamente o simplemente no recibido, a pesar de las palabras. Pero el autista o el niño con trastorno del lenguaje, pueden interpretar que la conversación del adulto siempre es correcta y que el problema reside únicamente en su capacidad de comprensión. Ello puede conducir a adoptar el hábito de no preguntar o pedir aclaraciones.
Mutismo selectivo
Los niños que padecen este trastorno tienen capacidad para hablar normalmente; pero en determinadas situaciones, especialmente en el colegio, o con desconocidos, no utilizan prácticamente ningún lenguaje. Muchos aspectos del mutismo selectivo son similares a los hallados en los autistas de funcionamiento elevado y síndrome de Asperger. Por ello se ha propuesto que posiblemente exista una relación entre estos trastornos (Gillberg C, 1989) (Kopp S, Gillberg C, 1992)
Trastornos de la prosodia
La prosodia incluye los aspectos del habla no relacionados directamente con la descodificación de grafema a fonema. Por tanto se refiere a la entonación y al ritmo que se aplica al lenguaje. En niños autistas de funcionamiento alto y en el síndrome de Asperger no es raro observar trastornos de este tipo, que pueden añadirse a otros problemas lingüísticos. En ocasiones el tono de voz que utiliza el niño puede generar una sensación de pedantería. En otros casos se expresa con una entonación excesivamente aguda, o con formas de voz muy peculiares, que acentúan la extravagancia del lenguaje. Entre los criterios diagnósticos de Gillberg figura, como una de las posibles disfunciones del lenguaje y del habla, la alteración prosódica (Gillberg C, Gillberg I C, 1989).
Hiperlexia
La hiperlexia es un trastorno de la lectura, que aunque no sea exclusivo, se da especialmente en niños autistas. En cierta forma es la versión literaria del trastorno pragmático del lenguaje.
Los niños hiperléxicos son capaces de leer con una perfección formal impropia de su edad cronológica, pero con una capacidad de comprensión muy limitada. Es decir, leen muy bien, pero no entienden nada. Pennington et al. (Pennington BF, Johnson C, Welsh MC, 1987), explican este trastorno en base a la disociación que existe entre la destreza para aprender a leer y la comprensión semántica del material escrito. Esta falta de comprensión estaría en relación a los déficits lingüísticos que presenta el autista, sin que ello interfiriera las habilidades lectoras. La tendencia del autista a centrar la atención en aspectos formales del lenguaje, en este caso se orientaría hacia los signos de escritura y las reglas fonéticas que los rigen. Es evidente que esta dificultad en la comprensión de la lectura, conduce a un fracaso escolar global y solo a partir de su identificación se podrá ofrecer la ayuda estratégica adecuada. Este trastorno es más propio de los autistas de funcionalismo elevado o en el trastorno de Asperger
Patrones de conducta, interés o actividad restrictivos, repetidos y estereotipados
El autista suele mostrar un interés, a veces desmesurado por determinados objetos o actividades. De esta forma su conducta adquiere un carácter obsesivo, o incluso ritualista.
El autista puede sentir un gran apego a determinado objeto, sin dotarle de ninguna otra función que la constituirse en algo que le pertenece Los objetos son escogidos de acuerdo con ciertas cualidades físicas que pueden llegar a fascinar al autista. Puede ser una textura, un color, un movimiento, un olor. No es extraño que el autista, toque, palpe, huela los objetos buscando y explorando cualidades alternativas a las funcionales. El contenido simbólico o funcional de un juguete es sustituido por características formales del mismo.
A veces el autista puede sentirse cautivado por el movimiento de giro de una lavadora, por el brillo o colores de un cuadro, o por la sensación táctil de un tejido de seda. Si alguien intenta privarle de su experiencia, se enfada.
Otras veces ocurre que no acepta un cambio de rutina. No puede tolerar un cambio de recorrido en un camino que se hace a diario, por ejemplo el trayecto para ir al colegio. Es mal aceptado un cambio de lugar en un mueble, un nuevo profesor o estrenar una prenda de vestido. En ocasiones el problema surge cuando se intenta introducir una comida nueva o sabor no habitual. Parece como si el autista se sintiera seguro cuando existe un orden donde los acontecimientos son predecibles, lo inesperado o distinto aparece como amenazante.
Esta obsesión por el orden conduce a conductas ritualistas, patrones comportamentales repetitivos, que se aproximan mucho a la conducta del trastorno obsesivo-compulsivo. La diferencia entre un trastorno obsesivo-compulsivo y un trastorno de Asperger puede resultar en ocasiones difícil, si no imposible. Las manifestaciones comórbidas del síndrome de Gilles de la Tourette pueden entrar plenamente en este espectro autista-obsesivo-compulsivo.
Las estereotipias se ubican dentro de un continuo conductual con las conductas obsesivas. En el caso de determinadas estereotipias simples, propias del autista, como el andar de puntas, es problemático decidir si se trata de una conducta obsesiva o una estereotipia. Otras veces las estereotipias tienen un componente rítmico, como puede ser el balanceo, dar golpes repetidos, girar reiteradamente sobre si mismo, recorrer una y otra vez un mismo espacio, abrir y cerrar una puerta. Por supuesto no faltan las estereotipias manuales o manipulativas como el aleteo de manos, o coger los objetos mediante un patrón peculiar de movimiento.
Una interpretación sobre la tendencia a restringir el espectro de actividades y intereses del autista, puede ser que debido a su dificultad para comunicarse y comprender las razones que guían las actividades de los demás, se refugie en actividades imitativas o descubiertas al azar que quedan incorporadas dentro de su repertorio, puesto que no tiene la capacidad para seleccionar otras más funcionales apropiadas al contexto y a la ocasión,
Autismo y fenotipos conductuales
El termino fenotipo conductual (FC) fue introducido por Nyhan en 1972 , para referirse a determinados aspectos de la conducta que eran muy característicos de determinado síndrome genético, de tal modo que la presencia ciertos rasgos conductuales podían, por si mismos, sugerir la presencia de un síndrome especifico. Un FC es una conducta genéticamente determinada, por tanto poco dependiente del ambiente y aprendizaje. El estudio de las conductas en múltiples enfermedades genéticas que afectan al sistema nervioso central, ha dado como fruto la definición de diversos FC, los cuales tienen un enorme interés para sospechar el diagnóstico. A su vez el FC es útil para comprender la conducta de muchos niños afectados de síndromes genéticos y de este modo disponer de una importante ayuda para su manejo.
Las conductas que integran el contexto autista han sido incluidos en diversas enfermedades genéticas, como parte del FC.
Los niños con el síndrome de Angelman distan mucho de poder ser considerados como autistas, si bien muestran en ciertos aspectos patrones de conducta rígidos y poco flexibles. Esto se expresa en la fascinación que pueden sentir por el agua y por la música. En ocasiones se sienten sumamente atraídos por la contemplación de espejos o reflejos luminosos. Son propias del Síndrome de Angelman estereotipias de aleteo de manos, especialmente cuando están excitados. Sin embargo, a pesar de estas conductas, sería muy aventurado afirmar que los niños con síndrome de Angelman son autistas puesto que suelen ser extraordinariamente sociables y afectuosos.
Uno de los síndromes cuyo fenotipo conductual ha sido más estudiado y resulta sumamente util para el diagnostico, es el síndrome del cromosoma X frágil (Fra X). El primer rasgo que se suele detectar es la evitación de la mirada. Esta evitación es distinta de la que presentan los niños autistas, puesto que el Fra X, no prescinde de la mirada del interlocutor como hace el autista, sino que simplemente la desvía o esconde, como si sintiera vergüenza. El lenguaje tiende a mostrar alteraciones semántico-pragmáticas, ecolalias y palilalias, a veces con alteraciones articulatorias. Se añade a esto un trastorno de atención, generalmente con hiperactividad, que puede ser severo. También es frecuente en el Fra X la conducta perseverativa, con ideas fijas y resistencia al cambio. Otra característica relacionada con el autismo es el aleteo de manos. Sin embargo, solo un minoría de niños afectos de Fra X, pueden ser considerados globalmente como autistas.
El síndrome de Rett, claramente distinto de los otros trastornos autísticos incluidos en el grupo de PDD, del DSM IV; cumple, sin embargo, las tres características básicas del autismo, especificadas en los criterios diagnósticos. La Tabla III muestra los criterios del DSM IV para el síndrome de Rett.
La esclerosis tuberosa muestra una fuerte asociación con el autismo. Sin embargo, sorprendentemente hasta fechas recientes no se ha insistido en este hecho, que ya había sido observado en 1932 por Critchley . Recientemente, en 1994 Gillberg reporta una prevalencia de trastorno autístico del 61 % en pacientes con esclerosis tuberosa de edad inferior a 20 años (Gillberg IC, Gillberg C, Ahlsen G, 1994). Basado en este mismo estudio los autores predicen que el 9 % de niños con autismo tienen esclerosis tuberosa. Otras características conductuales que se añaden al trastorno autista de la esclerosis tuberosa son los "temper tantrums", los trastornos del sueño y la hiperactividad.
Además de los citados, pueden tener un cuadro autista plenamente desarrollado los siguientes síndromes: Cornelia de Lange, hipomelanosis de Ito y síndrome de Moebius.
Epilepsia y trastornos autistas
La prevalencia de epilepsia entre autistas es mucho más alta que entre la población normal, aunque su estimación varia entre el 4 % - 32 % (Olsson I, Steffenburg S, Gillberg C, 1998)(Deykin EY, Macmahon B, 1979) . El primer autista descrito por Kanner (1943) era epiléptico . Estos datos sugieren una relación entre ambos procesos.
La epilepsia, en niños con trastorno autista (TA), tiende a manifestarse en dos picos de edad. Dichos periodos son: la época de lactante y la adolescencia. En el primer caso el tipo de epilepsia es el síndrome de West; en la adolescencia suelen aparecer crisis parciales complejas.
La epilepsia en los TA va ligada al daño cerebral. En un estudio de Tuchman y Rapin hallaron que el 42 % de los autistas con RM severo y trastorno motor tenían epilepsia. Si solo existía RM severo, la proporción descendía al 25 %. Cuando únicamente había trastorno motor la cifra bajaba al 10 %. Por último, en el caso de que el TA no estuviera asociado a otra patología neurológica, tan solo el 7 % desarrollaba epilepsia (Tuchman R, Rapin I, Shinar S, 1991).
No es raro que los padres de los niños autistas relaten, que su hijo ha presentado durante cierto periodo una regresión en los aspectos típicos del autismo: relación social, comunicación e intereses. Esto ocurre en una tercera parte de los casos. Unas veces, no había constancia previa de trastorno; otras, ya se habían detectado síntomas autistas, aunque de carácter leve. En estos niños la evolución es mucho peor de lo que se sospechó inicialmente. Ante esta situación se suele sospechar un trastorno metabólico del SNC, pero las pruebas de laboratorio contradicen tal hipótesis. Además, pasado un periodo de tiempo, el proceso queda estabilizado. No está claro el papel de la epilepsia en esta evolución, si bien en casos puntuales se ha podido demostrar una relación causal. Deonna (1993) reportó dos casos de niños diagnosticados de esclerosis tuberosa, con lesiones límbicas, que tras un periodo de normalidad de 13 y 22 meses respectivamente, desarrollaron, coincidiendo con la aparición de crisis, un cuadro regresivo de tipo autista. En uno de ellos, al mejorar la epilepsia, mejoró la sintomatología autística. En otras publicaciones, aunque no se refiere paralelismo entre inicio de crisis y regresión, se reporta mejoría del autismo al mejorar la epilepsia con tratamiento médico (Gillberg C, Schaumann H, 1983) (Childs JA, Blair JL, 1997) o quirúrgico. En otro caso sin crisis, mejoró el autismo al inducir una mejoría del EEG con antiepilépticos. Estos datos, aunque puntuales, justifican la práctica de un EEG, con trazado de sueño; y un ensayo terapéutico, en caso de haber alteraciones bioeléctricas de carácter paroxístico. Es posible la existencia de casos, que sin manifestar una respuesta tan espectacular como las publicadas, mejoren de forma más sutil y difícil de cuantificar.
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El modo de aprender es eminentemente visual, simultaneo y concreto.
Tienen grandes dificultades con el procesamiento auditivo, el procesamiento secuencial, el razonamiento abstracto y las habilidades aritméticas.
La generalización de los aprendizajes a otros contextos es muy difícil.
Presentan importantes déficits de atención.
Problemas de integración sensorial. Hipersensibilidad a los estímulos y dificultad para reconocer lo importante.
Repetición de palabras y temas, utilización frecuente de frases automáticas.
Conductas de hiperactividad, rabietas, comportamientos agresivos, etc.
Estrategias educativas.
El entorno educativo de apoyo debe ser estructurado y predecible, delimitando los ambientes de los diferentes aprendizajes.
Centrarse en áreas y contenidos funcionales y relevantes para el alumno, no para su nivel o edad cronológica.
Utilizar señales visuales, incluyendo fotografías para complementar los estímulos auditivos.
Utilizar apoyos visuales cuando se va a cambiar de actividad, con el fin de anticiparle la tarea y nos sirva para que comprenda mejor el lenguaje oral.
Mantener al mínimo las distracciones auditivas y visuales, se debe trabajar individualmente, en pequeños grupos o en clase en una zona apartada donde las distracciones sean mínimas.
Para potenciar las capacidades de atención y concentración, las actividades que requieran habilidades cognoscitivas y motoras finas deberán ir precedidas y seguidas de un período de sosiego que puede incluir contacto sosegante y la limitación de estímulos auditivos. ( Si es necesario se pueden utilizar unos cascos).
Mantener la coordinación de objetivos entre los que trabajen con el niño.
Las dificultades de procesamiento auditivo deben tenerse en cuenta en todas las tareas de enseñanza, de manera que las instrucciones sean suministradas de forma breve, concisa y simple, y estrictamente propias de la tarea.
Evitar hablar en exceso para rellenar las pausas de la conversación.
Dar más tiempo de reflexión cuando el niño responda a preguntas o cumpla instrucciones para darle tiempo de procesar la información.
Trabajar durante varios periodos de tiempo cortos en lugar de sesiones de media hora o 45 minutos.
Si presenta habilidades imitatorias, crear pequeños grupos con los niños de mayor capacidad que le ayuden en la adquisición de un lenguaje y comportamiento social adecuado.
Utilizar ritmo y música para ayudar a desarrollar la planificación motora.
-----Original Message----- From: Agus To: Alma Rosa Lujan Date: Tuesday, February 06, 2001 9:56 AM Subject: test autismo
Instrumentos de Diagnosis y Evaluación en el Autismo
Por Mariah Spanglet
Hola a tod@s:
Existe una "lista de comprobación para autismo en infantes" llamada en inglés Checklist for Autism in Toddlers (CHAT) . Este es un instrumento de investigación diseñado y utilizado para detectar las características autistas en los bebes y permitir el tratamiento temprano del autismo a partir de los 18 meses de edad.
Todos conocemos que el tratamiento mas eficaz actualmente disponible es la intervención educativa temprana, la cual deberá iniciarse tan pronto exista el diagnóstico del niño. Desafortunadamente la intervención comienza raramente antes de la edad de 3 años porque muy pocos niños con autismo son diagnosticados antes de que alcancen la edad preescolar.
La lista de chequeo para el autismo en infantes Checklist for Autism in Toddlers(CHAT) permite un diagnóstico médico en la infancia y permite al mismo tiempo que se comiencen los programas educativos intensivos en los meses tempranos o incluso mucho antes que la mayoría de síntomas graves en autismo lleguen a ser obvios. Sin embargo es bueno saber que los autores de este instrumento hacen el siguiente comentario: " ...pensamos que el 'CHAT" no deba utilizarse como un instrumento de diagnostico, sino que mas bien sirve para ALERTAR a todos los profesionales de la necesidad de hacer una segunda consulta..."
Butterfly kisses:-) Mariah Spanglet, Ed.D.
PD.- A continuación una lista de algunos los instrumentos que usamos en el distrito escolar en donde trabajo (St. Louis, Missouri, USA) durante la evaluación de niños del espectro del trastorno autista. - Desconozco sí existe o no una versión en el idioma castellano y pido al mismo tiempo disculpas por cualquier 'horror ortográfico" que encuentren al leer la traducción... recuerden que mi español es muy "limitado" :-((
Los instrumentos enumerados a continuación proporcionan una medida del desarrollo en diversos dominios del funcionamiento del estudiante. El índice del cambio en esos dominios se utiliza a veces como línea base (baseline) o una medida de continuacion del progreso o respuesta de desarrollo a la programación educativa. Algunos de los instrumentos enumerados a continuacion pueden encontrarse en "Burros' Mental Measurement Yearbook"
--Lista de Instrumentos para diagnóstico y evaluación de niños con autismo--
Autism Diagnostic Interview - Revised. (ADI-R) - Instrumento semi estructurado basado en una entrevista realizada entre los proveedores de la salud a niños y/o adultos para quienes el autismo o trastorno del desarrollo -PDD, sea una diagnóstico posible. EL ADI-R es considerado por algunos profesionales en el campo como "un instrumento de alta exactitud para el diagnóstico del autismo. Toma varias horas para administrar y para anotar."
Prelinguistic Autism Diagnostic Observation Schedule (PL-ADOS) - Una semi estructurada escala de observación para diagnosticar a los niños que todavía no están utilizando frases en su lenguaje y que se sospecha pueden tener autismo. Proporciona la oportunidad de observar aspectos específicos del comportamiento social del niño, tales como atención común, imitación, y el compartir con el examinador y los parientes del estudiante.
Childhood Autism Rating Scale (CARS) - Una escala que analiza comportamientos y ayuda a identificar a niños con autismo y a distinguirlos de los niños con discapacidades del desarrollo que no tienen autismo. Es un instrumento simple que puede usarse para niños de mas de 2 años de edad y facilita a los médicos y profesionales el que reconozcan y clasifiquen a los niños con autismo.
Autism Behavior Checklist (ABC) - Es un instrumento de medida general de autismo sin embargo no es tan confiable como CARS o ADI-R.
Checklist for Autism in Toddlers - (CHAT) - Lista de comprobación para autismo en infantes . Este es un instrumento de investigación diseñado y utilizado para detectar las características autistas en los bebes y permitir el tratamiento temprano del autismo a partir de los 18 meses de edad.
Real Life Rating Scale (RLRS) - Escala utilizada para evaluar los efectos del tratamiento en 47 comportamientos socio afectivos, dominios motrices, del lenguaje, y sensoriales de las personas con autismo.
Pervasive Developmental Disorder Screening Test" (PDDST) - Esta es una prueba diseñada para ser administrada en aquellos casos donde exista una posibilidad de trastornos del espectro autista. No constituye una descripción clínica completa de muestras tempranas del autismo pero refleja esas muestras tempranas que han sido encontradas y comunicadas por los padres y correlacionadas con un diagnóstico clínico posterior.
Pscyhoeducational Profile-Revised (PEP-R) - Es un inventario de comportamientos y habilidades diseñado para identificar modelos desiguales e idiosincrásicos del aprendizaje. La prueba se utiliza lo mas apropiadamente posible con los niños que funcionan en o debajo del rango preescolar y dentro del radio de acción cronológico de edad entre los 6 meses a los siete años.
Birgance Inventory of Early Development - Una evaluación informal de aspectos variados del desarrollo del niño y puede utilizarse en niños que funcionaban en los niveles de desarrollo desde el nacimiento a los 7 años de la edad. Este inventario puede ayudar a identificar los patrones de habilidades y debilidades de un niño en varias áreas.
Sequenced Inventory of Communication Development (Rev.ed.) (SICD-R) - Es un ordenado inventario del desarrollo de la comunicación y evalúa una variedad de habilidades tempranas de la comunicación, dando una amplia perspectiva de aspectos semánticos, sintácticos, y pragmáticos de un lenguaje receptivo y expresivo del niño.
Nonspeech Test - Diseñado de tal forma que nos permite observar, registrar y analizar todas los medios que usa un niño para comunicarse. Esta herramienta determina las habilidades de una persona al comunicarse, ya sea verbalmente o no. Ayuda a formular los objetivos de un IEP basados en las respuestas encontradas.
Expressive One-Word Picture Vocabulary Test (Rev.ed) - Este instrumento mide la habilidad del niño de nombrar verbalmente objetos y personas. El niño debe identificar, con palabras, un solo objeto o un grupo de objetos en base de un solo concepto.
The Assessing Semantic Skills through Everyday Themes - Es un examen de semántica expresiva y receptiva para niños en la edad preescolar y elemental. Esta construido alrededor de seis temas comunes, los cuales representan aspectos cotidianos que son importantes y familiares al niño. Los temas enfatizan un vocabulario significativo a las experiencias del niño.
Expressive One-word Picture Vocabulary Test (Rev.Zed.) - Este instrumento mide la habilidad del niño al rotular objetos y personas verbalmente. Es una prueba estandarizada que proporciona equivalentes en edad, resultados estándar, rangos en porcentajes y continuidad.
Receptive One-Word Picture Vocabulary Test (Rev. ed) - Proporciona información acerca de la habilidad del estudiante de entender lenguaje oral.
Clinical Evaluation of Language Fundamental-Preschool (CELF-P) - Una herramienta indispensable para identificar, diagnosticar, y hacer evaluaciones sobre el déficit de lenguaje en niños de edad preescolar, ya que evalúa el lenguaje receptivo/expresivo, incluyendo semántica, morfología, sintáxis y memoria auditiva.
ECO Scale Manual - Proporciona un modelo para evaluar las habilidades comunicativas e interacción entre los niños y sus cuidadores. Esta diseniado tanto para la programación, como para supervisar el progreso del estudiante.
Peabody Picture Vocabulary Test (Rev. Ed.) - Evalúa el vocabulario receptivo para inglés americano estándard y mide una "faceta" de la inteligencia general: el vocabulario.
Reynell Developmental Language Scales - Para niños de uno a 7 anios. Mide la comprension (receptiva) y expresiva del lenguage y es utilizado con niños que tienen demora en su lenguage. Generalmente es suministrado a los estudiantes al ingreso del programa, a los 12 meses de estar en éste y a los 24 meses despues.
Preschool Language Scale - Tiene dos sub-escalas y permite evaluar la comprension auditiva y la comunicacion expresiva y al comparar los resultados podemos determinar si las deficiencias son exclusivamente receptivas o expresivas en naturaleza o si en verdad reflejan una demora o trastorno comunicativo.
Bayley Scales of Infant Development (2nd ed.) - Diseniado para identificar a los niños que tengan una demora cognitiva o motriz y sugiere formas de intervención. Evalúa grado de control corporal, cordinación muscular, habilidades de manipulacion motríz, imitacion postural y calidad motriz.
Mullen Scales of Early Learning - Evalúa la habilidad cognitiva temprana y desarrollo motriz. Identifica patrones de aprendizaje desiguales y a los estudiantes que necesitan apoyo (visual y auditivo) debido a fallas en recepción o memoria e indica cuando el input deba ser reducido debido a bombardeo sensorial.
Early Copy Inventory - Es un intrumento de observacion que evalúa como un ninio copia los comportamientos que se usan diariamente. Diseñado para niños entre las edades de 4 y 36 meses o para ninios mayores que funciones dentro de este rango de desarrollo.
PRUEBAS DE INTELIGENCIA
---Pruebas de Inteligencia para diagnostico y evaluacion de ninios con autismo--(continua)---
(24) Weschler Preschool and Primary Scale of Intelligence (Rev. Ed) Muy frequentemente usado en ninios de 3 a 7 anios de edad.
(25) Weschler Intelligence Scale for Children (WISC-III) (3rd ed). Es un instrumento sumamente importante para evaluaciones psIcoeducacionales, diagnóstico, evaluaciones y programacion educativa. Se considera la mejor herramienta para medir la inteligencia.
(26) The Differential Ability Scales (DAS) Mide la habilidad cognitiva general y habilidades específicas en ninios y adolescentes. Da resultados fabulosos en niños autistas de "alto funcionamiento."
(27) Stanford-Binet Intelligence Scale (4th ed.) Usado en personas de 2 anios a adultos.
INSTRUMENTOS DE INTELIGENCIA NO VERBAL
(28) Columbia Mental Maturity Scale (3rd. ed) Evalua ninios que tienen problemas sensoriales o motrices o quienes tienen dificultad en hablar y en cierta forma hasta leer. El examen no consiste en habilidades de lectura y hace que el estudiante seleccione un dibujo que es diferente de los otros. Sin embargo, los niños con autismo tienen dificultad en responder al concepto que les pide "señalar la tarjeta que no pertenezca allií". El estudiante debera hacer discriminacion perceptual relacionada con el color, forma, tamaño, uso, número, partes que faltan y material simbólico. La escala proporciona una forma de medir la inteligencia del estudiante mediante el uso de estímulo no verbal .
(29) Merrill Palmer Scale of Mental Tests (MPSMT) - Usado en niños de un año seis meses hasta los seis años. Es un instrumento usado para evaluar las habilidades "visuo espaciales" y puede usarse con ninios con autismo en la intervención temprana, a los 12 meses de estar en el programa y luego a los 24 meses despues.
(30) Leiter International Performance Scale (LIPS) - Es una escala que evalua la inteligencia independientemente de la habilidad de lenguage en niños de 3 años y mayores. Debido a que la comunicacion se hace mediante gestos o pantomina, este examen es usado con niños que no hablan ingles, no leen o tienen problemas de audicion u otras discapacidades médicas. Proporciona actividades que centran atencion y permiten observar al enfoque del estudiante a resolver un problema y su reaccion emocional. Aun cuando el LIPS tiene un gran numero de limitaciones, se considera como un gran instrumento en el diagnóstico médico al examinar el lenguage de niños con discapacidades quienes no puedan ser evaluados usando el SBIS-IV, WISC-III o WPPSI-R.
(31) Test of Nonverbal Intelligence (TONI-II (2nd ed) Evalúa como el estudiante resuelve problemas y es usado con niños de 5 anios y mayores. Contiene 55 problemas que aumentan en complejidad y dificultad. El estudiante con autismo debe examinar las diferencias entre las figuras, identificar el problema y resolverlo en un orden selectivo de respuestas. El estudiante no tiene que leer, escribir, hablar o escuchar direcciones es por lo tanto el instrumento ideal para evaluar estudiantes con impedimentos de habla, lenguaje o audicion, estudiantes con danios cerebrales y aquellos que no hablen ingles.
Quedan algunos otros instrumentos para mencionar. Lo haré en otra ocasión.
AUTISMO - ADOLESCENCIA Y EDAD ADULTA - MANEJO DE COMPORTAMIENTOS PROBLEMATICOS. POR LA DRA. ANN HUNT.
Informe de una reunión celebrada en el Castle Priority College, del 2 al 4 de Septiembre de 1988, organizada por John Mortlock, Director de la Asociación de Autistas de Mid - Counties. En 1988, el Castle Priory College, escuela de formación de la Asociación de Espásticos, organizó dos cursillos de fin de semana dedicados a los problemas de los autistas. La primera de esas dos reuniones giró en torno a los niños y su resumen se publicó en el boletín nº 12 " Niños autistas - Cómo enseñar las técnicas básicas para la vida ". Ya en el primer cursillo se advirtió que existía un interés considerable a cerca de lo que ocurriría cuando esos niños se hicieran adultos - ¿ Se desvanecería milagrosamente el problema ? - ¿ Qué tipo de asistencia comunitaria necesitan los autistas adultos ? Para responder a todo ello, John Mortlock organizó la segunda reunión, que hemos reflejado en el presente boletín.
El Dr. Jack Bavin es el psiquiatra consultor de Stroud Court, institución de Gloucestershire en la que residen adultos con conductas autistas, que puede oscilar desde un trastorno profundo de la comunicación y otros problemas hasta la normalidad, pasando por dificultades de tipo intermedio. Resulta a menudo muy difícil comunicar con los autistas y la mayoría de las veces hay que estar adivinando en qué consiste la situación, ya que los autistas no pueden comunicar a los demás de qué se trata. La inteligencia de los autistas varía de forma similar a la de los no-autistas, pero como resulta sumamente arduo hacerle los tests psicológicos habituales a los autistas, es posible que muchos posean un C.I. superior al que arrojan los resultados de las pruebas. El autismo produce diferentes anomalías del comportamiento y por ello, los problemas de conducta de los autistas muestran diferencias individuales y distintas obsesiones o actitudes que reflejan toda una gama de experiencias o necesidades vitales. También cabe la posibilidad de que se sume al autismo una enfermedad mental. El autismo es: a) un problema de las relaciones b) un problema de la comunicación c) un problema de la rigidez de comportamiento
a) Relaciones.- Se ha comprobado en varios experimentos que incluso un recién nacido establecerá contacto visual con los "ojos" de una más cara. A menudo, la primera sensación de autismo que percibe una madre es cuando está alimentando a su hijo y el bebé no la mira a la cara como hacen otros niños. El bebé también perece incómodo ante los cariños de la madre. En una conducta natural de afecto, un bebé llora para pedir alimento, que la madre le aporta, por lo que ésta se con vierte en la representación del " consuelo " para el bebé. Pero un niño autista es indiferente a las manifestaciones de consuelo y puede ocurrir que parezca que rechaza a la madre; ésta es la experiencia más perturbadora para los padres de un niño autista. Si un niño no muestra interés por las interacciones ni relaciones, ni busca la compañía, copia conductas o busca la aprobación, puede ser muy difícil impartirle una enseñanza. Por mucho que lo intenten los padres, puede ser exasperante no obtener respuesta alguna, por lo que resulta sumamente comprensible si los padres dejan de intentar ayudarle. Los autistas adultos hacen, sin embargo, intentos muy débiles de entablar relaciones. Se da corrientemente la situación de que aparecen jóvenes asistentes sociales, con 19 años, que trabajan muy duro durante un año y luego, cuando el autista adulto comienza a desarrollar una relación, el asistente desaparece. Puede dar la impresión de un castigo por haberlo intentado, y surgir problemas de conducta durante un tiempo, con lo que puede resultar más difícil formar una relación con el próximo asistente. En las relaciones, la rigidez o la falta de flexibilidad también supone un problema. En el desarrollo normal aprendemos una regla y luego la modificamos - aprendemos a decir la verdad, pero luego aprendemos también a no decirle a la tía María lo gorda que está -. Los autistas adultos que son conscientes de la existencia de relaciones entre adultos pueden desear tener una amiga o amigo - pero parecen necesitar un código de reglas sobre tales relaciones - y luego, una vez aprendida la regla, la rigidez los invade y no pueden aplicar las reglas con flexibilidad, no se permite modificación alguna. La gente corriente aprende la mayoría de las cosas mediante el sistema de gratificaciones de las relaciones sociales, pero esas gratificaciones no están al alcance de los autistas y hay que encontrar otras gratificaciones que estimulen su aprendizaje. Los elogios son a menudo un refuerzo muy débil y algunas recompensas pueden ser muy insólitas, como en el caso de un niño al que se consiguió enseñar a controlar los esfínteres dejándole que soplara en un reloj de flor cada vez que lo lograba. A menudo jugar con agua o la música son refuerzos poderosos para las personas de conducta autista. Entre otras barreras que obstaculizan el aprendizaje figura cualquier comportamiento estereotipado preexistente en el niño, como estirar o enrollar una cuerda y la actitud de reserva autista que se produce ante cualquier intento de actividad de grupo. Por ello, cualquiera que cuide o enseñe a un autista no podrá basarse en las consecuencias fundamentales normales de que esa persona escuchará cualquier cosa, hará cualquier cosa, disfrutará con cualquier cosa o res ponderá a los elogios de la misma manera que lo hace la gente en general.
b) Comunicación.- Los seres humanos transmiten y reciben mensajes verbales y no verbales y absorbemos los mensajes no verbales casi de forma inconsciente. Alguien que sea profundamente autista carece a menudo de lenguaje o tiene muy pocas palabras, pero además no presta atención al comportamiento no verbal. Un autista puede desarrollar el lenguaje,es decir,las palabras, pero no usar las palabras para comunicarse. A veces aprenderán la palabra completa "plátano" pero luego no la volverán a utilizar nunca más. Incluso los afectos de un autismo moderado pueden usar la gramática de forma incorrecta " yo querer mi cena " y ser incapaces de aprender por imitación las reglas gramaticales correctas, igual que los niños corrientes y molientes aprenden el uso correcto. Otro problema común es la ecolalia ( repetir como un eco palabras o incluso frases enteras, bien inmediatamente o al cabo de un cierto tiempo). Los que están obsesionados con un tema, por ejemplo los coches Ford, pueden forzar la conversación para que gire en torno a ese tema. La conversación puede carecer también de espontaneidad y consistir sólo en respuestas a las preguntas. c) Rigidez.- Puede haber rigidez en los intereses (cuando la persona sólo está interesada en una actividad el día entero)o rigidez de conducta o lenguaje,o comportamiento errático, rutinas rígidas que hay que seguir o conducta negativa cuando la persona se niega a hacer lo que se le pide o sigue haciendo lo que uno no quiere que haga. Puede haber miedos exagerados, como el miedo a los perros que ladran fuerte, son imprevisibles e insisten en jugar contigo saltando encima tuya, coexistiendo con la falta de miedo a cosas que sí deberían suscitarlo, como son los camiones o ríos impetuosos. Puede haber usos anormales de los sentidos, evitar mirar a las personas u objetos, taparse los oídos para impedir que lleguen los sonidos, olisquear la comida, a la gente o la ropa. Pueden darse intereses obsesivos que hay que estar discutiendo siempre o actividades obsesivas como doblar la ropa o rehacer la cama o apegos extraños a ciertos objetos, como el jabón. En los autistas capacitados se da un sentido del humor de niño travieso, con risas en los momentos socialmente más inadecuados. A veces, los autistas parecen aprender sin practicar primero, pueden hacer cosas sin que parezca que han estado mirando y sin una fase previa de ensayo y error. Pero quizá estén mirando de reojo y practicando mentalmente antes de hacer un primer intento perfecto. E incluso los autistas más profundos tienen a veces una excelente memoria en los momentos más insospechados.
John Mortlock habló luego sobre la adolescencia de los autistas y sí re presentaba la entrada en la edad adulta. El autismo es un diagnóstico que se ha hecho fundamentalmente en niños. ¿ Era posible entonces ser un autista adulto ? Desde el punto de vista histórico, empezaba como un trastorno de la infancia, pero a medida que el niño crecía había que ir creando servicios para adultos. Desde el punto de vista diagnóstico, si la conducta no se había presentado antes de los 36 meses de edad, no era un autismo. ¿ Era posible diagnósticar el autismo en un adulto de 33 años que había pasado en un hospital para trastornos mentales la mayor parte de su vida ? En 1980, la Asociación Nacional de Niños Autistas cambió su nombre a Asociación Nacional de Autistas para otorgar reconocimiento a ese problema y estaba buscando en la actualidad instalaciones para adultos autistas. Nadie con más de 30 años va a tener el diagnóstico de autista en su historial, y es poco probable que se encuentre en nadie que tenga más de 25, pero el problema estaba ahí aunque en su momento no hubiera sido reconocido.
Para los niños normales la adolescencia representaba una época en que se producía un cambio en la conciencia social, un desarrollo del concepto de autoidentidad, una intensificación de la autonomía, un incremento de la comprensión intelectual y un despertar de la sexualidad del individuo. Sin embargo en un estudio americano de autistas post-adolescentes se halló que sólo un 10% llevaban una vida normal o casi normal en el seno de una familia y menos del 5% desempeñaban un trabajo que les permitía ganarse la vida. Así que para los autistas la adolescencia introducía también una transformación en las pautas de conducta que la sociedad esperaba de ellos y un gesto que era tolerado en un niño, era mal interpretado como una agresión en alguien de 1,80 mts.. El pensamiento en un adolescente normal, cambia para comprender conceptos abstractos, pero incluso los autistas de inteligencia normal seguían siendo incapaces de percibir la verdad general en que se basaba la regla aprendida.
Para tratar de averiguar qué es el autismo "puro", Elizabeth Newsom estudió al grupo de autistas más capacitados, aquellos que tenían una inteligencia normal, que en algunos casos habían ido a la universidad y desempeñado un empleo. Entre los 20 y 30 años, el problema más grave de los componentes de este grupo era la depresión clínica. La mayoría de ellos quería una pareja del sexo opuesto, ya que eran conscientes de que eso es lo que hacía la gente "normal", pero no sabían cómo arreglárselas, estaban siempre fuera de los grupos. Un joven le explicó a su madre la tristeza que sentía porque, cuando las chicas miraban a otros hombres, sus ojos decían " ven aquí ",pero cuando lo miraban a él, sus ojos decían "aléjate". Aunque maduros desde el punto de vista físico, la mayoría no era consciente de su sexualidad.
Por consiguiente durante la adolescencia, los aspectos positivos para los autistas consistían en una disminución de la hiperactividad, de forma que podían concentrarse mejor y aprender más; una reducción de los comportamientos autistas que les permitían tener intereses más amplios; y un aumento de su autocontrol. Sin embargo, seguían siendo incapaces de proyectar su personalidad, seguían siendo dependientes de los demás, no podían buscar su propia seguridad y la sociedad ya no aceptaba su conducta, desde el punto y hora en que eran adultos.
La independencia quizá sea sólo una ficción inventada por las personas amables que les rodeaban y aunque algunos se las arreglaban por sí mismos, era contando con el respaldo de sus padres. No eran lo suficientemente independientes para buscarse sus propios apoyos y de las 93 personas estudiadas por Elizabeth Newsom, sólo 4 eran capaces de identificar a un amigo. Para la mayoría de los autistas, de la adolescencia no sale nada que se parezca, ni de lejos, a una relación de adultos, pero es que además, los que se ocupan de ellos los mantienen en el papel de un niño. Sí, el personal los abrazaba como se abraza a un niño, les daba palmaditas, les alborotaba el pelo, ¿ Pero es así como se tratan unos a otros los adultos en el resto del mundo ? ¿ Cómo se puede adiestrar a cerca de los vínculos de una pareja en una situación de dependencia ? ¿ Serán los autistas unos seres aislados socialmente para toda la vida con una serie de cuidadores amistosos ?. ______________________________________________________________ La Sra. Dinah Moss, secretaria de la Asociación de Autistas de Mid Counties, habló de la familia autista. Los niños autistas nacían en familias con pautas normales de vida familiar, con padres de personalidades muy diferentes. Si se trata del primer hijo, unos padres sin experiencia, quizá no reconozcan la falta de contacto visual y tardarán mucho en conseguir que se tomen en serio sus preocupaciones y se formule un diagnóstico. Muchas veces es un alivio saber lo que pasa, tras haberse sentido incompetente en relación con la forma en que estabas tratando a tu hijo, tras haber afrontado las críticas de amigos y profesionales, en el sentido de que eras incapaz de controlar a un niño mimado. Pero cuanto antes se llegue a un diagnóstico, antes podrán los padres hacer frente a la vida de ahí en adelante y desechar unas esperanzas poco acordes con la realidad. Hoy en día hay mucho más personal sanitario interesado por el problema y se puede obtener un asesoramiento más amplio sobre guarderías infantiles y subvenciones. Pero todavía puede ser un problema encontrar un puesto escolar adecuado, las escuelas nunca parecen ser las más idóneas. Incluso en las escuelas para niños con dificultades especiales de aprendizaje, el niño puede ser tan retraído que no recibirá la atención suficiente o tan turbulento que hay que sacarlo de allí. Si el niño cuenta con un cuidado especial, los otros padres pueden estar celosos y los maestros resentidos, no vaya a ser que se piensen que no son capaces de abordar la situación. Quizá el niño no atienda demasiado al cuidador y éste, entonces, se convertirá en un cuidador general de la clase. La mayoría de los padres quisieran que sus hijos estuvieran en un aula especial para niños autistas dentro de la escuela. Se oponen a la idea de un internado por varias razones. No desean dar la impresión de que están rechazando al niño; podría parecer que están dándose por vencidos, cuando ellos mismos ya se están considerando incapaces; están absolutamente convencidos de que el lugar del niño está en su casa, ya que son las únicas personas que pueden comprenderlo; sienten que un traslado puede perturbarlo. Los que visiten el hogar de un niño autista se quedarán sorprendidos de las rejas altas, los cerrojos y candados de puertas y armarios, la falta de adornos, las persianas en vez de cortinas, la falta de libros y revistas visibles, el empapelado de las paredes roto, los suelos sin alfombras, pero esteras tapando las tuberías, el jabón y el papel del retrete guardado fuera del alcance. Todo ello requiere disciplina por parte de los demás miembros de la familia y los demás niños aprenden a no dejar rodando sus juguetes. Las madres pueden estar con los nervios a flor de piel, pues necesitan saber constantemente dónde está su niño. Los mandos de la lavadora están sujetos con cinta aislante, los interruptores de la pared colgando y las ventanas rotas. Es una ayuda contar con vecinos comprensivos que quizá se lleven a sus otros hijos de excursión. También ayuda disponer de dinero para un coche y mejor aún para dos y sustituir constantemente la ropa destrozada. Las vacaciones son una época difícil para los demás miembros de la familia y, quizá necesiten salir de casa en vacaciones prolongadas cuando el niño autista haya vuelto a la escuela. La hora del baño ( vigilada ) puede ser un buen momento, pero a menudo el padre vuelve del trabajo y se encuentra una escena de alta tensión. Siempre viene bien alguien que eche una mano, pero puede haber desacuerdos a cerca de cómo dirigir la cosa. Los hermanos de los autistas pueden tener problemas precoces de aprendizaje, ya que los padres disponen de poco tiempo para ayudarlos. La expedición más sencilla tiene que ser planificada como una maniobra militar, y también la ruta elegida y el horario programado pues no se tolerará pasar demasiado tiempo en el coche. Por ello, la familia se divide a la hora de las salidas y uno de los padres se queda con el niño autista y el otro se lleva al resto de los niños. El niño autista rige la vida familiar, las familias aprenden a seguir unas reglas para evitar explosiones y pueden perder la espontaneidad y flexibilidad de la vida normal.
Los padres están cansados por la falta de sueño, es difícil encontrar can guros y resulta más cómodo quedarse en casa. Los problemas pueden afectar a la carrera profesional del padre y puede incluso abandonar su trabajo para ayudar en la casa. Pocas madres intentan trabajar fuera. La falta de respuesta del niño se convierte en una losa emocional y los pa dres han de controlar sus sentimientos negativos para evitar un estrés excesivo de la familia. No queda tiempo, por supuesto, para pensar en programas de conducta ,pero pueden aferrarse a la última terapia, ya sea la de tener al niño todo el día abrazado o la de controlar la dieta que toma.Los padres pueden desarrollar mecanismos de defensa y mostrarse poco realistas a cerca de las limitaciones y capacidad de comprensión del niño. Pueden ponerse a buscar causas, a buscar un culpable, ellos mismos, la escuela, las circunstancias familiares. Pueden no aceptar la asistencia externa, si ésta existe, por pensar que nadie puede cuidar a su hijo. Si el matrimonio se rompe, se refuerzan todos esos sentimientos negativos y les cuesta aún más trabajo liberarse de ellos. Pero los padres que aceptan la asistencia a sus hijos, muy pronto perciben que hay otras personas capacitadas para cuidar de esos niños tan bien como ellos y pronto aprenden a apreciar el resto de las ayudas. ______________________________________________________________ John Mortlock dio una segunda charla sobre "¿ qué es un comportamiento perturbador ?". Una conducta problemática es algo que es definido por los demás, es un desafío para el personal o para los padres. Es poco probable que sea debida a una lucha por el poder entre el personal y los internos, ya que los autistas no están capacitados para percibir la realidad que les rodea.Podría deberse a una falta de técnica de comunicación o a la decepción o frustración porque no se reconoce una necesidad. Resulta comprensible que el personal se sienta inseguro o en peligro personal- ¿ Tienen que preveer que van a ser mordidos como parte de su trabajo ? Las batallas militares del pasado en las que los soldados avanzaban a un paso cadencioso al son del tambor, formando una estrecha fila roja, han sido sustituidas por soldados aprendiendo a dar rodeos y esquivar. El personal ha de cambiar sus técnicas al enfrentarse con la conducta problemática de los autistas. Tiene que aprender a soslayar el escollo, a alejase y volver de nuevo. Una dirección inflexible: " Uds. tienen que, nosotros siempre hemos ...", programas inflexibles a una conducta fluctuante y rutinas inflexibles que provocan sus propios problemas. Por desgracia el significado de lo que es conducta problemática está cambiando, se están abriendo servicios para los que tenían esos "problemas". La cosa empezó como una manera de describir el comportamiento real, a fin de poder ayudar pero ahora se ha convertido en otra etiqueta más como el sarampión. Jonh Clementes, asesor de Psicología, habló de cómo manejar ese comportamiento problemático. ¿ Debería considerarse una enfermedad extraña o como un acto guerrillero o como una conducta aprendida para influir en el mundo que les rodea más eficazmente por parte de aquellos que tienen dificultades para controlar su entorno ?. El desafío reside tanto en la respuesta práctica - ¿ qué hacemos ? - como en la carga emocional de la tarea. Con el comportamiento se logran resultados personales. Lo que sucede inmediatamen- te después de un comportamiento puede aumentar o reducir la probabilidad de que ese comportamiento se repita. Una conducta problemática puede ser fruto de necesidades sociales o de comunicación,- mírame, juega conmigo, déjame en paz, ayúdame; de necesidades materiales, - dámelo; o de necesidades sensoriales de estimulación, - eso parece / huele / sabe bien - o tener una función de alivio. La mayoría de los resultados son cosas razonables que otras personas logran a través de una comunicación normal. Puede haber " gatillos " que siempre ponen en marcha la misma conducta y entre los gatillos de alto riesgo están las peticiones directas, el negarse a una petición, los cambios súbitos, el no prestar atención, un excesivo acercamiento social, la interrupción, el fracaso en una tarea, o ser de carácter más personal, como objetos o personas concretas. Hay también " circunstancias predisponentes " en las que aumenta la probabilidad de que se aprenda una conducta problemática. Algunos ambientes reúnen más condiciones para influir en los motivos que impulsan a una persona a dar rienda suelta a un comportamiento problemático. Esas " circunstancias predisponentes" son la disarmonía ambiental, o entornos con demandas excesivas, así como ambientes que están desorganizados o son imprevisibles. Los efectos disarmónicos son más fáciles de reconocer en familias, pero no son tan evidentes en otros marcos. A los autistas, las situaciones con un nivel alto de demandas les resultan difíciles de manejar - o bien se retraen o bien intentan contraatacar -. Si el ambiente está desorganizado, a los autistas les cuesta trabajo mantener el contacto con la realidad. Además, los autistas padecen discapacidades sociales, una falta de comprensión social, una carencia de habilidades sociales, una ausencia de competencias de comunicación y están desprovistos de la capacidad de autoentretenerse. Puede existir también una falta de impulso o de autocontrol y situaciones emocionales de carácter personal pueden agravar el problema, como por ejemplo, la volatilidad emocional, la ansiedad o la depresión. El primer paso para un profesional consiste en asumir el problema del comportamiento conflictivo como parte de su tarea.Decir, hablando de un autista: " He venido aquí a enseñar..." o " He venido aquí a cuidar..." sólo significa en realidad:" No estamos haciendo frente a este problema ...". Tiene que haber unas pautas establecidas para el personal, de forma que el " tratamiento " no se les escape de las manos y no debe esperarse que el personal restrinja el comportamiento de una persona si no es recomendable que lo haga. El objetivo de modificar una conducta consiste en colaborar con el in dividuo de forma que disminuyan los comportamientos problemáticos y aumenten los comportamientos alternativos, de tipo positivo. La primera medida estriba en definir cuidadosamente los comportamientos problemá ticos y evaluar la situación tras un período de observación. Para intensificar los comportamientos alternativos, hay que conocer los puntos fuertes de la persona, las capacidades que posee para lograr el mismo fin. Hay que conocer el ambiente, el lugar, la gente y el momento en que se produce el comportamiento; qué es lo que dispara el comportamiento; la respuesta, qué es lo que motiva a la persona, qué es lo que la hace continuar o parar. También hay que conocer las conductas que hay que disminuir, las nuevas competencias que hay que aprender y las aptitudes presentes que deben potenciarse. Entonces hay que intentar aumentar las posibilidades de actividades alternativas y reducir los tiempos " muertos ". Así mejora la estructura y previsibilidad del día, se desarrolla la respuesta del personal y se intentan desactivar los sentimientos de hostilidad de los miembros del personal. Respecto del currículo de éstos, hay que hacer hincapié en lo positivo y no centrarse en las competencias de que carezcan, sino en incrementar las aptitudes sociales pertinentes de que disponen y en fomentar el conocimiento de otras nuevas que puedan serle útiles. Es menester abordar también los problemas de la situación emocional de cada persona, impartirles cursos de relajación o prescribir medicación antidepresiva. Los " gatillos " son esas situaciones que constituyen una señal para el autista de que, a fin de rehuir o evitar la situación indeseada, han de mostrar el comportamiento problemático. Si a la gente se le enseñan los dientes, la mayoría se retrae. Hay que eliminar los gatillos a corto plazo y sustituirlos por otras interacciones, menos cargadas de tensión, como hablar largamente con la persona a cerca de la situación, antes de que ésta se dé. Se introducen entonces otros gatillos que desencadenen un comportamiento alternativo y positivo. También hay que trabajar con la respuesta a la conducta, los factores de motivación, a fin de incrementar las recompensas positivas a las conductas positivas y disminuir las respuestas negativas, pero las recompensas positivas tienen que tener un alto poder gratificante. Por desgracia, hay que esperar un aumento de las conductas negativas antes de que empiecen a reducirse, pues el autista intenta por todos los medios desafiar - y hay que prevenir a los demás para que sepan a qué atenerse y no tirar la toalla demasiado pronto. Es preciso desincentivar activamente la conducta negativa lo que puede hacerse de muchas formas, desde la respuesta social de una mirada furiosa hasta procedimientos más complejos como " segundos fuera ". Pero sobre todo, para poder ayudar, hay que fijarse unos objetivos realistas, establecer las prioridades y comenzar la tarea con una disposición positiva. Es menester controlar el progreso - ¿ Se está observando el comportamiento con menor, con mayor frecuencia o no hay cambio alguno ? Por último, debe evaluarse la situación pasado cierto tiempo para ver lo que se ha logrado.
Entre los factores que impiden una reducción del comportamiento conflictivo están la falta de continuidad entre todos los que trabajan en el problema, la falta de compromiso si se considera una solución impuesta por alguien como un psicólogo de fuera y la falta de apoyo al personal por parte de la dirección. Cuando uno trabaja con conductas conflictivas y le parece a uno que no está llegando a ninguna parte, la experiencia puede ser muy desmotivadora y el personal perderá la confianza si no cuenta con apoyo exterior. ______________________________________________________________ El último orador fue Bob Lowndes que se ocupa de una residencia para autistas adultos dirigida por la Asociación Autista de Devon y Cornwall y habló de las funciones del personal. Los seres humanos requieren una cierta cantidad de estrés en sus vidas para mantenerse motivados, pero demasiado estrés les provoca enfermedades como la artritis reumatoide o trastornos cardíacos. Para los miembros del personal, la falta de una dirección clara es a menudo la fuente principal de estrés. Si no se sienten capaces de comunicarse con los internos y si uno, aunque sea, de los pacientes tiene un lenguaje no-verbal como el makatón, el personal tiene el deber de aprender ese lenguaje. Es posible construir relaciones, incluso con internos no-comunicantes, pero los programas a veces causan problemas a la hora de aplicarlos y los programas de ocupación del tiempo libre son mucho más difíciles que los programas de capacitación en técnicas de autoasistencia. ¿ Debe insistir el personal en que un paciente intente algo, al menos una vez sea cual fuere su resistencia ?. La disparidad de criterios entre los miembros del personal pueden provocar conflictos en cualquier situación que requiera evaluar y elegir. El personal tiene que saber qué funciones son las del centro y cuáles las de los internos. ¿ Deben preocuparse por problemas secundarios de conducta ? ¿ Deben jugar a ser Dios si un interno se niega, por ejemplo, a ser bañado ? ¿ Cuánto tiempo deben dejar tranquilo a un paciente que se niegue a comer ? ¿ Qué está tratando de lograr el interno con un comportamiento manipulador y conflictivo ? ¿ Ha intensificado el personal este comportamiento por la falta de un trato coherente ? El objetivo de una dirección práctica debe consistir en facilitar un ambiente emocionalmente seguro para los residentes, de forma que se pueda desarrollar una labor constructiva a largo plazo.
El criterio de diagnóstico para niños autistas se basa en una serie de comportamientos excesivos y otros comportamientos deficientes que tienen raíz neurológica.
Cuando se evalúa un niño, es importante que cada conducta sea considerada individualmente. Aunque una conducta parezca muy extraña, no nos puede llevar al criterio de si el niño es autista o no, no importa que tan severa sea la conducta, ya que es necesario evaluar una serie de conductas o comportamientos.
Comportamientos excesivos
Agresividad Daños a si mismo, agresión hacia otros y a cosas, pataletas y berrinches.
Auto Estimulación Cuerpo, objetos, obsesiones, rituales.
Incumplimiento Constante, intermitente, pasivo.
Hiperactividad Incansable, sin freno, etc.
Comportamientos deficientes
Comunicación Mudo, ecolálico, incomprensible.
Social Rechazo, tolerante, torpe.
Juego Auto estímulo, jugador repetitivo, campo de interés reducido.
Visualización No mira a los ojos, mira a través, errático.
Auditivo No responde, hipersensitivo, selectivo.
Comportamientos como "pataletas", agresión y desobediencia, se identifican como trastornos. Otros comportamientos son de carácter pasivo por naturaleza, tales como, falta de atención, no participación, aislamiento, estos trastornos interfieren en el desarrollo del niño. Cualquier comportamiento que se interponga en el proceso de aprendizaje, debe considerarse como una alteración.
Investigaciones intensivas han demostrado que los niños autistas no aprenden en la misma forma que los otros niños. Ellos aparentemente tienen dificultades para entender comunicación verbal y no verbal, se confunden con la información sensorial y tienden a aislarse del mundo que los rodea. Sin embargo pueden aprender mucho con instrucciones apropiadas.
El tratamiento conocido como ABA (Análisis Aplicado de Comportamientos) además de tratar problemas sobre conducta, ha sido experimentado durante las últimas cuatro décadas en el desarrollo de currículums para enseñar a niños autistas cómo usar las herramientas necesarias para llevar una vida más completa, con amigos, familia y participando funcionalmente en la sociedad. Varios estudios han demostrado dramáticos resultados en una gran mayoría de niños, exitosa integración en escuelas regulares para otros y completa funcionalidad para algunos.
El diagnóstico temprano es crítico, la edad optima para comenzar intervención intensiva del comportamiento es antes de los 5 años de edad y los mayores éxitos han sido logrados con niños que principiaron entre los dos y tres años. Esto es motivado, tal vez, por el hecho que un cerebro en desarrollo en esta edad es más flexible; una intensa, repetitiva y activa interacción tal vez influyen en los circuitos neurales, corrigiéndolos antes de que correlaciones neurobiológicas del comportamiento autista se conviertan en algo relativamente permanente.
Mientras que es cierto que el mejor momento para comenzar a trabajar con niños es a una edad muy temprana, los niños de más edad pueden beneficiarse también de un tratamiento intensivo.
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Cuando al bebé no le gusta que lo abracen o que lo miren a los ojos, o cuando no responde al cariño o al ser tocado, los padres tienen razón para preocuparse. Esta falta de receptividad puede estar acompañada de una incapacidad para comunicarse con otros y de establecer relaciones sociales en cualquier situación. Muchos niños autistas no demuestran preferencia por sus padres sobre otros adultos y no pueden desarrollar una amistad con otros niños. Las destrezas de lenguaje, tanto como las expresiones faciales y gestos no las usan de manera comunicativa. Cuando un niño presenta estos síntomas, los psiquiatras de niños y adolescentes pueden considerar el diagnóstico de "autismo infantil."
El niño autista no se relaciona de manera normal con los objetos. Puede responder de manera extrema y fuera de lo corriente hacia cualquier objeto, sea evitandolo por completo u obsesionandose con él. Por ejemplo, si alguien mueve su cama de un lado de la habitación al otro, el niño autista puede ponerse a gritar histéricamente. Si un objeto se mueve, tal como un ventilador, el niño se fascina, y también puede tenerle un gran apego a objetos extraños, tales como un papel, una gomita elástica o un ladrillo.
Otra característica del autismo es la tendencia a llevar a cabo actividades de poco alcance de manera repetitiva. El niño autista puede dar vueltas como un trompo, llevar a cabo movimientos rítmicos con su cuerpo tal como aletear con sus brazos. Los autistas con alto nivel funcional pueden repetir los comerciales de la televisión o llevar a cabo rituales complejos al acostarse a dormir.
Los padres que sospechan que su niño puede ser autista, deben consultar con su médico de familia o pedriata para que los refiera a un psiquiatra de niños y adolescentes, quien puede diagnosticar con certeza el autismo, su nivel de severidad y determinar las medidas educacionales apropiadas. El autismo es una enfermedad y los niños autistas puede tener una incapacidad seria para toda la vida. Sin embargo, con el tratamiento y adiestramiento adecuado, algunos niños autistas pueden desarrollar ciertos aspectos de independencia en sus vidas. Los padres deben de alentar a sus niños autistas para que desarrollen esas destrezas que hacen uso de sus puntos fuertes de manera que se sientan bien consigo mismos.
El psiquiatra de niños y adolescentes, además de tratar al niño, puede ayudar a la familia a resolver el estrés; por ejemplo, puede ayudar a los hermanitos, que se sienten ignorados por el cuidado que requiere el niño autista, o que se sienten abochornados si traen a sus amiguitos a la casa. El psiquiatra de niños y adolescentes puede ayudar a los padres a resolver los problemas emocionales que surgen como resultado de vivir con un niño autista y orientarlos de manera que puedan crear un ambiente favorable para el desarrollo y la enseñanza del niño.
La American Academy of Child and Adolescent Psychiatry (AACAP) representa a sobre 6,500 psiquiatras de niños y adolescentes (psiquiatras infantiles) quienes son médicos con por lo menos cinco años de entrenamiento adicional en psiquiatría general (de adultos) y psiquiatría de niños y adolescentes (psiquiatría infantil) luego de terminar su grado de medicina.
Información para la Familia se desarrolla y distribuye por la American Academy of Child and Adolescent Psychiatry (AACAP). Las hojas de Información pueden ser reproducidas para uso personal o educativo sin necesidad de una autorización escrita previa, pero no pueden incluirse en material que sea para la venta. Para ordenar la serie completa de las hojas de Información, comuniquese con Public Information, 1.800.333.7636.
La distribución gratuíta de las hojas de Información es un servicio público de la AACAP Special Friends of Children Fund. Favor de hacer su donativo deducible de impuestos al AACAP Special Friends of Children Fund y apoyar este programa para su diseminación pública (AACAP, Special Friends of Children Fund, P.O. Box 96106, Washington, D.C. 20090). No.2 (Revisado 4/98)
La idea de que los rasgos autistas pueden situarse en un conjunto de continuos que se alteran, no sólo en personas autistas, sino también en otras cuyo desarrollo está afectado por diferentes causas, tuvo su origen en un estudio de Lorna Wing y Judith Gould (1979).
Estas investigadoras hallaron que en niños con déficit sensorial severo y no sólo autistas, concurrían los síntomas principales del espectro autista :
Trastornos de la relación.
Trastornos de las capacidades de ficción y juego.
Trastorno de las capacidades lingüísticas y de la comunicación.
Trastorno de la flexibilidad mental y comportamental y de la anticipación.
Nuestras vivencias ante una persona afectada de autismo tomadas como respuestas especulares de las respuestas que nosotros producimos en ella, nos ayudan a definir a la persona autista como aquella persona para la cual :
Las otras personas resultan opacas e impredecibles.
Vive como ausentes mentalmente a las otras personas presentes.
Se siente incompetente para : predecir, regular y controlar su conducta por medio de la comunicación.
Un accidente genético, metabólico, infeccioso o de cualquier otro tipo, le prohibe el acceso intersubjetivo al mundo interno de los otros : los otros y él mismo son como puertas cerradas.
2. Planteamiento.-
Considerar el autismo como un conjunto de continuos que se alteran, ayuda a comprender que, a pesar de las diferencias existentes entre las personas autistas, todas ellas presentan alteraciones en una serie de dimensiones cuya alteración siempre se produce en los trastornos profundos del desarrollo.
En las personas autistas el proceso de reelaboración de las capacidades de atención conjunta, que tiene lugar entre los nueve y dieciocho meses de vida, se ve impedido, condicionando la incorporación de funciones críticas (básicas) para su desarrollo humano posterior, como :
Compartir comunicativamente la experiencia.
Desarrollar sistemas simbólicos.
Crear ficciones que le permitan comprender pautas sociales y aspectos funcionales de los objetos y las situaciones.
Desarrollar un sistema de conceptos y expresiones para comprender la experiencia y predecir conductas.
Comprender la experiencia y organizarla de forma narrativa.
2.1. Características y Sintomatología:
Los síntomas específicos dependen de los siguientes factores :
Asociación o no a retraso mental.
Gravedad del trastorno.
Momento evolutivo.
Sexo.
Adecuación y eficacia del tratamiento y de las experiencias de aprendizaje.
Compromiso y apoyo familiar.
Sobre la base de la aparición e intervención de tales factores, podrán derivarse las siguientes consecuencias:
Con independencia del nivel intelectual que esté presente, un componente o factor de gravedad condicionará el efecto del tratamiento.
Es necesario clarificar que el autismo altera, modifica y limita funciones necesarias para que se produzca el desarrollo.
El trastorno acompaña al individuo a lo largo de toda su vida.
Es imprescindible un tratamiento paciente y continuado como única alternativa, en la actualidad.
Sus efectos más negativos pueden limitarse: haciendomás significativo el mundopara ellos, y ampliando sus posibilidades de comunicación, autonomía y realización personal.
Si la adecuación del tratamiento y el grado de compromiso familiar condicionan el grado, tipo y expresión del cuadro, hay sin embargo componentes que condicionan y modulan la eficacia de los procedimientos educativos de intervención: estos dependerán de modo fundamental del nivel intrínseco de disfunción neurobiológica, emocional y cognitiva.
Hoy no se discute la hipótesis de que el origen del autismo reside en sucesos de naturaleza biológica que alteran o regulan inadecuadamente el desarrollo.
Aunque hoy no se cuenta con formas de intervención sobre el medio interno que permitan curar el autismo, sí podemos complementar la intervención educativa con procedimientos farmacológicos, dietéticos y quirúrgicos que “alivian” los síntomas y/ó facilitan un mejor aprovechamiento de las condiciones externas más adecuadas para el desarrollo.
2.2. Curso / Evolución:
Según criterios diagnósticos actuales, el autismo tiene un curso evolutivo típico que sigue, aproximadamente, la siguiente secuencia:
Desarrollo aparentemente normal durante los primeros nueve meses de vida.
Manifestación de carencias evolutivas que afectan a las capacidades comunicativas. Fase Precrítica en la que los síntomas iniciales pasan generalmente desapercibidos, entre los nueve y los dieciocho meses.
Despliegue de una distorsión cuantitativa/cualitativa del biotipo estándar entre los dieciocho y los sesenta meses de vida. Fase Crítica en la que los padres observan :
Falta de respuestas a las llamadas y al lenguaje.
Impresión de “desconectada soledad”.
Pérdida o falta de desarrollo del lenguaje expresivo.
Trastornos emocionales como: miedos inexplicables e intensos, frecuentes muestras de irritación y malestar.
Trastornos del sueño: insomnio.
La presencia de este patrón proporciona pistas para comprender los procesos evolutivos que se alteran, entre los que destacaríamos los siguientes:
El lenguaje o la capacidad para construir estructuras simbólicas complejas con objeto de compartir estados mentales o modificar situaciones a través de las personas.
La capacidad de comprender el mundo mental de los otros aunque no coincida con el suyo propio o Teoría de la Mente.
La capacidad de alejarse de realidades adaptativas inmediatas definiendo mundos de ficción.
La capacidad de manejar pautas de interacción cooperativa y competitiva.
La capacidad de elaborar de forma simbólica su capacidad de autoconciencia.
Conciencia reflexiva que implica contacto social con uno mismo.
Penetrar en el mundo humano y hacerse partícipe activo de la vida social.
Las personas con autismo, no pueden desarrollar esas capacidades en un periodo crítico de su desarrollo en el que se producen condiciones neurobiológicas especiales que le habrían de hacer posible :
Compartir comunicativamente la experiencia.
Desarrollar competencias de simbolización.
Organizar significativamente la realidad.
2.3. Dimensiones:
Por razones que se relacionan con anomalías en el desarrollo cerebral y del Sistema Nervioso Central, las personas autistas no tienen acceso a esas condiciones, o éstas se producen de forma anómala. Como consecuencia, El Trastorno implica siempre la alteración de doce aspectos del desarrollo. Estos aspectos, a los que denominaremos Dimensiones, son :
1. Trastorno de la Relación Social : incapacidad o dificultad para relacionarse con iguales.
2. Trastorno de la Referencia Conjunta : dificultad para compartir focos de interés, acción o preocupación con las otras personas.
De considerar al otro como un sujeto con un mundo interno que puede ser compartido.
3. Trastorno Intersubjetivo (“Mentalista”) : dificultad para comprender que las personas tienen representaciones mentales. Dificultad para codificar emociones, relacionarse intersubjetívamente con las personas y responder de forma empática a sus vivencias. Mirar alternativamente al otro y al objeto ; mirar al otro para saber como debe interpretarse una situación ; mirar interrogativamente ante una situación que plantea interrogantes ; señalar al otro algo interesante par compartir su experiencia sobre ellas. Distintas manifestaciones de intersubjetividad, considerando al otro como sujeto.
4. Trastorno de las Funciones Comunicativas : dificultad para desarrollar conductas de relación intencionada, realizadas mediante signos sobre algo y no por medios instrumentales como los que se realizan con objetos. Son conductas que cumplen dos funciones : cambiar el mundo físico o conseguir algo de él, cambiar el mundo mental del compañero de interacción compartiendo con él una experiencia interna.
5. Trastorno de la Capacidad del Lenguaje Expresivo : Tienden a desarrollar un lenguaje poco funcional y espontáneo con alteraciones peculiares : ecolalia, inversión de deícticos, literalidad extrema de los enunciados y las formas de comprensión, laconismo, presencia masiva de formas imperativas, ausencia o limitación de las declarativas, verbalizaciones semánticamente vacías, irrelevantes y poco adaptadas, limitación en las competencias de conversación y discurso.
6. Trastornos del Lenguaje Receptivo : dificultad para ir más allá del sentido literal de los símbolos.
7. Trastornos de la Anticipación : Dificultades en la formación o uso de esquemas de acción.
Presentan una exigencia ansiosa de preservación de un mundo sin cambios o fascinación por lo invariable. Las limitaciones de las competencias anticipatorias se corresponden a alteraciones del desarrollo cerebral. Los lóbulos prefontales del córtex implican funciones subordinadas de anticipación, memoria provisional y supresión de las influencias que interfieren con la formación de estructuras de conducta.
8. Trastornos de la Flexibilidad : Aparición de patrones que se ligan a una compulsión hacia la forma de una conducta, espacio, recorrido, movimiento, contenido mental, con exclusión de los procesos mentales que se guían por los contenidos o significados.
9. Trastornos del Sentido de la Actividad : dificultad para dejar en suspenso las acciones sobre el mundo y crear significantes. Muy graves dificultades para dar sentido a la propia acción: El “oposicionismo”, el aburrimiento y la desmotivación suelen ser consecuencias de la ausencia de sentido de las situaciones y de las acciones que se suscitan a su alrededor.
10. Trastornos de la Ficción : dificultad para atribuir de forma imaginativa propiedades a los objetos y situaciones.
11. Trastornos de las Capacidades de Imitación : dificultad para guiarse por modelos personales internos.
12. Trastornos de la Suspensión: dificultad para dejar en suspenso “pre-acciones” creando gestos comunicativos (pedir o mostrar), acciones instrumentales, para crear símbolos capaces de representar objetos o situaciones no presentes y que son la base del juego funcional y situaciones que le permitan crear juego de ficción, para comprender que las representaciones pueden dejarse en suspenso así como que las creencias de las personas, pueden no corresponderse con situaciones concretas.
Intervención Educativa: Breve Esquema.-
Como ya quedó enunciado, se acepta que el autismo suele asociarse a un tipo de deficiencia mental que afecta a las capacidades de simbolización, abstracción y de lenguaje, que aparece antes de los treinta meses. Sin embargo, el concepto de autismo sigue siendo ambiguo, sólo tiene el sentido de un rótulo clasificatorio que no indica la etiología probable de las alteraciones de conducta ni tiene implicaciones pronósticas o terapéuticas claras y se aplica a una población heterogénea.
Hoy se admite universalmente que el autismo suele estar asociado a deficiencia mental. En el caso de muchos niños autistas, se dan niveles evolutivos muy bajos o disarmónicos junto con una fisonomía inteligente. Este hecho puede ser muy equívoco para el educador que, si no parte de una determinación cuidadosa de los niveles evolutivos del niño, planteará objetivos excesivamente alejados de sus posibilidades reales.
Sin embargo, la evaluación de niveles de desarrollo y aplicación de pruebas psicométricas puede resultar extremadamente difícil en niños con dificultades muy severas de lenguaje y comunicación. A pesar de ello, el empleo de escalas de desarrollo y sistemas de evaluación, puede ser más importante en los niños autistas precisamente por las “claves equívocas” que proporcionan al observador (como la apariencia inteligente, falta de estigmas físicos evidentes y, en muchos casos, “habilidades especiales” ) y pueden confundir fácilmente al educador en un primer momento.
Tras la adecuada e imprescindible evaluación, coordinada e interdisciplinar, se impone el establecimiento de una estrategia conjunta que contemplará una intervención en los siguientes ámbitos:
Medio (“Mundo”) Interno: con las adaptaciones en dietética, farmacología, etc., que estén indicadas en cada caso.
Tratamiento Educativo.
Intervención / Apoyo Familiar
Nos centraremos aquí en el contexto de la intervención educativa, por ser el ámbito central en el que desarrollamos nuestra labor profesional. A continuación, un esquema que caracterizará tal intervención.
El tratamiento es un intento por desarrollar las funciones afectadas(con intervención en las áreas y dimensiones alteradas) disminuyendo las anomalías emocionales y/o de conducta de que puedan acompañarse.Aunque no puedan constituirlas, las personas autistas pueden desarrollar aspectos de las citadas funciones a través de procesos de enseñanza explícita, considerándose los siguientes requisitos :
Ambiente estructurado y anticipable.
Procedimientos de anticipación ante los cambios.
Sistemas de regulación y control de la conducta.
Sistemas de signos y de lenguaje.
Experiencias positivas y lúdicas de relación interpersonal.
Experiencias de aprendizaje explícito de funciones.
Aprendizaje sin error.
Contextos objetivos muy individualizados.
Tratamiento responsable del medio interno.
Formas alternativas de Comprender.
Actividades con sentido.
Negociación de la flexibilidad.
Así, el proceso de enseñanza y aprendizaje debe contemplar las siguientes especificaciones :
Considerar el autismo como Trastorno Generalizado del Desarrollo (T.G.D.)
Acentuar los Objetivos Funcionales y la necesidad de intervenir en Contextos Naturales de relación.
Deben ser Procesos Evolutivos y definir de forma precisa los requisitos previos a nivel del desarrollo y los aspectos funcionales de las conductas a tratar.
Centrarse en crear y potenciar Habilidades Adaptadas y Alternativas.
Proporcionar Ambientes Estructurados Simples que le faciliten la comprensión de las relaciones contingentes del medio.
Adecuar las condiciones estimulares a la necesidad de centrar la atención en los aspectos relevantes de las tareas.
Dar las consignas, instrucciones y señales, después de asegurar la atención, siendo aquellas: claras, simples, consistentes y adecuadas a las tareas.
¿Acaban ustedes de recibir el diagnóstico de autismo para su hijo?, si es así, lo más probable es que se encuentren "bloqueados", confundidos y tal vez muy asustados.
Antes que nada, deben saber que NO ESTÁN SOLOS!!!!
Al escuchar el diagnóstico, aun cuando aveces uno lo presienta, la mente es un torbellino de ideas y una mezcla de sentimientos como dolor, negación de la situación, impotencia y un terrible temor al futuro que se hace presente como nunca antes. Son los primeros momentos, los más difíciles; cuando parece que estamos en una calle sin salida y el porvenir se ve oscuro...sin embargo... ¡hay luz en el camino!
Tal vez no lo comprendamos en un primer instante, pero hemos sido llamados a conocer un mundo diferente, no necesariamente mejor o peor, sólo diferente, con un camino angosto y pedregoso que nos lleva a conocer verdaderamente que el amor a otro es por quien es y no por lo que esperamos o queremos que sea; el amor puramente incondicional, que no se mantiene en expectativas que pueden o no ser cumplidas, sino en la más sincera de las aceptaciones, sin condiciones.
Vuestro hijo (a) puede darles muchas satisfacciones, aunque sean diferentes a las de otras personas o tal vez no las que ustedes se forjaron en sus mentes pero no por eso menos valiosas. ¡Ánimo!, ¡a sacar fuerzas de flaqueza!, ¡ a luchar con toda el alma y permanecer "enteros"! para poder ayudar a vuestro hijo. No será fácil, por cierto; vendrán aún otros momentos de dolor, tristeza y desesperación, conocerán desde otra perspectiva el prejuicio, la ignorancia, el rechazo o la indiferencia, pero al mismo tiempo conocerán de solidaridad, de esperanza, de alegría y amistad sincera. Tendrán la dicha de mirar y gozar la vida como el milagro que es; donde cada logro, cada sonrisa, y Dios mediante, cada palabra de vuestro hijo no serán tomadas a la ligera, ni pasadas por alto, serán un regalo maravilloso. Lo que antes le parecía tan cotidiano, tan obvio, tan básico, como comer solo, vestirse, caminar o jugar, cobrará nuevo valor y significado.
En un mundo bombardeado por imágenes de éxito y perfección físicas, en un mundo que teme a lo diferente y venera al "pez más grande", hemos sido llamados a vivir un desafío diferente.
Cuando haya pasado el primer impacto, y los primeros desahogos, solo queda abocarse a la tarea de buscar para vuestro hijo la ayuda que mejor pueda sacarlo adelante, y no está demás considerar algunos puntos:
1.- Asegúrese de que la persona que diagnosticó a su hijo sea un profesional con experiencia en autismo, puede buscar más de una opinión y preguntar todo lo que crea necesario. Averigüe con otros padres de niños autistas o en alguna asociación.
2.- Tenga en cuenta que para tratar el autismo se han propuesto muchos tratamientos, todos ellos tienen sus defensores y detractores pero ninguno ha sido probado ser eficaz para todos los casos, por eso debe averiguar , consultar, y buscar el que mejor le sirva a su hijo.
3.- Busque un programa educativo estructurado e individual para su hijo .Cuando encuentre un buen programa, aplíquelo también en su hogar. Involucre al resto de la familia pero tenga especial cuidado de dedicar tiempo también a los otros hijos; no es bueno para nadie que el hijo autista sea el único centro de atención.
4.- Únanse u organicen un grupo de padres y profesionales como fuente de apoyo y de información. Pero dedíquense también a hacer algo diferente, que les reporte placer y satisfacción personal. Recuerde que en la medida que usted esté y se sienta bien, podrá ayudar mucho mejor a su hijo.
5.- Tenga presente que no faltarán las personas que le ofrezcan la "cura milagrosa y definitiva" para el autismo de su hijo o que conocen cual es "el único camino de tratamiento". Recuerde que, hasta lo ahora conocido, EL AUTISMO NO SE CURA.
6.- Prepárese a ignorar los comentarios de que su hijo padece sólo un trastorno emocional, o que sus problemas son culpa directa de ustedes, sus padres. EL AUTISMO ES UNA DISFUNCION NEUROLOGICA, por eso NO SE SIENTA CULPABLE, el autismo no se produce por algo que la familia haya hecho al niño o por que los padres " no hayan sabido estimularlos" o no hayan hecho ésto o aquello, las últimas investigaciones en torno al tema siguen apuntando a una BASE BIOLOGICA.
7- Procure mantenerse informado, frente a personas que le ofrezcan tratamientos o información obsoleta.
8.- Es normal pasar por un periodo de "luto" por "el hijo que pudo ser", aquel con el que haríamos tal o cual cosa, o al que le enseñaríamos esto o aquello...sin embargo, cuanto antes pase este periodo, y aceptemos al "hijo que es", más pronto podremos enfrentarnos a la tarea de ayudarle.
9.- Mantenga informada, si es posible, al resto de la familia, los abuelos y los tíos también pueden ser fuente de mucho ayuda , fuerza y apoyo.
10.- Evite si puede, adjudicar todos y cada unas de las acciones de su hijo como consecuencia de su autismo, en el fondo ¡son niños! ( o jóvenes o adultos) y muchas de las cosas que hacen ocurren sólo por ese simple hecho, como cualquier niño aprenden a manipular a los adultos, tendrán "rabietas o pataletas" para lograr lo que quieren, harán travesuras, tendrán momentos en que no quieren ser molestados u obligados a hacer algo...¡ como cualquier persona! , sólo que no siempre sus manifestaciones o llamados de atención serán de las maneras "correctas" u oportunas
NO HAY UN NIÑO "NORMAL" ESCONDIDO DENTRO DE SU HIJO AUTISTA... EL AUTISMO ES UNA CONDICIÓN DE NACIMIENTO QUE PROVOCA QUE PERCIBAN EL MUNDO DE UNA MANERA DIFERENTE A LA NUESTRA... VELAR POR QUE TENGAN UNA ATENCIÓN ADECUADA ES SU DERECHO Y NUESTRO DEBER
EL CPDS, UN INSTRUMENTO DISEÑADO PARA EL TRABAJO CON LOS PADRES DE PERSONAS CON AUTISMO
Francisco de Borja Jordán de Urríes Vega Universidad de Salamanca
INTRODUCCIÓN
En esta comunicación pretendemos plantear un acercamiento a la relación entre diferentes variables referidas a las personas con Autismo y las elaboraciones que las familias hacen sobre el diagnóstico de sus hijos.
Gray (1993) señala tres puntos fundamentales en el proceso de la asimilación del problema de los hijos por parte de los padres. Estos son:
Negociación de una cura: Los padres son reacios a creer lo peor y sigue existiendo en ellos la esperanza de una cura si se encuentra el diagnóstico apropiado y el tratamiento necesario.
Negociación del afecto: Así como los profesionales perciben una ausencia de implicación emocional del sujeto con Autismo, los padres, sin embargo, en su mayoría están convencidos de que su hijo es muy afectivo.
Negociación de la Singularidad y la Institucionalización: los padres piensan que su hijo es singular y diferente de los otros sujetos con Autismo y se resisten por tanto a la institucionalización.
Por otro lado Henderson y Vandenberg (1992) señalan que la capacidad de afrontamiento familiar no es solamente resultado de la severidad del problema de los hijos, pues la efectividad de los recursos familiares y la forma en que se percibe por ellos la discapacidad de su hijo tienen mucha importancia en cómo son percibidos y manejados por ellos los agentes estresores.
En una línea bastante similar, Gill y Harris (1991) plantean que un atributo de personalidad importante en este sentido (Gill y Harris, 1991), es la Resistencia o "Hardiness", como capacidad de soportar eventos estresantes. Analizaron pues, la relación de la Resistencia y el Apoyo Social en la mejoría del estrés en madres de sujetos con Autismo y concluyeron que si se ayuda a los padres a encontrar Filosofías o Creencias familiares reconfortantes, a sentir mayor eficacia parental, y a ver los sucesos de la vida como oportunidades de crecimiento, los efectos del estrés en diferentes situaciones pueden ser mitigados.
Otra investigación que también trabaja con medidas de estrés, es la realizada por Robbins, Dunlap, y Plienis (1991). Estos autores señalaron que los niños con Autismo son una fuente importante de estrés parental, aunque existe un factor muy importante respecto a las otras fuentes de estrés adicionales en lo que respecta al ajuste personal y el funcionamiento familiar. Este segundo tipo de estrés tenía una gran relación con el progreso mostrado por el hijo en un determinado programa.
En este mismo sentido señalamos la apreciación realizada por Rivière, (1990), hablando sobre el "Desarrollo y la Educación del Niño Autista".
"El grado de evolución es muy variable: depende de la inteligencia del niño y la gravedad de sus síntomas, de sus posibilidades de desarrollo simbólico y lingüístico, del grado de asimilación familiar, de la calidad de los servicios educativos y terapéuticos" (Rivière, A., 1990, pag. 321).
Con estos precedentes nos planteamos la posible relación entre las Filosofías o Creencias Familiares, generadas por los padres y la situación de sus hijos con Autismo. Entendemos por Filosofías o Creencias familiares (Henderson, y Vandenberg, 1992) las creencias de los padres sobre la discapacidad de su hijo, en nuestro caso el Autismo. Entendemos a su vez por situación de los hijos un compendio de tres variables a saber: Edad Adaptativa, Problemas de Conducta, y Progreso en un espacio temporal determinado. Estas tres variables se pueden obtener, como expondremos en el apartado dedicado al método, por medio de un inventario estandarizado, el ICAP (Bruininks, Hill, Weatherman, y, Woodcock, 1986). Para evaluar las creencias familiares sobre la discapacidad del hijo nos planteamos el diseño deL Cuestionario Parental de Diagnóstico Subjetivo o CPDS.
MÉTODO
Sujetos
La muestra está formada por dos grupos, uno de personas con diagnóstico de Autismo y otro de personas con diagnóstico de Parálisis Cerebral. Ambos grupos se intentaron igualar en lo que respecta a edad y sexo de los sujetos, aunque dicha equiparación no fue absoluta debido a las restricciones tanto de las poblaciones de las que obtuvimos ambos grupos, como de la investigación, a la hora de determinar los miembros de los grupos, y de obtener o no o no la colaboración de los padres. La razón de elegir un grupo de personas con Parálisis Cerebral como grupo de comparación se debió a la consideración de que la Parálisis Cerebral es altamente discapacitante, al igual que el Autismo, a que aunque conlleva un diagnóstico médico, su etiología es lo suficientemente difusa y poco clara para los padres como para crear en ellos dudas e incertidumbre sobre el diagnóstico que han recibido sus hijos, a que suele conllevar problemas en la comunicación, con alteraciones en la interacción social (Rosa, Montero y García, 1993), asociarse a retraso mental al igual que el Autismo e ir acompañada en ocasiones de problemas conductuales y a que requiere de los padres un alto grado de atención y dedicación.
De esta manera la muestra de Personas con Autismo quedó formada por doce sujetos, de los cuales diez eran varones y dos mujeres, y sus edades estaban comprendidas entre los ocho años y siete meses y los veintidós años y cuatro meses. A su vez la muestra de Personas con Parálisis Cerebral quedó formada por doce sujetos, de los cuales ocho eran varones y cuatro mujeres, y sus edades estaban comprendidas entre los siete años y siete meses y los diecinueve años y tres meses.
Instrumentos
Para la selección de los sujetos con Autismo se utilizó la Autism Behavior Checklist o ABC (Krug, Arik, y Almond, 1980), utilizando como criterio una puntuación mínima de 53.
Para obtener las puntuaciones de Edad Adaptativa y de General de Problemas de Conducta del sujeto utilizamos el cuestionario Inventory for Client and Agency Planing (Inventario para la Planificación de Servicios y Programación Individual) o ICAP (Bruininks, Hill, Weatherman, y Woodcock, 1986; Adaptación de Montero, 1993). De este cuestionario, además de las puntuaciones indicadas se obtiene lo que el cuestionario denomina como puntuación de servicio (que es la puntuación global del ICAP), indicando las puntuaciones más altas que la persona tiene menor necesidad de servicios y de atención. Dicha puntuación de servicio nos ha servido para obtener el Índice de Progreso, como coeficiente que relaciona la puntuación actual de servicio en el ICAP con otra puntuación de servicio retrospectiva, para un sujeto determinado. Este Índice de Progreso se ha obtenido mediante la siguiente fórmula.
Construcción del cuestionario CPDS
Para obtener el Diagnóstico Subjetivo de los padres diseñamos, según era objetivo de este trabajo, el Cuestionario Parental de Diagnóstico Subjetivo o CPDS, del cual se realizaron dos versiones idénticas, una para padres de niños con Autismo y otra para padres de niños con Parálisis Cerebral. Este cuestionario está formado por tres escalas de 14 ítems, sumando un total de 42 ítems con cuatro opciones de respuesta tipo Likert para manifestar el grado de acuerdo. Las tres escalas son:
1.- Aceptación y Asimilación del Diagnóstico: Aceptación por parte de los padres de que su hijo padece un trastorno generalizado del desarrollo caracterizado (según la DSM-III-R, la CIE-10 y Frith, (1989)) por un déficit socioemocional, alteraciones de la comunicación verbal y no verbal, rutinas, estereotipias, repertorio restringido de intereses y actividades, y aceptación de que no tiene cura aunque pueda mejorar significativamente a lo largo del desarrollo.
2.- Percepción de la Afectividad: Reconocimiento por parte de los padres de que su hijo tiene un déficit socioemocional básico, y que sus relaciones afectivas se restringen a la utilización de las personas como medios para la consecución de sus fines personales.
3.- Percepción de la Singularidad del hijo: Reconocimiento por parte de los padres de que su hijo es básicamente igual que las demás personas con Autismo y que aunque puedan existir diferencias entre unos y otros, su hijo como los demás padece un trastorno generalizado del desarrollo.
Se impone precisar que, en todo momento, cuando nos referimos a un Diagnóstico Subjetivo "desajustado", o a una puntuación "desajustada" en una de las escalas del cuestionario CPDS, lo estamos haciendo respecto a los presupuestos que configuran el cuestionario, sin afirmar por ello que "desajustado" signifique patológico. Dado que no sabemos que puntuación delimitaría un "desajuste" normal de uno patológico, simplemente podemos señalar que una puntuación de 42 sería la más baja posible y una de 168 la más elevada y que en su caso, podrían ser tan patológicas una puntuación como la otra. Pensemos, por tanto, que estableceremos exclusivamente diferencias estadísticas y relaciones entre las puntuaciones sin entrar a valorar otras cuestiones como la de sugerir que un determinado nivel de puntuación implica o no la presencia de una psicopatología.
Procedimiento
Para la recogida de los datos contamos con la colaboración de voluntarios que mantenían un contacto habitual y directo con todos los sujetos, por lo que estaban capacitados para rellenar los ICAP actuales y para rellenar los ICAP retrospectivos apoyándose en informes y contando con la colaboración de profesionales de los centros. Los cuestionarios CPDS fueron enviados a los padres acompañados de una carta personalizada del centro solicitando su colaboración y con las instrucciones para cumplimentar el cuestionario.
RESULTADOS. DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
Discusión
Se tomaron en primer lugar los grupos por separado (Análisis Independiente) y posteriormente de forma conjunta (Análisis de Conjunto) para poder establecer comparaciones entre los grupos.
En primer lugar, centrándonos en el grupo de sujetos con Autismo, se aprecia que cuando los padres perciben que su hijo es singular o diferente de otros sujetos con Autismo, no son capaces de asimilar de una forma real y adecuada su diagnóstico.
Apreciamos también, que cuanto mayor es la Edad Cronológica del sujeto, los padres perciben que su hijo es más singular o diferente de las demás personas con Autismo y a la vez su diagnóstico subjetivo es más desajustado respecto a los criterios del CPDS. La explicación de estos resultados podríamos establecerla en la relación que también existe entre Edad Cronológica y Edad Adaptativa que es altamente significativa y que muestra que los sujetos con mayor Edad Cronológica muestran mayor Edad Adaptativa. Esto último asociado a la relación existente entre Singularidad y Edad Adaptativa (los sujetos con mayor Edad Adaptativa tienen padres que los perciben como más singulares o diferentes de los demás sujetos con Autismo) podría dar la explicación a la relación entre Edad Cronológica y Singularidad o CPDS.
Tabla-1. Correlaciones; Análisis Independiente, muestra de Personas con Autismo y muestra de Personas con Parálisis Cerebral
A - Muestra de Personas con Autismo
Variable 1
Variable 2
Valor de la Correlación
Asimilación del
Diagnóstico
Singularidad
,731 *
EDAD
Singularidad
,627 *
EDAD
CPDS
,505
General de Conducta
Singularidad
-0,381
General de Conducta
Índice de Progreso
,391
EDAD
Edad Adaptativa
,727
Singularidad
Edad Adaptativa
,334
B - Muestra de Personas con Parálisis Cerebral
Variable 1
Variable 2
Valor de la Correlación
Edad Adaptativa
Asimilación del
Diagnóstico
,638 *
Edad Adaptativa
Afectividad
,634 *
Edad Adaptativa
Singularidad
,564
Edad Adaptativa
CPDS
,706 *
Edad Adaptativa
Índice de Progreso
,469
Índice de Progreso
Afectividad
,648 *
Índice de Progreso
Singularidad
,51
Índice de Progreso
CPDS
,572
Afectividad
Singularidad
,697 *
Afectividad
Asimilación del
Diagnóstico
,553
* Significativa;Valor Crítico de la correlación al 95% es 0,59
Hemos de destacar también la relación que aparece entre los problemas de conducta manifestados por el hijo con Autismo y las variables Singularidad e Índice de Progreso. En primer lugar, cuando los padres ven que su hijo tiene menos problemas de conducta que otros sujetos con Autismo, al realizar la comparación, elaboran la idea de que su hijo es diferente y por tanto singular respecto al resto de personas con Autismo. En segundo lugar, cuando un sujeto muestra menos problemas de conducta, la posibilidad de trabajar con él en otras áreas es mayor, ya que los problemas de conducta suelen focalizar un tiempo y una atención importantes por parte de profesionales y padres, y si tenemos mayor posibilidad de trabajar otras áreas, las posibilidades de progreso son mayores.
Por último, decir que la ausencia de relación entre CPDS e Índice de Progreso probablemente venga determinada por el corto intervalo temporal entre las dos medidas del ICAP y la puntuación de servicio que alcanzan, lo cual en una población de personas con Autismo no permitiría ver los cambios de progreso, así como por la metodología utilizada para cumplimentar los ICAP, que puede haber influido en que la media de las puntuaciones en esta variable (Índice de Progreso), no hayan sido de progreso, sino de regreso.
En segundo lugar, vamos a centrarnos en la muestra de sujetos con Parálisis Cerebral. Podemos señalar, en principio, la relación existente entre la Edad Adaptativa de los sujetos y la puntuación en CPDS y en sus diferentes escalas de los padres de estos. Vemos pues que los sujetos que muestran mayor Edad Adaptativa tienen padres que realizan un Diagnóstico Subjetivo más desajustado respecto a los criterios del cuestionario CPDS, globalmente y en cada una de sus escalas. Este dato se relaciona a su vez con que los sujetos con mayor Edad Adaptativa muestran mayor progreso, probablemente por que cuanto mayor sea la Edad Adaptativa mejor será la situación global del sujeto, lo cual favorecerá el que se puedan alcanzar con él mayores cotas de progreso en menor espacio de tiempo. Siguiendo en la misma línea podemos ver también que cuanto mayor es el progreso de los hijos, de nuevo, los padres elaboran percepciones en el sentido de marcar la diferencia de sus hijos respecto a las demás personas con Parálisis Cerebral.
Por último en lo que respecta al grupo de personas con Parálisis Cerebral, las relaciones entre Afectividad y Singularidad, y entre Afectividad y Asimilación del Diagnóstico se explican de forma similar a las aparecidas en la muestra de personas con Autismo. Hemos de hacer aquí, sin embargo, una puntualización, para señalar que la escala Asimilación del Diagnóstico esta diseñada conforme a los criterios diagnósticos de Autismo y no de Parálisis Cerebral. Esto anterior puede estar influyendo en los resultados, aunque hemos de tener en cuenta que los trastornos cerebrales, encefalopatías connatales, hidrocefalias, y otras causas de la Parálisis Cerebral prenatales, connatales, o postnatales (sobre todo si van asociadas a un retraso mental importante, lo cual puede ocurrir) pueden mostrar rasgos del continuo autista en mayor o menor grado.
En tercer y último lugar, discutiremos los datos referidos al análisis global de los resultados, es decir a los resultados obtenidos sobre el total de los sujetos de la muestra con los dos grupos.
Las percepciones de los padres respecto a que su hijo es singular o diferente respecto a los demás sujetos con su misma discapacidad, de que su afectividad es mayor que la de ellos, y de que sus síntomas no son exactamente los mismos, están íntimamente relacionadas, formando para el padre un todo que resulta en la elaboración de un Diagnóstico Subjetivo más desajustado respecto a los criterios que configuran el cuestionario CPDS.
Por otro lado cuanto mayor es la Edad Adaptativa del sujeto, los padres establecen más diferencias a favor de su hijo respecto al resto de sujetos con su misma discapacidad, y estas diferencias les llevan a elaborar la idea de que su hijo, que no es igual que los demás sujetos con su misma discapacidad, esto nos permiten plantear que la Edad Adaptativa del sujeto es una variable fundamental de cara a la elaboración y asimilación de un Diagnóstico Subjetivo por parte de los padres.
Tabla-2. Correlaciones entre variables; Análisis de Conjunto.
Variable 1
Variable 2
Valor de la Correlación
CPDS
Asimilación del
Diagnóstico
,789 *
CPDS
Afectividad
,819 *
CPDS
Singularidad
,895 *
Asimilación del
Diagnóstico
Afectividad
,452 *
Asimilación del
Diagnóstico
Singularidad
,592 *
Afectividad
Singularidad
,599 *
Edad Adaptativa
Asimilación del
Diagnóstico
,341
Edad Adaptativa
Afectividad
,371
Edad Adaptativa
Singularidad
,503 *
Edad Adaptativa
CPDS
,492 *
Índice de Progreso
Edad Adaptativa
,328
Índice de Progreso
General de Conducta
,392
EDAD
Edad Adaptativa
,474 *
GRUPO
Asimilación del
Diagnóstico
,331
GRUPO
CPDS
,323
GRUPO
General de Conducta
,45 *
GRUPO
Índice de Progreso
,395
* Significativa; Valor crítico de la correlación al 95% es 0,41
Fijándonos en la relación que se aprecia entre el Índice de Progreso y la Edad Adaptativa o General de Conducta, podemos pensar, que cuando el sujeto tiene mayor nivel adaptativo se favorece la adquisición de nuevas habilidades y el sujeto progresa más y a su vez, que la adquisición de nuevas habilidades y los progresos, mejoran el nivel adaptativo del sujeto. Del mismo modo, cuando el sujeto tiene menos problemas de conducta se favorece también la adquisición de nuevas habilidades y viceversa, las nuevas habilidades adquiridas disminuyen los problemas de conducta del sujeto. Atendiendo a la relación existente entre la Edad Cronológica y la Edad Adaptativa, simplemente parece lógico señalar que en la medida que avanza la Edad Cronológica del sujeto y se va produciendo la maduración de sus estructuras cognitivas, su nivel adaptativo va aumentando también fruto de dicha maduración.
Centrándonos en las relaciones que aparecen entre la variable Grupo y otras variables, vemos que el grupo de sujetos con Parálisis Cerebral muestra globalmente menos problemas de conducta y mayores progresos que el grupo de personas con Autismo. El constatar esta mejor situación global, puede explicar el que los padres de sujetos con Parálisis Cerebral elaboren un Diagnóstico Subjetivo más desajustado respecto a los criterios del cuestionario CPDS y que su Asimilación del Diagnóstico sea menor.
Vamos a centrarnos, en último lugar, en las relaciones establecidas entre dos variables predictoras de una tercera o criterio que se realizó mediante regresión múltiple.
Tabla-3. Regresiones; Análisis de Conjunto.
Variable 1
Variable 2
Criterio
r V1-Vc
r V2-Vc
R
F-test
p
GRUPO
Edad
Adaptativa
CPDS
,323
,492
,549 *
4,534
,0231 *
Edad
Adaptativa
General de
Conducta
CPDS
,492
,267
,533 *
4,169
,0299 *
GRUPO
General de
Conducta
CPDS
,323
,267
,351
1,474
,2517
GRUPO
Índice de
Progreso
CPDS
,323
,301
,374
1,709
,2052
GRUPO
CPDS
,323
2,567
,1234
Índice de
Progreso
CPDS
,301
2,189
,1532
GRUPO
Edad
Adaptativa
Asimilación
del
Diagnóstico
,331
,341
,439 *
2,514
,105
Edad
Adaptativa
General de
Conducta
Asimilación
del
Diagnóstico
,341
,213
,38
1,777
,1937
GRUPO
General de
Conducta
Asimilación
del
Diagnóstico
,331
,213
,339
1,363
,2777
GRUPO
Índice de
Progreso
Asimilación
del
Diagnóstico
,331
,314
,387
1,849
,1822
GRUPO
Asimilación
del
Diagnóstico
,314
2,413
,1346
Índice de
Progreso
Asimilación
del
Diagnóstico
,331
2,714
,1137
GRUPO
Edad
Adaptativa
Afectividad
,21
,371
,4
2,003
1,598
Edad
Adaptativa
General de
Conducta
Afectividad
,371
,272
,434 *
2,439
,1116
GRUPO
Edad
Adaptativa
Singularidad
,279
,503
,54 *
4,327
,0267 *
Edad
Adaptativa
General de
Conducta
Singularidad
,503
,193
,519 *
3,877
,0369 *
GRUPO
Índice de
Progreso
Singularidad
,279
,293
,343
1,399
,269
* Significativa; Valor crítico de R al 95% es 0,41
Podemos ver, pues, que la Edad Adaptativa se muestra como la variable más significativa asociada al Grupo para predecir las puntuaciones de los padres en le cuestionario CPDS, así como para predecir el grado en que los padres perciben al hijo como más Singular respecto a los sujetos con su misma discapacidad. Todo ello podemos explicarlo en base a los datos discutidos anteriormente ya que la mejor situación global del grupo de Personas con Parálisis Cerebral y la importancia de la Edad Adaptativa como factor crucial en la comparación que establecen los padres de sus hijos respecto a los sujetos con su misma discapacidad, determinan conjuntamente un importante factor de predicción sobre el grado de ajuste del Diagnóstico Subjetivo de los padres respecto al cuestionario CPDS.
En el mismo sentido, vemos que los sujetos que muestran mayor Edad Adaptativa y menores Problemas de Conducta, tienen padres que realizan un Diagnóstico Subjetivo más desajustado respecto a los criterios del cuestionario CPDS, ya que toman estas dos variables como elemento comparativo entre sus hijos y las demás personas con su misma discapacidad. Esta explicación es igualmente válida para los resultados obtenidos al tomar la variable Edad Adaptativa asociada a los Problemas de Conducta como predictores sobre las diferentes escalas del cuestionario CPDS.
Conclusiones
Llegados a este punto hemos de responder a la siguiente pregunta: ¿Cual es la utilidad de esta investigación y del cuestionario CPDS?. Los datos, siendo realistas y humildes, no permiten ser tajantes en ninguna afirmación en este sentido. Sin embargo, desde el punto de vista de este investigador podríamos señalar dos posibles vías de utilidad.
La primera de orden teórico y enfocada a la investigación. Este instrumento podría ser de utilidad por un lado para abundar en la línea investigadora de este trabajo, para mejorarlo y validar las conclusiones con muestras más amplias. Es posible que fuera interesante también la posible replicación de la investigación realizada por Gray (1993). Con ello podríamos ver si las variables que obtuvo este autor en una muestra anglosajona, y que hemos utilizado como base en nuestro cuestionario, son las mismas para una población española. El cuestionario realizado podría ser entonces modificado o reafirmado en su diseño, teniendo en su caso una mayor validez de constructo. Sería también interesante abundar en esta línea de investigación para estandarizar las puntuaciones de los padres en el cuestionario comparándolas por ejemplo con entrevistas a los mismos padres hechas por expertos. Podríamos ver, así, que puntuaciones pueden ser o no realmente desajustadas respecto a una distribución normal de puntuaciones. Para esto, podríamos utilizar para los padres como elemento normativo y fuente de comparación con sus hijos, un video de una persona con las características prototípicas del Autismo. Por último, el cuestionario sería útil como precursor de investigaciones sobre lo que definimos en la introducción como Filosofías o Creencias familiares sobre la discapacidad del hijo, siendo útil para clasificar a los padres de los sujetos según sus puntuaciones en el mismo y establecer relaciones con otras variables como Lugar de Control, estrés percibido por los padres, apoyo social que reciben, valores morales o religiosos, la Resistencia, etc.
La segunda vía de utilización, de orden práctico, ya que el CPDS podría ser un instrumento utilizable en los primeros contactos con los padres para que el profesional se sitúe frente a estos conociendo cual es el estado real del hijo, cual es el Diagnóstico Subjetivo de los padres y, si existe un desajuste respecto a la norma. Esto le ayudaría a plantearse posteriormente y con ayuda de otros recursos las causas de ese desajuste (como podría ser por ejemplo el desacuerdo de los padres con la modalidad de escolarización propuesta para su hijo) y las posibles estrategias para afrontarlo. Con ello podría generar pautas de trabajo en escuelas de padres y facilitar las relaciones de los profesionales con los padres, de estos con sus hijos, y mejorar el ajuste familiar. Esto implicaría como hemos dicho arriba, fundamentar mejor las conclusiones aquí obtenidas, definir en que grado una puntuación desajustada respecto al cuestionario puede ser o no patológica, y en el caso de poblaciones de sujetos con Parálisis Cerebral realizar las adaptaciones necesarias respecto al cuestionario, modificando principalmente la escala de Asimilación del Diagnóstico.
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Abordaje farmacológico del desorden del espectro autista
Dra. Eugenia Espinosa García Neuróloga pediatra Jefe del Posgrado de Neuropediatria Facultad de Medicina Universidad Militar Nueva Granada Neurólogo Pediatra Instituto De Ortopedia Infantil Rosselvet.
El criterio empleado para diagnosticar una persona como autista es el establecido en el Manual de Diagnóstico y Estadística de la Sociedad Americana de Psiquiatría (DSM). Este criterio ha evolucionado con el tiempo. En 1.987 (DSM-III-R) aparecen por primera vez bajo la denominación de trastornos pervasivos del desarrollo dos condiciones autismo y trastornos pervasivos del desarrollo inespecíficos. En la práctica los trastornos pervasivos del desarrollo (TPD) o trastornos dentro del espectro del autismo (TEA) se han empleado como categorías diagnósticas para identificar individuos con trastornos de la interacción social y del lenguaje-comunicación, así como patrones de conducta iterativos. Los trastornos pervasivos del desarrollo ocurren en 1 de cada 1.000 niños.
Uno de los propósitos más importantes de cualquier criterio diagnóstico sobre autismo y trastornos relacionados deben ser allanar las inconsistencias existentes entre los investigadores y los clínicos en relación con la definición de los trastornos de la conducta de tipo autístico (fenotipo) y biológico (etiología). El diagnóstico de un trastorno neurológico o médico asociado a una persona con autismo define los síntomas a nivel neurobiológico pero no excuye el diagnóstico de autismo, el cual se define por las alteraciones específicas de la conducta.
Desde su descripción en 1.943 por Kanner muchas han sido las interpretaciones y propuestas terapéuticas en el autismo. Hoy aceptamos al autismo como un síndrome neuroconductual de base biológica con etiologías diversas.
Dado que no se ha encontrado, hasta el momento, ningún marcador específico para su diagnóstico, al mismo se llega mediante la observación conductual del niño por profesionales con experiencia utilizando además parámetros de orientación como el DSM IV-R y CARS, ABC entre otros, que permiten tener una información ordenada de padres, maestros terapeutas con criterios uniformes.
Respecto al abordaje terapéutico, teniendo en cuenta que no conocemos el déficit bioquímico específico causante del autismo, cuya modificación permitiría su curación, el tratamiento estará orientado a modificar o controlar las conductas y/o síntomas asociados y de ser necesario farmacoterapia.
La última década se ha caracterizado por avances en la comprensión de los aspectos clínicos, biológicos y epidemiológicos de los trastornos profundos del desarrollo (TPD) y en especial del autismo. Sin embargo, los conocimientos sobre las bases neurobiológicas son aun limitadas, lo que ha impedido el desarrollo de fármacos que actúen corrigiendo el déficit y curando la enfermedad. El medicamento ideal no existe, las investigaciones clínico-farmacológicas han permitido la utilización de medicamentos que han resultado de utilidad en la corrección de síntomas asociados a estos trastornos; los mismos han permitido un mejor abordaje terapéutico del paciente y mejorar su calidad de vida. La medicación es prescrita para situaciones especiales como son el déficit de atención, crisis convulsivas, desórdenes afectivos, y más frecuentemente para disminuir los problemas de conducta como son la agresión, las conductas ritualisticas, las alteraciones verbales y los trastornos del sueño que impiden tanto las relaciones intrafamiliar y el manejo terapéutico pedagógico del paciente. Sabemos que un solo medicamento no será capaz de corregir este trastorno, por lo cual la expectativa estará centrada en manejar algunos de los síntomas asociados.
Existe una considerable variabilidad en la respuesta medicamentosa en cada paciente; la prescripción del fármaco debe ser individual a la respuesta de cada paciente.
A continuación se revisaran algunos fármacos que han demostrado su utilidad en el manejo de niños con TPD, analizando los mecanismos de acción y que droga utilizar en cada caso.
SIMPATICOMIMÉTICOS (ESTIMULANTES):
La utilización de antiserotoninérgicos, se origina a partir de las publicaciones de Ritvo, en que informa un aumento de la serotonina sérica en pacientes con autismo. Actualmente se estima que el 40% de los autistas tienen hipercolesterinemia, por lo cual la utilización de esta droga sería coherente.
La fenfluramina se ha reportado como eficaz para disminuir lo niveles de serotonina mejorando la conducta. La dosis utilizada es de 5 mg/kg./día; No obstante otros estudios no observaron mejoría en relación con el descenso de serotonina sérica; la falta de correlación se debería a que la concentración sérica de serotonina no es expresión del nivel en el Sistema Nervioso Central, pues ésta es producida por el mismo Sistema Nervioso Central a partir de tríptofano, y no atraviesa la barrera hemato-encefálica.
Son efectivos la ritalina y el adderal en los síntomas de hiperactividad e inatención; se debe diferenciar inatención del desorden deficitario de la atención e hiperactividad (ADH), con el déficit de atención presentado en el autismo, que es ocasionada por la falta de compresión en el autismo.
El metilfenidato se ha utilizado con buenos resultados en el tratamiento de la hiperactividad a dosis de 0.5mg/kg/dosis, pero dados los posibles efectos adversos de aumento de la irritabilidad, estereotipias, conductas autodestructivas debe ser utilizado con precaución en casos seleccionados en que hayan fallado otros medicamentos. Se deben vigilar la presencia de tics.
INHIBIDORES DEL TRANSPORTE DE SERONINA
Estos agentes son los que más han hecho mayores diferencias en el tratamiento de los desórdenes que se presentan en el desorden del espectro autista, y el uso está ampliamente reconocido, estos incluyen fluoxetina (prozac), sertralina (Zolof), paroxetina (paxil), fluvoxamina (luvox) y citrolopar (celexa) y el menos selectivo es el antidepresivo tricíclico clomipramina.
La idea de utilizar bloqueadores de la recaptación de serotonina se basa en la observación de que muchos de estos niños tienen síntomas compatibles con trastornos obsesivos-compulsivos y conductas ritualísticas que interfieren el funcionamiento familiar y terapéutico -pedagógico; estos medicamentos son utilizados para el manejo de la ansiedad manifestada con agresión cuando las rutinas son interrumpidas. La fluoxetina en dosis media de 20 mg/día hasta 80 mg/día ha demostrado ser de utilidad; sin embargo, en un 25% de los pacientes han demostrado efectos colaterales como aumento de la hiperactividad, anorexia, irritabilidad e insomnio. El paroxentine inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina a dosis de 20 mg/kg./día, mejora la autoagresión.
La fluvoxamina a dosis de 50-100 mg/día ha demostrado ser útil. Si bien los antidepresivos parecen ser una alternativa válida, serán necesarios nuevos estudios para demostrar su real utilidad.
La clomipramina con dosis hasta de 5mg/kg/día y la desipramina logran un buen control de la hiperactividad, irritabilidad y de las conductas agresivas. El bupoprion (Welbutrin) es comúnmente más efectivo en el déficit de atención e hiperactividad del adolescente con el ADH.
La observación de concentraciones elevadas de norepinefrina y la disminución plasmática de dopamina beta-hidroxilasa (encargada de transformar la dopamina en norepinefrina) en pacientes autistas y sus familiares, sumado a que muchos niños autistas tienen probable hiperactividad del sistema noradrenérgico, podrían ser indicadores de anormalidades del sistema noradrenérgico en la génesis del autismo. Estos hallazgos podrían explicar muchas conductas asociadas al autismo como conductas motoras reiterativas, estado de hiperalerta y trastornos de las relaciones sociales; basándose en estas observaciones se utilizó la clonidina lográndose mejoría en las relaciones sociales, hiperactividad e impulsividad del autismo. La dosis de clonidina es de 0.005mg/kg/día, pero hay que tener en cuenta que desarrolla tolerancia a corto plazo en algunos pacientes. Los efectos colaterales son hipotensión, fatiga y sedación. La utilización actual de parches transdérmicos permite una absorción sostenida para tener un efecto continuo.
El propanolol muestra eficacia en el tratamiento de la agresión y la impulsividad relacionada con la interrupción de las rutinas; la dosis es de 1-2 mg/kg./día.
NEUROLÉPTICOS
La hipótesis de que mecanismos dopaminérgicos están comprometidos en los TPD han dado lugar a la utilización de los antipsicóticos, los cuales aumentan el metabolismo de la dopamina y son antagonistas de la misma. El haloperidol ha demostrado su utilidad mejorando las estereotipias, la hiperactividad, la relación con los objetos y la conducta, sin producir sedación excesiva observada con la tioridazina y clorpromazina. La dosis sugerida entre 0.25 mg a 4 mg/día. Los efectos adversos son la discinesia y el parkinsonismo.
Los neurolépticos atípicos como son el Risperdal (risperidona) son utilizados en el tratamiento de la agresión, agitación e hiperactividad cuando no han respondido otros agentes o cuando se presenta mutilación, conductas estereotipadas o conductas ritualistas. Puede utilizarse a baja dosis sin los francos efectos colaterales de los neurolépticos típicos.
ANTAGONISTAS OPIÁCEOS
Existen hipótesis de que el autista es incapaz de establecer vínculos de unión con sus familiares debido a las altas concentraciones de endorfinas circulantes que afectan el placer de la unión. Las concentraciones excesivas de endorfinas producen depresión sensorial e insensibilidad al dolor lo que puede relacionarse con el aislamiento y la autoagresión. Estas hipótesis parecen sustentarse con el hallazgo de anormalidades en los opiáceos endogénos en niños autistas; altos niveles de endorfinas podrían producir una adicción fisiológica con lo que su descenso determinaría retirada social y autoagresión aumentando nuevamente los niveles de endorfinas endogénas. Basándose en estos hallazgos diversos autores han utilizado naltrexona (un antagonista opiáceo) en el tratamiento de los niños autistas, observando mejoría en la hiperactividad y autoheteroagresión, en la producción del lenguaje y en las conductas autistas. La dosis utilizada es de 2mg/kg/día. Otros autores no han podido confirmar estos estudios ni la mejoría de los síntomas descritos. Serán necesarios nuevos estudios para definir la utilidad de la naltrexona en el tratamiento de los trastornos profundos del desarrollo.
Para muchos autores la naltrexona, el carbonato de litio y la fenfluramina son inefectivos.
DOSIS Y MEDICAMENTOS MAS UTILIZADOS
HIPERACTIVIDAD Ritalina 5-60 mg/día en 3 a 5 dosis Adderall 5-30 mg/día en 2 dosis Clonidina 0.1-0.4 mg/día en 3 dosis Naltrexona 0.5-2 mg/kg./día en 2 dosis
CONDUCTAS RITUALISTAS- COMPULSIÓN (recaptadores selectivos de serotonina) Fluoxetina 5-80 mg/kg./día en 2 dosis Paroxetina 2.5-5 mg/kg./día en 2 dosis Sertralina 25-200 mg/kg./día en 2 dosis Citalopram 5-40 mg/kg./día 1 dosis
TRICICLICOS Clomipramina 25-200 mg/día en 2 dosis
AGRESION IRRITABILIDAD Agentes simpaticolíticos Propanolol 20-320 mg/día en 3-4 dosis Naldolol 40-400 mg/día en una dosis
NEUROLEPTICOS Respiridona 0.5-4 mg/día en 1 a 3 dosis Olanzapina 2.5-20 mg/día en 1 a 3 dosis
MELATONINA
La melatonina es una hormona producida en la glándula pineal, por los pinealocitos, a partir del triptofano. Su secreción es controlada por un sistema endógeno ritmogenerador en el cerebro, el cual es sincronizado por el ciclo luz-oscuridad. Los niveles de malatonina son más altos en la oscuridad, por lo cual se ha llamado la hormona de la oscuridad.
Jan y colaboradores describieron su utilidad en un grupo de 15 niños con trastornos severos del sueño (inicio retardo y/o sueño fragmentado) a quienes la melatonina mejoró las horas del mismo, y suprimió los despertares nocturnos. Además se ha informado como efectivo en los trastornos crónicos del sueño en pacientes con diagnóstico de retardo mental, ceguera, sordera, síndrome de Rett, síndrome de Down entre otros.
La administración de melatonina en dosis de 3 a 6 mg mejora el inicio del sueño, suprimiendo los despertares nocturnos y normalizándolo acorde a los hábitos familiares. También se ha descrito mejoría en el comportamiento, la atención y el humor, si bien serán necesarios nuevos estudios para demostrar su utilidad. No se han descrito efectos adversos
ANSIOLITICOS
La buspirona ha demostrado ser útil en niños autistas en el tratamiento de la agresividad, así como también, aunque en menor proporción, sobre esterotipias y la hiperactividad. La dosis más efectiva es de 10-20 mg/día. Los beneficios respecto a los neurolépticos y los benzodiazepínicos son que no produce sedación y menor afectación a la actividad intelectual que con los otros fármacos.
PIRIDOXINA Y MAGNESIO
Rimland utilizó piridoxina en 191 niños autistas describiendo en ellos una respuesta conductual favorable. Dichos resultados no pudieron ser corroborados por otros autores, lo cual mantiene la controversia sobre la utilidad de la misma en el tratamiento del autismo. Estos hallazgos nos hacen preguntar sobre la importancia de la piridoxina en la génesis de las conductas autistas, y si bien las experiencias son limitadas.
Varios estudios abiertos que han empleado dosis altas de piridoxina y magnesio, parecen indicar su utilidad para disminuir la agresión física y mejorar la interacción social. Findling et al, comunica la ausencia de efectos benéficos en un estudio a doble ciego, controlado con placebo en 12 niños con autismo. En este estudio pone en duda la efectividad clínica de dosis altas de piridoxina y magnesio en el autismo; por lo tanto deberá considerarse como un tratamiento controversial y no válido actualmente.
CARBONATO DE LITIO
En un estudio efectuado en 79 niños con graves trastornos de conducta con agresividad, el carbonato de litio demostró ser útil en el control de la agresión. Otros autores refirieron mejorías en las conductas maníacas. La dosis media utilizada fue de 1.200 mg/día con un nivel sérico medio de 1.12 mEq/l.
Actualmente no se recomienda su uso pues no existe evidencia que sea superior a los fármacos descritos anteriormente.
SECRETINA
En 1.998, Horvath y col comunicaron 3 casos de niños con autismo, a quienes se les había administrado secretina intravenosa para estimular la secreción pancreaticobiliar; los 3 niños mostraron una respuesta secretoria aumentada. Durante las siguientes 5 semanas a este procedimiento se observó una mejoría en su comportamiento, contacto visual, estado de alerta y mejoría en el lenguaje; este hecho provocó como consecuencia un abuso en el empleo. A finales de 1.999, Sandler y col publicaron una investigación doblemente ciega, controlada con placebo, efectuada en 56 niños con autismo, en ninguno de los niños se evidenció mejoría en el cuadro clínico.
HORMONAS
La administración de análogo del ACTH; el ORG 2766 utilizado en 20 niños produjo mejoría significativa en la interacción social (mejor contacto visual, comunicación verbal y utilización de juguetes). Si bien estos resultados son alentadores, lo limitado de los estudios y los potenciales efectos colaterales hacen que el tratamiento con ACTH o sus análogos no sea recomendado por el momento.
Se necesitarán más estudios para mostrar su evidencia.
ANTICONVULSIVANTES
La asociación entre autismo y epilepsia está actualmente bien aceptada como una entidad frecuente. Muchos autores han documentado la frecuencia entre el 7 y 42% de epilepsia en el desorden del espectro autista, con un pico entre los 5 años, y otro pico en la adolescencia. Las crisis son tratadas igual que en otros tipos de epilepsia; las más frecuentes son las crisis parciales complejas que aparecen con relativa frecuencia acompañadas de problemas de conducta, irritabilidad cíclica, agresión, disturbios del sueño y trastornos de conducta.
La disminución del control de las crisis está asociado con el aumento de la severidad del autismo. La presencia de los síntomas o deterioro de las funciones no explicadas por cambios del entorno familiar y terapéutico, requiere considerar la presencia de crisis parciales complejas, como bien depresión o manía. Los medicamentos de elección en este tipo de crisis son carbamazepina, oxcarbazepina y valproato de sodio.
Un aumento en la frecuencia de las crisis y EEG paroxístico está reportada en niños con desórdenes del desarrollo del lenguaje. Los hallazgos de aumento de la rata de epilepsia y electroencefalograma epileptiforme en niños con desórdenes en el desarrollo del lenguaje se presume a que se debe reflexionar sobre la disfunción cerebral en que están relacionados estos procesos. Un 30% de los pacientes con autismo tienen regresión en la comunicación y una minoría de autistas sin epilepsia presentan descargas epileptiformes especialmente durante el sueño, y estas descargas son localizadas predominantemente en regiones perisilvianas, existiendo una relación compleja no solamente sobre el examen sino el papel específico de crisis clínicas o subclínicas que pueden presentarse en el autismo, pero requiere entenderse el papel de la epilepsia, o la actividad epileptiforme en cognición, lenguaje, conducta como un desorden general.
La observación de que la regresión del lenguaje y la presencia de epilepsia y alteraciones de los electroencefalogramas (EEG) ocurren frecuentemente en niños con TPD ha provocado que algunos autores reconozcan una estrecha relación entre ambos fenómenos tal como se ha postulado en casos con síndrome de Landau-Kleffner (SLK).
El SLK es definido como una afasia adquirida asociada con un EEG anormal demostrativo de punta onda y descarga de punta bifásica en región parietal y temporal; 25% de estos pacientes tienen crisis clínicas, pero las crisis subclínicas son muy frecuentes informadas por actividad epileptiforme en el EEG.
Algunos reportes de la literatura han descrito asociación de problemas de conducta, hiperkinesia, agresividad, estereotipias y pobres destrezas en la comunicación social y regresión del lenguaje con epilepsia.
El mayor riesgo para epilepsia lo presentan los pacientes con autismo que tienen compromiso importante de las funciones cognitivas y motoras. La variabilidad de las crisis está reportada por diferentes investigadores y pueden resumirse en tres factores: 1-Los grupos de edad estudiados con alto porcentaje de crisis se encuentran en adolescentes y adultos jóvenes con alto porcentaje de crisis. 2- El nivel de funcionamiento cognitivo en este grupo es bajo, 3-El tipo y grado de función del lenguaje con alto porcentaje de crisis ocurre en individuos con agnosia auditiva verbal. La mayoría de niños con regresión autista epileptiforme las descargas en el E.E.G. se evidencian en la región centrotemporal.
La diferencia entre SLK y regresión autista epileptiforme es: 1-Edad de regresión del lenguaje, 2-Perfil de la conducta; 3-Hallazgos del EEG: descarga centrotemporal infrecuente e intermitente.
Esta relación no es muy evidente y existen varios puntos que necesitan ser aclarados. Primero, la edad de regresión del lenguaje en pacientes con TPD, se produce en menores de 2 años mientras que en el SLK sucede después de los 3 años de edad y es más grave con respecto a la pérdida del lenguaje pero menos severa con relación a las manifestaciones anormales de la conducta. El segundo punto es que la regresión del lenguaje que ocurre en pacientes con TPD no es solamente menos grave y, por lo tanto, a veces se investiga al comenzar, sino que está relacionada más con conductas sociales y comunicativas que con el uso del lenguaje hablado contrario a la regresión del lenguaje observada en SLK.
El papel de la actividad epileptiforme en el desarrollo de las funciones comunicativas y de conducta de subgrupos específicos en niños con TPD necesita ser más investigado. El hecho de que exista una alta incidencia de alteraciones epileptiformes en el EEG en pacientes con TPD y que tales anormalidades tiendan a ser focales y se encuentra con mayor frecuencia en los lóbulos temporales y la región centroparietal (localización funcional del lenguaje), al igual que sucede en pacientes con SLK, han hecho que aún persista la controversia sobre éste tema.
AFASIA ADQUIRIDA EPILEPTIFORME
Afasia adquirida Epileptiforme SLK
Regresión autista
Epileptiforme
Regresión epileptiforme Desintegrativa
Tipo de regresión
Lenguaje solamente
Regresión del lenguaje
en niños con autismo con o sin desarrollo previo normal
Lenguaje, conducta y regresión cognitiva ocurriendo a los 2 años.
EEG hallazgos
Espiga temporal Intermitente
Espiga centrotemporal
frecuente e intermitente
Actividad global epileptiforme
Los reportes sugieren que los niños con SLK pueden tener una respuesta positiva al ácido valproico, esteroides, inmunoglobulinas y cirugía con la transacción múltiple subpial. En la regresión autista epileptiforme se utiliza para su manejo ácido valproico y esteroides, sin que haya evidencia de mejoría de los esteroides sobre el manejo
CONSIDERACIONES FINALES
Como hemos observado en esta revisión muchas son las hipótesis y muchas las drogas propuestas, pero aún es escasa la experiencia.
Es de gran importancia que el neuropediatra, actuando como coordinador de grupos interdisciplinarios, efectúe el seguimiento de los pacientes autistas con el fin de: 1.Reconocer los principales trastornos conductuales; 2. Definir el plan terapéutico; 3.Elegir la droga más adecuada. 4.Determinar el momento ideal para su adminsitración; 5.Evaluar respuesta; 6.Controlar eventuales efectos colaterales.
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F00 Demencia en la enfermedad de Alzheimer. F00.0 Demencia en la enfermedad de Alzheimer de inicio precoz. F00.1 Demencia en la enfermedad de Alzheimer de inicio tardío. F00.2 Demencia en la enfermedad de Alzheimer atípica o mixta. F00.9 Demencia en la enfermedad de Alzheimer sin especificación.
F01 Demencia vascular. F01.0 Demencia vascular de inicio agudo. F01.1 Demencia multi-infarto. F01.2 Demencia vascular subcortical. F01.3 Demencia vascular mixta cortical y subcortical. F01.8 Otras demencias vasculares. F01.9 Demencia vascular sin especificación.
F02 Demencia en enfermedades clasificadas en otro lugar. F02.0 Demencia en la enfermedad de Pick. F02.1 Demencia en la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob. F02.2 Demencia en la enfermedad de Huntington. F02.3 Demencia en la enfermedad de Parkinson. F02.4 Demencia en la infección por VIH. F02.8 Demencia en enfermedades específicas clasificadas en otro lugar.
F05 Delirium no inducido por alcohol u otras sustancias psicotropas F05.0 Delirium no superpuesto a demencia. F05.1 Delirium superpuesto a demencia. F05.8 Otro delirium no inducido por alcohol o droga. F05.9 Delirium no inducido por alcohol u otras sustancias psicotropas sin especificación.
F06 Otros trastornos mentales debidos a lesión o disfunción cerebral o a enfermedad somática F06.0 Alucinosis orgánica. F06.1 Trastorno catatónico orgánico. F06.2 Trastorno de ideas delirantes (esquizofreniforme) orgánico. F06.3 Trastornos del humor (afectivos) orgánicos. F06.4 Trastorno de ansiedad orgánico. F06.5 Trastorno disociativo orgánico. F06.6 Trastorno de labilidad emocional (asténico) orgánico. F06.7 Trastorno cognoscitivo leve. F06.8 Otro trastorno mental especificado debido a lesión o disfunción cerebral o a enfermedad somática. F06.9 Otro trastorno mental debido a lesión o disfunción cerebral o a enfermedad somática sin especificación.
F07 Trastornos de la personalidad y del comportamiento debidos a enfermedad, lesión o disfunción cerebral. F07.0 Trastorno orgánico de la personalidad. F07.1 Síndrome post-encefalítico. F07.2 Síndrome post-conmocional. F07.8 Otros trastornos de la personalidad y del comportamiento debidos a enfermedad, lesión o disfunción cerebral. F07.9 Trastorno de la personalidad y del comportamiento debido a enfermedad, lesión o disfunción cerebral sin especificación.
F09 Trastorno mental orgánico o sintomático sin especificación.
F10-F19 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de sustancias psicotropas. F10 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de alcohol. F11 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de opioides. F12 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de cannabinoides. F13 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de sedantes o hipnóticos. F14 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de cocaína. F15 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de otros estimulantes (incluyendo la cafeína). F16 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de alucinógenos. F17 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de tabaco. F18 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de disolventes volátiles. F19 Trastornos mentales y del comportamiento debidos al consumo de múltiples drogas o de otras sustancias psicotropas. F19.0 Intoxicación aguda. F19.1 Consumo perjudicial. F19.2 Síndrome de dependencia. F19.3 Síndrome de abstinencia. F19.4 Síndrome de abstinencia con delirium. F19.5 Trastorno psicótico. F19.6 Síndrome amnésico inducido por alcohol o drogas. F19.7 Trastorno psicótico residual y trastorno psicótico de comienzo tardío inducido por alcohol u otras sustancias psicotropas. F19.8 Otros trastornos mentales o del comportamiento inducido por alcohol u otras sustancias psicotropas. F19.9 Trastorno mental o del comportamiento inducido por alcohol u otras sustancias psicotropas sin especificación.
F20-29 Esquizofrenia, trastorno esquizotípico y trastornos de ideas delirantes. F20 Esquizofrenia. F20.0 Esquizofrenia paranoide. F20.1 Esquizofrenia hebefrénica. F20.2 Esquizofrenia catatónica. F20.3 Esquizofrenia indiferenciada. F20.4 Depresión post-esquizofrénica. F20.5 Esquizofrenia residual. F20,6 Esquizofrenia simple. F20.8 Otras esquizofrenias. F20.9 Esquizofrenia sin especificación.
F22 Trastornos de ideas delirantes persistentes. F22.0 Trastorno de ideas delirantes. F22.8 Otros trastornos de ideas delirantes persistentes. F22.9 Trastorno de ideas delirantes persistentes sin especificación.
F23 Trastornos psicóticos agudos y transitorios. F23.0 Trastorno psicótico agudo polimorfo sin síntomas de esquizofrenia. F23.1 Trastorno psicótico agudo polimorfo con síntomas de esquizofrenia. F23.2 Trastorno psicótico agudo de tipo esquizofrénico. F23.3 Otro trastorno psicótico agudo con predominio de ideas delirantes. F23.8 Otros trastornos psicóticos agudos transitorios. F23.9 Trastorno psicótico agudo transitorio sin especificación.
F25 Trastornos esquizoafectivos. F25.0 Trastorno esquizoafectivo de tipo maníaco. F25.1 Trastorno esquizoafectivo de tipo depresivo. F25.2 Trastorno esquizoafectivo de tipo mixto. F25.8 Otros trastornos esquizoafectivos. F25.9 Trastorno esquizoafectivo sin especificación.
F30-39 Trastornos del humor (afectivos) F30 Episodio maníaco. F30.0 Hipomanía. F30.1 Manía sin síntomas psicóticos. F30.2 Manía con síntomas psicóticos. F30.8 Otros episodios maníacos. F30.9 Episodio maníaco sin especificación.
F31 Trastorno bipolar. F31.0 Trastorno bipolar, episodio actual hipomaníaco. F31.1 Trastorno bipolar, episodio actual maníaco sin síntomas psicóticos. F31.2 Trastorno bipolar, episodio actual maníaco con síntomas psicóticos. F31.3 Trastorno bipolar, episodio actual depresivo leve o moderado. F31.4 Trastorno bipolar, episodio actual depresivo grave sin síntomas psicóticos. F31.5 Trastorno bipolar, episodio actual depresivo grave con síntomas psicóticos. F31.6 Trastorno bipolar, episodio actual mixto. F31.7 Trastorno bipolar, actualmente en remisión. F31.8 Otros trastornos bipolares. F31.9 Trastorno bipolar sin especificación.
F32 Episodios depresivos. F32.0 Episodio depresivo leve. F32.1 Episodio depresivo moderado. F32.2 Episodio depresivo grave sin síntomas psicóticos. F32.3 Episodio depresivo grave con síntomas psicóticos. F32.8 Otros episodios depresivos. F32.9 Episodio depresivo sin especificación.
F33 Trastorno depresivo recurrente. F33.0 Trastorno depresivo recurrente, episodio actual leve. F33.1 Trastorno depresivo recurrente, episodio actual moderado. F33.2 Trastorno depresivo recurrente, episodio actual grave sin síntomas psicóticos. F33.3 Trastorno depresivo recurrente, episodio actual grave con síntomas psicóticos. F33.4 Trastorno depresivo recurrente actualmente en remisión. F33.8 Otros trastornos depresivos recurrentes. F33.9 Trastorno depresivo recurrente sin especificación.
F34 Trastornos del humor (afectivos) persistentes. F34.0 Ciclotimia. F34.1 Distimia. F34.8 Otros trastornos del humor (afectivos) persistentes. F34.9 Trastorno del humor (afectivo) persistente sin especificación.
F38 Otros trastornos del humor (afectivos) F38.0 Otros trastornos del humor (afectivos) aislados. F38.1 Otros trastornos del humor (afectivos) recurrentes. F38.8 Otros trastornos del humor (afectivos). F39 Trastorno del humor (afectivo) sin especificación
F41 Otros trastornos de ansiedad. F41.0 Trastorno de pánico (ansiedad paroxística episódica). F41.1 Trastorno de ansiedad generalizada. F41.2 Trastorno mixto ansioso-depresivo. F41.3 Otro trastorno mixto de ansiedad. F41.8 Otros trastornos de ansiedad especificados. F41.9 Trastorno de ansiedad sin especificación.
F42 Trastorno obsesivo-compulsivo. F42.0 Con predominio de pensamientos o rumiaciones obsesivas. F42.1 Con predominio de actos compulsivos (rituales obsesivos). F42.2 Con mezcla de pensamientos y actos obsesivos. F42.8 Otros trastornos obsesivo-compulsivos. F42.9 Trastorno obsesivo-compulsivo sin especificación.
F43 Reacciones a estrés grave y trastornos de adaptación. F43.0 Reacción a estrés agudo. F43.1 Trastorno de estrés post-traumático. F43.2 Trastornos de adaptación. F43.8 Otras reacciones a estrés grave. F43.9 Reacción a estrés grave sin especificación.
F44 Trastornos disociativos (de conversión). F44.0 Amnesia disociativa. F44.1 Fuga disociativa. F44.2 Estupor disociativo. F44.3 Trastornos de trance y de posesión. F44.4 Trastornos disociativos de la motilidad. F44.5 Convulsiones disociativas. F44.6 Anestesias y pérdidas sensoriales disociativas. F44.7 Trastornos disociativos (de conversión) mixtos. F44.8 Otros trastornos disociativos (de conversión). F44.9 Trastorno disociativo (de conversión) sin especificación.
F45 Trastornos somatomorfos. F45.0 Trastorno de somatización. F45.1 Trastorno somatomorfo indiferenciado. F45.2 Trastorno hipocondríaco. F45.3 Disfunción vegetativa somatomorfa. F45.4 Trastorno de dolor persistente somatomorfo. F45.8 Otros trastornos somatomorfos. F45.9 Trastorno somatomorfo sin especificación.
F48 Otros trastornos neuróticos. F48.0 Neurastenia. F48.1 Trastorno de despersonalización-desrealización. F48.8 Otros trastornos neuróticos especificados. F48.9 Trastorno neurótico sin especificación.
F50-59 Trastornos del comportamiento asociados a disfunciones fisiológicas y a factores somáticos. F50 Trastornos de la conducta alimentaria. F50.0 Anorexia nerviosa. F50.1 Anorexia nerviosa atípica. F50.2 Bulimia nerviosa. F50.3 Bulimia nerviosa atípica. F50.4 Hiperfagia en otras alteraciones psicológicas. F50.5 Vómitos en otras alteraciones psicológicas. F50.8 Otros trastornos de la conducta alimentaria. F50.9 Trastorno de la conducta alimentaria sin especificación.
F51 Trastornos no orgánicos del sueño. F51.0 Insomnio no orgánico. F51.1 Hipersomnio no orgánico. F51.2 Trastorno no orgánico del ciclo sueño-vigilia. F51.3 Sonambulismo. F51.4 Terrores nocturnos. F51.5 Pesadillas. F51.8 Otros trastornos no orgánicos del sueño. F51.9 Trastorno no orgánico del sueño de origen sin especificación.
F52 Disfunción sexual no orgánica. F52.0 Ausencia o pérdida del deseo sexual. F52.1 Rechazo sexual y ausencia de placer sexual. F52.2 Fracaso de la respuesta genital. F52.3 Disfunción orgásmica. F52.4 Eyaculación precoz. F52.5 Vaginismo no orgánico. F52.6 Dispareunia no orgánica. F52.7 Impulso sexual excesivo. F52.8 Otras disfunciones sexuales no debidas a enfermedades o trastornos orgánicos. F52.9 Disfunción sexual no debida a enfermedad o trastorno orgánico.
F53 Trastornos mentales y del comportamiento en el puerperio no clasificados en otro lugar. F53.0 Trastornos mentales y del comportamiento en el puerperio no clasificados en otro lugar leves. F53.1 Trastornos mentales y del comportamiento en el puerperio no clasificados en otro lugar graves. F53.8 Otros trastornos mentales en el puerperio no clasificados en otro lugar. F53.9 Otro trastorno mental o del comportamiento del puerperio, sin especificación.
F60-69 Trastornos de la personalidad y del comportamiento del adulto. F60 Trastornos específicos de la personalidad. F60.0 Trastorno paranoide de la personalidad. F60.1 Trastorno esquizoide de la personalidad. F60.2 Trastorno disocial de la personalidad. F60.3 Trastorno de inestabilidad emocional de la personalidad. F60.4 Trastorno histriónico de la personalidad. F60.5 Trastorno anancástieo de la personalidad. F60.6 Trastorno ansioso (con conducta de evitación) de la personalidad. F60.7 Trastorno dependiente de la personalidad. F60.8 Otros trastornos específicos de la personalidad. F60.9 Trastorno de la personalidad sin especificación.
F62 Transformación persistente de la personalidad no atribuible a lesión o enfermedad cerebral. F62.0 Transformación persistente de la personalidad tras experiencia catastrófica. F62.1 Transformación persistente de la personalidad tras enfermedad psiquiátrica. F62.8 Otras transformaciones persistentes de la personalidad. F62.9 Transformación persistente de la personalidad sin especificación.
F63 Trastornos de los hábitos y del control de los impulsos. F63.0 Ludopatía. F63.1 Piromanía. F63.2 Cleptomanía. F63.3 Tricotilomanía. F63.8 Otros trastornos de los hábitos y del control de los impulsos. F63.9 Trastorno de los hábitos y del control de los impulsos sin especificación.
F64 Trastornos de la identidad sexual. F64.0 Transexualismo. F64.1 Transvestismo no fetichista. F64.2 Trastorno de la identidad sexual en la infancia. F64.8 Otros trastornos de la identidad sexual. F64.9 Trastorno de la identidad sexual sin especificación.
F65 Trastornos de la inclinación sexual. F65.0 Fetichismo. F65.1 Transvestismo fetichista. F65.2 Exhibicionismo. F65.3 Escoptofilia (voyeurismo). F65.4 Paidofilia. F65.5 Sadomasoquismo. F65.6 Trastornos múltiples de la inclinación sexual. F65.8 Otros trastornos de la inclinación sexual. F65.9 Trastorno de la inclinación sexual sin especificación.
F68 Otros trastornos de la personalidad y del comportamiento del adulto. F68.0 Elaboración psicológica de síntomas somáticos. F68.1 Producción intencionada o fingimiento de síntomas o invalideces somáticas o psicológicas (trastorno ficticio). F68.8 Otros trastornos de la personalidad y del comportamiento del adulto especificados.
F80-89 Trastornos del desarrollo psicológico. F80 Trastornos específicos del desarrollo del habla y del lenguaje. F80.0 Trastorno específico de la pronunciación. F80.1 Trastorno de la expresión del lenguaje. F80.2 Trastorno de la comprensión del lenguaje. F80.3 Afasia adquirida con epilepsia (síndrome de Landau-Kleffner). F80.8 Otros trastornos del desarrollo del habla y del lenguaje. F80.9 Trastorno del desarrollo del habla y del lenguaje sin especificación.
F81 Trastornos específicos del desarrollo del aprendizaje escolar. F81.0 Trastorno específico de la lectura. F81.1 Trastorno específico de la ortografía. F81.2 Trastorno específico del cálculo. F81.3 Trastorno mixto del desarrollo del aprendizaje escolar. F81.8 Otros trastornos del desarrollo del aprendizaje escolar. F81.9 Trastorno del desarrollo del aprendizaje escolar sin especificación.
F84 Trastornos generalizados del desarrollo. F84.0 Autismo infantil. F84.1 Autismo atípico. F84.2 Síndrome de Rett. F84.3 Otro trastorno desintegrativo de la infancia. F84.4 Trastorno hipercinético con retraso mental y movimientos estereotipados. F84.5 Síndrome de Asperger. F84.8 Otros trastornos generalizados del desarrollo. F84.9 Trastorno generalizado del desarrollo sin especificación.
F91 Trastornos disociales. F91.0 Trastorno disocial limitado al contexto familiar. F91.1 Trastorno disocial en niños no socializados. F91.2 Trastorno disocial en niños socializados. F91.3 Trastorno disocial desafiante y oposicionista. F91.8 Otros trastornos disociales. F91.9 Trastorno disocial sin especificación.
F92 Trastornos disociales y de las emociones mixtos. F92.0 Trastorno disocial depresivo. F92.8 Otros trastornos disociales y de las emociones mixtos. F92.9 Trastorno disocial y de las emociones mixto sin especificación.
F93 Trastornos de las emociones de comienzo habitual en la infancia. F93.0 Trastorno de ansiedad de separación de la infancia. F93.1 Trastorno de ansiedad fóbica de la infancia. F93.2 Trastorno de hipersensibilidad social de la infancia. F93.3 Trastorno de rivalidad entre hermanos. F93.8 Otros trastornos de las emociones en la infancia. F93.9 Trastorno de las emociones en la infancia sin especificación.
F94 Trastornos del comportamiento social de comienzo habitual en la infancia y adolescencia. F94.0 Mutismo selectivo. F94.1 Trastorno de vinculación de la infancia reactivo. F94.2 Trastorno de vinculación de la infancia desinhibido. F94.8 Otros trastornos del comportamiento social en la infancia y adolescencia. F94.9 Trastorno del comportamiento social en la infancia y adolescencia sin especificación.
F95 Trastornos de tics. F95.0 Trastorno de tics transitorios. F95.1 Trastorno de tics crónicos motores o fonatorios. F95.2 Trastorno de tics múltiples motores y fonatorios combinados (síndrome de Gilles de la Tourette). F95.8 Otros trastornos de tics. F95.9 Trastorno de tics sin especificación.
F98 Otros trastornos de las emociones y del comportamiento de comienzo habitual en la infancia y adolescencia. F98.0 Enuresis no orgánica. F98.1 Encopresis no orgánica. F98.2 Trastorno de la conducta alimentaria en la infancia. F98.3 Pica en la infancia. F98.4 Trastorno de estereotipias motrices. F98.5 Tartamudeo (espasmofemia). F98.6 Farfulleo. F98.8 Otros trastornos de las emociones y del comportamiento en la infancia y adolescencia especificados. F98.9 Trastorno de las emociones y del comportamiento de comienzo habitual en la infancia o la adolescencia sin especificación.
Poder diferenciar al Autismo de otras condiciones, puede resultar una tarea muy difícil, puesto que existen problemas en varias áreas. Es muy dificultoso poder dilucidar en verdad, si el Autismo es una entidad clínica específica, o tal vez una forma de Ezquizofrenia o de retraso mental. Además, es muy difícil evaluar si el paciente es Autista o padece otro trastorno.
Por ello se puede dividir el diagnóstico en primer lugar desde el punto de vista teórico y desde el punto de vista interdiciplinario.
Diagnóstico del Autismo: (aspectos generales a tener en cuenta).
Alteración cualitativa de la interacción social: Manifestada al menos por dos de las siguientes características:
Importante alteración del uso de múltiples comportamientos no verbales, como son contacto ocular, expresión facial, posturas corporales y gestos reguladores de la interacción social.
Incapacidad para desarrollar relaciones con compañeros adecuadas al nivel de desarrollo.
Carencia de la tendencia espontánea para compartir con otras personas disfrutes, intereses y objetivos (p ej: no señalar, traer o excibir elementos de interés).
Ausencia de intercambio afectivo.
Alteración Cualitativa del Desarrollo del Lenguaje:
Retraso o ausencia total del lenguaje.
En individuos con lenguaje adecuado, importante alteración para iniciar o mantener la conversación con otros.
Uso esterotipado y repetitivo del lenguaje.
Ausencia de juego imitativo social propio del nivel de desarrollo.
Patrones de comportamiento inherente a intereses y actividades disminuídos.
Preocupación absorbente por uno o más patrones esterotipados.
Sostenerse inflexible a una tarea sumamente rutinaria.
Mantenimiento de conductas motoras esterotipadas y repetidas (p ej: aleteo, sacudir o girar las manos o dedos, balanceo hacia ambos lados, (rolling) o movimientos complejos de todo el cuerpo
Empleo de algún objeto (fetiche) como parte de una actividad lúdica inexistente.
Diagnóstico Interdisciplinario del Autismo.
Debido a que el paciente autista presenta alteraciones en varias áreas, resulta muy útil emplear el concurso de varias especialidades a fin de emitir el diagnóstico y poder evaluar el funcionamiento del niño.
Audiología:
Evaluar a un niño autista por parte del fonoaudiólogo es una tarea muy frecuente, dado que es siempre necesario descartar una pérdida de audición como probable causa de la ausencia de respuestas del niño. Los niños con sordera congénita suelen expresar pocas respuestas y evidenciar un retraso del desarrollo del lenguaje, por lo cual pueden confundirse fácilmente con niños autistas o con retrasados mentales. Aún si ya se conoce que el paciente es autista, puede existir una pérdida de la audición periférica además del autismo, por lo cual es importante evaluar una probable pérdida parcial de la audición. Los métodos tradicionales para medir la capacidad auditiva rara vez tienen éxito con los niños autistas. Es bastante improbable que el paciente autista dada su trastornos conductuales, sea tan coperativo para permitir la medición de su capacidad auditiva con estos métodos. Entonces, como puede el fonoaudiólogo intervenir en el diagnóstico o intervenir en el equipo de trabajo del niño autista.
Existen varios métodos mediante los cuales en especielista puede evaluar con bastante precisión y validez la adecuación auditiva del niño autista, a pesar de la falta de colaboración tan común en él para responder a pruebas estandarizadas. Las técnicas incluyen Potenciales Evocados Auditivos, de corta, mediana y larga latencia, que ponen en evidencia la integridad de las vías auditivas. Otro método incluye la asociación de un sonido con un objeto atractivo para la vista (p ej: en juguete luminoso o una figura en movimiento), son una manera adecuada para condicionar a los pacientes difíciles de evaluar para que miren hacia el reforzador visual cuando escuchen un sonido esta técnica se la conoce como audiometría del reflejo de orientación condicionada (AROC). Otro método consiste en administrar reforzadores comestibles (p ej: caramelos) mediante una máquina, cuando el niño presiona un botón en respuesta a un sonido, esto se conoce con el nombre de audiometría de condicionamiento operante con reforzamiento tangible (ACORT). La información que se obtiene puede influir en el enfoque empleado para el tratamiento del paciente, y además tratar de solucionar los trastornos secundarios que pueden aparecer si existe pérdida auditiva.
Asistencia Social:
El trabajador social, dentro de un equipo interdisciplinario que trabaja para un niño autista, tendrá que realizar intervenciones que servirán para estabilizar el ambiente hogareño, aumentar las habilidades y fortalecer las relaciones entre el hogar y los recursos existentes en la comunidad.
Habla y Lenguaje:
El rol de un especialista en Neurolinguística es esencial en el diagnóstico y tratamiento del niño autista.
Los aspectos más importantes a tener en cuenta dentro de los trastornos de comunicación son los siguientes:
Conducta
Aprendizaje
Lenguaje Expresivo
Lenguaje Receptivo.
Conducta: Evaluar la conducta de un niño autista es una tarea muy difícil, se les separa de sus padres, se les ordena que ejecuten tareas nuevas, las cuales a menudo les resultan difíciles. El paciente autista, que no tolera la estimulación, a menudo se halla en desventaja con respecto al resto. Es importante observar sus conductas no verbales, como las gestuales y el lenguaje corporal.
Aprendizaje: Antes de que el niño comience a hablar y a entender el significado del lenguaje, debe poseer Lenguaje Interno, la adquisición de este lenguaje se lleva a cabo a través de dos procesos: La capacidad para adquirir conceptos y la habilidad para codificarlos dentro de un engrama simbólico, de forma que puedan extraerlos en forma eficaz de su memoria. El niño autista muestra serias dificultades para adquirir nuevas habilidades, extraídas de su mundo.Una forma importante de evaluación conductual es observar al enfermo mientras desarrolla su actividad lúdica, esto es mientras juega libremente. En general parece que el juego con juguetes efectuado por el paciente es solamente manipulativo, no simbólico, y tanto durante el juego como en otros momentos el niño no ejerce una interrelación con el examinador.
Lenguaje Expresivo:
Cerca del 25 a 50% de los pacientes autistas son mudos, otros niños muestran cierta comunicación verbal, que van desde unos cuantos ruidos hasta algunas frases estructuradas. La producción verbal total suele estar despojada de cualquier palabra con sonidos normales, y es bastante común que este lenguaje se acompañe de entonaciones musicales o rítmicas. Lejos de expresar necesidades básicas de manera inapropiada, el uso del lenguaje autista es limitado en extensión y en variedad. El paciente autista tiene un sistema de comunicación personal repleto de neologismos (palabras inventadas por él) y vocablos familiares muy personales. La historia del desarrollo de estos enfermos muestran muy pocos juegos de sonidos agradables, imitaciones vocales poco frecuentes y falta de imitación de los gestos faciales y de otro tipo.
Lenguaje Receptivo: Normalmente el paciente Autista se muestra indiferente a todo, es muy resistente y parece impermeable a las personas y a la comunicación. Es incapaz de aprender a hablar a partir de modelos y no los busca por sí mismo, ni les pone atención ni anticipa su valor como comodidad, aprobación, ayuda o juego. El diagnóstico diferencial del autismo con otros disturbios es a veces difícil. El autismo, la lesión cerebral, el retraso mental, la ezquizofrenia infantil, la afasia infantil grave, la sordera congénica y los retrasos cognocitivos revelan similitudes importantes en lo que concierne al habla y al lenguaje. El factor decisivo para diferenciar el autismo de otras enfermedades y de los síndromes comunes del daño cerebral suele ser la ausencia de una condición prenatal, paranatal o posnatal , la cual podría ser el resultado de daño cerebral, así como la ausencia de cualquier descubrimiento neurológico objetivo y la diferencia entre la comunicación interpersonal. Para evaluar a un niño autista, no debe basarse solamente en del lenguaje del niño, sino que se ha de considerar también aspectos de ejecución de las habilidades cognitivas, motoras, afectivas y de la comunicación.
Pediatría: Generalmente es el pediatra el primer especialista que tiene contacto con el paciente autista, siendo importante su recomendación para socilitar una interconsulta con un especialista.
Psicología: Para establecer un diagnóstico es muy importante efectuar una historia clínica y otra social adecuadas. Dado que el autismo es una condición cuyos comienzos se manifiestan en épocas muy tempranas de la vida del niño, es importante establecer las condiciones básicas del desarrollo, así como tener un cuadro de las contribuciones básicas del desarrollo, así como tener un cuadro de las contribuciones tempranas que el niño indujo en el clima emocional familiar.El psicólogo debe incluir sus propias reacciones respecto del paciente en la ficha de evaluación, puesto que al trabajar con él aparecen una serie de emociones: un poco de frustración, algo de enojo inadecuado, y por momentos sentimientos de compación, ya que los enfermos dan escasos indicios que permitan conocer su vida interior. El examinador percibe, a pequeña escala, el sentimiento de futilidad de relación que viven todas las demás personas significativas en el ambiente del autista.
Psiquiatría: La evaluación psiquiátrica de los enfermos autistas se basa en tres aspectos que difieren entre sí: a) la historia del niño tal como la cuentan sus padres, b) la observación directa del niño, y c) la interacción personal con él. A veces, el Autismo infantil se puede confundir con otras perturbaciones, pero se tiene en cuenta el trastorno inicialpor el cual se envía al niño a un tratamiento psiquiátrico, es la carencia de desarrollo lingüístico, el diagnóstico diferencial deberá incluir: El retraso mental, pérdida de la audición, privación psicosocial, mutismo electivo y diferentes tipos de psicosis.
Retraso Mental: al diferenciar al niño retrasado del niño Autista, deben considerarse varios factores importantes. Por medio de la historia del niño retrasado es factible ver varios trastornos del desarrollo en áreas que no corresponden al lenguaje, como el desarrollo motor (Caminar, Sentarse, etc). Habitualmente el niño retrasado no comprende algo, pero al menos puede gesticular y tener deseos de comunicarse.
Sordera: Los pacientes sordos parecen desenvolverse como si fueran retrasados o aún autistas, pero sin embargo normalmente la pérdida auditiva la diagnostica un Fonoaudiólogo o un Pediatra, y muy rara vez se envía a un niño sordo al psiquiatra.
Privación Psicosocial: Los niños privados de contacto con el medio ambiente pueden mostrar retraso del desarrollo general. Pueden responder menos a las personas y al medio ambiente y también son comunes otros retrasos, particularmente aquellos del desarrollo linguítico, no obstante, es normal que exista algo de lenguaje, y que este sea normal, aunque inmaduro. Una diferencia importante del niño privado con respecto al autista, es que si el primero es colocado en un ambiente saludable y normal, puede lograr grandes avances y podrá llegar a desenvolverse muy cerca de la normalidad.
Mutismo Electivo: En esta condición, el paciente es capaz de hablar, pero en determinadas circunstancias permanece mudo. El niño muestra una falta de voluntad para hablar en situaciones extrañas o con personas desconocidas, y es muy habitual que habla bien en su hogar, pero no así en la escuela. La observación y la historia clínica pueden diferenciar de manera concreta y precisa a este tipo de niño del autista.
Piscosis: en este grupo se puede incluir a algunos grados menores de psicosis y a la ezquizofrenia infantil. El niño con ezquizofrenia infantil no muestra la misma carencia de respuesta ni los retrasos en el lenguaje Comunes en el niño autista. A menudo el niño ezquizofrénico puede usar el lenguaje, pero las ideas que expresa son extrañas y poco comunes. El hecho de trabajar multidiciplinariamente permite realizar no solo un correcto diagnóstico, sino también poder evaluar las capacidades y las deficiencias del paciente, a fin de poder recurrir a un plan prescriptivo qu podría funcionar con él.
A continuación encontaréis los comentarios a las diapositivas de una conferencia dada en Ávila (España) sobre el Diagóstico Precoz del Autismo: Podéis bajaros, por un lado las diapositivas y, por otro, los comentarios sobre ellas.
La conferencia de Ávila está basada en la Reunión de Consenso convocada por la Sociedad de Neurología Infantil y la Academia Americana de Neurología. En ella participaron las siguientes entidades: La Academia Americana de Audiología, Academia Americana de Psiquiatría del Niño y del Adolescente, Academia Americana de Pediatría, Asociación Americana de Terapia Ocupacional, Asociación Americana de Psicología, Sociedad Americana de Psicología, Asociación Americana de Audición y Lenguaje, Sociedad para la Pediatría Comportamental y del Desarrollo.
(El documento completo está traducido por PEDRO LUÍS NIETO DEL RINCÓN y podéis conseguirlo en Autismo España- Véase enlaces)
Desde que se describió por Kanner en 1943 el Autismo han evolucionado bastante los conceptos clínicos del mismo. Han, prácticamente, desaparecido entidades clínicas como psicosis simbiótica, disarmonías evolutivas de tipo psicótico e, incluso, el propio término de psicosis. Se han impuesto otros con mayor consistencia como el Síndrome de Rett y el de Asperger, aunque este último no exento de controversias.
En la actualidad, términos como reacción autística, autismo, trastorno generalizado, psicosis infantil conforman un conjunto de trastornos graves del desarrollo que se les han dado en llamar TRASTORNOS DEL ESPECTRO AUTISTA que, si bien tiene sus ventajas para unas cosas, a mi juicio supone un cajón de sastre peligroso que dificulta la investigación.
Actualmente, para diferenciarlos del autismo, se ha propuesto la denominación de TRASTORNO AUTISTA como aquel que se atiene a los criterios de diagnóstico de la DSM IV (Criterios de la Sociedad Americana de Psiquiatría). Por tanto, para la persona poco introducida debería quedar claro que no es exactamente lo mismo cuando se habla de trastornos de espectro autista que cuando se habla del autismo en sentido estricto.
DIAPOSITIVA-3: Los Trastornos del Espectro Autista
Hoy por la mayoría de los especialista en Trastornos del Desarrollo incluyen los siguientes cuadros clínicos:
TRASTORNO AUTISTA:
Se habla de Trastorno Autista cuando se cumplen los criterios diagnósticos propuestos por la Asociación Americana de Psiquiatría que exponemos de forma resumida. A saber:
Alteración cualitativa de la interacción social.
Alteración cualitativa de la comunicación.
Patrones de comportamiento, intereses y actividades restringidos, repetitivos y estereotipados.
El trastorno no se explica por la presencia de un Trastorno de Rett o por el Trastorno Desintegrativo.
TRASTORNO DE RETT:
Los criterios diagnósticos para el Trastorno de Rett son los siguientes ( resumidos):
A. Deben cumplirse todas las características:
desarrollo prenatal y perinatal aparentemente normal.
desarrollo psicomotor aparentemente normal durante los primeros cinco meses.
perímetro cefálico normal al nacimiento.
B. Aparición de todos los síntomas siguientes después del desarrollo normal:
Desaceleración del crecimiento craneal entre los 5 y 48 meses.
Pérdida progresiva de habilidades manuales.
Pérdida de implicación social.
Mala coordinación de la marcha.
Alteración grave del lenguaje expresivo y comprensivo.
TRASTORNO DESINTEGRATIVO:
Los criterios para el Trastorno Desintegrativo (resumidos) son los siguientes:
A. Desarrollo normal al menos hasta los dos años de edad.
B. Pérdida clínicamente significativa de habilidades motoras y cognitivo-sociales previamente adquiridas (antes de los 10 años).
C. Anormalidades en al menos dos de las siguientes áreas:
Interacción social.
Comunicación.
Comportamiento, intereses y actividades.
D. No se explica por otro trastorno.
TRASTORNO DE ASPERGER:
Presentan las alteraciones siguientes:
A. Alteración cualitativa de la interacción social.
B. Patrones de comportamiento, intereses y actividades restrictivos, repetitivos o estereotipados.
C. El trastorno causa un deterioro clínicamente significativo de la actividad social, laboral y otras áreas.
D. No hay retraso del lenguaje clínicamente significativo.
E. No hay retraso clínicamente significativo del desarrollo cognoscitivo ni en áreas como habilidades en autoayuda, adaptación y existe curiosidad por el ambiente.
F. No obedece a un trastorno Generalizado ni esquizofrenia.
Si tenemos en cuenta las dificultades en las que se ha desenvuelto la precisión diagnóstica de los Trastornos Generalizados en general, se comprenderá de la relatividad de los índices y tasas que aparecen en la literatura epidemiológica.
Está bastante extendido que para el TRASTORNO AUTISTA existen 4-5 casos por 10.000 lo que supone una prevalencia de este trastorno mayor que el de otras enfermedades pediátricas como son la diabetes juvenil, el cáncer y el síndrome de Down. Si consideramos los TRASTORNOS DEL ESPECTRO AUTISTA, es decir sin ser tan estrictos, la prevalencia se considera que es de 10-20 casos por 10.000, siendo la relación niño/niña de 3-4:1.
También se considera que si tenemos en cuenta el género y el Cociente Intelectual, existen 4niños por una niña cuando es un CI normal y de 2 niños: 1 niña cuando existe retraso mental. Se ha especulando que esto podría deberse a que las niñas con CI normal disponen de mayores habilidades sociales, lo que favorecería su exclusión del trastorno.
Según los expertos, las ventajas de un diagnóstico precoz, son:
La posibilidad de un tratamiento y su planificación temprana.
Apoyo psicológico y psicoeduacción a la familia.
Posibilidad de implementar un programa de manejo del estrés intrafamiliar.
En el supuesto que fuera necesario, la planificación de cuidados médicos al niño.
Sin embargo, algo que parece tan conveniente y, en principio, tan sencillo, según la psicológa británica HOWLIN nos refiere en un artículo suyo no es habitual: la edad media con la que se realiza el diagnóstico en Gran Bretaña no es antes de los seis años, en tanto que en los EEUU está entre los 3-4 años.
Esto es aún más importante en cuanto que se sabe que los padres ya indicaron síntomas de alarma hacia los 18 meses. Sabemos, igualmente, que la intervención temprana mejora el desarrollo del lenguaje en un 75 % de los casos.
Se consideran INDICADORES PRECOCES los siguientes:
Alteración de la interacción social recíproca.
Alteración de la comunicación verbal y gestual.
Intereses restringidos, repetitivos y estereotipados.
Respecto a las ANOMALÍAS DE LA INTERACCIÓN SOCIAL, deben ser de tipo cualitativo y vendrían determinadas por los siguientes aspectos:
Déficits en conductas no verbales prosociales: no contacto ocular, alteración en la expresión facial, posturas corporales y gestos anormales.
No relación con sus iguales.
Ausencia de conductas espontáneas para compartir juegos, diversiones o intereses con los demás niños.
Ausencia o déficit muy importante en la reciprocidad social o emocional.
En cuanto a la ALTERACIÓN DE LA COMUNICACIÓN, las más importantes son:
Retraso evolutivo del lenguaje que puede llegar a lo que se denomina agnosia verbal.(Es una alteración de la codificación y decodificación del lenguaje)
Uso repetitivo y estereotipado del lenguaje con ecolalias inmediatas y/o retardadas.
Finalmente, respecto a los INTERESES RESTRINGIDOS Y ESTEREOTIPADOS viene determinados por repertorios de conductas ritualizadas, estereotipias motoras y el apego exagerado a determinados objetos, entre otros.
Los indicadores que figuran a continuación se consideran suficientes para que el médico que sigue al niño realice una investigación clínico-diagnóstica mas especializada y detenida:
Niño que no balbucea a los 12 meses.
Que no señala ni gesticula convenientemente.
Cuando hay ausencia de palabras simples a los 16 meses.
No pronuncia frases simples a los 24 meses.
La pérdidad espontánea de cualquier adquisición del lenguaje a cualquier edad.
DIAPOSITIVA - 9: Alegaciones de los padres (comunicación)
A continuación se exponen las "quejas" mas frecuentes que los padres alegan durante el seguimiento médico de su hijo, y que deberían tenerse muy en cuenta, sobre aspectos de la comunicación, la conducta social y condcuta en general.
Existen algunas exploraciones que deberían realizarse en Atención Primaria: la evaluación audiolólogicaes importante. En otros casos también se considera de este nivel sanitario la determinación del plomo sangíneo.
LA EXPLORACIÓN AUDIOLÓGICA:
Va encaminada a detrminar la pérdida de sensibilidad, respuestas inconsistentes, ausencias de respuestas, respuestas insuales y desincronías en la transmisión del estímulo auditivo. Se debería evaluar la función del oído medio, tanto a través de técnicas clasicas de audiometría, si es posible, como con exámenes neurofisiológicos (PEAT) y Potenciales Cognitivos. Sin embargo las exploraciones en estos niños son difíciles por la falta de colaboración, por lo que se han ideado diversas técnicas: audiometría de respuestas incondicionada, de respuestas condicionada (con resfuerzos visuales y de juego condicionado). Últimamente también se está utilizando la de refuerzo operante.
Respecto a la determinación de la plumbemia, hay que hacerla, sobretodo, cuando existe pica.
Una de las escalas que, tal vez, más éxito puedan tener, ya que está pensada para el diagnóstico precoz de los trastornos del espectro autista en atención primariaes el TEST DE DETECCIÓN DE TRASTORNOS GENERALIZADOS DE DESARROLLO DE SIEGEL. Evalúa síntomas positivos y negativos, aspectos regresivos del desarrollo, temperamento, respuestas sensoriales, estereotipias , atención, apego e intereses por sus iguales.
Sin embargo nosotros venimos utilizando la Escala ERC A III de Lelord. Es una escla que viene acopañada de unas instrucciones para porder realizar con objetividad las puntuaciones. Os la presentamos a continuación:
Tabla 2. ESCALA ERC-A III UNIDAD DE SALUD MENTAL INFANTO-JUVENIL C. H. TORRECARDENAS Centro Periférico de Especialiddes Ctra. de Ronda, 226 - 04008 Almería
Aunque se ha hablado mucho sobre la relación entre problemas obstétrico-perinatales y autismo, la realidad es que existe un incremento leve de problemas aunque no se han encontrado diferencias significativas entre TGD y edad gestacional, metrorragias, infecciones, diabetes materna, madre añosa, abortos, distocias, depresión neonatal del RN, cuidados intensivos, crisi epilépticas....
HISTORIA MÉDICO-EVOLUTIVA
Hay que valorar los hitos en el desarrollo o las regrsiones en el mismo, encefalopatías, epilepsia, trastornos hiperactivos graves, depresión y manía dependiendo de la edad.
Se sabe hoy día que la probabilidad de un niño de padecer autismo se incrementa de 50 a 100 veces si existen antecedentes de primer grado. En algunos estudios con gemelos se ha demostrado que pueden existir un componente genético considerable. Así, FOMBONNE en un estudio de 11 parejas de gemelos encontró una concordancia del 36% en los univitelinos y ninguna entre los vibitelinos. Posteriormente LE COUTEUR en su estudio de 28 parejas la concordancia fué del 60% cuando se utilizaron criterios estrictos y del 71% con criterios más amplios.
Respecto al SÍNDROME X-FRÁGIL sabemos que la frecuencia de autismo es del 2 al 7%. Respecto a la ESCLEROSIS TUBEROSA sabemos que existen dos tipos la ESCLEROSIS TUBEROSA COMPLEJA TIPO I, ligada al cromosoma 9, y TIPO II, ligada al 16. Es esta última la más relacionada con el autismo. La relación es la siguiente: el 17-60% de los niños con ETC-II presentan autismo. Sin embargo, solo el 0,4-3% de los niños con autismo presentan esta patología neurológica.
PERÍMETRO CEFÁLICO
Aunque los niños autistas tienen un perímetro craneal superior a la media de los controles, son pocos los que presentan una macrocefalia.
EXAMEN GENERAL
Debemos buscar signos de facomatosis con la Lámpara de WOOD ya que suele permanecer ocultas durante un tiempo. Igualmente se deben valorar la existencia o no de rasgos dismórficos.
Debe centrase en la evaluación de las interacciones sociales y del juego simbólico, lenguaje y comunicación.
EXAMEN DE LOS PARES CRANEALES
Visto con anterioridad.
EXAMEN MOTOR
Debemos buscar alteraciones de la motricidad gruesa y fina (sobretodo con CI bajo), hipotonías, espacticidades, apraxias de algún miembro, estereotipias motoras(más frecuentes en niños con retraso mental)
Se han utilizado gran variedad de determinaciones metabólicas. Hoy sabemos que su valor diagnóstico es relativo (solo se presentan en un 5%). De todas formas, cuando un niño presenta historia de letargia, vómitos cíclicos, crisis epilépticas tempranas, rasgos dismórficos, retraso mental sin antecedentes obstétricos justificables, deberíamos de realizarlos.
Existen una amplia variedad de alteraciones referidas al cromosoma 25 que pueden cursar con autismo: ALTERACIONES DEL BRAZO PROXIMAL DEL CROMOSOMA 15 (entre otros el síndrome de Angelman y de Prader-Willi)
X-FRAGIL
NEUROIMAGEN
TAC, RMN FUNCIONAL, SPECT Y PET (Todas son pruebas que pertenecen más al ámbito de la investigación y son de escasa utilidad clínica, hoy por hoy.
Todos aún vigentes, aunque por los estudios realizados parecen no ser determinates en el diagnóstico del autismo. Que la polémica aun contimnúa podéis comprobarlo en los enlaces de esta página. Estos serían:
Antcuerpos celiacos.
Test sobre alergias: gluten, caseina, cándida y otros.
Hola, mi nombre es Alma Rosa Lujan he creado este espacio
para aportar un eslabón sobre el Autismo.
Este tema me interesa mucho, por que soy Madre de Roberto *Betin* un
jovencito de 11(años) quien tiene este síndrome.
Alma~